{"id":76516,"date":"2003-03-01T00:00:00","date_gmt":"2003-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/03\/01\/las-impurezas-del-oro\/"},"modified":"2013-01-04T15:27:15","modified_gmt":"2013-01-04T17:27:15","slug":"las-impurezas-del-oro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-impurezas-del-oro\/","title":{"rendered":"Las impurezas del oro"},"content":{"rendered":"<p>F\u00edsicos de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) revelaron hace un a\u00f1o los detalles de la rotura de los nanocables de oro, estructuras que miden milmillon\u00e9simas de metro y constituyen un material estrat\u00e9gico para la fabricaci\u00f3n de la pr\u00f3xima generaci\u00f3n de computadoras. El trabajo les vali\u00f3 un art\u00edculo que fue titular de portada de\u00a0<em>Physical Review Letters<\/em> el 17 de diciembre de 2001; pero un detalle a\u00fan causaba intriga: la distancia entre los \u00e1tomos de oro, que, antes de quebrarse, quedan un 25% m\u00e1s separados que los 0,29 nan\u00f3metros (nm) verificados en el cristal, la sustancia pura. Las mediciones experimentales, efectuadas en microscopios electr\u00f3nicos de alta resoluci\u00f3n, registran distancias del orden de los 0,36 nm o mucho mayores, de 0,48 nm.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo publicado el 23 de enero de este a\u00f1o, nuevamente en\u00a0<em>Physical Review Letters<\/em>, Adalberto Fazzio, Ant\u00f4nio Jos\u00e9 Roque da Silva y Frederico Dutilh Novaes, de la USP, juntamente con Edison Zacarias da Silva, de la Unicamp, demuestran por medio de simulaciones en computadora que esa variaci\u00f3n responde a la presencia de impurezas. \u00c1tomos de hidr\u00f3geno unidos a los de oro explicar\u00edan las distancias menores, del orden de 0,36 nm, mientras que los de azufre ser\u00edan los responsables por las mayores, de 0,48 nm. Ese trabajo fue uno de los puntos salientes de la secci\u00f3n\u00a0<em>Editors&#8217; Choice<\/em> de la revista\u00a0<em>Science<\/em> del 14 de febrero. Los f\u00edsicos examinaron la posibilidad de que las impurezas fuesen otros elementos qu\u00edmicos, como el boro, el carbono, el nitr\u00f3geno y el ox\u00edgeno, pero solamente el hidr\u00f3geno y el azufre coincidieron con los resultados experimentales.<\/p>\n<p>&#8220;El problema consiste en que nadie ha logrado ver qu\u00e9 hay junto a los \u00e1tomos de oro&#8221;, comenta Fazzio. En los microscopios electr\u00f3nicos, tanto el hidr\u00f3geno -con tan solo un prot\u00f3n que act\u00faa como n\u00facleo, alrededor del cual gira un solo electr\u00f3n- como el azufre -16 protones y 16 electrones- desaparecen frente al respetable \u00e1tomo de oro, constituido por 79 protones y 79 electrones. De todos modos, parecen aumentar la resistencia de los nanocables y, por lo tanto, aplazar su rotura. &#8220;Las uniones entre \u00e1tomos de oro con las impurezas son m\u00e1s estables que las registradas entre dos \u00e1tomos de oro&#8221;, comenta Roque da Silva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Las impurezas del oro","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[437],"class_list":["post-76516","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76516","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76516"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76516\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76516"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76516"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76516"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76516"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}