{"id":74474,"date":"2002-02-01T10:10:00","date_gmt":"2002-02-01T12:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/01\/01\/el-gas-de-la-selva-amazonica-es-escaso\/"},"modified":"2015-07-21T13:49:16","modified_gmt":"2015-07-21T16:49:16","slug":"el-gas-de-la-selva-amazonica-es-escaso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-gas-de-la-selva-amazonica-es-escaso\/","title":{"rendered":"El gas de la Selva Amaz\u00f3nica es escaso"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_86682\" style=\"max-width: 179px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2002\/02\/01\/el-gas-de-la-selva-amazonica-es-escaso\/art1661img1-3\/\" rel=\"attachment wp-att-86682\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-86682\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1661img12.jpg\" alt=\"\" width=\"169\" height=\"130\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1661img12.jpg 169w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1661img12-120x92.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 169px) 100vw, 169px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">FABIO COLOMBINI<\/span><\/a> El estudio indica que anualmente cada hect\u00e1rea de selva preservada absorbe como m\u00e1ximo 2 toneladas m\u00e1s de carbono que aquellas que emite<span class=\"media-credits\">FABIO COLOMBINI<\/span><\/p><\/div>\n<p>El peso de la Amazonia en la lucha contra el incremento del efecto invernadero que ocasiona el recalentamiento excesivo del clima de la Tierra puede ser menor que lo esperado. Nuevos c\u00e1lculos del flujo del principal compuesto atmosf\u00e9rico responsable por el aumento de la temperatura media del planeta, el di\u00f3xido de carbono (CO2), revelan que la cantidad de ese gas absorbida naturalmente por ese ecosistema tropical es igual o tan solo ligeramente mayor que la emitida &#8211; y no exageradamente mayor, como los estudios previos indicaron.<\/p>\n<p>Realizada en el \u00e1mbito del Experimento de Gran Escala de la Biosfera &#8211; La Atm\u00f3sfera en la Amazonia (LBA) &#8211; un megaproyecto internacional de 80 millones de d\u00f3lares que, desde 1999, re\u00fane a m\u00e1s de 300 investigadores de Am\u00e9rica Latina, Estados Unidos y Europa, liderados por Brasil -, la revisi\u00f3n de los n\u00fameros apunta un saldo anual positivo en favor de la absorci\u00f3n de alrededor de 2 toneladas de carbono por hect\u00e1rea de selva preservada. Los balances anteriores, algunos llevados adelante en el marco del propio LBA, llegaron a indicar la absorci\u00f3n l\u00edquida, descontado ya aqu\u00e9l que fue emitido, de entre 5 y 8 toneladas de carbono por hect\u00e1rea.<\/p>\n<p>&#8220;Es posible que ese valor sea incluso cercano a cero&#8221;, dice Paulo Artaxo, del Instituto de F\u00edsica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IF\/USP), responsable por un proyecto tem\u00e1tico financiado por la FAPESP sobre el asunto y uno de los coordinadores del LBA. De cada 3,67 toneladas de di\u00f3xido de carbono, tambi\u00e9n conocido como gas carb\u00f3nico, hay una tonelada del elemento qu\u00edmico carbono. En l\u00edneas generales, se puede decir que cuanto m\u00e1s CO2 absorbe una selva, mayor ser\u00e1 su biomassa, medida bajo la forma de carbono, visto y considerando que la fotos\u00edntesis de la vegetaci\u00f3n se intensifica.<\/p>\n<p>En otras palabras: la gran absorci\u00f3n de CO2 equivale te\u00f3ricamente al gran crecimiento de un ecosistema. De acuerdo con los nuevos c\u00f3mputos, sumadas todas las fuentes conocidas de entrada (absorci\u00f3n) y salida (emisi\u00f3n) de CO2 de la selva,la Amazonia parece extraer del aire una cantidad relativamente modesta de dicho gas porhect\u00e1rea de selva preservada. Pero aun as\u00ed, como la regi\u00f3n amaz\u00f3nica es inmensa &#8211; abarca tan solamente en territorio brasile\u00f1o 5 millones de kil\u00f3metros cuadrados (500 millones de hect\u00e1reas), de los cuales cerca de un 80% corresponde a selvas nativas -, su impacto en el balance mundial de di\u00f3xido de carbono puede no ser nada despreciable.<\/p>\n<p><strong>Ni el villano, ni el salvador<br \/>\n<\/strong>Un c\u00e1lculo r\u00e1pido y sencillo, teniendo en cuenta una tasa de fijaci\u00f3n anual de carbono de entre una y dos toneladas anuales por hect\u00e1rea de selva, muestra que la Amazonia brasile\u00f1a, que abarca cerca del 70% de dicho ecosistema sudamericano, ser\u00eda capaz de extraer de la atm\u00f3sfera entre 400 y 800 millones de toneladas de carbono cada 12 meses. Esto equivale a entre un 5% y un 10% de las emisiones globales de carbono en igual per\u00edodo en raz\u00f3n de la acci\u00f3n del hombre, fundamentalmente debido a la quema de combustibles f\u00f3siles y a la tala de bosques. &#8221; Brasil no es el villano del mundo por causa de las talas y las quemas efectuadas en la Amazonia (que emiten cantidades significativas de CO2 en direcci\u00f3n a la atm\u00f3sfera), pero su principal selva tampoco representa la salvaci\u00f3n del planeta&#8221;, comenta Artaxo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el meteor\u00f3logo Carlos Nobre, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, sigla en portugu\u00e9s) de S\u00e3o Jos\u00e9 dos Campos, coordinador cient\u00edfico del LBA, se estima que la Amazonia es anualmente responsable por el lanzamiento al aire de aproximadamente 200 millones de toneladas de di\u00f3xido de carbono, en raz\u00f3n de las talas en \u00e1reas antes preservadas y de la pr\u00e1ctica de las quemas, especialmente durante los meses de sequ\u00eda, entre julio y noviembre. Hasta ahora, alrededor del 14% de la cobertura original de la Amazonia ya ha sido talada, a una tasa estimada en un 0,5 por ciento anual, lo que corresponde a poco menos de 20 mil kil\u00f3metros cuadrados.<\/p>\n<p>El saldo a favor de la absorci\u00f3n de CO2 en la Amazonia disminuy\u00f3 porque los investigadores del LBA descubrieron imprecisiones metodol\u00f3gicas en la f\u00f3rmula a trav\u00e9s de la cual estaban calculando el balance de di\u00f3xido de carbono en la selva tropical. B\u00e1sicamente tres puntos fueron cuidadosamente revisados. Primer t\u00f3pico revisado: los especialistas constataron que las 12 torres de medici\u00f3n del flujo de gas en la selva tropical, instaladas en diversos puntos de la Amazonia, no registraban adecuadamente la entrada y salida de CO2 durante la noche, precisamente el per\u00edodo del d\u00eda en el que las emisiones de di\u00f3xido de carbono son m\u00e1s altas, pues la respiraci\u00f3n de las plantas predomina.<\/p>\n<p>&#8220;Estimamos que anualmente, alrededor de una tonelada de carbono por hect\u00e1rea, antes ignorada, es emitida a la noche&#8221;, eval\u00faa Artaxo. La buena noticia es que los investigadores creen haber conseguido identificar el origen de tal imprecisi\u00f3n y, lo mejor de todo, creen haber corregido la metodolog\u00eda empleada. Segundo t\u00f3pico revisto: los participantes del LBA verificaron que, al respirar, la vegetaci\u00f3n amaz\u00f3nica emite, adem\u00e1s de CO2, niveles significativos de los llamados Compuestos Org\u00e1nicos Vol\u00e1tiles (VOCs).<\/p>\n<p>Parte de esos VOCs, un conjunto de gases que contienen carbono, se transforma en di\u00f3xido de carbono en la atm\u00f3sfera, haciendo de ese tipo de emisi\u00f3n una fuente indirecta del principal agente responsable por el efecto invernadero. &#8220;Normalmente, la salida de VOCs es considerada despreciable en la mayor parte de los ecosistemas de clima templado, pero en la Amazonia \u00e9sta es importante&#8221;, destaca Artaxo. Se estima que cada hect\u00e1rea preservada de la regi\u00f3n arroja al aire anualmente una cantidad de VOCs capaz de generar cerca de media tonelada de carbono en la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, los cient\u00edficos lograron cuantificar una tercera fuente de escape de CO2,poco estudiada hasta entonces: los r\u00edos y \u00e1reas de planicie de la Amazonia, que se encuentran saturados de carbono y, por difusi\u00f3n, pierden concentraciones de ese gas a manos de la atm\u00f3sfera. &#8220;Nadie se fijaba en el papel de las aguas en el balance de di\u00f3xido de carbono&#8221;, comenta Reynaldo Victoria, del Centro de Energ\u00eda Nuclear en Agricultura de la Universidad de S\u00e3o Paulo (Cena\/USP) de Piracicaba, coordinador de la parte de biogeoqu\u00edmica de las aguas del LBA y de un proyecto tem\u00e1tico de la FAPESP.<\/p>\n<p>&#8220;Los r\u00edos de la regi\u00f3n constituyen grandes reactores que procesan materia org\u00e1nica&#8221;, agrega. En asociaci\u00f3n con colegas de la Universidad de Washington, tambi\u00e9n participantes del LBA, la investigadora Maria Victoria Ballester, del equipo del Cena, mostr\u00f3 que sale de los r\u00edos anualmente alrededor de una tonelada de carbono por hect\u00e1rea en direcci\u00f3n a la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p><strong>Tres veces el tama\u00f1o de Francia<br \/>\n<\/strong>En rigor, el dato proyectado no se refiere a la Amazonia en su totalidad, sino a un gran pedazo de la regi\u00f3n, un cuadril\u00e1tero de 1,7 millones de kil\u00f3metros cuadrados, en la parte central de la cuenca del Amazonas &#8211; equivalente a un tercio de la mayor selva tropical del mundo o a tres Francias. Pero aun as\u00ed es un n\u00famero bastante representativo de los intercambios de di\u00f3xido de carbono que se procesan en la Amazonia.<\/p>\n<p>En el art\u00edculo cient\u00edfico en el que expone sus c\u00e1lculos sobre la evasi\u00f3n de CO2 de los r\u00edos de la regi\u00f3n en direcci\u00f3n a la atm\u00f3sfera, que aguarda un dictamen para su publicaci\u00f3n en una gran revista cient\u00edfica internacional, Maria Victoria, juntamente con los investigadores estadounidenses, afirma que el saldo general del ciclo de carbono en las selvas tropicales maduras e intactas, teniendo en cuenta la suma de los ambientes terrestre y acu\u00e1tico, estar\u00eda cerca de su punto de equilibrio. En otras palabras, ser\u00eda pr\u00f3ximo a cero.<\/p>\n<p>Las correcciones en los n\u00fameros del balance de carbono obedecen en gran medida al car\u00e1cter \u00fanico y pionero del LBA. No existe en ninguna otra gran selva tropical del mundo un esfuerzo sistem\u00e1tico de medici\u00f3n del flujo de CO2 en los moldes del ejecutado en la Amazonia. &#8220;Este tipo de trabajo existe apenas en los ecosistemas templados de Am\u00e9rica del Norte y de Europa, que son bastante diferentes a los de la selva tropical&#8221;, dice el f\u00edsico Artaxo.<\/p>\n<p>&#8220;No tenemos ning\u00fan modelo de investigaci\u00f3n listo para ser copiado y puesto en pr\u00e1ctica aqu\u00ed. Todo debe ser desarrollado y ajustado a la realidad de la Amazonia&#8221;. En muchos casos, ese ajuste puede marcar una gran diferencia en la cuenta final. Las dificultades para interpretar correctamente los datos suministrados por las torres instaladas en la Amazonia para medir el flujo de CO2 entre el bosque y la atm\u00f3sfera ilustran bien esa cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Las torres, compradas a un costo unitario de aproximadamente 200 mil d\u00f3lares, miden 55 metros de altura y fueron colocadas en 12 puntos de la Amazonia para intentar cubrir distintas realidades de esa inmensa regi\u00f3n. Y no son tan altas en vano. La cima de las misama fue proyectada para situarse a 20 \u00f3 30 metros por encima de la copa de los \u00e1rboles, una posici\u00f3n privilegiada en d\u00f3nde se ubican sus sensores de alta precisi\u00f3n, instrumentos capaces de medir diez veces por segundo la velocidad del viento vertical y las concentraciones de CO2. Para este instrumento, el CO2 que realiza el movimiento ascendente, de la selva a la atm\u00f3sfera, es contabilizado en tanto emitido por laprimera en direcci\u00f3n a la segunda.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l que realiza el trayecto opuesto entra en el c\u00e1lculo como absorbido por la vegetaci\u00f3n o el suelo (es decir, que es retirado del aire). En el transcurso del tiempo, el balance (la suma del di\u00f3xido de carbono que entr\u00f3 y del que sali\u00f3) provee el flujo l\u00edquido del CO2 en un local. Como puede observarse, el sistema de medici\u00f3n de las torres funciona muy bien siempre y cuando haya una constante circulaci\u00f3n y turbulencias verticales de aire en el punto de la medici\u00f3n. Esto sucede espor\u00e1dicamente en las selvas templadas de Am\u00e9rica del Norte y Europa, con bosques mucho m\u00e1s abiertos que la Amazonia.<\/p>\n<p>En la selva tropical, que es m\u00e1s cerrada, la densa copa de los \u00e1rboles, que dificulta constantemente el paso de la luz, puede funcionar como una tapa capaz de contener al aire bajo sus dominios. Durante el d\u00eda, este efecto de aprisionamiento atmosf\u00e9rico generado por la exuberante vegetaci\u00f3n ecuatorial no llega a entorpecer el funcionamiento de los sistemas de medici\u00f3n de las torres, pues los per\u00edodos de calma del clima (con poca turbulencia atmosf\u00e9rica, sin viento o lluvias) no son dominantes. Tanto el CO2 absorbido por las plantas durante la fotos\u00edntesis (proceso a trav\u00e9s del cual los vegetales retiran di\u00f3xido de carbono de la atm\u00f3sfera y lo convierten en energ\u00eda y biomasa) como el que es emitido como producto de su respiraci\u00f3n, son registrados de manera satisfactoria.<\/p>\n<p>Por las noches todo cambia, y los per\u00edodos de calma, sin turbulencias, se tornan predominantes &#8211; con el agravante de que el aire en este per\u00edodo del d\u00eda se torna m\u00e1s rico en CO2. Sin la presencia de la luz del sol, las plantas no realizan la fotos\u00edntesis. Solamente respiran y devuelven al aire una parte del CO2 absorbido durante el d\u00eda.<\/p>\n<p><strong>\u00bfAd\u00f3nde fue a parar el CO2?<br \/>\n<\/strong>Esa limitaci\u00f3n en la medici\u00f3n del flujo nocturno de CO2 es m\u00e1s pronunciada en torres cuyo radio de medici\u00f3n abarca \u00e1reas anegadas y que est\u00e1n instaladas en lugares cuya topograf\u00eda no es totalmente plana. Esto se debe a que la inclinaci\u00f3n del terreno hace que el CO2, que tiene dificultades para escapar hacia arriba debido al efecto tamp\u00f3n de la copa de los \u00e1rboles, &#8220;resbale&#8221; hacia los costados durante las noches. Cuando esto sucede, el di\u00f3xido de carbono emitido abajo, en las cercan\u00edas de una torre, sale de su \u00e1rea de medici\u00f3n y, por lo tanto, no es contabilizado adecuadamente por el equipo.<\/p>\n<p>Solamente en \u00e1reas extremadamente planas, el di\u00f3xido de carbono liberado durante la noche por la respiraci\u00f3n de las plantas no &#8220;resbala&#8221; y permanece aprisionado por las copas hasta el d\u00eda siguiente. De esa manera, ese CO2 nocturno que no fue registrado por la torre acaba pasando con alguna suerte por el sensor del equipo al comienzo del d\u00eda siguiente, siendo de esta manera contabilizado en forma adecuada en el flujo total diurno. &#8220;Descubrimos eso despu\u00e9s de analizar detalladamente los datos de varias torres de LBA, en particular las dos situadas en Manaos, operadas por el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, sigla en portugu\u00e9s)&#8221;, comenta Artaxo.<\/p>\n<p>Ubicadas apenas a 20 kil\u00f3metros una de otra, ambas torres registraban balances de carbono diferentes. Una dec\u00eda que la selva absorb\u00eda entre un 20% y un 30% m\u00e1s de di\u00f3xido de carbono que la otra. Examinando en detalles los locales en donde ambos equipamientos fueron instalados, los investigadores verificaron que las porciones anegadas dentro del radio de acci\u00f3n de una de las torres eran muy diferentes a las delas \u00e1reas inundadas dentro del campo de cobertura de la otra. Constataron tambi\u00e9n quelainclinaci\u00f3n del terreno en donde estaban asentadas las torres presentaba variaciones significativas. Seg\u00fan Artaxo, estas peculiaridades eran suficientes para intensificar el escape horizontal del CO2 emitido por la noche en una de las torres, explicando de esa manera los datos aparentemente conflictivos establecidos por las torres de la capital de Amazonas.<\/p>\n<p>Para medir correctamente la cantidad de CO2 emitida por las noches, los investigadores del LBA instalaron sensores de dicho gas en diversos puntos de cada una de las 12 torres, y tambi\u00e9n abajo de la copa de los \u00e1rboles. De este modo el registro nocturno de la presencia de di\u00f3xido de carbono bajo los \u00e1rboles se torn\u00f3 m\u00e1s f\u00e1cil. Este a\u00f1o, con el auxilio de t\u00e9cnicas m\u00e1s precisas de topograf\u00eda, los investigadores determinar\u00e1n la inclinaci\u00f3n del relieve en las \u00e1reas en las que se encuentran instaladas las torres, otra medida tendiente a amenguar eventuales imprecisiones de los datos suministrados por este tipo de equipo y dotar de mayor credibilidad al c\u00e1lculo del balance general de carbono.<\/p>\n<p>&#8220;A mediados de este a\u00f1o se instalar\u00e1n dos torres en la Isla do Bananal, en Tocantins, las primeras en \u00e1reas inundadas de la Amazonia&#8221;, afirma Artaxo. Con esa mejora, otro peque\u00f1o agujero en la medici\u00f3n del flujo de CO2 en Amazonia comienza a ser rellenado. Al fin y al cabo, el 14% de la regi\u00f3n est\u00e1 cubierta por r\u00edos o \u00e1reas anegadas, un tipo de h\u00e1bitat en el cual LBA a\u00fan no cuenta con ninguna forma de monitoreo permanente de los flujos de CO2.<\/p>\n<p>Antes incluso de la revisi\u00f3n de los n\u00fameros del balance de carbono en Amazonia, algunos investigadores del propio LBA observaban con reserva los primeros datos recabados en el marco del proyecto, que apuntaban a la regi\u00f3n como una gran aspiradora de carbono. La historia de la selva tropical y su constituci\u00f3n f\u00edsica parec\u00edan, de cierta manera, desmentir las cifras que se\u00f1alaban un saldo anual en favor de la absorci\u00f3n de hasta 8 toneladas de carbono por hect\u00e1rea. Al fin de cuentas, la selva amaz\u00f3nica no es una formaci\u00f3n vegetal joven. Es relativamente antigua y ya ha llegado a su madurez. Por lo tanto, te\u00f3ricamente, su flujo de carbono deber\u00eda ser cercano a cero. Es decir, la cantidad de carbono absorbida y emitida deber\u00eda ser equivalente.<\/p>\n<p><strong>El crecimiento de la selva<br \/>\n<\/strong>Debido a que una hect\u00e1rea de selva tropical intacta contiene entre 140 y 200 toneladas de carbono bajo la forma de biomasa, la Amazonia brasile\u00f1a tendr\u00eda te\u00f3ricamente que duplicar su tama\u00f1o cada 28 a\u00f1os si su capacidad de absorci\u00f3n de di\u00f3xido de carbono fuera equivalente a 5 toneladas anuales (de carbono) por hect\u00e1rea, por ejemplo. &#8220;Pero eso no est\u00e1 sucediendo&#8221;, afirma Artaxo. &#8220;La Amazonia no crece a ese ritmo,&#8221; a\u00f1ade.<\/p>\n<p>No obstante, algunos cient\u00edficos argumentan que la selva amaz\u00f3nica no se comporta m\u00e1s actualmente como una cl\u00e1sica formaci\u00f3n vegetal madura. De acuerdo con la ecolog\u00eda tradicional, los bosques antiguos absorben y emiten la misma cantidad de di\u00f3xido de carbono, con un crecimiento en t\u00e9rminos de biomasa cercano a cero. La causa de ese cambio de actitud residir\u00eda en las altas concentraciones de CO2 encontradas en los d\u00edas actuales en la atm\u00f3sfera del planeta, las m\u00e1s elevadas de la historia reciente &#8211; la concentraci\u00f3n del gas se elev\u00f3 de 280 ppm (partes por mill\u00f3n) en 1850 a las actuales 370 ppm.<\/p>\n<p>Con una mayor cantidad de CO2 disponible en el aire para su absorci\u00f3n, el nivel de fijaci\u00f3n del di\u00f3xido de carbono por parte de las selvas maduras se habr\u00eda elevado debidoa ese aumento en la oferta de ese compuesto atmosf\u00e9rico. &#8220;En el balance general, lamayor\u00eda de las torres en Amazonia muestra mayor absorci\u00f3n que emisi\u00f3n de di\u00f3xido de carbono por parte de la selva preservada&#8221;, dice el meteor\u00f3logo Carlos Nobre. &#8220;El debate se aboca determinar si la absorci\u00f3n es grande o moderada.&#8221;<\/p>\n<p>Artaxo, f\u00edsico de la USP directamente comprometido en el proceso de revisi\u00f3n de los n\u00fameros del balance de carbono en la Amazonia, figura entre los investigadores del LBA que creen que exista un saldo modesto en favor de la absorci\u00f3n de CO2 en la selva. En tanto, el biogeoqu\u00edmico Antonio Nobre, del Inpa, responsable por la operaci\u00f3n de las dos torres del LBA en Manaos, a\u00fan no est\u00e1 convencido de que el saldo entre la cantidad de CO2 absorbida y emitida en la regi\u00f3n sea tan moderado.<\/p>\n<p>&#8220;Puede incluso ser que ese balance sea del orden de las dos toneladas anuales de carbono (por hect\u00e1rea de selva preservada), pero existen torres que muestran anualmente una absorci\u00f3n l\u00edquida anual de m\u00e1s de 5 toneladas de carbono (por hect\u00e1rea de selva)&#8221;, dice Nobre. &#8220;Es l\u00f3gico que a\u00fan exista incertidumbre con relaci\u00f3n a la metodolog\u00eda aplicada en esas mediciones y sobre el ciclo del carbono, pero no se puede sencillamente ignorar ese dato. A\u00fan no conocemos bien el ecosistema amaz\u00f3nico, que es muy complejo. Las plantas se adaptan a los niveles de di\u00f3xido de carbono atmosf\u00e9rico y buscan un nuevo equilibrio.&#8221;<\/p>\n<p>Como casi todo en ciencia, los nuevos n\u00fameros sobre el ciclo del carbono en la Amazonia no son definitivos ni incuestionables. M\u00e1s a\u00fan cuando es sabido que esos valores alimentan un tema candente de la pol\u00edtica y la diplomacia internacional, el del Protocolo de Kyoto, acuerdo suscrito y en proceso de ratificaci\u00f3n por parte de la mayor\u00eda de las naciones del planeta (con la excepci\u00f3n digna de destacar de Estados Unidos), que prev\u00e9 metas de reducci\u00f3n de los niveles de emisi\u00f3n de CO2 para los pa\u00edses industrializados, como forma de reducir el efecto invernadero. &#8220;Para no que no permanezcamos en la dependencia exclusiva de informaciones provenientes del extranjero, extrapoladas a partir de mediciones realizadas en bosques templados, los brasile\u00f1os debemos que entender y producir nuestros propios datos sobre el ciclo del carbono en la Amazonia&#8221;, dice Artaxo.<\/p>\n<p>Ya es hora: el efecto invernadero, causado por una cortina de gases atmosf\u00e9ricos, con especial relevancia para el CO2, que impide el retorno al espacio de todo el calor irradiado por el Sol en direcci\u00f3n a la Tierra, es un fen\u00f3meno natural, deseable, sin el cual no habr\u00eda clima propicio en el planeta para el florecimiento de la vida. Es \u00e9ste el que hace que el globo terr\u00e1queo sea lo suficientemente c\u00e1lido como para ser habitable. El incremento del efecto invernadero en raz\u00f3n de la elevaci\u00f3n exagerada de los niveles de di\u00f3xido de carbono atmosf\u00e9rico y otros gases es lo que hace que la temperatura se eleve m\u00e1s que lo deseado, derritiendo glaciares y poniendo eventualmente en riesgo el equilibrio del planeta.<\/p>\n<p><em><strong>Todas las puntas del LBA<br \/>\n<\/strong><\/em>Develar el papel de la Amazonia en el balance regional y planetario de carbono es uno de los grandes objetivos del Experimento a Gran Escala de la Bi\u00f3sfera-Atm\u00f3sfera en la Amazonia, el LBA, pero no el \u00fanico. El proyecto internacional, con el liderazgo de Brasil, tambi\u00e9n se aboca a los ciclos de la energ\u00eda solar, del agua, de gases como el metano y el \u00f3xido n\u00edtrico, que tambi\u00e9n contribuyen al aumento del efecto invernadero en la baja atm\u00f3sfera), de aerosoles (part\u00edculas s\u00f3lidas de la atm\u00f3sfera que influyen en la formaci\u00f3n de nubes) y otros nutrientes. Iniciada en 1999, esta ambiciosa iniciativa multidisciplinaria procura entender el funcionamiento y la interacci\u00f3n de todas las partes de ese inigualable ecosistema: fauna, flora, suelos, r\u00edos y su habitante: el hombre.<\/p>\n<p>De una manera general, el proyecto pretende comprender y cuantificar de forma integrada c\u00f3mo los cambios, provocados o no por la mano del hombre en el uso del suelo de la regi\u00f3n &#8211; como la tala de los bosques para pastaje &#8211; y en su clima, alteram los componentes f\u00edsicos, qu\u00edmicos y biol\u00f3gicos de la propia Amazonia, y eventualmente de otras partes de Brasil y del planeta. Con una iniciativa del porte del LBA, los investigadores esperan reunir nuevos elementos que les permitan responder a una serie de cuestiones sobre la Amazonia y auxiliar al pa\u00eds en la elaboraci\u00f3n de una estrategia de desarrollo sostenible para la regi\u00f3n.<\/p>\n<p><em><strong>El misterio del carbono perdido en el planeta<br \/>\n<\/strong><\/em>No solamente en la Amazonia el entender y el cuantificar el ciclo del carbono lleva a los investigadores a rever constantemente sus c\u00e1lculos y a modificar m\u00e9todos de trabajo. Es as\u00ed en todo el mundo. Se trata de un terreno cient\u00edfico en el cual, por el momento, parecen existir pocas certezas y muchas hip\u00f3tesis, sin contar toda la atenci\u00f3n provocada por el comprobado aumento de la concentraci\u00f3n de CO2 en la atm\u00f3sfera despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n Industrial del siglo XIX y de la amenaza de aumento del efecto invernadero.<\/p>\n<p>Algunos puntos del ciclo del carbono a\u00fan se encuentran tan en abierto que los cient\u00edficos no saben responder claramente a muchas preguntas claves para el futuro del clima del planeta. Una de las m\u00e1s importantes es sobre la cuesti\u00f3n del llamado &#8220;carbono perdido&#8221; y de sus aspiradoras &#8211; lugares que absorben CO2, retirando por lo tanto ese gas de la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p>C\u00e1lculos globales efectuados por el Panel Intergubernamental de Cambios Clim\u00e1ticas (IPCC), especie de comit\u00e9 mantenido por la Organizaci\u00f3n Mundial de Meteorolog\u00eda y por el programa ambiental de las Naciones Unidas, muestran que se emiten anualmente alrededor de 7.900 millones de toneladas de carbono en la atm\u00f3sfera, de las cuales 6.300 millones derivan de la quema de combustibles f\u00f3siles (carb\u00f3n, petr\u00f3leo y gas natural) y 1.600 millones surgen como consecuencia de las talas.<\/p>\n<p>\u00bfAd\u00f3nde va a parar todo ese carbono? Aproximadamente 2.300 millones de toneladas son absorbidas por los oc\u00e9anos, y 3.300 millones de toneladas van a la atm\u00f3sfera, principalmente bajo la forma de CO2. Como el carbono no desaparece, falta a\u00fan hallar el destino de 2.300 millones de toneladas que fueron emitidas, pero que no se sabe a ciencia cierta ad\u00f3nde fueron a parar. Uno de los probables destinos son los bosques templados boreales y tropicales, como la selva Amaz\u00f3nica, que tiene la capacidad de, a trav\u00e9s de la fotos\u00edntesis, convertir ese di\u00f3xido de carbono en biomasa.<\/p>\n<p>El problema es que el hombre a\u00fan no sabe con seguridad cu\u00e1l es la real capacidad de absorci\u00f3n &#8211; y emisi\u00f3n &#8211; de CO2 de cada uno de esos ecosistemas en los d\u00edas de actuales. Al margen de ello, el status de un ecosistema puede variar con el tiempo. Una selva joven y en crecimiento es, posiblemente, una gran consumidora de CO2 atmosf\u00e9rico que usa enormes cantidades de carbono para aumentar su biomasa. Pero si alg\u00fan d\u00eda fuera talada y quemada a un ritmo fren\u00e9tico, esa misma formaci\u00f3n vegetal dejar\u00e1 de fijar carbono y empezar\u00e1 a emitirlo bajo la forma de CO2, debido a la combusti\u00f3n de su biomasa.<\/p>\n<p><strong>EL PROYECTO<\/strong><br \/>\n<em>Estudios de la Interacciones F\u00edsicas y Qu\u00edmicas en la Interfaz Bi\u00f3sfera &#8211; Atm\u00f3sfera en la Amazonia<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nProyecto tem\u00e1tico<br \/>\n<strong>Coordenador<\/strong><br \/>\nPaulo Artaxo &#8211; Instituto de F\u00edsica de la USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 718.131,52 y US$ 550.954,00<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Nuevos c\u00e1lculos sugieren que ese ecosistema tropical puede absorber menos di\u00f3xido de carbono de lo que se imaginaba","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-74474","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74474","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74474"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74474\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74474"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74474"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74474"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=74474"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}