{"id":76511,"date":"2003-03-01T00:00:00","date_gmt":"2003-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/03\/01\/monos-cuasi-hablantes\/"},"modified":"2015-08-28T16:27:32","modified_gmt":"2015-08-28T19:27:32","slug":"monos-cuasi-hablantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/monos-cuasi-hablantes\/","title":{"rendered":"Monos cuasi hablantes"},"content":{"rendered":"<p>Louise es una de las muriqu\u00edes m\u00e1s agitadas en el interior de la peque\u00f1a reserva situada en las cercan\u00edas de la ciudad de Caratinga, en el norte del estado brasile\u00f1o de Minas Gerais. Tiene un rostro rosado, nariz peque\u00f1a y cejas prominentes, como si hubiera sido maquillada, y es la que mantiene m\u00e1s encuentros amorosos con todos los monos adultos del grupo. Cutlip, conocido por su cicatriz en el labio, que le vali\u00f3 el nombre, era hasta que muri\u00f3, el a\u00f1o pasado, uno de los centros de atenci\u00f3n del grupo, frecuentemente buscado por sus compa\u00f1eros para conquistar sus abrazos, en medio a constantes demostraciones de amistad.<\/p>\n<p>Hace algunos a\u00f1os, la peculiar organizaci\u00f3n social del mono ara\u00f1a lanudo o muriqu\u00ed (<em>Brachyteles arachnoides<\/em>) sorprendi\u00f3 a los propios investigadores. Estos primates, que fueron hallados durante d\u00e9cadas entre el sur del estado de Bah\u00eda y el estado de Paran\u00e1, pero que actualmente se encuentran aislados en remanentes de Bosque Atl\u00e1ntico de Minas Gerais, R\u00edo de Janeiro, Esp\u00edrito Santo y S\u00e3o Paulo, miden hasta un metro y medio de largo, incluida la cola -son conocidos en Brasil tambi\u00e9n como monos carboneros, debido al color negro de su rostro, similar al de la gente que trabaja con carb\u00f3n-, y forman comunidades que funcionan basadas en la fraternidad y el amor libre.<\/p>\n<p>No es solamente Louise, sino que todas las hembras del grupo, incluso Cher, la m\u00e1s discreta y aislada, se cruzan con todos los machos adultos con los que viven -normalmente, \u00e9stos constituyen la tercera de los grupos, que son formados por entre 15 y 50 individuos. Cuando entran en celo, sueltan trinos, algo as\u00ed como un\u00a0<em>titititi<\/em>, o incluso chirridos y silbidos agudos -un\u00a0<em>s\u00ed\u00ed\u00ed\u00ed\u00ed<\/em>-, con los cuales llaman a los machos, que se ubican cerca, esperando su turno. No hay peleas ni disputas. Los muriqu\u00edes, los mayores monos de las Am\u00e9ricas, lograron crear una jerarqu\u00eda regida por el afecto. En el centro del grupo no est\u00e1n los m\u00e1s fuertes, sino los m\u00e1s queridos, los que se destacan por ser los que obtienen m\u00e1s abrazos de sus compa\u00f1eros, como Cutlip o tambi\u00e9n Irv, reconocido por sus manchas en forma de cruz en la nariz.<\/p>\n<p>Pero los recientes descubrimientos sobre el lenguaje de los muriqu\u00edes son todav\u00eda m\u00e1s impresionantes. Cuando se desplazan por el bosque, escondi\u00e9ndose entre el follaje de los \u00e1rboles, y a medida en que se alejan unos de otros, estos monos se comunican de una manera que a\u00fan no ha sido registrada en ninguna otra especie de primate. Recombinan 14 elementos sonoros, que se aproximan a las vocales o consonantes del lenguaje humano, y producen una rica variedad de llamados -m\u00e1s largos o mas cortos, m\u00e1s agudos o m\u00e1s graves-, en medio a un proceso similar al que utilizamos para formar las palabras. Tama\u00f1a es la reorganizaci\u00f3n de esos sonidos que se tiene la impresi\u00f3n de que los muriqu\u00edes intentan ser inventivos: cuando se envuelven en un di\u00e1logo, raramente uno de ellos repite aquello que el otro ha dicho.<\/p>\n<p>Eleonora Cavalcante Albano, investigadora del Instituto de Estudios del Lenguaje (IEL) de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), lo asegura: estos sonidos emitidos por los muriqu\u00edes, y que han sido descritos por primera vez, forman una lenguaje natural, con un sentido social claro, puesto que ayudan a mantener la cohesi\u00f3n del grupo. Pero sucede que ese lenguaje pierde con relaci\u00f3n al nuestro porque, posiblemente, no es simb\u00f3lico. &#8220;Es un lenguaje indicativo de los objetos del mundo, pero todav\u00eda no se sabe si los representa&#8221;, dice la investigadora. En una situaci\u00f3n hipot\u00e9tica, un muriqu\u00ed logra avisarle a otro que un \u00e1rbol est\u00e1 repleto de frutas solamente cuando se encuentra frente a uno de \u00e9stos, pero no sabe c\u00f3mo contarle acerca del \u00e1rbol en el que estuvo el d\u00eda anterior, ni emitir un sonido espec\u00edfico para cada uno de los distintos tipos de \u00e1rboles que conoce.<\/p>\n<p>Con todo, los muriqu\u00edes son imbatibles en el vocabulario y en las recombinaciones de sonidos con relaci\u00f3n a otras especies de primates brasile\u00f1os, entre ellas el mono capuchino, el sag\u00fc\u00ed &#8216;le\u00e3ozinho&#8217; y el tamarino le\u00f3n dorado, que cuentan con una comunicaci\u00f3n vocal probadamente compleja. La capacidad de los muriqu\u00edes para recombinar sonidos es tambi\u00e9n mayor que la de otras dos especies conocidas por la griter\u00eda que generan: el chimpanc\u00e9 africano y el gib\u00f3n de los bosques de Indonesia y Malasia.En dos \u00e9pocas diferentes -julio de 1990 y agosto de 1991-, el antrop\u00f3logo Francisco Dyon\u00edsio Cardoso Mendes, investigador de la Universidad Cat\u00f3lica de Goi\u00e1s, en Goi\u00e2nia, recorri\u00f3 la Estaci\u00f3n Biol\u00f3gica de Caratinga, un remanente de Bosque Atl\u00e1ntico de 9 kil\u00f3metros cuadrados, y registr\u00f3 todos los sonidos que pudo en 138 horas de grabaci\u00f3n. Para el an\u00e1lisis de ese material, concluido al final del a\u00f1o pasado, Mendes aprovech\u00f3 una pasant\u00eda realizada con Charles T.<\/p>\n<p>Snowdon, de la Universidad de Wisconsin, EE.UU. Trabaj\u00f3 tambi\u00e9n con su director de tesis de maestr\u00eda y doctorado, el psic\u00f3logo C\u00e9sar Ades, investigador del Instituto de Psicolog\u00eda (IP) de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), y una de las mayores autoridades nacionales en etolog\u00eda, la ciencia que estudia el comportamiento animal. Juntos, Mendes y Ades transformaron las grabaciones en sonogramas, especie de gr\u00e1ficos que muestran la frecuencia, la intensidad y la duraci\u00f3n de los sonidos, y descubrieron que el vocabulario de los muriqu\u00edes est\u00e1 formado por 38 llamados vocales b\u00e1sicos. De \u00e9stos, 24 son utilizados en situaciones espec\u00edficas: existen sonidos para juegos, y otros que son usados en el momento de abrazarse o como se\u00f1al de alerta en situaciones de peligro, al margen del llanto de los hijos cuando se sienten abandonados, la convocatoria de la madre a su prole dispersa o los gru\u00f1idos de satisfacci\u00f3n luego de hartase de frutas.<\/p>\n<p>Pero, hasta ese punto, nada distingue a los muriqu\u00edes de otros animales. &#8220;Esos sonidos ya nacen m\u00e1s o menos listos, al igual los ladridos de los perros, y son usados en contextos espec\u00edficos&#8221;, dice Mendes.Pero los llamados de losmuriqu\u00edes al saltar de un \u00e1rbol a otro eran completamente diferentes que los de los de losrelatos hechos anteriormente por otros cient\u00edficos. A esta forma de comunicaci\u00f3n, compuesta por 14 elementos sonoros, y la m\u00e1s com\u00fan entre ellos, se la denomin\u00f3 intercambio secuencial, debido a una sencilla raz\u00f3n: un mono emite el llamado y otro responde, uno por vez, menos de 10 segundos despu\u00e9s, casi que como en medio a un di\u00e1logo, en el que cada uno espera que el otro termine de hablar, para luego pronunciarse. De acuerdo con lo que los investigadores descubrieron, existen dos tipos b\u00e1sicos de llamados, dentro de esa categor\u00eda. El primero est\u00e1 constituido por los relinchos, bastante similares a los sonidos emitidos por las yeguas en celo o por los caballos cuando quierenanunciarse.<\/p>\n<p>Lo que identifica un relincho son los elementos sonoros largos, graves y roncos, algo as\u00ed como un\u00a0<em>oh-ohhh<\/em> (la h representa un sonido raspado, gutural). Ese conjunto incluye sonidos cortos y agudos que, mezclados con los graves, resultan en composiciones contrastantes, algo parecido a un\u00a0<em>hoooiihhuuohh<\/em>. Esos relinchos, emitidos por los animales que se encuentran m\u00e1s apartados, a m\u00e1s de 50 metros del centro del grupo, tienen un tono de enfado o protesta, y significan algo as\u00ed como: &#8220;\u00a1estoy lejos, esp\u00e9renme, ustedes van muy r\u00e1pido!&#8221;. El segundo grupo de sonidos b\u00e1sicos son los &#8216;stacattos&#8217;, y est\u00e1 formado solamente por sonidos breves y secos:\u00a0<em>i-i-ih<\/em>. Los &#8216;stacattos&#8217;, producidos por los monos que se encuentran cerca del centro del grupo, pueden traducirse por algo as\u00ed como: &#8220;tranquilos, estoy cerca&#8221;. Pero tanto en un caso como en otro, las interpretaciones son a\u00fan provisorias. &#8220;La b\u00fasqueda de los significados de los sonidos constituye un trabajo similar al de los antrop\u00f3logos cuando encuentran una nueva cultura&#8221;, compara Ades.<\/p>\n<p>La inventividad sonora de los muriqu\u00edes salt\u00f3 a la vista con el an\u00e1lisis del modo por el cual \u00e9stos organizan las 14 unidades sonoras que componen los relinchos y los &#8216;stacattos&#8217;. En los 648 llamados grabados por Mendes, hab\u00eda 534 secuencias diferentes, aun considerando las repeticiones, del tipo\u00a0<em>ttptrrrtArBZ<\/em> -cada letra corresponde a un elemento sonoro en una representaci\u00f3n gr\u00e1fica de la comunicaci\u00f3n de los muriqu\u00edes (las min\u00fasculas representan sonidos breves, y las may\u00fasculas, los m\u00e1s largos). Una vez eliminadas las redundancias, restaron 320 secuencias originales, sin repetici\u00f3n de fonemas, y 231 ordenes en las que los tipos de elementos sonoros se combinaban en llamados m\u00e1s largos o m\u00e1s cortos. &#8220;La producci\u00f3n vocal de los muriqu\u00edes es muy rica en informaci\u00f3n, al tiempo que muestra una cierta previsibilidad, resultado de un conjunto claro de reglas de organizaci\u00f3n secuencial&#8221;, comenta Ades. &#8220;Al igual que en el lenguaje humano, existen elementos sonoros que se utilizan principalmente al comienzo de los llamados, y otros, principalmente en el medio o solamente al final&#8221;, a\u00f1ade.<\/p>\n<p>Al principio parec\u00eda que la griter\u00eda ten\u00eda una funci\u00f3n bien clara: ayudar a los miembros del grupo a ubicarse unos con relaci\u00f3n a los otros, evitando as\u00ed perderse -lo que ser\u00eda fatal, por tratarse de una especie que sabe vivir \u00fanicamente en comunidad. Sucede que en ello hay una cierta l\u00f3gica: estos monos, cubiertos por el follaje y distantes a 10, 20 \u00f3 50 metros entre s\u00ed, no se ven. Al gritar cada tanto, indican donde est\u00e1n, profiriendo una especie de llamado. Pero los relinchos y &#8216;stacattos&#8217; son utilizados tambi\u00e9n en otras situaciones. &#8220;Los muriqu\u00edes sueltan esos llamados no solamente cuando se est\u00e1n desplazando, sino tambi\u00e9n cuando est\u00e1n descansando o cuando est\u00e1n comiendo, como si estuvieran conversando todo el tiempo&#8221;, dice Mendes. Los relinchos y &#8216;stacattos&#8217;, en tanto, son m\u00e1s usados por los simios adultos, y son m\u00e1s frecuentes a la ma\u00f1ana, antes de que el grupo empiece a buscar su alimento, al final de la tarde, a la hora de acomodarse en lo alto de los \u00e1rboles antes de dormiro ensus encuentros con otros grupos, cuando se produce una disputa por el lugar para descansar o alimentarse.<\/p>\n<p>&#8220;Si ya hubi\u00e9ramos mostrado que existen sonidos espec\u00edficos para cada situaci\u00f3n y para cada tipo de interacci\u00f3n social, hubiera quedado demostrado que los muriqu\u00edes hablan&#8221;, comenta Ades. La recombinaci\u00f3n de sonidos de la que estos monos se valen es precisamente el mecanismo por el cual el ser humano produce el lenguaje y los significados -claro que con un repertorio mucho m\u00e1s amplio en el caso humano, con 33 elementos sonoros o fonemas. Por ejemplo: las palabras loma y malo son formadas por los mismos fonemas, pero su sentido cambia de acuerdo con el orden en el que se los utiliza. Pero, &#8220;\u00bfpodr\u00edan existir reglas comunes de recombinaci\u00f3n de sonidos entre los simios y los seres humanos?&#8221;, especula Ades. Una respuesta positiva podr\u00eda aproximar a ambos universos. Pero en lo inmediato, el conocimiento acumulado puede auxiliar en los proyectos de cr\u00eda o mantenimiento de la especie, que est\u00e1 amenazada de extinci\u00f3n, y de la cual quedar\u00edan menos de mil individuos.<\/p>\n<p>&#8220;No se puede decir m\u00e1s que los seres humanos tenemos una forma de comunicaci\u00f3n maravillosa, que es el habla, y los otros animales tienen una comunicaci\u00f3n simple&#8221;, dice el investigador de Goi\u00e2nia. Hasta hace poco, los sonidos emitidos por los primates eran vistos apenas como respuestas instintivas a situaciones de miedo, dolor o alegr\u00eda, por ejemplo. Ni siquiera se pensaba que esa enigm\u00e1tica griter\u00eda de los muriqu\u00edes, que haciendo uso del libre ejercicio de la imaginaci\u00f3n, podr\u00eda decirse que evoca el primitivo placer de emitir sonidos, que a\u00fan experimentamos al bostezar o estornudar y provocar as\u00ed un esc\u00e1ndalo p\u00fablico. Se puede tambi\u00e9n hacer un abordaje estrictamente evolucionista. &#8220;Si no hay peligro, es posible exhibirse y mostrar la individualidad&#8221;, dice Ades. &#8220;Para otros animales, el producir sonidos es exponerse a los predadores.&#8221;<\/p>\n<p>Mendes se muestra intrigado con los sonidos de los muriqu\u00edes desde que los escuch\u00f3 por vez primera, en 1985. Por entonces, hab\u00eda empezado a estudiar la estructura social de estos animales, bajo la orientaci\u00f3n conjunta de Ades y de la primat\u00f3loga Karen Strier, de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos. Strier, una pionera en el estudio de esta especie, con la que trabaja desde 1982, fue quien clasific\u00f3 a los animales y le ense\u00f1\u00f3 a Mendes a identificar a cada uno de ellos por el color del pelaje, por su forma y por las pecas del rostro. De tanto observarlos, Mendes aprendi\u00f3 tambi\u00e9n a distinguir a cada mono de acuerdo con su temperamento -los hay m\u00e1s quietos o m\u00e1s revoltosos, m\u00e1s sociales o m\u00e1s aislados. Mendes descubri\u00f3 r\u00e1pidamente que estaba ante la m\u00e1s pac\u00edfica especie de primate estudiada hasta ese momento. Los muriqu\u00edes no se molestan por compartir los \u00e1rboles para comer o descansar con los miembros del mismo grupo. &#8220;Los grupos se organizan por medio del contacto amistoso, no por el poder&#8221;, comenta el investigador, con base en las 990 horas de observaci\u00f3n de ese etapa del trabajo. El comportamiento pac\u00edfico puede explicarse, al menos en parte, por el hecho de que los machos son generalmente parientes entre s\u00ed, ya que \u00e9stos permanecen en el mismo grupo en el que nacieron. Muy raramente se pelean, aun cuando una de las formas predilectas de las cr\u00edas para ocupar el tiempo es provoc\u00e1ndose: viven persigui\u00e9ndose, haci\u00e9ndose cosquillas o tir\u00e1ndose de la pierna y el brazo unos a otros.<\/p>\n<p>Aun cuando son adultos, los muriqu\u00edes intercambian frecuentes abrazos: uno cada dos horas y media en promedio, y esos abrazos pueden durar algunos minutos. A veces, cinco o seis monos se abrazan, colgados de las ramas apenaspor la cola.A diferencia de lo que sucede con otras especiesde primates, los machos parecen no disputarse a las hembras, que, cuando entran en celo, brindan atenci\u00f3n a todos. Sin embargo, los cient\u00edficos creen que puede existir una competencia de esperma: cuanto mayor es la cantidad de esperma producido, mayor es la probabilidad de fecundar a la hembra. Esa hip\u00f3tesis cobra fuerza debido al aventajado porte de los test\u00edculos de los muriqu\u00edes, de unos 20 cent\u00edmetros de longitud, y de su eyaculaci\u00f3n abundante, a punto tal de escurrirse por entre los \u00e1rboles, a 15 metros de altura, y llegar al suelo luego de la c\u00f3pula. El hecho de que las hembras se crucen con tantos compa\u00f1eros hace que ning\u00fan muriqu\u00ed macho sepa cu\u00e1les son efectivamente sus hijos. Y los hijos, a su vez, tampoco saben qui\u00e9n es su padre. Pero eso parece no importarles demasiado.<\/p>\n<p><strong>Un don Juan y su har\u00e9n<\/strong><\/p>\n<p>En una l\u00ednea de investigaci\u00f3n iniciada hace diez a\u00f1os, C\u00e9sar Ades analiza las diferencias de comportamiento entre dos grupos de animales con un probable origen com\u00fan, pero que actualmente tienen estilos de vida muy diferentes. Uno es el cuis (<em>Cavia aperea<\/em>), un animal de vida libre, de 25 cent\u00edmetros de largo como m\u00e1ximo, y que habita toda Am\u00e9rica del Sur. El otro es la cobaya o conejillo de Indias (<em>Cavia porcellus<\/em>), domesticado hace alrededor de 6 mil a\u00f1os en los Andes peruanos, en un proceso en el que puede haber adquirido o perdido habilidades, en una forma an\u00e1loga a la del perro, a partir del momento en que su ancestral, el lobo, se aproxim\u00f3 a un campamento hace alrededor de 15 mil a\u00f1os y descubri\u00f3 que podr\u00eda recibir alimento en lugar de cazar. Patr\u00edcia Ferreira Monticelli, una alumna de doctorado de C\u00e9sar Ades, verific\u00f3 que el apareamiento de las cobayas es un ritual m\u00e1s demorado y animado que el de los cuises. Acerc\u00e1ndose a la hembra, el conejillo macho inicia un baile: la &#8220;rumba&#8221;, en el que mece la parte trasera del cuerpo, y profiere un sonido largo, un\u00a0<em>pruu-uugg<\/em>-es el llamado de corte, por medio del cual procura atraer a la hembra.<\/p>\n<p>Luego el macho corre detr\u00e1s de la hembra, que responde a su aproximaci\u00f3n corriendo y soltando grititos:\u00a0<em>iic<\/em>! El cuis, en tanto, parece tener prisa: baila una &#8220;rumba&#8221; entrecortada por una postura de alerta, y su chamado es m\u00e1s bajo, algo as\u00ed como un\u00a0<em>prug-prug<\/em>. &#8220;El cuis la corteja y, al mismo tiempo, est\u00e1 mirando en derredor&#8221;, dice Patr\u00edcia. &#8220;Reacciona instant\u00e1neamente ante cualquier ruido extra\u00f1o que pueda escuchar mientras est\u00e1 con la hembra, produciendo incluso un llamado especial de alerta, que suena como un\u00a0<em>deggg<\/em>.&#8221; La domesticaci\u00f3n puede haber liberalizado el comportamiento reproductivo. &#8220;El macho de cobaya corteja a la hembra de cuis frecuentemente, pero un cuis macho muy raro vez corteja a una cobaya hembra&#8221;, dice Ades. &#8220;La obsesi\u00f3n reproductiva de la cobaya es mucho mayor. El macho corteja a la hembra permanentemente, aun cuando \u00e9sta se encuentra fuera del per\u00edodo reproductivo&#8221;. Tanto el macho de cobaya como el cuis macho participan muy poco de los cuidados de las cr\u00edas. Puede incluso haber rivalidad entre una cr\u00eda macho y su padre. Con un mes de edad, las cr\u00edas de conejillos de Indias empiezan a ser golpeadas por los padres si se aventuran a cortejar a las hembras, incluidas la madre y las hermanas, pese a que a\u00fan no son capaces de aparearse.<\/p>\n<p>Cuando llegan a adultos, los machos forman harenes de seis o siete hembras -y tienen sus predilectas. La especie domesticada es m\u00e1s flexible en su organizaci\u00f3n social que la otra. &#8220;Entre las cobayas, cuando aumenta la densidad poblacional, los animales se dividen en subgrupos: cada macho con sus hembras, y cada uno respeta el territorio de los otros&#8221;, comenta el investigador. &#8220;Los cuises son mucho menos tolerantes y no forman subgrupos.&#8221;Entre los roedores, los conejillos de Indias y los cuises tienen uno dos repertorios vocales m\u00e1s ricos, compuestos por 12 llamados diferentes, incluyendo gritos de dolor y de defensa, las alarmas frente al peligro y el<em>shut-shut-shut<\/em> que emiten permanentemente cuando est\u00e1n en grupo. Las cr\u00edas que se pierden de su madre sueltan un silbido:\u00a0<em>uiic, uiic, uiic<\/em> muy alto y repetitivo, merced al cual logran regresar al grupo. El equipo de C\u00e9sar Ades descubri\u00f3 que este silbido contiene lo que se denomina firma vocal, con caracter\u00edsticas que distinguen a una cr\u00eda de las otras, y podr\u00eda permitir el reconocimiento por parte de la madre.<\/p>\n<p>&#8220;El reconocimiento de la prole es una necesidad biol\u00f3gica crucial&#8221;, comenta el investigador. &#8220;En la naturaleza, si una madre no reconoce a su propia cr\u00eda, est\u00e1 sujeta a desperdiciar su tiempo protegiendo a otras cr\u00edas o aliment\u00e1ndolas, en detrimento de las suyas&#8221;. En su doctorado, concluido el a\u00f1o pasado, Rosana Suemi Tokumaru, que ha sido contratada por la Universidad Federal de Esp\u00edrito Santo (UFES), comprob\u00f3 experimentalmente que las hembras de cobayas reconocen a sus cr\u00edas de acuerdo con el olor de cada una de \u00e9stas, y pasan m\u00e1s tiempo cerca de \u00e9stas que de las cr\u00edas de otras madres. Suemi quiso verificar si las madres reconocer\u00edan a sus cr\u00edas de lejos \u00fanicamente por medio del silbido de separaci\u00f3n. Primeramente cre\u00f3 una situaci\u00f3n de aprendizaje, en la cual las madres escuchaban repetidamente el silbido de una de sus cr\u00edas, que entraba en contacto con ella tras el llamado. Posteriormente, en otra situaci\u00f3n, una madre deb\u00eda escoger entre una grabaci\u00f3n del silbido de su propia cr\u00eda y una de una cr\u00eda ajena. Pero las madres no distinguieron los llamados y se dirig\u00edan tanto a una como a otra.<\/p>\n<p>&#8220;El silbido de la separaci\u00f3n de la cr\u00eda no se desarroll\u00f3 en funci\u00f3n del reconocimiento materno&#8221;, observa Ades. &#8220;El llamado de la cr\u00eda funciona porque la madre normalmente est\u00e1 cerca y tambi\u00e9n porque los adultos del grupo son benevolentes con relaci\u00f3n a las cr\u00edas, pues incluso sirven de puntos de seguridad&#8221;. Algo as\u00ed como un ni\u00f1o que se ha perdido en un shopping center y se siente amparado por el solo hecho de que alguien le brinde atenci\u00f3n, aun cuando no es su madre. La benevolencia es tanta que, como comprob\u00f3 Adriana Toyoda Tokamatsu, en un trabajo que todav\u00eda no ha finalizado, es com\u00fan que las madres que est\u00e1n amamantando permitan a las cr\u00edas ajenas el acceso a su leche. Puede ser otro rasgo de la domesticaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\n<strong>1.<\/strong> Comunicaci\u00f3n Vocal en Mam\u00edferos Neotropicales (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/pesquisa\/?q=Comunica%C3%A7%C3%A3o+Vocal+em+Mam%C3%ADferos+Neotropicais&amp;index=&amp;link_curto=\" target=\"_blank\">99\/04680-7<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad:\u00a0<\/strong>L\u00ednea regular de auxilio a la investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinador;\u00a0<\/strong>C\u00e9sar Ades &#8211; Instituto de Psicolog\u00eda-USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n:\u00a0<\/strong>R$ 37.954,34<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los muriqu\u00edes tienen una singular forma de comunicaci\u00f3n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-76511","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76511","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76511"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76511\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76511"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76511"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76511"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76511"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}