{"id":76614,"date":"2003-06-01T00:00:00","date_gmt":"2003-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/06\/01\/a-flor-de-piel\/"},"modified":"2013-01-07T11:10:30","modified_gmt":"2013-01-07T13:10:30","slug":"a-flor-de-piel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/a-flor-de-piel\/","title":{"rendered":"A flor de piel"},"content":{"rendered":"<p>Nadie duda de que la piel de dos individuos puede reaccionar, y efectivamente lo hace, de manera diferente a la aplicaci\u00f3n de una crema o alg\u00fan otro producto de belleza. Algunas personas usan enormes cantidades de un cosm\u00e9tico sin presentar forma alguna de irritaci\u00f3n. Otras, en tanto, ni bien rozan el mismo producto sobre la epidermis ya sienten comez\u00f3n o quemaz\u00f3n en el sitio en donde \u00e9ste fue aplicado. El hecho observar lo que sucede en el cerebro de individuos con piel sensible y no sensible, \u00bfpuede ayudar a entender mejor el problema? Puede ser, a juzgar por los resultados de un reciente trabajo.<\/p>\n<p>Investigadores de L&#8217;Or\u00e9al, una multinacional francesa del \u00e1rea de cosm\u00e9ticos, en colaboraci\u00f3n con el Instituto Nacional de Salud e Investigaci\u00f3n M\u00e9dica (Inserm), y el Hospital Bic\u00eatre, de Par\u00eds, demostraron que al entrar en contacto con sustancias sabidamente irritantes, mujeres con piel clasificada como sensible presentan un patr\u00f3n de activaci\u00f3n cerebral bastante diferente que el de aqu\u00e9llas que no tienen piel sensible. Con la ayuda de im\u00e1genes obtenidas mediante el uso de la t\u00e9cnica de resonancia magn\u00e9tica funcional, capaz de mostrar los sectores del cerebro que son accionados por un est\u00edmulo, los autores del estudio percibieron que las \u00e1reas activadas entre las mujeres con piel sensible exist\u00edan en mayor n\u00famero y se distribu\u00edan de manera m\u00e1s o menos uniforme entre los dos hemisferios cerebrales.<\/p>\n<p>En las participantes con piel no sensible, la respuesta era m\u00e1s discreta y se concentraba en gran parte en el hemisferio opuesto a la regi\u00f3n del cuerpo en donde se hab\u00eda producido el est\u00edmulo. &#8220;Tenemos la impresi\u00f3n de que la informaci\u00f3n (referente a la molestia cut\u00e1nea) llega al cerebro de todas las mujeres de la misma manera, pero es tratada de manera diferente de acuerdo con el contexto y con la sensibilidad de la piel&#8221;, explica el f\u00edsico franc\u00e9s Bernard Querleux, principal autor del trabajo y director de investigaciones de L&#8217;Or\u00e9al, que estuvo en Brasil el mes pasado. Una parte de este estudio fue presentada en el 20\u00ba Congreso Mundial de Dermatolog\u00eda, realizado en Par\u00eds el a\u00f1o pasado.<\/p>\n<p><strong>Las respuestas del cerebro<br \/>\n<\/strong>En sus trabajos, Querleux y sus colaboradores procuran determinar objetivamente las bases neuronales de la piel sensible. Se trata de una l\u00ednea de investigaci\u00f3n importante para la industria de cosm\u00e9ticos, cuyos productos se asientan sobre la epidermis y deber\u00edan embellecer a sus consumidores, y no causarles dolor o molestias. En Europa y Estados Unidos, la mitad de las mujeres, el principal p\u00fablico consumidor de cremas para faciales, tiene piel m\u00e1s proclive a presentar reacciones indeseables tras la aplicaci\u00f3n de un cosm\u00e9tico. En China, un tercio de \u00e9stas sufre dicho problema.<\/p>\n<p>En otras partes del mundo, al menos un 10% de la poblaci\u00f3n femenina tiene esta caracter\u00edstica, seg\u00fan datos de L&#8217;Or\u00e9al, que invierte un 3% de su facturaci\u00f3n anual (cerca de 500 millones euros) en la divisi\u00f3n de investigaciones. No es raro tener piel sensible; pero diagnosticar el problema no siempre es algo f\u00e1cil con base en signos cl\u00ednicos o mediciones biof\u00edsicas. &#8220;\u00c9ste es un tema que a\u00fan carga consigo una gran dosis de subjetividad&#8221;, comenta Querleux. &#8220;De all\u00ed nuestro inter\u00e9s en estudiarlo.&#8221; Para ver de qu\u00e9 manera reaccionaba el cerebro ante un producto m\u00e1s agresivo contra la epidermis, los investigadores franceses llevaron a cabo un experimento con 18 mujeres, de las cuales la mitad dec\u00eda tener piel sensible.<\/p>\n<p>Soltaron sobre la mejilla izquierda de las participantes del estudio una soluci\u00f3n inerte, y aplicaron sobre la mejilla derecha \u00e1cido l\u00e1ctico, una sustancia normalmente utilizada como irritante en pruebas de reactividad cut\u00e1nea. Durante diez minutos, un aparato de resonancia magn\u00e9tica registr\u00f3 el funcionamiento del cerebro de esas mujeres. Este tipo de equipamiento mide las alteraciones en el flujo de sangre y de ox\u00edgeno en regiones en las que se registra una gran actividad neuronal, y genera im\u00e1genes en las que se destacan las \u00e1reas cerebrales accionadas por un est\u00edmulo.<\/p>\n<p>Al final del experimento, antes a\u00fan de analizar las im\u00e1genes de la resonancia magn\u00e9tica, los cient\u00edficos lograban ya f\u00e1cilmente separar a las mujeres en dos grupos. Aqu\u00e9llas que manifestaron sentir mayor molestia en la mejilla derecha, en donde se hab\u00eda aplicado el \u00e1cido l\u00e1ctico, formaban parte del grupo previamente rotulado como el de piel sensible. Las que informaron sentir menor irritaci\u00f3n de ese lado del rostro eran las del equipo de las no sensibles. Hasta este punto, el estudio parece ser la confirmaci\u00f3n de algo obvio: las que declararon tener piel sensible sufrieron m\u00e1s los efectos de la sustancia irritante.<\/p>\n<p>Pero el trabajo se volvi\u00f3 m\u00e1s original cuando Querleux y sus colegas empezaron a analizar el perfil de activaci\u00f3n cerebral de ambos grupos de mujeres. Hab\u00eda algunos puntos en com\u00fan y diferencias evidentes. Entre los puntos en com\u00fan, se destacaba la constataci\u00f3n de que todas las pacientes, con o sin piel sensible, hab\u00edan mostrado un incremento de la actividad neuronal en la corteza sensoria primaria del hemisferio izquierdo cerebral.<\/p>\n<p>La corteza o c\u00f3rtex es la materia gris que forma la capa externa del cerebro. Es la encargada del control y la integraci\u00f3n de los movimientos voluntarios y de los sentidos, y tiene centros nerviosos vinculados a la memoria, el lenguaje, el pensamiento y el intelecto. Por lo tanto, en las pacientes cuya mejilla derecha hab\u00eda sido expuesta a una sustancia que causaba molestias, el registro de actividad neuronal del lado izquierdo del c\u00f3rtex era m\u00e1s que esperado. Al fin y al cabo, el hemisferio izquierdo dirige y siente el lado derecho del cuerpo, y viceversa.<\/p>\n<p>Pero en el cap\u00edtulo de las diferencias entre los dos grupos de participantes del estudio, aparecieron los datos m\u00e1s interesantes. Pese a que la irritaci\u00f3n facial hizo que todas las mujeres accionasen dos subdivisiones de la corteza (las regiones prefrontal y del c\u00edngulo) en ambos hemisferios cerebrales, la actividad neuronal registrada en dichas subdivisiones fue mucho mayor en las mujeres de piel sensible, en especial del lado derecho de su cerebro. Este dato llev\u00f3 a Querleux y sus colegas a pensar que los c\u00f3rtices prefrontal y cingulado pueden estar directamente ligados a la mayor sensibilidad de la piel. &#8220;No podemos olvidarnos de que el tener piel sensible significa sentir un dolor \u00ednfimo, a una escala nanom\u00e9trica, en raz\u00f3n de la aplicaci\u00f3n de un cosm\u00e9tico&#8221;, dice el director de investigaciones de L\u00b4Or\u00e9al.<\/p>\n<p>&#8220;Por eso los circuitos neuronales de la piel sensible pueden verse tambi\u00e9n como circuitos del dolor&#8221;, afirma Querleux. Al margen de estudiar las bases neuronales de la piel sensible, los investigadores de la multinacional de cosm\u00e9ticos desarrollan estudios destinados a aumentar la comprensi\u00f3n sobre el tacto. En otro trabajo realizado con el auxilio de la t\u00e9cnica de resonancia magn\u00e9tica funcional, \u00e9stos recabaron evidencias de que el est\u00edmulo neuronal provocado por la aplicaci\u00f3n de una crema en la mano de una mujer parece variar en funci\u00f3n de un rasgo b\u00e1sico de su personalidad.<\/p>\n<p>Luego de usar el producto, las m\u00e1s imaginativas accionan con intensidad similar ambos hemisferios cerebrales. En el caso de las mujeres m\u00e1s objetivas y l\u00f3gicas, la activaci\u00f3n cerebral tiende a concentrarse en el hemisferio opuesto a la mano que recibi\u00f3 el cosm\u00e9tico. Para L&#8217;Or\u00e9al, el estudio suministra pistas en el sentido de que una crema puede actuar sobre la regi\u00f3n m\u00e1s emotiva del cerebro de las personas, sobre todo de aqu\u00e9llas que son m\u00e1s sensibles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"En mujeres con epidermis sensible, las cremas de belleza estimulan m\u00e1s ciertas regiones cerebrales","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[437],"class_list":["post-76614","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76614","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76614"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76614\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76614"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76614"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76614"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76614"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}