{"id":77913,"date":"2004-02-01T00:00:00","date_gmt":"2004-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/02\/01\/esa-mujer-que-amamos-odiar-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:20:30","modified_gmt":"2016-01-29T15:20:30","slug":"esa-mujer-que-amamos-odiar-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/esa-mujer-que-amamos-odiar-2\/","title":{"rendered":"Esa mujer que amamos odiar"},"content":{"rendered":"<p>El conocimiento que muchos en Brasil tenemos sobre Carlota Joaquina (1775-1830) suele poseer la densidad de un enredo hist\u00f3rico de escola de samba: es aquella espa\u00f1ola bigotuda que odiaba al pa\u00eds y que sacudi\u00f3 sus zapatos al irse, para no llevarse consigo ni siquiera el polvo de esta tierra. Y la pel\u00edcula de Carla Camurati tampoco ayud\u00f3 mucho que digamos: si bien sirvi\u00f3 al renacimiento del cine brasile\u00f1o, enterr\u00f3 definitivamente la personalidad de la soberana. &#8220;El movimiento liberal y las transformaciones sociales y pol\u00edticas del siglo XIX exigieron reinvenciones del pasado como forma de legitimar un presente que se pretend\u00eda construir.<\/p>\n<p>Carlota Joaquina, la reina portuguesa que nunca perdi\u00f3 su identidad espa\u00f1ola y fue contraria la venida de la familia real al Brasil -y declar\u00f3 su regocijo por el regreso a Portugal-, que defendi\u00f3 el absolutismo y que se rehus\u00f3 a firmar la Constituci\u00f3n Liberal portuguesa, ciertamente no era la personalidad adecuada para subir al podio de las figuras dignas de la memoria nacional&#8221;, explica la profesora Francisca Nogueira de Azevedo, autora del recientemente lanzado libro\u00a0<em>Carlota Joaquina na Corte do Brasil<\/em> [<em>Carlota Joaquina en la Corte del Brasil<\/em> ] (Civiliza\u00e7\u00e3o Brasileira, 397 paginas, R$ 40), un sorprendente retrato de la reina que surge all\u00ed como una pol\u00edtica h\u00e1bil, capaz de ir mucho m\u00e1s all\u00e1 del papel subalterno al que la corte lusitana constre\u00f1\u00eda a las mujeres.<\/p>\n<p>No fue la intenci\u00f3n de la investigadora rehabilitar su figura hist\u00f3rica. &#8220;Quise seguir la trayectoria de vida de Carlota, preocupada con el universo femenino de su tiempo, con la producci\u00f3n historiogr\u00e1fica que deline\u00f3 los estereotipos que signan su memoria y con su actuaci\u00f3n en la esfera p\u00fablica, donde desde finales del siglo XVIII asume un rol preponderante en la pol\u00edtica externa portuguesa&#8221;, analiza Francisca. Hija primog\u00e9nita del rey Don Carlos IV de Espa\u00f1a, se cas\u00f3 cuando ten\u00eda tan solo 10 a\u00f1os con el futuro Don Jo\u00e3o VI. Aunque fue un t\u00edpico casamiento diplom\u00e1tico con miras a sellar el pacto entre las dos coronas ib\u00e9ricas, en las cartas Carlota se refer\u00eda a su marido como un hombre bueno y honesto, culpando al grupo que los rodeaba por la falta de armon\u00eda del matrimonio, que en 1806 lleg\u00f3 a su \u00e1pice con la llamada Conspiraci\u00f3n de Alfeite. &#8220;Varios documentos prueban que Don Jo\u00e3o pas\u00f3 por un largo per\u00edodo de depresi\u00f3n que lo apart\u00f3 completamente del poder. La corte portuguesa se divid\u00eda por ese entonces entre angl\u00f3filos y franc\u00f3filos. El grupo de tendencia francesa apoy\u00f3 Carlota a asumir el poder como regente en lugar de su marido.&#8221;<\/p>\n<p>Y por esa &#8220;traici\u00f3n&#8221; pag\u00f3 un alto precio: &#8220;Carlota qued\u00f3 incomunicada, confinada en el palacio como prisionera, alejada de sus amigos y de sus padres, y su correspondencia pas\u00f3 a ser controlada por el grupo pol\u00edtico de Jo\u00e3o&#8221;. Con ese esp\u00edritu sube a bordo de un nav\u00edo con destino a la Colonia, donde ni bien lleg\u00f3 se enter\u00f3 que sus padres, monarcas de Espa\u00f1a, hab\u00eda ca\u00eddo prisioneros de Napole\u00f3n, con quien hab\u00edan establecido poco antes una alianza (condenada por Carlota con notable anticipaci\u00f3n) que le permitiera a Bonaparte cruzar el territorio espa\u00f1ol para invadir Portugal. El hermano de Carlota, Fernando VII, lider\u00f3 un mot\u00edn contra su padre y dio a Napole\u00f3n la posibilidad de arrebatarles el trono a los espa\u00f1oles para poner en su lugar a su hermano, Jos\u00e9 Bonaparte. &#8220;As\u00ed las cosas, el problema mayor de Carlota no era precisamente la Colonia, sino las condiciones en que arrib\u00f3 a Brasil, sitio convertido pr\u00e1cticamente en su exilio. Sus cartas revelan su lucha, primeramente para no partirde Portugal, y luego para cumplir su deseo de regresar a Europa. No encontr\u00e9 referencia alguna a un desprecio por Brasil, sino varios intentos para salir de la Colonia&#8221;, dice Francisca.<\/p>\n<p>Sin rey, los criollos, aquellos nacidos en los virreinatos espa\u00f1oles de Am\u00e9rica, vieron una posibilidad de ponerle fin a la opresi\u00f3n de los Borbones, un movimiento que Carlota percibi\u00f3 enseguida. En su exilio colonial, ella decidi\u00f3 luchar por la preservaci\u00f3n del imperio de su padre en los tr\u00f3picos. &#8220;Carlota quer\u00eda la regencia de Espa\u00f1a para, teniendo como base la sede de la monarqu\u00eda en Buenos Aires, coordinar la resistencia contra la invasi\u00f3n napole\u00f3nica y asegurar a la dinast\u00eda Borb\u00f3n la corona espa\u00f1ola; es decir, quer\u00eda hacer lo mismo que hizo Jo\u00e3o&#8221;, dice la investigadora. Para ello conquist\u00f3 el apoyo de una parte de la nobleza espa\u00f1ola y de la nobleza portuguesa descontenta con el traslado de la Corte al Brasil y, con el apoyo intelectual del almirante de la escuadra brit\u00e1nica en R\u00edo, Sidney Smith, envi\u00f3 un manifiesto a Espa\u00f1a en 1808, en el cual dec\u00eda ser la defensora de los derechos de su familia.<\/p>\n<p>De este modo se granje\u00f3 pesados enemigos en la Colonia, debido a sus planes de convertirse en regente de Espa\u00f1a en el exilio. Entre \u00e9stos se encontraba el jefe de gabinete de Don Jo\u00e3o, el conde de Linhares, que pronto barrunt\u00f3 el peligro de tal acci\u00f3n para sus planes de extender el imperio portugu\u00e9s hacia \u00e1reas ocupadas por la corona espa\u00f1ola. El conde contaba para ello con un fuerte aliado: Lord Strangford, el embajador ingl\u00e9s en Lisboa y adversario de Smith. Strangford pensaba que Brasil deber\u00eda ser &#8220;un emporio para las mercader\u00edas inglesas, destinadas al consumo de toda Am\u00e9rica del Sur&#8221;.<\/p>\n<p>El embajador espa\u00f1ol en R\u00edo tambi\u00e9n se indispuso con Carlota, pues ten\u00eda \u00f3rdenes expresas de la Junta que gobernaba Espa\u00f1a de mantenerla lejos de las colonias del R\u00edo de la Plata. Al fin y al cabo, los recuerdos desagradables de la \u00faltima uni\u00f3n entre las coronas ib\u00e9ricas llevaban a considerar los infortunios que podr\u00edan sobrevenir como producto de una nueva soberan\u00eda portuguesa sobre los hispanos. Como si esto fuera poco, Carlota, pese a lo que dec\u00edan sus adversarios, no era un hombre&#8230; El sistema que ordenaba a la sociedad lusitana durante los siglos XVIII y XIX privaba a las mujeres de la convivencia social, manteni\u00e9ndolas sujetas al quehacer dom\u00e9stico. &#8220;En efecto, la actuaci\u00f3n de Carlota en la esfera p\u00fablica, negociando acuerdos diplom\u00e1ticos, articul\u00e1ndose con parte de la nobleza portuguesa para ascender al poder y pugnando por la regencia de Espa\u00f1a transgred\u00eda el espacio asignado a las princesas consortes en la corte bragantina&#8221;, observa Francisca.<\/p>\n<p>&#8220;Por cierto, al encuadrarse en esos c\u00e1nones, se le atribuyeron cualidades generalmente representativas del sexo masculino: violencia, autoritarismo, ambici\u00f3n, etc. Muchos artistas fieles a esos estereotipos la retratan con facciones marcadamente masculinas&#8221;. \u00c9se es un punto de vista que la posteridad compr\u00f3 en detrimento de su notable actuaci\u00f3n pol\u00edtica. &#8220;En 1812, m\u00e1s de la mitad de los diputados de la corte espa\u00f1ola era favorable a que ella accediese a la regencia de Espa\u00f1a. Carlota tambi\u00e9n logr\u00f3 sortear dos grandes escollos que imped\u00edan su llegada al trono: la revocaci\u00f3n de la Ley S\u00e1lica en vigor en Espa\u00f1a, que prohib\u00eda la ascensi\u00f3n de las mujeres al poder, y el reconocimiento de su derecho a la sucesi\u00f3n de la monarqu\u00eda&#8221;, comenta. Los principales intelectuales y l\u00edderes pol\u00edticos de la provincias del R\u00edo de la Plata vislumbraron en el &#8220;carlotismo&#8221; un camino m\u00e1s f\u00e1cil para lograr acceso al libre comercio.<\/p>\n<p><strong>Los criollos<br \/>\n<\/strong>Incluso aqu\u00e9llos que no confiaban en Carlota, ve\u00edan en sus pretensiones de controlar Espa\u00f1a a trav\u00e9s de los virreinatos una forma de impedir la explosi\u00f3n definitiva de los movimientos liberales criollos, que se aprovecharon del nuevo equilibrio de fuerzas en la regi\u00f3n producto de la ocupaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica a manos de Bonaparte que, al retirar de la escena al monarca, mostr\u00f3 la fragilidad del sentido nacional hispano. &#8220;Pr\u00e1cticamente todo el imperio espa\u00f1ol se volvi\u00f3 hacia los acontecimientos del R\u00edo de la Plata, pues los sucesos que all\u00ed ocurr\u00edan afectar\u00edan seguramente al resto de los dominios de los Borbones en Am\u00e9rica&#8221;. Pero los ingleses reaccionaron m\u00e1s r\u00e1pidamente: &#8220;La Corte de R\u00edo de Janeiro tom\u00f3 consciencia de que Inglaterra no estaba m\u00e1s tan interesada en la sociedad lusitana para sus proyectos en el R\u00edo de la Plata.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n a favor de la independencia de parte de las provincias bajo influjo brit\u00e1nico era la mejor soluci\u00f3n para Gran Breta\u00f1a en la opini\u00f3n de Strangford&#8221;, observa Francisca. La Am\u00e9rica espa\u00f1ola se rindi\u00f3 ante el movimiento de independencia y el cerco a Carlota se estrech\u00f3 a\u00fan m\u00e1s: &#8220;Ella fue mantenida pr\u00e1cticamente incomunicada, apartada de toda decisi\u00f3n inherente a los dominios espa\u00f1oles&#8221;. En 1814, Espa\u00f1a perdi\u00f3 definitivamente sus colonias en el R\u00edo de la Plata, y Carlota Joaquina sali\u00f3 derrotada de la envestida pol\u00edtica m\u00e1s importante de su vida.<\/p>\n<p>En Brasil padec\u00eda el calor y sufr\u00eda fuertes dolores en el pecho. Regres\u00f3 a Europa en 1820 debido a la Revoluci\u00f3n de Porto. Pero no se aquiet\u00f3. Durante la llamada Conspiraci\u00f3n de Calle Formosa, intent\u00f3 en alianza con nobles y frailes lograr que el rey abdicase y acabar con la Constituci\u00f3n, un instrumento liberal que odi\u00f3 hasta el final de sus d\u00edas, y que intent\u00f3 derribar mediante sucesivos golpes que la llevaron al exilio e incluso a usar a su hijo, el infante Don Miguel, para procurar restablecer el absolutismo, que -como ella cre\u00eda- era el orden natural de las cosas. &#8220;Carlota Joaquina no es una mujer f\u00e1cil de entender. Comprenderla, descifrar el enigma de su personalidad fue algo imposible para sus contempor\u00e1neos, de all\u00ed el repudio natural que recibi\u00f3 de parte de los miembros de la sociedad, que despreciaban la inquietud y la curiosidad de las mujeres&#8221;, observa Francisca. (C. Haag)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Carlota Joaquina resurge en un libro como una h\u00e1bil pol\u00edtica","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-77913","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77913","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77913"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77913\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77913"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77913"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77913"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77913"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}