{"id":75585,"date":"2002-09-01T00:00:00","date_gmt":"2002-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/09\/01\/una-riqueza-en-peligro\/"},"modified":"2015-03-18T13:53:16","modified_gmt":"2015-03-18T16:53:16","slug":"una-riqueza-en-peligro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-riqueza-en-peligro\/","title":{"rendered":"Una riqueza en peligro"},"content":{"rendered":"<p>Los pastos y \u00e1reas agr\u00edcolas abandonadas, siempre y cuando se encuentren cerca del Bosque Atl\u00e1ntico, pueden volver ser refugio de los bosques serranos situados en la Sierra del Mar. Pero la diversidad de especies de \u00e1rboles depender\u00e1 de la acci\u00f3n de los grandes vertebrados, como los mam\u00edferos y las aves, que aseguran la supervivencia de las plantas, al esparcir los frutos y las semillas en nuevos territorios. El problema radica en que, tanto las aves como los mam\u00edferos esenciales para el mantenimiento de los bosques sufren la presi\u00f3n de la caza, y sus h\u00e1bitats se est\u00e1n volviendo cada vez menores. Indirectamente, la selva tambi\u00e9n sale perdiendo.<\/p>\n<p>&#8220;Con la reducci\u00f3n de la poblaci\u00f3n de los grandes frug\u00edvoros, los fragmentos de bosques que cubren las regiones monta\u00f1osas tienden a desaparecer, o de m\u00ednima a perder su diversidad&#8221;, afirma el ec\u00f3logo Marcelo Tabarelli, de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE). Al romperse esa relaci\u00f3n de dependencia de los bosques con los animales, la p\u00e9rdida de la diversidad de arboles en las selvas regeneradas puede llegar al 50%, de acuerdo con un trabajo que Tebarelli realiz\u00f3 con el primat\u00f3logo Carlos Peres, de la Universidad de East Anglia, Inglaterra. El bosque serrano posee alrededor de 150 especies de \u00e1rboles por hect\u00e1rea (10 mil metros cuadrados) -una diversidad aparentemente grande, pero inferior, por ejemplo, a la que puede hallarse al sur de Bah\u00eda, con 300 especies por hect\u00e1rea.<\/p>\n<p>El estudio de Tabarelli y Peres, publicado en abril en\u00a0<em>Biological Conservation<\/em> , reconstituye el proceso de regeneraci\u00f3n de las selvas con base en la acci\u00f3n de las aves y los mam\u00edferos -denominados dispersores, debido a su papel de diseminadores de semillas. Los investigadores subrayan que el tama\u00f1o de las semillas es decisivo para a supervivencia de los \u00e1rboles. Las de mayor tama\u00f1o son esparcidas por animales de gran porte, m\u00e1s f\u00e1ciles de ser cazados y, por lo tanto, m\u00e1s raros. Pero son los murci\u00e9lagos y las peque\u00f1as aves frug\u00edvoras, por ejemplo, que todav\u00eda son comunes en los bosques, los que esparcen las semillas de un tipo de inbauba (<em>Cecropia glaziovi<\/em> ), una de las primeras especies que aparecen en los bosques en regeneraci\u00f3n, de tronco fino y hojas con forma de mano abierta. En tanto, el jatob\u00e1 (<em>Hymenaea ssp<\/em> ), t\u00edpico de selvas maduras, es una especie que puede verse perjudicada, porque el animal que disemina sus semillas, la cot\u00eda (<em>Dasyprocta ssp<\/em> ), es cada vez m\u00e1s raro.<\/p>\n<p>Esta conclusiones se sostienen en observaciones realizadas en seis \u00e1reas de Bosque Atl\u00e1ntico en regeneraci\u00f3n -las llamadas capoeiras- ubicadas en tres estados del sudeste brasile\u00f1o: R\u00edo de Janeiro (Maca\u00e9 de Cima), S\u00e3o Paulo (Cubat\u00e3o, Intervales e Iporanga) y Paran\u00e1 (Morretes y Santa Virg\u00edna). Son remanentes de bosques de hasta 1.100 metros de altura, cercados por estancias de ganado o agricultura, y con edades variables: entre 5 y 120 a\u00f1os. Los m\u00e1s recientes se encuentran en Intervales e Iporanga, mientras que los m\u00e1s antiguos est\u00e1n en Cubat\u00e3o, Maca\u00e9, Morretes y Santa Virg\u00ednia. La relaci\u00f3n es clara: cuanto mayor es la edad del bosque, mayor es la dependencia de los animales para la dispersi\u00f3n de semillas. En un bosque con tan solo cinco a\u00f1os de regeneraci\u00f3n, el 52,9% de las especies de \u00e1rboles depende de aves y mam\u00edferos para que sus semillas y frutos se esparzan. Pero en un bosque maduro, ese porcentaje se eleva al 98,7%.<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os, en un art\u00edculo publicado en\u00a0<em>Nature<\/em> , Tabarelli hab\u00eda analizado la relaci\u00f3n entre el tama\u00f1o de los frutos o sus semillas y los animales que los devoran. Seg\u00fan el estudioso, en el Bosque Atl\u00e1ntico situado arriba del r\u00edo S\u00e3o Francisco, el 31,6% de las especies de \u00e1rboles que necesitan a los frug\u00edvoros para la dispersi\u00f3n de sus semillas depende de aves con una abertura del pico superior a los 15 mil\u00edmetros. En su actual trabajo, realizado conjuntamente con Peres, se asocia el tama\u00f1o de las semillas y de los frutos dispersos por los animales con la edad del bosque.<\/p>\n<p>Los peque\u00f1os, con menos de 0,6 cent\u00edmetro de longitud -como los del manac\u00e1 (<em>Miconia ssp<\/em> )-, prevalecen en todas las \u00e1reas estudiadas. Los mayores, con m\u00e1s de 1,6 cent\u00edmetros -producidos por las palmeras, por ejemplo-, representan menos del 25% del total encontrado. &#8220;En los bosques maduros, las peque\u00f1as semillas disminuyen, mientras que a lo largo del proceso de regeneraci\u00f3n aumentan los promedios, de 0,6 a 1,5 cent\u00edmetros&#8221;, afirma Tabarelli. Esto significa que las plantas pioneras son sustituidas por especies propias de los bosques maduros, cuyos dispersores son animales frug\u00edvoros de mediano y gran porte.<\/p>\n<p><strong>Monos y aves<br \/>\n<\/strong>&#8220;Cuanto mayor es la diversidad de aves y animales frug\u00edvoros, probablemente mayor ser\u00e1 la riqueza de \u00e1rboles en el bosque regenerado&#8221;, dice Tabarelli. Entre los principales mam\u00edferos frug\u00edvoros &#8211; llamados as\u00ed cuando m\u00e1s de la mitad de la dieta de su especie es a base de frutos- existen tres especies de monos: la del mono aullador rojizo (<em>Alouatta fusca<\/em> ) y dos de mono ara\u00f1a o capuchino, el ara\u00f1a lanudo\u00a0<em>Brachyteles arachnoides<\/em> , encontrada en S\u00e3o Paulo, Paran\u00e1 y R\u00edo de Janeiro, y el\u00a0<em>Brachyteles hypoxanthus<\/em> , en Minas Gerais y Esp\u00edrito Santo. Entre as mejores aves diseminadoras de los frutos y semillas del Bosque Atl\u00e1ntico se encuentran distintos tipos de tucanes (<em>Ramphastos vitellinus, R. dicolorus, Pteroglossus y Baillonius<\/em> ), el jac\u00fa guaz\u00fa o pava de monte com\u00fan (<em>Penelope obscura<\/em> ) y la jacutinga (<em>Pipile jacutinga<\/em> ).<\/p>\n<p>Los monos ara\u00f1a, los m\u00e1s grandes primates de Am\u00e9rica, que pesan hasta 15 kilos cuando adultos, se destacan como uno de los dispersores m\u00e1s vers\u00e1tiles: se alimentan de frutos de nada menos que de 14 especies de las dos principales familias de \u00e1rboles -las mirt\u00e1ceas y las laure\u00e1ceas- halladas en las selvas de la Sierra del Mar. Las mirt\u00e1ceas constituyen un grupo de \u00e1rboles que incluye a las pitangueras (<em>Eugenia florida<\/em> ), ara\u00e7aranas (<em>Myrcia glabra<\/em> ), guabirobas (<em>Campomanesia guabiroba<\/em> ) y arrayanes (<em>Blepharocalyx salicifolius<\/em> ), mientras que las laur\u00e1ceas abarcan las canelas (<em>Cryptocarya mandioccana<\/em> ), laureles (<em>Nectandra grandiflora<\/em> ) e imbuias (<em>Ocotea pretiosa<\/em> ).<\/p>\n<p>Con base en esas informaciones, Tabarelli y Peres establecieron la manera en que el bosque se regenera. En la primera fase, los \u00e1rboles dependen de la luz solar directa para la germinaci\u00f3n y el crecimiento -no toleran la sombra. El pionero m\u00e1s com\u00fan es un tipo de imbauba o ambay, pero tambi\u00e9n integran la selva en los estadios iniciales de recuperaci\u00f3n la\u00a0<em>Policourea marcgravi<\/em> , una rubiacea, y la carapora (<em>Rapanea umbellata<\/em> ), una mirsin\u00e1cea, adem\u00e1s de representantes de las familias melastomat\u00e1ceas y las flacourti\u00e1ceas, todas del Bosque Atl\u00e1ntico secundario, ya regenerado.<\/p>\n<p>Los pioneras son \u00e1rboles condenados a muerte en el proceso de regeneraci\u00f3n del Bosque Atl\u00e1ntico. Son especies de ciclo de vida corto, de entre 25 y 50 a\u00f1os, y tienen entre 15 y 25 metros. Debido a que crecen r\u00e1pidamente, protegen a sus sucesores, los definitivos, que aceptan la sombra. &#8220;Dif\u00edcilmente un tronco de un pionero excede los 30 cent\u00edmetros de di\u00e1metro&#8221;, dice Tabarelli. Entretanto, las especies del bosque maduro son de ciclo de vida m\u00e1s largo, superior a 50 a\u00f1os. Tienen un crecimiento m\u00e1s lento y son m\u00e1s altos, llegando a entre 20 y 35 metros, con un tronco que puede llegar a m\u00e1s de 1 metro de di\u00e1metro. Al comienzo de la regeneraci\u00f3n, existen entre tres y cuatro especies de \u00e1rboles de selva madura por hect\u00e1rea. Al final de \u00e9sta, cuando el bosque ya es considerado maduro, dicho n\u00famero se eleva a 150 \u00f3 200 especies por hect\u00e1rea.<\/p>\n<p>Para permitir el flujo de dispersores de semillas, la distancia entre \u00e1reas en regeneraci\u00f3n de un remanente de Bosque Atl\u00e1ntico no debe superar los 50 metros. &#8220;Si la distancia fuese mayor, muchos mam\u00edferos no cruzar\u00e1n el \u00e1rea abierta&#8221;, dice Tabarelli. Pero no solamente en el Bosque Atl\u00e1ntico, sino tambi\u00e9n en todo el pa\u00eds, se registra una fragmentaci\u00f3n del paisaje natural, con riesgos evidentes: &#8220;Peque\u00f1os fragmentos comprenden peque\u00f1as poblaciones de animales y son m\u00e1s accesibles para los cazadores&#8221;, comenta el ec\u00f3logo. Sin medidas urgentes de conservaci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n tiende a incrementarse, y si prevalece la actual correlaci\u00f3n de fuerzas, el Bosque Atl\u00e1ntico tiende a convertirse en un conjunto de archipi\u00e9lagos con millares de peque\u00f1as islas de bosque, en las cuales la mayor\u00eda de los \u00e1rboles de bosque maduro ser\u00e1 sustituida por arbustos y por un pu\u00f1ado de \u00e1rboles pioneros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La escasez de animales de gran tama\u00f1o puede provocar una disminuci\u00f3n de la diversidad de especies en los bosques en regeneraci\u00f3n","protected":false},"author":152,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[466],"class_list":["post-75585","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75585","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/152"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=75585"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/75585\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=75585"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=75585"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=75585"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=75585"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}