{"id":77886,"date":"2004-01-01T10:00:00","date_gmt":"2004-01-01T12:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/01\/01\/modernos-a-la-fuerza-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:31:16","modified_gmt":"2016-01-29T15:31:16","slug":"modernos-a-la-fuerza-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/modernos-a-la-fuerza-2\/","title":{"rendered":"Modernos a la fuerza"},"content":{"rendered":"<p>Un antiguo dicho sostiene que &#8220;la pluma es m\u00e1s fuerte que la espada&#8221;. Pero es dif\u00edcil creerse eso cuando pensamos en el Brasil de los albores de su fase posterior a la monarqu\u00eda, con los mariscales Deodoro y Floriano empu\u00f1ando sus espadas, introduciendo a la fuerza en el pa\u00eds la modernidad y la civilizaci\u00f3n nacida de un solo salto con la Rep\u00fablica. Con todo, ese dicho adquiere una cierta dosis de verdad cuando se lee\u00a0<em>Literatura como miss\u00e3o: tens\u00f5es sociais e criaci\u00f3n cultural na Primeira Rep\u00fablica<\/em> [<em>La literatura como misi\u00f3n: las tensiones sociales y la creaci\u00f3n cultural durante la Primera Rep\u00fablica<\/em>], de Nicolau Sevcenko, su tesis doctoral escrita durante los a\u00f1os 1980 con el apoyo de la FAPESP y publicada nuevamente ahora por Companhia das Letras en versi\u00f3n revisada y ampliada.<\/p>\n<p>A la lectura de este estudio, que muestra de qu\u00e9 manera las elites derribaron los edificios y los ideales de la R\u00edo\u00a0<em>belle \u00e9poque<\/em>, se le suma como\u00a0<em>pendant<\/em> ideal el recientemente lanzado libro\u00a0<em>A capital da solid\u00e3o<\/em> [<em>La capital de la soledad<\/em>] (Editora Objetiva, 560 p\u00e1ginas), de Roberto Pompeu de Toledo, una historia de S\u00e3o Paulo desde sus or\u00edgenes hasta 1900. La comparaci\u00f3n radica en las diferencias: aunque con trayectorias estructuradas de forma muy diversa, ambas ciudades intentaron insertarse la modernidad a la fuerza, en una tentativa de renegar el pasado y sofocar aquello que hab\u00eda en \u00e9l de &#8220;incivilizado&#8221;: la masa popular.<\/p>\n<p>En ambas metr\u00f3polis puede observarse, tal como observa Sevcenko, el mismo deseo de &#8220;ajustar sus cuentas con el pasado, implementando una reforma urbana encabezada &#8211; cuando no &#8211; por la alianza entre la elite econ\u00f3mica y la elite t\u00e9cnico-cient\u00edfica, en la cual no rest\u00f3 ni siquiera un solo residuo de los tiempos coloniales&#8221;. Cada ciudad abord\u00f3 a fondo ese fen\u00f3meno com\u00fan a su manera: S\u00e3o Paulo con la Semana del 22 opt\u00f3 por la celebraci\u00f3n de un pasado m\u00edtico prehist\u00f3rico, con vista hacia el futuro, olvidando el presente estropeado por la modernidad; R\u00edo entretanto, tuvo la suerte de contar con los &#8220;mosqueteros&#8221; de las letras, escritores idealistas que no se tragaron la p\u00edldora civilizatoria y cre\u00edan en el poder de la pluma, sostiene en su an\u00e1lisis Sevcenko.<\/p>\n<p><strong>Euclides da Cunha y Lima Barreto<br \/>\n<\/strong>De all\u00ed la tesis del investigador, centrada en dos cr\u00edticos, diferentes entre s\u00ed, pero unidos contra la Rep\u00fablica todopoderosa e &#8220;innovadora&#8221;: Euclides da Cunha y Lima Barreto. &#8220;Ambos eran herederos intelectuales de la &#8220;generaci\u00f3n de 1870&#8243;, cuya plataforma propon\u00eda la modernizaci\u00f3n nacional, pero por la v\u00eda de la eliminaci\u00f3n de sus grandes obst\u00e1culos: la esclavitud, la dominaci\u00f3n pol\u00edtica en manos de un peque\u00f1o grupo de terratenientes y un r\u00e9gimen centralista, autocr\u00e1tico y desfasado con relaci\u00f3n a las recientes transformaciones cient\u00edficas. Para ellos, eso ayudar\u00eda a crear una sociedad democr\u00e1tica, equilibrada, moderna y justa en Brasil&#8221;, dice Sevcenko.<\/p>\n<p>Eso era todo lo que la naciente Rep\u00fablica parec\u00eda prometer. &#8220;Con todo, ellos ten\u00edan la convicci\u00f3n de que en diversos aspectos la sociedad conservadora y arcaica del Imperio parec\u00eda ser m\u00e1s avanzada que el r\u00e9gimen discrecional, brutal, represivo y reaccionario parad\u00f3jicamente establecido por el republicanismo&#8221;, continua el investigador. Euclides y Lima Barreto desconfiaban de los &#8220;reformadores apresurados&#8221; del nuevo r\u00e9gimen; a decir verdad, un estrato de arribistas que tra\u00eda consigo disposiciones discriminatorias y antisociales. En medio a un mar de elogios, ambos tuvieron la osad\u00eda de elevar voces disonantes y de hacer de la literatura no solamente arte, sino tambi\u00e9n un instrumento de cambio moldeado por los nuevos tiempos y que a su vez deber\u00eda moldear esos tiempos.<\/p>\n<p>&#8220;Durante todo el siglo XIX y hasta la Primera Guerra, la literatura representaba la principal arena de la opini\u00f3n p\u00fablica en las sociedades capitalistas de Occidente. En el caso de Brasil, con una mayor\u00eda aplastante de analfabetos, la opini\u00f3n p\u00fablica y los c\u00edrculos decisorios afectados se concentraban en una minor\u00eda. Pero en el interior de \u00e9sta el rol de los intelectuales y los escritores era de reconocida relevancia&#8221;, explica Sevcenko. &#8220;Pocas veces la creaci\u00f3n literaria estuvo tan sujeta a la propia epidermis de la historia\u00a0<em>tout court<\/em>. &#8220;Con todo, ellos estaban divididos cuando la cuesti\u00f3n era aquello que era mejor para el pa\u00eds. &#8220;Para Euclides, se trataba de redistribuir la renta generada por el sector cafetero, volc\u00e1ndola hacia la promoci\u00f3n econ\u00f3mica del interior del pa\u00eds.<\/p>\n<p>En cambio, para Lima era necesario quitarle los incentivos y desactivar el sector cafetero, sostenido artificialmente a costa del perjuicio social y econ\u00f3mico de todo el pa\u00eds&#8221;, observa el profesor. Euclides prefer\u00eda el capital y los inmigrantes extranjeros, en tanto que Lima defend\u00eda los recursos y el trabajo nacional.De cualquier manera, se identificaban &#8211; al contrario que la mayor\u00eda de sus colegas de letras &#8211; con los estratos marginados por esa modernidad forzosa. &#8220;Y eso aunque fueran apretujados entre la masa y la elite.<\/p>\n<p>Contemplaban el gobierno desde la perspectiva del hombre de la calle o del campo, al tiempo que observaban a ese hombre como objeto de proyectos de reforma pol\u00edtica y social. Viviendo como pacientes, reflexionaban como agentes&#8221;, acota Sevcenko. La literatura se transforma as\u00ed en una misi\u00f3n. &#8220;Estos dos conjuntos de textos permiten entrever la producci\u00f3n literaria, ella misma, como un proceso hom\u00f3logo al proceso hist\u00f3rico; sigui\u00e9ndolo, afront\u00e1ndolo o neg\u00e1ndolo, pero siempre en referencia a su pista de andadura propia. La literatura aparece como una instituci\u00f3n, en el sentido de que la propia sociedad es una instituci\u00f3n, en la medida que implica una comunidad implicada en relaciones de producci\u00f3n y de consumo&#8221;, analiza el autor.<\/p>\n<p><strong>El &#8220;mosquetero&#8221; Machado<br \/>\n<\/strong>De esta forma, seg\u00fan Sevcenko, el poeta tiene una misi\u00f3n m\u00e1s compleja que las del cient\u00edfico, el t\u00e9cnico o el gobernante, pues &#8220;a trav\u00e9s de sus obras \u00e9stos propugnan caminos y medios concretos a los cuales el hombre simple pueda remitirse, aquel hombre degradado en su humanidad&#8221; como consecuencia del nuevo progreso impuesto que les niega su existencia y su inserci\u00f3n. En esta nueva edici\u00f3n del libro, el investigador a\u00f1adi\u00f3 un sabroso postfacio, que incluy\u00f3 a un inusitado &#8220;mosquetero&#8221;: Machado de Assis, cuya actuaci\u00f3n analiza bas\u00e1ndose en un cuento:\u00a0<em>Evolu\u00e7\u00e3o<\/em> [<em>Evoluci\u00f3n<\/em>].<\/p>\n<p>En \u00e9l, Benedito, un hacendado productor de caf\u00e9, se encuentra en un tren con In\u00e1cio, empresario e ingeniero, quien le anuncia: &#8220;Brasil es como una criatura que est\u00e1 gateando, y solamente empezar\u00e1 a caminar cuando tenga muchas v\u00edas f\u00e9rreas&#8221;. Benedito queda maravillado con esta sentencia de In\u00e1cio a lo largo del cuento y hasta el final, donde llega feliz con su idea. La vieja elite, avispada, sabe, como puede verse a trav\u00e9s de Benedito, que &#8220;la alternativa planteada por In\u00e1cio (<em>la nueva elite del pa\u00eds, tecnocr\u00e1tica y republicana<\/em>) permitir\u00eda reordenar el cuadro social y econ\u00f3mico en favor de la continuidad de sus privilegios&#8221;. O, seg\u00fan palabras del sobrino del protagonista de\u00a0<em>El Gatopardo<\/em>, de Lampedusa: &#8220;Todo debe cambiar para que todo siga igual&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Machado, al contrario de los escritores m\u00e1s j\u00f3venes, que deseaban atacar las convenciones literarias, sab\u00eda operar a gusto en el interior delas, corroy\u00e9ndolas por dentro, con su escritura reflexiva y autoconsciente. Bastaba con sospechar de los valores dominantes. O, como el mismo dec\u00eda: &#8220;Mis amigos, cualquier cosa menos la burla&#8221;, comenta Sevcenko. De acuerdo con el investigador, el brujo de Cosme Velho desconfiaba tanto del viejo latifundio como de las nuevas elites cient\u00edficas, y as\u00ed iba m\u00e1s all\u00e1 de sus colegas &#8220;mosqueteros&#8221; Euclides y Lima. &#8220;Para \u00e9l, los pregoneros del progreso se convert\u00edan en verdugos de una sociedad en cambio. Con su simbiosis espuria con las capas dominantes, los agentes del &#8220;orden&#8221;, esa elite esclarecida bloque\u00f3 las alternativas de proyectos democr\u00e1ticos o de promoci\u00f3n social.&#8221;<\/p>\n<p>No sin raz\u00f3n fue precisamente la Rep\u00fablica Vieja el primer gobierno, como observa Carlos Lessa en su\u00a0<em>O Rio de todos os Brasis<\/em><em>[El R\u00edo de todos los Brasiles<\/em>] (Editora Record, 496 p\u00e1ginas), quien se encarg\u00f3 de &#8220;embellecer&#8221; R\u00edo, con &#8220;El Tira Abajo&#8221;, el alcalde Pereira Passos. &#8220;Pero la furia constructiva de la gran reforma urbana de R\u00edo ser\u00eda un indicador de las pr\u00e1cticas de segregaci\u00f3n espacial, discriminaci\u00f3n \u00e9tnica y exclusi\u00f3n social t\u00edpicas de la Regeneraci\u00f3n. El Tira Abajo aprovech\u00f3 la instalaci\u00f3n de un escenario ecl\u00e9ctico y\u00a0<em>art noveau<\/em> rigurosamente modelado de acuerdo con el urbanismo de las grandes capitales europeas&#8221;, dice Sevcenko. Era el R\u00edo del progreso, de los brasile\u00f1os &#8220;modernos y de frente alta&#8221; frente a los visitantes extranjeros, la imagen viva de la &#8220;evoluci\u00f3n&#8221;. S\u00e3o Paulo, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, har\u00eda lo propio con sus facciones, de la mano del arquitecto Ramos de Azevedo, en un intento de esconder su pasado arcaico y lento de &#8220;capital de la soledad&#8221;, tal como observa Pompeu de Toledo.<\/p>\n<p>Ambas ciudades compartieron en un principio el desinter\u00e9s de los colonizadores por su espacio f\u00edsico. En S\u00e3o Paulo se opt\u00f3 por la dif\u00edcil v\u00eda de ascender la meseta, donde desde hacia tiempo los indios estaban establecidos, y con ellos un portugu\u00e9s llamado Jo\u00e3o Ramalho (en cierta forma, un curioso &#8220;padre de los paulistas&#8221;). All\u00e1 en lo alto, Martim Afonso de Souza pensaba establecer, m\u00e1s all\u00e1 de S\u00e3o Vicente, un puesto de avanzada para penetrar en el interior en busca de las riquezas de plata. S\u00e3o Paulo acabar\u00eda debi\u00e9ndole su existencia a un cura tartamudo y purista: Manoel da N\u00f3brega. &#8220;Da N\u00f3brega ten\u00eda en mente una inmensa utop\u00eda. Quer\u00eda atraer todo un nuevo mundo hacia el reino de Dios y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Arrancarlo del pecado original, convencerlo de aquello que \u00e9l consideraba &#8220;la verdad&#8221;, observa Toledo. Se rindi\u00f3 de amores por el puesto en la cima de la meseta, lo suficientemente lejos de la &#8220;perdici\u00f3n&#8221; de S\u00e3o Vicente y de los europeos. All\u00ed podr\u00eda trabajar con los indios en paz y fundar &#8220;una naci\u00f3n teocr\u00e1tica&#8221;. Y comenz\u00f3 a su gusto: creando un colegio, inaugurado en enero de 1554, donde surgir\u00eda el &#8220;mundo inmaculado&#8221;. Cont\u00f3 para ello con la ayuda de un sacerdote novicio, de 19 a\u00f1os, llamado Jos\u00e9 de Anchieta, cuya constituci\u00f3n f\u00edsica enfermiza lo llev\u00f3 a los &#8220;buenos aires&#8221; del Brasil. &#8220;En la aldea situada entre los r\u00edos Tamanduate\u00ed y Anhangaba\u00fa, en el l\u00edmite del sert\u00f3n ignoto, y con frecuencia asediada por hordas de indios, las t\u00f3nicas eran la pobreza y el aislamiento&#8221;, dice Toledo. Faltaba de todo: una c\u00e1rcel para encerrar a los criminales, edificios decentes y hasta camas.<\/p>\n<p>El aislamiento infundi\u00f3 en el esp\u00edritu de sus habitantes un horror a la interferencia de las autoridades del reino, una &#8220;virtual rebeld\u00eda propia de la lejana poblaci\u00f3n de la meseta&#8221;. Las expediciones o banderas [&#8220;bandeiras&#8221;], con su b\u00fasqueda de mano de obra esclava ind\u00edgena, tampoco ayudaron a aportarle docilidad o extroversi\u00f3n al car\u00e1cter de los paulistanos: &#8220;El caudillo ambulante, que era un jefe de bandera, era tambi\u00e9n un caudillo sedentario entre los viajes&#8221;, acota Toledo. Los indios capturados por estos ej\u00e9rcitos liderados por los paulistas &#8211; pero compuestos por esos mismo indios -, serv\u00edan como fuerza de trabajo para que la incipiente villa pudiera comerciar productos agr\u00edcolas con los centros m\u00e1s ricos de la costa.<\/p>\n<p>Por cierto: la villa era un centro que no serv\u00eda como tal, pues sus habitantes prefer\u00edan aislarse en un collar de chacras, quintas y estancias que como un todo constitu\u00edan el S\u00e3o Paulo del siglo XVII. &#8220;Los paulistas son gente desalmada y rebelde, que no le hace caso ni a las leyes del Rey ni a la leyes de Dios. Es un ir y venir, traer y vender indios&#8221;, not\u00f3 un observador de la \u00e9poca sobre la mala fama de los habitantes de la villa.<\/p>\n<p>Al contrario que R\u00edo, con sus negros presentes en todos los rincones, S\u00e3o Paulo conviv\u00eda con los indios, com\u00eda como ellos e incluso viv\u00eda en las hamacas. La propia geograf\u00eda amplia de la meseta permiti\u00f3 que se pudiera all\u00ed vivir aisladamente, entre iguales. En cambio, la estrechez de la franja del litoral donde se encuentra R\u00edo cre\u00f3 barrios que se alinean con las rocas como un collar de perlas: cada una de \u00e9stas contienen un microcosmos que re\u00fane a pobres y ricos, forzados a convivir de la mejor manera posible. S\u00e3o Paulo permiti\u00f3 desde un principio el aislamiento y la estratificaci\u00f3n: a comienzos del siglo XX, por ejemplo, para huir de las precarias condiciones de higiene del centro, los ricos pudieron subir rumbo a los Campos El\u00edseos, a Higien\u00f3polis y al altiplano, donde se construy\u00f3 la Avenida Paulista. Cada cual en su lugar, aislado de los otros.<\/p>\n<p>Pero esos son otros tiempos. Hasta el siglo XVII, aun con el descubrimiento paulista de los filones de oro de las Minas Gerais, la clama chicha era la t\u00f3nica de la ciudad de la meseta, agudizada con el masivo \u00e9xodo de los habitantes en busca de las riquezas del interior. &#8220;Con el paso del tiempo, la ciudad cumpl\u00eda su destino: al poblar Brasil, plantando poblados a lo largo y ancho de los caminos en los que se aventuraban sus habitantes, se despoblaba a s\u00ed misma&#8221;, explica Pompeu de Toledo. Un detalle: las mujeres que permanec\u00edan en la ciudad, de acuerdo con un viajante ingl\u00e9s, &#8220;eran an\u00e9micas y muy serias&#8221;.<\/p>\n<p>En cambio, los hombres, tal como not\u00f3 Saint-Hilaire, recibieron al observador franc\u00e9s &#8220;con una groser\u00eda propia en cualquier parte de S\u00e3o Paulo de los hombres de las clases inferiores&#8221;. Sin embargo, continua el viajante, &#8220;la ubicaci\u00f3n de la ciudad es encantadora y el aire que all\u00ed se respira es muy puro&#8221;. Y fue efectivamente prof\u00e9tico: para \u00e9l, el d\u00eda que Brasil empezara a industrializarse, tal proceso tendr\u00eda inicio en S\u00e3o Paulo. Observ\u00f3 eso en 1819, al tiempo que se refiri\u00f3 tambi\u00e9n a la plaza de toros que la ciudad pose\u00eda y que mucho lo impresionara.<\/p>\n<p>Una previsi\u00f3n notable, dado el estado de incivilizaci\u00f3n de la ciudad a comienzos del siglo XIX, cuando R\u00edo estaba en ebullici\u00f3n de novedades y cultura. Los estudiantes fueron los que cambiaron por primera vez el rumbo de las cosas: En 1827, S\u00e3o Paulo logr\u00f3 el privilegio de convertirse en sede de una Academia de Derecho. &#8220;Esa academia, por m\u00e1s modesta que haya sido, lleg\u00f3 para revitalizar la econom\u00eda y aportarle alg\u00fan movimiento a sus calles. S\u00e3o Paulo, medio que sin vocaci\u00f3n desde que caducara su papel de punto de partida de las expediciones de conquista del interior, hab\u00eda logrado as\u00ed una nueva atribuci\u00f3n, y como consecuencia de ello, una nueva personalidad&#8221;, observa Toledo. No fue f\u00e1cil conquistar esa instituci\u00f3n, pues muchos criticaban la forma de hablar de los paulistas: &#8220;Si bien en las provincias existen dialectos con sus defectos, es sabido que el dialecto de S\u00e3o Paulo es el m\u00e1s notable.<\/p>\n<p>As\u00ed la juventud del Brasil, realizando all\u00ed sus estudios, contraer\u00eda una pronunciaci\u00f3n muy desagradable&#8221;, escribi\u00f3 el Visconde de Cairu. Los estudiantes llegaron de todos los rincones del pa\u00eds, y las familias paulistas, asustadas, se escond\u00edan m\u00e1s todav\u00eda, encerradas en sus casas. &#8220;Las aceras del infierno son mil veces mejores que las de S\u00e3o Paulo, y no existen en lugar alguno mujeres que hayan sido m\u00e1s v\u00edrgenes que all\u00ed&#8221;, reclam\u00f3 el estudiante \u00c1lvares de Azevedo.<\/p>\n<p>&#8220;La ciudad estaba siendo arrastrada siempre hacia atr\u00e1s por el poderoso im\u00e1n del atraso&#8221;, dice el autor. Pero entonces lleg\u00f3 el caf\u00e9. De entrada, fue en el Valle do Para\u00edba y por lo tanto en nada ayud\u00f3 a revertir el panorama. Pero luego S\u00e3o Paulo empez\u00f3 a cosechar los beneficios del progreso. En 1865 lleg\u00f3 el tren, o mejor dicho, el desastre del tren, pues el primer viaje que llegar\u00eda en la Estaci\u00f3n Luz culmin\u00f3 en un descarrilamiento.<\/p>\n<p>&#8220;S\u00e3o Paulo, la provincia, se articulaba as\u00ed como un todo: econ\u00f3micamente en torno al caf\u00e9, f\u00edsicamente a lo largo de las v\u00edas del ferrocarril y pol\u00edticamente por intereses comunes que multiplicar\u00edan la influencia de su elite en el Imperio&#8221;, eval\u00faa Toledo. Poco centrada en la mano de obra esclava negra, no sufri\u00f3 tanto con la Abolici\u00f3n, al menos econ\u00f3micamente. S\u00e3o Paulo prefiri\u00f3 ser la ciudad de los extranjeros. No se debe pensar que esto haya sido una se\u00f1al de progreso y de justicia: los paulistanos usaron a los inmigrantes no como nuevos pobladores (v\u00e9ase el modelo norteamericano, por ejemplo), sino en reemplazo de los esclavos.<\/p>\n<p><strong>Las viejas y las nuevas elites<br \/>\n<\/strong>La Rep\u00fablica puede haber surgido en R\u00edo, pero fue tramada en S\u00e3o Paulo y atendi\u00f3 fundamentalmente los intereses de los paulistas, observa Toledo. Lo que se pretend\u00eda no era un pa\u00eds moderno, sino un federalismo que le diera a la provincia lo que era de la provincia: privilegios. La elite paulistana, luego de hacerse con el poder econ\u00f3mico, vio que necesitaba del poder pol\u00edtico. El arquitecto Ramos de Azevedo fue el Fidias de la nueva y pr\u00f3spera Atenas. &#8220;Ramos de Azevedo, con sus edificios monumentales, le don\u00f3 a la ciudad una antig\u00fcedad nueva. Despu\u00e9s del caf\u00e9, el tren, las f\u00e1bricas y el r\u00e9gimen republicano, el arquitecto fue la cereza de la torta con la que la elite paulista festejaba su victoria&#8221;, resume Pompeu de Toledo.<\/p>\n<p>Estamos de regreso al principio: en este momento, R\u00edo y S\u00e3o Paulo destru\u00edan su pasado &#8220;feo&#8221; cimentadas en la alianza entre las antiguas y las nuevas elites t\u00e9cnicas y cient\u00edficas. Mientras que en 1922 S\u00e3o Paulo jugaba a que su pasado era antropof\u00e1gico y mitol\u00f3gico, en R\u00edo se tiraba abajo el Morro do Castelo, donde viv\u00edan grandes poblaciones negras y mestizas pobres. El modernismo, tanto el paulista como el carioca, fue el hito decisivo de las estrategias de olvido de los tiempos renegados. Todas esas fuerzas antag\u00f3nicas se reunir\u00edan en la Revoluci\u00f3n del 30, &#8220;otra crisis hist\u00f3rica aguda dirimida por el reencuentro del orden con el progreso&#8221;, observa Sevcenko. Pero en este caso no hab\u00eda m\u00e1s tiempo para los &#8220;mosqueteros&#8221;. El retrato de lo viejo ya estaba en la pared. De los cariocas y de los paulistas. La pluma ya no ten\u00eda m\u00e1s posibilidades frente a la espada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"C\u00f3mo implantaron las elites la civilizaci\u00f3n en R\u00edo de Janeiro y S\u00e3o Paulo","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-77886","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77886","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77886"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77886\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77886"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77886"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77886"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77886"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}