{"id":76745,"date":"2003-11-01T00:00:00","date_gmt":"2003-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/11\/01\/alas-del-pasado-2\/"},"modified":"2015-05-12T16:49:54","modified_gmt":"2015-05-12T19:49:54","slug":"alas-del-pasado-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/alas-del-pasado-2\/","title":{"rendered":"Alas del pasado"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2003\/11\/01\/alas-del-pasado-2\/asas\/\" rel=\"attachment wp-att-95111\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-95111\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/asas.jpg\" alt=\"\" width=\"159\" height=\"130\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/asas.jpg 159w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/11\/asas-120x98.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 159px) 100vw, 159px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">miguel boyayan<\/span><\/a>Los vecinos ya no sorprenden con los cargamentos que llegan a la casa de Herculano Alvarenga en Taubat\u00e9, una localidad ubicada a unos 120 kil\u00f3metros de la capital paulista. En julio pasado, estacion\u00f3 frente al n\u00famero 99 de la calle Colombia un cami\u00f3n con centenas de kilos de f\u00f3siles descubiertos en el nordeste, donde este m\u00e9dico de 56 a\u00f1os hab\u00eda llevado a cabo una misi\u00f3n exploratoria en marzo. En otra ocasi\u00f3n, lleg\u00f3 una carga internacional de 62 kilos remitida por un amigo del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, el estadounidense Storrs Olson, uno de los m\u00e1s renombrados ornit\u00f3logos contempor\u00e1neos. En su interior, claro, m\u00e1s huesos petrificados de animales de millones de a\u00f1os. La mayor parte del material all\u00ed desembarcado abulta la colecci\u00f3n de f\u00f3siles de este paulista que contabiliza aproximadamente dos mil esqueletos \u2013\u00a0r\u00e9plicas y originales, enteros o incompletos \u2013\u00a0de animales prehist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Al margen de enriquecer el acervo del coleccionador, que a partir del a\u00f1o que viene pasar\u00e1 a ser expuesto en forma permanente para el p\u00fablico en general, con la inauguraci\u00f3n del Museo de Historia Natural de Taubat\u00e9, una fracci\u00f3n de estos f\u00f3siles, los esqueletos de los seres alados, es a\u00fan objeto de serias investigaciones cient\u00edficas. Sucede que Alvarenga es un enamorado de los huesos por partida doble. En su consultorio de ortopedista, trata las articulaciones de los vivos. En casa, entretanto, se ocupa de los muertos: ejerce la actividad paralela de paleont\u00f3logo especializado en aves f\u00f3siles y estudia cr\u00e1neos, h\u00fameros (el hueso principal de las alas) y f\u00e9mures de animales que vivieron hace miles o millones de a\u00f1os en la Tierra.<\/p>\n<p>&#8220;Siempre tuve facilidad para analizar huesos y me interesaba la zoolog\u00eda&#8221;, dice el m\u00e9dico, que concluy\u00f3 su doctorado en dicha \u00e1rea en la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) en los a\u00f1os 1990. Aunque ya no est\u00e1 vinculado formalmente a ninguna universidad, Alvarenga ha descubierto y descrito 15 nuevas especies de aves f\u00f3siles, la mayor\u00eda de \u00e9stas halladas en sitios de la cuenca de Taubat\u00e9. Estos hallazgos hicieron que se volviese conocido entre los acad\u00e9micos. &#8220;Mucho material importante podr\u00eda haberse perdido si no fuese por el trabajo de Alvarenga&#8221;, afirma Castor Cartelle, paleont\u00f3logo de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).<\/p>\n<p>En los \u00faltimos meses, en colaboraci\u00f3n con colegas que ocupan cargos en instituciones de investigaci\u00f3n, Alvarenga public\u00f3 tres art\u00edculos cient\u00edficos informando sobre sus hallazgos. Junto con Edson Guilherme, del Laboratorio de Paleontolog\u00eda de la Universidad Federal de Acre (Ufac), public\u00f3 un trabajo en la edici\u00f3n de septiembre del\u00a0<em>Journal of Vertebrate Paleontology<\/em> en la cual describe dos nuevas especies de aningas que vivieron hace aproximadamente 5 millones de a\u00f1os: la\u00a0<em>Macranhinga ranzii<\/em> y la\u00a0<em>Anhinga minuta<\/em> . Fue una descubrimiento lleno de superlativos. &#8220;Estas especies representan respectivamente la mayor y la menor aninga que se conoce&#8221;, comenta Alvarenga, que analiz\u00f3 fragmentos de huesos de esos animales descubiertos por cient\u00edficos de la Ufac en dos puntos de las orillas del r\u00edo Acre.<\/p>\n<p>Este tipo de ave, de la cual quedan en la actualidad apenas dos especies vivas en el mundo, se asemeja al pel\u00edcano y vive a orillas de r\u00edos y lagunas, donde se alimenta de peces. La\u00a0<em>Macranhinga ranzii<\/em> debe haber pesado entre 8 y 10 kilos y medido un metro y medio de altura, con un porte alrededor de un 20% m\u00e1s aventajado que la igualmente extinguida\u00a0<em>Macranhinga paranensis<\/em> , hallada en Argentina y considerada hasta ahora la mayor aninga [o anhinga, o bigu\u00e1] encontrada hasta ahora. La masa corp\u00f3rea de la\u00a0<em>A. minuta<\/em> probablemente no pasaba de los 600 gramos, y su altura era de m\u00e1s o menos 50 cent\u00edmetros. A los efectos de establecer una comparaci\u00f3n, la\u00a0<em>Anhinga anhinga,<\/em> la \u00fanica especie de aninga viva en el continente americano, incluido Brasil, pesa un kilo y medio y mide 90 cent\u00edmetros de altura.<\/p>\n<p>As\u00ed y todo, quiz\u00e1 una de las aves prehist\u00f3ricas m\u00e1s interesantes descritas por el paleont\u00f3logo y ortopedista sea el minic\u00f3ndor\u00a0<em>Wingegyps cartellei<\/em>, que probablemente cruzaba los cielos de Bah\u00eda y Minas Gerais hace 12.200 a\u00f1os. En conjunto con Storrs Olson, del Museo Nacional de Historia Natural de Estados Unidos, Alvarenga se refiri\u00f3 a ese antiguo p\u00e1jaro en la edici\u00f3n m\u00e1s reciente de la revista\u00a0<em>Proceedings of the Biological Society of Washington<\/em>. Los f\u00f3siles de ejemplares de ese ser alado, que se resumen a un cr\u00e1neo y dos h\u00fameros rescatados respectivamente en cavernas de Bah\u00eda y Minas Gerais, pueden ser importantes para arribar a una mejor comprensi\u00f3n del surgimiento de la familia\u00a0<em>Vulturidae<\/em>.<\/p>\n<p>Los c\u00f3ndores y los buitres pertenecen a dos grupos de aves que forman esta familia. Como actualmente los c\u00f3ndores son grandes y los buitres relativamente peque\u00f1os (si se los compara con los primeros), muchos ornit\u00f3logos piensan que esa diferencia de porte siempre existi\u00f3. Ergo, siguiendo tal razonamiento, las menores aves de la familia\u00a0<em>Vulturidae<\/em> deber\u00edan ser siempre clasificadas como buitres, en tanto que las mayores recibir\u00edan autom\u00e1ticamente la denominaci\u00f3n de c\u00f3ndores. El\u00a0<em>W. cartellei<\/em> muestra que las cosas no son precisamente as\u00ed. &#8220;En el pasado, hab\u00eda una mayor diversidad de c\u00f3ndores, con especies grandes y peque\u00f1as&#8221;, afirma Alvarenga. &#8220;Hoy en d\u00eda podemos afirmar que lo que distingue a un c\u00f3ndor de un buitre son las particularidades de su esqueleto, sobre todo del cr\u00e1neo, y no su tama\u00f1o.&#8221;<\/p>\n<p>El minic\u00f3ndor\u00a0<em>W. cartellei,<\/em> con su aproximadamente medio metro de longitud (la distancia entre la punta del pico y el extremo de la cola) y una envergadura de unos 130 cent\u00edmetros, ten\u00eda dimensiones m\u00e1s modestas que las que exhibe en la actualidad el menor representante vivo de la familia\u00a0<em>Vulturidae<\/em>, el peque\u00f1o zopilote o jote cabeza amarilla (<em>Cathartes burrovianus<\/em>). Esta ave actual, cuyo h\u00e1bitat natural se extiende desde M\u00e9xico hasta Argentina (en Brasil, la presencia m\u00e1s com\u00fan se da en la Amazonia), mide alrededor de 60 cent\u00edmetros de longitud, y sus alas, cuando se despliegan, se extienden por poco m\u00e1s de un metro y medio. Para hacerse una idea de c\u00f3mo era el diminuto ejemplar de la familia\u00a0<em>Vulturidae<\/em> cuyos vestigios fueron encontrados en Minas y Bah\u00eda, basta con observar al c\u00f3ndor de California (<em>Gymnogyps californianus<\/em>), una especie amenazada de extinci\u00f3n t\u00edpica del sudoeste de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Dicha ave, de la cual solamente quedan 220 ejemplares, puede llegar a medir hasta 1,4 metros de longitud y la envergadura de sus alas llega a los 3 metros. &#8220;El\u00a0<em>W. cartellei<\/em> es una miniatura del c\u00f3ndor de California, y es su pariente m\u00e1s cercano que se conozca&#8221;, compara Alvarenga.\u00a0Pero no son solamente aves de peque\u00f1o y mediano porte, como las aningas y el minic\u00f3ndor, que fueron recientemente descritas por Alvarenga. En otro trabajo con Olson, publicado en 2002 en\u00a0<em>Proceedings of the Biological Society of Washington<\/em>, el paleont\u00f3logo y ortopedista, que se dedica a sus f\u00f3siles en los momentos de descanso del consultorio, identific\u00f3 un nuevo g\u00e9nero y especie de ave gigante: el\u00a0<em>Taubatornis campbelli<\/em>, que habit\u00f3 en la cuenca de Taubat\u00e9 (de all\u00ed el nombre cient\u00edfico del g\u00e9nero) hace cerca de 23 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Perteneciente a la extinguida familia\u00a0<em>Terathornithidae<\/em>, constituida por imponentes seres alados, que deber\u00edan ser predadores de otros animales, o sencillamente comedores de restos y carro\u00f1a, el\u00a0<em>T. campbelli<\/em> es la m\u00e1s antigua y la menor de las aves gigantes encontradas por el hombre. &#8220;Es cuatro veces m\u00e1s vieja que el\u00a0<em>Argentavis magnificens<\/em>, que vivi\u00f3 hace aproximadamente 6 millones de a\u00f1os&#8221;, dice Alvarenga, que encontr\u00f3 un esqueleto incompleto de este animal en la formaci\u00f3n Trememb\u00e9, en el interior de la cuenca de Taubat\u00e9. El\u00a0<em>A. magnificens<\/em> , un coloso de los cielos de las zonas centro y norte de Argentina, es la mayor ave voladora que un alg\u00fan d\u00eda haya surcado los aires de este mundo.\u00a0Se cree que su longitud superase los 3 metros y \u2013\u00a0he ah\u00ed el dato m\u00e1s impresionante \u2013\u00a0sus alas, cuando eran desplegadas, se prolongaban por 8 metros, lo suficiente como para cubrir dos coches populares dispuestos uno a continuaci\u00f3n del otro.<\/p>\n<p>El\u00a0<em>T. campbelli,<\/em> de tama\u00f1o diminuto para un miembro de la familia\u00a0<em>Terathornithidae<\/em>, ten\u00eda una envergadura cuatro veces menor, de aproximadamente 1,9 metros. Pero aun as\u00ed, como puede observarse, era un animal imponente. Tanto que entr\u00f3 a la familia de las aves gigantes. &#8220;Este f\u00f3sil tambi\u00e9n refuerza a\u00fan m\u00e1s la hip\u00f3tesis de que esa familia se habr\u00eda originado en Sudam\u00e9rica&#8221;, afirma Olson, que ya se ha hospedado tres veces en la casa de Alvarenga para estudiar el material de su colaborador brasile\u00f1o. Los vestigios m\u00e1s antiguos de aves gigantes encontrados en Norteam\u00e9rica son del final del Terciario (hace alrededor de 5 millones de a\u00f1os).<\/p>\n<p>El ortopedista paulista comenz\u00f3 a transformarse en experto en aves prehist\u00f3ricas \u2013\u00a0y coleccionador de huesos de otros tipos de animales del pasado \u2013\u00a0hace alrededor de 30 a\u00f1os. En un golpe de suerte, durante una excursi\u00f3n por la cuenca de Taubat\u00e9, sabidamente rica en f\u00f3siles de animales, se depar\u00f3 con su primer hallazgo: un esqueleto casi completo de un animal que m\u00e1s tarde bautizar\u00eda con el nombre cient\u00edfico de\u00a0<em>Paraphysornis brasiliensis<\/em>. Se trataba de un ave, justamente el tipo de animal que lo fascinaba desde su infancia: una supergallina carn\u00edvora de 2 metros de altura, de unos 180 kilos, que era incapaz de volar y debe haber deambulado por la regi\u00f3n hace 23 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Luego de analizar el esqueleto en casa durante alg\u00fan tiempo, el ortopedista pens\u00f3 en entreg\u00e1rselo a Di\u00f3genes de Almeida Campos, un profesional de la paleontolog\u00eda del Departamento Nacional de Producci\u00f3n Mineral (DNPM) de R\u00edo de Janeiro. &#8220;Pero Campos me dijo que demorar\u00eda mucho tiempo para estudiar el hueso en detalle tal como yo lo hab\u00eda hecho&#8221;, comenta Alvarenga. &#8220;Y me incit\u00f3 a que prosiguiese los estudios y que publicase un art\u00edculo cient\u00edfico sobre el ave.&#8221;<\/p>\n<p>De esta manera inici\u00f3 su carrera como cazador de aves f\u00f3siles. Desde entonces, el ortopedista frecuenta congresos de paleontolog\u00eda, ocasionalmente dicta clases en universidades y escribe art\u00edculos cient\u00edficos. Para dar a\u00fan mas volumen a su colecci\u00f3n de huesos, suele hacer r\u00e9plicas de sus hallazgos, para intercambiarlas con cient\u00edficos e instituciones de Brasil y del exterior, por copias de esqueletos de animales que todav\u00eda no forman parte de su acervo. Por eso, quien visite el Museo de Historia Natural de Taubat\u00e9 a mediados del pr\u00f3ximo a\u00f1o, la \u00e9poca prevista para su inauguraci\u00f3n, ver\u00e1 mucho m\u00e1s que f\u00f3siles de aves. Habr\u00e1 de todo un poco en dicho emprendimiento, que cuenta con el apoyo de la municipalidad local: r\u00e9plicas de mam\u00edferos, peces, reptiles y dinosaurios, como el famoso\u00a0<em>Tyrannosaurus rex<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"F\u00f3siles de un minic\u00f3ndor y de un ave gigante sirven para reconstituir la prehistoria de los seres alados en Brasil","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-76745","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76745","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76745"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76745\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76745"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76745"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76745"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}