{"id":76673,"date":"2003-08-01T00:00:00","date_gmt":"2003-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/08\/01\/la-sagrada-alma-brasilena-2\/"},"modified":"2016-01-29T14:07:32","modified_gmt":"2016-01-29T16:07:32","slug":"la-sagrada-alma-brasilena-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-sagrada-alma-brasilena-2\/","title":{"rendered":"La sagrada alma brasile\u00f1a"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_95047\" style=\"max-width: 180px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2003\/08\/01\/la-sagrada-alma-brasilena-2\/santa\/\" rel=\"attachment wp-att-95047\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-95047\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/santa.jpg\" alt=\"\" width=\"170\" height=\"120\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/santa.jpg 170w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/08\/santa-120x85.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 170px) 100vw, 170px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">MANOEL NUNES DA SILVA\/ IGREJAS PAULISTAS: BARROCO E ROCOC\u00d3<\/span><\/a> Santa Magdalena (siglo XVIII), de It\u00fa. Retablo Nossa Senhora das Dores, en la nave de la Catedral de Campinas<span class=\"media-credits\">MANOEL NUNES DA SILVA\/ IGREJAS PAULISTAS: BARROCO E ROCOC\u00d3<\/span><\/p><\/div>\n<p>Existen muchas maneras de contar una misma historia. Es posible, por ejemplo, aprender sobre el S\u00e3o Paulo del per\u00edodo colonial deteni\u00e9ndose en las iglesias erigidas en aquella \u00e9poca. A decir verdad, ni siquiera es necesario hacer un an\u00e1lisis minucioso de esos templos. Alguno que otro detalle pinzado en cada uno de ellos puede revelar una serie de informaciones preciosas. En el libro<em>Igrejas Paulistas: Barroco e Rococ\u00f3<\/em> [<em>Iglesias Paulistas: Barroco y Rococ\u00f3<\/em> ] (Editora Unesp\/ Prensa Oficial SP), su autor, Percival Tirapeli, profesor libre docente de Arte Brasile\u00f1o y Pintura del campus de S\u00e3o Paulo del Instituto de Artes de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), escogi\u00f3 iglesias, pinturas, esculturas y retablos, estos \u00faltimos popularmente conocidos como altares. La intenci\u00f3n de Tirapeli era m\u00e1s expl\u00edcita: este experto en arte sacro, que tambi\u00e9n es artista pl\u00e1stico, se plante\u00f3 analizar la obra m\u00e1s importante de cada una de las iglesias que visit\u00f3 en el estado \u2013\u00a069 en total, en 37 ciudades diferentes. Con ello trazar\u00eda un panorama de la morfolog\u00eda de las ornamentaciones, bajo la lente de la arqueolog\u00eda.<\/p>\n<p>&#8220;Mi libro no es sobre la historia de las iglesias&#8221;, advierte el autor. El objetivo es retratar el lado arqueol\u00f3gico, la g\u00e9nesis del arte sacro preservado en S\u00e3o Paulo. Como si de por s\u00ed no bastase ya con el in\u00e9dito estudio llevado a cabo, Tirapeli se depar\u00f3 con un tesoro, cuando ya estaba en la recta final de su trabajo. Puede ser la m\u00e1s antigua obra de tallado del arte brasile\u00f1o (<em>que puede verse las fotos que ilustran estas p\u00e1ginas<\/em> ). Un objeto de madera habr\u00eda formado parte de la segunda iglesia matriz de S\u00e3o Vicente (la primera fue destruida por un terremoto), dedicada a Nuestra Se\u00f1ora de la Concepci\u00f3n, datada en 1559, en el litoral de S\u00e3o Paulo. Hasta ahora, esta atribuci\u00f3n era dada a los altares de los Santos M\u00e1rtires, preservados en la Catedral de Salvador.<\/p>\n<p>El autor opt\u00f3 por transitar por dos caminos anteriormente trazados para elaborar su libro. El primero de ellos fue el de la investigaci\u00f3n de su tesina, intitulada\u00a0<em>La Construcci\u00f3n Religiosa en el Contexto Urbano del Valle do Para\u00edba, Estado de S\u00e3o Paulo<\/em> , defendida en la USP en 1984. La segunda inspiraci\u00f3n surgi\u00f3 de M\u00e1rio de Andrade, quien realiz\u00f3 el primer relevamiento fotogr\u00e1fico de las iglesias paulistas junto al fot\u00f3grafo Germano Graeser, en 1937, por ocasi\u00f3n de la creaci\u00f3n del Servicio del Patrimonio Hist\u00f3rico y Art\u00edstico Nacional (Sphan).En<em>Igrejas Paulistas: Barroco e Rococ\u00f3<\/em> , Percival Tirapeli decidi\u00f3 organizar la investigaci\u00f3n de la misma manera que M\u00e1rio de Andrade. As\u00ed, las 69 iglesias est\u00e1n organizadas por caminos \u2013\u00a0camino del litoral, el camino hacia las minas de oro, los caminos jesu\u00edticos, los alrededores de S\u00e3o Paulo, los caminos hacia el sur, hacia el Valle do Para\u00edba y hacia el Valle do Tiet\u00ea \u2013\u00a0y en 474 fotos, la mayor\u00eda de \u00e9stas in\u00e9ditas.<\/p>\n<p>El libro comenz\u00f3 a cobrar forma en diciembre de 2001. El autor peregrin\u00f3 por todas las ciudades, tras la pre-producci\u00f3n de la m\u00e1ster en artes Maria Jos\u00e9 Spiteri Tavolaro Passos, quien abri\u00f3 los caminos \u2013\u00a0y, principalmente, siguiendo sus indicaciones, las puertas de las iglesias \u2013\u00a0para que Trapeli se inmergiera en la historia de esos lugares. Como base el investigador utiliz\u00f3 obras consolidadas, como es el caso de\u00a0<em>As Igrejas de S\u00e3o Paulo<\/em> [<em>Las Iglesias de S\u00e3o Paulo<\/em>] , de Leonardo Arroyo (1954). El Archivo de la Curia de S\u00e3o Paulo, que cuenta con uno de los m\u00e1s preciosos acervos del per\u00edodo colonial, tambi\u00e9n fue bastante visitado. Y, para conocer las particularidades de cada una de las iglesias, echaba manos de los libretos de cada localidad y de los textos b\u00e1sicos de las iglesias.<\/p>\n<p>Una vez terminado el circuito, el profesor convoc\u00f3 al fot\u00f3grafo Manoel Nunes da Silva para registrar las im\u00e1genes. Entonces comenz\u00f3 todo de nuevo. &#8220;Recorr\u00ed dos veces casi todas las 37 ciudades&#8221;, comenta Tirapeli. La intenci\u00f3n era preservar la atm\u00f3sfera original de los templos, una empresa muchas veces dif\u00edcil, pues \u00e9stos se encontraban descaracterizados por la acci\u00f3n de los fieles, acostumbrados a darle un toque personal a los altares y a las im\u00e1genes. La primera medida al entrar en una iglesia era quitar los manteles y flores del altar. &#8220;En algunos lugares estaban absurdamente adornados&#8221;, comenta el autor. En algunas localidades, Tirapeli se atrev\u00eda a pedir algo m\u00e1s que la simple remoci\u00f3n de los jarrones de flores. En Emb\u00fa, por ejemplo, le solicit\u00f3 al sacrist\u00e1n que sacase los bancos, ya que los mismos no exist\u00edan en el per\u00edodo colonial.<\/p>\n<p>Obviamente, muchas veces no se hizo posible anular la acci\u00f3n del paso de los siglos. Algunos ornamentos ya se hab\u00edan integrado a la decoraci\u00f3n original, a punto tal de que era imposible retirarlos del local. \u00c9se fue el caso de unos sencillos corazoncitos rojos, milim\u00e9tricamente ordenados en la primera hilera de bancos de una iglesia, o de la flores de pl\u00e1stico graciosamente ajustadas para encuadrar una imagen del altar lateral.<\/p>\n<p>La iluminaci\u00f3n tambi\u00e9n fue otra gran preocupaci\u00f3n. Manoel Nunes da Silva utiliz\u00f3 solamente el recurso del flash, sin otros artificios de iluminaci\u00f3n. La intenci\u00f3n era dejar que reinase la luz natural, que, en el caso de las iglesias, es m\u00e1s sinuosa. El problema es que la empresa de los autores del libro se realiz\u00f3 durante el per\u00edodo posterior al racionamiento de luz en Brasil, y muchos templos estaban a la \u00e9poca a\u00fan infestados de aquellas l\u00e1mparas blancas de bajo consumo. La alternativa fue entonces fotografiar con las luces apagadas. &#8220;Bregamos para dejar de lado los modismos, y para mantener las obras tal cual como fueron planeadas y ejecutadas por sus artistas y arquitectos.&#8221;<\/p>\n<p>Naturalmente, el calendario cat\u00f3lico fue cumplido. En un a\u00f1o y medio de viajes, el d\u00fao se depar\u00f3 con la decoraci\u00f3n del tiempo de la Cuaresma, de Corpus Christi y de Navidad. Y todas estas peculiaridades\u00a0uferon muy bien aceptadas por la lente de Manoel Nunes da Silva. &#8220;Decidimos respetar la coloraci\u00f3n lit\u00fargica de cada per\u00edodo.&#8221;<\/p>\n<p>Otra innovaci\u00f3n del libro consiste en que las fotograf\u00edas de los altares aparecen con sus bases, es decir, enteros. De acuerdo con el investigador, los libros de arte ignoran completamente estas bases de los altares, pues es muy dif\u00edcil encuadrarlas. Para conseguir tal efecto es necesario retirar los bancos de la iglesia, y separar todo, pues tales obras de arte llegan a medir 8 metros de altura.<\/p>\n<p>Algunas de las fotos de Germano Graeser tambi\u00e9n est\u00e1n estampadas en el libro, pues ayudan en el reconocimiento de las iglesias. Los cuadros de Benedito Calixto y Miguelzinho Dutra tambi\u00e9n. Siempre que se hizo posible, Tirapeli organiz\u00f3 la explicaci\u00f3n de una iglesia con todas las miradas posibles. Y ahora, una vez concluido el trabajo, surgen las inevitables preguntas: \u00bfcu\u00e1l el la iglesia m\u00e1s bella? \u00bfY la m\u00e1s rica? Como un buen profesor de Historia del Arte y artista pl\u00e1stico, Tirapeli evita cualquier comentario de esa naturaleza. Pero no se exime de listar algunos rankings menos subjetivos. Por ejemplo: la ciudad que tiene m\u00e1s iglesias del per\u00edodo colonial es It\u00fa (son cinco en el libro).<\/p>\n<p>La m\u00e1s completa, o la m\u00e1s preservada, es la Iglesia da Ordem Terceira do Carmo, ubicada en la avenida Rangel Pestana, en el centro de S\u00e3o Paulo, seguida de cerca por la Iglesia da Ordem Terceira de S\u00e3o Francisco, situada en la plaza Largo S\u00e3o Francisco, tambi\u00e9n en el centro paulistano; la Capilla de S\u00e3o Miguel, de los jesuitas, en S\u00e3o Miguel Paulista, tambi\u00e9n en la capital; y por la capilla de S\u00edtio Santo Ant\u00f4nio, en S\u00e3o Roque. La m\u00e1s portentosa es la Catedral de Campinas, toda tallada en cedro, y hecha por un escultor bahiano durante un per\u00edodo colonial m\u00e1s tard\u00edo.<\/p>\n<p>Un lector m\u00e1s sagaz concluir\u00eda que elaborar un ranking de iglesias paulistas ser\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil, porque son m\u00e1s modestas, frente a la majestuosidad de los tradicionales ejemplares de templos de Minas Gerais o de Bah\u00eda. Pero Tirapeli refuta vehementemente tales insinuaciones. En primer lugar, hace alusi\u00f3n al valor hist\u00f3rico del arte sacro de S\u00e3o Paulo, m\u00e1s antiguo que el de las otras regiones. Las iglesias paulistas empezaron a ser erigidas aproximadamente en el 1560, mientras que las de Minas Gerais, por ejemplo, lo fueron m\u00e1s o menos en 1700. Pero se inclina ante las evidencias en lo que se refiere a la est\u00e9tica. &#8220;Ac\u00e1 no hay templos fastuosos como los de Minas y Bah\u00eda; \u00e9ste un barroco m\u00e1s espartano, pero la esencia del arte portugu\u00e9s est\u00e1 presente&#8221;, dice. Existe una ventaja en esa belleza m\u00e1s t\u00edmida: las iglesias paulistas est\u00e1n m\u00e1s conservadas que las de otros estados \u2013\u00a0precisamente, debido a que no ostentan tanta riqueza, tanto oro, fueron menos saqueadas.<\/p>\n<p>Este trabajo del autor de libros tales como\u00a0<em>As Mais Belas Igrejas do Brasil<\/em> [<em>Las M\u00e1s Hermosas Iglesias de Brasil<\/em> ] (Metalivros, 1999) y Barroco Mem\u00f3ria Viva (Editora Unesp\/ Prensa Oficial, 2001) dur\u00f3 un a\u00f1o y ocho meses. Tirapeli, un ex alumno del Seminario Redentorista de Santo Afonso, acompa\u00f1aba desde los 14 a\u00f1os a los sacerdotes en la veneraci\u00f3n de la imagen de Nuestra Se\u00f1ora Aparecida, en la localidad paulista hom\u00f3nima. El profesor sabe que cada foto de su libro cuenta historias de objetos en las que est\u00e1n depositados lo sagrado, la cultura y la historia. Nada como una pieza sagrada para retratar el alma brasile\u00f1a, de acuerdo con Tirapeli.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La arqueolog\u00eda de las iglesias del estado de S\u00e3o Paulo revelada en un libro","protected":false},"author":164,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[479],"class_list":["post-76673","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76673","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/164"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76673"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76673\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76673"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76673"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76673"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76673"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}