{"id":76549,"date":"2003-04-01T10:30:00","date_gmt":"2003-04-01T13:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/04\/01\/el-vaso-junto-al-lapiz-labial\/"},"modified":"2015-07-20T16:05:10","modified_gmt":"2015-07-20T19:05:10","slug":"el-vaso-junto-al-lapiz-labial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-vaso-junto-al-lapiz-labial\/","title":{"rendered":"El vaso junto al l\u00e1piz labial"},"content":{"rendered":"<p>Desde hace algunos a\u00f1os, la ciencia se aboca a establecer el peso exacto de las condiciones ambientales y la herencia gen\u00e9tica en el desarrollo de una serie de enfermedades psiqui\u00e1tricas, entre las cuales se encuentra el alcoholismo. La determinaci\u00f3n precisa de todas las causas que empujan a algunos miembros de una poblaci\u00f3n al consumo desenfrenado de fermentados y destilados, mientras los otros permanecen abstemios o como usuarios moderados quiz\u00e1s sea una tarea imposible.<\/p>\n<p>Pero, de cualquier manera, investigadores integrantes de un equipo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) creen haber identificado una alteraci\u00f3n gen\u00e9tica que parece aumentar 2,6 veces el riesgo de que las mujeres brasile\u00f1as expuestas al alcohol se vuelvan dependientes. Se trata de una variaci\u00f3n en un tramo del gen Maoa, que puede hacer que se reduzca la producci\u00f3n de la enzima monoamina oxidasa del tipo A. Esta prote\u00edna act\u00faa sobre algunos mensajeros qu\u00edmicos del cerebro &#8211; los llamados neurotransmisores, entre los que se encuentran la dopamina y la serotonina -, encargados de efectuar la comunicaci\u00f3n entre las neuronas, e involucrados en la regulaci\u00f3n de los estados de comportamiento, tales como el humor y la agresividad.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n de los genes que predisponen al alcoholismo puede ayudar en la prevenci\u00f3n de esa dependencia: una persona que descubre que tiene propensi\u00f3n mayor al consumo frecuente de alcohol puede intentar evitar el contacto con ese tipo de bebidas. De acuerdo con dicho estudio, que ser\u00e1 publicado en breve en\u00a0<em>Psychiatrics Genetics<\/em>, las mujeres que presentan dicha alteraci\u00f3n en al menos una de sus dos copias del gen &#8211; situado en el cromosoma X &#8211; sintetizan entre dos y diez veces menos enzimas que lo normal, y ser\u00edan m\u00e1s susceptibles a desarrollar el alcoholismo.<\/p>\n<p>&#8220;No podemos afirmar categ\u00f3ricamente todav\u00eda que esa relaci\u00f3n exista efectivamente&#8221;, pondera Mayana Zatz, coordinadora del Centro de Estudios del Genoma Humano de la USP y l\u00edder del equipo que realiz\u00f3 el trabajo. &#8220;Pero existen fuertes indicios de que un componente biol\u00f3gico puede favorecer la aparici\u00f3n del alcoholismo en las mujeres brasile\u00f1as&#8221;. En los hombres, que cargan apenas una r\u00e9plica del gen, la versi\u00f3n menos funcional del Maoa no aumentar\u00eda las probabilidades de convertirse en alcoh\u00f3licos.<\/p>\n<p>&#8220;Quiz\u00e1s la influencia gen\u00e9tica a favor del alcoholismo sea mayor en el sexo femenino que en el masculino, que sufre m\u00e1s est\u00edmulos del medio ambiente en ese sentido&#8221;, comenta Sandra Scivoleto, coordinadora del Grupo Interdisciplinario de Estudios de Alcohol y Drogas (Grea), vinculado al Instituto de Psiquiatr\u00eda de la USP, una de las colaboradoras en este estudio. El art\u00edculo cient\u00edfico brasile\u00f1o no es el primero que apunta relaciones entre el gen Maoa y los trastornos psiqui\u00e1tricos, o con la dependencia et\u00edlica o qu\u00edmica. Un trabajo alem\u00e1n, publicado en 2000 en el\u00a0<em>Journal of Neural Transmission<\/em>, insinu\u00f3 por ejemplo que la existencia de alcoholismo y los comportamientos antisociales podr\u00edan estar relacionados con la versi\u00f3n menos funcional del gen.<\/p>\n<p>No obstante, esa relaci\u00f3n no fue comprobada en una investigaci\u00f3n realizada dos a\u00f1os m\u00e1s tarde con varones en Finlandia. Recientemente, ese gen tambi\u00e9n fue noticia, pero por otro motivo. De acuerdo con un art\u00edculo publicado en la revista\u00a0<em>Science<\/em> del 2 de agosto del a\u00f1o pasado, que analiz\u00f3 el impacto de las alteraciones del Maoa en la poblaci\u00f3n masculina de Nueva Zelandia, los hombres que hab\u00edan sido objeto de malos tratos en la infancia y cargaban la forma menos funcional del gen ten\u00edan mayores probabilidades de convertirse en adultos violentos. Como puede observarse, el Maoa es frecuentemente el objetivo de trabajos sobre su impacto en el comportamiento humano.<\/p>\n<p><strong>Cuatro versiones del gen<br \/>\n<\/strong>Para arribar a la conclusi\u00f3n de que la forma menos funcional del Maoa favorece la dependencia et\u00edlica entre las mujeres brasile\u00f1as, los cient\u00edficos secuenciaron y analizaron la regi\u00f3n promotora del gen en alcoh\u00f3licos y en personas no dependientes de bebidas.El secuenciamiento suministr\u00f3 informaciones sobre el patr\u00f3n de aparici\u00f3n de un conocido segmento de 30 pares de bases (las bases son las unidades qu\u00edmicas que componen el ADN) en esa regi\u00f3n del gen. Al final del trabajo, el equipo de la USP observ\u00f3 que el gen pod\u00eda presentarse de cuatro maneras diferentes, tanto en los dependientes del alcohol como en los individuos sanos. Hab\u00eda versiones del Maoa, t\u00e9cnicamente llamadas alelos, con dos, tres, cuatro y cinco repeticiones del tramo de 30 pares de bases.<\/p>\n<p>Con ese dato en manos, el paso siguiente consisti\u00f3 en verificar si alguno de esos alelos estaba asociado a la propensi\u00f3n al alcoholismo. A fin de facilitar las comparaciones, los pacientes y los individuos del grupo de control fueron clasificados en dos categor\u00edas, de acuerdo con sus tipos de alelos. Aqu\u00e9llos que ten\u00edan al menos una copia del Maoa con tres repeticiones del segmento en cuesti\u00f3n &#8211; precisamente la variante del gen que produce menos enzimas que lo normal &#8211; se ubicaron en una de las clasificaciones, mientras que las personas con las dem\u00e1s variaciones del gen (dos, cuatro o cinco repeticiones del tramo de 30 pares de base) se ubicaron en el otro grupo.<\/p>\n<p>Una vez hechas las cuentas, los investigadores verificaron que el 62% de las mujeres alcoh\u00f3licas cargaban al menos un alelo, que reduc\u00eda la s\u00edntesis de monoamina oxidasa. Entre las no dependientes de la bebida, que formaban parte del grupo de control, ese \u00edndice cay\u00f3 al 38%. La prevalencia de la versi\u00f3n del gen Maoa que hizo caer la producci\u00f3n de la enzima fue del 45% entre los hombres alcoh\u00f3licos, y del 31% en las personas sanas. &#8220;En los individuos del sexo masculino, al contrario de lo que se verific\u00f3 con las mujeres, esa diferencia no fue significativa desde el punto de vista estad\u00edstico&#8221;, comenta la doctoranda Camila Guindalini, del Instituto de Biociencias de la USP, una de las autoras del estudio. &#8220;Por eso no podemos por ahora sugerir que las variaciones en el gen Maoa puedan estar relacionadas con la aparici\u00f3n del alcoholismo en los varones brasile\u00f1os.&#8221;<\/p>\n<p>Las afirmaciones del equipo de la USP &#8211; que describe el Maoa como un probable gen de riesgo para el alcoholismo entre las mujeres brasile\u00f1as, pero nunca como la causa de tal trastorno &#8211; son revestidas de cautela, por dos motivos. Primero, por una cuesti\u00f3n de \u00edndole m\u00e1s bien metodol\u00f3gica: el modesto tama\u00f1o del grupo analizado. La muestra de alcoh\u00f3licos estaba formada por 93 pacientes (52 varones y 41 mujeres, con edades de alrededor de 45 a\u00f1os) que hac\u00edan tratamiento en el Grea. El grupo de control, compuesto por personas no dependientes del alcohol, ten\u00eda el mismo n\u00famero de individuos, con edades y origen \u00e9tnico similares que sus pares adictos a fermentados y destilados.<\/p>\n<p>&#8220;Tuvimos muchas dificultades para encontrar y convencer a las mujeres dependientes de la bebida a participar del estudio&#8221;, dice Mayana. &#8220;Si 300 alcoh\u00f3licos hubieran formado parte de nuestro trabajo, podr\u00edamos tener mayor seguridad acerca del papel del gen Maoa en el desencadenamiento de esta enfermedad entre las mujeres. Necesitamos m\u00e1s voluntarias para dar prosecuci\u00f3n a las investigaciones.&#8221;La segunda raz\u00f3n que justifica la mesura es de orden m\u00e1s general. Pese a que existe un cierto consenso en el \u00e1rea cient\u00edfica en el sentido de que el alcoholismo tiene componentes tanto biol\u00f3gicos como comportamentales en su ra\u00edz, no es nada f\u00e1cil delimitar d\u00f3nde termina la influencia de los genes y d\u00f3nde empieza la del medio ambiente. Esta dificultad es a\u00fan mayor en sociedades que estimulan el consumo de alcohol entre personas de ambos sexos, y transforman el acto de tomar cerveza, vino o cualquier otra bebida en un rasgo cultural.<\/p>\n<p>En Brasil el n\u00famero de alcoh\u00f3licos del sexo femenino es cuatro veces menor que el de varones. A su vez, beber no es un h\u00e1bito cultural muy estimulado entre las mujeres. Por tal raz\u00f3n, de acuerdo con Mayana, el peso de los factores gen\u00e9ticos que predisponen al alcoholismo ser\u00eda mayor &#8211; y m\u00e1s f\u00e1cilmente identificable &#8211; en las mujeres brasile\u00f1as que entre los hombres del pa\u00eds, o incluso entre la poblaci\u00f3n femenina de Europa o de Estados Unidos, grupos sociales en los que la presencia de abstemios es m\u00e1s rara. &#8220;\u00c9sa es nuestra hip\u00f3tesis de trabajo&#8221;, comenta la coordinadora del Centro de Estudios del Genoma Humano de la USP, uno de los diez Centros de Investigaci\u00f3n, Innovaci\u00f3n y Difusi\u00f3n (Cepids) creados por la FAPESP en el a\u00f1o 2000. Y por ahora, los primeros resultados del estudio con el gen Maoa confirman dicha hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p><em><strong>El juego envicia m\u00e1s que el alcohol<br \/>\n<\/strong><\/em>Cuando se siente aquel deseo incontrolable de tomar un trago o gastar todo el dinero en una apuesta, \u00bfqui\u00e9n tiene m\u00e1s dificultades para permanecer lejos de su vicio, un alcoh\u00f3lico o un jugador patol\u00f3gico? El psiquiatra Hermano Tavares, coordinador del Ambulatorio de Juego Patol\u00f3gico (Amjo) del Instituto de Psiquiatr\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo, arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la ansiedad experimentada por el apostador compulsivo es de una magnitud un 50% mayor que la vivenciada por el alcoh\u00f3lico. La ansiedad a la que se hace referencia es aquel deseo exacerbado que lleva a los dependientes a reincidir en su vicio, a expensas de sus efectos negativos que, por cierto, son conocidos por ellos.<\/p>\n<p>Las cadenas que amarran al apostador a los juegos de azar son tan fuertes que el m\u00e9dico compara esa dependencia con la vivida por los adictos a drogas qu\u00edmicas. &#8220;En vez de parecerse a los alcoh\u00f3licos, los jugadores patol\u00f3gicos se comportan de una forma m\u00e1s parecida a la de los cocain\u00f3manos&#8221;, afirma el m\u00e9dico, quien con el auxilio de tests y cuestionarios, compar\u00f3 la personalidad de 40 dependientes de la bebida con la de 40 enviciados por los bingos electr\u00f3nicos, la mitad de \u00e9stos de cada sexo.<\/p>\n<p>Dicho estudio se llev\u00f3 a cabo con pacientes del servicio de psiquiatr\u00eda de la Universidad de Calgary, Canad\u00e1, en donde el m\u00e9dico termin\u00f3 su posdoctorado al final de 2002. &#8220;Pero las conclusiones son v\u00e1lidas para los jugadores patol\u00f3gicos de cualquier pa\u00eds&#8221;, dice Tavares.Una diferencia significativa entre un alcoh\u00f3lico y un enviciado en el juego es la siguiente: mientras que el primero no encuentra emociones positivas en nada -a no ser en las cartas, las ruletas y los cartones del bingo-, el segundo aliviana sus sensaciones negativas con el auxilio de la bebida. El jugador patol\u00f3gico hace sus apuestas para intentar ser feliz. &#8220;Nada lo divierte tanto como el juego&#8221;, asegura el psiquiatra. El alcoh\u00f3lico bebe para olvidarse de sus tristezas. &#8220;Es el tipo m\u00e1s vulnerable a la depresi\u00f3n&#8221;, comenta Tavares. Otro contraste se refiere al ritmo con el que cada uno de estos dependientes alimenta su vicio. El alcoh\u00f3lico suele beber con una constancia regular, como si estuviera siguiendo un ritual o poniendo en pr\u00e1ctica un h\u00e1bito casi com\u00fan y corriente.<\/p>\n<p>No rara vez, toma la misma cantidad de alcohol todos los d\u00edas, en el horario de siempre. &#8220;El jugador patol\u00f3gico, al igual que el adicto a la coca\u00edna, act\u00faa por impulso&#8221;, compara Tavares. Cuando tiene a mano recursos para jugar, el tah\u00far apuesta todo su dinero en un solo d\u00eda. Y se detiene reci\u00e9n cuando se quiebra econ\u00f3micamente, lo que lo lleva a un agotamiento f\u00edsico y mental. &#8220;Lo mismo sucede con el dependiente de coca\u00edna &#8220;, afirma el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>La fase posterior a la quiebra del jugador patol\u00f3gico tambi\u00e9n es similar al per\u00edodo de recuperaci\u00f3n del adicto a la coca\u00edna. Ambos pasan d\u00edas maldiciendo su dependencia, prometi\u00e9ndose a s\u00ed mismos que no incurrir\u00e1n nuevamente en ese mismo error. Hasta que nuevamente los acometen esas ganas irresistibles de jugar, en el caso de unos, o de aspirar, en el caso de los otros. A esas horas, si no tiene m\u00e1s dinero, un jugador patol\u00f3gico (o el dependiente de coca\u00edna) hace cualquier cosa para financiar su vicio: roba, vende objetos de su casa o pertenecientes a terceros. Un apostador desenfrenado les miente a los otros (y a s\u00ed mismo) y dice que jugar\u00e1 solamente una vez m\u00e1s. Y que esta vez recuperar\u00e1 todo el dinero que perdi\u00f3 en otras ocasiones. &#8220;Entonces pierde nuevamente y se agota f\u00edsica y mentalmente otra vez&#8221;, dice Tavares. Y as\u00ed recomienza el ciclo de la dependencia nuevamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La alteraci\u00f3n de un gen puede hacer que las mujeres se vuelvan 2,6 vecesm\u00e1s susceptibles al alcoholismo","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[93],"class_list":["post-76549","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76549","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76549"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76549\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76549"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76549"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76549"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76549"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}