{"id":76743,"date":"2003-11-01T00:00:00","date_gmt":"2003-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/11\/01\/las-telas-de-la-inteligencia-2\/"},"modified":"2015-05-12T16:55:50","modified_gmt":"2015-05-12T19:55:50","slug":"las-telas-de-la-inteligencia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-telas-de-la-inteligencia-2\/","title":{"rendered":"Las telas de la inteligencia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2003\/11\/01\/las-telas-de-la-inteligencia-2\/aranha\/\" rel=\"attachment wp-att-95102\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-95102\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/aranha.jpg\" alt=\"\" width=\"158\" height=\"129\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/aranha.jpg 158w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/aranha-120x98.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 158px) 100vw, 158px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">eduardo cesar<\/span><\/a>Indiferente a la correteada de los chicos en el jard\u00edn, un chiquillo de 13 a\u00f1os observa los delicados movimientos de una ara\u00f1a en su tela, construida entre las hojas de un arbusto. Est\u00e1 tan absorto que no se deja perturbar ni siquiera por el intenso calor del verano de Alejandr\u00eda, ciudad situada en el norte de Egipto, a orillas del Mediterr\u00e1neo. Por curiosidad, este preadolescente captura un saltamontes y lo arroja sobre la tela, para luego tomar su cuaderno y anotar en detalle la acci\u00f3n de la ara\u00f1a con el insecto que ha convertido en su plato. Nac\u00eda as\u00ed, en aquella tarde, una pasi\u00f3n que permanecer\u00eda latente durante casi dos d\u00e9cadas, antes de plasmarse efectivamente: C\u00e9sar Ades, el muchachito egipcio de entonces, hoy en d\u00eda tiene 60 a\u00f1os, y se convirti\u00f3 en una de las mayores autoridades brasile\u00f1as en etolog\u00eda, el estudio del comportamiento animal.<\/p>\n<p>La voluntad de entender el comportamiento animal lo llev\u00f3 a comprobar, mediante la realizaci\u00f3n de experimentos en laboratorio, que las ara\u00f1as son capaces de aprender y perfeccionar instintos b\u00e1sicos tales como los vinculados a la caza y a la construcci\u00f3n de sus telas, vistos generalmente como una habilidad innata e inalterable. &#8220;Con seguridad los instintos funcionan como una especie de preprogramaci\u00f3n de la mente&#8221;, afirma Ades, director del Instituto de Psicolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). &#8220;Pero tambi\u00e9n hay ventanas para el aprendizaje en ese programa previo&#8221;.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Ades, la capacidad de aprender es quiz\u00e1s una caracter\u00edstica propia del sistema nervioso, que por medio de la experiencia permitir\u00eda la adaptaci\u00f3n a los desaf\u00edos del ambiente. Ades no est\u00e1 solo para defender esta idea, que puede alterar incluso la forma de pensar la inteligencia humana, am\u00e9n de constituir una prueba de la flexibilidad del instinto \u00a0\u2013\u00a0al menos el de las ara\u00f1as. Si efectivamente estos animales de ocho patas son efectivamente capaces de aprender, quiz\u00e1s dejen de ser \u00fanicamente bichos repugnantes, que suscitan miedo y terror. Puede que no todos logren librarse de prejuicios y temores, para reconocer la delicadeza y la elegancia de una ara\u00f1a pollito o de una viuda negra, pero tal vez sea posible pensarlo dos veces antes de aplastar a la atrevida que surgi\u00f3 de atr\u00e1s de la cortina.<\/p>\n<p><strong>Leones en miniatura<br \/>\n<\/strong>En una l\u00ednea de trabajo paralela a la de Ades, el bi\u00f3logo estadounidense Robert Jackson, de la Universidad Canterbury, Nueva Zelandia, arrib\u00f3 a otros descubrimientos atinentes a la capacidad de aprendizaje de las ara\u00f1as. Jackson investig\u00f3 los h\u00e1bitos de caza de un grupo de ara\u00f1as papamoscas tropicales del g\u00e9nero\u00a0<em>Portia<\/em> , comunes en \u00c1frica, Asia y Ocean\u00eda. Estas ara\u00f1as, que raramente llegan a medir un cent\u00edmetro de longitud, son m\u00e1s astutas de lo que su tama\u00f1o permite suponerles. Con sus cuatro pares de ojos, mayores y m\u00e1s eficientes que los de otras especies de ara\u00f1as, las papamoscas recaban informaciones visuales del ambiente bastante precisas, y delinean estrategias de caza dignas del le\u00f3n, un predador por excelencia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n son h\u00e1biles a punto tal de alterar su estrategia de caza frente a una presa que les ofrezca m\u00e1s peligro \u00a0\u2013\u00a0por ejemplo, una ara\u00f1a m\u00e1s agresiva como la escupidora del g\u00e9nero\u00a0<em>Scytodes<\/em> .<\/p>\n<p>En lugar de atacar a la escupidora en l\u00ednea recta, lo que podr\u00eda resultarle fatal, la<em>Portia<\/em> retrocede, hace un rodeo y luego toma por asalto a su presa por atr\u00e1s, tal como un general har\u00eda frente a un ej\u00e9rcito m\u00e1s poderoso. Los resultados m\u00e1s recientes de la investigaci\u00f3n de Jackson atrajeron la atenci\u00f3n de los alrededor de 450 expertos, que participaron en agosto pasado de la Conferencia Internacional de Etolog\u00eda realizada en Florian\u00f3polis, Santa Catarina.<\/p>\n<p>Las investigaciones de Ades y de Jackson se complementan. Y los estudiosos lo dejan bien claro: las ara\u00f1as son capaces de memorizar informaciones y aprender de las experiencias vividas. Dif\u00edcilmente se lograr\u00eda entrenar a una ara\u00f1a para presionar una barra para recibir una gota de agua, tal como lo hacen los ratones de laboratorio. El aprendizaje de las ara\u00f1as \u00a0\u2013\u00a0y de manera general el de cualquier animal \u2013\u00a0parece transcurrir dentro de ciertos l\u00edmites, determinados por el n\u00famero y por la organizaci\u00f3n de las c\u00e9lulas nerviosas (neuronas). El sistema nervioso de las ara\u00f1as tiene apenas algunos miles de c\u00e9lulas, que son insuficientes como para cubrir la cabeza de un alfiler, mientras que el ser humano ostenta alrededor de 100 mil millones de neuronas.<\/p>\n<p>Los experimentos referentes a la capacidad de aprendizaje de las ara\u00f1as chocan con la visi\u00f3n com\u00fan, incluso en el ambiente cient\u00edfico, que separa de manera radical, y en categor\u00edas fijas, aquello que es innato o instintivo de lo que es fruto del aprendizaje. Un claro ejemplo de instinto es el comportamiento de la reina de las hormigas cortadoras o bibijaguas, llamada &#8220;i\u00e7\u00e1&#8221; en Brasil. Despu\u00e9s del revuelo y del apareamiento, la reina arranca sus alas con un movimiento de las patas y cava un nido subterr\u00e1neo: ese acto de arrancarse las alas se ejecuta en el momento propicio, sin necesidad de entrenamiento. En el otro extremo aparecen los comportamientos flexibles, a ejemplo de los chimpanc\u00e9s de Costa del Marfil, \u00c1frica, cuando cascan nueces: demoran a\u00f1os para adquirir\u00a0\u2013\u00a0quiz\u00e1 por imitaci\u00f3n\u00a0\u2013\u00a0la habilidad de agarrar la nuez con una mano mientras con la otra le asestan un golpe con una piedra o con un palo que hace las veces de martillo. &#8220;Esta forma de evaluar el comportamiento consideraba que el instinto era una especie de programa previo e inalterable, aislado de la capacidad de aprender&#8221;, afirma Ades.<\/p>\n<p><strong>H\u00e1bitos heredados<\/strong><br \/>\nMolesto con esa interpretaci\u00f3n simplista, el investigador encontr\u00f3 en las ara\u00f1as un modelo capaz de demostrar la existencia de flexibilidad en ciertos comportamientos supuestamente fijos. Por ser predadoras natas, las ara\u00f1as siempre fueron consideradas seres esencialmente instintivos. Pero ahora se puede pensar que los patrones instintivos no siempre son tan r\u00edgidos como se imaginaba, ya que las ara\u00f1as, como por ejemplo aqu\u00e9llas que construyen sus telas entre los rosales del jard\u00edn o que pasan desapercibidas en los rincones de las paredes, son capaces de modificar su comportamiento.<\/p>\n<p>Pero, de cualquier manera, estos bichos no se olvidan del pasado de la propio especie. Al tiempo que muestran aptitud para modificar h\u00e1bitos antiguos, parecen mantener a\u00fan hoy en d\u00eda algunos de los comportamientos de sus antepasados m\u00e1s lejanos. Aun cuando no haya predadores en las cercan\u00edas, algunas especies no dejan de construir una protecci\u00f3n de seda alrededor de sus huevos. El bi\u00f3logo Hilton Ferreira Japyass\u00fa, ex alumno de Ades y actual colaborador, fue quien descubri\u00f3 los l\u00edmites de la flexibilidad de algunos comportamientos de las ara\u00f1as. M\u00e1s all\u00e1 de los descubrimientos, el trabajo result\u00f3 en la elaboraci\u00f3n del EthoSeq, un programa que permite efectuar el an\u00e1lisis evolutivo de conjuntos de actos comportamentales organizados en secuencia \u2013\u00a0que funcion\u00f3 no solamente con las ara\u00f1as, sino tambi\u00e9n con gatos y aves.<\/p>\n<p>En el Laboratorio de Artr\u00f3podos del Instituto Butantan, Japyass\u00fa estudi\u00f3 el comportamiento de caza de otra ara\u00f1a encontrada en los jardines, la ara\u00f1a gigante o\u00a0<em>Nephilengys cruentata<\/em> , con sus largas patas, de hasta dos cent\u00edmetros, y un abultado abdomen rayado anaranjado y negro, tres veces mayor que el tronco y que la cabeza. Japyass\u00fa analiz\u00f3 tambi\u00e9n los h\u00e1bitos reproductivos de otra especie com\u00fan en el sur de Brasil: la ara\u00f1a marr\u00f3n (<em>Loxosceles gaucho<\/em>), que tiene un cuerpo color casta\u00f1o de apenas un cent\u00edmetro de longitud. Es mucho m\u00e1s peque\u00f1a que la ara\u00f1a gigante, pero produce un veneno mucho m\u00e1s potente, letal incluso para las seres humanos.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de estos h\u00e1bitos le suministr\u00f3 al bi\u00f3logo del Butantan datos lo suficientemente robustos como para afirmar que las similaridades o las diferencias de comportamiento revelan el grado de parentesco entre las ara\u00f1as. Por tal raz\u00f3n, las formas m\u00e1s o menos parecidas de caza o de cuidado de la prole pueden ser \u00fatiles para definir con mayor precisi\u00f3n el v\u00ednculo\u00a0\u2013\u00a0no siempre claro\u00a0\u2013\u00a0entre las 44 mil especies de ara\u00f1as identificadas hasta ahora. Asimismo, denotan h\u00e1bitos bastante primitivos, como el de construir una protecci\u00f3n de fibras de seda para los huevos, compartidos por algunas especies desde que surgieron las primeras ara\u00f1as, hace 400 millones de a\u00f1os. &#8220;Es la primera vez que se demuestra que el comportamiento de especies actuales puede guardar se\u00f1ales tan fuertes de h\u00e1bitos muy antiguos&#8221;, comenta Japyass\u00fa, con el aval de las revistas\u00a0<em>Behaviour<\/em> y\u00a0<em>Journal of Arachnology<\/em>, que en los \u00faltimos dos a\u00f1os han publicado los resultados m\u00e1s recientes de su trabajo.<\/p>\n<p><strong>Historia reconstruida<br \/>\n<\/strong>Al demostrar que ara\u00f1as descendientes de un ancestral com\u00fan comparten\u00a0\u2013\u00a0al menos en parte \u2013\u00a0un determinado h\u00e1bito, el investigador del Butantan refuerza el basamento experimental de una idea planteada en la d\u00e9cada de 1930 por Konrad Lorenz, m\u00e9dico y zo\u00f3logo austr\u00edaco que inici\u00f3 los estudio en etolog\u00eda, es decir, del comportamiento animal. Laureado con el premio Nobel en 1973 por develar los patrones de comportamientos individuales y sociales de los animales, Lorenz hab\u00eda afirmado a comienzos del siglo pasado que algunos de estos h\u00e1bitos \u2013\u00a0tales como el de rascarse la cabeza de los canes \u2013\u00a0podr\u00eda transmitirse de una generaci\u00f3n a otra. Pero \u00e9sa no era precisamente una idea original. El naturalista ingl\u00e9s Charles Darwin, autor de la Teor\u00eda de la Evoluci\u00f3n, ya hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n hacia la posibilidad de que el comportamiento fuese heredado en su libro\u00a0<em>La Expresi\u00f3n de las Emociones en el Hombre y en los Animales<\/em>, de 1872. &#8220;Pero hasta ahora las discusiones eran solamente te\u00f3ricas&#8221;, observa Japyass\u00fa, &#8220;faltaban datos emp\u00edricos que demostrasen efectivamente si el comportamiento podr\u00eda revelar el parentesco entre las especies.&#8221;<\/p>\n<p>De una manera a\u00fan m\u00e1s amplia, los trabajos del bi\u00f3logo do Butantan revelan que las peque\u00f1as unidades que componen un comportamiento, es decir, las acciones, permiten reconstruir la historia evolutiva de grupos distantes de ara\u00f1as, tal como constat\u00f3 en un art\u00edculo publicado en julio en el\u00a0<em>Journal of Arachnology<\/em> . Y comprueban tambi\u00e9n que incluso los comportamientos m\u00e1s complejos \u2013\u00a0compuestos por una secuencia de acciones simples y por lo tanto m\u00e1s susceptibles a la influencia del ambiente \u2013\u00a0tienen rasgos de parentesco entre las especies, tal como lo verific\u00f3 en un trabajo publicado en\u00a0<em>Behaviour<\/em> en abril de 2002.<\/p>\n<p>As\u00ed crean la posibilidad de adoptar el comportamiento como una herramienta auxiliar en la clasificaci\u00f3n y en la reconstrucci\u00f3n de la historia evolutiva de otros grupos de animales, como las aves, e incluso los mam\u00edferos \u2013\u00a0una tarea cient\u00edfica compleja que comenz\u00f3 en el siglo XVIII de la mano del bot\u00e1nico sueco Lineo (Carl von Linn\u00e9), con base en el estudio de las formas y de las estructuras biol\u00f3gicas (morfolog\u00eda), y que en la \u00faltima d\u00e9cada cobr\u00f3 nuevos br\u00edos con la gen\u00e9tica. Pero, como aun as\u00ed no todo est\u00e1 resuelto, nuevos m\u00e9todos que auxilien en la clasificaci\u00f3n de los seres vivos son siempre bienvenidos.<\/p>\n<p>Japyass\u00fa resolvi\u00f3 abocarse al estudio del comportamiento de las ara\u00f1as luego de presenciar una conferencia de Ades, que tiene fama de llenar auditorios para hablar de su trabajo en forma apasionada. A su vez, Ades se sinti\u00f3 fascinado por las ara\u00f1as mientras le\u00eda el libro\u00a0<em>La Vie des Araign\u00e9es<\/em> (<em>La Vida de las Ara\u00f1as<\/em> ), del naturalista franc\u00e9s Jean-Henri Fabre, un obsequio recibido meses antes de sus vacaciones en Alejandr\u00eda de manos de un amigo de El Cairo, su ciudad natal, que era poco allegado al tema. El inter\u00e9s por el mundo de los ar\u00e1cnidos solamente reverdeci\u00f3 mucho despu\u00e9s, durante su posgrado en psicolog\u00eda en la USP, con otro presente: una caja con una elegante ara\u00f1a de jard\u00edn (<em>Argiope argentata<\/em>), que le lleg\u00f3 de manos de Walter Hugo de Andrade Cunha, uno de los pioneros de la etolog\u00eda en Brasil.<\/p>\n<p>Esta ara\u00f1a de vientre marr\u00f3n con una franja amarilla, se distingue por tener el torso plateado y reluciente, una marca que le vali\u00f3 el nombre de ara\u00f1a plateada. Com\u00fan en todo Brasil, la ara\u00f1a de jard\u00edn construye su tela en arbustos expuestos al sol, cerca del suelo. Permanece inm\u00f3vil en el centro de la tela hasta que alg\u00fan insecto quede sujeto a la tela viscosa \u2013\u00a0en ese momento la ara\u00f1a lo ataca con una rapidez impresionante. Dicha especie fue la que le proporcion\u00f3 a <em>Ades<\/em> los resultados m\u00e1s gratificantes en los a\u00f1os subsiguientes.<\/p>\n<p>La sospecha de que estar\u00eda en juego un factor de memoria en el comportamiento de la ara\u00f1a plateada surgi\u00f3 con la observaci\u00f3n de que \u00e9sta se comportaba en forma diferente cuando capturaba r\u00e1pidamente insectos uno tras otro. Fundamentado en los estudios del et\u00f3logo alem\u00e1n Hans Peters, uno de los primeros estudiosos en hacer menci\u00f3n a la memoria de las ara\u00f1as ya en los a\u00f1os 30, Ades pens\u00f3: si el comportamiento de caza fuese absolutamente instintivo e independiente de la experiencia, deber\u00eda repetirse siempre de la misma manera, con cada insecto capturado. Pero no era as\u00ed. De acuerdo con los experimentos, ni bien un insecto ca\u00eda en su tela, la ara\u00f1a sal\u00eda del centro en direcci\u00f3n a la presa y la picaba, inyect\u00e1ndole una dosis de veneno que la paralizaba. Algunas veces, la ara\u00f1a inmovilizaba a su presa envolvi\u00e9ndola con hilos de seda antes de transportarla hacia el centro de la tela, en donde la prend\u00eda tambi\u00e9n con un hilo de seda. Y luego, lentamente, la devoraba, embebi\u00e9ndola en jugos digestivos.<\/p>\n<p><strong>Las presas perdidas<br \/>\n<\/strong>Los experimentos que siguieron dejaron clara la importancia de ese hilo que sujetaba la presa a la tela: con \u00e9ste la ara\u00f1a no perder\u00eda su primera presa si otras cayesen en la tela. Si Ades arrojaba otro insecto en la tela durante esa comida, la\u00a0<em>Argiope<\/em> percib\u00eda la llegada de la presa, debido a su vibraci\u00f3n desesperada, y corr\u00eda inmediatamente en direcci\u00f3n a \u00e9ste. Pero, en este caso, no llevaba a la mosca capturada hacia el centro: la dejaba enrollada en seda en la periferia de la tela y la iba a buscar reci\u00e9n bastante m\u00e1s tarde, una vez terminada la interrumpida comida.<\/p>\n<p>Otros estudios muestran que la capacidad de recuperar una presa almacenada \u2013\u00a0aunque \u00e9sta permanezca inm\u00f3vil e incapaz de generar se\u00f1ales que denoten su presencia \u2013\u00a0depende de la memoria.\u00a0El et\u00f3logo holand\u00e9s Nicholaas Tinbergen, por ejemplo, hab\u00eda ya constatado hace alrededor de 50 a\u00f1os que los zorros son capaces de enterrar huevos de gaviotas y recuperarlos d\u00edas despu\u00e9s, guiados \u00fanicamente por el recuerdo. Para cerciorarse de que lo propio suced\u00eda con las ara\u00f1as, el investigador retir\u00f3 a la mosca almacenada en el centro o en la periferia de la tela. Fue entonces que se llev\u00f3 una sorpresa: incluso despu\u00e9s de un lapso de hasta 15 minutos, la ara\u00f1a sal\u00eda en procura de su presa, que deber\u00eda estar en su sitio, pero ya no se encontraba all\u00ed: sacud\u00eda los hilos, daba vueltas por el medio de la tela y luego extend\u00eda su b\u00fasqueda hasta los bordes, para posteriormente desistir.<\/p>\n<p>Exist\u00edan dos tipos de robos, que generaban reacciones distintas. En caso de perder una presa guardada en el centro de la tela, la\u00a0<em>Argiope<\/em> concentraba su b\u00fasqueda all\u00ed mismo, como si supiera que el alimento originariamente estaba all\u00ed. Cuando desaparec\u00eda una presa de la periferia, sus movimientos se distribu\u00edan por la periferia de la tela. Pero la cosa no es tan obvia como parece: si no fuese capaz de memorizar d\u00f3nde hab\u00eda guardado su presa, el animal no manifestar\u00eda esa coherencia y buscar\u00eda su alimento perdido de modo indistinto por toda la tela. Un detalle: la ara\u00f1a pasaba m\u00e1s tiempo buscando sus presas mayores. Evidentemente, la acci\u00f3n de guardar una informaci\u00f3n en la memoria facilita la supervivencia. &#8220;Una ara\u00f1a que recuerda&#8221;, dice Ades, &#8220;halla su alimento m\u00e1s r\u00e1pido y en mayor cantidad que otra que \u00fanicamente reacciona a los est\u00edmulos presentes, sin noci\u00f3n alguna de los hechos pasados.&#8221;<\/p>\n<p>Pero, \u00bfpodr\u00edan las ara\u00f1as aprender tambi\u00e9n a construir sus propias telas? Con esta pregunta, Ades tocaba en un tema tab\u00fa: incluso los m\u00e1s conceptuados libros de referencia en aracnolog\u00eda afirman que la construcci\u00f3n de la tela es independiente de la experiencia \u2013\u00a0\u00e9sta constituir\u00eda un modelo perfecto de instinto. Para verificar un posible efecto del entrenamiento, el investigador y una alumna suya de entonces, llamada Selene da Cunha Nogueira, colocaron ara\u00f1as plateadas en cajas horizontales. Acostumbradas a construir las telas en un plano pr\u00f3ximo de la vertical, los bichos se vieron en condiciones inusitadas.<\/p>\n<p>Al principio se desorientaron totalmente: arrojaban sus hilos al azar y produjeron as\u00ed una tela ca\u00f3tica. Tan solo pasados algunos d\u00edas empezaron a tejer estructuras m\u00e1s ordenadas, como los rayos convergentes y los esbozos de espirales. Semanas despu\u00e9s lograban construir telas completas y funcionales en la horizontal. El experimento se repiti\u00f3 con las mismas ara\u00f1as luego de que estas tuvieron la oportunidad de construir la tela en la vertical. Posteriormente, forzadas a trabajar en la horizontal, fueron m\u00e1s \u00e1giles que en el intento anterior, una se\u00f1al indicativa de que hab\u00edan aprendido a trabajar con el espacio posible.<\/p>\n<p><strong>Gatos de ocho ojos<br \/>\n<\/strong>En Nueva Zelandia, Jackson investiga los h\u00e1bitos de caza de ara\u00f1as tropicales, en especial de las pertenecientes al g\u00e9nero\u00a0<em>Portia<\/em>. Conocidas como papamoscas, estas ara\u00f1as son verdaderos gatos de ocho ojos, debido a su apariencia y su agudeza visual. Miden hasta 8 mil\u00edmetros de longitud, viven en \u00e1rboles y sobre paredes y no construyen telas. En su lugar, invaden telas ajenas y se alimentan de otras ara\u00f1as. En uno de sus primeros experimentos, publicado en 1993 en la revista cient\u00edfica\u00a0<em>Behavior<\/em> , Jackson analiz\u00f3 la manera en que tres especies de\u00a0<em>Portia<\/em> \u2013\u00a0la\u00a0<em>P. fimbriata<\/em>, de Australia; la\u00a0<em>P. labiata<\/em>, de Sri Lanka; y la\u00a0<em>P. schultz<\/em>, de Kenia \u2013\u00a0actuaban para capturar algunas de sus presas naturales: la ara\u00f1a\u00a0<em>Philoponella variabilis<\/em>, que llega a medir 4 mil\u00edmetros de longitud cuando adulta, y otra un poco mayor: la\u00a0<em>Stegodyphus sarasinorum<\/em> , de un cent\u00edmetro.<\/p>\n<p>Ni bien llega a la tela de su v\u00edctima, la papamoscas se detiene, quedando frente a frente con la otra ara\u00f1a. A continuaci\u00f3n inicia una serie de movimientos con el cuerpo \u2013\u00a0sube y baja el abdomen o tira de los hilos de seda \u2013, simulando la agitaci\u00f3n de alg\u00fan insecto sujeto a la tela. Ni bien nota que uno de los casi 120 distintos movimientos que realiza dio resultado y llam\u00f3 la atenci\u00f3n de la due\u00f1a de la tela, la papamoscas empieza a repetir \u00fanicamente los pasos exitosos, hasta que su presa incauta llegue lo suficientemente cerca como para propinarle un ataque mortal. Pero la\u00a0<em>Portia<\/em> habr\u00eda de revelar ser todav\u00eda m\u00e1s inventiva ante la presas agresivas, como la ara\u00f1a escupidora (<em>Scytodes sp.<\/em>). Con sus patas delanteras m\u00e1s largas que las dem\u00e1s, esa ara\u00f1a tropical, de cuerpo manchado en negro, marr\u00f3n y amarillo, presenta como caracter\u00edstica sobresaliente que arroja sobre su presa una saliva pegajosa que la inmoviliza.<\/p>\n<p>El equipo de Jackson dispuso cuatro especies de\u00a0<em>Portia<\/em> frente a ara\u00f1as escupidoras halladas en las Filipinas. Una de esas especies de papamoscas \u2013\u00a0la\u00a0<em>P. labiata<\/em>, tambi\u00e9n originaria de las Filipinas \u2013\u00a0se las ingeniaba mejor en la caza, de acuerdo con un art\u00edculo publicado en 1998 en el\u00a0<em>Journal of Insect Behavior<\/em>. Aunque hab\u00edan nacido en laboratorio, sin por ello haber tenido ning\u00fan contacto anterior con las escupidoras, las papamoscas filipinas revelaron ser verdaderas estrategas. En vez de llamar la atenci\u00f3n de sus presas con movimientos en la tela, para luego atacarlas frontalmente, la\u00a0<em>P. labiata<\/em> actuaba de distinta manera: frente al avance de la escupidora, retroced\u00eda y contorneaba la tela, para luego atacarla por atr\u00e1s. En otra prueba, Jackson observ\u00f3 que las papamoscas atacaban por delante con mayor frecuencia a las escupidoras cuando estas sujetaban los huevos con sus mand\u00edbulas, vi\u00e9ndose por lo tanto imposibilitadas de lanzar su saliva pegajosa \u2013\u00a0un claro perfeccionamiento de un h\u00e1bito instintivo.<\/p>\n<p>Pero no todo en el comportamiento instintivo se altera con el aprendizaje. En un trabajo reciente, C\u00e9sar Ades y dos sus alumnos suyos, Mayra Dias Candido y Fausto Assump\u00e7\u00e3o Fernandes, intentaron verificar si la ara\u00f1a plateada tardar\u00eda menos tiempo buscando presas si las perdiesen una tras otra. Por el momento, los resultados sugieren que las ara\u00f1as no desisten de capturar y almacenar sus presas. Asimismo, gastan siempre el mismo tiempo en la b\u00fasqueda, incluso con un resultado in\u00fatil, ya que diez veces seguidas los investigadores retiraron la presa guardada. Ades se percat\u00f3 de que sus alumnos se sintieron frustrados con ese resultado, pese a que \u00e9l no se amilan\u00f3, y los consol\u00f3 con una visi\u00f3n positiva, record\u00e1ndoles que el instinto no puede ser enteramente moldeado y tanto la flexibilidad como la rigidez son igualmente importantes para la adaptaci\u00f3n de cualquier organismo a la realidad en que vive.<\/p>\n<p><strong>Los Proyectos<\/strong><br \/>\n<em>Estudios Psicoetol\u00f3gicos en Animales<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nBeca de Productividad en Investigaci\u00f3n (CNPq)<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nC\u00e9sar Ades \u2013\u00a0Instituto de Psicolog\u00eda-USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 58.400,00<\/p>\n<p><em>Comportamiento y Evoluci\u00f3n en Ara\u00f1as: An\u00e1lisis Clad\u00edstico de la Predaci\u00f3n, la Construcci\u00f3n de la Tela y el Corte en las Familias Araneoidea<\/em><br \/>\n<strong>Modalidad<\/strong><br \/>\nL\u00ednea Regular de Auxilio a Proyecto de Investigaci\u00f3n (FAPESP)<br \/>\n<strong>Coordinador<\/strong><br \/>\nHilton Ferreira Japyass\u00fa \u2013\u00a0Instituto Butantan<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 90.536,08<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La capacidad de memorizar informaciones les permite a las ara\u00f1as perfeccionar sus h\u00e1bitos instintivos de caza","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-76743","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76743","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76743"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76743\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76743"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76743"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76743"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76743"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}