{"id":76418,"date":"2002-11-01T00:00:00","date_gmt":"2002-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/11\/01\/la-compleja-formula-de-la-ciencia-moderna\/"},"modified":"2016-01-29T16:32:10","modified_gmt":"2016-01-29T18:32:10","slug":"la-compleja-formula-de-la-ciencia-moderna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-compleja-formula-de-la-ciencia-moderna\/","title":{"rendered":"La compleja f\u00f3rmula de la ciencia moderna"},"content":{"rendered":"<p>En la mesa de los antiguos &#8220;cient\u00edficos&#8221;, junto a sus descubrimientos hab\u00eda poemas, m\u00fasicas y encantamientos. Pero un d\u00eda ellos resolvieron limpiar el escritorio y dejar sobre tan solamente la ciencia, que conquist\u00f3 entonces su impronta: la especializaci\u00f3n de los conocimientos. Los &#8220;curiosos&#8221; del pasado (romanos, griegos y \u00e1rabes) cedieron su lugar a los profesionales de un campo particular del saber cient\u00edfico. Pero, al final \u00bfganamos o perdimos con ello?<\/p>\n<p>Esta compleja cuesti\u00f3n est\u00e1 siendo discutida por un grupo de investigadores vinculados al Centro Sim\u00e3o Mathias de Estudios en Historia de la Ciencia (Cesima), de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de S\u00e3o Paulo (PUC-SP), en el marco del proyecto intitulado\u00a0<em>Las Complejas Transformaciones de la Materia: entre el Comp\u00f3sito del Saber Antiguo y la Especializaci\u00f3n Moderna<\/em>, coordinado por Ana Maria Alfonso-Goldfarb, con el apoyo de la FAPESP. El primer fruto de este estudio acaba de ser presentado, inaugurando una serie de publicaciones que reunir\u00e1 12 libros al final del proyecto:\u00a0<em>O Laborat\u00f3rio, a Oficina e o Ateli\u00ea: a Arte de Fazer o Artificial<\/em> (Educ\/ Fapesp, 256 p\u00e1ginas, R$ 26,00), congrega una serie de art\u00edculos que discuten c\u00f3mo -y d\u00f3nde- el laboratorio, la reproducci\u00f3n del mundo natural y su superaci\u00f3n pasaron a ser las fuerzas motrices de la ciencia contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>A pesar de constituir una tendencia sugerida en los textos t\u00e9cnicos renacentistas, a partir del siglo XVIII ese deseo de reproducci\u00f3n del mundo natural en el laboratorio y la especializaci\u00f3n cient\u00edfica se mezclan. Por entonces, se dej\u00f3 de lado la visi\u00f3n de mundo basada en el conocimiento por reuni\u00f3n de analog\u00edas, un comp\u00f3sito que echaba mano de varios saberes (cosmolog\u00eda, mineralog\u00eda, alquimia, etc.) para llegar a un saber mayor. Sin las analog\u00edas que los sujetasen, los &#8220;nuevos&#8221; y especializados cient\u00edficos pod\u00edan por fin separar fen\u00f3menos brutos y vivos y, una vez capaces de reproducir lo natural en lo artificial, superar a la naturaleza. Y el mundo se amedrent\u00f3.<\/p>\n<p>&#8220;Durante mucho tiempo vivimos el dilema de la m\u00e1xima aristot\u00e9lica de que lo natural es siempre mejor que lo artificial. Es el c\u00e9lebre ejemplo del \u00e1rbol y de la mesa hecha con la madera extra\u00edda del \u00e1rbol&#8221;, observa Ana Maria Goldfarb. &#8220;Como la mesa no conten\u00eda el ciclo natural del \u00e1rbol, no era pasible de cambios, ergo, era algo imperfecto. Hasta el siglo XVIII \u00e9se era el eterno tema de debate&#8221;, comenta. La especializaci\u00f3n permiti\u00f3 a los cient\u00edficos soltarse de sus ataduras, logrando el permiso para interferir en lo natural y asumir que lo artificial pod\u00eda ser igualmente bueno.<\/p>\n<p>&#8220;Esta especializaci\u00f3n no fue preconcebida, fue m\u00e1s bien el fruto de la casualidad y de la necesidad. Lo que sabemos es que fue r\u00e1pidamente asimilada y se transform\u00f3 en la impronta de la nueva ciencia&#8221;. Pero, \u00bffue para mejor o para peor? &#8220;Para la transformaci\u00f3n del saber cient\u00edfico, ese cambio fue fundamental, pero el movimiento acab\u00f3 debilitando y mutilando a la ciencia en cierta forma, ya que se perdi\u00f3 el sentido de totalidad, la ciencia humanista&#8221;, eval\u00faa. &#8220;Al fin de cuentas, la ciencia se nutre de las artes y viceversa. El mero saber pragm\u00e1tico del especialista no siempre es suficiente y hacen falta cient\u00edficos poetas, m\u00fasicos, literatos, etc. De all\u00ed que la publicaci\u00f3n aborde el estudio de los laboratorios alqu\u00edmicos y los talleres de la Europa medieval y renacentista, en los cuales &#8220;la pr\u00e1ctica de las artes decorativas y la elaboraci\u00f3n de los conocimientos sobre la materia manten\u00edan estrechas relaciones&#8221;.<\/p>\n<p>Con todo, el pragmatismo con el que se acept\u00f3 la divisi\u00f3n entre natural y artificial (en parte a causa de las necesidades de la industria) le report\u00f3 una fama indeseable a la ciencia, incluido en \u00e9sta el eterno miedo popular del cient\u00edfico &#8220;que se cree Dios&#8221;. &#8220;Libre de sus amarras, el hombre vio que estaba listo para interferir en todas las esferas, y esto asust\u00f3 -y a\u00fan asusta- a aqu\u00e9llos que ignoran el desarrollo del saber cient\u00edfico&#8221;, analiza la investigadora. Tras la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la era nuclear, los propios cient\u00edficos entendieron que deb\u00edan rendir cuentas de sus responsabilidades.<\/p>\n<p>&#8220;No se niega que la ciencia deba ser libre, pero se ha percibido que el investigador no es un hombre mejor que los otros, sino alguien sujeto a los mismos vicios y virtudes. Ellos se dieron cuenta del poder que ten\u00edan y que el mismo deb\u00eda ser regulado&#8221;. Ana hace referencia a la organizaci\u00f3n Pugwash como la concreci\u00f3n del deseo de los cient\u00edficos de regular su poder reci\u00e9n descubierto. El est\u00edmulo a la realizaci\u00f3n de la primera conferencia de esa instituci\u00f3n, en 1957, surgi\u00f3 de un manifiesto de 1955 suscrito por Albert Einstein, Bertrand Russell y Linus Pauling, entre otros, que se preocupaban con la nueva carrera at\u00f3mica, fruto del uso militar de ideas de laboratorio.<\/p>\n<p>La desconfianza ante el nuevo estado de cosas no es f\u00e1cil superar. Por eso la pregunta: \u00bfde qu\u00e9 manera reunir nuevamente a la sociedad con la ciencia? &#8220;La educaci\u00f3n cient\u00edfica es fundamental. La gente carece de informaci\u00f3n b\u00e1sica sobre ciencia y necesitamos un plan de reeducaci\u00f3n en esta \u00e1rea&#8221;, eval\u00faa. Curiosamente, hoy en d\u00eda se piensa y se habla de ciencia m\u00e1s que nunca. Pero, no siempre las mejores fuentes se encuentran a disposici\u00f3n. &#8220;En una investigaci\u00f3n que llevamos a cabo, descubrimos a un portero de edificio que suscrib\u00eda dos revistas populares de ciencia, a pesar de su peque\u00f1o sueldo. De esa manera, pese a su notable deseo de saber, de conocer, en contrapartida \u00e9ste recib\u00eda informaciones de dudosa calidad. Eso constituye un terrible desperdicio&#8221;, subraya.<\/p>\n<p><strong>Problemas peores<br \/>\n<\/strong>Entretanto, existen en Brasil problemas peores que la intermediaci\u00f3n inexacta de la prensa entre las ideas cient\u00edficas y el gran p\u00fablico. &#8220;Nuestra ciencia tiene especificidades serias. En general existe un tendencia a la importaci\u00f3n lisa y llana de modelos extranjeros, que tienen pocas chances de funcionar en nuestro pa\u00eds&#8221;, advierte. La profesora recuerda los problemas ocasionados por el uso de un modelo ingl\u00e9s en los experimentos realizados para lograr la conversi\u00f3n del mineral de hierro en Brasil. &#8220;El ciclo ingl\u00e9s estaba adaptado a minerales pobres, y ac\u00e1 termin\u00f3 en nada. De esa forma, el hierro sal\u00eda de precio de bananas y regresaba en forma de puentes ingleses, que pag\u00e1bamos a precio de diamantes&#8221;, recuerda.<\/p>\n<p>Para Ana Goldfarb, un buen modelo es el Programa Genoma. &#8220;Trabajamos codo a codo con investigadores extranjeros, en pie de igualdad. \u00c9se es el camino que debemos seguir en el futuro&#8221;, cree la investigadora. Otra buena iniciativa es el propio centro de la profesora: el Cesima. Esta entidad, creado en 1994, cuenta desde 1995 con el apoyo de la FAPESP para la creaci\u00f3n del Sector de Documentaci\u00f3n Multimedia, en el cual se desarroll\u00f3 un m\u00e9todo propio (y a un costo ideal) para la necesaria digitalizaci\u00f3n de los documentos. &#8220;El Cemisa congrega a una importante cantidad de investigadores en historia de la ciencia con ramificaciones en universidades brasile\u00f1as y del exterior&#8221;, explica la profesora.<\/p>\n<p>Uno de los problemas centrales para los estudiosos de la ciencia brasile\u00f1os era precisamente el acceso a los documentos y textos raros y antiguos. El nuevo proyecto tem\u00e1tico del centro pretende resolver parte de ese d\u00e9ficit con la ampliaci\u00f3n de su biblioteca virtual que, al final de la investigaci\u00f3n, contar\u00e1 con alrededor de 50 mil documentos. &#8220;Estamos concretando un acuerdo con una gran industria, que nos permitir\u00e1 crear la Plataforma Cesima, con material digital que estar\u00e1 disponible<em>online<\/em> para investigadores de todo el mundo&#8221;, revela Ana. El Cesima tambi\u00e9n est\u00e1 recuperando acervos nacionales dispersos por centros emplazados en la Biblioteca Nacional y en otras tantas bibliotecas menores, como la del Instituto Agron\u00f3mico de Campinas. En estas \u00faltimas, el proyecto puede estar salvando material que, sin ese auxilio, se perder\u00eda.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nLas Complejas Transformaciones de la Materia: entre el Comp\u00f3sito del Saber Antiguo y la Especializaci\u00f3n Moderna\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1285\/as-complexas-transformacoes-da-ciencia-da-materia-entre-o-composito-do-saber-antigo-e-a-especializa\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 99\/12791-3<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Coordinadora\u00a0<\/strong>Ana Maria Alfonso-Goldfarb &#8211; PUC-SP; <strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 557.956,77<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Proyecto discute los caminos de la especializaci\u00f3n del saber cient\u00edfico","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[93],"class_list":["post-76418","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76418"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76418\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76418"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}