{"id":76750,"date":"2003-11-01T00:00:00","date_gmt":"2003-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/11\/01\/chica-da-silva-pero-sin-x-2\/"},"modified":"2016-01-29T15:02:13","modified_gmt":"2016-01-29T17:02:13","slug":"chica-da-silva-pero-sin-x-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/chica-da-silva-pero-sin-x-2\/","title":{"rendered":"Chica da Silva, pero sin X"},"content":{"rendered":"<p>A olvidarse de todo lo que crea el lector que sabe sobre Xica da Silva . A prop\u00f3sito, empezando por \u00e9se, su nombre: Chica en realidad; Francisca da Silva, mulata, hija de una negra y de un portugu\u00e9s, nacida entre 1731 y 1735 (en fecha incierta), en la regi\u00f3n de minas de diamantes del poblado de Arraial do Tejuco, comprada y libertada por el contratista de diamantes Jo\u00e3o Fernandes de Oliveira, con quien vivi\u00f3 16 a\u00f1os y tuvo 13 hijos. Esa sensual negra, que le arrancaba aullidos al se\u00f1or portugu\u00e9s y horrorizaba a la sociedad, es un mito inventado en el siglo XIX y reapropiado, de diversas maneras y en \u00e9pocas diversas, cada una de las cuales interesada en su propia visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Conocer a Chica con &#8220;ch&#8221; [el mismo sonido en portugu\u00e9s: &#8220;sh&#8221;] es descubrir que la pretendida &#8220;democracia racial&#8221; de Brasil es un mito tan infundado como el de la propia esclava que fue reina. &#8220;Chica frecuentaba a la elite blanca de la ciudad y todas las hermandades blancas de Tejuco, y al morir, fue enterrada en el cementerio de la Iglesia de S\u00e3o Francisco de Assis, un privilegio atinente a los blancos adinerados. Todo esto prueba que ella era una mujer que se comportaba de acuerdo con los patrones sociales y morales de la \u00e9poca&#8221;, argumenta la investigadora J\u00fania Ferreira Furtado, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), autora del recientemente lanzado libro\u00a0<em>Chica da Silva e o Contratador dos Diamantes<\/em> [<em>Chica da Silva y el Contratista de Diamantes<\/em>](Companhia das Letras, 400 pags., R$ 48,50), un estudio hist\u00f3rico sobre las relaciones de g\u00e9nero y de raza en las Minas Gerais del siglo XVIII, que puede leerse con el placer que se lee un romance.<\/p>\n<p>Haciendo un contrapunto con la figura m\u00edtica, J\u00fania muestra que Chica no fue un caso<em>sui generis<\/em> , aunque s\u00ed especial, en el que una mujer negra liberta, en busca de ascensi\u00f3n social, se un\u00eda a un hombre blanco poderoso. Y que, a contramano de las historias, Chica buscaba efectivamente su inserci\u00f3n en la elite de la \u00e9poca, sin ning\u00fan car\u00e1cter libertario. La ex esclava termin\u00f3 siendo propietaria de esclavos y adopt\u00f3 los valores de la elite para poder pertenecer a \u00e9sta de alguna manera. &#8220;Ellas procuraban imitar los h\u00e1bitos y la costumbres de la elite, de manera tal que reproduc\u00edan en menor escala el mundo de aqu\u00e9llos que la hab\u00edan sometido a la esclavitud&#8221;, dice J\u00fania.<\/p>\n<p>&#8220;La libertad, en lugar de constituirse en punto de partida para la constituci\u00f3n afirmativa de una identidad negra, era el comienzo de un proceso de aceptaci\u00f3n de los valores de esa elite, de forma tal de insertarse e insertar tambi\u00e9n a sus descendientes en esa sociedad&#8221;, observa la autora.Y, nada m\u00e1s com\u00fan, dadas las circunstancias de aislamiento natural de la regi\u00f3n (&#8220;Una colonia dentro de otra colonia&#8221;, tal como la defini\u00f3 Charles Boxer, en\u00a0<em>su The Golden Age of Brazil<\/em>), que hac\u00edan interesante la uni\u00f3n entre blancos y negras. &#8220;Su caso no es el \u00fanico, pero s\u00ed es un ejemplo fuerte de la estrategia de borrar el origen esclavo, es decir: alguien se pod\u00eda casar con una negra, siempre y cuando \u00e9sta fuese &#8216;blanqueada'&#8221;, dice J\u00fania.<\/p>\n<p>&#8220;Chica fue usada como modelo de democracia racial (de c\u00f3mo los blancos se un\u00edan con las negras), cuando a decir verdad ella refuerza la hipocres\u00eda de ese concepto y muestra c\u00f3mo se daban &#8216;y a\u00fan se dan&#8217; las relaciones raciales en Brasil: tener relaciones con negras no es malo, siempre y cuando no sea oficial. Despu\u00e9s, basta con &#8216;limpiar&#8217; a la familia. \u00c9se es el pensamiento subyacente.&#8221;Tambi\u00e9n es subyacente a la uni\u00f3n entre Chica y el contratista la propia historia de Arraial do Tejuco. Los diamantes fueron descubiertos en 1729, aunque ya antes se hab\u00edan hecho exploraciones incipientes. Siempre que se encontraban riquezas en la colonia, la metr\u00f3poli se mov\u00eda para asegurarse su parte en la explotaci\u00f3n y en los impuestos. La Corona cre\u00f3 un modelo ejemplar, basado en los contratos rematados cada cuatro a\u00f1os por alg\u00fan interesado o por una sociedad que organizar\u00eda la explotaci\u00f3n para el gobierno de Lisboa, y le asegurar\u00eda a la corte una parte de los impuestos. Uno de los contratistas fue el sargento mayor Jo\u00e3o Fernandes de Oliveira, padre del hom\u00f3nimo futuro marido de Chica da Silva. El pueblo que el contratista padre encontr\u00f3 estaba habitado principalmente por mujeres negras. De all\u00ed la prodigalidad de las relaciones entre los blancos y ellas: Chica, por ejemplo, era esclava de Manuel Pires Sardinha, que la tom\u00f3 por amante cuando era todav\u00eda una adolescente. No contento con tener una Chica, Manuel ten\u00eda dos Chicas como amantes.<\/p>\n<p>La exageraci\u00f3n hizo que recibiera una reprimenda &#8220;paternal&#8221; del reverendo vicario, y al reincidir en el vicio, fue multado por la Iglesia. As\u00ed, cuando el contratista hijo lleg\u00f3 al pueblo, con el objetivo de sustituir al padre, que decidiera permanecer en Portugal, Sardinha vendi\u00f3 por 800 reyes a una de las Chicas a ese joven reci\u00e9n llegado. Jo\u00e3o Fernandes hab\u00eda tenido una educaci\u00f3n esmerada: era doctor de Coimbra. La libert\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s de haberla comprado, un hecho raro entre los propietarios mineros. Sea como sea, las mujeres ten\u00edan mayores posibilidades de lograr la libertad que los hombres.<\/p>\n<p>&#8220;El sexo fue determinante en las condiciones m\u00e1s o menos facilitadas de acceso a la libertad. El concubinato con hombres blancos brindaba por un lado algunas ventajas a las mujeres negras, pues una vez libres, ve\u00edan mitigarse el estigma del color y de la esclavitud, para ellas y para sus descendientes&#8221;, explica J\u00fania.En pocos a\u00f1os, una vez libre y con el apellido Silva (nombre com\u00fan para ex esclavos), Chica se encontr\u00f3 siendo propietaria de una casa y de esclavos. &#8220;Era un mecanismo esencial para su inserci\u00f3n en el mundo de los libres, donde reinaba el desprecio por el trabajo, por el vivir de las propios manos&#8221;, analiza la autora. &#8220;Y no se sostiene la figura de redentora de esclavos, tal como muchas veces la romantiz\u00f3 la historiograf\u00eda. Fue encontrada una sola referencia clara de que haya concedido la libertad a una esclava&#8221;, comenta. Chica entr\u00f3 en contacto con la cultura europea por medio del contratista y les dio a sus hijos la mejor educaci\u00f3n posible en ese rinc\u00f3n rec\u00f3ndito llamado Tejuco.<\/p>\n<p>En 1770 muri\u00f3 el padre de Jo\u00e3o Fernandes, y una disputa testamentaria oblig\u00f3 a \u00e9ste a retornar a Portugal para defender sus intereses, indisociables de los negocios paternos, dada la sociedad existente entre ambos. Chica se qued\u00f3 con los hijos en Minas Gerais. Curiosamente, la partida del contratista provocar\u00eda en dos a\u00f1os el colapso del antiguo sistema de contrataciones, pues, ante la falta de grandes profesionales del sector, la corte opt\u00f3 por poner en vigor el monopolio regio y cre\u00f3 la Real Extracci\u00f3n de Diamantes. La corte pretend\u00eda, ella misma, por intermedio de su funcionarios, encargarse de la explotaci\u00f3n de las riquezas.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Francisca da Silva de Oliveira muri\u00f3 en febrero de 1796. Jo\u00e3o Fernandes ya hab\u00eda muerto en 1779. Chica fue enterrada en la tumba n\u00famero 16, en la Iglesia de S\u00e3o Francisco de Assis. En el testamento del contratista no constaba su nombre. &#8220;Eso no fue una se\u00f1al de olvido o de ingratitud: al omitir la existencia de Chica en sus legados, procur\u00f3 dignificar a sus hijos ante la sociedad elitista del reino. Aun a la distancia, Jo\u00e3o Fernandes cuidaba indirectamente a Chica, a quien le dejara en Tejuco bienes considerables&#8221;, dice la investigadora.<\/p>\n<p>Ambos permanecieron olvidados hasta el siglo XIX, cuando el abogado de Diamantina, Joaquim Fel\u00edcio dos Santos, en su car\u00e1cter de procurador en la divisi\u00f3n de bienes de una pariente de Chica, descubri\u00f3 las actas del proceso de posesi\u00f3n de los bienes de Jo\u00e3o Fernandes. Fascinado con la historia, incluy\u00f3 a su modo \u2013\u00a0plagado de prejuicios y mitos \u2013\u00a0la vida de Chica en su libro\u00a0<em>Mem\u00f3rias do Distrito Diamantino<\/em> , de 1868. &#8220;No pose\u00eda gracias, no pose\u00eda belleza, no pose\u00eda esp\u00edritu, no hab\u00eda tenido educaci\u00f3n, en fin, no pose\u00eda atractivo alguno que pudiera justificar una fuerte pasi\u00f3n&#8221;, escribi\u00f3 el abogado.<\/p>\n<p><strong>Poes\u00eda y cine<br \/>\n<\/strong>Este mito reapareci\u00f3 en diversas versiones, e incluso se hizo merecedor de versos de Cec\u00edlia Meireles, en su\u00a0<em>Romanceiro da Inconfid\u00eancia<\/em>: &#8220;Contemplai, branquinhas\/ na sua varanda,\/ a Chica da Silva,\/ a Chica-que-manda&#8221; [Contempladla, blanquitas\/ en su balc\u00f3n\/ Chica da Silva\/ Chica que manda&#8221;]. El Cinema Novo vio en la negra que dominaba a los blancos con su sexo a una musa libertaria. En 1976, con gui\u00f3n de Jo\u00e3o Fel\u00edcio dos Santos (sobrino nieto de Joaquim Fel\u00edcio), Cac\u00e1 Diegues invent\u00f3 a Xica da Silva. &#8220;En ese film, la redenci\u00f3n es alcanzada a trav\u00e9s de Xica: al poner la sexualidad a su favor, ella invierte el mecanismo por medio del cual los hombres blancos se aseguraban la dominaci\u00f3n sobre su raza, al utilizar a las mujeres de color para satisfacer su apetito sexual&#8221;, observa J\u00fania Furtado.<\/p>\n<p>&#8220;Chica, al igual que las otras libertas de la \u00e9poca, logr\u00f3 su libertad, am\u00f3, tuvo hijos, los educ\u00f3, procur\u00f3 ascender socialmente para mitigar la impronta que la condici\u00f3n de parda y liberta le impon\u00eda a ella misma y a sus descendientes&#8221;, contin\u00faa. &#8220;Pues, bajo el manto de una pretendida democracia racial, sutil y veladamente, la sociedad mestiza buscaba blanquearse y escond\u00eda la fr\u00eda exclusi\u00f3n social y racial, simbolizando lo que pasaba en Brasil&#8221;. Era la exclusi\u00f3n, que le quit\u00f3 a buena parte de los negros, y por un buen tiempo, su autoestima. &#8220;De all\u00ed la falta de un movimiento unificado, como el de Estados Unidos. Ac\u00e1 el racismo era y es escamoteado y los negros compran el discurso de las elites, en el sentido de que &#8216;para qu\u00e9 luchar si puedo integrarme&#8217;. Hasta Machado de Assis obr\u00f3 de esa manera, luego de ascender a la elite intelectual&#8221;. \u00c9se es el quid de la cuesti\u00f3n, la inc\u00f3gnita; la X que distorsiona a Chica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El mito que esconde la hipocres\u00eda de la democracia racial brasile\u00f1a","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[93],"class_list":["post-76750","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76750","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76750"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76750\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76750"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76750"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76750"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76750"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}