{"id":76664,"date":"2003-08-01T00:00:00","date_gmt":"2003-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/08\/01\/los-ojos-del-desierto-2\/"},"modified":"2015-08-28T16:21:33","modified_gmt":"2015-08-28T19:21:33","slug":"los-ojos-del-desierto-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-ojos-del-desierto-2\/","title":{"rendered":"Los ojos del desierto"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_94979\" style=\"max-width: 169px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2003\/08\/01\/los-ojos-del-desierto-2\/art2223img1-4\/\" rel=\"attachment wp-att-94979\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-94979\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/art2223img13.jpg\" alt=\"\" width=\"159\" height=\"137\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/art2223img13.jpg 159w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/art2223img13-120x103.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 159px) 100vw, 159px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">MIGUEL BOYAYAN<\/span><\/a> Ciencia al pie de los Andes: es posible ver m\u00e1s all\u00e1 de la planicie<span class=\"media-credits\">MIGUEL BOYAYAN<\/span><\/p><\/div>\n<p>Apenas a un paso de los comandos de la caja de control instalada en la pared un d\u00eda antes, S\u00e9rgio Luiz Carmelo Barroso, un f\u00edsico de 34 a\u00f1os, observa el descenso de la cortina azul de<em>chamois<\/em> que protege los espejos de uno de los telescopios del Observatorio Pierre Auger, en construcci\u00f3n en el oeste de Argentina. No parece estar muy satisfecho. En el centro de ese grueso pa\u00f1o se forma un c\u00edrculo de una coloraci\u00f3n roja intensa, efecto de la luz ultravioleta que atraviesa una lente de 5 metros de di\u00e1metro. &#8220;No est\u00e1 nada mal&#8221;, dice, consol\u00e1ndose, ya que su plan consist\u00eda en que ni un atisbo de la luz de esa soleada ma\u00f1ana de domingo atravesase la cortina. &#8220;Aspiramos a alcanzar la perfecci\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Barroso y Marcelo Augusto Leigui de Oliveira, de 33 a\u00f1os, ambos de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), llegaron a la perfecci\u00f3n reci\u00e9n tres d\u00edas despu\u00e9s, cuando cambiaron la cortina azul por otra de color negro, capaz de impedir completamente el paso de la luz. Estos dos paulistas trabajaron durante semanas en penumbras, instalando otras cajas de control y las protecciones de los espejos, en medio de anchas cortinas de espeso pl\u00e1stico negro, que separan los distintos conjuntos de espejos y se asemejan a los bastidores de un teatro. Afuera, bajo un cielo azul cobalto despejado, los Andes se dejan ver al oeste con nitidez, con sus picos cubiertos de nieve y su cuerpo extendido como un bloque de madera dura tallado a fuerza de golpes secos de fac\u00f3n.<\/p>\n<p>Enclavada a unos 100 kil\u00f3metros, la cadena de monta\u00f1as m\u00e1s alta de Sudam\u00e9rica parece estar bien cerca, debido a la excelente visibilidad, producto a su vez de la baja humedad y la ausencia casi absoluta de contaminaci\u00f3n del aire. Las condiciones clim\u00e1ticas y la amplitud de esta planicie, cuya l\u00ednea del horizonte al este parece fundirse con un mar imaginario, hicieron de esta regi\u00f3n semides\u00e9rtica en Argentina el espacio perfecto para erigir el Observatorio Pierre Auger de Rayos C\u00f3smicos, uno de las mayores y m\u00e1s ambiciosas empresas ya emprendidas en la historia de la f\u00edsica. Durante este mes de agosto se inaugura all\u00ed una nueva fase.<\/p>\n<p>Es que empieza la etapa de producci\u00f3n, la tercera y la \u00faltima, con el ensamblado intensivo de equipos, siguiendo los est\u00e1ndares verificados y definidos durante las dos fases anteriores &#8220;la de prototipos y la previa a la producci\u00f3n&#8221;, que se extendieron durante los \u00faltimos tres a\u00f1os.El Pierre Auger es el mayor laboratorio a campo abierto ya proyectado en el mundo. Comenz\u00f3 a ocupar los alrededores de Malarg\u00fce, una ciudad con una poblaci\u00f3n estimada en 20 mil habitantes (y dos ochavas con sem\u00e1foros) ubicada a 420 kil\u00f3metros de Mendoza, el centro urbano m\u00e1s cercano dotado de l\u00edneas a\u00e9reas regulares.<\/p>\n<p>Para cubrir sus costos, estimados en 54 millones de d\u00f3lares, se form\u00f3 un consorcio integrado por instituciones de 18 pa\u00edses. Brasil participa con 2,5 millones de reales, por medio de un proyecto tem\u00e1tico de la FAPESP (que aporta 1,8 millones de reales) y del Programa de N\u00facleos de Excelencia en Investigaci\u00f3n (Pronex) del Ministerio de Ciencia y Tecnolog\u00eda (que destina 700 mil reales). El\u00a0<em>chairman<\/em> del\u00a0<em>finance board<\/em> , que re\u00fane a representantes de los diferentes pa\u00edses, es Jos\u00e9 Fernando Perez, director cient\u00edfico de la FAPESP. &#8220;El hecho de que el\u00a0<em>chairman<\/em> sea un brasile\u00f1o brinda una idea acerca de la dimensi\u00f3n, de la importancia de la investigaci\u00f3n brasile\u00f1a para el proyecto&#8221;, dice Perez.<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de este emprendimiento, que cuenta con la participaci\u00f3n de 250 cient\u00edficos, es detectar e interpretar rayos c\u00f3smicos. Los rayos c\u00f3smicos son part\u00edculas subat\u00f3micas con una energ\u00eda colosal: de m\u00ednima 100 millones de veces superior a la de aqu\u00e9llas producidas en el m\u00e1s potente acelerador de part\u00edculas, que es el Tevatron, emplazado en Estados Unidos. En t\u00e9rminos m\u00e1s concretos, esto significa que los citados rayos tienen una energ\u00eda equivalente a la de una pelota de f\u00fatbol que se desplaza a 54 kil\u00f3metros por hora, o a la de una pelotita de tenis tras el saque de un profesional como Gustavo &#8220;Guga&#8221; Kuerten.<\/p>\n<p>Cuando est\u00e9 operando a plena capacidad, esto es, probablemente dentro de tres a\u00f1os, el Pierre Auger ocupar\u00e1 3 mil kil\u00f3metros cuadrados, el doble del \u00e1rea de la ciudad de S\u00e3o Paulo, y los resultados que de all\u00ed salgan quiz\u00e1 sean valiosos para entender una serie de fen\u00f3menos f\u00edsicos, que van desde la constituci\u00f3n de la materia hasta la formaci\u00f3n del universo. Pero, desde ya, el observatorio se superpone al paisaje al pie de los Andes.<\/p>\n<p><strong>Contrastes<br \/>\n<\/strong>Entre los matorrales de plantas espinosas, que crecen sobre un suelo pedregoso, se distribuyen los llamados tanques Cerenkov, cada uno de los cuales tiene 3,7 metros de di\u00e1metro. Dentro de estos tanques hay 11 mil litros de agua de alta pureza, y por fuera de ellos hay dispuestos paneles solares que les suministran energ\u00eda, almacenada en bater\u00edas elaboradas por la empresa Moura, de Recife (Pernambuco), y que es a su vez utilizada por miniprocesadores, acoplados a antenas de radio. Estos conjuntos reciben el nombre de detectores de superficie, y constituyen uno de los recursos utilizados para registrar rayos c\u00f3smicos en forma indirecta, ya que, al entrar en la atm\u00f3sfera, \u00e9stos forman billones de otras diferentes part\u00edculas.<\/p>\n<p>Al atravesar las paredes de los tanques y pasar por el agua, las part\u00edculas formadas como producto de la fragmentaci\u00f3n de los rayos c\u00f3smicos generan una radiaci\u00f3n azulada: la luz Cerenkov. Una vez captada por lossensores, dicha luz es enviada a trav\u00e9s de ondas de radio hacia la sede del observatorio, una moderna construcci\u00f3n emplazada en el acceso de Malarg\u00fce, de paredes laterales erigidas en vidrio, desde las cuales pueden verse a lo lejos hileras de \u00e1lamos, que en esta \u00e9poca del a\u00f1o, debido a la sequ\u00eda y al fr\u00edo, est\u00e1n grises, y completamente deshojados.<\/p>\n<p>Hasta el momento se han montado 131 tanques, de los cuales 50 ya est\u00e1n funcionamiento. Separados a distancias regulares de un kil\u00f3metro y medio entre cada uno de ellos, los reservorios est\u00e1n alineados con los detectores de fluorescencia, tal como se denomina a los telescopios provistos de espejos y fotodetectores, los ojos de mosca que registran a luz tenue emitida por el nitr\u00f3geno del aire tras su colisi\u00f3n con las part\u00edculas en la alta atm\u00f3sfera equivalente a la energ\u00eda de una l\u00e1mpara de 5 vatios ubicada a 20 kil\u00f3metros de distancia. Por ser tan sensibles, los detectores de fluorescencia solamente funcionan a oscuras, en noches sin luna, mientras que los tanques captan rayos c\u00f3smicos ininterrumpidamente.<\/p>\n<p>El Pierre Auger ser\u00e1 el primer observatorio que integrar\u00e1 estos dos m\u00e9todos de observaci\u00f3n. Hasta ahora ambos hab\u00edan sido utilizados por separado en observatorios menores, como el Fly&#8217;s Eye, que funcion\u00f3 entre 1981 y 1992 en Estados Unidos con 67 telescopios, y el Agasa, de Jap\u00f3n, con 111 detectores de superficie. Existen en la actualidad dos telescopios en operaci\u00f3n pero, tan solo uno de ellos, el que lleva el n\u00famero 4, est\u00e1 completo, ahora ya con la cortina de\u00a0<em>chamois<\/em>. Ambos forman parte de un edificio &#8220;u ojo&#8221; con forma de semic\u00edrculo, llamado Los Leones, que ocupa un cerro enclavado a 6 kil\u00f3metros de Malarg\u00fce.<\/p>\n<p>Bajo la supervisi\u00f3n de Carlos Escobar, de la Unicamp, el equipo brasile\u00f1o integrado por 22 investigadores paulistas, incluidos dos de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), y otros diez del Centro Brasile\u00f1o de Investigaciones F\u00edsicas (CBPF, sigla en portugu\u00e9s) de R\u00edo de Janeiro y de las universidades federales Fluminense (UFF) y de Bah\u00eda (UFBA) trabaja en los telescopios y en la instalaci\u00f3n de los tanques, fabricados por la empresa Alpina, de S\u00e3o Paulo. En las instalaciones del cerro Los Leones, los brasile\u00f1os est\u00e1n poniendo en funcionamiento los motores y las cajas de controles de los<em>shutters<\/em> , que son las puertas de protecci\u00f3n de los telescopios.<\/p>\n<p>Tienen por delante todav\u00eda el ensamble de las lentes correctoras &#8211; producidas por la empresa Schwantz, de Indaiatuba, interior paulista &#8211; en los otros cuatro telescopios que ser\u00e1n instalados en Los Leones. Dichas lentes convergentes, en formato de trapecio y de 25 cent\u00edmetros de altura, elaboradas en vidrio alem\u00e1n, forman un anillo corrector a lo largo de los bordes del diafragma, que regula la entrada de luz, a la manera del diafragma de una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, y aumenta el radio de la lente de 85 a 110 cent\u00edmetros, sin por ello perder la calidad de la imagen.<\/p>\n<p>Cuando los\u00a0<em>shutters<\/em> y las cortinas se abren, la tenue luz generada por los rayos c\u00f3smicos atraviesa los filtros ultravioleta y la lente incide sobre un espejo parab\u00f3lico, formado a decir verdad por 60 espejos, y se refleja en los fototubos, un conjuntos de 440 c\u00e9lulas de 4 cent\u00edmetros cada una: los ojos de mosca.<\/p>\n<p><strong>Luces raras<br \/>\n<\/strong>De acuerdo con la planificaci\u00f3n, habr\u00e1 cuatro edificaciones y de las restantes tres, \u00fanicamente la segunda, llamada Coihueco, y ubicada a 60 kil\u00f3metros de Los Leones, ya ha sido erigida, y se encuentra en la fase inicial de ensamblado delos equipamientos. Juntas, esas cuatro construcciones contar\u00e1n con 24 telescopios, con un \u00e1ngulo de visi\u00f3n que cubre la superficie casi hasta los 32\u00b0 del cielo del Hemisferio Sur. La planicie andina ser\u00e1 tambi\u00e9n puntuada con un total de 1.600 tanques Cerenkov, de modo tal que se pueda captar el mayor n\u00famero posible de esas raras part\u00edculas c\u00f3smicas. Se estima que llega a la Tierra una part\u00edcula de alta energ\u00eda por kil\u00f3metro cuadrado por siglo. Por lo tanto, cuanto m\u00e1s grande es el \u00e1rea ocupada por los equipamientos, mayor es la probabilidad de registrar m\u00e1s eventos. Cuando todos los detectores de superficie y de fluorescencia se encuentren en operaci\u00f3n, se espera registrar 20 \u00f3 30 eventos anualmente.<\/p>\n<p>Y se esta trabajando intensamente, con la mira puesta en alcanzar esa meta. A comienzos de julio, f\u00edsicos eslovenos, italianos, franceses, brasile\u00f1os, estadounidenses y argentinos &#8211; en su mayor\u00eda posdoctores, con edades de alrededor de 30 a\u00f1os &#8211; ensamblaban sus equipamientos durante el d\u00eda en los tanques o en Los Leones, y por las noches, muchas veces hasta las 3 de la ma\u00f1ana, en los talleres del edificio ubicado en la ciudad. Y es probable que este ritmo se intensifique a partir de este mes, cuando dar\u00e1n inicio al montaje en serie de los equipamientos. Se pretende llegar a diciembre con por lo menos 250 tanques y seis telescopios en funcionamiento (cuatro en Los Leones y dos en Coihueco).<\/p>\n<p>Para respetar los plazos, el mismo domingo en el que los dos paulistas realizaban las pruebas con la cortina en Los Leones, el franc\u00e9s Xavier Bertou y el estadounidense Patrick Allison sub\u00edan a los tanques instalados en el campo, expuestos al viento fr\u00edo, para armar las cajas de control, m\u00e1s compactas y con menos cables que en la versi\u00f3n utilizada en los tanques Cerenkov m\u00e1s antiguos. Su plan consist\u00eda terminar la instalaci\u00f3n de 50 nuevos tanques en algunas semanas. &#8220;Ac\u00e1 de vez en cuando llueve&#8221;, dice Bertou, &#8220;y la instalaci\u00f3n prototipo no estaba muy bien protegida contra el agua&#8221;.<\/p>\n<p>Si alguien los hubiera visto en el taller de la ciudad unos d\u00edas antes, ajustando tornillos o montando con destreza las nuevas cajas de control de los tanques, con piezas provenientes de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, podr\u00eda pensar que se tratase de electricistas, en el mejor de los casos, de ingenieros, pero dif\u00edcilmente podr\u00eda imaginar que fuesen posdoctorandos en f\u00edsica de altas energ\u00edas. &#8220;Tenemos que hacer todo lo que sea necesario&#8221;, dice, diplom\u00e1ticamente, este franc\u00e9s de 30 a\u00f1os ligado a la Universidad de Chicago, Estados Unidos, que parece disfrutar muy poco de la solemnidad de su cargo de coordinador de operaciones cient\u00edficas. Bertou abandon\u00f3 Par\u00eds a comienzos del a\u00f1o pasado para instalarse en Malarg\u00fce. Hoy en d\u00eda no logra dejar la costumbre de tomarse unos mates al atardecer.<\/p>\n<p>Allison, uno de los m\u00e1s j\u00f3venes integrantes del equipo, tiene 26 a\u00f1os, pero parece tener menos de 20. &#8220;Este muchacho es un cr\u00e1neo&#8221;, comenta el argentino Ricardo P\u00e9rez, al observarlo probando los controles electr\u00f3nicos de los tanques. &#8220;El Auger existe gracias a \u00e9l&#8221;, a\u00f1ade. Ese joven norteamericano, doctorando de la Universidad de Pensilvania, fue quien cre\u00f3 los programas que hacen la comunicaci\u00f3n entre los detectores de superficie y la Estaci\u00f3n Central, con el horario exacto, la intensidad y la localizaci\u00f3n precisa de los registros de rayos c\u00f3smicos. Aun cuando ya ha estado en Malarg\u00fce en 14 oportunidades desde que se integr\u00f3 al proyecto, hace siete a\u00f1os, Allison habla muy poco en castellano. La raz\u00f3n de ello, seg\u00fan explica, es que se pone nervioso al no lograr expresarse en otro idioma tan r\u00e1pidamente como en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>De perfil discreto, P\u00e9rez prefiere referirse a los otros. \u00c9l es una pieza esencial en el d\u00eda a d\u00eda. Y no solamente porque resuelve problemas pr\u00e1cticos enla instalaci\u00f3n de los tanques Cerenkov. Como encargado por de mantenimiento, este argentino de 31 a\u00f1os nacido en Malarg\u00fce sigui\u00f3 de cerca el montaje de los primeros tanques, que inicialmente no funcionaban, debido a una sencilla raz\u00f3n: las vacas que pastaban en las cercan\u00edas de los tanques se com\u00edan los cables de transmisi\u00f3n de datos. Y fue precisamente P\u00e9rez, un t\u00e9cnico en miner\u00eda, quien dise\u00f1\u00f3 una caja de protecci\u00f3n para el tendido el\u00e9ctrico y entonces las vacas nunca m\u00e1s obstruyeron la labor de la ciencia.<\/p>\n<p>Pero su val\u00eda va m\u00e1s all\u00e1 de ello. P\u00e9rez parece haber logrado entender, respetar y conciliar el estilo de trabajo de alemanes, franceses, estadounidenses y argentinos. &#8220;Debemos valorar las cosas buenas y relativizar las deficiencias de cada grupo&#8221;, comenta Perez, con una clara visi\u00f3n acerca de la grandiosidad de este trabajo. Para \u00e9l, el hecho de que al menos ocho tanques Cerenkov hayan sido bautizados con el nombre de Paz en portugu\u00e9s, ingl\u00e9s, castellano y franc\u00e9s, e incluso en \u00e1rabe &#8220;aunque la mayor\u00eda de los tanques tiene nombre de mujeres, empezando por el primero, bautizado por investigadores cariocas&#8221;, significa que es posible dejar de lado la pol\u00edtica y establecer una colaboraci\u00f3n internacional con objetivos comunes con base en la ciencia.<\/p>\n<p><strong>Incertidumbre<br \/>\n<\/strong>Mediante el uso de los programas de Allison, y con los cables ahora protegidos contra las mordeduras vacunas (en los nuevos controles electr\u00f3nicos los cables van embutidos), llegaron informaciones sobre unos 300 episodios &#8211; algunos de los cuales fueron registrados simult\u00e1neamente por 20 tanques &#8211; con una energ\u00eda superior a 10<sup>18<\/sup> (el n\u00famero 1 seguido de 18 ceros) electronvoltios (eV), un mill\u00f3n de billones de veces (o un trill\u00f3n) superior a la de un electr\u00f3n. Son resultados preliminares, sujetos a confirmaci\u00f3n, pero ya es un nivel de energ\u00eda 3 mil veces m\u00e1s alto que el de los rayos c\u00f3smicos detectados por el f\u00edsico franc\u00e9s Pierre Victor Auger (1899-1993), que inspir\u00f3 este proyecto al registrar la primera lluvia de part\u00edculas, en 1938.<\/p>\n<p>La esperada materia prima de la investigaci\u00f3n est\u00e1 empezando a llegar. Pero existe un acuerdo entre los investigadores: a expensas de que ello resultar\u00eda tentador, decidieron no detenerse para analizar los datos &#8220;incluso porque a\u00fan se los considera escasos&#8221; mientras las obras de construcci\u00f3n de los detectores no est\u00e9n arribando a su fin. As\u00ed y todo, existe una cuesti\u00f3n intrigante que ocupa los momentos de descanso de los f\u00edsicos. \u00c9sta se refiere a la diferencia &#8220;o discrepancia&#8221; que se verifica entre los datos registrados por los dos distintos tipos de detectores: los de superficie captaron part\u00edculas con el doble de energ\u00eda que la que se verific\u00f3 con los detectores de fluorescencia, de acuerdo con los m\u00e9todos de an\u00e1lisis de cada tipo de equipamiento (y efectivamente son las mismas, pues llegaron exactamente en el mismo horario).<\/p>\n<p>&#8220;Los modelos te\u00f3ricos de an\u00e1lisis de datos probablemente son err\u00f3neos&#8221;, asegura Allison frente a este obst\u00e1culo, que a decir verdad aparece como una de las primeras grandes cartas de triunfo de este gigantesco trabajo: &#8220;Si no cont\u00e1semos con dos tipos de detectores, no sabr\u00edamos que algo puede no estar correcto&#8221;.No cabe dudas acerca de que es todo un reto la cuesti\u00f3n de rever las bases conceptuales de algo cuya naturaleza se desconoce. Al fin y al cabo, \u00bfqu\u00e9 son los rayos c\u00f3smicos? &#8220;Pueden ser protones (part\u00edculas que forman parte del n\u00facleo at\u00f3mico), fotones (part\u00edculas de luz) o incluso n\u00facleos enteros de \u00e1tomos como los de hierro&#8221;, dice Miguel Mostafa, un ingeniero nuclear de 33 a\u00f1os que integra el equipo de la Universidad de Nuevo M\u00e9xico, Estados Unidos.<\/p>\n<p>Antes de mudarse a Albuquerque, Nuevo M\u00e9xico, hace un a\u00f1o, este argentino de Bariloche hizo su posdoctorado en la Universidad de Tur\u00edn, Italia, con Rosanna Cester \u00a0&#8211; una investigadora de m\u00e1s 70 a\u00f1os que acompa\u00f1a personalmente la construcci\u00f3n de las lentes de los telescopios. Cester dirigi\u00f3 tambi\u00e9n el posdoctorado de Marcelo Oliveira entre febrero de 2000 y mayo de 2001, y ahora hace lo propio con Michela Chiosso, doctoranda que en julio pasado trabajaba en un contenedor anexo a Los Leones, en el aparato de emisi\u00f3n de l\u00e1ser que controla la precisi\u00f3n de los detectores de rayos c\u00f3smicos.<\/p>\n<p>&#8220;Por ahora&#8221;, dice Mostafa, \u00e9l contin\u00faa entreteni\u00e9ndose con las dudas que lo motivan a trabajar. &#8220;Los rayos c\u00f3smicos pueden ser cualquier cosa, porque no sabemos de d\u00f3nde vienen, ni c\u00f3mo se forman y c\u00f3mo se aceleran&#8221;. Se cree que son part\u00edculas formadas en un radio de hasta 3,2 millones de a\u00f1os luz (1 a\u00f1o luz corresponde a 9,5 billones de kil\u00f3metros), en los bordes o inmediatamente despu\u00e9s de nuestra galaxia, la V\u00eda L\u00e1ctea, y que interact\u00faan con los fotones remanentes del Big Bang, la explosi\u00f3n que habr\u00eda dado origen al universo.<\/p>\n<p>En una demostraci\u00f3n que indica c\u00f3mo incluso los conceptos b\u00e1sicos son pasibles de ajustes, Mostafa dice que las part\u00edculas c\u00f3smicas deben entrar en la atm\u00f3sfera formando una l\u00ednea recta a partir del punto en el que se formaron, mientras que el norteamericano Brian Fick, f\u00edsico de la Universidad de Utah, Estados Unidos, uno de los l\u00edderes del grupo, de 50 a\u00f1os, sugiere otra posibilidad: &#8220;Puede ser que los campos magn\u00e9ticos, que son d\u00e9biles, pero que est\u00e1n en todas partes, desv\u00eden las part\u00edculas&#8221;. El problema es que nadie ha medido a\u00fan los campos magn\u00e9ticos extragal\u00e1cticos, cuya intensidad var\u00eda 500 veces, dependiendo del modelo te\u00f3rico que se adopte.<\/p>\n<p>Otro punto de la teor\u00eda que debe ser revisado es el llamado l\u00edmite GZK, abreviatura de los apellidos de tres f\u00edsicos, Kenneth Greisen, George Zatsepin y Vadem Kuzmin, que en 1966 postularon que los rayos c\u00f3smicos con energ\u00eda superior a 5 x 10<sup>19<\/sup> eV ser\u00edan absorbidos a medida en que viajasen a trav\u00e9s del espacio, y jam\u00e1s ser\u00edan observados desde la Tierra. Pero s\u00ed lo fueron. El Fly&#8217;s Eye registr\u00f3 en 1993 part\u00edculas con 3 x 10<sup>20<\/sup> eV &#8211; precisamente, las part\u00edculas con ese nivel de energ\u00eda son las m\u00e1s esperadas en el Pierre Auger, pues podr\u00e1n indicar si ese r\u00e9cord mundial es realmente v\u00e1lido o si ha habido alg\u00fan error en las mediciones.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed ya se conoce relativamente bien es el proceso de fragmentaci\u00f3n de los rayos c\u00f3smicos, la llamada lluvia de part\u00edculas. Al entrar en la atm\u00f3sfera terrestre, provenientes vaya uno a saber de d\u00f3nde, en apenas 100 microsegundos &#8220;he all\u00ed otra raz\u00f3n para la sofisticaci\u00f3n de los equipamientos&#8221;, los rayos c\u00f3smicos entran en colisi\u00f3n con las part\u00edculas del aire, en especial con el nitr\u00f3geno, y se deshacen en medio a sucesivas colisiones, formando alrededor de 10 billones de part\u00edculas, captadas por los detectores debido a la luz que producen. El eje de la lluvia, ubicado una distancia de hasta mil metros del punto de la primera colisi\u00f3n, esta constituido de protones, electrones y fotones.<\/p>\n<p>En las laterales y en las regiones m\u00e1s bajas se forman otros tipos de part\u00edculas al margen de los electrones, tales como los muones (similares a los electrones, pero 200 veces m\u00e1s pesados) y los neutrinos, que aparentemente tiene una masa muy reducida. Pero, reconstituir el chubasco c\u00f3smico en detalle, y tambi\u00e9n conocer la direcci\u00f3n y la naturaleza de la part\u00edcula que lo origin\u00f3, &#8220;es como descubrir el color del pelo de tu tataratatarabuelo a partir de tu propio color de cabello&#8221;, compara Barroso. El privilegio de establecer hip\u00f3tesis m\u00e1s concretas sobre qu\u00e9 rayos son los rayos c\u00f3smicos quiz\u00e1s sea del indonesio Richard Randria, asiduo piloto de las computadoras del Centro de Adquisici\u00f3n de Datos, ubicado en el primer piso del edificio de la Estaci\u00f3n Central en la ciudad, hacia la cual convergen los registros de los detectores de superficie y de fluorescencia.<\/p>\n<p>Desde que ingres\u00f3 al proyecto, hace un a\u00f1o y medio, como integrante del equipo de la Universidad de Jussieu, Par\u00eds, este ingeniero electr\u00f3nico de 29 a\u00f1os, que ha vivido anteriormente en Guyana y en Lisboa, ha elaborado alrededor de diez programas para el procesamiento de las informaciones de los diferentes estadios de la cascada de part\u00edculas. &#8220;Necesito prever el futuro y preparar los programas para que operen con una cantidad muy elevada de informaciones&#8221;, dice Randria. Y \u00e9l ya lo sabe: las informaciones que circulan por estas computadoras, luego de ser analizadas, pueden hacer caer por tierra o confirmar los modelos de interacci\u00f3n de las part\u00edculas at\u00f3micas, de evoluci\u00f3n de las estrellas y de constituci\u00f3n del universo.<\/p>\n<p>La perspectiva de contribuir para la revisi\u00f3n de las leyes b\u00e1sicas de la f\u00edsica parece ser un est\u00edmulo para afrontar los viajes en avi\u00f3n hasta Mendoza, y posteriormente las seis horas en coche o en \u00f3mnibus (con algo de suerte, Randria demora 41 horas para hacer el trayecto entre Par\u00eds y Malarg\u00fce).Cuando los cient\u00edficos descubran qu\u00e9 son los rayos c\u00f3smicos, es probable que se desvanezcan en sus rostros las se\u00f1ales de cansancio, la ansiedad y la inquietud ocasionadas por el retraso de los equipos, el fr\u00edo exasperador y las cosas que tambi\u00e9n demoran para salir como es de esperarse. &#8220;Ser\u00e1 un d\u00eda de satisfacci\u00f3n, pero quiz\u00e1 tambi\u00e9n sea un d\u00eda un poco triste&#8221;, imagina Fick, que trabaja en el Auger desde 1992, cuando dicho proyecto era tan solamente una idea.<\/p>\n<p>En este momento, viendo a los cient\u00edficos trabajando en este fin del mundo, viene a la mente un cuento del escritor bahiano Jo\u00e3o Ubaldo Ribeiro, que narra la historia de un hombre que durante a\u00f1os intent\u00f3 pescar un robalo. El pez siempre se le escapaba; parec\u00eda agradarle esa persecuci\u00f3n. Hasta que un d\u00eda se entreg\u00f3. El hombre le asest\u00f3 el arp\u00f3n y lo llev\u00f3 a la mesa en silencio, con la impresi\u00f3n de que, aquel d\u00eda, el pez hab\u00eda querido morir. Algo entonces se hab\u00eda perdido.<\/p>\n<p>Y s\u00ed, efectivamente, la ciencia es una pesca que exige resultados. De estas mismas tierras australes, que hace 150 millones de a\u00f1os formaban un golfo, ya se han desenterrado ictiosauros, cocodrilos marinos y esqueletos, que llevaron a concluir que en este pedazo de Argentina la ocupaci\u00f3n humana se inici\u00f3 hace alrededor de 7 mil a\u00f1os. Pero los f\u00edsicos no tienen ninguna garant\u00eda de que el cielo les ser\u00e1 tan generoso.<\/p>\n<p>Como en cualquier emprendimiento cient\u00edfico, no es enteramente descabellada la posibilidad de que estas part\u00edculas se mantengan como un enigma, aun con el Pierre Auger funcionando en plena capacidad. &#8220;Puede ser que arribemos a la conclusi\u00f3n de que es necesario construir algo mayor todav\u00eda&#8221;, conjetura Oliveira, de la Unicamp. &#8220;Pero eso, solamente reci\u00e9n dentro de 20 a\u00f1os lo sabremos.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Los Proyectos<\/strong><br \/>\n<strong>1.<\/strong> Observatorio Pierre Auger (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1299\/observatorio-pierre-auger\/\" target=\"_blank\">99\/05404-3<\/a>);\u00a0<strong>Coordinador:\u00a0<\/strong>Carlos Our\u00edvio Escobar &#8211; Unicamp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n:\u00a0<\/strong>R$ 1.884.287,12 (FAPESP) y\u00a0R$ 600 mil (Pronex, MCT)<br \/>\n<strong>2<\/strong>. Proyecto Pierre Auger;\u00a0<strong style=\"line-height: 1.5;\">Coordinador:\u00a0<\/strong>Ronald Cintra Shellard &#8211; CBPF;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n:\u00a0<\/strong>R$ 100 mil (MCT)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Comienza la etapa final de la construcci\u00f3n del Observatorio Pierre Auger","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-76664","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76664","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76664"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76664\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76664"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76664"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76664"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76664"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}