{"id":74481,"date":"2002-02-01T00:00:00","date_gmt":"2002-02-01T02:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/01\/01\/las-pioneras-del-riel\/"},"modified":"2016-01-29T17:27:46","modified_gmt":"2016-01-29T19:27:46","slug":"las-pioneras-del-riel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-pioneras-del-riel\/","title":{"rendered":"Las pioneras del riel"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_86726\" style=\"max-width: 170px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2002\/02\/01\/las-pioneras-del-riel\/art1668img1-3\/\" rel=\"attachment wp-att-86726\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-86726\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1668img12.jpg\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"106\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1668img12.jpg 160w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/02\/art1668img12-120x80.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"MULHERES, TRENS E TRILHOS\"<\/span><\/a> Empleadas de la contadur\u00eda de La Noroeste de Brasil en 1944, y la estaci\u00f3n: locomotoras y machismo<span class=\"media-credits\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"MULHERES, TRENS E TRILHOS\"<\/span><\/p><\/div>\n<p>La interiorana pero efervescente ciudad de Baur\u00fa &#8211; ubicada a 350 kil\u00f3metros de la capital paulista y punto de anudamiento de tres importantes ferrov\u00edas (La Noroeste do Brasil, La Paulista y La Sorocabana) -, que poco tiempo atr\u00e1s hab\u00eda dejado a un lado su condici\u00f3n de &#8220;boca del desierto&#8221;, vio nacer a partir de 1918 un nuevo tipo de mujer, que ejerc\u00eda su ocupaci\u00f3n en el \u00e1mbito p\u00fablico.<\/p>\n<p>En marzo de ese a\u00f1o, La Noroeste, pionera y la m\u00e1s importante de las ferrov\u00edas que atraviesan la ciudad, que instalara su cuartel general en ella en 1905, rasgando el oeste paulista en direcci\u00f3n a los confines de Mato Grosso, contrat\u00f3 a la primera empleada del sexo femenino: Flordaliza Meira Monte, de 16 a\u00f1os, nacida en la tambi\u00e9n paulista ciudad de Capivari. Meira Monte fue admitida en car\u00e1cter temporal, como practicante de telegrafista, profesi\u00f3n que su padre ejerc\u00eda en el ferrocarril.<\/p>\n<p>Hasta entonces, desde las estaciones y talleres hasta los escritorios, pasando obviamente por los vagones de los trenes, la compa\u00f1\u00eda era un ambiente de trabajo exclusivamente masculino. Faldas por all\u00ed solamente eran vistas, cuando lo eran, en las pasajeras de alg\u00fan tren proveniente de la capital. O en los cabarets y burdeles, generalmente apostados cerca de la estaci\u00f3n de tren, en donde predominaba, para utilizar la jerga usual de la \u00e9poca, el prototipo de mujer p\u00fablica de entonces: bailarinas y prostitutas, vulgarmente llamadas &#8220;vagabundas&#8221;.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el reclutamiento de la futura escribiente, que consiguiera el empleo de su vida (y que se jubilar\u00eda en la propia Noroeste por invalidez en 1942), inaugura una nueva fase en el ferrocarril: la era de las ferroviarias de Baur\u00fa, muchachas serias, solteras, generalmente oriundas de diversas regiones paulistas o de otros estados, de entre 15 y 30 a\u00f1os de edad. Como las citadas &#8220;vagabundas&#8221;, con quienes eran confundidas frecuentemente, las ferroviarias tambi\u00e9n eran mujeres p\u00fablicas.<\/p>\n<p>P\u00fablicas en el sentido de que hab\u00edan optado, quiz\u00e1s por influencia del cine norteamericano, por trabajar fuera de casa, en el espacio colectivo de la sociedad, en vez de permanecer restringidas a los tradicionales papeles de madre y ama de casa, ejercidos t\u00edpicamente en el ambiente privado, en el seno del hogar. &#8220;Para el imaginario femenino de la \u00e9poca, el ferrocarril representaba la libertad&#8221;, dice la historiadora Lidia Maria Vianna Possas, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Mar\u00edlia, que rastre\u00f3 fragmentos de la casi desconocida trayectoria de las primeras trabajadoras de La Noroeste, una de las m\u00e1s importantes ferrov\u00edas del pa\u00eds, en el libro\u00a0<em>Mujeres, Trens e Trilhos<\/em> (Editora da Universidad do Sagrado Cora\u00e7\u00e3o de Jesus), publicado al final de 2001, producto de a\u00f1os de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para evitar piropos indeseables durante su trabajo y disociar su figura del r\u00f3tulo de prostitutas, las trabajadoras de La Noroeste adoptaron una postura deliberadamente ce\u00f1uda en el trabajo. Entre 1918 y 1945, per\u00edodo abordado por el estudio, la investigadora logr\u00f3 detectar en los registros de La Noroeste el paso de 250 mujeres por la compa\u00f1\u00eda, que hicieron un trayecto similar al de la pionera Flordaliza. Todo eso en medio de 14 mil expedientes de empleados del ferrocarril revisados por Lidia Possas.<\/p>\n<p>Entre esas dos centenas y media de ferroviarias, las m\u00e1s instruidas, generalmente provenientes de la clase media, se convirtieron en telefonistas o dactil\u00f3grafas, o realizaron toda suerte de servicios burocr\u00e1ticos. Las m\u00e1s humildes se dedicaban a los servicios de cocina, lavander\u00eda, limpieza y atenci\u00f3n al p\u00fablico en los vagones. En el segundo grupo de mujeres, era com\u00fan el cambio de ocupaci\u00f3n, pues \u00e9stas mostraban mayores dificultades para adaptarse al severo r\u00e9gimen laboral.<\/p>\n<p>El trabajo femenino solamente en raras ocasiones estaba vinculado en forma directa a la actividad espec\u00edfica del ferrocarril: hacer que los trenes se muevan. Y peor a\u00fan: la figura de las mujeres, pese a ser objeto de constantes tentativas de acoso sexual, es pr\u00e1cticamente ignorada por la historia oficial del ferrocarril e incluso por muchos ferroviarios jubilados, a los cuales a menudo les cuesta acordarse de que tambi\u00e9n hab\u00eda colegas del sexo opuesto entre los empleados de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>&#8220;Es m\u00e1s o menos como si las mujeres que trabajaron all\u00ed no hubieran existido&#8221;, comenta Lidia, una carioca que reside en Baur\u00fa desde hace 15 a\u00f1os. &#8220;La historia oficial muestra de manera repetitiva que la ferrov\u00eda fue un instrumento vigoroso del progreso y de la lucha de clases, y no como un agente generador de cambios de comportamiento y de valores.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Capitalismo<br \/>\n<\/strong>Claro que la ciudad Baur\u00fa, a esa altura &#8211; en los 20 -, y con 20 mil habitantes integrada por las locomotoras al capitalismo y a la modernidad, ya empleaba a muchachas en sus comercios, exhib\u00eda costureras en sus tiendas de confecci\u00f3n y sastrer\u00edas, contaba con profesoras en sus escuelas y garantizaba el sustento de las secretarias de sus profesionales liberales. No obstante, sobre todas \u00e9stas no pesaba tan fuertemente el estigma de ser mujeres p\u00fablicas &#8211; es decir, ser comparadas con las bailarinas y meretrices que trabajaban en los cabarets cercanos a la estaci\u00f3n &#8211; como suced\u00eda en el caso de las empleadas de La Noroeste.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo, el ambiente del comercio era m\u00e1s familiar y menos masculino que el del ferrocarril. Para alejarse de cualquier insinuaci\u00f3n malintencionada, las ferroviarias incorporaron al pie de la letra la disciplina y el formalismo que La Noroeste les exig\u00eda a sus empleados. &#8220;No quer\u00edan ser confundidas con las prostitutas&#8221;, afirma Lidia. Tanto es as\u00ed que muchas de ellas no se casaron, ni tuvieron hijos. Algunas, a partir de los a\u00f1os 30, empezaron a interesarse en la pol\u00edtica, especialmente por el integralismo, versi\u00f3n nacional del fascismo que conquist\u00f3 adeptos entre los ferroviarios de Baur\u00fa.<\/p>\n<p><strong>La mujer en el puesto del burro<br \/>\n<\/strong>\u00bfC\u00f3mo hicieron las mujeres para conseguir trabajo en La Noroeste? La forma de admisi\u00f3n en la compa\u00f1\u00eda no es muy clara y transparente hasta 1938, cuando fueron instituidos los concursos p\u00fablicos abiertos para hombres y mujeres con m\u00e1s de 18 a\u00f1os, concursos \u00e9stos cuyos primeroslugares eran ocupados frecuentemente por postulantes de faldas. No obstante, durante mucho tiempo circul\u00f3 una an\u00e9cdota entre los ferroviarios &#8211; no solamente entre los de Baur\u00fa, sino tambi\u00e9n entre los de otros lugares &#8211; que intentaba explicar el origen de las trabajadoras en un ambiente tan masculino.<\/p>\n<p>La primera mujer habr\u00eda sido contratada para el puesto de un burro del ferrocarril que hab\u00eda muerto. Es en otras palabras: sale el animal, entra la mujer, pagada con el dinero antes utilizado para alimentar a la bestia. La an\u00e9cdota era tranquilizadora: ning\u00fan hombre le cedi\u00f3 su lugar a una mujer. Pese a ser contratadas, las mujeres no ten\u00edan los mismos derechos laborales que los hombres. Hasta 1928, de acuerdo con el estudio de la profesora de la Unesp, gran parte de \u00e9stas no ten\u00eda v\u00ednculo m\u00e1s formal con La Noroeste.<\/p>\n<p>Algunas eran anotadas con nombres de hombres, generalmente de parientes que hab\u00eda trabajado en el ferrocarril, del cual hab\u00edan medio que &#8220;heredado&#8221; el puesto de trabajo. Esta situaci\u00f3n mejor\u00f3 sustancialmente con la adopci\u00f3n de los concursos p\u00fablicos para admisi\u00f3n. Las ferroviarias tambi\u00e9n deb\u00edan probar constantemente que eran competentes en sus quehaceres. &#8220;Siempre exist\u00eda aquella cosa (&#8230;) de que la mujer es d\u00e9bil, de que la mujer no puede hacer esto o no puede hacer aquello otro&#8221;, recuerda Herm\u00ednia Malheiros de Oliveira, que trabaj\u00f3 como telefonista en La Noroeste, en una relato efectuado en 1997, cuando ten\u00eda 81 a\u00f1os, para el libro sobre las ferroviarias de La Noroeste.<\/p>\n<p><strong>Sexualidad<br \/>\n<\/strong>Al margen de las demostraciones de falta de reconocimiento profesional, de los piropos en el trabajo y de la represi\u00f3n de la propia sexualidad, las ferroviarias tambi\u00e9n afrontaban inconvenientes m\u00e1s sencillos en su cotidiano en La Noroeste. Solamente pasaron a tener ba\u00f1os exclusivos, por ejemplo, en 1934, a\u00f1o en que fue construida la nueva estaci\u00f3n ferroviaria de La Noroeste en Baur\u00fa. Hasta ese entonces, ellas ten\u00edan horarios determinados para ir al ba\u00f1o. Uno de los argumentos patronales contra los ba\u00f1os femeninos era que esos lugares se convertir\u00edan en local de charlas entre las mujeres. C\u00f3mo si los hombres no conversaran en el trabajo.<\/p>\n<p>A pesar de haber encontrado valiosos documentos y registros en los archivos del Centro de Memoria Regional, un museo en mantenido en Baur\u00fa por la Unesp y por la Red Ferroviaria Federal S.A. (RFFSA), la historiadora tuvo dificultades para seguir el paradero de la mayor\u00eda de las ex empleadas del ferrocarril, en particular de aquellas que ejerc\u00edan las funciones de menor importancia. Los registros contienen datos solamente hasta el momento en el que las empleadas dejaron la ferrov\u00eda. Las m\u00e1s simples eran precisamente las que ten\u00edan mayores dificultades para adaptarse a la rigidez de la empresa y acababan desistiendo frecuentemente del empleo o eran despedidas, a veces sin recibir las debidas indemnizaciones.<\/p>\n<p>A la escasez de documentos, se suman otros inconvenientes: muchas ex ferroviarias ya han fallecido, y entre las que est\u00e1n vivas, algunas prefieren olvidar el pasado. &#8220;Muchas de esas mujeres se sent\u00edan personas fuera de lugar, en raz\u00f3n de las innumerables exclusiones que sufrieron&#8221;, afirma Lidia. El estudio de la historia de las primeras ferroviarias finaliza en 1945, cuando el acceso a los concursos de La Noroeste les fue pr\u00e1cticamente negado a las mujeres y ellas mismas empezaron a ambicionar otros horizontes profesionales. A partir de la d\u00e9cada del 50, el pa\u00eds opt\u00f3 por los autom\u00f3viles, en lugar de las locomotoras.<\/p>\n<p>Por suerte existen a\u00fan investigadoras como Lidia, apasionada por los trenes desde chiquita. En su casa en Baur\u00fa, sobre la mesa de trabajo, ella tiene un tel\u00e9fono con la forma de una vieja locomotora. El artefacto, un regalo de amigos, a\u00fan funciona, y su campanilla, en vez de sonar con el tradicional &#8220;ring, ring&#8221;, reproduce el sonido de una locomotora de vapor llegando a una estaci\u00f3n. &#8220;Mi trabajo no es defender a las ferroviarias&#8221;, afirma Lidia. &#8220;Mi trabajo consiste en para dar mayor visibilidad a sus trayectorias, mostrando su lucha social.&#8221;<\/p>\n<p><em><strong>De &#8220;boca del desierto&#8221; a ciudad de espantos<br \/>\n<\/strong><\/em>En un mapa de la entonces provincia (hoy estado) de S\u00e3o Paulo de 1886, el \u00faltimo pueblo urbano del noroeste paulista era Baur\u00fa, a la \u00e9poca una villa con fama de ser &#8220;la boca del desierto&#8221;. Todo aquello que se ubicaba al oeste de ese paraje era descrito como &#8220;terrenos desconocidos poblados por ind\u00edgenas&#8221;, parte del mundo denominado salvaje. Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, esa localidad fue elevada a la condici\u00f3n de municipio. Pero la ciudad, que ten\u00eda poco menos de 8 mil habitantes al final del siglo XIX, solamente comenz\u00f3 a estructurarse y a crecer de verdad con la llegada de los rieles.<\/p>\n<p>La ferrov\u00eda Noroeste do Brasil, que instal\u00f3 all\u00ed su sede, fue inaugurada en 1905, la Paulista llega al a\u00f1o siguiente y La Sorocabana, en 1910. Con la ayuda de las locomotoras, Baur\u00fa, que est\u00e1 situada en el centro geogr\u00e1fico del estado, se conect\u00f3 con la capital paulista y con el mundo de la modernidad y del capitalismo naciente en el pa\u00eds, cuyas principales figuras ser\u00edan los llamados barones del caf\u00e9.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente, casi todos los h\u00e1bitos, costumbres y modas vigentes en las ciudades de S\u00e3o Paulo y R\u00edo de Janeiro fueron importados por los habitantes de Baur\u00fa, en su mayor\u00eda forasteros, hombres y mujeres sin familia constituida, que migraron hacia &#8220;entrada al nuevo Brasil&#8221;. En 1920, poco despu\u00e9s de que las primeras ferroviarias fueran contratadas por La Noroeste, la poblaci\u00f3n de Baur\u00fa se elev\u00f3 a las 20 mil personas. En 1940, este n\u00famero salt\u00f3 a 55 mil. El comercio se fue desarrollando. Se abrieron pensiones y hoteles, aprovechando la condici\u00f3n de Baur\u00fa como punto de paso de los tres ferrocarriles. La vida mundana tambi\u00e9n se desarroll\u00f3. Cabarets afrancesados, como el Maxim, abrieron sus puertas cerca del \u00e1rea ferroviaria. Los burdeles proliferon, como la Casa de Eny, que ganar\u00eda fama en todo el estado.<\/p>\n<p>Ante el movimiento de gente proveniente de todos lados, \u00e1vida de ascenso social y diversi\u00f3n, en la cual se inclu\u00edan las drogas il\u00edcitas, el poeta Rodrigues de Abreu, que se mud\u00f3 a la ciudad en 1923 y se transform\u00f3 en funcionario del registro civil local, califica a Baur\u00fa como &#8220;Ciudad de Espantos&#8221;. En un tramo del poema Baur\u00fa, de la d\u00e9cada del 30, Abreu, hizo alusi\u00f3n al esp\u00edritu de vanguardia y sin l\u00edmites de la sociedad de Baur\u00fa de esa \u00e9poca: &#8220;Yo ya tom\u00e9 coca\u00edna en tus barrios, en donde hay Milonguitas de p\u00e1rpados marchitos y de ojos brillantes!&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La trayectoria de las mujeres que trabajaron en el Ferrocarril ","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[93],"class_list":["post-74481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74481"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74481\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74481"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=74481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}