{"id":555254,"date":"2025-06-30T14:57:47","date_gmt":"2025-06-30T17:57:47","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=555254"},"modified":"2025-06-30T14:57:47","modified_gmt":"2025-06-30T17:57:47","slug":"un-neurotransmisor-con-doble-funcion-protege-contra-la-obesidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-neurotransmisor-con-doble-funcion-protege-contra-la-obesidad\/","title":{"rendered":"Un neurotransmisor con doble funci\u00f3n protege contra la obesidad"},"content":{"rendered":"<p>Descubierto hace 40 a\u00f1os, el neurop\u00e9ptido Y (NPY) es uno de los neurotransmisores m\u00e1s abundantes del organismo. Ya hace tiempo que se sabe de su acci\u00f3n en el cerebro incitando el apetito e induciendo el aumento de peso. Ahora, un grupo internacional que cont\u00f3 con la participaci\u00f3n de investigadores brasile\u00f1os de la Universidad de Campinas (Unicamp) constat\u00f3 que, en el resto del organismo, desempe\u00f1a una funci\u00f3n diferente. El NPY es secretado por los nervios perif\u00e9ricos que conectan el cerebro y la m\u00e9dula espinal con los dem\u00e1s \u00f3rganos y tejidos, y promueve la formaci\u00f3n del tejido adiposo pardo. Este tejido, conocido como \u201cgrasa buena\u201d, consume mucha energ\u00eda (en lugar de almacenarla solamente) y genera calor, protegiendo as\u00ed contra la obesidad.<\/p>\n<p>\u201cEn estudios con ratones modificados gen\u00e9ticamente para no producir NPY en los nervios perif\u00e9ricos, se demostr\u00f3 que cuando eran alimentados con la misma dieta equilibrada que otros cong\u00e9neres del grupo de control, los primeros duplicaban su peso\u201d, relata el inmun\u00f3logo Licio Velloso, de la Unicamp, coordinador del Centro de Investigaciones en Obesidad y Comorbilidades (OCRC), uno de los Centros de Investigaci\u00f3n, Innovaci\u00f3n y Difusi\u00f3n (Cepid) financiados por la FAPESP, y uno de los autores del art\u00edculo en el que describi\u00f3 el hallazgo, publicado en agosto en la revista <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/s41586-024-07863-6\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Nature<\/em><\/a>.<\/p>\n<p>En un trabajo conjunto con cient\u00edficos del Reino Unido, Jap\u00f3n, China y Estados Unidos, el equipo de Campinas ayud\u00f3 a identificar y caracterizar la nueva funci\u00f3n del NPY en experimentos con c\u00e9lulas y animales de laboratorio. El primer paso consisti\u00f3 en identificar las neuronas del sistema nervioso simp\u00e1tico que liberaban el neurotransmisor. Esta parte del sistema nervioso se activa en situaciones de estr\u00e9s o peligro y prepara al organismo para la lucha o la huida. Algunas de estas neuronas tambi\u00e9n inervan el tejido adiposo blanco, especializado en almacenar energ\u00eda bajo la forma de grasa, y el pardo, que consume la grasa y la transforma en calor.<\/p>\n<p>En la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, el grupo de la neurocient\u00edfica portuguesa Ana Domingos utiliz\u00f3 anticuerpos que se adher\u00edan al NPY para marcarlo y rastrear su liberaci\u00f3n en el tejido adiposo. Los investigadores comprobaron que alrededor de un 40 % de las neuronas del sistema simp\u00e1tico que llegan al tejido adiposo produce el neurotransmisor. Tambi\u00e9n observaron que estas neuronas se conectaban con las c\u00e9lulas murales que envuelven las arterias diminutas (arteriolas), que llevan sangre oxigenada y nutrientes al tejido adiposo. Las pruebas de laboratorio demostraron que el NPY induce la proliferaci\u00f3n de c\u00e9lulas murales y su transformaci\u00f3n en adipocitos termog\u00e9nicos, que consumen energ\u00eda y liberan calor cuando el organismo es expuesto al fr\u00edo o tiene actividad f\u00edsica: estas c\u00e9lulas constituyen el componente principal del tejido adiposo pardo o marr\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cNuestro trabajo confirm\u00f3 que el NPY secretado por los nervios perif\u00e9ricos estimula la formaci\u00f3n de tejido adiposo pardo\u201d, explic\u00f3 Domingos, coordinadora del estudio, a <em>Pesquisa FAPESP<\/em>. Esta forma de grasa es rica en mitocondrias, estructuras celulares especializadas en la producci\u00f3n de energ\u00eda, pero en un tipo de mitocondrias que tambi\u00e9n generan calor. La grasa parda o marr\u00f3n est\u00e1 presente en gran cantidad en el cuerpo humano al principio de la vida y casi no se encuentra en los adultos, siendo sustituida por la grasa <em>beige<\/em>, que contiene menos mitocondrias. \u201cSe estima que estos tejidos consumen de 200 a 300 kilocalor\u00edas por d\u00eda, lo que equivale a alrededor del 10 % del total que una persona normalmente ingiere\u201d, le dijo a <em>Pesquisa FAPESP<\/em> el fisi\u00f3logo portugu\u00e9s Jorge Ruas, de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), quien no particip\u00f3 en el estudio.<\/p>\n<p>En la Unicamp, el equipo de Velloso evalu\u00f3 los efectos de la ausencia del NPY en el sistema nervioso simp\u00e1tico. Los ratones gen\u00e9ticamente modificados para no producir este neurotransmisor solamente en los nervios perif\u00e9ricos ten\u00edan una temperatura corporal m\u00e1s baja y consum\u00edan alrededor de un 10 % menos de energ\u00eda que los animales del grupo de control, que segregaban el neurop\u00e9ptido en todo su organismo. Bajo una dieta normal, los roedores del primer grupo se volvieron obesos una vez adultos, aunque consum\u00edan la misma cantidad de alimento que los del segundo grupo. \u201cConsum\u00edan menos energ\u00eda y parte de ella la almacenaban en forma de grasa\u201d, dice Velloso. Cuando se los aliment\u00f3 con una dieta hipercal\u00f3rica rica en grasas, los animales que no produc\u00edan el neurop\u00e9ptido engordaron m\u00e1s y m\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n<p>Los autores del estudio tambi\u00e9n observaron que las dietas ricas en grasas da\u00f1aban las neuronas productoras de NPY en el sistema nervioso simp\u00e1tico y causaban una disminuci\u00f3n de las c\u00e9lulas murales que recubren las arteriolas. Como resultado de ello, los vasos sangu\u00edneos se volv\u00edan m\u00e1s permeables y permit\u00edan la extravasaci\u00f3n de l\u00edquidos y el paso de c\u00e9lulas defensivas que provocan la inflamaci\u00f3n del tejido adiposo, caracter\u00edstico de la obesidad.<\/p>\n<p>Para el neurocient\u00edfico brasile\u00f1o Ivan de Ara\u00fajo, del Instituto Max Planck de Biolog\u00eda Cibern\u00e9tica, de Alemania, quien no particip\u00f3 en el estudio, lo m\u00e1s sorprendente fue que el NPY estimul\u00f3 la diferenciaci\u00f3n de las c\u00e9lulas murales en adipocitos termog\u00e9nicos. \u201cEl trabajo muestra por primera vez que este neurotransmisor desempe\u00f1a un papel biol\u00f3gico importante en el sistema nervioso simp\u00e1tico, y abre la posibilidad de desarrollar nuevos medicamentos que modulen el gasto energ\u00e9tico\u201d, comenta.<\/p>\n<p>\u201cNuestros hallazgos sugieren que ser\u00eda posible desarrollar compuestos que estimulen el metabolismo basal y el gasto energ\u00e9tico sin afectar el apetito\u201d, dice Domingos, de Oxford.<\/p>\n<p>Los f\u00e1rmacos a base de an\u00e1logos de la hormona GLP-1, como la semaglutida o la tirzepatida, que han ganado notoriedad en el tratamiento de la diabetes y la obesidad, act\u00faan en el cerebro disminuyendo el apetito, pero no estimulan el gasto energ\u00e9tico. \u201cCon este tipo de tratamiento, la p\u00e9rdida de grasa es limitada, ya que el organismo compensa la disminuci\u00f3n de la ingesta reduciendo el gasto energ\u00e9tico\u201d, subraya Velloso. A su juicio, un medicamento con efectos similares a los del NPY estimular\u00eda la formaci\u00f3n de grasa parda y el gasto energ\u00e9tico, prolongando la p\u00e9rdida de peso causada por los f\u00e1rmacos supresores del apetito.<\/p>\n<p>\u201cUno de los retos\u201d, recuerda Ara\u00fajo, del Max Planck, \u201cconsiste en descubrir una manera de activar solamente las c\u00e9lulas murales, ya que en otras partes del cuerpo los receptores de NPY podr\u00edan tener efectos diversos\u201d. Ruas, de Michigan, a\u00f1ade que es necesario verificar si el aumento de grasa marr\u00f3n ayuda realmente a bajar de peso. \u201cEs posible que haya un aumento de la temperatura corporal y de la transpiraci\u00f3n, y hay que constatar si estos efectos ser\u00edan tolerables\u201d, sopesa.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\">Este art\u00edculo sali\u00f3 publicado con el t\u00edtulo \u201c<strong>Un neurotransmisor de doble acci\u00f3n<\/strong>\u201d en la edici\u00f3n impresa n\u00b0 345 de noviembre de 2024. <\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/strong>ZHU, Y. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-024-07863-6\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sympathetic neuropeptide Y protects from obesity by sustaining thermogenic fat<\/a>. <strong>Nature<\/strong>. 28 ago. 2024.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Esta mol\u00e9cula, a la que se conoce por su acci\u00f3n cerebral de est\u00edmulo del apetito y de aumento de peso, posee un efecto opuesto cuando la secretan los nervios perif\u00e9ricos y ayuda a quemar grasas","protected":false},"author":545,"featured_media":555255,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[305,319],"coauthors":[1498],"class_list":["post-555254","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-fisiologia-es","tag-neurociencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/555254","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/545"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=555254"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/555254\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":555260,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/555254\/revisions\/555260"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/555255"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=555254"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=555254"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=555254"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=555254"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}