{"id":77949,"date":"2004-03-01T00:00:00","date_gmt":"2004-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/03\/01\/hilda-hilst-ha-muerto-viva-hilda-hilst-2\/"},"modified":"2016-01-29T13:15:15","modified_gmt":"2016-01-29T15:15:15","slug":"hilda-hilst-ha-muerto-viva-hilda-hilst-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/hilda-hilst-ha-muerto-viva-hilda-hilst-2\/","title":{"rendered":"Hilda Hilst ha muerto. \u00a1Viva Hilda Hilst!"},"content":{"rendered":"<p>La muerte de Hilda Hilst (1930-2004) lleg\u00f3 junto con la cuesti\u00f3n atinente a la literatura de Hilda Hilst, que se encuentra reci\u00e9n en sus albores. Aunque la autora ha alcanzado gran notoriedad personal debido a su inteligencia fuera de lo com\u00fan, aliada a un temperamento verdaderamente exuberante y un apronte de esp\u00edritu capaz de sorprender en medio a las banales pautas de las entrevistas, su obra, de rara extensi\u00f3n y variedad, es todav\u00eda en gran medida desconocida. En rigor, Hilst jam\u00e1s fue objeto de una cr\u00edtica alguna lo suficientemente amplia y esclarecedora, a no ser alguna que otra lectura puntual bien hecha de sus textos. A lo sumo se le asign\u00f3 todo aquello que se confirm\u00f3 ampliamente en el noticiario de su muerte: mujer audaz, original, avanzada para a su \u00e9poca, loca refinada, explosiva etc.<\/p>\n<p>Pueden esgrimirse ciertas hip\u00f3tesis para fijar ese cuadro en el que la imagen p\u00fablica de la artista como una exc\u00e9ntrica predomin\u00f3 ampliamente por sobre el conocimiento de su obra: el comportamiento liberal de Hilda de cara a los c\u00e1nones morales vigentes en ciertos tiempos y ciertos lugares sociales; la c\u00e9lebre belleza de la autora; la distancia que su obra mantiene al respecto de los valores modernistas predominantes en Brasil y m\u00e1s a\u00fan en S\u00e3o Paulo, sobre todo en lo que ata\u00f1e a la cuesti\u00f3n del contenido &#8220;nacional&#8221;, que sencillamente no figura para Hilda; la dificultad de lectura b\u00e1sica de sus textos, dada su exigencia de erudici\u00f3n literaria, filos\u00f3fica e incluso cient\u00edfica, que acaba generando el empleo de un &#8220;vocabulario final&#8221; altamente idiosincr\u00e1sico; su alejamiento radical de los centros de convivencia intelectual predominantes en el pa\u00eds, ya que vivi\u00f3 desde los a\u00f1os 1960 pr\u00e1cticamente recluida en una casa de campo en las cercan\u00edas de Campinas (S\u00e3o Paulo); la estrategia escandalosade llamar la atenci\u00f3n hacia su obra por medio de su supuesta adhesi\u00f3n al registro pornogr\u00e1fico, lo que evidentemente contrar\u00eda el pudor acad\u00e9mico y la jerarquizaci\u00f3n vigente de los g\u00e9neros literarios; la producci\u00f3n prol\u00edfica y err\u00e1tica entre g\u00e9neros literarios muy diversos e incluso la mezcla sin precedentes de todos ellos en el seno de cada texto; la publicaci\u00f3n de pr\u00e1cticamente toda la obra en ediciones artesanales, en general muy lindas, producidas por artistas amigos, pero sin ning\u00fan alcance de distribuci\u00f3n; el desinter\u00e9s de la autora por todo aquello que se relacionase con los aspectos contractuales de las ediciones; en fin, no es necesario seguir la lista.<\/p>\n<p>Est\u00e1 perfectamente claro que muchas son las explicaciones posibles para la escasa cr\u00edtica y el parco conocimiento p\u00fablico de Hilda Hilst como cuesti\u00f3n literaria. Pero nada de ello puede justificar la soberana ignorancia que de all\u00ed resulta, explicable o no.As\u00ed, m\u00e1s relevante que relacionar estas hip\u00f3tesis referentes a por qu\u00e9 la lectura de la obra hilsteana acab\u00f3 no haci\u00e9ndose efectiva hasta ahora, quiz\u00e1s sea evocar aspectos fecundos que puedan explorarse mediante hip\u00f3tesis de trabajo volcadas de ahora en adelante hacia la obra, dejando estrat\u00e9gicamente a la artista atr\u00e1s. En otros t\u00e9rminos: esto significa que el principal esfuerzo de la cr\u00edtica de Hilda Hilst consiste ahora precisamente en olvidar, estrat\u00e9gicamente, a la extraordinaria persona (y amiga encantadora, si se permite una infidencia personal) que ella fue durante toda su vida, y m\u00e1s a\u00fan a lo largo de su dif\u00edcil final, que es cuando m\u00e1s se observa el valor de un car\u00e1cter, seg\u00fan la antigua t\u00f3pica del siglo diecisiete relativa al \u00faltimo combate, en el cual, dependiendo de c\u00f3mo se pierda, y necesariamente se pierde, pues entonces se gana.<\/p>\n<p>Una vez asegurada la prevalencia de las articulaciones textuales por sobre las biogr\u00e1ficas, se puede sostener s\u00ed una pauta para nada peque\u00f1a de aspectos de su obra, que debe analizarse en el marco de trabajos densos, como por ejemplo la cuesti\u00f3n de los distintos usos de lo obsceno o la cuesti\u00f3n de la anarqu\u00eda de los g\u00e9neros interna a sus textos de cualquier g\u00e9nero. En este \u00faltimo aspecto, se puede considerar que los textos de Hilda Hilst se efect\u00faan como ejercicios de estilo, esto es, ellos hacen o dicen aquello que les es propio basados en el empleo de matrices can\u00f3nicas en los diferentes g\u00e9neros de la tradici\u00f3n, como por ejemplo los cantares b\u00edblicos, el cancionero galaico-portugu\u00e9s, la canci\u00f3n petrarquista, la poes\u00eda m\u00edstica espa\u00f1ola, el idilio arcadio, la novela epistolar libertina, etc.<\/p>\n<p>Con todo, esta imitaci\u00f3n a la antigua jam\u00e1s se practica con un purismo arqueol\u00f3gico, sino m\u00e1s bien sometida a la mediaci\u00f3n de autores decisivos del siglo XX: las im\u00e1genes sublimes de Rilke; el flujo de consciencia de Joyce, la escena minimalista de Beckett, el sensacionismo de Pessoa, s\u00f3lo para evocar un cuarteto de escritores f\u00e1cilmente reconocibles en sus escritos.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de ese poligrafismo, Hilda Hilst funde en un solo texto todos los g\u00e9neros que practica, tal como lo hace de manera ejemplar en\u00a0<em>A obscena senhora D<\/em> : poes\u00eda l\u00edrica (ya sea por la inclusi\u00f3n de versos en la narraci\u00f3n o al imprimirle ritmo a la prosa, lo que adquiere en ella una dicci\u00f3n sumamente particular), teatro (haciendo que el as\u00ed llamado flujo de consciencia tome forma dial\u00f3gica, por ejemplo) e incluso la cr\u00f3nica (al insertar en la ficci\u00f3n comentarios de sucesos o personajes hist\u00f3ricos conocidos).<\/p>\n<p>Hay otras cuestiones inmediatamente relevantes para estudiar: la cuesti\u00f3n del esquematismo de las situaciones narrativas (que parten de situaciones polarizadas, casi manique\u00edstas, y evolucionan para implodir las dos puntas de la oposici\u00f3n) y de la incompletud de los personajes (que van proliferando en nombres extra\u00f1os e inveros\u00edmiles: la mayor\u00eda se ellos empieza con H, sin adquirir en ellos mismos ning\u00fan tipo de profundidad psicol\u00f3gica). Apartados como \u00e9stos son recurrentes en la producci\u00f3n de Hilda Hilst, y deben estudiarse a fondo. A t\u00edtulo de ejemplo, presento sint\u00e9ticamente algunos problemas cristalizados en la primera cuesti\u00f3n que figura en la lista: la de lo obsceno.<\/p>\n<p>Una cierta noci\u00f3n de obscenidad parece justo que se aplique al conjunto de la obra de Hilda Hilst, y no solamente a la trilog\u00eda as\u00ed llamada pornogr\u00e1fica, en prosa, a la cual se le suma la poes\u00eda impagable de\u00a0<em>Buf\u00f3licas<\/em> . Pero el primer punto que debe dejarse claro es que esa noci\u00f3n poco o nada tiene en com\u00fan con la idea de literatura er\u00f3tica, al contrario de aquello que tantas veces se ha publicado. Por cierto, esta tetralog\u00eda obscena es seguramente la parte menos er\u00f3tica de toda su escritura.<\/p>\n<p>La idea de erotismo no quedar\u00eda mal si se aplicase a libros tales como\u00a0<em>J\u00fabilo, mem\u00f3ria, noviciado da paix\u00e3o<\/em> ,\u00a0<em>Cantares de perda e predile\u00e7\u00e3o<\/em> o\u00a0<em>Da morte<\/em> , por ejemplo, siempre y cuando esto se ajustase a una concepci\u00f3n de erotismo construida con las matrices m\u00edsticas tradicionales como la poes\u00eda de\u00a0<em>Sor Juana In\u00e9s, San Juan de La Cruz ou Santa Teresa<\/em> , pero es francamente extravagante si se la aplica a\u00a0<em>O caderno rosa de Lory Lambi<\/em> , a\u00a0<em>Cartas de um sedutor<\/em> , o a\u00a0<em>Contos d?esc\u00e1rnio<\/em> . Es decir: por supuesto que existe erotismo en la producci\u00f3n po\u00e9tica de registro m\u00e1s elevado, en la cual Hilda hace una imitaci\u00f3n deliberada de la manera antigua.<\/p>\n<p>El movimiento que as\u00ed describe, articulado entre lo sublime y lo bajo, fija la balizas de un deseo de aspiraci\u00f3n metaf\u00edsica, que emula modelos po\u00e9ticos de erotismo a lo divino, como las de los cantares b\u00edblicos y de la poes\u00eda m\u00edstica de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica del siglo XVII. Pero no hay manera de plantear seriamente un erotismo en la trilog\u00eda (o tetralog\u00eda) obscena luego de leerla realmente, no qued\u00e1ndose en la chatura de los comentarios al respecto de las &#8220;locuras&#8221; de Hilda.<\/p>\n<p>En rigor, la sugerencia pornogr\u00e1fica tambi\u00e9n debe dejarse de lado como impropia, pues la crudeza de los textos en cuesti\u00f3n no tiene nunca como efecto o prop\u00f3sito la excitaci\u00f3n del lector, a no ser que se trate (tal como me esforc\u00e9 en imaginar cierta vez) de un mani\u00e1tico lexical, de un onanista literario ?un tipo de excentricidad que me temo que exista. Pues los textos de Hilda Hilst as\u00ed llamados pornogr\u00e1ficos se revierten todo el tiempo hacia s\u00ed mismos y hacia la literatura innovadora que producen. Son narrativas penetradas por un fuerte sesgo ensay\u00edstico que escudri\u00f1a perversamente los intervalos entre la invenci\u00f3n del autor y los intereses de los otros, cuyo signo es el lector com\u00fan o el no lector, cosa que, en la exigente literatura de Hilda, da exactamente lo mismo.<\/p>\n<p>El concepto de lo obsceno se aplica en este caso b\u00e1sicamente a la identificaci\u00f3n forzada entre la creaci\u00f3n y su usufructo mercadol\u00f3gico banal, o, de otro modo, a la percepci\u00f3n inconsecuente de la invenci\u00f3n, sin que se busque o se viva en ella una experiencia radical de destrucci\u00f3n y cat\u00e1strofe que los textos parecen presuponer en la creaci\u00f3n genuina.<\/p>\n<p>Por lo tanto, puede decirse que los textos obscenos escenifican la confrontaci\u00f3n entre el arte y su normalizaci\u00f3n en el mundo, algo que se puede dar tanto por las expectativas rastreras de los lectores, por las cuentas de los editores carentes de inter\u00e9s con respecto a todo aquello que no sean las cuentas de los editores, como por los rid\u00edculos propios del autor, un ser vanidoso de s\u00ed mismo. Ahora bien, en este caso, es forzoso reconocer que este escenario b\u00e1sico no es exclusivo de los libros as\u00ed llamados pornogr\u00e1ficos, al contrario de lo que muchas veces sostienen los cr\u00edticos apolog\u00e9ticos de Hilda, que juzgan posible aislar la pornograf\u00eda de la tetralog\u00eda del resto de su obra seria.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s improbable. Los escritos ostensiblemente obscenos \u00fanicamente manifiestan, con una crudeza rayana en lo grosero, en el sarcasmo, en el nonsense o en lo disparatado, un n\u00facleo fuerte que recorre todos los textos hilsteanos como una especie de interdicto de significaci\u00f3n. La omnipresencia incestuosa del padre en su literatura, por ejemplo, rendir\u00eda mucho m\u00e1s si se la leyese con esta clave metaling\u00fc\u00edstica y existencial que cuando se la lee en t\u00e9rminos de revelaciones biogr\u00e1ficas.<\/p>\n<p>Asimismo, aquello que denomino interdicto de significaci\u00f3n, teniendo en mente el concepto de obsceno discutido por Georges Bataille, se articula en la obra de Hilda Hilst con un rasgo ostensivo de crueldad cuyo efecto inicial es la risa con dolor, la risa sat\u00edrica que procura ofender y herir, no la risa pulida y pedag\u00f3gica de la comedia aristot\u00e9lica.<\/p>\n<p>Se punza agresivamente todo aquello que se entiende como agresivamente est\u00fapido, mezquino y estrecho, componiendo as\u00ed un decoro de desproporciones proporcionadas. Se r\u00ede con maldad de la moral beat\u00edfica y autoritaria, por ejemplo, amplificada hasta el nonsense de un mundo irremediablemente grosero e idiotizado. Visto desde otro \u00e1ngulo, el ataque brutal a la idiotez galopante y generalizada proclama una especie de resistencia con buen humor de la invenci\u00f3n y de la autocreaci\u00f3n, que no admiten renunciar a la b\u00fasqueda de autonom\u00eda e independencia en el peor de los mundos.<\/p>\n<p>Esto tambi\u00e9n quiere decir que, aunque el tono de esos escritos obscenos sea a veces de una hilaridad descabellada, de una imaginaci\u00f3n fren\u00e9tica que se alimenta de mal gusto y bizarr\u00eda, nunca llega a mostrarse verdaderamente triunfal. En\u00a0<em>Buf\u00f3licas<\/em> , por ejemplo, lo m\u00e1s delicadamente gracioso que puede encontrarse en los libros de Hilda Hilst, la moral de las f\u00e1bulas reinventadas, termina siempre en la formulaci\u00f3n de otra: aqu\u00e9lla que sostiene que la libertad de alguien es la certeza de la venganza odiosa de los otros.<\/p>\n<p>En las descripciones ag\u00f3nicas del mundo que hacen sus textos, la obscenidad b\u00e1sica est\u00e1 all\u00ed, en ese desajuste de ra\u00edz entre los deseos m\u00e1s sinceros, creativos y generosos de un lado, y las pr\u00e1cticas adoptadas voluntariamente por el com\u00fan de los hombres del otro. Los hombres sencillamente no combinan consigo mismos, ni en t\u00e9rminos personales, ni en t\u00e9rminos colectivos.<\/p>\n<p>Resta la esperanza en Dios, pero en general \u00e9sta no se realiza sino en el estigma y en el \u00e9xtasis doloroso, en el que la maldad y la vileza son los atributos divinos m\u00e1s evidentes. A su vez, cuando los hombres son pensados en com\u00fan, nada parece m\u00e1s com\u00fan en ellos que la bajeza que emulan: la vecindad es siempre horrenda, la autoridad es arbitraria y burra, cuando no asesina, el revolucionario est\u00e1 est\u00fapidamente enga\u00f1ado acerca de su voluntad, sobre la ideolog\u00eda que defiende y sobre los efectos de su accionar.<\/p>\n<p>Y con relaci\u00f3n al mundo de los libros, el panorama no es mejor: el editor es un ladr\u00f3n rematado, el artista en general es un p\u00edcaro, vanidoso y venal, y por eso mismo vive en el \u00e1mbito de la dependencia. Existe pues en los textos m\u00e1s duramente obscenos un existencialismo nihilista contundente que, entretanto, tampoco se cristaliza de manera hegem\u00f3nica o exclusiva, pues es templado por un \u00e1nimo pol\u00edtico y una inquietud metaf\u00edsica y m\u00edstica de rara intensidad en la literatura brasile\u00f1a del \u00faltimo cuarto del siglo XX. Dicho esto, la muerte de Hilda Hilst, y simplemente esto es lo que pretend\u00eda decir, es tan solo el comienzo de la larga vida de Hilda Hilst.<\/p>\n<p><strong>Alcir P\u00e9cora<\/strong> es profesor de Teor\u00eda Literaria del Instituto de Estudios del Lenguaje de la Universidad Estadual de Campinas. Es tambi\u00e9n responsable de la organizaci\u00f3n de la obra completa de la autora para Editora Globo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una propicia ocasi\u00f3n para reflexionar sobre la obra po\u00e9tica de Hilda Hilst","protected":false},"author":246,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[558],"class_list":["post-77949","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77949","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/246"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77949"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77949\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77949"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77949"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77949"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77949"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}