{"id":75582,"date":"2002-09-01T00:00:00","date_gmt":"2002-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/09\/01\/cuando-los-ofidios-tenian-patas\/"},"modified":"2015-03-18T13:42:22","modified_gmt":"2015-03-18T16:42:22","slug":"cuando-los-ofidios-tenian-patas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/cuando-los-ofidios-tenian-patas\/","title":{"rendered":"Cuando los ofidios ten\u00edan patas"},"content":{"rendered":"<p>Admiradas y temidas, misteriosas y seductoras, las serpientes desaf\u00edan a los herpet\u00f3logos (especialistas en reptiles) y paleont\u00f3logos, que no logran hallarle respuesta a una antigua pregunta: \u00bfal final, cu\u00e1l es el origen de estos animales? El debate es acalorado. En 1997, el canadiense Michael Caldwell y el australiano Michael Lee creyeron haber develado el enigma. En un art\u00edculo publicado ese a\u00f1o en\u00a0<em>Nature<\/em> , analizaron dos f\u00f3siles de culebras con patas posteriores, que vivieron hace 95 millones de a\u00f1os, encontrados en Israel. La conclusi\u00f3n a la que arribaron indic\u00f3 que eran especies originarias del ambiente marino y constitu\u00edan el posible eslab\u00f3n entre los mosasaurios -los grandes lagartos que habitaron los mares en la \u00e9poca de los dinosaurios- y los ofidios, un grupo formado por alrededor de 3.000 especies.<\/p>\n<p>El brasile\u00f1o Hussam Zaher se mostr\u00f3 desconfiado ni bien ley\u00f3 dicho trabajo. Zaher, un investigador del Museo de Zoolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), ech\u00f3 un baldazo de agua fr\u00eda en los entusiastas de la idea de que la especie estudiada, la\u00a0<em>Pachyrhachis problematicus<\/em> , ser\u00eda el ancestro com\u00fan a todas las culebras y que \u00e9sta hubiera surgido del mar. Sus estudios, que se transformaron en once art\u00edculos, uno de \u00e9stos incluso publicado en 2000 en\u00a0<em>Science<\/em> , sostienen que la\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> no es el tan aguardado eslab\u00f3n perdido. Ser\u00eda, eso s\u00ed, un animal cercano a un grupo de serpientes actuales, las macrostomatas, como la cascabel (<em>Crotalus durissus<\/em> ), la boa constrictor (<em>Boa constrictor<\/em> ) y la pit\u00f3n (<em>Python reticulatus<\/em> ). &#8220;Esta pol\u00e9mica ayud\u00f3 a refinar el conocimiento morfol\u00f3gico sobre las serpientes y mostr\u00f3 que la evoluci\u00f3n de ese grupo de animales es mucho m\u00e1s compleja de lo que se imaginaba; empero, la cuesti\u00f3n sobre el origen de la serpientes continua sin respuesta&#8221;, asevera Zaher.<\/p>\n<p>El debate sobre el origen de las serpientes, alimentado por art\u00edculos cient\u00edficos con argumentos minuciosamente construidos, lleva a que los especialistas ora aplaudan una idea, ora duden acerca de las conclusiones que parec\u00edan ya establecidas. De una manera m\u00e1s amplia, esto recuerda que el proceso evolutivo de las especies en general no tiene una direcci\u00f3n predeterminada, ni lleva necesariamente a organismos m\u00e1s avanzados. Caracter\u00edsticas como las patas, aparentemente esenciales, pueden surgir y m\u00e1s tarde sencillamente desaparecer.<\/p>\n<p>Las patas delanteras de las serpientes ya hab\u00edan desaparecido millones de a\u00f1os antes, mediante mecanismos distintos de aqu\u00e9llos que llevaron a la eliminaci\u00f3n de las patas posteriores. De acuerdo con estudios publicados en 2000 por investigadores ingleses, los miembros delanteros se fueron de manera radical, sin dejar rastros, debido a la desconexi\u00f3n de un grupo de genes reguladores. En tanto, la desaparici\u00f3n de las patas traseras se debi\u00f3 a la p\u00e9rdida de una estructura del embri\u00f3n llamada cresta ectod\u00e9rmica apical. Las patas traseras se atrofian y desaparecen si no son utilizadas; es como si el organismo decidiera no destinar m\u00e1s energ\u00eda para mantener esa parte del cuerpo que se muestra como innecesaria -en un proceso similar al verificado con los peces de las cavernas, casi todos con ojos atrofiados o incluso ausentes.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Zaher, en el per\u00edodo Cret\u00e1ceo, hace entre 144 y 65 millones de a\u00f1os, todas las serpientes ten\u00edan patas posteriores, que fueron desapareciendo paulatinamente, a medida en que los linajes fueron evolucionando hasta los d\u00edas actuales, y no de una sola vez, a partir de un ancestro que a\u00fan manten\u00eda vestigios de patas. Dichas patas, con seguridad, no eran usadas para la locomoci\u00f3n o la sustentaci\u00f3n, debido a que eran muy peque\u00f1as. Una hip\u00f3tesis sugiere que podr\u00edan haber desempe\u00f1ado alg\u00fan tipo de funci\u00f3n durante el acto sexual.<\/p>\n<p>La historia de la<em>Pachyrhachis<\/em> , la primera serpiente con patas, empieza al final de la d\u00e9cada del 60, cuando ese f\u00f3sil fue descubierto en Ein Yabrud, un sitio arqueol\u00f3gico situado cerca de Jerusal\u00e9n, Israel. La intrigante culebra con patas, de alrededor de 95 millones de a\u00f1os, fue inicialmente estudiada por el paleont\u00f3logo jud\u00edo de origen austr\u00edaco George Haas, uno de los grandes nombres de la herpetolog\u00eda de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Por un momento, al final de los a\u00f1os 70, Haas tuvo en sus manos dos f\u00f3siles de serpientes con patas. El primero ten\u00eda cr\u00e1neo, pero se encontraba sin la cola. El segundo presentaba caracter\u00edsticas inversas: la cola, de la cual sal\u00edan las patas posteriores, estaba preservada, pero el cr\u00e1neo no se hallaba muy visible. Pese a que los dos animales guardasen una enorme semejanza y fueran muy parecidos a las serpientes, Haas prefiri\u00f3 no arriesgar, y describi\u00f3 dos especies diferentes: la que ten\u00eda patas fue calificada como\u00a0<em>Ophiomorphus colberti<\/em> y asociada a un lagarto marino del linaje de los dolichosaurios. La otra, una serpiente, recibi\u00f3 el nombre de\u00a0<em>Pachyrhachis problematicus<\/em> -una clara alusi\u00f3n a los interrogantes que suscitaba.<\/p>\n<p>Los f\u00f3siles pasaron m\u00e1s de 20 a\u00f1os guardados en la Universidad Hebraica de Jerusal\u00e9n, hasta que Caldwell y Lee, en la d\u00e9cada del 90, rescataron el tema. &#8220;Aquellos animales eran supuestamente los ancestros de las serpientes, pero nadie a\u00fan los hab\u00eda estudiado con los m\u00e9todos adecuados, y urg\u00eda hacerlo&#8221;, cuenta Lee, de la Universidad de Adelaida, Australia. Los dos paleont\u00f3logos no necesitaron mucho tiempo para concluir que Haas, fallecido en 1981, hab\u00eda sido excesivamente cauteloso. Los dos f\u00f3siles descritos, a decir verdad, pertenec\u00edan a una misma especie: la\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> . &#8220;Pasamos entonces a tener un solo animal&#8221;, afirma Zaher. &#8220;Era una serpiente con patas&#8221;. Pero las concordancias paraban por ah\u00ed.<\/p>\n<p>Caldwell y Lee retomaron las tesis del paleont\u00f3logo estadounidense Edward Drinker Cope, que vivi\u00f3 en el siglo XIX. Para \u00e9ste, las serpientes se hab\u00edan originado en el ambiente marino -y ser\u00edan herederas de los mosasaurios. El lugar en donde fueron hallados los f\u00f3siles de la\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> hac\u00eda que esa posibilidad se tornara bastante viable. La presencia de las patas posteriores cerraba el c\u00edrculo. Ese cuadro llev\u00f3 a los dos paleont\u00f3logos a afirmar, en el art\u00edculo de abril de 1997 en<em>Nature<\/em> , que hab\u00eda sido encontrado el eslab\u00f3n perdido entre las serpientes y los lagartos marinos. &#8220;La\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> ofrece evidencias adicionales sobre las afinidades existentes entre los mosasaurios y las serpientes, trayendo a la luz nuevas informaciones sobre las caracter\u00edsticas de los ofidios primitivos&#8221;, dice Caldwell, actualmente en la Universidad de Alberta, Canad\u00e1.<\/p>\n<p>&#8220;Ni bien le\u00ed el trabajo, not\u00e9 una serie de inconsistencias&#8221;, sostiene Zaher. En primer lugar, dice, no se consideraron algunas caracter\u00edsticas craneanas de los animales, seg\u00fan \u00e9l decisivas, tales como la presencia de dentici\u00f3n en el palatino, uno de los huesos del paladar, y un hueso supratemporal que se extend\u00eda hacia atr\u00e1s del cr\u00e1neo. Asimismo, el an\u00e1lisis habr\u00eda omitido a una especie primitiva y fundamental para comprender la evoluci\u00f3n de esos animales: la\u00a0<em>Dinilysia patagonica<\/em> , una serpiente ya extinguida, que existi\u00f3 en el Cret\u00e1ceo Superior en Argentina. Por \u00faltimo, Caldwell y Lee habr\u00edan resumido toda la diversidad actual de serpientes en tan solo dos grupos:\u00a0<em>Scolecophidia y Alethinophidia<\/em> , pasando de largo de las macrostomatas, que ocupan una posici\u00f3n superior en la l\u00ednea evolutiva de las serpientes -y con las cuales, como se ver\u00eda, la<em>Pachyrhachis<\/em> guarda significativas semejanzas.<\/p>\n<p>Las cr\u00edticas arreciaron cuando Zaher supo de un tercer f\u00f3sil de serpientes con patas que habr\u00eda sido descubierto junto con la\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> , tambi\u00e9n en Ein Yabrud. Reci\u00e9n dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1999, Zaher logr\u00f3 la autorizaci\u00f3n de la Universidad Hebraica de Jerusal\u00e9n para estudiar ese animal. En esa \u00e9poca, Zaher trabajaba con Olivier Rieppel, curador de f\u00f3siles del Field Museum de Chicago, Estados Unidos, que en diciembre de 1999 llevo a la USP una copia fiel de la nueva culebra con patas. Rieppel y Zaher analizaron el f\u00f3sil minuciosamente, con base en conceptos modernos de anatom\u00eda comparada y biolog\u00eda evolutiva. &#8220;En el cr\u00e1neo se encuentra la clave para la comprensi\u00f3n del problema&#8221;, afirma el investigador de la USP.<\/p>\n<p>Esa l\u00ednea de razonamiento mostr\u00f3 que se trataba de una nueva especie: la dentici\u00f3n especializada en el paladar y en la mand\u00edbula, sumada a la ausencia de s\u00ednfisis, el punto de uni\u00f3n firme entre los dos huesos dentarios, que le asegura mayor movilidad a la mand\u00edbula, representa una novedad evolutiva de importancia en la historia del grupo y les otorga a las serpientes una habilidad mayor para la captura de presas de mediano y gran porte. Seg\u00fan Zaher, \u00e9stas son caracter\u00edsticas de las macrostomatas, serpientes como la cascabel, la boa constrictor y la pit\u00f3n, que desarrollaron la capacidad de alimentarse de presas enteras, mucho mayores que o di\u00e1metro de sus cabezas. Un an\u00e1lisis retrospectivo lo confirm\u00f3: tambi\u00e9n se observan estos elementos de manera evidente en la\u00a0<em>Pachyrhachis<\/em> .<\/p>\n<p>Para no dejar dudas, Zaher realiz\u00f3 comparaciones con serpientes m\u00e1s distantes: en las\u00a0<em>Scolecophidia<\/em> , el grupo m\u00e1s primitivo de culebras conocido hasta hoy, cuyos representantes externamente parecen lombrices, la realidad es opuesta. En \u00e9stas, los movimientos del hocico son limitados, la mand\u00edbula es corta y no existen dientes en el paladar. Son animales adaptados a la microfagia -alimentaci\u00f3n de presas peque\u00f1as, como hormigas y termitas.<\/p>\n<p>Zaher y Rieppel describieron en<em>Science<\/em> , en marzo de 2000, la nueva especie de serpiente con patas, llamada<em>Haasiophis terrasanctus<\/em> , en homenaje a Haas y a la regi\u00f3n en la cual fue hallada. En el art\u00edculo, los investigadores son categ\u00f3ricos: &#8220;<em>Pachyrhachis y Haasiophis<\/em> son serpientes derivadas, cercanas evolutivamente a las macrostomatas, y de ninguna manera pueden ser asociadas al momento hist\u00f3rico en el que esos animales se originaron&#8221;. Caldwell rebate: &#8220;Ellos admiten que describieron tan solo los huesos del cr\u00e1neo, ignorando otras partes del f\u00f3sil. \u00c9se es un procedimiento sumamente limitado&#8221;.<\/p>\n<p>Mientras el debate contin\u00faa, Zaher amplia la colecci\u00f3n de grupos actuales y de f\u00f3siles de serpientes, ya con centenas de ejemplares, sobre la cual se asienta la b\u00fasqueda de las relaciones de parentesco entre las familias y de los episodios evolutivos, como la reducci\u00f3n de las patas. Para \u00e9l, la b\u00fasqueda del eslab\u00f3n perdido, que develar\u00eda la historia sobre el origen de las serpientes, a\u00fan no ha terminado. &#8220;Mi intuici\u00f3n me dice que el m\u00e1s fuerte candidato a cumplir ese papel es un animal fosorial&#8221;, comenta. &#8220;Con el tiempo, las evidencias cient\u00edficas dir\u00e1n si tengo raz\u00f3n o no&#8221;.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\n<em>La fauna de microvertebrados tetr\u00e1podos del Cret\u00e1ceo Superior en las regiones de Mar\u00edlia y Presidente Prudente (interior de S\u00e3o Paulo): biodiversidad, filogenia y tafonom\u00eda<\/em><br \/>\n<strong>MODALIDAD<\/strong><br \/>\nL\u00ednea regular de auxilio a proyecto de investigaci\u00f3n<br \/>\n<strong>COORDINADOR<\/strong><br \/>\nHussam El Dine Zaher &#8211; Instituto de Biociencias\/ USP<br \/>\n<strong>INVERSI\u00d3N<\/strong><br \/>\nR$ 124.270,00<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una pol\u00e9mica sobre las serpientes muestra de que modo los organismos pueden ganar o perder caracter\u00edsticas aparentemente esenciales","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[437,785],"class_list":["post-75582","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75582","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=75582"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75582\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=75582"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=75582"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=75582"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=75582"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}