{"id":74602,"date":"2002-05-01T11:10:00","date_gmt":"2002-05-01T14:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/04\/01\/la-madre-tierra\/"},"modified":"2015-07-21T13:25:45","modified_gmt":"2015-07-21T16:25:45","slug":"la-madre-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-madre-tierra\/","title":{"rendered":"La Madre Tierra"},"content":{"rendered":"<p>Diez mil muestras cil\u00edndricas de roca de dos cent\u00edmetros de altura develan la Am\u00e9rica del Sur de mil millones de a\u00f1os atr\u00e1s, un cuadro bastante diferente al actual mapamundi. En aquella \u00e9poca, lo que corresponde al actual territorio brasile\u00f1o estaba constituido por una serie de grandes islas distantes unas de las otras. El bloque que corresponde a la Amazonia estaba separado de Goi\u00e1s y del nordeste del pa\u00eds por mares y, al mismo tiempo, m\u00e1s cercano a la porci\u00f3n sur del pa\u00eds que en la actualidad y casi pegado a lo que ser\u00eda Am\u00e9rica del Norte.<\/p>\n<p>Recolectadas del norte al sur de Brasil, en el resto de Am\u00e9rica del Sur y en \u00c1frica, las muestras de rocas cuentan historias que permitieron que un equipo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) armara el rompecabezas de la composici\u00f3n de Rodinia &#8211;\u00a0<em>Madre Tierra<\/em>, en ruso -, uno de los supercontinentes en los cuales la corteza terrestre se divid\u00eda hace alrededor de mil millones de a\u00f1os, per\u00edodo anterior al de Gondwana &#8211; el supercontinente m\u00e1s conocido, formado hace 750 millones de a\u00f1os a partir de la fragmentaci\u00f3n de Rodinia. Para llegar a estos resultados, los investigadores del Instituto de Astronom\u00eda, Geof\u00edsica y Ciencias Atmosf\u00e9ricas (IAG) utilizaron la t\u00e9cnica del paleomagnetismo, que se basa en el hecho de que una roca, al enfriarse, crea una marca que muestra la direcci\u00f3n del campo magn\u00e9tico terrestre en aquel momento y permite as\u00ed localizar su posici\u00f3n con relaci\u00f3n a los polos.<\/p>\n<p><strong>Laurentia<br \/>\n<\/strong>Este trabajo, desarrollado en el marco de un proyecto iniciado en 1998, fue presentado en octubre de 2001 en un congreso en Perth, Australia, y en un simposio internacional sobre Rodinia y Gondwana reunido en Osaka, Jap\u00f3n. Los descubrimientos completan y corrigen el primer mapa de Rodinia, mostrado en 1991 por el ge\u00f3logo estadounidense Paul Hoffman, que trabaja actualmente en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. Fundamentado en estudios llevados a adelante principalmente en el Hemisferio Norte, el mapa de Hoffman mostraba un supercontinente cuyo centro era un gran bloque llamado Laurentia &#8211; la actual Am\u00e9rica del Norte. A su alrededor, se aglutinaban los bloques que formar\u00edan la Ant\u00e1rtica, Australia, Siberia, la India, Kalahari (este de \u00c1frica), el sur de China, Congo-San Francisco (parte de \u00c1frica y del nordeste brasile\u00f1o) y el Continente B\u00e1ltico (el norte de Europa).<\/p>\n<p>El grupo brasile\u00f1o, que ya actuaba en el \u00e1rea desde el comienzo de los a\u00f1os 70, decidi\u00f3 entonces ofrecer una visi\u00f3n sudamericana de Rodinia, agreg\u00e1ndole piezas al rompecabezas de Hoffman. Coordinado por Igor Ivory Gil Pacca, el grupo del IAG centr\u00f3 su foco en las rocas de los cratones, que formaron el sur de Rodinia. Los cratones son los bloques rocosos m\u00e1s antiguos de la litosfera &#8211; la capa externa del planeta, formada por la corteza y por el manto superior, que tiene cerca de 100 kil\u00f3metros de espesor.<\/p>\n<p>El grupo recolect\u00f3 material en Mato Grosso, Rond\u00f4nia, Cear\u00e1, Bah\u00eda y Paran\u00e1. Recogi\u00f3 muestras tambi\u00e9n en Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, y del otro lado del Atl\u00e1ntico, en Gab\u00f3n, Nigeria y Camer\u00fan. Se recolectaron rocas de los tres tipos: las sedimentarias (arenitos, carbonatos y siltitas), las magm\u00e1ticas (basaltos, granitos, gabros y andesitas) y las metam\u00f3rficas (anfibolitas, granulitas, migmatitas y gneises). A medida que terminaban los an\u00e1lisis de este material, el grupo agregaba piezas a la propuesta original. Inicialmente, mostr\u00f3 que la regi\u00f3n central de Goi\u00e1s, el R\u00edo de la Plata (que abarcaba el sur de Brasil), \u00c1frica Occidental y otros bloques menores tambi\u00e9n participaron en la formaci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n del supercontinente.<\/p>\n<p>El resultado es que la imagen ideada por Hoffman cambi\u00f3 significativamente: la Amazonia, por ejemplo, sali\u00f3 del lado oeste y fue a parar al este. Seg\u00fan Pacca, Hoffman incluy\u00f3 a la Amazonia en el mapa de 1991 con base en evidencias estructurales y semejanzas geol\u00f3gicas, pero con poqu\u00edsimas informaciones paleomagn\u00e9ticas, indispensables para la reconstituci\u00f3n de la Tierra antigua. &#8220;Era casi una suposici\u00f3n, una posibilidad&#8221;, comenta. Uno de los m\u00e9ritos del equipo de la USP fue precisamente reunir abundantes datos sobre la posici\u00f3n del bloque amaz\u00f3nico en Rodinia. &#8220;Hoy en d\u00eda ya no quedan m\u00e1s dudas&#8221;, asegura.<\/p>\n<p>La historia extra\u00edda de las rocas refuerza las hip\u00f3tesis sobre la apariencia que ten\u00eda la Tierra hace mil millones de a\u00f1os &#8211; un quinto de su edad. Se cree que en la \u00e9poca de Rodinia el planeta era una inmensa bola de hielo, resultante probablemente de interferencias astron\u00f3micas y alteraciones de \u00f3rbita: el hielo aumentaba la reflexi\u00f3n de la luz, lo que disminu\u00eda la absorci\u00f3n de energ\u00eda. Luego lleg\u00f3 la otra cara de la moneda: la intensa actividad volc\u00e1nica de aquel per\u00edodo emit\u00eda una cantidad enorme de gases, que acabaron por originar un gigantesco efecto invernadero.<\/p>\n<p>El hielo empez\u00f3 a derretirse y, en alrededor de 10 mil anos &#8211; un per\u00edodo geol\u00f3gico extremadamente corto -, la temperatura de la Tierra trep\u00f3 de 50\u00baC (grados Celsius) bajo cero a 50\u00baC sobre cero. La consecuencias sobre la vida, a\u00fan incipiente, fueron inmediatas. &#8220;Estos eventos de estr\u00e9s favorecieron el surgimiento de los seres pluricelulares&#8221;, dice Ricardo Trindade, investigador del equipo del IAG. &#8220;Antes, lo que hab\u00eda en la Tierra eran cianobacterias, seres muy sencillos y capaces de sobrevivir en condiciones adversas.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Rodinia en pedazos<br \/>\n<\/strong>Fue precisamente en esa \u00e9poca de intensos cambios clim\u00e1ticos, hace cerca de 750 millones de a\u00f1os, que Rodinia empez\u00f3 a fragmentarse, y el baile de los bloques comenz\u00f3 a formar otro supercontinente: Gondwana. \u00c9ste aglutinaba a las actuales Am\u00e9rica del Sur, \u00c1frica, Ant\u00e1rtida, Australia e India. Los bloques que formar\u00edan Brasil comenzaron a aproximarse al dibujo actual cuando surgi\u00f3 el \u00faltimo de los grandescontinentes: Pangea, hace cerca de 300 millones de a\u00f1os. De la fragmentaci\u00f3n de Pangea nacieron los actuales oc\u00e9anos y continentes, hace aproximadamente 100 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Y el baile no para: se estima que actualmente los bloques se mueven 3 cent\u00edmetros por a\u00f1o en promedio. El grupo del IAG apunta algunas tendencias: durante los pr\u00f3ximos millones de a\u00f1os, surgir\u00edan rajaduras en Am\u00e9rica do Norte, en Asia y entre \u00c1frica y la Pen\u00ednsula Ar\u00e1biga. Brasil y \u00c1frica se encontrar\u00e1n nuevamente, esta vez del otro lado &#8211; el oeste brasile\u00f1o con el este africano.<\/p>\n<p>Tanto los descubrimientos como las conjeturas se apoyan en la Teor\u00eda de la Deriva Continental, presentada en 1912 por el cient\u00edfico alem\u00e1n Alfred Wegener (1880-1930), pero solamente consolidada en los a\u00f1os 60. De acuerdo con dicha teor\u00eda, a litosfera esta formada por partes que se deforman, llamadas placas tect\u00f3nicas. Estas placas se mueven a lo largo de la superficie, se quiebran y se juntan, todo esto bajo el impulso del calor interior de la Tierra.<\/p>\n<p><strong>Rocas marcadas<br \/>\n<\/strong>Con todo, a medida en que se retrocede en el tiempo, crece la incertidumbre sobre el movimiento efectivo de las placas, de manera tal que no se puede decir que el mapa de Rodinia, incluso con los agregados de las contribuciones brasile\u00f1as, sea definitivo. &#8220;Al margen de persistir ciertas dudas sobre cu\u00e1les bloques realmente formaron parte de Rodinia, existen divergencias sobre la posici\u00f3n correcta de \u00e9stos y d\u00f3nde exactamente se encajar\u00edan&#8221;, afirma Manoel Souza D&#8217;Agrella, del grupo do IAG. En un art\u00edculo publicado en marzo en\u00a0<em>Geology<\/em>, una de las revistas m\u00e1s importantes del \u00e1rea, Ebbe Hartz y Trond Torsvik, de la Universidad de Oslo, Noruega, muestran evidencias de que el continente b\u00e1ltico estar\u00eda en realidad en una posici\u00f3n invertida con relaci\u00f3n al que se tiene actualmente: el norte ser\u00eda el sur y viceversa.<\/p>\n<p>&#8220;Esta verificaci\u00f3n tendr\u00eda implicaciones para la Amazonia, que normalmente aparece pegada al continente b\u00e1ltico en las reconstrucciones de Rodinia&#8221;, dice Hoffman, autor del primer mapa. Seg\u00fan \u00e9ste, un estudio que saldr\u00e1 en\u00a0<em>Earth and Planetary Science Letters<\/em> muestra que Australia puede no haber estado al norte de M\u00e9xico, uno de los integrantes del bloque llamado Laurentia, hace mil millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Existen divergencias, pero en un punto los investigadores coinciden: ser\u00eda imposible recuperar esa historia tan remota sin el paleomagnetismo, una herramienta que el IAG y los otros grupos adoptan para relatar la deriva continental. Esta t\u00e9cnica se basa en el hecho de que, ya sea hace mil millones de a\u00f1os o hace 100 millones de a\u00f1os, el enfriamiento de una roca siempre registra en \u00e9sta la direcci\u00f3n del campo magn\u00e9tico terrestre. &#8220;El paleomagnetismo determina la latitud en la que el bloque de roca se encontraba y la posici\u00f3n de \u00e9ste con relaci\u00f3n al eje de la Tierra&#8221;, afirma la geof\u00edsica M\u00e1rcia Ernesto, que divide con Pacca la coordinaci\u00f3n del equipo de la USP.<\/p>\n<p>Al final de los a\u00f1os 90, teniendo ya las primeras muestras en manos, el grupo del IAG constat\u00f3 que la posici\u00f3n del polo archivada en las rocas no se correspond\u00eda con la actual: en una era vertical, en la otra horizontal, otras eran posiciones diagonales diversas. La hip\u00f3tesis de que el campo magn\u00e9tico terrestre se haya alterado en el transcurso del tiempo fue r\u00e1pidamente descartada: &#8220;Los polos magn\u00e9ticos terrestres siempre estuvieron muy cerca de los polos geogr\u00e1ficos&#8221;, enfatiza Pacca. &#8220;Y el eje magn\u00e9tico terrestre funciona como un gran im\u00e1n de barras, pr\u00f3ximo al eje de rotaci\u00f3n&#8221;. Por lo tanto, lo que explica la discrepancia en la orientaci\u00f3n magn\u00e9tica de las rocas es que los continentes efectivamente estuvieron movi\u00e9ndose.<\/p>\n<p><strong>Rutas continentales<br \/>\n<\/strong>Despu\u00e9s se realiz\u00f3 el an\u00e1lisis de rocas de diferentes edades, colectadas en el mismo lugar. La serie hist\u00f3rica permitir\u00eda definir las direcciones de polo registradas. Un ejemplo hipot\u00e9tico: hace 800 millones de a\u00f1os, la direcci\u00f3n era horizontal, a los 600 millones hizo una curva hacia la izquierda, a los 300 millones a la derecha y as\u00ed sucesivamente. La memoria de las rocas archiva las rutas. Al juntar estos rastros y ordenarlos en una l\u00ednea de sentidos, surge la curva de deriva polar aparente -que muestra claramente los caminos de los continentes.<\/p>\n<p>Eso fue lo que ocurri\u00f3 con las arenitas recogidas en dos cascadas en Mato Grosso &#8211; una en Salto do C\u00e9u, cerca de Cuiab\u00e1, y otra en Vila Bela da Sant\u00edssima Trindade, antigua capital de dicho estado, cerca de Bolivia -, que dieron seguridad sobre d\u00f3nde estaban los bloques que formar\u00edan Am\u00e9rica del Sur. Una vez trazadas las rutas de movimiento de Am\u00e9rica del Sur y de \u00c1frica, los investigadores pusieron la primera sobre la segunda y viceversa, y vieron exactamente d\u00f3nde y cu\u00e1ndo esos continentes se aproximaron o se alejaron.<\/p>\n<p>El trabajo de campo exige paciencia y una cierta dosis de adrenalina para la aventura. La \u00faltima vez que estuvo en Rond\u00f4nia, en julio de 2001, el grupo tuvo que invadir \u00e1reas controladas por las madereras, y el veh\u00edculo de la universidad fue confundido con la fiscalizaci\u00f3n. &#8220;No fue nada agradable&#8221;, cuenta Pacca: &#8220;Casi llevamos unos tiros&#8221;.En el campo, los investigadores penetran las rocas con un taladro especial y extraen los cilindros. Inmediatamente, una br\u00fajula determina la direcci\u00f3n del campo magn\u00e9tico en el momento y el investigador anota en la propia muestra. En el laboratorio, las muestras pasan por hornos que aumentan y disminuyen la temperatura alternadamente, para eliminar interferencias magn\u00e9ticas recientes. Es necesario dejar solamente el registro antiguo, que es analizado en una sala blindada &#8211; &#8220;el lugar de campo magn\u00e9tico menos intenso que existe en S\u00e3o Paulo&#8221;, seg\u00fan M\u00e1rcia.<\/p>\n<p><strong>Asociaciones<br \/>\n<\/strong>El grupo recibi\u00f3 el refuerzo del Centro de Investigaciones Geocronol\u00f3gicas del Instituto de Geociencias (IG), tambi\u00e9n de la USP. All\u00ed que se realizan los an\u00e1lisis qu\u00edmicos y de elementos radioactivos, que certifican la edad de las rocas. &#8220;Como el margen de error es m\u00ednimo, podemos establecer hip\u00f3tesis cada vez m\u00e1s coherentes sobre la formaci\u00f3n de Rodinia&#8221;, dice Wilson Teixeira, director del Instituto de Geociencias (IG) de la USP, que integra el grupo. A prop\u00f3sito: l IG fue sede de un encuentro internacional sobre Rodinia, realizado en agosto del a\u00f1o pasado.<\/p>\n<p>El grupo del IAG, actualmente una referencia internacional y probablemente el \u00fanico que trabaja con paleomagnetismo en Brasil, act\u00faa en colaboraci\u00f3n tambi\u00e9n con grupos de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de R\u00edo Claro y de las universidades federales de Bah\u00eda, de Par\u00e1 y de R\u00edo Grande do Norte, que facilitan la recolecci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de los resultados. Existen tambi\u00e9n alianzas con especialistas de las universidades de Berkeley (Estados Unidos), Trieste y Padua (Italia), Suecia, Toulouse (Francia) y Buenos Aires (Argentina). El habitual esp\u00edritu de colaboraci\u00f3n entre los cient\u00edficos es reforzado por el hecho de que nadie sabe d\u00f3nde puede estar la roca faltante del rompecabezas que cada grupo procura armar.<\/p>\n<p><strong>EL PROYECTO<\/strong><br \/>\n<em>Participaci\u00f3n de las Unidades Crat\u00f3nicas de Am\u00e9rica del Sur en la Evoluci\u00f3n de Supercontinentes Desde el Mesoproterozoico<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nProyecto tem\u00e1tico<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nIgor Ivory Gil Pacca &#8211; IAG\/USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 292.409,52<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un equipo de la USP ubica a Am\u00e9rica del Sur en el mapa de Rodinia, un supercontinente que existi\u00f3 hace mil millones a\u00f1os","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[109],"class_list":["post-74602","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74602"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74602\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74602"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=74602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}