{"id":76434,"date":"2002-12-01T00:00:00","date_gmt":"2002-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2002\/12\/01\/la-obesidad-que-termina-en-diabetes\/"},"modified":"2015-02-02T14:41:12","modified_gmt":"2015-02-02T16:41:12","slug":"la-obesidad-que-termina-en-diabetes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-obesidad-que-termina-en-diabetes\/","title":{"rendered":"La obesidad que termina en diabetes"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2002\/12\/01\/la-obesidad-que-termina-en-diabetes\/art1996img1-3\/\" rel=\"attachment wp-att-86792\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-86792\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/12\/art1996img12.jpg\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"115\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/12\/art1996img12.jpg 160w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2002\/12\/art1996img12-120x86.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO CESAR<\/span><\/a>El perfil de la mayor\u00eda de las personas con diagn\u00f3stico de diabetes mellitus tipo II, la forma responsable por el 90% de los casos de la enfermedad, es similar. Estos pacientes, cuando se los informa de que tienen un exceso de glucosa en la sangre, generalmente muestran algunos rasgos en com\u00fan: raramente tienen menos de 40 a\u00f1os, suelen ostentar unos buenos kilos extras en su silueta y sus tejidos se muestran m\u00e1s resistentes a la acci\u00f3n de la insulina, la hormona encargada de controlar el nivel de az\u00facares en el sistema circulatorio.<\/p>\n<p>Un trabajo llevado adelante por el equipo del endocrin\u00f3logo Ubiratan Machado, del Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (ICB\/USP), puede haber revelado una pista importante sobre los mecanismos biol\u00f3gicos que favorecen en principio la aparici\u00f3n de la obesidad en personas todav\u00eda sanas, y m\u00e1s tarde de la diabetes, cuando dichos individuos ya se han vuelto resistentes a la acci\u00f3n de la insulina. En Brasil, la diabetes tipo II afecta al 7,6% de la poblaci\u00f3n urbana con edades entre 30 y 69 a\u00f1os; el equivalente a 4,5 millones de personas.<\/p>\n<p>Estudios con ratones sometidos a un tratamiento con glutamato monos\u00f3dico &#8211; que provoca un acelerado incremento de peso y deriva en un cuadro cl\u00ednico an\u00e1logo al de la diabetes &#8211; muestran que, en el transcurso de la vida de los animales, la gran variaci\u00f3n de los niveles Glut 4 &#8211; una prote\u00edna transportadora de glucosa &#8211; en ciertos tejidos, especialmente los adiposos (ricos en grasa), parece ser determinante para el surgimiento de estos dos eventos. Al igual que un p\u00e9ndulo, los \u00edndices de dicha prote\u00edna oscilan hacia arrima y hacia abajo sin una causa totalmente conocida.<\/p>\n<p><strong>La sensibilidad a la insulina<br \/>\n<\/strong>Seg\u00fan esta hip\u00f3tesis, la obesidad, un factor de riesgo para la aparici\u00f3n de la diabetes del tipo II, empieza a cobrar forma en el organismo en raz\u00f3n del aumento exacerbado &#8211; y no explicado &#8211; en la cantidad de la prote\u00edna transportadora de glucosa entre el final de la juventud y el comienzo de la mediana edad. En esta fase de la vida, con una mayor cantidad de Glut 4 disponible en los tejidos adiposos, se registra un aumento de la sensibilidad a la acci\u00f3n de la insulina, lo que genera una propensi\u00f3n a engordar.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, de la mediana edad en adelante, cuando probablemente ese individuo obeso se vuelve diab\u00e9tico, la situaci\u00f3n se invierte: los niveles de Glut 4 en las c\u00e9lulas de grasa (y en otros tipos de tejidos) oscilan de manera descendente y hacen que disminuya la sensibilidad a la acci\u00f3n de la insulina. Y entonces permanece en la sangre una mayor cantidad de glucosa.<\/p>\n<p><strong>Prevenci\u00f3n<br \/>\n<\/strong>La disminuci\u00f3n de los niveles de Glut 4 en los diab\u00e9ticos tipo II era un fen\u00f3meno ya bien conocido. Tanto es as\u00ed que las principales drogas utilizadas para tratar a estos pacientes procuran aumentar la cantidad de Glut 4 y, de esa manera, restablecer la sensibilidad a la insulina en el enfermo. La novedad de este estudio, publicado en la edici\u00f3n del 6 de septiembre de la revista\u00a0<em>Life Sciences<\/em>, fue la detecci\u00f3n de la elevaci\u00f3n precoz de los niveles de esa prote\u00edna en los tejidos adiposos de ratones que pasan por un proceso r\u00e1pido de incremento de peso.<\/p>\n<p>Si esta l\u00ednea de investigaci\u00f3n confirma estar en el camino cierto, el combate contra el incremento en los niveles de Glut 4 puede ser la clave para evitar la acumulaci\u00f3n de grasa y la diabetes tipo II. &#8220;Si un d\u00eda logramos reducir la producci\u00f3n de Glut 4 en los tejidos adiposos de las personas que est\u00e1n engordando, quiz\u00e1s podamos prevenir la aparici\u00f3n de la obesidad e incluso el desarrollo de la diabetes del tipo II&#8221;, afirma Machado. En otra l\u00ednea de trabajo, investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), a las \u00f3rdenes de Mario Saad, estudian las eventuales implicaciones en el cerebro de la insulina y sus receptores, en la g\u00e9nesis de la acumulaci\u00f3n de grasa en los diab\u00e9ticos. &#8220;Problemas de se\u00f1alizaci\u00f3n en el hipot\u00e1lamo tambi\u00e9n pueden llevar a la obesidad en estos pacientes&#8221;, afirma Saad.<\/p>\n<p>A diferencia de las personas que sufren de diabetes tipo I &#8211; los llamados insulinodependientes -, los pacientes con diabetes del tipo II, debido a que el p\u00e1ncreas no produce las cantidades necesarias de la referida hormona, generalmente fabrican grandes cantidades de insulina. El problema de \u00e9stos consiste en que, debido a alg\u00fan desorden metab\u00f3lico, a partir de un determinado momento de la vida, los principales tejidos de ordinario sensibles a la acci\u00f3n de la insulina &#8211; las c\u00e9lulas adiposas, las del m\u00fasculo esquel\u00e9tico y las del coraz\u00f3n &#8211; dejan de reaccionar con la misma eficiencia que reaccionaban antes en presencia de la hormona.<\/p>\n<p>En la jerga m\u00e9dica, los especialistas dicen entonces que dichos tejidos han desarrollado una resistencia a la acci\u00f3n de la insulina, posiblemente debido a una disminuci\u00f3n en esas c\u00e9lulas de las prote\u00ednas transportadoras de glucosa, entre las cuales la m\u00e1s importante parece ser el Glut 4. Hasta un cierto l\u00edmite, el p\u00e1ncreas compensa esa menor eficiencia en la acci\u00f3n de la hormona, secretando cantidades a\u00fan mayores de insulina. Cuando esa estrategia empieza a dejar de surtir efecto, el cuadro de diabetesse instala en el paciente, y su tenor de az\u00facar en sangre se dispara.<\/p>\n<p><strong>Propensi\u00f3n a engordar<br \/>\n<\/strong>En el experimento que dio origen al estudio del equipo de Machado, los investigadores del ICB siguieron durante siete meses el incremento de peso y los niveles de Glut 4 en dos grupos de ratones: uno con animales que recibieron glutamato monos\u00f3dico &#8211; con propensi\u00f3n a engordar y a desarrollar diabetes &#8211; y otro en el cual los cobayos no fueron sometidos a dicho tratamiento. Las mediciones se efectuaron en tres momento de la vida de los animales: a los 2, 4 y 7 meses de edad. &#8220;En seres humanos, esos per\u00edodos equivalen m\u00e1s o menos a los 20, 40 y 50 a\u00f1os de edad&#8221;, compara Machado.<\/p>\n<p>Con relaci\u00f3n a los ratones del grupo de control, los animales que recibieron glutamato monos\u00f3dico exhibieron cantidades elevadas de la prote\u00edna en dos de los tres momentos estudiados. A los 2 meses, al iniciarse el proceso de incremento de peso, presentaron \u00edndices de Glut 4 por unidad de \u00e1rea superficial de las c\u00e9lulas de grasa (adipocitos) un 36% m\u00e1s elevados que los verificados en el grupo de control. Al llegar a los 4 meses, ya visiblemente gordos, los animales sometidos al tratamiento para aumentar de peso registraban niveles de Glut 4 en sus c\u00e9lulas de grasa aproximadamente un 220% superiores a los hallados en los animales de referencia.<\/p>\n<p>El incremento en los niveles de Glut 4 solamente se interrumpi\u00f3 cuando los ratones que recibieron glutamato llegaron a los 7 meses. En esa fase, estando un 25% m\u00e1s obesos que sus pares del grupo de control, dichos animales presentaban niveles reducidos de la prote\u00edna en todos los tejidos analizados, incluso en sus c\u00e9lulas de grasa, que durante el proceso de engorde registraron niveles superior al normal de Glut 4.<\/p>\n<p><strong>Glucosa almacenada<br \/>\n<\/strong>Un detalle interesante del experimento: durante los dos primeros per\u00edodos estudiados, a los 2 y 4 meses, solamente se constat\u00f3 un aumento en el \u00edndice de Glut 4 en las c\u00e9lulas adiposas &#8211; y en ning\u00fan otro tipo de tejido- de los ratones sometidos al tratamiento de engorde. &#8220;En c\u00e9lulas del coraz\u00f3n y del m\u00fasculo esquel\u00e9tico, tambi\u00e9n sensibles a la insulina, los niveles de dicha prote\u00edna no hab\u00edan aumentado en ninguno de los dos grupos de ratones&#8221;, dice Machado. Este dato muestra que la elevaci\u00f3n en los \u00edndices de Glut 4 parece ser muy selectiva. Con m\u00e1s Glut 4 a su disposici\u00f3n en los tejidos adiposos que en otras partes del cuerpo, la insulina realiza de manera m\u00e1s eficiente su trabajo precisamente en la regi\u00f3n de las c\u00e9lulas de grasa. Esto resulta en una mayor cantidad de glucosa depositada en los tejidos adiposos (en donde es almacenada bajo la forma de triglic\u00e9ridos como fuente de energ\u00eda) que en el resto del cuerpo.<\/p>\n<p>Si las variaciones en los niveles de Glut 4 en los diversos tejidos sensibles a la acci\u00f3n de la insulina constituyen efectivamente uno de los factores cruciales para el surgimiento de la obesidad y de la diabetes tipo II, el control del funcionamiento del gen responsable por la producci\u00f3n de esa prote\u00edna ser\u00eda una importante medida profil\u00e1ctico-terap\u00e9utica en esas dos condiciones. Desgraciadamente, tal intento a\u00fan es un sue\u00f1o lejano. &#8220;No sabemos cu\u00e1les factores regulan la expresi\u00f3n del gen de esa prote\u00edna&#8221;, comenta Machado. No obstante, existe por lo menos una medida sencilla que aparentemente ayuda a los diab\u00e9ticos a incrementar sus niveles de Glut 4 y a optimizar la acci\u00f3n de la insulina: comer menos. En un trabajo de 1997 publicado en el\u00a0<em>International Journal of Obesity<\/em>, el equipo de Machado demostr\u00f3 que la administraci\u00f3n de una dieta un 20% menos cal\u00f3ricaen ratones obesos y diab\u00e9ticos, que presentaban \u00edndices reducidos de Glut 4, era capaz de elevar la cantidad de esa prote\u00edna a niveles normales en todos los tejidos sensibles a la insulina.<\/p>\n<p><strong>Los efectos del caf\u00e9 y del alcohol<br \/>\n<\/strong>Pero el entender qu\u00e9 es lo que favorece u obstaculiza la aparici\u00f3n de la diabetes tipo II no siempre es una tarea sencilla. Muchos estudios apuntan resultados contradictorios. Un ejemplo reciente: un trabajo de investigadores del Instituto Nacional de Salud P\u00fablica y Medio Ambiente de Holanda, publicado el mes pasado en la respetada revista inglesa\u00a0<em>The Lancet<\/em>, sugiere que el consumo de siete pocillos de caf\u00e9 reduce a la mitad el riesgo de desarrollar la enfermedad. Este dato es curioso por un motivo: la cafe\u00edna, un estimulante presente en el caf\u00e9, siempre fue vista como una droga que dificultaba la absorci\u00f3n de glucosa en la sangre e incrementaba la resistencia a la insulina.<\/p>\n<p>Otra investigaci\u00f3n reciente realizada en el ICB tambi\u00e9n arrib\u00f3 a datos interesantes e intrigantes en t\u00e9rminos de posibles tratamientos para la diabetes. En un estudio efectuado en forma conjunta con el investigador alem\u00e1n Ralf Binsack, que hizo su posdoctorado en la USP, Machado constat\u00f3 que el consumo moderado de alcohol &#8211; a decir verdad, de agua con una concentraci\u00f3n de un 3% de etanol &#8211; en ratones, aumentaba la sensibilidad a la acci\u00f3n de la insulina. En teor\u00eda, ese procedimiento podr\u00eda mejorar los efectos de esa hormona sobre la regulaci\u00f3n de la cantidad de glucosa en la sangre.<\/p>\n<p>&#8220;Sabemos que, en altas concentraciones, el alcohol es perjudicial para los diab\u00e9ticos&#8221;, comenta Machado, que publicar\u00e1 los resultados de sus estudios en una revista cient\u00edfica nacional al comienzo del a\u00f1o venidero. &#8220;Pero, como el consumo moderado puede quiz\u00e1 ser ben\u00e9fico, estamos estudiando los mecanismos implicados en ese posible efecto ben\u00e9fico del etanol.&#8221;<\/p>\n<p><em><strong>Cuando el problema est\u00e1 en el cerebro<br \/>\n<\/strong><\/em>Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp) refuerza una hip\u00f3tesis que viene tomando cuerpo desde la d\u00e9cada del 80: una de las causas de la obesidad en los diab\u00e9ticos del tipo II puede estar relacionada con problemas en las etapas iniciales de la acci\u00f3n de la hormona insulina que se producen en una regi\u00f3n del cerebro llamada hipot\u00e1lamo, dotada de centros nerviosos vinculados a una serie de funciones y sensaciones, entre las cuales se encuentra el control del apetito.<\/p>\n<p>El equipo de cient\u00edficos, encabezado por Mario Saad, de la Facultad de Ciencias M\u00e9dicas de la Unicamp, produjo evidencias de que uno de los receptores implicados en este proceso, la enzima PI 3-quinasa, es un 50% menos sensible a la acci\u00f3n de la insulina en ratones obesos que en roedores delgados. Como el principal efecto de esta hormona sobre el hipot\u00e1lamo consiste en disminuir la ingesti\u00f3n de alimentos, el mal funcionamiento de ese receptor puede ser un factor importante en la perpetuaci\u00f3n de la obesidad en diab\u00e9ticos.<\/p>\n<p>En uno de los experimentos, los investigadores administraron insulina a los roedores y verificaron que, con relaci\u00f3n a su patr\u00f3n normal de consumo, se produjo una reducci\u00f3n de entre un 50% y un 90% en la cantidad de comida ingerida por los animales delgados. Con todo, los ratones obesos exhibieron una reducci\u00f3n m\u00e1s modesta de su apetito, de entre un 30% y un 45%. &#8220;Desde hace alg\u00fan tiempo, sabemos que la insulina inhibe el hambre&#8221;, comenta Saad, coordinador de un proyecto tem\u00e1tico sobre los efectos de dicha hormona en el sistema nervioso central.<\/p>\n<p>&#8220;Nuestra prioridad es ahora entender las v\u00edas de se\u00f1alizaci\u00f3n utilizadas por la hormona para actuar en el hipot\u00e1lamo. De esta manera podremos alg\u00fan d\u00eda desarrollar drogas que disminuyan la resistencia a la insulina en el cerebro&#8221;. Otra prote\u00edna actuante en este proceso, la enzima MAP, tambi\u00e9n fue probada, pero su papel no pareci\u00f3 ser relevante en la cuesti\u00f3n de la obesidad. Los resultados del estudio, que fue el tema del doctorado de Jos\u00e9 Carvalheira en la Unicamp, saldr\u00e1n publicados en breve en el\u00a0<em>Journal of Clinical Investigation<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Los Proyectos<\/strong><br \/>\n<em>Regulaci\u00f3n del Transportador de Glucosa Glut 4 en la Diabetes Mellitus Tipo II: el Papel de la Resistencia a la Insulina<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nProyecto tem\u00e1tico<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nUbiratan Fabres Machado &#8211; ICB\/USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 332.194,42<br \/>\n<em>Mecanismos Moleculares de Resistencia a la Insulina en el Hipot\u00e1lamo y Tejidos Perif\u00e9ricos: Influencia de la Leptina, la Grelina y la Resistina<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nProyecto tem\u00e1tico<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nMario Jos\u00e9 Abdalla Saad &#8211; Unicamp<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 1.061.489,86<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La elevaci\u00f3n de los \u00edndices de una determinada prote\u00edna explica el incremento de peso que generalmente precede al exceso de glucosa en la sangre","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-76434","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76434","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76434"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76434\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76434"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76434"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76434"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76434"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}