{"id":76765,"date":"2003-12-01T00:00:00","date_gmt":"2003-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2003\/12\/01\/vale-la-pena-hacer-un-doble-sacrificio-2\/"},"modified":"2015-08-28T16:11:02","modified_gmt":"2015-08-28T19:11:02","slug":"vale-la-pena-hacer-un-doble-sacrificio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/vale-la-pena-hacer-un-doble-sacrificio-2\/","title":{"rendered":"Vale la pena hacer un doble sacrificio"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-83189\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/12\/art2322img12.jpg\" alt=\"\" width=\"170\" height=\"132\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/12\/art2322img12.jpg 170w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2003\/12\/art2322img12-120x93.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 170px) 100vw, 170px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MIGUEL BOYAYAN<\/span>Acostada en una camilla, la psic\u00f3loga Eliana Sales das Dores aguarda ansiosamente; mientras, el fisi\u00f3logo Carlos Eduardo Negr\u00e3o pincha su pierna derecha, cerca de la rodilla, con una aguja m\u00e1s fina que un cabello, y de unos 4 cent\u00edmetros de longitud. Esa aguja es un microelectrodo, que va a detectar los impulsos nerviosos que transitan por uno de los nervios responsables por la contracci\u00f3n muscular y el control del di\u00e1metro de los vasos sangu\u00edneos. Eliana, una paulistana de 42 a\u00f1os, de un metro sesenta de altura y en ese entonces con 78 kilos (actualmente pesa 58), apenas si siente el pinchazo de la aguja &#8211; dicen que es menos desagradable que la picadura de un mosquito &#8211; en medio al ajetreo de los otros investigadores, que ponen en su brazo izquierdo dos bolsas inflables, una inmediatamente arriba del codo y otra en la mu\u00f1eca. Entre el codo y la mu\u00f1eca, una faja el\u00e1stica registra el volumen de sangre que pasa por el antebrazo. A continuaci\u00f3n, le piden a ella que aproxime con su mano derecha las barras de un dinam\u00f3metro, un resorte en forma de V que mide la fuerza aplicada al movimiento.<\/p>\n<p>Mediante estudios como \u00e9ste, realizados en el transcurso de los \u00faltimos tres a\u00f1os, un equipo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), coordinado por Negr\u00e3o y por la endocrin\u00f3loga Sandra Villares, descubri\u00f3 algunas alteraciones fisiol\u00f3gicas del organismo de los obesos que explican por qu\u00e9 las personas con exceso de peso son m\u00e1s propensas a desarrollar presi\u00f3n alta &#8211; hipertensi\u00f3n &#8211; que las que est\u00e1n en paz con la balanza. En los obesos, los comandos nerviosos que promueven la disminuci\u00f3n del di\u00e1metro de los vasos sangu\u00edneos de los brazos y las piernas son m\u00e1s activos. Por esta raz\u00f3n, las arterias permanecen m\u00e1s cerradas, sin dilatarse, y la sangre no se esparce por los m\u00fasculos como ser\u00eda de desear durante una actividad mental o f\u00edsica de intensidad moderada &#8211; un trotecito hasta el coche un d\u00eda de lluvia, por ejemplo -, o incluso en reposo. Y, como en esos momentos el coraz\u00f3n late m\u00e1s r\u00e1pido, la resistencia de los vasos sangu\u00edneos contra\u00eddos hace que la presi\u00f3n suba por encima de lo esperado.<\/p>\n<p>Y, como si con esto no bastase, las personas que tienen un peso superior al recomendado enfrentan otro problema: su organismo no logra utilizar con la eficiencia deseable la hormona insulina, que extrae el az\u00facar (glucosa) de la sangre y la transporta hasta las c\u00e9lulas de los m\u00fasculos y de otros tejidos, donde se convierte en energ\u00eda. \u00c9sta es la raz\u00f3n por la cual las personas gordas son m\u00e1s pasibles que las que son delgadas de sufrir de diabetes del tipo II, que aumenta el riesgo de problemas circulatorios, capaces de afectar al coraz\u00f3n o el cerebro. Pero, analizados en su conjunto, estos estudios aportan una noticia alentadora: la perspectiva de prevenir, o incluso tratar tanto la hipertensi\u00f3n como la resistencia a la insulina. Estos dos problemas afectan un n\u00famero cada vez mayor de gente, como consecuencia a su vez del incremento del n\u00famero de obesos en Brasil, que se elev\u00f3 m\u00e1s de dos veces durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas &#8211; en la actualidad, 17 millones de brasile\u00f1os se encuentran con su peso muy por encima de lo considerado sano.<\/p>\n<p>Pero, quiz\u00e1s la salida a esto deje con una mueca de reprobaci\u00f3n a quienes no cambian una mesa generosa por una caminada. De acuerdo con un art\u00edculo publicado en septiembre pasado en el\u00a0<em>American Journal of Physiology &#8211;<\/em><em>\u00a0Heart and Circulation Physiology<\/em> , firmado por Ivani Trombetta, Negr\u00e3o, Sandra Villares y otros investigadores de la USP, no existe otra manera realmente eficaz de revertir las consecuencias del exceso de peso, a no ser asociando la dieta con los ejercicios f\u00edsicos. La sola disminuci\u00f3n del tama\u00f1o de las porciones ayuda a adelgazar, sin lugar a dudas, pero no reduce de igual modo los riesgos de hipertensi\u00f3n y diabetes como un r\u00e9gimen al que se le suman los ejercicios. Y no basta con hacer una actividad f\u00edsica cualquiera, como caminar hasta el supermercado o subir por las escaleras en vez de tomar el ascensor. &#8220;El ejercicio f\u00edsico debe ser programado y realizado con regularidad, respetando la capacidad f\u00edsica y card\u00edaca de cada persona&#8221;, afirma Negr\u00e3o, responsable de la Unidad de Rehabilitaci\u00f3n Cardiovascular y Fisiolog\u00eda del Ejercicio del Instituto del Coraz\u00f3n (InCor).<\/p>\n<p>Y lo que se debe sudar no es poco. Otros estudios anteriores hab\u00edan indicado que es necesario consumir al menos 1.500 kilocalor\u00edas (kcal) por semana para reducir el riesgo de enfermedades que afectan al coraz\u00f3n y la circulaci\u00f3n &#8211; el equivalente a que un sedentario ande en bicicleta durante una hora, entre tres y cinco veces por semana. &#8220;Pero nadie debe aventurarse a hacer ejercicios sin antes pasar por la prueba de esfuerzo cardiorrespiratorio, que eval\u00faa la capacidad f\u00edsica y de funcionamiento del coraz\u00f3n y la circulaci\u00f3n durante el ejercicio&#8221;, advierte el investigador.Los estudios llevados adelante por Negr\u00e3o y Sandra Villares apuntan que comer menos y hacer m\u00e1s ejercicios, siempre y cuando sea con la intensidad adecuada y con las debidas orientaciones, no solamente ayuda a eliminar los excesos de grasa en la cintura y en la cadera sin perder los m\u00fasculos. Ese doble sacrificio vale la pena por otra raz\u00f3n, y m\u00e1s importante: el ejercicio f\u00edsico modifica el funcionamiento de las c\u00e9lulas de los m\u00fasculos y hace que el organismo aproveche mejor la insulina.<\/p>\n<p>Estas alteraciones revierten la resistencia a la insulina y evitan la diabetes del tipo II, una de las consecuencias m\u00e1s nocivas del exceso de peso. Para definir qui\u00e9nes eran obesos, los investigadores se valieron del denominado \u00edndice de masa corporal, el IMC, que corresponde al peso dividido por el cuadrado de la altura. Una mujer con 66 kilos y 1,68 m tiene IMC de 23,4. Est\u00e1 dentro del rango considerado sano, que va hasta 25. Pero estar\u00eda con sobrepeso si pesase entre 70,5 y 84,6 kilos, y ser\u00eda una obesa, con IMC superior a 30, si pesase m\u00e1s de 84,6 kilos. El equipo de la USP realiz\u00f3 un seguimiento con 59 mujeres, con edades entre 20 y 40 a\u00f1os, y pesos entre 70 y 106 kilos &#8211; un grado medio de obesidad -, separadas en dos grupos. El primero, de 24 mujeres, hizo \u00fanicamente dieta: durante cuatro meses, \u00e9stas ingirieron 600 kcal menos por d\u00eda que el consumo m\u00ednimo recomendado para un brasile\u00f1o: 2.300 kcal. Las otras 25, al margen de comer menos, realizaron ejercicios f\u00edsicos moderados, el equivalente a caminar a pasos r\u00e1pidos o a andar en bicicleta, tres veces por semana, y durante 60 minutos. En ambos grupos se registr\u00f3 una disminuci\u00f3n de la resistencia a la insulina, pero los ejercicios multiplicaron esa mejor\u00eda por dos: la sensibilidad a la insulina se increment\u00f3 un 50% entre las mujeres que caminaron y comieron menos, mientras que el aumento fue del 22% entre aqu\u00e9llas que \u00fanicamente hicieron dieta. &#8220;A\u00fan no sabemos explicar los detalles de estos procesos, pero los resultados son alentadores&#8221;, reconoce Negr\u00e3o.<\/p>\n<p>Luego del entrenamiento, el volumen de sangre que llegaba a los brazos y a las piernas de quienes caminaron o anduvieron en bicicleta era un 50% mayor. Estas alteraciones se deben en parte a la disminuci\u00f3n de la actividad del sistema nervioso simp\u00e1tico, que controla la dilataci\u00f3n de los vasos sangu\u00edneos, permitiendo as\u00ed que aumenten de di\u00e1metro. Con el tiempo el coraz\u00f3n tambi\u00e9n se adapta a los ejercicios y empieza a responder en forma m\u00e1s eficiente: bombea m\u00e1s sangre con cada latido, y as\u00ed trabaja menos. Como consecuencia de ello, mejora la irrigaci\u00f3n de los m\u00fasculos y disminuye la presi\u00f3n arterial. Sin embargo, hab\u00eda un dato que a\u00fan intrigaba. En ambos grupos, las mujeres adelgazaron en forma significativa &#8211; diez kilos promedio. Los investigadores reci\u00e9n notaron una diferencia crucial cuando analizaron pormenorizamente los datos. Aqu\u00e9llas que \u00fanicamente hicieron dieta perdieron grasas, l\u00f3gicamente, pero tambi\u00e9n consumieron una parte de los m\u00fasculos del cuerpo &#8211; un efecto para nada deseable, pues diminuye el consumo de energ\u00eda y, con el tiempo, puede facilitar el incremento de parte del peso perdido. En tanto, las mujeres que hicieron ejercicios y dieta quemaron \u00fanicamente el tejido adiposo.<\/p>\n<p>Sandra Villares, que es jefa del Ambulatorio de Obesidad Infantil de la Facultad de Medicina de la USP, decidi\u00f3 verificar si dichas alteraciones fisiol\u00f3gicas tambi\u00e9n se daban en los ni\u00f1os. Con el profesor de educaci\u00f3n f\u00edsica Maur\u00edcio Maltez Ribeiro y la m\u00e9dica \u00c9rika Parente, Villares evalu\u00f3 a 163 chicos y chicas obesos con edades entre 7 y 11 a\u00f1os &#8211; en ni\u00f1os y adolescentes, el grado de obesidad es determinado por el \u00edndice de masa corporal ajustado con relaci\u00f3n a la edad. Los datos de estos ni\u00f1os fueron comparados con los de otros diez catalogadas como delgados, que integraban el grupo de control.<\/p>\n<p>Los investigadores constataron que ya en la infancia la obesidad afecta el funcionamiento del sistema nervioso simp\u00e1tico: el flujo de sangre hacia los brazos y las piernas de los ni\u00f1os obesos aumentaba \u00fanicamente un 14%, mientras que en los flacos esa elevaci\u00f3n llegaba al 43% durante la prueba de estr\u00e9s mental, en la que los ni\u00f1os deber\u00edan decir de qu\u00e9 color estaba escrito el nombre de otro color: por ejemplo, la palabra rojo escrita con tinta azul. Los gorditos tambi\u00e9n presentaban una elevaci\u00f3n de la presi\u00f3n sangu\u00ednea superior a lo normal para la edad, y sufr\u00edan tempranamente de resistencia a la insulina. Estos valores retornaron a los niveles normales entre los ni\u00f1os obesos luego de cuatro meses de entrenamiento, cuando hicieron una hora de actividad f\u00edsica &#8211; ejercicios y juegos &#8211; tres veces por semana. &#8220;Estos descubrimientos podr\u00e1n colaborar en la prevenci\u00f3n y el tratamiento de la diabetes y la hipertensi\u00f3n tambi\u00e9n en ni\u00f1os&#8221;, comenta Sandra.<\/p>\n<p><strong>Una epidemia mundial<br \/>\n<\/strong>La necesidad de aunar dieta y ejercicio es reiterada, de una manera u otra, en la edici\u00f3n de la revista<em>Science<\/em> del 7 de febrero de este a\u00f1o, abocada a la obesidad, cuyo alcance es all\u00ed abordado desde el punto de vista epidemiol\u00f3gico, sociol\u00f3gico y bioqu\u00edmico. La obesidad es actualmente uno de los diez principales problemas de salud p\u00fablica a nivel mundial, de acuerdo con la evaluaci\u00f3n de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS). Se calcula que existen 700 millones de personas con sobrepeso en el mundo &#8211; con peso un poco encima de lo considerado sano &#8211; y otros 300 millones de obesos, de los cuales al menos un tercio se encuentra en los pa\u00edses en desarrollo.<\/p>\n<p>El exceso de peso es m\u00e1s visible en los pa\u00edses m\u00e1s ricos e industrializados, como Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, donde el n\u00famero de obesos se triplic\u00f3 en los \u00faltimos 20 a\u00f1os. Solamente en Estados Unidos &#8211; donde la disponibilidad diaria per c\u00e1pita es de 3.800 kcal, un 50% superior a lo recomendado por la OMS -, un tercio de la poblaci\u00f3n adulta est\u00e1 con sobrepeso, y otro 30% corresponde a obesos. El gobierno estadounidense, adem\u00e1s de gastar 55 mil millones de d\u00f3lares anuales para tratar problemas ocasionados por la obesidad, caracteriza este problema como una epidemia, enfrentada con campa\u00f1as nacionales que incentivan a los padres a llevar a los hijos a la escuela a pie en vez de ir en auto, por ejemplo. Pero la obesidad se expande tambi\u00e9n en naciones de Europa y en pa\u00edses en desarrollo que adhieren al estilo de vida norteamericano, signado por el sedentarismo y las comidas y galletas en abundancia, a cualquier hora &#8211; en s\u00edntesis, por el consumo excesivo de alimentos ricos en az\u00facares ygrasas. Como consecuencia del fen\u00f3meno que ha dado en llamarse de globesidad, ni siquiera los franceses, que siempre han apreciado sus cuerpos esbeltos, logran mantenerse en l\u00ednea: en Francia el 11,3% de la poblaci\u00f3n sufre de obesidad.<\/p>\n<p>En Brasil, en poco m\u00e1s de 20 a\u00f1os &#8211; entre 1975 y 1997 &#8211; el n\u00famero de obesos de m\u00ednima se duplic\u00f3: son actualmente casi 17 millones de personas (un 9,6% de la poblaci\u00f3n) con IMC superior a 30. Los estudios del epidemi\u00f3logo Carlos Augusto Monteiro, de la Facultad de Salud P\u00fablica de la USP, que orientan al gobierno en este campo, lo dejan claro: tambi\u00e9n en el pa\u00eds la obesidad es un problema de salud p\u00fablica. Monteiro ech\u00f3 mano de tres relevamientos poblacionales realizados por el Instituto Brasile\u00f1o de Geograf\u00eda y Estad\u00edstica (IBGE). El primero es de 1975, el segundo, de 1989 &#8211; ambos nacionales -, y el tercero, de 1997; \u00e9ste \u00faltimo se limit\u00f3 a dos regiones contrastantes: el nordeste, la m\u00e1s pobre, y el sudeste, la m\u00e1s rica, representativas tambi\u00e9n porque re\u00fanen al 70% de los casi 180 millones de brasile\u00f1os.<\/p>\n<p>Con base en tales datos, Monteiro constat\u00f3 que el n\u00famero de hombres obesos se increment\u00f3 tres veces durante el per\u00edodo, llegando al 6,4% de la poblaci\u00f3n adulta masculina, mientras que el total de mujeres obesas se duplic\u00f3, y lleg\u00f3 as\u00ed al 12,4% del conjunto de mujeres adultas en 1997, fecha del \u00faltimo estudio que evalu\u00f3 la talla y el peso de los habitantes de Brasil. Entre 1989 y 1997, el n\u00famero de personas con peso excesivo disminuy\u00f3 solamente entre las mujeres de las clases m\u00e1s pudientes de la regi\u00f3n sudeste, de acuerdo con un art\u00edculo que el investigador de la USP public\u00f3 en\u00a0<em>Public Health Nutrition<\/em> en febrero de 2002, escrito conjuntamente con Wolney Conde, de la USP, y Barry Popkin, de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos. Uno de los datos que m\u00e1s sorprendes es el aumento de la obesidad entre ni\u00f1os y adolescentes. Se calcula que en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas ese n\u00famero ha crecido de manera bastante acelerada, y ha aumentado cinco veces, trepando de un 3% a un 15% del total de ni\u00f1os. En t\u00e9rminos m\u00e1s concretos: existen casi 6,5 millones de ni\u00f1os obesos en Brasil.<\/p>\n<p><strong>Az\u00facar a toda hora<br \/>\n<\/strong>Entre 1975 y 1997, la cantidad de calor\u00edas disponibles por cada brasile\u00f1o &#8211; pero no necesariamente consumidas por todos &#8211; se increment\u00f3 de 2.494 kcal por d\u00eda a 2.967 kcal, de acuerdo con la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Alimentaci\u00f3n y la Agricultura (FAO). Esto implica un crecimiento de un 20%, que no se dio de manera homog\u00e9nea: la disponibilidad de prote\u00ednas creci\u00f3 casi un tercio, y la de grasas, un 55%. &#8220;Los brasile\u00f1os consumen actualmente casi dos veces m\u00e1s az\u00facar de lo que deber\u00edan&#8221;, dice el epidemi\u00f3logo. En un estudio publicado en julio en\u00a0<em>Cadernos de Sa\u00fade P\u00fablica<\/em>, Monteiro y Conde, de la USP, e In\u00eas Rugani de Castro, del Instituto de Nutrici\u00f3n Annes Dias, de R\u00edo de Janeiro, evaluaron el avance de la obesidad con relaci\u00f3n a la escolaridad. La conclusi\u00f3n arroj\u00f3 que, de 1975 a 1989, el n\u00famero de casos de obesidad se duplic\u00f3 entre los hombres y las mujeres que frecuentaron la escuela por m\u00e1s tiempo. En el siguiente per\u00edodo, entre 1989 y 1997, el crecimiento fue mayor en el sector con menos estudios, y disminuy\u00f3 entre las mujeres de formaci\u00f3n m\u00e1s elevada, con al menos 12 a\u00f1os de estudio.<\/p>\n<p>Actualmente, la obesidad supera a los \u00edndices de desnutrici\u00f3n, y el perfil nutricional de los brasile\u00f1os atraviesa una fase de transici\u00f3n, en la que la desnutrici\u00f3n ha disminuido y la obesidad ha aumentado, aproxim\u00e1ndose as\u00ed al cuadro estadounidense. Durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, la desnutrici\u00f3n cay\u00f3 del 8,3% al 3,5% entre los hombres adultos, y del 13,4% al 6,5% entre las mujeres, pero a\u00fan continua siendo elevada (un 9,6%) entre las mujeres m\u00e1s pobres del nordeste. &#8220;En caso de que esta tendencia se mantenga&#8221;, dice Monteiro, &#8220;pronto los casos de obesidad y las enfermedades a \u00e9sta relacionadas se concentrar\u00e1n en los sectores menos favorecidos de la sociedad&#8221;. El Ministerio de Salud ha creado una pol\u00edtica nacional de alimentaci\u00f3n y nutrici\u00f3n, que entre otras medidas ha convertido en obligatoria la discriminaci\u00f3n de las calor\u00edas en las etiquetas de los alimentos industrializados, y ha obligado a las municipalidades a emplear el 70% del presupuesto destinado a la alimentaci\u00f3n de los alumnos de la ense\u00f1anza p\u00fablica a la compra de alimentos frescos, tales como frutas y legumbres.<\/p>\n<p>As\u00ed se delinea una situaci\u00f3n a la que Marion Nestle, del Departamento de Nutrici\u00f3n y Estudios Alimentarios de la Universidad de Nueva York, caracteriza como la gran iron\u00eda del siglo XXI en el editorial de\u00a0<em>Science<\/em> dedicado a la obesidad: si bien millones de personas pasan todav\u00eda hambre, nunca fue tan f\u00e1cil conseguir comida. Al menos en algunos pa\u00edses, se come m\u00e1s y se gasta menos energ\u00eda para conseguir comida. Nadie necesita blandir arco y flechas y salir a cazar un ant\u00edlope para comer carne &#8211; basta telefonear y hacer el pedido en el restaurante de la esquina. En 1962, el genetista estadounidense James Neel, uno de los pioneros de la gen\u00e9tica humana, plante\u00f3 la idea de que la capacidad de acumular grasas era esencial en un ambiente en el que el alimento era m\u00e1s escaso y no era posible comer a cualquier hora. Con todo, aquello que era una ventaja, y que permiti\u00f3 la supervivencia de algunas poblaciones en el transcurso de la historia de la especie humana, se ha convertido ahora en una desventaja, agravada por la comodidad del sill\u00f3n, que invita al\u00a0<em>dolce fare niente,<\/em>\u00a0mientras llega la cena.<\/p>\n<p>Pero no es solamente el hecho de que haya m\u00e1s comida cerca y la tendencia at\u00e1vica de comer lo que hace que sea compleja la batalla contra la obesidad. Existen al menos 300 genes que, directa o indirectamente, regulan los modos por medio de los cuales el organismo almacena y consume grasa, la materia prima para la producci\u00f3n de energ\u00eda. En la Facultad de Ciencias Farmac\u00e9uticas de la USP, la farmac\u00e9utica Rosario Hirata identific\u00f3 recientemente en los brasile\u00f1os dos variaciones en el gen responsable de la producci\u00f3n de la hormona leptina, que favorecen el desarrollo de la obesidad, y pueden servir como indicadores de la propensi\u00f3n de cada individuo a aumentar de peso. No se sabe todav\u00eda con seguridad cu\u00e1nto contribuyen a la obesidad los genes en general, pero es clara la importancia de algunos de \u00e9stos. &#8220;De los genes ligados a la obesidad, el que m\u00e1s a menudo aparece alterado es el MC4R, vinculado a los complejos procesos bioqu\u00edmicos que posponen las ganas de comer&#8221;, dice Sandra Villares. &#8220;Aun as\u00ed, esta modificaci\u00f3n aparece \u00fanicamente en el 6% de los obesos.&#8221;<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda se sabe tambi\u00e9n que, al margen de los factores emocionales y ambientales, al menos dos mecanismos bioqu\u00edmicos regulan el peso. Uno de \u00e9stos, m\u00e1s inmediato, regula la ingesti\u00f3n diaria de alimentos, y su control est\u00e1 esencialmente vinculado a dos hormonas, producidas en el sistema digestivo: la grelina y el PYY. Entretanto, el mantenimiento del peso durante meses o a\u00f1os parece depender de la leptina, producida por las c\u00e9lulas de grasa, y de la insulina, que regula el consumo de az\u00facar en las c\u00e9lulas. Incluso, los cient\u00edficos coinciden en que no es precisamente f\u00e1cil resistir ante las ganas de dar un bocado m\u00e1s en el s\u00e1ndwich: los mecanismos biol\u00f3gicos que inducen el apetito parecen ser m\u00e1s fuertes que los que llevan a parar. Est\u00e1 tambi\u00e9n m\u00e1s claro por qu\u00e9 es dif\u00edcil mantener el peso luego de adelgazar. En un art\u00edculo publicado en\u00a0<em>Science<\/em> en febrero, el estadounidense Jeffrey Friedman, de la Universidad Rockefeller, Estados Unidos, comenta que la reducci\u00f3n de peso hace caer la tasa de la hormona leptina &#8211; de all\u00ed proviene el est\u00edmulo para comer m\u00e1s. &#8220;La sensaci\u00f3n de hambre es tan intensa&#8221;, relata Friedman, &#8220;que, si bien no es tan poderosa como la necesidad de respirar, probablemente no es menos potente que la necesidad de beber cuando se tiene sed.&#8221;<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Aspectos Gen\u00e9ticos y Ambientales de la Obesidad (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1101\/aspectos-geneticos-e-ambientais-da-obesidade\/\" target=\"_blank\">98\/15983-8<\/a>); <strong>Modalidad:\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico; <strong>Coordinador: <\/strong>Carlos Eduardo Negr\u00e3o &#8211; USP; <strong>Inversi\u00f3n:\u00a0<\/strong>R$ 511.545,25<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Dieta y ejercicios f\u00edsicos ayudan a disminuir la presi\u00f3n alta y la diabetes","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[105,109],"class_list":["post-76765","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76765","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76765"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76765\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76765"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76765"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76765"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=76765"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}