{"id":76747,"date":"2003-11-01T00:00:00","date_gmt":"2003-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/11\/01\/el-alma-encantadora-de-los-escenarios-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:34:18","modified_gmt":"2016-01-29T15:34:18","slug":"el-alma-encantadora-de-los-escenarios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-alma-encantadora-de-los-escenarios-2\/","title":{"rendered":"El alma encantadora de los escenarios"},"content":{"rendered":"<p>\u00c9l exaltaba el &#8220;alma encantadora de las calles&#8221; con la misma fuerza de su adoraci\u00f3n por las bambalinas y los foyers de los teatros. Por eso en sus escritos reuni\u00f3 esos dos mundos; as\u00ed, las callejuelas y los salones chics de la\u00a0<em>belle \u00e9poque<\/em> carioca se convirtieron en escenarios, y sus habitantes en personajes. Al morir, en 1921, v\u00edctima de un infarto en plena calle Pedro Am\u00e9rico (un escena digna de un melodrama, pues hab\u00eda terminado de escribir una cr\u00f3nica en la que afirmaba: &#8220;Apuesto mi vida \u2013\u00a0dos a\u00f1os todav\u00eda, si tomo mucho cuidado&#8221;), su cortejo atrajo a m\u00e1s de cien mil espectadores. Aun a la hora de la muerte, Jo\u00e3o do Rio no pudo dejar de lado al p\u00fablico.<\/p>\n<p>Escritor inquieto, de m\u00faltiples preocupaciones, Jo\u00e3o Paulo Em\u00edlio Crist\u00f3v\u00e3o dos Santos Coelho Barreto, Jo\u00e3o do Rio (o tambi\u00e9n Claude, Caran d&#8217;Ache, Joe, Jos\u00e9 Antonio Jos\u00e9, algunos de sus muchos seud\u00f3nimos), dedic\u00f3 mucha tinta de su pluma a discutir la decadencia que atravesaba el teatro brasile\u00f1o de prosa a comienzos del siglo XX. &#8220;Sus textos para peri\u00f3dicos brindan una visi\u00f3n fant\u00e1stica del teatro de la \u00e9poca. En ellos, Jo\u00e3o do Rio discut\u00eda las obras, hablaba sobre los bastidores, los autores y el p\u00fablico, y especialmente atacaba a la cr\u00edtica teatral de su tiempo, que, para \u00e9l, dificultaba el avance de nuestra escena, al impedir la entrada de ideas nuevas&#8221;, dice la investigadora N\u00edobe Abreu Peixoto, cuya tesis doctoral, intitulada\u00a0<em>Jo\u00e3o do Rio y el Escenario,<\/em> recupera al cronista como &#8220;reportero de bambalinas&#8221;, buen analista y autor de teatro.<\/p>\n<p><strong>Un sabroso registro<br \/>\n<\/strong>Con base en una investigaci\u00f3n realizada en peri\u00f3dicos de la \u00e9poca (entre los cuales pueden mencionarse\u00a0<em>O Pa\u00eds<\/em>,\u00a0<em>Revista da Semana<\/em>,\u00a0<em>A Cidade do Rio<\/em> y\u00a0<em>O Correio Mercantil<\/em>), N\u00edobe deline\u00f3 la evoluci\u00f3n cronol\u00f3gica de las ideas teatrales de Jo\u00e3o do Rio, sacando a la luz un interesante conjunto de opiniones sobre piezas y dramaturgos brasile\u00f1os y europeos. Por a\u00f1adidura, puede leerse un sabroso registro referente a la vida teatral de su tiempo, con descripciones de ensayos, puestas en escena, bastidores y entrevistas con actores, artistas y empresarios, en una notable mezcla de ficci\u00f3n y realidad.<\/p>\n<p>&#8220;Pero \u00e9l siempre mantuvo una visi\u00f3n muy pr\u00e1ctica acerca de c\u00f3mo deber\u00eda ser el teatro, casi con ojos de un empresario del sector. De ello se desprende su participaci\u00f3n en la pol\u00e9mica por la inauguraci\u00f3n del Teatro Municipal de R\u00edo, por ejemplo: mientras muchos sosten\u00edan que deber\u00eda ser un espacio \u00fanicamente restringido a autores nacionales, Jo\u00e3o do Rio argumentaba que, de cara al car\u00e1cter incipiente de nuestra dramaturgia, era necesario aprender con aquello que llegaba de afuera, hasta que nuestros autores se desarrollasen&#8221;, afirma la investigadora. Por cierto, el ejemplo destacado brinda una muestra acerca de la importancia del teatro en la vida cotidiana carioca antes de la llegada del cine. Bien o mal, todo giraba en torno a los escenarios. Empero, no siempre en la direcci\u00f3n preferida por Jo\u00e3o do Rio.<\/p>\n<p>&#8220;Para agradar, una puesta en escena requiere apenas mucho baile intercalado, dos docenas de juegos de palabras corrientes y un chiste grosero de vez en cuando, para llamar el calor hacia la superficie, como un sinapismo para la indiferencia. Cuando se intenta agarrar a dos personajes para un fin decente y conducir al p\u00fablico al tercer acto, \u00e9ste no asiste al esfuerzo una segunda vez&#8221;, escribi\u00f3 en 1908 en\u00a0<em>A Not\u00edcia<\/em> . Un comentario preciso: al p\u00fablico de ese entonces le gustaba \u00fanicamente el vaudeville, del teatro sin compromisos cerebrales o, para aparentar cultura europea, el de la \u00f3pera, que llegaba de la mano de las compa\u00f1\u00edas extranjeras. Ambos detestados por Jo\u00e3o do Rio.<\/p>\n<p>&#8220;Esta ciudad de music\u00f3grafos est\u00e1 atrasad\u00edsima en el movimiento musical. Los empresarios no se arriesgan a traer novedades. Un verdadero pavor se apodera de las empresas cuando se hace referencia a trabajos nuevos&#8221;, observ\u00f3 para punzar al g\u00e9nero l\u00edrico, visto por Jo\u00e3o do Rio como una &#8220;enfermedad&#8221;, una &#8220;moda est\u00e9tica&#8221;: &#8220;Qu\u00e9 hacer si toda la gente conocida deja a la Duse plantada y corre hacia la taquilla del L\u00edrico para o\u00edr\u00a0<em>La Traviata<\/em> &#8220;. Culpa del p\u00fablico, sin duda, pero m\u00e1s a\u00fan de la cr\u00edtica. &#8220;Nuestra cr\u00edtica, que hace g\u00e1rgaras de pedantismo oficial, va al campo con una solemnidad pedante de burgu\u00e9s empaquetado en hechos domingueros, lanza un saludo al amigo de la derecha, le sonr\u00ede al de la izquierda y, con la desesperaci\u00f3n de la erudici\u00f3n comparativa, realiza consideraciones estultas, denostando el pensamiento ajeno con cortes inconvenientes y una gravedad repleta de suficiencia caracter\u00edstica de los arcaicos.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;Jo\u00e3o do Rio acusaba a la cr\u00edtica de rechazar lo que era nuestro, de impedir la revitalizaci\u00f3n del medio teatral y de apadrinar a artistas y compa\u00f1\u00edas. Pues bien, estaba en lo cierto, pero en sus escritos, a menudo, Jo\u00e3o do Rio tambi\u00e9n tomaba ese mismo camino al tomar partido por sus favoritos&#8221;, observa la investigadora. Se irritaba de igual modo contra aqu\u00e9llos que pregonaban una &#8220;regeneraci\u00f3n teatral&#8221;, de cara al creciente n\u00famero de espect\u00e1culos en cartelera en la ciudad.<\/p>\n<p>&#8220;Ac\u00e1, cuando la cosa no tiene remedio y est\u00e1 perdida, todas la consideran espl\u00e9ndida y los muchachos cr\u00edticos de los peri\u00f3dicos hablan en serio de las &#8216;piezas&#8217; (dramones y vaudevilles) y todos, con la mayor calma, aseguran: &#8216;\u00a1Un movimiento animador! \u00a1El Teatro Nacional renace!'&#8221; En realidad, los autores nacionales, carentes de est\u00edmulo debido al desinter\u00e9s general del p\u00fablico, dejaban de lado la producci\u00f3n de obras de teatro. Piezas serias, como nos cuenta Jo\u00e3o do Rio, solamente si fuesen en franc\u00e9s o en italiano, y a cargo de compa\u00f1\u00edas extranjeras con Eleonora Duse o Sarah Bernhardt. &#8220;Se creaba de esa manera una divisi\u00f3n del trabajo perversa: los autores brasile\u00f1os solamente escrib\u00edan para compa\u00f1\u00edas que ten\u00edan en la mira al grande p\u00fablico, y con ello se aten\u00edan a producir obras de nivel inferior y desactualizadas. Las obras m\u00e1s intelectualizadas y contempor\u00e1neas eran privilegio de las compa\u00f1\u00edas europeas&#8221;, acota el profesor Jo\u00e3o Roberto Faria, director de la tesis.<\/p>\n<p>Para empeorar m\u00e1s a\u00fan la vida de la escena brasile\u00f1a, hab\u00eda se hac\u00eda presente la competencia de la novedad: el cinemat\u00f3grafo. &#8220;Al margen de robarle p\u00fablico a los teatros, la llegada del cine oblig\u00f3 a los productores teatrales a abaratar las entradas para intentar recuperar el p\u00fablico perdido&#8221;, recuerda Faria. &#8220;En ese movimiento se crearon los llamados teatros por sesiones, en los que una obra era presentada en sesiones continuas, una despu\u00e9s de la otra. Las pieza eran picoteadas e imperaba el comercialismo denunciado por Jo\u00e3o do Rio&#8221;, acota.<\/p>\n<p>&#8220;Y nuestros autores, al ver que no pod\u00edan ir hasta el sacrificio de morirse de hambre, fueron entrando a los cinemat\u00f3grafos, al principio como entrem\u00e9s, despu\u00e9s como voces por detr\u00e1s del tel\u00f3n y por \u00faltimo expulsando al aparato y poniendo en escena disparates indecibles con rapidez de tren expreso. Agarrar piezas de autores muertos o ausentes, hacerlas un amasijo en alb\u00f3ndigas de una hora y no indagar a qui\u00e9n deben pagarse los derechos es un delito digno de castigo&#8221;, atac\u00f3 en un texto de 1911. Los resultados r\u00e1pidamente saltan a la vista.<\/p>\n<p>&#8220;El p\u00fablico compara, el p\u00fablico es cruel, el p\u00fablico va al extranjero. Los actores nacionales de valor, vi\u00e9ndose ante la dura contingencia de no poder remar contra la corriente, corren a los transatl\u00e1nticos. Raros son los que todav\u00eda resisten, heroicamente. Las compa\u00f1\u00edas extranjeras, que eran raras, comenzaron llegar a montones, pasaron a quedarse m\u00e1s tiempo, casi todo el a\u00f1o&#8221;, acota el escritor. El punto de inflexi\u00f3n de esta decadencia pareci\u00f3 estar para muchos en la pol\u00e9mica construcci\u00f3n del nuevo Teatro Municipal de R\u00edo de Janeiro, llevada a cabo por el alcalde Pereira Passos.<\/p>\n<p><strong>Una nueva casa de espect\u00e1culos<br \/>\n<\/strong>&#8220;Mucha gente censur\u00f3 el gasto que se hace con la construcci\u00f3n de ese edificio maravilloso. Es cierto que, con la suma gastada, se pod\u00eda erigir un hermoso teatro de comedia, hacer un matadero modelo o edificar algunas decenas de construcciones para escuelas. Se gast\u00f3 mucho, pero se gast\u00f3 bien. Los pueblos, al igual que los individuos, no viven solamente de utilidades pr\u00e1cticas, quieren alguna cosa que les aporte encanto a sus existencias, que los eleve y les regocije el alma&#8221;, observ\u00f3 Jo\u00e3o do Rio en su cr\u00f3nica en\u00a0<em>Ilustra\u00e7\u00e3o<\/em>. Mientras tanto, el debate arreciaba en la sociedad, con relaci\u00f3n a qu\u00e9 se deber\u00eda presentar en la nueva y suntuosa casa de espect\u00e1culos. Pero no siempre se pod\u00eda ser serio.<\/p>\n<p>Para enfriar los \u00e1nimos, el cronista, defendiendo la variedad sobre el escenario, y frente al car\u00e1cter incipiente de la dramaturgia nacional, tambi\u00e9n comentaba sobre el sistema de ventilaci\u00f3n del teatro: &#8220;El Municipal tiene un aparato de distribuci\u00f3n de aire fr\u00edo que cae desde lo alto. El resultado son gripes consecutivas. Pocos d\u00edas atr\u00e1s, y ante m\u00ed, una se\u00f1ora, con esos cambios, tuvo un verdadero acceso de gripe: tiritaba como si estuviese atravesando el B\u00e1ltico en diciembre&#8221;. Igualmente humorada es su visi\u00f3n sobre el traslado del eje cultural de la entonces Capital Federal a S\u00e3o Paulo, basado en un comentario formulado por la actriz francesa Sarah Bernhardt en 1893.<\/p>\n<p>En la ocasi\u00f3n, la celebrada diva, al despedirse de los paulistas, elogi\u00f3 la ciudad como &#8220;la capital art\u00edstica de Brasil&#8221;, una observaci\u00f3n curiosa ante el poco desarrollo cultural de S\u00e3o Paulo. Pero Jo\u00e3o do Rio recuerda el elogio de la actriz para fustigar a sus conterr\u00e1neos. &#8220;Nosotros fingimos que nos enga\u00f1amos, aparentamos creer que el p\u00fablico carioca frecuenta y aprecia el teatro o cualquier otra manifestaci\u00f3n de placer art\u00edstico; es un puro enga\u00f1o. S\u00e3o Paulo continua siendo la capital art\u00edstica de Brasil. Nosotros nos asemejamos mucho a esas familias de median\u00eda burguesa que quieren dar un baile sin poder hacerlo; invitan a todos los vecinos, y a los conocidos que viven lejos, y despu\u00e9s no saben qu\u00e9 hacer para darle de cenar a tanta gente. Tanto teatro abierto y tanta desilusi\u00f3n&#8230;&#8221;<\/p>\n<p><strong>Un g\u00e9nero ligero<br \/>\n<\/strong>&#8220;En esas cr\u00f3nicas, Jo\u00e3o do Rio se aproxima a las cr\u00edticas hechas anteriormente por Machado de Assis, Jos\u00e9 Ver\u00edssimo y Artur de Azevedo sobre la continuidad en el teatro brasile\u00f1o del siglo XX de los vicios del siglo XIX, con su preferencia por el g\u00e9nero ligero. Para ellos era necesario superar la distancia entre el teatro y la literatura, algo que solamente suceder\u00eda m\u00e1s tarde, con la llegada de una nueva generaci\u00f3n de dramaturgos que trabajaban sobre tem\u00e1ticas m\u00e1s serias&#8221;, dice Roberto Faria. Tem\u00e1ticas serias y que se refiriesen a Brasil, como preconiza Jo\u00e3o do Rio en algunos de sus textos. &#8220;Los brasile\u00f1os no comprenden que su primer calidad debe ser la de amar sus cosas. Esto sucede con los productos de la inteligencia, sucede con todo. Somos un pobre pa\u00eds. Y hemos de serlo indefinidamente, mientras sigamos juzgando como inferior aquello que es nuestro.&#8221;<\/p>\n<p>Una de sus \u00faltimas batallas fue por los derechos de autor. En 1917, tras a\u00f1os pregonando la necesidad de crear una sociedad de autores teatrales, Jo\u00e3o do Rio se convierte en el primer presidente electo de la Sociedad Brasile\u00f1a de Autores Teatrales &#8211; SBAT. Al fin de cuentas, \u00e9l era tambi\u00e9n un autor. &#8220;Pero en sus obras no encontramos el ambiente decadente, pesado y morboso que envuelve a los personajes de sus cuentos. Su dramaturgia m\u00e1s comentada privilegia el perfume, la pulidez y la artificialidad de los ambientes refinados&#8221;, comenta N\u00edobe. En piezas como\u00a0<em>Eva<\/em> o\u00a0<em>A Bela Madame Vargas<\/em> notamos la gran influencia del escritor ingl\u00e9s Oscar Wilde, de quien Jo\u00e3o do Rio tradujo Salom\u00e9.<\/p>\n<p><strong>Estilo dandi<br \/>\n<\/strong>&#8220;Jo\u00e3o do Rio transporta el universo refinado de la belle \u00e9poque a los escenarios, captando c\u00f3mo habr\u00eda sido vivir en Brasil queriendo respirar el aire de Par\u00eds. Es una buena cr\u00edtica de costumbres, que dialoga con el boulevard franc\u00e9s y con Wilde, a trav\u00e9s de grandes frases y dichos espiritosos de personajes como el Bar\u00f3n Belfort&#8221;, dice Jo\u00e3o Roberto Faria. &#8220;Jo\u00e3o do Rio cultiv\u00f3 el estilo dandi, pero su obra fue mucho m\u00e1s all\u00e1. Es una pena esa confusi\u00f3n entre la vida y la obra, que le encanta poner el foco en el elemento marginal, homosexual. Jo\u00e3o do Rio retrat\u00f3 como pocos una franja de la sociedad, y lo hizo en forma cr\u00edtica, aunque parezca alienada a primera vista. Pero es toda una caricatura en la que el cronista y el cr\u00edtico se vale de la m\u00e1scara del observador atento&#8221;, completa N\u00edobe.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nJo\u00e3o do Rio y el Escenario\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/96901\/joao-do-rio-e-o-palco-dramaturgia-e-critica-teatral\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 99\/07631-7<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Beca de Doctorado; <strong>Director de tesis\u00a0<\/strong>Jo\u00e3o Roberto Gomes de Faria \u2013\u00a0FLCH\/USP;\u00a0<strong>Becaria\u00a0<\/strong>N\u00edobe Abreu Peixoto \u2013\u00a0FLCH\/ USP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una tesis rev\u00e9 la militancia teatral de Jo\u00e3o do Rio ","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-76747","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76747","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76747"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76747\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76747"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76747"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76747"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76747"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}