{"id":77904,"date":"2004-02-01T10:10:00","date_gmt":"2004-02-01T12:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/02\/01\/llegan-extranos-a-los-hielos-del-sur-2\/"},"modified":"2015-07-20T12:50:07","modified_gmt":"2015-07-20T15:50:07","slug":"llegan-extranos-a-los-hielos-del-sur-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/llegan-extranos-a-los-hielos-del-sur-2\/","title":{"rendered":"Llegan extra\u00f1os a los hielos del sur"},"content":{"rendered":"<p>El buque oceanogr\u00e1fico\u00a0<em>Prof. W. Besnard<\/em>, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), regres\u00f3 de un viaje a la Ant\u00e1rtida en 1986 con muestras de un tipo de crust\u00e1ceo recogidas durante su periplo exploratorio. Eran dos peque\u00f1os cangrejos: uno macho, cuyo caparaz\u00f3n med\u00eda 4,1 cent\u00edmetros de largo por 2,8 cm de ancho, y una hembra de dimensiones un 20% mayores. Capturados en aguas aleda\u00f1as a la pen\u00ednsula Ant\u00e1rtica situadas al noroeste del continente blanco, estos ejemplares no llamaron mucho la atenci\u00f3n en un primer momento. Como tantos otros espec\u00edmenes que cayeron en las redes del<em>Besnard<\/em> en el oc\u00e9ano Austral -el mar helado que circunda a la Ant\u00e1rtida-, fueron enviados al Museo de Zoolog\u00eda de la USP.En mayo de 1987, embebidos en una soluci\u00f3n a base de alcohol y dividiendo el mismo frasco de vidrio, los cangrejos pasaron a formar parte del patrimonio de la referida instituci\u00f3n paulista. El pote que conten\u00eda a la pareja de diminutos ejemplares marinos recibi\u00f3 el nombre de lote MZUSP 8878 y pas\u00f3 a ocupar su debido lugar en un estante. Al momento de la catalogaci\u00f3n, el investigador Gustavo Augusto Schmidt de Melo, por ese entonces curador de la secci\u00f3n de carcinolog\u00eda (aqu\u00e9lla dedicada a los crust\u00e1ceos), consider\u00f3 que los cangrejos eran interesantes, e incluso que pudiesen ser de una nueva especie a\u00fan desconocida por la ciencia. Sin duda no exist\u00eda a\u00fan ese tipo de animal en Brasil. Por eso dej\u00f3 anotado que val\u00eda la pena estudiarlos alg\u00fan d\u00eda ?tan pronto como se finalizasen otras tareas m\u00e1s urgentes y hubiese personal disponible para hacer efectiva tal labor.<\/p>\n<p>Diecis\u00e9is a\u00f1os despu\u00e9s, lleg\u00f3 finalmente ese d\u00eda. A comienzos de 2003, el carioca Marcos Tavares, un experto en crust\u00e1ceos, se mud\u00f3 a S\u00e3o Paulo y asumi\u00f3 el cargo de curador de la secci\u00f3n de carcinolog\u00eda del Museo de Zoolog\u00eda, ocupando as\u00ed justamente el lugar de Melo, que acababa de jubilarse. En una charla de trabajo con su antecesor en el cargo, que pese a haberse jubilado contin\u00faa en actividad en el museo, Tavares tom\u00f3 conocimiento de las extra\u00f1as muestras de cangrejo obtenidas por el\u00a0<em>Besnard<\/em>. Consideraron que ya era hora de investigar minuciosamente aquellos ejemplares de crust\u00e1ceos. El inter\u00e9s en la muestra creci\u00f3 m\u00e1s a\u00fan cuando verificaron en la literatura cient\u00ed\u00adfica que no hab\u00eda especies vivas de cangrejos originarios de la Ant\u00e1rtida, sino \u00fanicamente especies f\u00f3siles, extinguidas. Esto los motiv\u00f3 a estudiar realmente a fondo las muestras que hab\u00edan llegado otrora del fr\u00edo polar. Y el resultado de tal investigaci\u00f3n surgi\u00f3 r\u00e1pidamente: en pocos meses, los investigadores arribaron a la conclusi\u00f3n de que los cangrejos capturados por el personal del buque brasile\u00f1o representan la primera evidencia -probablemente mediada por el hombre- de la introducci\u00f3n de especies marinas invasoras, originarias de otras partes del planeta, en el oc\u00e9ano Austral.<\/p>\n<p>En lugar de constituir una nueva forma de vida, estos animalitos recogidos por las redes del<em>Besnard<\/em> en 1986 pertenecen a una antigua y conocida variedad de crust\u00e1ceo. Descrita en la literatura cient\u00edfica hace casi 250 a\u00f1os, la especie\u00a0<em>Hyas araneus<\/em> tiene entre los pescadores el popular nombre de cangrejo ara\u00f1a o ara\u00f1a de mar. Por cierto: pescadores del mar del Norte y del oc\u00e9ano \u00c1rtico; cabe acotarlo. El cangrejo ara\u00f1a o ara\u00f1a de mar, oriundo de regiones muy fr\u00edas como es el caso de la pen\u00ednsula Ant\u00e1rtica, solamente hab\u00eda sido encontrado hasta ahora en tramos de mar ubicados encima de los 41 grados de latitud norte. Es decir: nunca en el oc\u00e9ano Austral, del otro lado del globo, a 61 grados de latitud sur.<\/p>\n<p>Por lo tanto, no es en s\u00ed mismo lo que se dice una especie nueva. Pero lo que s\u00ed es una novedad es su presencia en las franjas de la Ant\u00e1rtida, el continente m\u00e1s inh\u00f3spito y menos contaminado, y tambi\u00e9n el de m\u00e1s dif\u00edcil acceso. &#8220;La fauna end\u00e9mica del oc\u00e9ano Austral estuvo aislada de las dem\u00e1s al menos durante 25 millones de a\u00f1os, y ahora est\u00e1 siendo expuesta al contacto con especies ex\u00f3ticas&#8221;, afirma Tavares. Antes del\u00a0<em>H. araneus<\/em>, larvas de especies subant\u00e1rticas de crust\u00e1ceos, oriundas del extremo sur de Sudam\u00e9rica hab\u00edan sido localizadas en las cercan\u00edas de la pen\u00ednsula Ant\u00e1rtica; pero su presencia en esa regi\u00f3n se deb\u00eda (y se debe) a la din\u00e1mica natural de las corrientes oce\u00e1nicas, y no a la influencia del hombre. Eran apariciones con caracter\u00edsticas distintas de las que llevaron a las ara\u00f1as de mar a la costa de la Ant\u00e1rtida.<\/p>\n<p><strong>Nuevo acercamiento<br \/>\n<\/strong>En la jerga de los bi\u00f3logos, la expresi\u00f3n especie ex\u00f3tica es asignada a cualquier forma de vida animal o vegetal introducida en un h\u00e1bitat diferente de su lugar de origen. Es una definici\u00f3n de valor relativo. End\u00e9mico y aut\u00f3ctono del \u00c1rtico y del mar del Norte, el\u00a0<em>H. araneus<\/em> es considerado ex\u00f3tico e invasor en la Ant\u00e1rtida (y en cualquier otra parte del mundo). El descubrimiento de que despu\u00e9s de al menos 25 millones de a\u00f1os de aislamiento la fauna del oc\u00e9ano Austral ya no se encuentra completamente separada de las especies marinas de otros mares result\u00f3 en un art\u00edculo cient\u00edfico. Dicho texto, firmado por Tavares y por Melo, se publicar\u00e1 en la edici\u00f3n de junio de este a\u00f1o de la revista brit\u00e1nica\u00a0<em>Antarctic Science<\/em>, especializada en temas del continente blanco. El descubrimiento del cangrejo ara\u00f1a en el oc\u00e9ano Austral fue presentado en forma preliminar en octubre pasado en un congreso sobre investigaciones ant\u00e1rticas realizadas en Ushuaia, ciudad argentina ubicada en el extremo sur de la Patagonia. Tavares, que no es un experto en lo referente a la Ant\u00e1rtida, donde, dicho sea de paso, nunca estuvo, fue invitado a abordar el tema ni bien relat\u00f3 informalmente la historia ante algunos investigadores del exterior.<\/p>\n<p>La presencia de los dos ejemplares del\u00a0<em>H. araneus<\/em> en la pen\u00ednsula Ant\u00e1rtica no significa obligatoriamente que los cangrejos ara\u00f1a hayan establecido colonias all\u00ed. No hay registro de que la especie haya sido nuevamente hallada en la regi\u00f3n. &#8220;Pero necesitamos m\u00e1s datos para saber si la introducci\u00f3n de esos cangrejos en el oc\u00e9ano Austral realmente no se consolid\u00f3 o si eventualmente se confirm\u00f3 y pas\u00f3 desapercibida&#8221;, sostiene Tavares. Probablemente su presencia en aguas tan distantes de su lugar de origen tenga por ahora un efecto m\u00e1s simb\u00f3lico que pr\u00e1ctico. Puede significar que est\u00e1 haci\u00e9ndose m\u00e1s f\u00e1cil llegar a aquellos parajes. La mayor presencia del hombre en la Ant\u00e1rtida y el aumento de la temperatura media del planeta -incluso en las aguas muy fr\u00edas del oc\u00e9ano Austral, que normalmente funcionan como una barrera natural a la llegada de seres marinos oriundos de otros ecosistemas- pueden ser factores inductores de la entrada de especies marinas ex\u00f3ticas en la regi\u00f3n m\u00e1s meridional de la Tierra. En suelo ant\u00e1rtico, el traj\u00edn de investigadores y turistas ha hecho que llegaran muchos seres extra\u00f1os de h\u00e1bitos terrestres al continente. Un caso notorio es el de los perros, que llegaron a all\u00ed para ser usados como animales de tiro en los trineos hasta comienzos de la d\u00e9cada pasada, cuando su presencia en la Ant\u00e1rtida fue prohibida. Si la introducci\u00f3n de especies alien\u00edgenas era ya una realidad en tierras ant\u00e1rticas, lo propio parece ahora suceder en la costa del continente. Por eso es importante descubrir de qu\u00e9 forma la pareja de cangrejos ara\u00f1a se mud\u00f3 de hemisferio y fue a parar del otro lado del mundo, en el oc\u00e9ano Austral.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo estos animalitos del \u00c1rtico, acostumbrados a vivir en el fondo de un mar compuestos de rocas, arena y barro, de m\u00e1xima a 550 metros de profundidad, lograron dejar la vecindad del Polo Norte, cruzar inc\u00f3lumes las elevadas temperaturas de la l\u00ednea del Ecuador y desembarcar en las proximidades del Polo Sur? Pues bien: desembarcar parece ser el verbo m\u00e1s adecuado para describir el medio de transporte utilizado por las ara\u00f1as de mar para llegar a la Ant\u00e1rtida. &#8220;Sospechamos que estos crust\u00e1ceos deben haber entrado en la pen\u00ednsula Ant\u00e1rtica incrustados en el casco de buques o en el agua de lastre de las embarcaciones&#8221;, comenta Melo. Para los investigadores, debido a las dimensiones de los crust\u00e1ceos, un poco grandes como para permitir su alojamiento en las paredes externas de los barcos, la segunda hip\u00f3tesis es la m\u00e1s probable. &#8220;El movimiento de buques se ha incrementado mucho en el oc\u00e9ano Austral durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, en raz\u00f3n del aumento de las actividades de investigaci\u00f3n, de pesca y de turismo&#8221;, afirma Melo. Se estima que viven cuatro mil investigadores en la Ant\u00e1rtida durante los meses de verano. En el invierno, ese n\u00famero se reduce a mil cient\u00edficos. La cantidad de turistas que visitan los glaciares y los ping\u00fcinos del continente blanco asciende a 10 mil, y a veces 15 mil. Es mucha gente que la que llega v\u00eda buques. Y ni hablar de los barcos pesqueros, que navegan por all\u00ed generalmente en busca del abundante krill, un tipo de crust\u00e1ceo parecido al camar\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Tanques llenos de agua<br \/>\n<\/strong>No existe ninguna evidencia concreta de que el agua de lastre haya sido realmente responsable por la introducci\u00f3n de los\u00a0<em>H. araneus<\/em> en el oc\u00e9ano Austral. Pero, por exclusi\u00f3n de las restantes alternativas, es la que rest\u00f3 para ser investigada. Esto porque otras formas de introducci\u00f3n de especies marinas ex\u00f3ticas, como el cultivo comercial de peces y crust\u00e1ceos o la construcci\u00f3n de canales de navegaci\u00f3n no forman parte de la realidad del continente blanco. Estas hip\u00f3tesis tienen sentido en otros puntos del planeta, pero no en la Ant\u00e1rtida. Almacenada en los tanques de los barcos, en compartimentos sellados, el agua de lastre es esencial para asegurar una buena navegabilidad y la integridad estructural, especialmente en las embarcaciones de carga. &#8220;Los buques son proyectados para viajar con sus dep\u00f3sitos llenos de mercader\u00edas&#8221;, dice Tavares. En raz\u00f3n de esta caracter\u00edstica, cuando no existe carga para llevar de un lugar a otro, los barcos se desplazan con sus compartimentos llenos de agua -la referida agua de lastre, rica en muestras de la fauna y la flora locales- para asegurar su equilibrio. Cuando llegan a su destino, donde se abastecen con productos y pescado, descargan el agua de lastre cargada en el puerto de origen, para evitar el exceso de peso.<\/p>\n<p>La Organizaci\u00f3n Mar\u00edtima Internacional (IMO, sigla en ingl\u00e9s), que es la agencia de las Naciones Unidas que monitorea la seguridad del transporte naval, estima que alrededor de 7 mil especies marinas, muchas veces en forma de larvas, viajan a bordo de los tanques llenos de agua de lastre de la flota naval internacional, invadiendo as\u00ed h\u00e1bitats distantes de su ambiente natural. Y eso sin contar los microorganismos y bacterias, como es el caso del vibri\u00f3n del c\u00f3lera, que tambi\u00e9n pueden ser transportados de esta forma. La introducci\u00f3n involuntaria de especies ex\u00f3ticas promovida por los barcos, que cargan alrededor del 80% de las mercader\u00edas comercializadas en el mundo globalizado, ha resultado en alteraciones significativas de ecosistemas de algunas partes del mundo, con consecuencias de \u00edndole ambiental, sanitaria y muchas veces econ\u00f3mica. En Estados Unidos, una especie de molusco de agua dulce de origen europeo, el mejill\u00f3n cebra (<em>Dreissena polymorpha<\/em>), lleg\u00f3 a los Grandes Lagos v\u00eda agua de lastre, probablemente a comienzos de los a\u00f1os 1980, y se propag\u00f3 por el 40% de los r\u00edos navegables de ese pa\u00eds. Entre 1989 y 2000, los costos destinados al control de esa plaga, cuya concha se adhiere a cualquier objeto s\u00f3lido, se estimaron en al menos 750 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Y no faltan historias parecidas a la del mejill\u00f3n cebra en otras partes del planeta, incluso en Brasil. El crust\u00e1ceo\u00a0<em>Charybdis hellerii<\/em>, luego de colonizar el Mediterr\u00e1neo oriental, migr\u00f3 al Atl\u00e1ntico en la d\u00e9cada de 1980, posiblemente a bordo de los compartimentos de agua de lastre de embarcaciones que hicieron escala en puertos israel\u00edes. Tambi\u00e9n durante esa d\u00e9cada, ejemplares de esa especie marina fueron hallados en Cuba, Venezuela y el Caribe colombiano. En 1995, su presencia fue detectada en Florida y en R\u00edo de Janeiro. En la actualidad, el\u00a0<em>C. hellerii<\/em>, que puede convertirse en un competidor en la lucha por el h\u00e1bitat normalmente ocupado por otros crust\u00e1ceos de importancia comercial, es encontrado como m\u00ednimo en siete estados de la costa brasile\u00f1a. Otro caso famoso de introducci\u00f3n accidental de una especie ex\u00f3tica en territorio brasile\u00f1o es la historia del mejill\u00f3n dorado (<em>Limnoperma fortunei<\/em>), de origen asi\u00e1tico. Transportado en el agua de lastre de los buques, este molusco apareci\u00f3 primeramente en el R\u00edo de la Plata, Argentina, en los a\u00f1os 1990. Actualmente est\u00e1 presente en algunos r\u00edos del sur de Brasil. A ejemplo del mejill\u00f3n cebra en Estados Unidos, la valva del\u00a0<em>L. fortunei<\/em> es muy pegajosa. Uno de sus efectos colaterales fue que se adhiri\u00f3 a las turbinas de la central hidroel\u00e9ctrica de Itaip\u00fa, en Foz do Igua\u00e7\u00fa, norte del estado de Paran\u00e1, por lo cual debieron incrementarse los cuidados y los gastos en limpieza de los engranajes de dicho complejo.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede generalizar y endilgar la llegada de todas las especies marinas invasoras al pasivo del agua de lastre. El camar\u00f3n blanco del Pac\u00edfico, (<em>Litopenaeus vannamei<\/em>) fue introducido en R\u00edo Grande do Norte en 1981 para su cultivo comercial en viveros, ubicados generalmente en terrenos a orillas del mar, lo que facilita la obtenci\u00f3n de agua marina para la cr\u00eda del crust\u00e1ceo. Hoy en d\u00eda, la especie, de origen asi\u00e1tica, es el tipo de camar\u00f3n m\u00e1s cultivado en Brasil, y genera millones de d\u00f3lares en la pauta de exportaci\u00f3n. Algunos bi\u00f3logos temen que el camar\u00f3n blanco, muy susceptible a enfermedades virales, pueda ser atacado por el virus TSV, tal como ocurri\u00f3 en los estados norteamericanos de Texas y Carolina del Sur a mediados de la d\u00e9cada pasada, y transmitir ese pat\u00f3geno ex\u00f3tico a especies aut\u00f3ctonas de camar\u00f3n. Y con el cangrejo rojo de r\u00edo\u00a0<em>Procambarus clarkii<\/em>, aut\u00f3ctono del sur de Estados Unidos, existe una preocupaci\u00f3n similar. Esta especie arrib\u00f3 a Brasil en manos de los criadores, y es muy apreciado por los due\u00f1os de acuarios. Pero carga consigo un hongo, el\u00a0<em>Aphanomices astaci<\/em>, al cual \u00e9ste es insensible, mas que puede ser nocivo para otros seres marinos. &#8220;La introducci\u00f3n de especies ex\u00f3ticas es una ruleta ecol\u00f3gica&#8221;, afirma Tavares. &#8220;Y sus consecuencias son imprevisibles&#8221;, agrega. El problema radica en que, tal como lo demuestra el descubrimiento de la pareja de cangrejos ara\u00f1a del \u00c1rtico en pleno oc\u00e9ano Austral, ning\u00fan trecho de mar est\u00e1 exento de entrar en este juego de azar. Ni siquiera las aguas que circundan la Ant\u00e1rtida, donde esa ruleta ya habr\u00eda dado sus primeros giros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un cangrejo del \u00c1rtico es la primera especie marina invasora hallada en la Ant\u00e1rtida","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-77904","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77904","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77904"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77904\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77904"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}