{"id":76744,"date":"2003-11-01T00:00:00","date_gmt":"2003-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/11\/01\/la-riqueza-oculta-en-el-serton-2\/"},"modified":"2015-05-12T16:53:03","modified_gmt":"2015-05-12T19:53:03","slug":"la-riqueza-oculta-en-el-serton-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-riqueza-oculta-en-el-serton-2\/","title":{"rendered":"La riqueza oculta en el sert\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2003\/11\/01\/la-riqueza-oculta-en-el-serton-2\/riqueza-3\/\" rel=\"attachment wp-att-95107\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-95107\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/riqueza.jpg\" alt=\"\" width=\"159\" height=\"126\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/riqueza.jpg 159w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/riqueza-120x95.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 159px) 100vw, 159px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MIGUEL TREFAUT RODRIGUES \/ USP<\/span><\/a>En los a\u00f1os 1960, los cineastas Nelson Pereira dos Santos, en\u00a0<em>Vidas Secas,<\/em> y Glauber Rocha, en\u00a0<em>Deus e o Diabo na Terra do Sol<\/em> [<em>Dios y el Diablo en la Tierra del Sol<\/em>] mostraron el sert\u00f3n, la regi\u00f3n semi\u00e1rida del nordeste brasile\u00f1o, como un ambiente inh\u00f3spito, seco y casi sin vida, bajo el influjo de un Sol abrasador. En los d\u00edas actuales, el mismo panorama reaparece en\u00a0<em>Abril Despedazado<\/em>, de Walter Salles, y en\u00a0<em>Baile Perfumado<\/em> , de Paulo Caldas y L\u00edrio Ferreira. Coincidentemente, emerge tambi\u00e9n en los dominios de la ciencia una nueva mirada sobre la &#8220;Caatinga&#8221;, el \u00fanico ecosistema \u00edntegramente brasile\u00f1o \u2013\u00a0y tambi\u00e9n el menos estudiado. Escenario de intrincados procesos ecol\u00f3gicos, este ambiente conocido como sert\u00f3n \u2013\u00a0un \u00e1rea de 800 mil kil\u00f3metros cuadrados, correspondiente a casi la mitad de los nueve estados que componen la regi\u00f3n nordeste de Brasil \u2013\u00a0revela ser mucho m\u00e1s rico en especies exclusivas de plantas y animales \u2013\u00a0tales como peces, lagartos, aves y mam\u00edferos \u2013\u00a0de lo que se imaginaba. En las 800 p\u00e1ginas del libro<em>Ecologia e \u00a0Conserva\u00e7\u00e3o da Caatinga<\/em> [<em>Ecolog\u00eda y Conservaci\u00f3n de la Caatinga<\/em>], lanzado este mes, un grupo de 35 expertos del propio nordeste y de la regi\u00f3n sudeste sintetiza los \u00faltimos 200 a\u00f1os de investigaciones, a\u00f1ade los descubrimientos m\u00e1s recientes y acaba de una vez por todas la noci\u00f3n de que ese ecosistema, donde viven 20 millones de personas, es homog\u00e9neo y carente de inter\u00e9s.<\/p>\n<p><strong>En el fondo de la laguna<br \/>\n<\/strong>Como en la regi\u00f3n m\u00e1s seca de la Caatinga en algunos a\u00f1os llueve tan solo unos 300 mil\u00edmetros \u2013\u00a0seis veces menos que en el Bosque Atl\u00e1ntico o en la Amazonia \u2013, las plantas y animales se adaptaron de manera tal de sobrevivir con un m\u00ednimo de agua, sin por ello perder su belleza o su diversidad. Las plantas poseen hojas peque\u00f1as y gruesas cortezas, que hacen que disminuya la p\u00e9rdida de agua. En los casos extremos, cactus como el mandacar\u00fa (<em>Cereus jamacaru<\/em>) y el xique-xique (<em>Pilosocereus gounellei<\/em>) viven con sus hojas reducidas a espinas. Entre los peces, al menos 25 de las 240 especies identificadas logran aplazar el nacimiento a la espera de las lluvias: pasan la mayor parte del tiempo en forma de huevos, que solamente hacen eclosi\u00f3n cuando llega el agua, en alg\u00fan momento en el per\u00edodo entre febrero y mayo. Estos peces \u2013\u00a0llamados anuales \u2013\u00a0miden entre 5 y 15 cent\u00edmetros de longitud, y viven en lagunas o pozos de agua de hasta un metro de di\u00e1metro, que se secan durante el estiaje.\u00a0Pero hay tiempo como para crear una nueva generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de que la sequ\u00eda llegue, los machos cortejan a las hembras y las atraen hacia el fondo de esas peque\u00f1as lagunas, revestidas de barro y arena. Luego se zambullen en el barro, la hembra suelta sus huevos y el macho los fecunda. Durante la estaci\u00f3n seca, que puede llegar durar casi un a\u00f1o, el embri\u00f3n se desarrolla lentamente dentro del huevo, sin romper la c\u00e1scara. &#8220;El embri\u00f3n permanece en una especie de hibernaci\u00f3n&#8221;, explica el bi\u00f3logo Wilson Moreira da Costa, uno de los autores del libro, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ). En los \u00faltimos a\u00f1os, Costa descubri\u00f3 la existencia de la mayor\u00eda de estas especies, a las que los sertaneros llaman peces de nube, pues creen que nacen en las nubes, antes de las primeras lluvias, como si fuesen fruto de la generaci\u00f3n espont\u00e1nea.<\/p>\n<p><strong>Hormigas y \u00e1rboles<br \/>\n<\/strong>Coordinado por los ec\u00f3logos Inara Leal y Marcelo Tabarelli, ambos de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), y por el ornit\u00f3logo Jos\u00e9 Maria Cardoso da Silva, profesor licenciado de la UFPE y vicepresidente de Conservation International (CI) de Brasil,\u00a0<em>Ecologia e Conserva\u00e7\u00e3o da Caatinga<\/em> cont\u00f3 con apoyo financiero del Centro de Investigaciones Ambientales del Nordeste (Cepan), de la propia CI, de The Nature Conservancy de Brasil y del Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq). Uno de los art\u00edculos originales, que lleva la firma Inara, aborda la cuesti\u00f3n de la dispersi\u00f3n de las semillas, a cargo de las hormigas en la Caatinga. En dicho proceso, que permite que las semillas germinen lejos de la planta madre, evitando as\u00ed la competencia por nutrientes, participan al menos 18 especies de hormigas, y se benefician 28 especies de plantas, entre \u00e9stas 11 de la familia de las euforbi\u00e1ceas, la misma de la faveleira (<em>Cnidosculus phyllacanthus<\/em>), un \u00e1rbol cuyo fruto al madurar se abre con un estallido que arroja a lo lejos las semillas.<\/p>\n<p>Inara descubri\u00f3 que las hormigas prefieren las semillas de cuerpo grasoso: el elaiosoma, que les sirve de alimento, al tiempo que facilita el transporte de semillas, algunas trasladadas hasta 11 metros. Hormigas como las bibijaguas (<em>Atta<\/em>), bachacos (<em>Acromyrmex<\/em>), lavapi\u00e9s (<em>Solenosis<\/em>) y tocandiras (<em>Odontomachus<\/em> y<em>Ectatomma<\/em>) tambi\u00e9n se comen la pulpa de los frutos de cinco tipos de cactus y tres especies de la familia de las anacardi\u00e1ceas, la misma del umb\u00fa (<em>Spondias tuberosa<\/em> ). \u00c9stas retiran toda la pulpa de los frutos ca\u00eddos al suelo entre los matorrales y dejan las semillas completamente limpias. &#8220;Este comportamiento hace que se reduzca el ataque de los hongos y se eleven las tasas de germinaci\u00f3n de las semillas&#8221;, dice Inara.<\/p>\n<p><strong>Contrastes<br \/>\n<\/strong>La Caatinga no es una sola: existen al menos seis diferentes tipos de composiciones vegetales \u2013\u00a0que van desde las m\u00e1s abiertas y bajas, con \u00e1rboles de un metro de altura, hasta la cerrada, con \u00e1rboles de 20 metros \u2013, descritas por el bot\u00e1nico argentino Dari\u00e9n Prado, de la Universidad Nacional de Rosario. Por entre ese mosaico de paisajes se mezclan 932 especies de plantas, de las cuales una tercera parte existe \u00fanicamente all\u00ed \u2013\u00a0son end\u00e9micas.<\/p>\n<p>Sobre una tierra seca y roja, cubierta por un cielo siempre azul, predomina el tono blanco gris\u00e1ceo de los troncos de los \u00e1rboles y arbustos deshojados, t\u00edpicos del per\u00edodo de sequ\u00eda. Sus hojas vuelven a crecer con las primeras lluvias. Durante los a\u00f1os de sequ\u00eda severa, la cantidad de lluvia puede disminuir hasta un 95%, de acuerdo con el meteorologista Jos\u00e9 Oribe Rocha Arag\u00e3o, de la UFPE.\u00a0La vegetaci\u00f3n empieza a mudar al pie de las sierras de Cear\u00e1, Para\u00edba y Pernambuco. En lo alto, a m\u00e1s de 600 metros de altitud, parece otro mundo: verdaderas islas de bosque verde, denso y h\u00famedo, con \u00e1rboles de hasta 30 metros de altura. Estamos ahora en los pantanos de altitud, que cubren la sierra de Maranguape, por ejemplo, cerca de Fortaleza, a 30 kil\u00f3metros del Atl\u00e1ntico, o la meseta de Ibiapaba, en el l\u00edmite con Piau\u00ed.<\/p>\n<p>Durante la \u00e9poca de sequ\u00eda, estos pantanos suministran alimento a otro de grupo de animales, que exhiben una diversidad sorprendente: las aves. Viven en la Caatinga 510 especies, casi un tercio del total hallado en Brasil y casi el doble que las registradas en el estudio realizado en 1965 por el ornit\u00f3logo alem\u00e1n Helmut Sick. &#8220;Los pantanos aseguran la continuidad de procesos ecol\u00f3gicos regionales, como es el caso de las migraciones&#8221;, dice Cardoso da Silva.\u00a0&#8220;Algunas especies, que durante la estaci\u00f3n lluviosa viven en la Caatinga, regresan a esas \u00e1reas h\u00famedas durante los largos per\u00edodos de sequ\u00eda&#8221;. El guacamayo de Spix (<em>Cyanopsitta spixii<\/em>), por ejemplo, sol\u00eda dejar la regi\u00f3n de Cura\u00e7\u00e1, Bah\u00eda, y volar kil\u00f3metros hasta los pantanos para alimentarse cuando ya no daban frutos los pi\u00f1ones (<em>Jatropha mollissima<\/em>), las faveleiras o las <em>bara\u00fanas<\/em>\u00a0o sotos (<em>Schinopsis brasiliensis<\/em>). Hoy en d\u00eda, los guacamayos de Spix viven \u00fanicamente en zool\u00f3gicos y criaderos \u2013hay \u00fanicamente 60 ejemplares en todo el mundo \u2013\u00a0y la especie es considerada extinguida en la naturaleza: el \u00faltimo ejemplar de vida libre fue visto en octubre de 2000.<\/p>\n<p>Debido a su importancia ecol\u00f3gica, los pantanos de altura se encuentran entre las 82 \u00e1reas prioritarias para la conservaci\u00f3n de la Caatinga, as\u00ed como las dunas del r\u00edo S\u00e3o Francisco, otro terreno igualmente rico en especies exclusivas, ubicado entre las ciudades de Barra y Sobradinho, estado de Bah\u00eda. Las dunas de hasta 60 metros que se levantan a orillas del r\u00edo S\u00e3o Francisco, el llamado &#8220;Velho Chico&#8221;, el mayor r\u00edo perenne de la regi\u00f3n; concentran alrededor de un tercio de las especies del semi\u00e1rido, entre ellas 16 especies de lagartos, ocho de serpientes, cuatro de anfisbenas y una de anfibio, ejemplos de animales exclusivos del lugar. Las anfisbenas son reptiles emparentados con las serpientes, sin ojos ni escamas visibles, tambi\u00e9n llamados serpientes de dos cabezas o serpientes ciegas. En una excursi\u00f3n reciente, el experto en reptiles Miguel Trefaut Rodrigues, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), encontr\u00f3 otra especie nueva de las dunas: la\u00a0<em>Amphisbaena arda<\/em> , llamada as\u00ed debido a su cuerpo blanquecino con manchas negras. &#8220;Entre todos los lagartos y anfisbenas de la Caatinga, un 37% corresponde a end\u00e9micos de las dunas, un peque\u00f1o territorio de no m\u00e1s de 7 mil kil\u00f3metros cuadrados, o el 0,8% del \u00e1rea del sert\u00f3n nordestino&#8221;, dice Rodrigues.<\/p>\n<p>Pero no es \u00fanicamente el alto endemismo lo que sorprende en las dunas del S\u00e3o Francisco. Las orillas opuestas del r\u00edo albergan lagartos, serpientes y anfisbenas muy similares en apariencia, pero de especies y constituci\u00f3n gen\u00e9tica distintas: son las especies hermanas, como los lagartos\u00a0<em>Tropidurus amathites<\/em> y\u00a0<em>Tropidurus divaricatus<\/em> . Ambos tienen hasta 30 cent\u00edmetros de longitud y el cuerpo marr\u00f3n con manchas negras y amarillas, pero en diferentes combinaciones. Seg\u00fan Rodrigues, el propio r\u00edo S\u00e3o Francisco indujo al surgimiento de dichas especies, partiendo de un mismo ancestro. De acuerdo con la hip\u00f3tesis admitida inicialmente, el r\u00edo corr\u00eda hacia un lago del interior del nordeste de brasil, y no hacia el mar, hasta el fin del \u00faltimo per\u00edodo glacial, hace 12 mil a\u00f1os. A orillas de ese lago viv\u00edan poblaciones de animales adaptados a los suelos arenosos.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando el r\u00edo transbord\u00f3 esas orillas, aisl\u00f3 en lados opuestos a las poblaciones de una misma especie, que viv\u00edan en h\u00e1bitats similares&#8221;, dice el bi\u00f3logo de la USP. Como consecuencia de ello, dichas especies evolucionaron en ambientes separados y dieron origen a las especies actualmente halladas \u00fanicamente o en la orilla derecha o en la izquierda del r\u00edo (<em>lea en<\/em> <em>Pesquisa FAPESP<\/em>\u00a0<em>n\u00ba 57<\/em> ). El modelo permanece siendo id\u00e9ntico, pero los lagartos hasta ahora llamados\u00a0<em>Tropidurus<\/em> pasaron a ser reconocidos como integrantes de un nuevo g\u00e9nero (<em>Eurolophosaurus<\/em>), y los an\u00e1lisis de ADN sugieren que su origen habr\u00eda sido m\u00e1s antiguo, entre 1 y 3 millones de a\u00f1os atr\u00e1s, y no tan reciente como se supon\u00eda.<\/p>\n<p><strong>De la Caatinga al Chaco<br \/>\n<\/strong>Entre los mam\u00edferos, el n\u00famero total de especies que viven en la Caatinga trep\u00f3 de 80 a 143, y el de especies end\u00e9micas, de tres a al menos 20, como resultado de los estudios coordinados por Jo\u00e3o Oliveira, de la UFRJ. Se sab\u00eda que solamente en la Caatinga vive el cavy de roca (<em>Kerodon rupestris<\/em>), un rat\u00f3n de hasta 40 cent\u00edmetros; el rat\u00f3n pico de lacre (<em>Wiedomys pyrrhorhinos<\/em>), de 10 a 13 cent\u00edmetros, eso sin contar su larga cola, que le sirve de apoyo a la hora de treparse a los \u00e1rboles; y el armadillo giboso (<em>Tolypeutes tricinctus<\/em>), que el menor armadillo brasile\u00f1o, de entre 22 y 27 cent\u00edmetros, que enrolla su cuerpo como una pelota cuando se ve amenazado. La lista de los animales end\u00e9micos incluye ahora tambi\u00e9n al murci\u00e9lago insect\u00edvoro\u00a0<em>Micronycteris sanborni<\/em> , al marsupial\u00a0<em>Thylamys karimii<\/em> , de lomo gris claro y vientre color crema, y a un mono sau\u00e1 (<em>Callicebus barbarabrownae<\/em>), descrito con base en el material recolectado a comienzos del siglo pasado y hallado recientemente en el interior de Bah\u00eda. Pero, de cualquier manera, seg\u00fan Oliveira, el endemismo de mam\u00edferos de la Caatinga es al menos tres veces menor que el del Bosque Atl\u00e1ntico o el de la Amazonia, teniendo en cuenta la propia extensi\u00f3n de cada ecosistema.<\/p>\n<p>&#8220;La Caatinga es el ecosistema menos protegido de Brasil, ya que las unidades de conservaci\u00f3n de protecci\u00f3n integral cubren menos del 2% de su territorio&#8221;, dice Tabarelli, que aboga por la creaci\u00f3n de nuevas unidades de conservaci\u00f3n. El estudio de las bot\u00e1nicas Isabel Cristina Machado y Ariadna Valentina Lopes, de la UFPE, acent\u00faa la necesidad de la preservaci\u00f3n, al revelar una riqueza inesperada de los procesos especializados de polinizaci\u00f3n: de las 147 especies de hierbas, \u00e1rboles y arbustos estudiados, un 30% es polinizado \u00fanicamente por las abejas, un 15% por picaflores y un 13% por murci\u00e9lagos.<\/p>\n<p>&#8220;Estos descubrimientos ayudan a deshacer el mito de que la Caatinga es pobre en especies y fen\u00f3menos exclusivos&#8221;, comenta la investigadora. Y ech\u00f3 por tierra tambi\u00e9n, debido a la falta de evidencias, la antigua idea de que la vegetaci\u00f3n nativa del semi\u00e1rido brasile\u00f1o ser\u00eda una prolongaci\u00f3n del Chaco argentino. Ahora se sospecha lo contrario: algunas especies de plantas, como por ejemplo el quebracho (<em>Aspidosperma quebracho<\/em>), un \u00e1rbol de hasta 30 metros, pueden haber recorrido el camino opuesto. Habr\u00eda sido una lenta migraci\u00f3n, que se habr\u00eda llevado a cabo en el transcurso de miles de a\u00f1os, a medida que el clima cambiaba y el agua de las lluvias, el viento y las hormigas, con su habitual discreci\u00f3n, transportaban las semillas de un lado a otro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La diversidad de especies propias y ciertos fen\u00f3menos peculiares echan por tierra los prejuicios referentes la regi\u00f3n conocida como &#8220;Caatinga&#8221;","protected":false},"author":152,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[466],"class_list":["post-76744","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76744","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/152"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76744"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76744\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76744"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76744"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76744"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76744"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}