{"id":77903,"date":"2004-02-01T10:00:00","date_gmt":"2004-02-01T12:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/02\/01\/la-tierra-entra-en-calor-2\/"},"modified":"2015-07-20T12:49:56","modified_gmt":"2015-07-20T15:49:56","slug":"la-tierra-entra-en-calor-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-tierra-entra-en-calor-2\/","title":{"rendered":"La Tierra entra en calor"},"content":{"rendered":"<p>Hace unas semanas, los peri\u00f3dicos del mundo entero informaron acerca de un estudio llevado a cabo por 19 investigadores de ocho pa\u00edses y publicado en la revista cient\u00edfica\u00a0<em>Nature,<\/em> que prev\u00e9 tres posibles escenarios preocupantes para dentro de 50 a\u00f1os, como consecuencia del previsible aumento de la temperatura media global, ocasionado especialmente por la quema de los bosques y de combustibles derivados del petr\u00f3leo. En la mejor de las hip\u00f3tesis, corren riesgo inminente de extinci\u00f3n entre 900 mil y 1,8 millones de especies de plantas y animales terrestres, lo que corresponde al 18% del total estimado de especies actuales, y esto si la temperatura sube tan solo entre 0,8 y 1,7 grados Celsius y la concentraci\u00f3n de CO2 en la atm\u00f3sfera se eleva un 30% -una proyecci\u00f3n que muchos expertos dan como segura ante la negativa de Estados Unidos y Rusia, -los dos mayores pa\u00edses contaminadores del mundo- a suscribir el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional destinado a reducir las emisiones de gas carb\u00f3nico.<\/p>\n<p>El pron\u00f3stico m\u00e1s sombr\u00edo del estudio coordinado por Chris Thomas, de la Universidad Leeds, Inglaterra -que cont\u00f3 tambi\u00e9n con la participaci\u00f3n de la bi\u00f3loga brasile\u00f1a Marinez Ferreira de Siqueira, del Centro de Referencia en Informaci\u00f3n Ambiental (Cria)-, indica que un aumento mayor que dos grados en la temperatura amenaza la continuidad de casi el doble de especies -y este n\u00famero puede llegar incluso hasta a tres veces m\u00e1s, en caso de que las plantas y los animales no logren desplazarse hacia regiones m\u00e1s fr\u00edas para encontrar otros lugares para vivir. Evidentemente, los programas de computadora que llevaron a esas conclusiones son limitados, y parten del supuesto de que la vida en el futuro se comportar\u00e1 tal como en el pasado, pero cualquiera de las tres posibilidades desembocar\u00eda en una nueva extinci\u00f3n en masa -la sexta en la historia del planeta- con posibles implicaciones serias para la vida de los seres humanos. La \u00faltima vez que sucedi\u00f3 algo similar fue hace 65 millones de a\u00f1os,cuando erupciones volc\u00e1nicas o quiz\u00e1s colisiones de asteroides contra el planeta desencadenaron la extinci\u00f3n de los dinosaurios y de la mayor parte de las formas de vida existentes en la Tierra en esa era, mucho tiempo antes del surgimiento de la especie humana.<\/p>\n<p>Con todo, a la gente que enfrenta veranos agobiantes puede resultarle dif\u00edcil creer que un aumento de dos grados pueda ser capaz de tama\u00f1o estrago. Pero esta posibilidad existe, y debido a un detalle: tal calentamiento no es homog\u00e9neo. &#8220;Una elevaci\u00f3n media de 2 grados puede representar el incremento de un grado en algunas regiones del planeta, pero superior a los 4 \u00f3 5 grados en otras&#8221;, dice Jefferson Cardia Sim\u00f5es, glaci\u00f3logo de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul (UFRGS). Y como el calor m\u00e1s intenso acelera la evaporaci\u00f3n del agua y altera el r\u00e9gimen de lluvias, los desequilibrios ambientales dejan de ser una posibilidad te\u00f3rica para convertirse en problemas concretos, como los que est\u00e1n produci\u00e9ndose actualmente. En setiembre del a\u00f1o pasado, un tif\u00f3n -un fen\u00f3meno cuyo origen se atribuye a los cambios clim\u00e1ticos globales- asol\u00f3 Corea del Norte y dej\u00f3 un saldo de cien muertos y 25 mil damnificados.<\/p>\n<p>El equipo de Chris Thomas analiz\u00f3 de qu\u00e9 forma alteraciones clim\u00e1ticas m\u00e1s o menos intensas pueden influir sobre el futuro de 1.103 especies de plantas y animales, casi todas exclusivas (end\u00e9micas) de cada una de las seis regiones ricas en diversidad existentes en el mundo: M\u00e9xico, Australia, Sud\u00e1frica, Brasil, Costa Rica y Europa, que corresponden a una quinta parte de las tierras del planeta. Fue la mayor muestra analizada hasta ahora para entender de qu\u00e9 manera los cambios clim\u00e1ticos podr\u00edan afectar la vida en la Tierra, donde viven actualmente, de acuerdo con las estimaciones m\u00e1s confiables, entre 5 y 10 millones de especies, aunque de ellas solamente 1,8 millones hayan sido caracterizadas. Incluso antes de este estudio ya hab\u00eda indicios de cambios en las formas a trav\u00e9s de las cuales las especies de animales e plantas se relacionaban entre s\u00ed o con el ambiente -las llamadas relaciones ecol\u00f3gicas- como consecuencia de los recientes cambios clim\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos cien a\u00f1os, el 60% de las poblaciones de 35 especies de mariposas europeas que no tienen h\u00e1bitos migratorios desplazaron el \u00e1rea geogr\u00e1fica que ocupan y lo expandieron entre 35 y 240 kil\u00f3metros en direcci\u00f3n al polo norte; esto de acuerdo con un estudio coordinado por Camille Parmesan, bi\u00f3loga de la Universidad de Texas, publicado en 1999 en\u00a0<em>Nature<\/em>. Gian-Reto Walther, geobot\u00e1nico de la Universidad de Hannover, Alemania, en un art\u00edculo publicado en 2001 tambi\u00e9n en\u00a0<em>Nature<\/em>, registr\u00f3 otras modificaciones en las relaciones ecol\u00f3gicas, tales como la anticipaci\u00f3n de entre dos y cinco d\u00edas en la migraci\u00f3n de p\u00e1jaros en Europa y Norteam\u00e9rica o el florecimiento entre 1,5 y 3 d\u00edas antes por d\u00e9cada de las plantas de Europa.<\/p>\n<p>Terreno expedito para viejas enfermedades &#8211; El futuro de nuestra propia especie estar\u00eda amenazado, y esto de manera m\u00e1s directa de lo que se podr\u00eda imaginar. &#8220;Los cambios clim\u00e1ticos pueden expandir la distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica de insectos como el\u00a0<em>Aedes<\/em> (transmisor del dengue y la fiebre amarilla) y el\u00a0<em>Anopheles<\/em> (transmisor del paludismo) y transportar enfermedades tropicales hacia pa\u00edses de las regiones templadas&#8221;, comenta Thomas Lewinson, ec\u00f3logo de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). &#8220;Europa debe preocuparse con enfermedades tropicales que jam\u00e1s conoci\u00f3 o que ya hab\u00edan desaparecido en el continente, como la malaria, que era relativamente com\u00fan en Inglaterra a la \u00e9poca del Imperio Romano.&#8221;<\/p>\n<p>Marcelo Tabarelli, ec\u00f3logo de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), brinda una idea de lo que puede acontecer en un espacio como la Amazonia: la desaparici\u00f3n de la vegetaci\u00f3n y de los animales, provocada por las alteraciones del clima y tambi\u00e9n por la tala de bosques, ocasionar\u00e1 cambios en m\u00e1s de una regi\u00f3n del planeta. El agua perdida por las plantas a trav\u00e9s de la transpiraci\u00f3n y por los animales a trav\u00e9s de la respiraci\u00f3n origina masas de aire que transportan calor y humedad hacia regiones vecinas. La alteraci\u00f3n de ese ciclo puede hacer que el clima se vuelva a\u00fan m\u00e1s seco todav\u00eda en el &#8220;Cerrado&#8221; [la Sabana], en la porci\u00f3n central de Brasil, perjudicando as\u00ed el cultivo de soja, hoy en d\u00eda uno de los principales productos de exportaci\u00f3n del pa\u00eds.<\/p>\n<p>En el marco de la contribuci\u00f3n brasile\u00f1a al art\u00edculo de\u00a0<em>Nature<\/em>, Marinez analiz\u00f3 lo que puede ocurrir con 163 especies de plantas estudiando la base de datos resultante de una asociaci\u00f3n del Cria con el Proyecto de Cooperaci\u00f3n T\u00e9cnica Conservaci\u00f3n y Manejo de la Biodiversidad del Bioma Cerrado, integrado por la Embrapa Cerrados, la Universidad de Brasilia (UnB), el Instituto Brasile\u00f1o de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y el Jard\u00edn Bot\u00e1nico de Edimburgo, Escocia. De ese total, 123 son end\u00e9micas del &#8220;Cerrado&#8221;, que ya lleg\u00f3 a ocupar el 18% del territorio nacional y hoy en d\u00eda est\u00e1 confinada a un sexto del \u00e1rea original. En el escenario m\u00e1s benigno, con una elevaci\u00f3n de la temperatura de entre 0,8 y 1,8 grados, 66 especies de ese ecosistema estar\u00edan amenazadas de extinci\u00f3n, mientras que otras 75 correr\u00edan ese riesgo con un alza de 2 grados en la temperatura del planeta.<\/p>\n<p>&#8220;El calentamiento hace desaparecer el ambiente favorable a la supervivencia y a la reproducci\u00f3n de esas especies, en particular de las m\u00e1s sensibles a la alteraciones del clima&#8221;, afirma la investigadora, cuyo trabajo ha sido desarrollado en el \u00e1mbito del proyecto SpeciesLink, vinculado al Programa Biota-FAPESP, financiado por la Fundaci\u00f3n. De esta forma, es posible que dos arbustos t\u00edpicos de la Sabana, la &#8220;douradinha&#8221; (<em>Palicourea rigida<\/em> ) y el &#8220;merc\u00fario-do-campo&#8221; (<em>Erythroxylum suberosum<\/em> ), desaparezcan en algunas generaciones, o sobrevivan durante alg\u00fan tiempo m\u00e1s, pero como especies &#8220;muertas en vida&#8221; -es decir, con ejemplares vivos, pero incapaces de reproducirse.<\/p>\n<p><strong>La presi\u00f3n humana<br \/>\n<\/strong>De alguna manera, la elevaci\u00f3n de la temperatura forma parte de un ciclo natural de calentamiento del planeta, que posteriormente empieza nuevamente a enfriarse. El problema es que las actividades humanas, como las talas y la contaminaci\u00f3n causada por las industrias y por los autom\u00f3viles, est\u00e1n acelerando dicho proceso. Hace 18 mil a\u00f1os, en el auge de la m\u00e1s reciente glaciaci\u00f3n, tambi\u00e9n conocida como la \u00faltima era del hielo, una tercera parte de la Tierra estaba cubierta por glaciares, y su temperatura media era de alrededor de 9 grados. En 1900, el 66% de ese hielo ya se hab\u00eda derretido y el planeta ten\u00eda una temperatura casi 7 grados mayor.<\/p>\n<p>Desde mediados del siglo XVIII, el \u00edndice de gas carb\u00f3nico en la atm\u00f3sfera ha crecido un 33%, pasando de 286 a 373 partes por mill\u00f3n por volumen, debido en gran medida al creciente consumo de combustibles f\u00f3siles luego de la Revoluci\u00f3n Industrial. En la atm\u00f3sfera, el gas carb\u00f3nico forma una especie de manta que retiene el calor reflejado por la superficie del planeta y permite la existencia de vida. Por lo tanto, y en su justa medida, su efecto es ben\u00e9fico. Pero en concentraciones muy elevadas surgen los desequilibrios. De acuerdo con la Organizaci\u00f3n Meteorol\u00f3gica Mundial, la temperatura media de la superficie terrestre aument\u00f3 al menos 0,6 \u00b0C solamente durante el \u00faltimo siglo, a un ritmo m\u00e1s intenso de los a\u00f1os 1970 en adelante. Es una elevaci\u00f3n 15 veces mayor que la media verificada durante los 180 siglos anteriores. &#8220;La diferencia reside en la velocidad que el hombre le imprimi\u00f3 a ese proceso&#8221;, comenta Sim\u00f5es.<\/p>\n<p>Para los seres humanos, que desarrollaron la capacidad de dotar de comodidad al espacio -con una frazada o prendiendo el aire acondicionado-, cinco d\u00e9cadas puede parecer bastante. Pero es muy poco tiempo frente a los millares de a\u00f1os que demoran especies mayores, de crecimiento m\u00e1s lento, para ajustarse a los cambios ambientales. De acuerdo con los bi\u00f3logos, es muy poco probable que en tan solo medio siglo las plantas y los animales tengan tiempo para adaptarse desde el punto de vista gen\u00e9tico a los cambios ocasionados por el calentamiento global, que agrava una situaci\u00f3n ya de por s\u00ed complicada: la p\u00e9rdida permanente de los ambientes naturales. El riesgo de extinci\u00f3n, subraya Tabarelli, no debe afectar de la misma manera a todas las especies. Algunas quiz\u00e1s sean capaces de dispersarse en direcci\u00f3n a los polos o hacia altuaras m\u00e1s elevadas, con temperaturas m\u00e1s benignas, mientras que otras pueden incluso verse favorecidas. Probablemente las m\u00e1s sensibles a los cambios de temperatura y humedaddesaparecer\u00e1n primero.<\/p>\n<p>&#8220;Si obramos inmediatamente, podemos intentar remediar los efectos de los cambios clim\u00e1ticos, trasladando a las especies m\u00e1s sensibles a otras zonas&#8221;, sugiere el ec\u00f3logo Jean Paul Metzger de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Para Sim\u00f5es, de la UFRGS, la posibilidad de extinci\u00f3n de miles de especies del planeta es, por sobre todas las cosas, una cuesti\u00f3n \u00e9tica m\u00e1s que num\u00e9rica: &#8220;\u00bfTenemos nosotros derecho a dejar el planeta sin condiciones favorables para la vida en las pr\u00f3ximas generaciones?&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El acelerado aumento de la temperatura producto de la acci\u00f3n humana modificar\u00e1 el perfil de la vida en el planeta","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[437],"class_list":["post-77903","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77903","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77903"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77903\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77903"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77903"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77903"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77903"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}