{"id":76547,"date":"2003-04-01T10:10:00","date_gmt":"2003-04-01T13:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/04\/01\/las-flores-de-la-sierra\/"},"modified":"2025-06-11T21:29:49","modified_gmt":"2025-06-12T00:29:49","slug":"las-flores-de-la-sierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-flores-de-la-sierra\/","title":{"rendered":"Las flores de la sierra"},"content":{"rendered":"<p>Hace 23 a\u00f1os, a comienzos de un mes de diciembre, cuatro bot\u00e1nicos y un zo\u00f3logo, todos de S\u00e3o Paulo, se apretujaron en un autom\u00f3vil Opala marr\u00f3n y partieron raudamente por unas carreteras plagadas de baches, bajo un calor de casi 40 grados, rumbo al nordeste de Minas Gerais. Aqu\u00e9lla era la primera expedici\u00f3n exploratoria del Proyecto Flora de Campos Rupestres por las sierras de la Cadena do Espinha\u00e7o, una franja de 1.100 kil\u00f3metros de extensi\u00f3n que ocupa gran parte de la regi\u00f3n central de Brasil, principalmente en Minas Gerais y Bah\u00eda. Una de las regiones escogidas para el mencionado estudio de la flora fue la Sierra de Gr\u00e3o-Mogol, por entonces poco estudiada todav\u00eda, empero sabidamente de una vegetaci\u00f3n rica y variada, que ya se encontraba amenazada por la deforestaci\u00f3n y por la extracci\u00f3n de diamantes. Ubicada 500 kil\u00f3metros al norte de Belo Horizonte, en los l\u00edmites del cerrado (sabana) con la regi\u00f3n llamada &#8216;caatinga&#8217;, la Sierra de Gr\u00e3o-Mogol es una de las \u00e1reas de m\u00e1s alto deendemismo, es decir, es depositaria de especies \u00fanicas de plantas.<\/p>\n<p>Predominan en ella los llamados campos rupestres &#8211; en los cuales la vegetaci\u00f3n es formada por arbustos y plantas rastreras, que nacen por entre las rocas o sobre un suelo plano, arenoso, \u00e1cido y pobre en nutrientes y materia org\u00e1nica. Los resultados de \u00e9se y de los otros 20 viajes subsiguientes &#8211; el m\u00e1s reciente fue en marzo de 2000, en una camioneta Chevrolet D-20, con tracci\u00f3n en las cuatro ruedas &#8211; van a adquirir ahora la forma de una edici\u00f3n especial del\u00a0<em>Boletim de Bot\u00e2nica<\/em> de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), que se publicar\u00e1 el mes que viene en asociaci\u00f3n con Editora Hucitec. Es el primero de cuatro tomos que ser\u00e1n lanzados hasta el final del a\u00f1o que viene, y en sus 250 p\u00e1ginas aparecen claves de identificaci\u00f3n, ilustraciones y la descripci\u00f3n de 50 familias de plantas. Para tener una idea: solamente del grupo m\u00e1s abundante, el de las plantas con flores, o angiospermas, aparecen las primeras 34 de las 117 familias.<\/p>\n<p>La colecci\u00f3n completa, coordinada por el bot\u00e1nico Jos\u00e9 Rubens Pirani, del Instituto de Biociencias de la USP, tendr\u00e1 cerca de mil p\u00e1ginas, y ser\u00e1 un inventario ilustrado de la peculiar flora de los campos rupestres, sabanas y bosques de la regi\u00f3n, con adaptaciones morfol\u00f3gicas y fisiol\u00f3gicas propias &#8211; las plantas forman islas de vegetaci\u00f3n en medio de terrenos rocosos y accidentados, con altitudes que var\u00edan entre los 650 y los 1.100 metros, en una regi\u00f3n de transici\u00f3n entre dos ecosistemas distintos: el cerrado o sabana y la &#8216;caatinga&#8217;. Cuando este trabajo se complete, presentar\u00e1 las estructuras, la distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica y las \u00e9pocas de floraci\u00f3n y fructificaci\u00f3n de los 472 g\u00e9neros y de las 1.067 especies de plantas de Gr\u00e3o-Mogol.<\/p>\n<p>De dicho total, 60 son end\u00e9micas &#8211; viven \u00fanicamente en esta sierra de lluvias intensas de noviembre a marzo, que sirve como divisoria de aguas entre los r\u00edos que forman el S\u00e3o Francisco y corren hacia el oeste, y aqu\u00e9llos que se dirigen hacia el Atl\u00e1ntico, al este.<\/p>\n<p><strong>Un retrato colectivo<br \/>\n<\/strong>Con este estudio, la Sierra de Gr\u00e3o-Mogol queda en pie de igualdad, en t\u00e9rminos de conocimiento cient\u00edfico, con tramos m\u00e1s amplios de la Cadena do Espinha\u00e7o estudiados hace m\u00e1s tiempo. De la Sierra do Cip\u00f3, con un \u00e1rea cuatro veces mayor, situada a una hora de viaje desde Belo Horizonte -yendo por una carretera asfaltada-, sali\u00f3 en 1987 la lista de las 1.590 especies de plantas que all\u00ed viven. En 1995 fue el turno del Pico das Almas, una sierra vecina, con toda su flora de 1.044 especies descrita en un libro publicado en Inglaterra, con la participaci\u00f3n de investigadores de la USP.<\/p>\n<p>La Sierra de Gr\u00e3o-Migol, peque\u00f1a y distante, ubicada fuera de las rutas de inter\u00e9s econ\u00f3mico y sin ninguna infraestructura tur\u00edstica, fue cient\u00edficamente explorada &#8211; y se analizaron muestras de plantas &#8211; por parte de alrededor de 100 investigadores de instituciones nacionales e internacionales. Participaron los equipos del Instituto de Bot\u00e1nica de la Secretar\u00eda de Estado de Medio Ambiente de S\u00e3o Paulo, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), de la Universidad Estadual de Feira de Santana (UEFS), de la Universidad Federal de Juiz de Fora (UFJF), de la Universidad Federal de Minas Gerais y del Royal Botanic Gardens de Kew, Inglaterra.<\/p>\n<p>Pirani cree que este trabajo, al margen de permitir estudios comparativos, facilitar\u00e1 el reconocimiento y la preservaci\u00f3n de las plantas por parte de los habitantes de la regi\u00f3n. Puede tambi\u00e9n estimular a otros investigadores, e incluso a docentes y alumnos de escuelas de la regi\u00f3n, para que desarrollen estudios de anatom\u00eda, germinaci\u00f3n, desarrollo o usos locales de las plantas de la sierra cuyo nombre es una referencia al diamante Gran Mogol, de 700 quilates (un quilate equivale a 0,2 gramo), hallado en la India en el siglo XVI. En esa misma \u00e9poca, cuando la miner\u00eda en Brasil estaba en su apogeo, habr\u00eda sido descubierta en la regi\u00f3n una piedra similar.<\/p>\n<p>Otra finalidad del proyecto es ayudar a establecer o fortalecer pol\u00edticas p\u00fablicas que concilien la conservaci\u00f3n del ambiente con pr\u00e1cticas agr\u00edcolas sostenibles. En la actualidad los bosques son derribados para la fabricaci\u00f3n de carb\u00f3n o son quemados, para dar lugar a peque\u00f1as rozas de mandioca, anan\u00e1s, ca\u00f1a de az\u00facar, arroz, fr\u00edjol o ma\u00edz. A\u00fan no se ha encontrado tampoco la manera de detener el avance de los pastajes y la acci\u00f3n de los &#8216;garimpeiros&#8217; (buscadores de piedras preciosas), que, en busca principalmente de diamantes, dejan el suelo y los cascajos revueltos. Dif\u00edcilmente la vegetaci\u00f3n natural vuelve a crecer por donde ellos pasaron. La Sierra de Gr\u00e3o-Mogol, calificada en 1998 como un \u00e1rea de importancia biol\u00f3gica muy alta, y por tanto prioritaria para su conservaci\u00f3n, integra el Parque Estadual de la Sierra da Bocaina, creado ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>As\u00ed y todo, los investigadores recuerdan que las medidas para su efectiva implantaci\u00f3n a\u00fan est\u00e1n prosecuci\u00f3n.&#8221;Adem\u00e1s de ser diversificada y peculiar, la flora de la Sierra de Gr\u00e3o-Mogol es sumamente bella&#8221;, sintetiza Pirani. Por all\u00ed crecen las siemprevivas, principalmente las especies del g\u00e9nero\u00a0<em>Syngonanthus<\/em>. Son plantas rastreras con flores blancas, color paja o doradas, que parecen peque\u00f1as margaritas, explotadas en forma extractiva &#8211; la mayor parte de la cosecha es exportada. &#8220;La explotaci\u00f3n de las siemprevivas es preocupante, pues al arrancar las flores se impide la formaci\u00f3n de las semillas, que aseguran la continuidad de la especie&#8221;, dice el investigador. Otras plantas t\u00edpicas de la zona son tres especies de las llamadas cabezas de fraile, de los g\u00e9neros\u00a0<em>Discocactus<\/em> y\u00a0<em>Melocactus<\/em>. Son cactus con flores y llenos de espinas, que tienen ese nombre en una alusi\u00f3n espirituosa a la cabeza a veces enteramente calva de los religiosos.<\/p>\n<p><strong>Especies \u00fanicas<br \/>\n<\/strong>Las &#8216;canelas-de-ema&#8217; (<em>Vellozia spp.<\/em>), en tanto, se destacan por sus grandes flores lilas, parecidas a los lirios, y por sus tallos delgados y revestidos por gruesas escamas, bastante utilizados como combustible -ayudan a prender fuego, ya que arden aun estando mojados, debido a que poseen resinas. Subiendo nuestra mirada, podemos ver unos \u00e1rboles altos y frondosos t\u00edpicos de la regi\u00f3n: los &#8216;monjoleiros&#8217;, pertenecientes al g\u00e9nero\u00a0<em>Pterodon<\/em>, de corteza rosadas y una altura que oscila entre los 7 y los 20 metros, y que se encuentran en las pendientes y laderas rocosas.<\/p>\n<p>Solamente en Gr\u00e3o-Mogol puede tambi\u00e9n hallarse el\u00a0<em>Trembleya hatschbachii<\/em>, un arbusto que puede encontrarse cerca de los riachos, de la familia de las llamadas cuaresmeras, &#8220;con explosiones de hermosas flores amarillas&#8221;, en la descripci\u00f3n del bot\u00e1nico de la USP. Siguiendo con las especies end\u00e9micas, existen tambi\u00e9n aqu\u00e9llas que f\u00e1cilmente suscitan curiosidad, como la\u00a0<em>Drosera graomogolensis<\/em>, una planta toda roja, discreta, con un tallo de 7 cent\u00edmetros y carn\u00edvora: las hormigas y otros insectos, atra\u00eddos por su vivo color, acaban quedando pegados sobre la superficie pegajosa de sus hojas.<\/p>\n<p>Las rarezas de la regi\u00f3n empezaron ser m\u00e1s conocidas en 1818, cuando los exploradores alemanes Carl von Martius (1794-1868) y Johann Baptist von Spix (1781-1826) recorrieron la Sierra da Canastra, al sur de Gr\u00e3o-Mogol, en el marco de una de las primeras expediciones al \u00e1rea de las que se tenga noticias. Casi 300 a\u00f1os despu\u00e9s, es posible dimensionar con precisi\u00f3n cu\u00e1n raras son algunas de las especies que viven en dicha sierra. Solamente en ella crecen plantas peculiares, a ejemplo de las tres especies que aparecen entre las rocas, o sujetas a los paredones, formando grandes matorrales o extensos jardines: la\u00a0<em>Vellozia prolifera<\/em>, la\u00a0<em>Barbacenia riparia<\/em> y la<em>Vellozia luteola<\/em>, conocidas apenas por sus nombres cient\u00edficos.<\/p>\n<p>Junto con las dem\u00e1s representantes de la familia de las velloci\u00e1ceas, integrada por unas 250 especies (la mayor\u00eda de \u00e9stas presente en la Cadena do Espinha\u00e7o), estas tres especies fueron intensamente estudiadas a finales de los a\u00f1os 80 por Renato Mello-Silva, tambi\u00e9n de la USP. Inicialmente, Mello-Silva procur\u00f3 entender de qu\u00e9 manera ciertas peculiaridades de las hojas de estas plantas, tales como las variaciones en las fibras o la existencia de grietas, podr\u00edan ayudar a dilucidar la evoluci\u00f3n del grupo. Mello-Silva encontrou nuevas especies de dicha familia en Gr\u00e3o-Mogol, comprob\u00f3 el endemismo de otras y corrobor\u00f3 que algunas presentan cierta variabilidad en la distribuci\u00f3n de las fibras del interior de las hojas y en los tipos de pelos de la base de las flores &#8211; una se\u00f1al indicativa de que estar\u00edan en marcha los mecanismos de especiaci\u00f3n, tal como se denomina a la diferenciaci\u00f3n y formaci\u00f3n de nuevas especies.<\/p>\n<p><strong>Comparaciones<br \/>\n<\/strong>Hechas las cuentas de estas dos d\u00e9cadas de estudios, que contaron con el apoyo de la FAPESP, el Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Pirani estima que los cient\u00edficos del grupo del cual particip\u00f3 inicialmente como estudiante de maestr\u00eda -ten\u00eda 23 a\u00f1os cuando se llev\u00f3 a cabo la primera expedici\u00f3n -, escrutaron palmo a palmo un \u00e1rea de alrededor de 400 kil\u00f3metros cuadrados, con visitas realizadas durante todas las estaciones del a\u00f1o, procurando recolectar plantas con flores o con frutos del mayor n\u00famero posible de especies. Fue un muestrario considerado excelente, incluso porque &#8220;es virtualmente imposible cubrir enteramente cualquier superficie de las dimensiones de una sierra, sobre todo con tantas \u00e1reas de acceso harto dif\u00edcil&#8221;, recuerda el investigador de la USP. Debido a que cada viaje duraba entre una semana y un mes, pasaron 315 d\u00edas en la sierra -por tanto, es casi un a\u00f1o de trabajo de campo.<\/p>\n<p>En la actualidad, la iniciativa que empez\u00f3 a ser ideada durante la d\u00e9cada del 70 por la bot\u00e1nica Nanuza Luiza de Menezes &#8211; la propietaria del coche Opala utilizado durante las primeras expediciones a la sierra, que a\u00fan hoy en d\u00eda es una referente de la bot\u00e1nica brasile\u00f1a &#8211; se traduce tambi\u00e9n en la forma de 3.700 muestras, que en su mayor parte se encuentran guardadas en el herbario del Instituto de Biociencias de la USP.&#8221;Este estudio era imprescindible para iniciar otro, el de la historia biogeogr\u00e1fica de la flora de la regi\u00f3n, y establecer las relaciones con otras \u00e1reas monta\u00f1osas de Sudam\u00e9rica, tales como las sierras del litoral, las sierras y chapadas de Goi\u00e1s, los tepuyes de Venezuela, las monta\u00f1as de las Guyanas e incluso los Andes&#8221;, comenta Ana Maria Giulietti, de la UEFS, primera coordinadora del proyecto.<\/p>\n<p>Los tepuyes a los que la investigadora se refiere son unas monta\u00f1as escarpadas de cerca de 1.000 metros de altura y cumbre plana, que ocupan la porci\u00f3n septentrional de la regi\u00f3n amaz\u00f3nica. &#8220;La flora de los campos rupestres y sabanas, y la de los tepuyes&#8221;, a\u00f1ade Pirani, &#8220;est\u00e1n hoy en d\u00eda aisladas y separadas, pero todav\u00eda comparten muchos elementos, lo que es una evidencia de que deben haber sido m\u00e1s cercanas hace miles, o quiz\u00e1 algunos millones de a\u00f1os.&#8221;Comparar dos tipos de vegetaci\u00f3n separadas por m\u00e1s de 6 mil kil\u00f3metros es tan solo uno de los proyectos de investigaci\u00f3n, que ahora se vuelven factibles. En lo inmediato, los bot\u00e1nicos pretenden definir con mayor precisi\u00f3n las semejanzas y diferencias con las otras sierras de la Cadena do Espinha\u00e7o ya desmenuzadas: la Sierra do Cip\u00f3, el Pico das Almas y la Sierra de Catol\u00e9s, todas ellas tambi\u00e9n con un elevado endemismo.<\/p>\n<p>&#8220;De las comparaciones emerger\u00e1n patrones, modelos o preguntas, que ayudar\u00e1n a orientar la continuidad de los estudios&#8221;, dice Pirani. &#8220;Probablemente podremos detectar grupos de plantas comunes a todas las \u00e1reas, aqu\u00e9llos que tienen mayor concentraci\u00f3n en una u otra, y tambi\u00e9n aqu\u00e9llos que pueden ser indicativos de la evoluci\u00f3n del Espinha\u00e7o&#8221;. Pero nadie pretende terminar por all\u00ed. &#8220;En los alrededores de Gr\u00e3o-Mogol est\u00e1n tambi\u00e9n la Sierra de Botumirim, la Sierra de Itacambira y la Sierra Deus-me-Livre, que han sido poco exploradas todav\u00eda&#8221;, afirma Pirani. Y la cuesti\u00f3n de revelar los secretos que \u00e9stas guardan, quiz\u00e1s sea una tarea para desarrollar durante otros 20 a\u00f1os de trabajo.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\n<em>Herbario del Departamento de Bot\u00e1nica del Instituto de Biociencias de la USP<br \/>\n<\/em><br \/>\n<strong>MODALIDAD<\/strong><br \/>\nPrograma Infraestructura IV<br \/>\n<strong>COORDINADOR<\/strong><br \/>\nJos\u00e9 Rubens Pirani &#8211; Instituto de Biociencias de la USP<br \/>\n<strong>INVERSI\u00d3N<\/strong><br \/>\nR$ 610.989,71<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Sale el primer tomo de una colecci\u00f3n que describe las 1.067 especies de plantas de la Sierra de Gr\u00e3o-Mogol, en Minas Gerais","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[109],"class_list":["post-76547","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76547","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76547"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76547\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":554887,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76547\/revisions\/554887"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76547"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76547"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76547"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76547"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}