{"id":72394,"date":"1996-04-01T00:00:00","date_gmt":"1996-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/1996\/04\/01\/retratos-del-atardecer\/"},"modified":"1996-04-01T00:00:00","modified_gmt":"1996-04-01T00:00:00","slug":"retratos-del-atardecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/retratos-del-atardecer\/","title":{"rendered":"Retratos del atardecer"},"content":{"rendered":"<p>Marcos Pivetta<\/p>\n<p>     Matilde Lazzari Zanardi naci\u00f3 hace 87 a\u00f1os en Pedreira, localidad del interior paulista, y nunca fue a la escuela. Su hermana mayor muri\u00f3 siendo a\u00fan joven, y entonces ella, que era por entonces una ni\u00f1a, tuvo que ayudar a la madre a cuidar a sus nueve hermanos menores. Mientras \u00e9stos estudiaban, ella se encargaba de las tareas hogare\u00f1as. Pero al margen de los quehaceres dom\u00e9sticos, Matilde trabajaba en el campo. En 1940, luego de haber vivido durante un breve per\u00edodo en la zona perif\u00e9rica a la capital, conocida como ABC paulista, regres\u00f3 a Pedreira, y all\u00ed se cas\u00f3 con Hugo Antonio Zanardi, con quien tendr\u00eda luego dos hijos: Osvaldo y Mar\u00eda Ivone. Al d\u00eda siguiente de contraer matrimonio, la pareja se mud\u00f3 definitivamente a la ciudad de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>     En la capital, ambos trabajaron en el sector textil. Osvaldo como estampador. Matilde como tejedora. Cuando ten\u00eda unos 50 a\u00f1os, Matilde, que aprendiera a leer y a escribir sola, pese a no haber frecuentado el colegio, se jubil\u00f3. Pero, para reforzar los ingresos y mantenerse activa, esta descendiente de italianos empez\u00f3 a comercializar alhajas. &#8220;Visitaba a los clientes en casa y vend\u00eda joyas en oro y plata&#8221;, recuerda la arquitecta Liamara Milhan, 40 a\u00f1os, nieta de Matilde. La vida segu\u00eda su curso natural en el clan de los Zanardi, que viv\u00edan todos (padres, hijos e incluso nietos) cerca unos de otros, en casas situadas en Vila Prudente, barrio de la zona este de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>     Pero en 1984, el marido de Matilde muri\u00f3, v\u00edctima de uninfarto, cuando estaba con 70 a\u00f1os. Aun con esa p\u00e9rdida, esta jubilada (que percib\u00eda un salario m\u00ednimo en car\u00e1cter de pensi\u00f3n, equivalente actualmente a 240 reales) sigui\u00f3 adelante. En octubre del 98, un aneurisma cerebral, seguido de un derrame, por poco no la derriba. Pese a su avanzada edad, actualmente se recupera de ese traspi\u00e9 en casa, con la ayuda de su familia y de los remedios. La trayectoria de esta ex tejedora sirve en gran medida como testimonio de la historia de vida de una porci\u00f3n significativa de los ancianos que viven en la capital paulista.<\/p>\n<p>     Por ser mujer, por tener pocos estudios, por provenir del medio rural, por ser jubilada, por ganar poco, por haber ejercido un oficio manual,por vivir con la familia y por depender de los medicamentos -en s\u00edntesis, por todo esto-, do\u00f1a Matilde re\u00fane en s\u00ed algunas de las principales caracter\u00edsticas del contingente de casi un mill\u00f3n de ancianos que vive en la mayor y m\u00e1s pr\u00f3spera metr\u00f3polis brasile\u00f1a. Esto es lo que podr\u00eda decirse al tomar contacto con los principales resultados de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Salud P\u00fablica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), mediante un convenio con la Organizaci\u00f3n Panamericana de la Salud (Opas), y que cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP.<\/p>\n<p>     Este trabajo, formalmente denominado Sabe (por salud, bienestar y envejecimiento), traz\u00f3 un retrato que indica qui\u00e9nes son, c\u00f3mo viven y cu\u00e1l es el estado de salud de las personas de 60 a\u00f1os o m\u00e1s que resid\u00edan en el a\u00f1o 2000 en el municipio de S\u00e3o Paulo. Los habitantes que se ubican en esa franja de edad equivalen al 9,3% de la poblaci\u00f3n de la capital paulista, de acuerdo con datos del Instituto Brasile\u00f1o de Geograf\u00eda y Estad\u00edstica (IBGE).<\/p>\n<p>     He aqu\u00ed algunas cifras suministradas por el estudio, que registr\u00f3 una edad promedio de 69 a\u00f1os entre los ancianos de S\u00e3o Paulo. Las mujeres, que son mayoritarias en la poblaci\u00f3n total de la metr\u00f3polis, son todav\u00eda m\u00e1s fuertemente representadas en la tercera edad, constituyendo casi el 60% de esa franja de edad. Uno de cada cinco ancianos nunca fue a la escuela, y el 60% estudi\u00f3 menos de siete a\u00f1os. Antes de mudarse a S\u00e3o Paulo, casi dos tercios de \u00e9stos vivieron en el campo antes de los 15 a\u00f1os de edad, y por un per\u00edodo no inferior a los 60 meses.<\/p>\n<p>     En su vida laboral, poco m\u00e1s del 75% de los ancianos ejerci\u00f3 ocupaciones que demandaban esfuerzos predominantemente f\u00edsicos. Los medicamentos son una compa\u00f1\u00eda de todas las horas para casi todos ellos: un 87% usa alg\u00fan remedio. Las dos terceras partes de las personas que llegaron a la tercera edad tienen un rendimiento econ\u00f3mico de entre uno y cinco salarios m\u00ednimos, provenientes esencialmente de sus jubilaciones, considerando que el 80% no trabaja m\u00e1s. Por \u00faltimo, el 86% de los ancianos vive en compa\u00f1\u00eda de alguien de la familia (c\u00f3nyuge, hijos o parientes). De todos estos datos se desprende que hay algo de do\u00f1a Matilde en los ancianos de S\u00e3o Paulo en general.<\/p>\n<p>     Estas cifras y porcentajes son tan solamente una muestra de las centenas de informaciones que est\u00e1n empezando a emerger del Sabe. Para cumplir con el objetivo del proyecto, sus investigadores tuvieron que entrevistar a 2.143 ancianos residentes en S\u00e3o Paulo, visitar sus domicilios y tomarles sus medidas (peso, estatura, pliegue cut\u00e1neo para ver la capa de grasa, etc.). La personas que brindaron sus testimonios para el estudio fueron estad\u00edsticamente seleccionadas, para formar un conjunto representativo del segmento m\u00e1s viejo de la poblaci\u00f3n del municipio.<\/p>\n<p>     &#8220;Tenemos mucho material, que re\u00fane los m\u00e1s variados datos sobre los ancianos&#8221;, comenta la investigadora Maria L\u00facia Lebr\u00e3o, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, una de las coordinadoras del Sabe. &#8220;Falta gente para analizar tanta informaci\u00f3n&#8221;. La Opas impuls\u00f3 proyectos id\u00e9nticos alrealizado en S\u00e3o Paulo en las capitales de otros siete pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina y el Caribe (Cuba, Costa Rica, Uruguay, Argentina, M\u00e9xico, Chile y Barbados). Por ahora, \u00fanicamente una peque\u00f1a parte de esos datos, recabados con la misma metodolog\u00eda utilizadaen la capital paulista, est\u00e1 disponible para su comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     De acuerdo con los patronesdefinidos en el Sabe, el 96% de los ancianos de S\u00e3o Paulo vive en residencias cuya calidad es buena. Sus viviendas -en un 78% de los casos son propias, o de alguien que les cede graciosamente el espacio- tienen agua corriente, sistemas de desag\u00fce y ba\u00f1o, y cuentan con un recinto para cocinar. Con todo, esta buena noticia esconde un dato perverso de la ubicaci\u00f3n geogr\u00e1fica de los ancianos de la ciudad. La inmensa mayor\u00eda est\u00e1 concentrada en barrios m\u00e1s centrales, de mejor estructura, lejos de las favelas y de la periferia. Un indicio de que el envejecer sigue siendo un privilegio de las clases m\u00e1s pudientes.<\/p>\n<p>     Pese a que solamente el 13% de los ancianos residen solos, siete de cada diez individuos de 60 a\u00f1os o m\u00e1s dijeron que no cuentan con nadie que los ayude en sus actividades diarias. Pero, \u00bfqu\u00e9 tipo de auxilio quisieran tener? Posiblemente, que les diesen una mano para desempe\u00f1ar tareas que otrora les eran comunes, mas que hoy en d\u00eda se han transformado en un peque\u00f1o martirio: un 18% tiene dificultades para vestirse, un 12% para acostarse y levantarse, un 10% para ducharse, un 7% para ir al ba\u00f1o y un 6% para comer.<\/p>\n<p>     Las enfermedades cr\u00f3nicas son una sombra que se cierne sobre los ancianos, de acuerdo con el proyecto Sabe. Poco m\u00e1s de la mitad de los ancianos que residen en S\u00e3o Paulo dijo tener presi\u00f3n alta. Un tercio inform\u00f3 que sufre de artritis, reumatismo o artrosis. Un quinto afirm\u00f3 que tiene alg\u00fan problema card\u00edaco. Los que se declararon diab\u00e9ticos llegan al 18%, cuatro puntos porcentuales m\u00e1s que las v\u00edctimas de osteoporosis, la descalcificaci\u00f3n progresiva de los huesos, que afecta principalmente a las mujeres. Otras afecciones frecuentemente mencionadas fueron los problemas en los pulmones (un 12%), embolias y derrames (un 7%), y el c\u00e1ncer (un 3%).<\/p>\n<p>     Ante una primera observaci\u00f3n, el estado de salud de una persona de edad avanzada parece ser inversamente proporcional al n\u00famero de enfermedades: m\u00e1s afecciones significan menos calidad de vida. As\u00ed y todo, eso no siempre es verdad. &#8220;A veces, un anciano que tiene cuatro o cinco enfermedades cr\u00f3nicas, todas bajo control, puede vivir mejor y tener menos riesgos de ir a parar a un sill\u00f3n de ruedas o morirse que otro que tiene uno o dos problemas de salud, pero que no es tratado de manera adecuada&#8221;, pondera el geriatra Luiz R. Ramos, del Centro de Estudios del Envejecimiento de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp).<\/p>\n<p><b>La receta para envejecer bien<\/b><\/p>\n<p>     En la segunda mitad de la d\u00e9cada pasada, Ramos coordin\u00f3 un proyecto que sigui\u00f3 durante dos a\u00f1os la salud de 1.667 ancianos que viv\u00edan en Vila Clementino, barrio de la capital paulista en donde tiene su sede la Unifesp. Sus objetivos centrales eran recabar los factores de riesgo que aumentaban las probabilidades de muerte en la tercera edad, e intentar entender por qu\u00e9 algunas personas envejec\u00edan bien y otras no. Una de las principales conclusiones de este estudio fue que el foco de la atenci\u00f3n en esa franja de la poblaci\u00f3n no deb\u00eda concentrarse pura y exclusivamente en las enfermedades, sino en los impactos que dichas afecciones ten\u00edan sobre las funciones cognitivas y motoras de los pacientes. &#8220;Lo m\u00e1s importante es que el tratamiento tenga por objeto preservar o, si fuera posible, aumentar incluso el grado de independencia (mental y de locomoci\u00f3n) de los ancianos con relaci\u00f3n a las otras personas&#8221;, afirma Ramos.<\/p>\n<p>     Al pasar revista a la monta\u00f1a de n\u00fameros del Sabe, un punto se destaca: el nivel de escolaridad de los ancianos parece comportarse como un marcador de su condici\u00f3n general de salud, sobre todo en los que se refiere a sus aspectos cognitivos. Aparentemente, cuanto mayor es el grado de educaci\u00f3n formal del entrevistado, menor es su malestar f\u00edsico y mental. \u00bfC\u00f3mo poner en evidencia tal relaci\u00f3n? La misma comienza a cobrar contornos de realidad cuando se ve que aproximadamente el 65% de los individuos sin escolaridad calific\u00f3 a su salud como mala, diez puntos porcentuales m\u00e1s que el resultado general de la muestra. Si el tema es la salud mental, tal relaci\u00f3n salta a la vista claramente.<\/p>\n<p>     Independientemente del grado de instrucci\u00f3n de los ancianos, la aparici\u00f3n de problemas cognitivos, tales como la p\u00e9rdida de memoria y de razonamiento, y de otras funciones cerebrales, afecta al 11% de toda la muestra del Sabe, con una frecuencia un cuarto mayor en las mujeres que en los hombres. Entre las personas de 60 a\u00f1os o m\u00e1s que nunca fueron a la escuela, la incidencia de este tipo de problema es del 17%. En los ancianos que estudiaron menos de siete a\u00f1os, ese \u00edndice cae al 5%. Y entre los que contabilizaron m\u00e1s de siete a\u00f1os en los bancos escolares es de apenas un 1%. &#8220;Aqu\u00e9llos que pudieron estudiar generalmente logran una mejor condici\u00f3n socioecon\u00f3mica durante su vida, y son mejor informados sobre las cuestiones inherentes a la salud&#8221;, afirma Ruy Laurenti, tambi\u00e9n de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, otro coordinador del Sabe. &#8220;Se preparan y re\u00fanen mejores condiciones de envejecer bien.&#8221;<\/p>\n<p>     Los preocupantes \u00edndices de deterioro cognitivo en los ancianos, tambi\u00e9n recabados en los dem\u00e1s pa\u00edses latinoamericanos radiografiados por el Sabe, constituyen un indicio de que diversos problemas aparecer\u00edan en un futuro pr\u00f3ximo, en especial las demencias, como el mal de Alzheimer, y la p\u00e9rdida de autonom\u00eda para la realizaci\u00f3n de las tareas cotidianas. En otras palabras: estos ancianos, si la deterioraci\u00f3n mental avanza, tendr\u00e1n que ser asistidos por alguien durante m\u00e1s tiempo. Para la psic\u00f3loga Ana Teresa de Abreu Ramos Cerqueira, de la Facultad de Medicina de Botucat\u00fa de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), que tambi\u00e9n participa en el an\u00e1lisis de los datos del Sabe, la relaci\u00f3n entre escolaridad y los trastornos cognitivos realmente existe.<\/p>\n<p>     Es un problema real, pero debe ser un poco relativizado. &#8220;Los resultados var\u00edan mucho de acuerdo con la metodolog\u00eda que utilizamos para recabar este tipo de datos&#8221;, pondera Ana Teresa. &#8220;Muchas veces sucede aquello que denominamos falso positivo para problemas de cognici\u00f3n o demencia, especialmente en el diagn\u00f3stico de situaciones de personas menos instruidas&#8221;. Los ancianos sin estudios tienen m\u00e1s dificultades para responder a los cuestionarios de los investigadores que las personas con mayor escolaridad. Como resultado de ello, mucha gente con poca o ninguna escolaridad acaba siendo rotulada, err\u00f3neamente, como demente o portadora de problemas mentales.<\/p>\n<p><b>M\u00e1s viejo y sin dinero<\/b><\/p>\n<p>     La preocupaci\u00f3n de la Opas por estudiar la vejez en esta parte del planeta tiene una raz\u00f3n clara: en los pr\u00f3ximos 20 a\u00f1os, el n\u00famero de personas con 60 a\u00f1os o m\u00e1s en Am\u00e9rica Latina y el Caribe pr\u00e1cticamente se duplicar\u00e1, trepando de 42 millones de individuos en el a\u00f1o 2000 a alrededor de 82 millones despu\u00e9s de 2020. En ese mismo per\u00edodo, en t\u00e9rminos proporcionales, el aumento ser\u00e1 un poco menor, pero a\u00fan as\u00ed ser\u00e1 muy significativo. Los ancianos pasar\u00e1n de ser un 8,1% a un 12,4% de la poblaci\u00f3n total de esos pa\u00edses. En ese cuadro de r\u00e1pido envejecimiento de las sociedades latinoamericanas, Brasil no es la excepci\u00f3n. En 1940, tan solo un 4% de su poblaci\u00f3n ten\u00eda 60 a\u00f1os o m\u00e1s.<\/p>\n<p>     Seg\u00fan el censo, los ancianos en 2000 ya sumaban un 8,6% de todos los brasile\u00f1os -un contingente de 14,5 millones de individuos, un 55% de los cuales correspond\u00eda a mujeres. En los pr\u00f3ximos 20 a\u00f1os, la poblaci\u00f3n anciana de Brasil podr\u00e1 superar los 30 millones de personas y representar casi un 13% de sus habitantes. &#8220;Puede no parecer tanta gente en t\u00e9rminos proporcionales, sobre todo cuando se observan los datos de los pa\u00edses europeos, en los cuales m\u00e1s del 15% de la poblaci\u00f3n corresponde a ancianos&#8221;, comenta Ruy Laurenti. &#8220;Pero el n\u00famero absoluto de ancianos en Brasil es muy grande, y continuar\u00e1 creciendo.&#8221;<\/p>\n<p>     Las consecuencias de ese incremento significativo de la cantidad de personas de la llamada tercera edad sobre los sistemas de salud y de previsi\u00f3n social son evidentes y ya se est\u00e1n haciendo sentir. Basta con mencionar el acalorado debate nacional sobre el techo m\u00e1ximo de las jubilaciones y la edad m\u00ednima para solicitar tal beneficio. Fuera de ello est\u00e1 tambi\u00e9n el impacto del envejecimiento sobre las relaciones familiares.<\/p>\n<p>     \u00bfQui\u00e9n no ha participado ya de una reuni\u00f3n familiar para discutir, por lo bajo y de una manera medio inc\u00f3moda, en d\u00f3nde va a vivir la abuela, luego de que el abuelo se fue? En rigor, el problema mayor no es el envejecimiento de la poblaci\u00f3n en Latinoam\u00e9rica (y tambi\u00e9n en Asia y \u00c1frica), sino su envejecimiento sin salud ni calidad de vida. Esta cuesti\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s dram\u00e1tica en el universo de las naciones pobres y en desarrollo, como Brasil y sus vecinos latinos, en donde buena parte de los ancianos tiene poca instrucci\u00f3n formal, el dinero contado y servicios p\u00fablicos precarios.<\/p>\n<p>     &#8220;Primero los pa\u00edses desarrollados se hicieron ricos, y solamente despu\u00e9s se volvieron viejos&#8221;, afirma Maria L\u00facia Lebr\u00e3o. &#8220;Nosotros nos estamos poniendo viejos antes de ser ricos&#8221;. Los datos del proyecto Sabe en la capital paulista sirven para ilustrar esta m\u00e1xima. Pagar un sistema de medicina prepaga es un lujo que tan solo cuatro de cada diez ancianos que viven en S\u00e3o Paulo se dan. Do\u00f1a Matilde est\u00e1 entre los que cuentan con ese beneficio. Debido a que el mismo es antiguo y le da derecho a atenci\u00f3n en un hospital de la zona \u00fanicamente, el valor de la cuota -cerca de 150 reales-, es considerado bajo para la edad de la portadora del plan.<\/p>\n<p>     El envejecimiento de la poblaci\u00f3n y el aumento de la expectativa media de vida al nacer -en 1980 era de 62,7 a\u00f1os para los brasile\u00f1os, y actualmente es de casi 69 a\u00f1os- son fen\u00f3menos nacionales. Pero, seg\u00fan datos de censos del IBGE, la presencia de ancianos en los 27 estados brasile\u00f1os var\u00eda -y mucho. En la base hay un grupo de estados en el cual la fracci\u00f3n m\u00e1s vieja de la poblaci\u00f3n representa entre un 4% y menos del 7% de sus habitantes. Es el caso de toda la regi\u00f3n norte.<\/p>\n<p>     En una situaci\u00f3n intermedia se ubica un gran grupo de estados cuya proporci\u00f3n de ancianos var\u00eda de un 7% a un 9% de sus habitantes. En S\u00e3o Paulo, por ejemplo, las personas de 60 a\u00f1os o m\u00e1s representan un 9% de la poblaci\u00f3n. Y en la cima, con un \u00edndice de ancianos que llega a dos d\u00edgitos, figuran tres estados: Para\u00edba (un 10,2%), R\u00edo Grande do Sul (un 10,5%) y R\u00edo de Janeiro (un 10,7%). No por casualidad, los municipios de Porto Alegre y R\u00edo de Janeiro tambi\u00e9n son las capitales con m\u00e1s gente de edad (un 11,8% y un 12,8% de sus habitantes, respectivamente).<\/p>\n<p>     Ya se ha tornado cl\u00e1sica la asociaci\u00f3n de uno de los m\u00e1s tradicionales barrios de la zona sur carioca con la imagen de los simp\u00e1ticos viejitos -relativamente pr\u00f3speros con relaci\u00f3n al grueso de los jubilados nacionales- andando por la playa o ejercit\u00e1ndose en la arena. &#8220;El 27% de los habitantes de Copacabana corresponde a ancianos&#8221;,dice el m\u00e9dico Renato Veras, director de la Universidad Abierta de la Tercera Edad (Unati, sigla en portugu\u00e9s), un proyecto mantenido por la Universidad Estadual de R\u00edo de Janeiro (UERJ) que dicta semestralmente 125 cursos para 2.200 ancianos.<\/p>\n<p>     Veras, un especialista en salud de la tercera edad, afirma queel sector p\u00fablico de salud no est\u00e1 preparado a\u00fan para atender la creciente demanda de servicios especialmente abocados a la fracci\u00f3n de mayor edad de la poblaci\u00f3n. &#8220;Aun con esa enorme presencia de ancianos, \u00bfcree que va a encontrar alg\u00fan geriatra en un centro de salud de Copacabana?&#8221;, indaga el m\u00e9dico.<\/p>\n<p><b>Guarder\u00eda para ancianos<\/b><\/p>\n<p>     El cuidado de los ancianos es diferente que el de los ni\u00f1os o el de los adultos. Por eso, muchos especialistas abogan por la implementaci\u00f3n de servicios diferenciados para esa franja de edad. Veras es favorable al incremento de la atenci\u00f3n domiciliaria para esa parte de la poblaci\u00f3n. &#8220;En casa el anciano sufre menos infecciones hospitalarias, y est\u00e1 en un ambiente conocido&#8221;, dice el director de la Unati. La implantaci\u00f3n de un sistema de atenci\u00f3n domiciliaria requiere de una log\u00edstica compleja, que administre de manera eficiente y racional el desplazamiento de los equipos m\u00e9dicos. Pero, seg\u00fan Veras, si es bien administrado, dicho servicio llega incluso a reducir los costos de atenci\u00f3n, en la medida en que act\u00faa m\u00e1s bien preventivamente y evita internaciones innecesarias.<\/p>\n<p>     Por cierto, el hecho de salir de casa y llegar a un hospital o consultorio m\u00e9dico puede ser una tarea imposible de realizar para muchos ancianos. En S\u00e3o Paulo, de acuerdo con los resultados del Sabe, la falta de un (buen) transporte p\u00fablico lleg\u00f3 a ser la causa m\u00e1s mencionada por los entrevistados para faltar a las consultas m\u00e9dicas. Otra posibilidad de servicio diferencial para los ancianos, que no excluye la propuesta anterior, consiste en estimular la creaci\u00f3n de centros de convivencia para ese segmento de la poblaci\u00f3n; lugares que funcionan como guarder\u00edas para la tercera edad.<\/p>\n<p>     En dichos espacios, aqu\u00e9llos que ya han llegado a los 60 a\u00f1os pueden pasar el d\u00eda haciendo actividades f\u00edsicas e intelectuales, siempre bajo la supervisi\u00f3n de alg\u00fan profesional del \u00e1rea m\u00e9dica, una enfermera al menos. Cuando llega la noche, los ancianos vuelven a casa. &#8220;De esta manera, no pierden el v\u00ednculo familiar y se mantienen activos&#8221;, dice Maria L\u00facia Lebr\u00e3o, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, que aboga por poner en pr\u00e1ctica esa idea.Algunas de las llamadas universidades de la tercera edad desempe\u00f1an de cierta manera el rol de centros de convivencia para ancianos.<\/p>\n<p>     Es cierto que el n\u00famero de vacantes ofrecidas en sus carreras y actividades generalmente es peque\u00f1o delante de la demanda. Pero los que logran un lugar se muestran satisfechos. Es el caso de Guiomar Genaro Hachel, ama de casa, 65 a\u00f1os, que frecuent\u00f3 durante cuatro a\u00f1os actividades para ancianos en la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de S\u00e3o Paulo (PUC-SP) y desde hace tres participa de la Universidad Abierta a la Tercera Edad (Uati, sigla en portugu\u00e9s) sostenida por la Unifesp. Sin la compa\u00f1\u00eda del marido, Guiomar estuvo presente durante todo el ciclo de conferencias, y ahora va a &#8220;clases extracurriculares&#8221; de teatro, bailes de sal\u00f3n y tai chi chuan. &#8220;En la universidad me esclarezco y hago amistades&#8221;, dice esta abuela de seis nietos.<\/p>\n<p>     La presencia de hombres es menor en loscursos para la tercera edad, pero no es inexistente. El ex profesional de marketing Celso Pavarin, de 73 a\u00f1os, viudo y jubilado, empez\u00f3 a frecuentar la Uati este a\u00f1o. Al margen de las conferencias regulares que organiza la universidad, Celso asiste a clases de teatro, bailes de sal\u00f3n e inform\u00e1tica. &#8220;M\u00e1s que el conocimiento, lo que m\u00e1s me impresiona de la Uati es el cari\u00f1o de la gente&#8221;, afirma Pavarin, quien desde hace 21 a\u00f1os tiene un &#039;by-pass&#039;. &#8220;Ac\u00e1 es bueno ser viejo. M\u00e1s gente deber\u00eda tener esa oportunidad.&#8221;<\/p>\n<p><b>El Proyecto<\/b><br \/><i>Las Condiciones de Salud de los Ancianos en Am\u00e9rica Latina y el Caribe<\/i><br \/><b>MODALIDAD<\/b><br \/>     L\u00ednea regular de auxilio a la investigaci\u00f3n<br \/><b>COORDINADORES<\/b><br \/>     Ruy Laurenti y Maria L\u00facia Lebr\u00e3o &#8211; Facultad de Salud P\u00fablica de la USP<br \/><b>INVERSI\u00d3N<\/b><br \/>     R$ 236.295,00<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los ancianos que viven en la ciudad de S","protected":false},"author":0,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"coauthors":[],"class_list":["post-72394","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sem-categoria-es-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72394","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=72394"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/72394\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=72394"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=72394"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=72394"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=72394"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}