{"id":559214,"date":"2025-08-18T15:25:56","date_gmt":"2025-08-18T18:25:56","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=559214"},"modified":"2025-08-21T17:16:23","modified_gmt":"2025-08-21T20:16:23","slug":"un-modelo-potencial-para-el-alzheimer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-modelo-potencial-para-el-alzheimer\/","title":{"rendered":"Un modelo potencial para el alzh\u00e9imer"},"content":{"rendered":"<p>A medida que envejecen, los monos capuchinos robustos, que se encuentran entre los primates m\u00e1s inteligentes de Am\u00e9rica, pueden presentar en el cerebro los mismos tipos de lesiones que caracterizan a la enfermedad de Alzh\u00e9imer. Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de S\u00e3o Paulo (FM-USP) y del Centro de Primatolog\u00eda de la Universidad de Brasilia (UnB) identificaron en dos ejemplares ancianos de la especie \u2013uno de 29 y otro de 33 a\u00f1os\u2013 placas de p\u00e9ptidos beta-amiloides, formadas por la acumulaci\u00f3n de estos fragmentos proteicos alrededor de las neuronas, como as\u00ed tambi\u00e9n enmara\u00f1ados neurofibrilares de prote\u00edna tau, que se concentran en el interior de estas c\u00e9lulas y las matan. Ni las placas ni los enmara\u00f1ados se encontraron en el cerebro de un ejemplar adulto joven, de 9 a\u00f1os. Estos hallazgos se publicaron en marzo en la revista <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/s41598-024-56791-y\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Scientific Reports<\/em><\/a>\u00a0y, seg\u00fan los autores, podr\u00edan allanar el camino para que los monos capuchinos robustos sean adoptados como modelo natural para estudiar la evoluci\u00f3n y el tratamiento del alzh\u00e9imer, el tipo de demencia m\u00e1s com\u00fan en los seres humanos.<\/p>\n<p>La idea de ver si en los monos capuchinos robustos ocurr\u00eda algo similar al alzh\u00e9imer hab\u00eda surgido a\u00f1os atr\u00e1s, cuando el neur\u00f3logo Ricardo Nitrini, de la FM-USP, estudioso de la epidemiolog\u00eda de las demencias en Brasil y uno de los coordinadores de la investigaci\u00f3n, conoci\u00f3 a la psic\u00f3loga Maria Clotilde Tavares, experta en neurociencia y conducta, quien ya coordinaba el Centro de Primatolog\u00eda de la UnB, en donde viv\u00edan los animales que se utilizaron en el estudio. \u201cAguardamos a que ellos murieran de forma natural para examinar sus tejidos cerebrales\u201d, comenta Nitrini.<\/p>\n<p>Con un tama\u00f1o variable entre 35 y 48 cent\u00edmetros (sin incluir la cola) y un peso de hasta 4,8 kilogramos, los monos capuchinos robustos (en este caso, los de la especie conocida como mono silvador,\u00a0<em>sapajus libidinosus<\/em>), constituyen uno de los g\u00e9neros de primates no humanos m\u00e1s comunes de Am\u00e9rica. En Brasil, habitan pr\u00e1cticamente en todos los biomas, desde los m\u00e1s h\u00famedos, como la Amazonia y el Bosque Atl\u00e1ntico, hasta los m\u00e1s secos, como el Cerrado y la Caatinga. Y concitan el inter\u00e9s de quienes estudian el declive cognitivo porque adem\u00e1s de ser abundantes, tienen habilidades manuales y comportamientos m\u00e1s sofisticados que otros monos, como el uso y la fabricaci\u00f3n de herramientas para cazar o extraer casta\u00f1as, un conocimiento que transmiten de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. A estas caracter\u00edsticas hay que a\u00f1adirles otros dos hechos: el volumen encef\u00e1lico en comparaci\u00f3n con el cuerpo \u2013el llamado cociente de encefalizaci\u00f3n, un indicador de inteligencia\u2013 es superior al de la mayor\u00eda de los otros primates no humanos y su cerebro es anat\u00f3micamente m\u00e1s parecido al de las personas, con pliegues y surcos, que el de otras especies de monos, especialmente los nativos del continente.<\/p>\n<p>\u201cEstos animales tienen una gran plasticidad comportamental y se adaptan a distintos ambientes. Creo que a partir de este estudio van a ser m\u00e1s valorados en la investigaci\u00f3n de las enfermedades neurol\u00f3gicas\u201d, dice Tavares, de la UnB. \u201cLos monos capuchinos robustos tienen una vida larga, pudiendo alcanzar los 40 a\u00f1os en cautiverio. Esto permitir\u00e1 estudiar c\u00f3mo afecta a sus habilidades la degeneraci\u00f3n cerebral con el paso del tiempo\u201d, comenta el primat\u00f3logo Tiago Fal\u00f3tico, investigador y actual presidente de la organizaci\u00f3n no gubernamental Neotropical Primates Research Group (NeoPReGo). Fal\u00f3tico estudia el uso de herramientas y la evoluci\u00f3n cultural de los monos capuchinos robustos y no particip\u00f3 en el trabajo publicado en\u00a0<em>Scientific Reports<\/em>, realizado con financiaci\u00f3n de la FAPESP y el Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq), de Brasil, y la Alzheimer\u2019s Association y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Hasta hace alg\u00fan tiempo, los neur\u00f3logos y neurocient\u00edficos daban por sentado que el mal de Alzh\u00e9imer era una enfermedad exclusivamente humana, porque no se conoc\u00edan otros animales que presentaran simult\u00e1neamente ambos tipos de lesiones, t\u00edpicas de la misma. Esta noci\u00f3n empez\u00f3 a cambiar en 2008, cuando el equipo del neurocient\u00edfico Lary C. Walker, de la Universidad Emory (EE. UU.), inform\u00f3 en un art\u00edculo publicado en la revista <a href=\"https:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/cne.21744\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>The Journal of Comparative Neurology<\/em><\/a>\u00a0que hab\u00eda encontrado placas de p\u00e9ptidos beta-amiloides y enmara\u00f1ados de prote\u00edna tau en el cerebro de un chimpanc\u00e9 hembra de 41 a\u00f1os.<\/p>\n<div id=\"attachment_541073\" style=\"max-width: 810px\" class=\"wp-caption alignright vertical\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-541073 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-2024-07-800.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"694\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-2024-07-800.jpg 800w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-2024-07-800-250x217.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-2024-07-800-700x607.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-2024-07-800-120x104.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Roberta Diehl Rodriguez\u2009\/\u2009USP<\/span>Alto cociente de encefalizaci\u00f3n: los monos capuchinos robustos poseen un cerebro (<em>imagen real<\/em>) proporcionalmente grande en comparaci\u00f3n con su cuerpo<span class=\"media-credits\">Roberta Diehl Rodriguez\u2009\/\u2009USP<\/span><\/p><\/div>\n<p>Originarios de \u00c1frica, estos grandes simios son los primates vivos m\u00e1s cercanos a los seres humanos en t\u00e9rminos evolutivos. Ambos compartieron un antepasado com\u00fan hace entre 7 y 5 millones de a\u00f1os y tienen casi el 99 % de su genoma id\u00e9ntico. Por ello, desde un punto de vista biol\u00f3gico, los chimpanc\u00e9s parec\u00edan un buen modelo para estudiar la evoluci\u00f3n y el tratamiento de enfermedades que afectan al\u00a0<em>Homo sapiens<\/em>, entre ellas la enfermedad de Alzh\u00e9imer. Pero el mantenimiento de un chimpanc\u00e9 en laboratorio es caro \u2013el costo supera los 20.000 d\u00f3lares al a\u00f1o, seg\u00fan algunas estimaciones\u2013 y estos animales se encuentran en peligro de extinci\u00f3n (quedan menos de 300.000 viviendo en libertad en la naturaleza). Adem\u00e1s, desde hace poco m\u00e1s de una d\u00e9cada, las directrices de las investigaciones con animales se han endurecido. Las autoridades sanitarias de Estados Unidos y Europa empezaron a recomendar que solo se utilizaran chimpanc\u00e9s para investigar enfermedades humanas cuando no hubiera otro modelo disponible ni fuera posible, por impedimentos \u00e9ticos, la realizaci\u00f3n de pruebas en humanos.<\/p>\n<p>Ante la imposibilidad de realizar ciertos experimentos en humanos, los cient\u00edficos han hecho avances en la comprensi\u00f3n de los fen\u00f3menos que subyacen al alzh\u00e9imer y en la b\u00fasqueda de tratamientos potencialmente m\u00e1s eficaces a partir de estudios iniciales con modelos que no siempre\u00a0son los\u00a0ideales. Los experimentos suelen comenzar con cultivos celulares en laboratorio, que permiten estudiar el patr\u00f3n de activaci\u00f3n de los genes y las alteraciones en las v\u00edas bioqu\u00edmicas que se producen en la enfermedad, y prosiguen con pruebas en roedores, casi siempre ratones, capaces de revelar c\u00f3mo afecta la enfermedad en algunos aspectos cognitivos. La diversidad de modelos que se han probado para tratar de entender c\u00f3mo se instala y evoluciona la enfermedad es amplia. Abarca desde helmintos a moscas de la fruta; desde peces a otros primates, como l\u00e9mures y algunas especies de monos. Sin embargo, ninguno de ellos reproduce fiel y totalmente lo que ocurre en el cerebro humano.<\/p>\n<p>Los invertebrados, por ejemplo, corren con ventaja en ciertas situaciones, ya que comparten con los seres humanos algunos genes relevantes en la enfermedad de Alzh\u00e9imer y se reproducen m\u00e1s r\u00e1pidamente que los mam\u00edferos. Empero, si bien pueden ser \u00fatiles para aprender sobre las v\u00edas bioqu\u00edmicas afectadas en la enfermedad, no son los m\u00e1s id\u00f3neos para estudiar tratamientos porque los efectos que los compuestos producen en ellos no siempre son los que se observan en animales con un sistema nervioso m\u00e1s complejo.<\/p>\n<p>Los roedores, por lejos los m\u00e1s utilizados en las investigaciones, permiten observar algunos efectos comportamentales de la enfermedad, como la p\u00e9rdida de la memoria espacial, y ciertos beneficios de posibles terapias. Pero no permiten reproducir la enfermedad en todos sus aspectos. \u201cLos ratones y las ratas no desarrollan espont\u00e1neamente placas de p\u00e9ptido beta-amiloide ni enmara\u00f1ados de prote\u00edna tau, aunque la primera de estas lesiones aparece naturalmente en ejemplares a\u00f1osos de un roedor llamado deg\u00fa, que vive en Chile\u201d, dice el bioqu\u00edmico Sergio Teixeira Ferreira, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ), quien investiga las causas del alzh\u00e9imer.<\/p>\n<p>Desde hace al menos dos d\u00e9cadas, los investigadores procuran sortear esta limitaci\u00f3n manipulando artificialmente a los animales. Una de las estrategias consiste en introducir modificaciones gen\u00e9ticas en los roedores para que produzcan placas de beta-amiloide o enmara\u00f1ados de tau. Otra, desarrollada por el grupo de la UFRJ, consiste en inyectar fragmentos (olig\u00f3meros) de p\u00e9ptido beta-amiloide directamente en el cerebro de los ratones. \u201cEsto provoca alteraciones muy parecidas a las del mal de Alzh\u00e9imer, incluyendo la p\u00e9rdida de memoria\u201d, explica Teixeira Ferreira.<\/p>\n<div id=\"attachment_541077\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-541077 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-microscopia-2024-07-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"565\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-microscopia-2024-07-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-microscopia-2024-07-1140-250x124.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-microscopia-2024-07-1140-700x347.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/RPF-alzheimer-macaco-cerebro-microscopia-2024-07-1140-120x59.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Roberta Diehl Rodriguez\u2009\/\u2009USP<\/span>Enmara\u00f1ado de prote\u00edna tau (<em>a la izq<\/em>.) y placas de p\u00e9ptido beta-amiloide (<em>a la der.<\/em>), ambos en color marr\u00f3n, hallados en el cerebro de monos capuchinos robustos<span class=\"media-credits\">Roberta Diehl Rodriguez\u2009\/\u2009USP<\/span><\/p><\/div>\n<p>De todas maneras, lo que ocurre con los roedores puede ser muy distinto a lo que sucede en el cerebro de las personas. Los ratones, por ejemplo, solo comparten el 85 % de su genoma con los seres humanos y sus cerebros son anat\u00f3micamente mucho m\u00e1s simples. En los roedores, el \u00f3rgano tiene una proporci\u00f3n mayor de neuronas que de otras c\u00e9lulas, mientras que en el cerebro humano, la composici\u00f3n es aproximadamente de uno a uno. Esta diferencia, estiman algunos investigadores, podr\u00eda hacer que la enfermedad progrese en los animales de manera distinta a como lo hace en los humanos.<\/p>\n<p>\u201cA pesar de su \u00e9xito, los modelos celulares bidimensionales y los modelos animales solo consiguen captar una parte de los mecanismos de la enfermedad de Alzh\u00e9imer, porque son incapaces de reproducir la estructura, la funci\u00f3n y la diversidad celular espec\u00edficas del cerebro humano\u201d, escribieron el bioingeniero Donghui Zhu y sus colaboradores de la Universidad Stony Brook (EE. UU.), en un art\u00edculo de revisi\u00f3n publicado en 2022 en la revista <a href=\"https:\/\/aiche.onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/btm2.10378\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Bioengineering and Translational Medicine<\/em><\/a>.<\/p>\n<p>Una forma de acortar distancias entre la enfermedad humana y los modelos animales consiste en utilizar especies filogen\u00e9ticamente m\u00e1s cercanas que desarrollen espont\u00e1neamente la patolog\u00eda t\u00edpica del alzh\u00e9imer. \u201cEl trabajo con modelos naturales nos permite apreciar una imagen m\u00e1s realista, m\u00e1s parecida a lo que les ocurre a los seres humanos\u201d, dice Anal\u00eda Ar\u00e9valo, neurocient\u00edfica especializada en el lenguaje e investigadora del Laboratorio de Investigaciones en Cirug\u00eda Experimental de la FM-USP, quien no particip\u00f3 en el estudio de\u00a0<em>Scientific Reports<\/em>.<\/p>\n<p>Incluso entre los primates, cuya arquitectura cerebral es m\u00e1s compleja que la de los roedores y evolutivamente est\u00e1n m\u00e1s cerca de los seres humanos, a\u00fan no se ha encontrado un modelo perfecto. Se han hallado placas de p\u00e9ptido beta-amiloide en monos Rhesus (<em>Macaca mulatta<\/em>), macacos cangrejeros (<em>Macaca fascicularis<\/em>), monos tit\u00edes comunes (<em>Callithrix jacchus<\/em>) y l\u00e9mures rat\u00f3n gris (<em>Microcebus murinus<\/em>), pero no siempre a la par de los enmara\u00f1ados de prote\u00edna tau, aunque estos animales pueden presentar d\u00e9ficit cognitivo. Otra diferencia radica en las regiones cerebrales en que se forman estas placas y enmara\u00f1ados. En los seres humanos, aparecen m\u00e1s a menudo en el hipocampo, un \u00e1rea asociada a la adquisici\u00f3n y consolidaci\u00f3n de la memoria, mientras que en los tit\u00edes y en los macacos Rhesus son m\u00e1s frecuentes en las zonas asociadas a las emociones (el sistema l\u00edmbico) o a la audici\u00f3n (la corteza temporal).<\/p>\n<p>En estos dos aspectos, los monos capuchinos robustos parecen proporcionar un modelo m\u00e1s cercano a la enfermedad humana: presentan las placas de beta-amiloides y los enmara\u00f1ados de prote\u00edna tau, y estas lesiones afectaron tanto a la corteza como al hipocampo. Los cient\u00edficos tambi\u00e9n han detectado en ellos signos de neuroinflamaci\u00f3n, al igual que lo que ocurre en los humanos. \u201cNing\u00fan otro primate del Nuevo Mundo utilizado en los estudios es tan inteligente como el mono capuchino robusto, que fabrica sus propias herramientas y puede mantenerse en posici\u00f3n b\u00edpeda bastante tiempo\u201d, dice la neurocient\u00edfica Roberta Diehl Rodriguez, autora principal del estudio publicado en\u00a0<em>Scientific Reports<\/em>. \u201cAdem\u00e1s, es el primate del Nuevo Mundo que presenta alteraciones neuropatol\u00f3gicas m\u00e1s similares a las de los seres humanos\u201d, se\u00f1ala.<\/p>\n<p>Con todo, para que los monos capuchinos robustos se conviertan efectivamente en un modelo para el estudio de la enfermedad de Alzh\u00e9imer, los investigadores tendr\u00e1n que verificar la existencia de las lesiones en una mayor cantidad de animales y caracterizar c\u00f3mo afectan su comportamiento. \u201cEste ser\u00eda el aspecto m\u00e1s interesante que habr\u00eda que comparar con el perfil de la enfermedad en los humanos\u201d, pondera Ar\u00e9valo.<\/p>\n<p>Y aunque todo ello funcione, existe una limitaci\u00f3n. La progresi\u00f3n de la enfermedad en estos animales puede llevar d\u00e9cadas. Para superar este problema, el grupo de la neurocient\u00edfica Fernanda De Felice, de la UFRJ, busca un modelo artificial de alzh\u00e9imer en primates j\u00f3venes. Hace 10 a\u00f1os, ella y sus colaboradores de la Queen\u2019s University, en Canad\u00e1, consiguieron reproducir en el cerebro de macacos cangrejeros, tambi\u00e9n en peligro de extinci\u00f3n, los da\u00f1os que causa el mal de Alzh\u00e9imer en humanos inyectando en el cerebro de los animales olig\u00f3meros beta-amiloides, que se acumulan en la corteza frontal, en el hipocampo y en otras \u00e1reas asociadas a la memoria y a aspectos cognitivos. M\u00e1s recientemente, el grupo indujo la aparici\u00f3n de las lesiones en monos Rhesus j\u00f3venes, de entre 3 y 5 a\u00f1os, para no tener que esperar la evoluci\u00f3n natural del alzh\u00e9imer. \u201cSi logramos reproducir la enfermedad en animales j\u00f3venes, ello facilitar\u00eda en gran medida nuestro trabajo\u201d, dice Teixeira Ferreira, de la UFRJ, marido y colaborador de Felice.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Proyecto<br \/>\n<\/strong>Caracterizaci\u00f3n de la astrogliopat\u00eda tau en el envejecimiento y en enfermedades neurodegenerativas (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/176586\/caracterizacao-da-astrogliopatia-por-tau-no-envelhecimento-e-em-doencas-neurodegenerativas\/?q=16\/24326-0\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba 16\/24326-0<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Beca de posdoctorado; <strong>Investigador responsable<\/strong> Ricardo Nitrini (USP); <strong>Becaria<\/strong> Roberta Diehl Rodriguez; <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 301.733,62.<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculos cient\u00edficos<br \/>\n<\/strong>RODRIGUEZ, R. D. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/s41598-024-56791-y\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bearded capuchin monkeys as a model for Alzheimer&#8217;s disease<\/a>. <strong>Scientific Reports<\/strong>. 15 mar. 2024.<strong><br \/>\n<\/strong>ROSEN, R. F. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/cne.21744\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Tauopathy with paired helical filaments in an aged chimpanzee<\/a>. <strong>The Journal of Comparative Neurology<\/strong>. 14 may. 2008.<br \/>\nSREENIVASAMURTHY, S. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/aiche.onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/btm2.10378\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Current progress of cerebral organoids for modeling Alzheimer&#8217;s disease origins and mechanisms<\/a>. <strong>Bioengineering and Translational Medicine<\/strong>. 29 jul. 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Cient\u00edficos brasile\u00f1os identifican lesiones caracter\u00edsticas de esta enfermedad neurodegenerativa humana en el cerebro de monos capuchinos robustos","protected":false},"author":719,"featured_media":541069,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[316,319,327,329],"coauthors":[4223],"class_list":["post-559214","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-medicina-es","tag-neurociencia-es","tag-psiquiatria-es","tag-salud-publica"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/559214","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/719"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=559214"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/559214\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":560722,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/559214\/revisions\/560722"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/541069"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=559214"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=559214"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=559214"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=559214"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}