{"id":77948,"date":"2004-03-01T00:00:00","date_gmt":"2004-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/03\/01\/oyendo-la-voz-de-los-indios-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:51:56","modified_gmt":"2016-01-29T15:51:56","slug":"oyendo-la-voz-de-los-indios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/oyendo-la-voz-de-los-indios-2\/","title":{"rendered":"Oyendo la voz de los indios"},"content":{"rendered":"<p>Muchos hombres de ideas se manifestaron sobre la saga misionera protagonizada por religiosos y abor\u00edgenes de Am\u00e9rica en los tiempos coloniales. Voltaire afirm\u00f3 que las reducciones jesu\u00edticas de los siglos XVI, XVII y XVIII constituyeron el triunfo de la Humanidad. Montesquieu las compar\u00f3 con el sistema pol\u00edtico-filos\u00f3fico imaginado por Plat\u00f3n en\u00a0<em>La rep\u00fablica<\/em> . Hegel puso de relieve la evoluci\u00f3n humana fundada en una utop\u00eda de fraternidad entre los diferentes. Y as\u00ed, en medio a finas analog\u00edas, se construy\u00f3 la convicci\u00f3n de que a los disc\u00edpulos de San Ignacio, formados en los rigores de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas e investidos de un mandato divino, les cupo la misi\u00f3n de rescatar a los nativos del per\u00edodo neol\u00edtico en que viv\u00edan, introduci\u00e9ndolos en el Renacimiento ?en lo que se configura como un salto civilizatorio sin escalas.<\/p>\n<p>Si la Historia no fuese hecha de constantes revelaciones, esta tesis ser\u00eda satisfactoria. Pero el pasado insiste en emerger de la ruinas de las Misiones que se erigieron en Brasil, Argentina y Paraguay. Y emerge de una manera pulsante, e incluso inesperada. &#8220;Estamos viviendo un tiempo de relativizaciones. No podemos observar a las Misiones solamente con los ojos de la gloriosa Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Debemos escuchar aquello que los indios, tanto los vivos como los muertos, tienen para decirnos&#8221;.<\/p>\n<p>Curiosamente, esta recomendaci\u00f3n surge de la boca de un jesuita, el padre Pedro Ign\u00e1cio Schmitz, de 76 a\u00f1os, uno de los pioneros de la arqueolog\u00eda en Brasil, profesor de antropolog\u00eda, consejero del Instituto del Patrimonio Hist\u00f3rico y Art\u00edstico Nacional (Iphan) y director del Instituto Anchietano de Investigaciones, con sede en S\u00e3o Leopoldo, R\u00edo Grande do Sul. En dicho centro, ligado a la Universidad Vale do R\u00edo dos Sinos (Unisinos), el pasado es excavado en el marco de sucesivas investigaciones, ya sea mediante el an\u00e1lisis de informes firmados por jesuitas y laicos como en las b\u00fasquedas llevada a cabo en sitios arqueol\u00f3gicos, o en la reconstrucci\u00f3n de las Misiones v\u00eda computaci\u00f3n gr\u00e1fica.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, el centro dirigido por el padre Schmitz ha fomentado tesis acad\u00e9micas que realzan aspectos a\u00fan poco conocidos ligados a la convivencia entre los jesuitas y los indios en los asentamientos coloniales. La cl\u00e1sica pregunta: \u00bfpor qu\u00e9 ciertas Misiones tuvieron \u00e9xito y otras no?, adquiere a trav\u00e9s de estos estudios la complejidad indispensable para la comprensi\u00f3n del pasado. Asimismo, cabe preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 significan las palabras \u00e9xito o fracaso en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos? &#8220;Aprendimos que las reducciones del sur fueron exitosas porque trataban con los guaran\u00edes, indios pac\u00edficos, trabajadores, aptos para catequizarlos o esclavizarlos. Eran los buenos salvajes&#8221;, recuerda el cura Schmitz, hoy en d\u00eda mucho m\u00e1s preocupado por descifrar las condiciones en las que estos indios aceptaron las &#8220;reglas del juego&#8221; de las Misiones.<\/p>\n<p><strong>La se\u00f1al<br \/>\n<\/strong>Tales condiciones ponen en jaque a tesis de la docilidad de los abor\u00edgenes y nos remiten a la situaci\u00f3n de exclusi\u00f3n de los pueblos ind\u00edgenas en Brasil en los d\u00edas actuales. Se sabe s\u00ed que los guaran\u00edes no tuvieron muchas opciones: o eran dominados por la truculencia de los colonizadores espa\u00f1oles o eran cazados por los bandeirantes paulistas; o iban a parar a las reducciones. Si optaban por la tercera alternativa, muchas veces el cacique mandaba construir una choza en el monte a t\u00edtulo de iglesia, con la cruz al frente. Era la se\u00f1al para que los misioneros entrasen a reducir la comunidad, en un proceso de formaci\u00f3n de aldeas inevitablemente radical.<\/p>\n<p>&#8220;Nuestra sociedad demor\u00f3 para absorber el valor de las Misiones asentadas en los territorios pertenecientes a la corona espa\u00f1ola, pero ambicionados por los portugueses y sus hijos brasile\u00f1os&#8221;, dice el sacerdote. Pero la distinci\u00f3n entre las Misiones espa\u00f1olas y la Misiones portuguesas es el punto clave para el viraje de las interpretaciones. En la primera categor\u00eda, los contactos realizados por los &#8220;compa\u00f1eros de Jes\u00fas&#8221; auguraban un proyecto de autonom\u00eda para los indios. Es decir que, al margen de la implicaci\u00f3n v\u00eda catequesis, si los nativos produjesen y pagasen impuestos para la Corona, ganar\u00edan el status de ciudadanos del imperio.<\/p>\n<p>En tanto, en la Misi\u00f3n portuguesa eran tratados como mano de obra disponible para el sistema colonial, reclutados a los montones en factor\u00edas o instalaciones militares. En la Misi\u00f3n espa\u00f1ola la administraci\u00f3n de las aldeas quedaba en manos de los l\u00edderes ind\u00edgenas ?y los caciques guaran\u00edes gozaban de amplios poderes. Tambi\u00e9n los propios jesuitas se diferenciaban. \u00c9stos eran en muchos casos hijos de la elite local. El Padre Antonio Ruiz de Montoya, que en el siglo XVII organiz\u00f3 el primer diccionario de la lengua guaran\u00ed, era hijo de un rico comerciante del Per\u00fa.<\/p>\n<p>En territorio brasile\u00f1o entretanto, los jesuitas llegaban provenientes de Europa y estaban sometidos a las leyes portuguesas. Si en las Misiones espa\u00f1olas el trabajo de aldeamiento transcurr\u00eda preferentemente en el lugar donde los grupos viv\u00edan y donde sus ancestros estaban enterrados, en las misiones portuguesas se produjo un desplazamiento hacia los sitios estipulados por los colonizadores. As\u00ed, si bien los jesuitas sometidos a Portugal lograron resultados con los tupinamb\u00e1s en la costa brasile\u00f1a, tuvieron con todo dificultades infranqueables con varios otros grupos, como los patax\u00f3s, por ejemplo.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 1940, L\u00facio Costa, autor del proyecto urban\u00edstico de Bras\u00edlia, llev\u00f3 a cabo el primer relevamiento arquitect\u00f3nico de las Misiones del sur de Brasil empezando por las ruinas de S\u00e3o Miguel Arcanjo, ubicadas a 490 kil\u00f3metros de Porto Alegre. Medio siglo m\u00e1s tarde, todo el conjunto remanente de las Misiones (al margen de S\u00e3o Miguel pueden citarse San Ignacio Min\u00ed, en Argentina, y Trinidad, en Paraguay), fue elevado a la categor\u00eda de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Entre una fecha y la otra, el cura Schmitz trabaj\u00f3 con innumerables equipos, buscando vestigios de ese rico pasado. Al mismo tiempo iban surgiendo en el campus de la Unisinos nuevos frentes de investigaci\u00f3n. En una primera tanda de estudios, por ejemplo, fue posible recomponer la organizaci\u00f3n socio-administrativa de la reducci\u00f3n en el medio guaran\u00ed, el primer ensayo de planificaci\u00f3n urban\u00edstica de la Edad Moderna.<\/p>\n<p>Los aldeamientos ten\u00edan una administraci\u00f3n aut\u00f3noma, como si fueran municipios, con sus alcaides, consejeros, jueces, jefes de seguridad y representantes de la comunidad. La poblaci\u00f3n oscilaba en torno a los 4,5 mil indios por n\u00facleo, asistidos por unos pocos jesuitas (\u00e9stos eran numerosos en los colegios de la Orden, pero no as\u00ed en las reducciones). Y as\u00ed organizados tales n\u00facleos se volvieron autosuficientes en la producci\u00f3n, la distribuci\u00f3n y la administraci\u00f3n de bienes. En uno de los informes enviados a los superiores, un jesuita cuenta que en la reducci\u00f3n que ayudara a fundar hab\u00eda 50 carpinteros, 20 tejedores, cuatro constructores, 12 armeros, seis escultores, diez pintores, ocho alba\u00f1iles, 12 alfareros con m\u00e1s de 80 ayudantes, dos panaderos, dos cocineros, seis enfermeros, cuatro ayudantes de sacrist\u00eda, un zapatero, 12 curtidores, dos ceramistas, dos torneros, tres toneleros, dos fabricantes de laudes y arpas y un tip\u00f3grafo&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Y todo eso durante los primeros a\u00f1os del siglos XVII! En esa peque\u00f1a ciudad se llegaron a formar coros y orquestas, prueba de que las Misiones no solamente obedec\u00edan al proyecto de formar s\u00fabditos para el imperio sino tambi\u00e9n al de cultivar fieles para una iglesia universal. De all\u00ed los cultos locales, tales como el de Santo Izidro, protector de los cultivos, y el intenso calendario religioso con oraciones diarias, misas solemnes y procesiones. Y vale recordar: en varias reducciones, este calendario giraba en torno de iglesias proyectadas por arquitectos de renombre y construidas por las manos de los indios.<\/p>\n<p>B\u00fasquedas realizadas en los archivos de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas permitieron el acceso a las Cartas Anuas, manuscritos de informes de los jesuitas enviados los provinciales de la Orden, algunas de \u00e9stas cartas integran el archivo de documentos del Instituto Anchietano. En dichos informes, entre descripciones de costumbres, prestaciones de cuentas y solicitudes variadas, se encuentra tanto el d\u00eda a d\u00eda de las comunidades que prosperaron como la secuencia de atropellos en reducciones que tuvieron una vida ef\u00edmera. Fue precisamente esa otra categor\u00eda, la del trabajo misionero malogrado lo que intrig\u00f3 a la antrop\u00f3loga D\u00f3ris de Ara\u00fajo Cypriano, alumna del cura Schmitz, y la llev\u00f3 a analizar las Misiones del Chaco, regi\u00f3n que ocupa el centro de la Am\u00e9rica Meridional, y abarca territorios de Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil. D\u00f3ris se concentr\u00f3 en los indios tobas, del tronco ling\u00fc\u00edstico guaycur\u00fa, cazadores y recolectores de la regi\u00f3n chaque\u00f1a.<\/p>\n<p>Los indios tobas reaccionaron contra la embestida evangelizadora. Ten\u00edan una tradici\u00f3n de resistencia: entre 1526 y 1550 los europeos concretaron varias tentativas de pacificaci\u00f3n en el Chaco con campa\u00f1as militares. Pero fueron duramente derrotados. Organizaron frentes de penetraci\u00f3n, que resultar\u00edan en trabajos de ocupaci\u00f3n y poblamiento. Y se batieron en retirada. Reaccionaron con expediciones militares punitivas. Y fueron masacrados. Frente a tantos trastornos, optaron por la pacificaci\u00f3n v\u00eda acci\u00f3n misionera en 1591. Los curas B\u00e1rcena y Anasco lanzaron excursiones apost\u00f3licas que dieron origen a la primera gram\u00e1tica toba ?algo que, te\u00f3ricamente, facilitar\u00eda la vida de los misioneros. Pero no fue precisamente eso lo que sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>Las reducciones del Chaco ten\u00edan car\u00e1cter militar, pues la vida de los sacerdotes estaba permanentemente en riesgo, y a muchos de ellos los mataron. Como si eso fuera poco, los distintos grupos ind\u00edgenas guerreaban entre s\u00ed debido a rivalidades insuperables. En 1756 lleg\u00f3 construirse un fuerte para soldados y misioneros. Del lado de afuera acampaban los tobas. Los jesuitas intentaron ense\u00f1arles a cultivar la tierra, pero \u00e9stos no quer\u00edan saber nada de plantar trigo y leguminosas.<\/p>\n<p>Siendo n\u00f3mades, hallaban su sustento en la naturaleza abundante, tal como observa D\u00f3ris en su tesina de maestr\u00eda, concluida en 2000: &#8220;La diversidad biol\u00f3gica del Chaco ofrec\u00eda m\u00faltiples posibilidades de subsistencia a los grupos que all\u00ed habitaban. Esta capacidad potencial no fue aprovechada por los espa\u00f1oles, que prefer\u00edan imponer conocimientos y pr\u00e1cticas adecuadas a Europa, en un ambiente de caracter\u00edsticas totalmente diversas&#8221;. Los tobas no solamente reaccionaban al militarismo de las expediciones, sino que tambi\u00e9n les impon\u00edan l\u00edmites a los misioneros en dur\u00edsimas negociaciones. No quer\u00edan ser tratados como esclavos. No quer\u00edan que sus hijos fueran catequizados. No quer\u00edan ser trasladados de su \u00e1reas a otras. Cuando los jesuitas fueron expulsados de Am\u00e9rica, les cupo a los franciscanos la misi\u00f3n de entablar nuevos contactos con esa brava gente.<\/p>\n<p><strong>Piel<br \/>\n<\/strong>Estudios como \u00e9ste se cruzan con otras investigaciones, como la de la historiadora Elaine Smaniotto, otra alumna de Schmitz, que trat\u00f3 de analizar las relaciones de g\u00e9nero de las poblaciones del Chaco, publicando un interesante trabajo en 2003. Mientras que en la reducciones guaran\u00edes las mujeres debieron encuadrarse a una divisi\u00f3n social del trabajo importada de Europa, entre las sociedades cazadoras y recolectoras \u00e9ste fen\u00f3meno no se dio. La pauta cultural de las mujeres y los varones tobas no fue alterada por las Misiones, y la diferenciaci\u00f3n de g\u00e9nero obedec\u00eda a un sistema propio de relaciones: el cuerpo defin\u00eda el sexo, la edad, la posici\u00f3n social y la funci\u00f3n del individuo en la comunidad. La ley era la ley del indio. Y estaba inscrita en la piel.<\/p>\n<p>La monogamia prevalec\u00eda, el adulterio no era tolerado, y las viudas, una vez cumplido el luto, pod\u00eda casarse nuevamente. Se celebraba el nacimiento del hijo del cacique, pero tambi\u00e9n la primera menstruaci\u00f3n de las indias. Se practicaba el aborto. Cuando los grupos empezaron a andar a caballo, la movilidad femenina se increment\u00f3. Y as\u00ed surgieron las cacicas. &#8220;Mujeres y varones andaban a caballo. Pero su finalidad variaba de acuerdo con la clase social y el g\u00e9nero&#8221;, concluye la investigadora.<\/p>\n<p>Actualmente, D\u00f3ris Cypriano se aboca a las Misiones instaladas en la Amazonia entre los siglos XVI y XVIII. Se trata de una acci\u00f3n evangelizadora emprendida por los jesuitas portugueses ante los grupos tup\u00edes, en una regi\u00f3n que abarca zonas de los estados de Maranh\u00e3o y de Par\u00e1. El relevamiento actual de estos grupos, en pleno siglo XXI, revela cicatrices del pasado: los indios fueron arrancados de sus tierras de origen, trasladados a lugares considerados estrat\u00e9gicos para los colonizadores (a orillas de los r\u00edos y cerca de las fortificaciones militares).<\/p>\n<p>Otro aspecto crucial en proceso amaz\u00f3nico fue el hecho de que los jesuitas estableciesen una &#8220;lengua general&#8221; como forma de comunicaci\u00f3n ?a decir verdad, un idioma extranjero para los nativos. &#8220;La presencia laica, ya la sea de los cazadores de esclavos como de los militares que deber\u00edan defender las fronteras, estaba tan imbricada en la acci\u00f3n misionera que se hizo dif\u00edcil delinear un an\u00e1lisis separado&#8221;, comenta la investigadora.<\/p>\n<p>D\u00f3ris escogi\u00f3 como foco del estudio la Residencia de R\u00edo Negro, una reducci\u00f3n fundada a orillas del r\u00edo que le dio su nombre en 1692. Por lo que parece, la iniciativa no habr\u00eda durado m\u00e1s de un a\u00f1o: fue desactivada en virtud de la muerte de varios jesuitas y de la imposibilidad de reemplazarlos. El estudio explica que la dr\u00e1stica reducci\u00f3n de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena obedeci\u00f3 a las confrontaciones con cazadores de esclavos y a las epidemias introducidas en las comunidades, que tuvieron efectos devastadores.<\/p>\n<p>A la manera del antrop\u00f3logo ingl\u00e9s Terence Turner, las nuevas investigaciones piden la reinterpretaci\u00f3n del pasado: el contacto entre los abor\u00edgenes y los agentes de la sociedad colonial modific\u00f3 a ambos actores de un sistema de interacciones con estructura propia. Como concluye D\u00f3ris Cypriano, &#8220;las sociedades involucradas pusieron en situaci\u00f3n de riesgo sus pautas culturales de igual modo&#8221;. Cuando se trata de los sujetos de la Historia, el hecho de dividir el mundo entre dominadores y dominados puede ser una f\u00f3rmula simplista. Y adem\u00e1s enga\u00f1osa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Analizan el pasado de las Misiones con base en la visi\u00f3n de los abor\u00edgenes","protected":false},"author":247,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[559],"class_list":["post-77948","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77948","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/247"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77948"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77948\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77948"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77948"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77948"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77948"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}