{"id":75486,"date":"2002-06-01T00:00:00","date_gmt":"2002-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/06\/01\/las-cartas-estan-sobre-la-mesa\/"},"modified":"2015-03-17T15:56:38","modified_gmt":"2015-03-17T18:56:38","slug":"las-cartas-estan-sobre-la-mesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-cartas-estan-sobre-la-mesa\/","title":{"rendered":"Las cartas est\u00e1n sobre la mesa"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_96049\" style=\"max-width: 170px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-96049\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/06\/art1830img11.jpg\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"123\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/06\/art1830img11.jpg 160w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/06\/art1830img11-120x92.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO CESAR<\/span>La m\u00e1quina tragamonedas, que prolifer\u00f3 en la d\u00e9cada del 90, crea dependencia<span class=\"media-credits\">EDUARDO CESAR<\/span><\/p><\/div>\n<p>Si usted conoce a alguien que habla mucho de juego y solamente se siente feliz cuando se entrega a los cartones de bingo, a las m\u00e1quinas tragamonedas, loter\u00edas, barajas o carreras de caballos, cuidado. La obstinaci\u00f3n por las apuestas es un rasgo del jugador patol\u00f3gico, una personalidad desequilibrada que, cuando no se la controla, puede llegar incluso a extremos de robar o matar para mantenerse en el juego, al igual -en una comparaci\u00f3n ahora sustentada cient\u00edficamente- que un dependiente qu\u00edmico.<\/p>\n<p>El jugador patol\u00f3gico, diagnosticado con precisi\u00f3n en Brasil hace pocos a\u00f1os, era f\u00e1cilmente confundido con el portador del trastorno obsesivo compulsivo (TOC), un individuo que sufre de man\u00edas: se lava las manos a cada momento o mantiene su casa siempre impecablemente ordenada, por ejemplo. Pero \u00e9stas son categor\u00edas diferentes, como demostr\u00f3 el m\u00e9dico Hermano Tavares en su doctorado en la Facultad de Medicina de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Su trabajo obtuvo el reconocimiento del National Council on Problem Gambling (NCPG), una organizaci\u00f3n estadounidense dedicada a entender y contener el vicio en juegos de azar: Tavares fue premiado con una placa grabada y recibi\u00f3 una invitaci\u00f3n para dar una conferencia en el congreso anual de la instituci\u00f3n, en Dallas, Estados Unidos, el d\u00eda 14 de este mes.<\/p>\n<p>En su tesis, dirigida por Valentim Gentil Filho, Tavares investig\u00f3 los rasgos de la personalidad peculiares de los portadores de este disturbio poco estudiado en Brasil. Con el equipo del Ambulatorio de Juego Patol\u00f3gico y Otros Trastornos de Impulsos (Amjo), del Instituto de Psiquiatr\u00eda de la USP, compar\u00f3 las reacciones de 40 jugadores patol\u00f3gicos, 40 pacientes con TOC y 40 personas sin esos problemas.<\/p>\n<p>Una de las conclusiones m\u00e1s importantes consiste en que, pese a que esta personalidad combina rasgos impulsivos (poca reflexi\u00f3n seguida de una r\u00e1pida reacci\u00f3n, prodigalidad y poco aprecio por las normas y los c\u00e1nones) y compulsivos (miedo a la incertidumbre), adem\u00e1s de la obsesi\u00f3n por las apuestas en dinero, el jugador patol\u00f3gico es claramente diferente del portador de TOC. &#8220;La tesis muestra que existen m\u00e1s semejanzas entre el juego patol\u00f3gico y las dependencias qu\u00edmicas que con el TOC&#8221;, revela el investigador, que est\u00e1 haciendo su posdoctorado en la Universidad de Calgary, Canad\u00e1. Para \u00e9ste, la mejor definici\u00f3n de juego patol\u00f3gico es una dependencia comportamental. La sensaci\u00f3n de \u00e9xtasis -similar a la experimentada por el consumo de drogas- surge de la apuesta, de la emoci\u00f3n de obtener buenos resultados y ganar.<\/p>\n<p>La mente no sale del ambiente de las apuestas: &#8220;El jugador patol\u00f3gico est\u00e1 permanentemente preocupado con el juego, esperando la hora de poder hacer una nueva apuesta, delineando estrategias para ganar o imaginando c\u00f3mo conseguir dinero para pagar las deudas de juego&#8221;, dice Tavares. Otro s\u00edntoma: el deseo de recuperar el dinero perdido, en un movimiento continuo de apuestas que alimenta la deuda y la ansiedad. &#8220;La falta de control sobre el comportamiento&#8221;, prosigue, &#8220;se revela en las tentativas frustradas de reducir o abstenerse de jugar, mentiras para ocultar la extensi\u00f3n de la dependencia y envolvimiento en actividades ilegales, tales como falsificaci\u00f3n de cheques y hurtos, para financiar el juego.&#8221;<\/p>\n<p>Tavares adopt\u00f3 escalas de personalidad habitualmente utilizadas para diferenciar entre jugadores patol\u00f3gicos y portadores de TOC. En 2000, a\u00f1o en el que su tesis fue concluida, salieron en la\u00a0<em>Revista de Psiquiatr\u00eda Cl\u00ednica<\/em> los resultados completos sobre una de las escalas, el Inventario de Temperamento y Car\u00e1cter (ITC), que concibe el desarrollo de la personalidad como un camino de doble mano entre el temperamento y el car\u00e1cter: los factores hereditarios de temperamento (b\u00fasqueda de la novedad, dependencia de recompensa y persistencia, por ejemplo) motivan factores de car\u00e1cter (autodireccionamiento y cooperatividad, entre otros), que a su vez accionan los mecanismos de respuesta a un est\u00edmulo (ganas de jugar, por ejemplo).<\/p>\n<p><strong>Un problema social<br \/>\n<\/strong>&#8220;La b\u00fasqueda de tratamiento aument\u00f3 vertiginosamente despu\u00e9s de que los bingos electr\u00f3nicos y los videojuegos, principalmente los de p\u00f3quer y el propio bingo, se esparcieron en Brasil en los a\u00f1os 90&#8221;, observa Tavares. Su estudio y los de los otros especialistas muestran una n\u00edtida correlaci\u00f3n entre la permisi\u00f3n de la pr\u00e1ctica de juegos de azar -cada vez m\u00e1s accesibles- y el aumento de los diagn\u00f3sticos confirmados de jugadores patol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>En Brasil no existen estad\u00edsticas, pero las del exterior indican que entre un 1% y un 4% de la poblaci\u00f3n padece ese disturbio, que es considerado una dependencia, aunque menos frecuente que la del alcohol, el tabaco y drogas prescritas por m\u00e9dicos, como tranquilizantes y anfetam\u00ednicos, por ejemplo. Pero es m\u00e1s com\u00fan que la dependencia de coca\u00edna y de crack y que otros trastornos psiqui\u00e1tricos cl\u00e1sicos, entre ellos la esquizofrenia.<\/p>\n<p>&#8220;Los efectos del juego patol\u00f3gico, como el endeudamiento cr\u00f3nico, los intentos de suicidio y el aumento de la criminalidad, deber\u00edan ser considerados al momento en que se discute la reintroducci\u00f3n de los casinos en Brasil&#8221;, advierte el investigador, que lanza una convocatoria: &#8220;Ya es hora de que hagamos un estudio sobre la frecuencia y el impacto del juego patol\u00f3gico en la sociedad brasile\u00f1a, por lo menos en las mayores ciudades, en donde los bingos electr\u00f3nicos y los videojuegos se tornaron populares&#8221;.<\/p>\n<p>Se sabe de antemano que las mujeres pueden ser m\u00e1s afectadas que los hombres. En 2001, Tavares public\u00f3 un trabajo en el\u00a0<em>Journal of Gambling Studies<\/em>, mostrando que las mujeres desarrollan el cuadro de juego patol\u00f3gico dos veces m\u00e1s r\u00e1pido. &#8220;Actualmente las estad\u00edsticas apuntan una proporci\u00f3n de dos hombres por cada mujer&#8221;, dice Tavares, &#8220;pero a medida en que el juego se torna m\u00e1s popular, m\u00e1s mujeres est\u00e1n jugando y la tendencia futura indica que la proporci\u00f3n caer\u00e1 a una por cada hombre.&#8221;<\/p>\n<p>Con los videojuegos caseros, el peligro parece ser menor. Seg\u00fan Tavares, en principio, la dependencia solamente se establece a partir de los juegos de azar, definidos por dos caracter\u00edsticas: la habilidad del jugador no aumenta las posibilidades de ganar y los resultados finales son generalmente aleatorios. Pero el investigador advierte que no se puede tener certeza de ello, porque a\u00fan no hay estudios que relacionen un inter\u00e9s excesivo por parte de los ni\u00f1os por los videjuegos con el surgimiento del juego patol\u00f3gico en la vida adulta.<\/p>\n<p>En Canad\u00e1, con Nady el-Guebaly y David Hodgins, investigadores veteranos en el \u00e1rea, Tavares trabaja en la aplicaci\u00f3n de sus datos a una muestra local y en la comparaci\u00f3n entre jugadores y alcoh\u00f3licos con relaci\u00f3n a la personalidad y a la avidez. Los resultados preliminares apuntan una correlaci\u00f3n entre la avidez y los rasgos impulsivos de personalidad. El investigador, que pretende regresar a Brasil en diciembre, conf\u00eda en que a partir de all\u00ed surgir\u00e1n criterios de clasificaci\u00f3n de jugadores patol\u00f3gicos en subtipos -predominantemente impulsivo o compulsivo, por ejemplo- y variaciones terap\u00e9uticas: &#8220;El tratamiento de los impulsivos enfocar\u00eda la avidez como factor de riesgo para reca\u00eddas; y el de los compulsivos, las emociones negativas, la ansiedad y la depresi\u00f3n, como precipitadores de reca\u00eddas&#8221;.<\/p>\n<p><strong>EL PROYECTO<\/strong><br \/>\n<em>El Juego Patol\u00f3gico y suas Relaciones Con el Espectro Impulsivo Compulsivo<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nBeca de doctorado<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nValentim Gentil Filho &#8211; USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 40.585,32<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una tesis premiada define la personalidad de los jugadores patol\u00f3gicos","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[93],"class_list":["post-75486","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75486","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=75486"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75486\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=75486"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=75486"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=75486"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=75486"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}