{"id":76698,"date":"2003-09-01T00:00:00","date_gmt":"2003-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/09\/01\/la-comedia-tropical-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:39:13","modified_gmt":"2016-01-29T15:39:13","slug":"la-comedia-tropical-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-comedia-tropical-2\/","title":{"rendered":"La comedia tropical"},"content":{"rendered":"<p>Re\u00edr es el mejor remedio, especialmente para aquellas cosas que parecen no tener remedio. Ese mixto de esperanza idealista y cinismo pesimista aliment\u00f3 una experiencia tan pionera como poco conocida en la prensa alternativa del Brasil del siglo XIX: la revista\u00a0<em>A Lanterna M\u00e1gica<\/em> [<em>La Linterna M\u00e1gica<\/em>], editada en R\u00edo de Janeiro entre 1844 y 1845, redactada solitaria y an\u00f3nimamente por el escritor, pintor arquitecto, escen\u00f3grafo, poeta, dramaturgo, ensayista y caricaturista Manuel de Ara\u00fajo Porto-Alegre (1806-1879). En 23 n\u00fameros (la idea era que durase 366 &#8220;actos&#8221;), la revista, en los moldes de los trabajos de la \u00e1cida cr\u00edtica social del dibujante y caricaturista franc\u00e9s Honor\u00e9 Daumier (1808-79), presentaba las aventuras de un par de truhanes sin escr\u00fapulos, cuyo prop\u00f3sito en la vida era enriquecer lo m\u00e1s r\u00e1pido posible.<\/p>\n<p>&#8220;El prop\u00f3sito cr\u00edtico del peri\u00f3dico era la denuncia de la sociedad de su tiempo, ironizando los vicios de car\u00e1cter que observaba y que podemos considerar, lamentablemente, como intemporales: la especulaci\u00f3n, la corrupci\u00f3n y los malandras&#8221;, dice Heliana Angotti Salgueiro, curadora de la muestra (y del reci\u00e9n lanzado cat\u00e1logo de la exposici\u00f3n)\u00a0<em>A Com\u00e9dia Urbana: de Daumier a Porto-Alegre<\/em> [<em>La Comedia Urbana: de Daumier a Porto-Alegre<\/em>], presentada de abril a junio en el Museo de Arte Brasile\u00f1o de la Fundaci\u00f3n Armando Alvares Penteado (FAAP). El inter\u00e9s en Porto-Alegre fue el tema de su posdoctorado en 1995:\u00a0<em>Historia del Arte, Historia de la Ciudad: Actores y Lecturas en el Brasil del Siglo XIX<\/em>, que cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP. Para la exhibici\u00f3n fueron reunidas m\u00e1s de 240 obras, procedentes de 13 museos y bibliotecas de Par\u00eds, S\u00e3o Paulo, R\u00edo de Janeiro y Porto Alegre.<\/p>\n<p>En\u00a0<em>A Lanterna M\u00e1gica<\/em>, Porto-Alegre fue pionero al incluir caricaturas para ilustrar sus textos: los di\u00e1logos entre los dos personajes centrales, Laverno y Belchior dos Passos. Este d\u00fao, antepasados del hero\u00edsmo sin ning\u00fan car\u00e1cter de Macuna\u00edma, hizo de todo para &#8220;salirse bien&#8221; en la ciudad carioca: de novelistas a m\u00e9dicos, pasando por la pol\u00edtica e incluso por la \u00f3pera, ambos fingen entender de todo para arrancarles alg\u00fan dinero a los &#8220;papalvos&#8221; [otarios] de la ciudad. &#8220;Porto-Alegre quer\u00eda mostrar a la luz de su linterna m\u00e1gica los personajes t\u00edpicos de su tiempo, &#8220;los Laverno&#8221; que gravitaban en la sociedad de R\u00edo de Janeiro.<\/p>\n<p>En ese sentido, Porto-Alegre es &#8220;moderno&#8221; en su clarividencia de los problemas de su pa\u00eds, e hizo suyos varios combates, no siempre comprendidos por sus contempor\u00e1neos&#8221;, sostiene la investigadora. &#8220;Al fin y al cabo, luego de vivir siete a\u00f1os en la Par\u00eds de Balzac, Hugo, Sue, Daumier, entre otros, en un universo en el que la prensailustrada, la novela de costumbres, la industrializaci\u00f3n y la desacralizaci\u00f3n de la imagen por la v\u00eda de la litograf\u00eda y la caricatura, y en especial, por la del teatro, produjeron retratos de un nuevo tiempo de comunicaci\u00f3n que se afirmaba en el espacio urbano. As\u00ed, al regresar a Brasil, Porto-Alegre estaba adelantado con relaci\u00f3n a sus compatriotas&#8221;, observa.<\/p>\n<p><strong>Lectura a vapor<\/strong><\/p>\n<p>Porto-Alegre era disc\u00edpulo de Debret. La abdicaci\u00f3n de Pedro I lo tom\u00f3 de sorpresa y lo oblig\u00f3 a partir con destino a Par\u00eds en 1831, con la ayuda de su antiguo maestro. La vida en la capital francesa no fue f\u00e1cil para el brasile\u00f1o, pero all\u00ed pudo vivenciar la explosi\u00f3n de la prensa ilustrada y de la &#8220;modernidad&#8221; visual, en la que la imagen, acompa\u00f1ando las transformaciones por las que pasaba la metr\u00f3polis, sucia e insalubre, se desacraliza, se industrializa, cambiando el &#8220;arte puro y elevado&#8221; por el mercado, por la &#8220;lectura a vapor&#8221; de los carteles callejeros, de las revistas de caricaturas que mostraban los nuevos tipos de los nuevos tiempos. Con el mismo esp\u00edritu de los\u00a0<em>fl\u00e2neurs,<\/em> que pasean sin rumbo fijo por la metr\u00f3polis, los textos tambi\u00e9n comienzan a traer la impronta de la lectura r\u00e1pida, del paso de los ojos por el texto y por las im\u00e1genes, que toman un nuevo status: la capacidad de sintetizar lo real y, por a\u00f1adidura, criticar en forma incisiva esa realidad.<\/p>\n<p>Entre lo mucho que vio, Porto-Alegre se impresion\u00f3 con el personaje literario y teatral Robert Macaire, un ladr\u00f3n, asesino e impostor, acompa\u00f1ado por su fiel y est\u00fapido c\u00f3mplice, Bertrand, una versi\u00f3n en negativo de Don Quijote y Sancho Panza. El \u00e9xito del d\u00fao era inmenso y Daumier ilustr\u00f3 los \u00e1lbumes\u00a0<em>Les Cent-et-un Robert Macaire<\/em>, sobre textos de Alhoy y Huart. El detalle curioso de la fama del canalla era la contrapartida moralista de sus embauques. &#8220;El personaje central, a pesar de sus fechor\u00edas y su cinismo, hac\u00eda una cr\u00edtica violenta a la corrupci\u00f3n, a la codicia, a la deshonestidad imperante entre los poderosos, bajo la m\u00e1scara de la filantrop\u00eda y la respetabilidad. Y m\u00e1s a\u00fan: demostraba permanentemente una enorme habilidad para asumir varias identidades falsas, enga\u00f1ando a los incautos y huyendo de la ley. Todo esto quiz\u00e1s haya impresionado mucho a Porto-Alegre en la pieza\u00a0<em>Robert Macaire<\/em>&#8220;, analiza Jo\u00e3o Roberto Faria.<\/p>\n<p>&#8220;Entre Daumier y Porto-Alegre hay un abismo evidente, pero ambos se encuentran en el teatro de las experiencias de la condici\u00f3n humana, en el registro de los tipos y de los vicios de la comedia urbana moderna: en la tarea de dibujar del primero y de escribir del segundo, de Macaire a Laverno, emerge la consciencia de la escena tr\u00e1gica de la ciudad&#8221;, nota Heliana. &#8220;En su diferencia, ambos vislumbran la experiencia del encuentro con la modernidad en su calidad de h\u00e9roes solitarios, exc\u00e9ntricos, cuyas experiencias no se encuadran en lo &#8216;socialmente mediatizado&#8217; de las relaciones humanas&#8221;. Para ello, Porto-Alegre se vali\u00f3 de una curiosa y compleja met\u00e1fora: la linterna m\u00e1gica.<\/p>\n<p>Este artefacto, antecesor del cine, proyecta im\u00e1genes a trav\u00e9s de lentes y l\u00e1minas de vidrio sobre las cuales se dibujan figuras que, al ser iluminadas, son proyectadas sobre una tela blanca. Al mismo tiempo, en forma sintom\u00e1tica, el t\u00e9rmino en el siglo XIX pas\u00f3 a aplicarse igualmente a la prensa ilustrada, que exhib\u00eda &#8220;cuadros&#8221; de la realidad ante los lectores. &#8220;Pero Porto-Alegre subrayaba que su deseo era proyectar las im\u00e1genes de R\u00edo de Janeiro que ten\u00eda frente a sus ojos, no con la idea de &#8216;hacerle ilusiones a \u00e9ste o aquel individuo&#8217;, sino al contrario, concibiendo su obra como &#8216;el teatro en el que se representar\u00e1n las principales escenas de nuestra \u00e9poca'&#8221;, observa Roberto Faria.<\/p>\n<p>En el fondo de todo c\u00ednico habita un idealista. De regreso a Brasil, en 1837, con la cabeza a pleno con lo que hab\u00eda visto en esa Par\u00eds en transformaci\u00f3n, Porto-Alegre cre\u00eda que el Brasil tambi\u00e9n podr\u00eda ser reelaborado, y que \u00e9l podr\u00eda dar su contribuci\u00f3n con el nuevo medio que descubriera en la ciudad luz. &#8220;Usa la linterna m\u00e1gica como un instrumento que exhibe &#8216;la verdad con todas sus luces'&#8221;, dice Heliana. Y con todas sus risas. &#8220;Vinimos al mundo para actuar una vasta comedia: es mejor ocupar los asientos de adelante y los apocados que vengan atr\u00e1s&#8221;, escribe el redactor an\u00f3nimo de\u00a0<em>A Lanterna M\u00e1gica<\/em>. Al final, continua &#8220;con un cinismo machadiano&#8221;, yendo m\u00e1s lejos a\u00fan, &#8220;qu\u00e9 es el mundo sino una comedia. Los bellacos son los acr\u00f3batas, los necios, los payasos, la juventud, los galanes; la vejez, los embaucados, el pueblo, comparsas. La orquesta es todo este movimiento, este zumbido de t\u00e1banos que se chupan rec\u00edprocamente. El aguij\u00f3n m\u00e1s duro es el que vence&#8221;.<\/p>\n<p>Est\u00e1n all\u00ed reunidos, de manera informal, todas los vicios y las pasiones de la \u00e9poca: el teatro, el cinismo, lo nuevo, la competencia y el ocaso de los valores frente a la era del capital. Pero, como nadie es de hierro, Porto-Alegre hace enseguida una notable advertencia: &#8220;Quien tiene ojo de vidrio no estornuda fuerte&#8221;. Es la risa castigando a las costumbres. &#8221;\u00a0<em>A Lanterna M\u00e1gica<\/em> muestra tambi\u00e9n el &#8216;otro&#8217; lado de Porto-Alegre, que, como cualquier hombre l\u00facido decimon\u00f3nico, reun\u00eda el realismo y el malhumor del cotidiano con el &#8216;sue\u00f1o&#8217; progresista, con la idealizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica, asociando la historia y el arte como elementos de transformaci\u00f3n de este cotidiano&#8221;, analiza Heliana.<\/p>\n<p>&#8220;Es un rom\u00e1ntico marcado por un nacionalismo ret\u00f3rico, pero al mismo tiempo es cr\u00edtico y consciente de los problemas de su pa\u00eds. Y, antes que nada, es un saint-simoniano t\u00edpico; as\u00ed se expresan sus proyectos para Brasil. Su mesianismo letrado e inquieto se prolongar\u00e1 en las generaciones posteriores.&#8221; As\u00ed como el bandidismo de Macaire pod\u00eda ser inspirador de virtudes, la desfachatez de Laverno y Belchior era &#8220;por medio de la risa&#8221; una forma de mostrar aquello que andaba mal en Brasil, e intentar corregir la impostura general.<\/p>\n<p>&#8220;La actitud de Porto-Alegre sorprende por varias razones. De una manera general, los escritores rom\u00e1nticos brasile\u00f1os se apartaron de la realidad, creando en sus obras un Brasil ideal, retratado en forma superlativa. Este sentimiento de amor a la patria no cargaba en s\u00ed ninguna preocupaci\u00f3n por abordar las llagas sociales de la vida cotidiana&#8221;, recuerda Roberto Faria. Las excepciones quedaron a cuenta de las piezas de Martins Pena; de\u00a0<em>Mem\u00f3rias de um Sargento de Mil\u00edcias<\/em> de Manuel Ant\u00f4nio de Almeida y del breve\u00a0<em>A Lanterna M\u00e1gica,<\/em> entre un pu\u00f1ado de nombres.<\/p>\n<p>Y, para ello, un protagonista a la altura del pa\u00eds: &#8220;Ser\u00e1 siempre el inmortal Laverno, ese hombre prodigioso, una especie de Mefist\u00f3feles, de jud\u00edo errante que anda entre nosotros en las plazas, en los templos, en los salones dorados, en el parlamento, en los albergues, en los comercios y en los ranchos de las carreteras; que se encuentra ora en el mar, ora en la tierra, e incluso a veces por los aires&#8221;, escribe Porto-Alegre. Los ambientes son variados. De entrada, Laverno se presenta como un m\u00e9dico home\u00f3pata, ideador de un\u00a0<em>Panthon<\/em> Homeop\u00e1tico, recetando para todos los males la misma poci\u00f3n hecha de agua y az\u00facar.<\/p>\n<p>El blanco siguiente de la \u00e1cida pluma del escritor, por mediode su temible Laverno, son los viajeros extranjeros: &#8220;Ellos dan la camisa del cuerpo para irse a encajar all\u00e1 en el extranjero, que es la raza descubierta por ellos, y entonces le asignan r\u00e1pidamente un nombre extra\u00f1o, y escriben trescientos vol\u00famenes sobre tal animal y llevan al mundo naturalista a una revoluci\u00f3n&#8221;, observa el satirista. &#8220;El extranjero es la mejor panacea conocida en este pa\u00eds: llegado de all\u00ed puedes impunemente hacer lo que quieras&#8221;. No es de ahora entonces el amor febril de Brasil por aqu\u00e9l que viene de afuera. Para tal fin, Laverno se transforma en el Sr. Lavernoff.<\/p>\n<p>&#8220;Ac\u00e1 en esta tierra, nadie es lo que es, sino lo que pregona ser&#8221;, es la moraleja de las historias, pues &#8220;quien escucha a la consciencia queda con cara de tonto&#8221; y &#8220;en este mundo no hay sino dos hombres de bien: uno es mi compadre, y el otro, mi compadre dir\u00e1 qui\u00e9n es&#8221;. Su visi\u00f3n de Brasil es una carta de un Caminha de mal genio: &#8220;\u00c9sta es la tierra de la promisi\u00f3n para los emprendedores y los atrevidos; y yo quiero serlo, para no quedarme oteando la nada. Entre nosotros, cura aqu\u00e9l que no es m\u00e9dico ni cirujano; ense\u00f1a el no sabe del tema; abre un colegio aqu\u00e9l que huy\u00f3 de su patria por ladr\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;<em>A Lanterna M\u00e1gica<\/em> es la obra fundadora de la s\u00e1tira tropical, s\u00edntesis de la comedia urbana. Pretendida por su autor como una &#8216;epopeya patri\u00f3tica&#8217; de su tiempo, acaba siendo intemporal debido a la actualidad de sus &#8216;h\u00e9roes sin car\u00e1cter&#8217;, cuyas actitudes, gestos y frases nada tienen de datados, sino que se revelan como retratos transhist\u00f3ricos de la vida moderna&#8221;, observa la investigadora. &#8220;Bajo las ropas de su \u00e9poca, los personajes son de todas las \u00e9pocas, en particular en esta tierra en la que, como escribi\u00f3 Porto-Alegre, \u00a0&#8211; andan m\u00e1s de mil arlequines, vestidos con retazos de todos los colores y formas, haci\u00e9ndose pasar por hombres superiores.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Abismo<\/strong><\/p>\n<p>De all\u00ed, l\u00f3gicamente, surge un r\u00e1pido paso del d\u00fao por la pol\u00edtica, cuya lecci\u00f3n consiste en sostener a quien est\u00e1 en el poder hasta percibir que est\u00e1 por caer, momento de poner pies en polvorosa, pues, &#8220;ni bien sintamos el olor del difunto, le daremos un tremendo empell\u00f3n que lo precipitar\u00e1 al abismo&#8221;. Pues &#8220;el mundo es de quien m\u00e1s pilla y la moraleja del siglo, la moraleja de todos los siglos, es ganar; no importan los medios&#8221;. Y m\u00e1s: &#8220;En pol\u00edtica todo se prueba por ambos lados: si el empleado es inteligente, probo, activo&#8230; se rige por el art\u00edculo del Cor\u00e1n: no es de mi confianza; mas si es un in\u00fatil, pero tiene un padrino, se dice es de mi confianza; y se prueba que \u00e9ste es autor de una gram\u00e1tica s\u00e1nscrita que est\u00e1 a la venta&#8221;.<\/p>\n<p>Tras pasarse por cantora de \u00f3pera (la Sra. Lavernelli), educador y &#8220;entre otros papeles&#8221; novelista, la saga de Laverno y Belchior se interrumpe y el timador ser\u00e1 primadonna en los teatros del norte de Brasil. &#8220;Porto-Alegre ten\u00eda un temperamento pol\u00e9mico: enfrent\u00f3 el descaso por su trabajo y fue muchas veces tratado como extranjero en su pa\u00eds, a causa de sus posturas francas, sus propuestas e ideas innovadoras, por entonces imposibles de acatar o de poner en pr\u00e1ctica&#8221;, se\u00f1ala Heliana. &#8220;Se granje\u00f3 enemigos y, cuando las puertas se cerraron para \u00e9l, de la academia a las otras instancias, dejo el pa\u00eds definitivamente en 1859, &#8216;como diplom\u00e1tico errante y sin un centavo.'&#8221;<\/p>\n<p>Curiosamente, Porto-Alegre y Daumier murieron en 1879, ambos pobres y en el olvido; uno en Par\u00eds, el otro en Lisboa. Como pocos, tuvieron &#8220;narices&#8221; lo suficientemente h\u00e1biles con para olfatear lo que estaba p\u00fatrido en el aire de las metr\u00f3polis en modernizaci\u00f3n, cada uno a su manera, pero en forma an\u00e1loga. O, en las sabias palabras de Laverno: &#8220;Un gran escritor c\u00f3mico fue acusado de hurtos literarios. A tales acusaciones respondi\u00f3 el hombre que, donde fuera que encontrase una buena escena, en el acto la tomaba como suya. Yo tambi\u00e9n digo, que donde sea que me depare con una buena idea la tomo por m\u00eda&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una investigaci\u00f3n recupera la epopeya de Manuel de Ara\u00fajo Porto-Alegre","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-76698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76698"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}