{"id":77974,"date":"2004-04-01T00:00:00","date_gmt":"2004-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/04\/01\/cirugia-sin-sangre-2\/"},"modified":"2013-01-10T10:31:36","modified_gmt":"2013-01-10T12:31:36","slug":"cirugia-sin-sangre-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/cirugia-sin-sangre-2\/","title":{"rendered":"Cirug\u00eda sin sangre"},"content":{"rendered":"<p>La cirug\u00eda dur\u00f3 alrededor de 12 horas. Los preparativos empezaron por la ma\u00f1ana, cuando los \u00faltimos estudios de resonancia magn\u00e9tica determinaron el \u00e1rea exacta del cerebro donde se har\u00eda la intervenci\u00f3n. Con el mapa en manos, los m\u00e9dicos trasladaron al paciente hasta el quir\u00f3fano. \u00c9ste era un portador de un serio problema psiqui\u00e1trico: el trastorno obsesivo-compulsivo, m\u00e1s conocido como TOC, que no era controlado de ninguna otra manera. El paciente se acost\u00f3 sobre la camilla de una c\u00e1mara de cobalto radioactivo, parecida a la de un aparato de resonancia magn\u00e9tica, y fue sedado. Estaba dormido cuando le colocaron en su cabeza una redoma de metal parecida a un casco con 201 orificios milim\u00e9tricos. Por esos peque\u00f1os agujeros pasaron los rayos gamma provenientes del aparato, en direcci\u00f3n a un punto \u00fanico del cerebro. La radiaci\u00f3n, en intensidades variables, elimin\u00f3 a un grupo espec\u00edfico de neuronas involucradas en el problema. El paciente volvi\u00f3 a su casa al d\u00eda siguiente, sin haber sufrido ni un solo corte.<\/p>\n<p>Desde diciembre, cuando cinco cirug\u00edas de este tipo se concretaron por primera vez en Brasil en personas cuyos nombres se mantienen en secreto, una mezcla de sentimientos -cautela, ansiedad y satisfacci\u00f3n- acompa\u00f1a al equipo de Eur\u00edpedes Constantino Miguel en el Instituto de Psiquiatr\u00eda de la Facultad de Medicina de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Aunque las cinco operaciones fueron seguidas por especialistas de la Universidad de Brown, Estados Unidos, donde al menos 50 personas han pasado por ese mismo procedimiento, persiste a\u00fan la duda: \u00bfsaldr\u00e1 todo bien? Hasta ahora, de acuerdo con los primeros an\u00e1lisis, todos los pacientes operados se encuentran bien.<\/p>\n<p>Pero los resultados definitivos reci\u00e9n se conocer\u00e1n al final de este a\u00f1o, toda vez que los efectos de la radiaci\u00f3n solamente se vuelven notorios a partir del tercer mes despu\u00e9s de hecha la operaci\u00f3n. Si todo transcurre bien en el marco de esos estudios experimentales, el grupo de la USP podr\u00e1 anunciar una alternativa de tratamiento para los portadores de las manifestaciones m\u00e1s graves del trastorno obsesivo-compulsivo, que afecta a alrededor del 2% de la poblaci\u00f3n mundial -recordando que en Brasil son poco m\u00e1s de 3 millones de personas que padecen este problema. Los pacientes operados pertenecen al grupo de alrededor del 10% de los casos diagnosticados que, por alguna raz\u00f3n desconocida, hab\u00edan pasado al menos cinco a\u00f1os trat\u00e1ndose sin ning\u00fan resultado positivo.<\/p>\n<p>El cotidiano de los portadores de TOC es de un sufrimiento permanente. Perseguidos por pensamientos irrefrenables, son capaces de dar vueltas a la manzana durante horas, con miedo de haber atropellado a alguien sin darse cuenta. A veces sienten necesidad de lavarse las manos centenas de veces, incluso hasta sangrarse, pues creen que est\u00e1n siempre sucias. Tiene fijaci\u00f3n por el orden y no pueden ver objetos desali\u00f1ados o fuera de lugar. Coleccionan pilas de papeles sin valor alguno. En el colmo de la desesperaci\u00f3n y el descontrol, llegan a pensar en suicidarse.<\/p>\n<p>&#8220;Las obsesiones, que son los pensamientos extra\u00f1os y las im\u00e1genes absurdas que se manifiestan constantemente, les causan un intenso tormento y derivan en pr\u00e1cticas repetitivas&#8221;, dice Antonio Carlos Lopes, uno de los m\u00e9dicos del equipo de la USP. Seg\u00fan Lopes, los portadores de TOC tienen consciencia de sus exageraciones, pero no logran librarse de ellas. Por esta raz\u00f3n, normalmente paran de estudiar, dejan de tener vida social y viven pele\u00e1ndose con sus familiares, que no siempre comprenden la necesidad de sus rituales.<\/p>\n<p>Cuando las otras posibilidades de tratamiento se agotan, la alternativa -todav\u00eda experimental- para los casos m\u00e1s resistentes es un tipo de neurocirug\u00eda conocida como capsulotom\u00eda anterior estereot\u00e1xica con Gamma-knife: peque\u00f1as dosis de radiaci\u00f3n gamma, por si solas incapaces de da\u00f1ar a las c\u00e9lulas del sistema nervioso, convergen hacia un punto que, de acuerdo con los ex\u00e1menes previos, tiene un patr\u00f3n de funcionamiento anormal. Entonces s\u00ed, al cruzarse, estos rayos se vuelven letales.<\/p>\n<p>Este tipo de radiocirug\u00eda, puesto en pr\u00e1ctica en casos de TOC desde hace casi diez a\u00f1os en la Universidad de Brown, ha sido utilizada en el combate contra tumores, con casi 200 mil casos tratados hasta ahora, y como alternativa para tratar la epilepsia y la enfermedad de Parkinson, resistentes a los tratamientos convencionales. Confiados en los resultados, los investigadores de la USP han empezado a pensar en una pr\u00f3xima etapa: un estudio en gran escala, con al menos 48 portadores de TOC divididos en dos grupos -uno ser\u00eda sometido a la neurocirug\u00eda y otro a una falsa operaci\u00f3n, con todos los procedimientos, pero sin la aplicaci\u00f3n de rayos gamma. Las conclusiones definitivas sobre la eficiencia de este abordaje solamente podr\u00e1n conocerse al cabo de cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Se cree que los trastornos obsesivo-compulsivos son el resultado del funcionamiento anormal de circuitos que conectan a estructuras situadas cerca de la base del cerebro (los n\u00facleos de la base) con la corteza, la capa exterior. Otra posible causa son las fallas en la comunicaci\u00f3n entre las neuronas que se hace efectiva mediante la acci\u00f3n de la serotonina, uno de los neurotransmisores existentes en el sistema nervioso.<\/p>\n<p>Cuando se constata la ineficacia de los dos abordajes convencionales -a base de medicamentos antidepresivos, que aumentan la cantidad de serotonina en las conexiones nerviosas, o de la terapia comportamental-, otra t\u00e9cnica quir\u00fargica empleada con frecuencia es la llamada cingulotom\u00eda anterior: a trav\u00e9s de una abertura efectuada en el cr\u00e1neo, se coloca un electrodo con forma de un delgado cable, que, mediante ondas de radio, quema las neuronas de una porci\u00f3n espec\u00edfica del cerebro que integra el circuito implicado en el TOC, como el giro del c\u00edngulo.<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica de Gamma-knife act\u00faa sobre \u00e1reas profundas del cerebro. Los rayos gamma eliminan c\u00e9lulas de una estructura llamada c\u00e1psula interna, formada por fibras nerviosas que atraviesan los n\u00facleos de la base y conectan el t\u00e1lamo (encargado de interpretar las sensaciones del tacto, el dolor y la temperatura) con la corteza frontal. La intenci\u00f3n es la misma -destruir neuronas que antes funcionaban en exceso-, con la ventaja de que no se necesita abrir el cr\u00e1neo y los efectos colaterales son menores. &#8220;En los pacientes operados no hemos observado hemorragias, infecciones ni convulsiones, que pueden aparecer cuando se practican otras neurocirug\u00edas&#8221;, informa Miguel Canteras, el neurocirujano del proyecto. El efecto m\u00e1s temido es la inflamaci\u00f3n del cerebro, controlada mediante la administraci\u00f3n de antiinflamatorios.<\/p>\n<p>Canteras se preocupa por desvirtuar cualquier asociaci\u00f3n entre estos dos procedimientos y la lobotom\u00eda, la primera t\u00e9cnica quir\u00fargica empleada para tratar problemas mentales. Creada en la d\u00e9cada del 30 del siglo pasado, fue utilizada en gran escala en individuos con esquizofrenia o incluso con ansiedad o agresividad exacerbada. La lobotom\u00eda consiste en cortar \u00e1reas extensas, que conectan los l\u00f3bulos frontales con el resto del sistema nervioso; con impactos graves: era casi imposible evitar alteraciones de la personalidad y disturbios cognitivos. &#8220;No hab\u00eda una noci\u00f3n acerca de las consecuencias de las lesiones provocadas por las lobotom\u00edas&#8221;, dice Canteras. &#8220;Actualmente estamos en otro estadio y las neurocirug\u00edas se hacen de acuerdo con las normas cl\u00ednicas y \u00e9ticas.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Los or\u00edgenes<br \/>\n<\/strong>Al margen de buscar opciones de tratamiento, el equipo de la USP ha estudiado el propio origen del TOC. Uno de los principales trabajos de este grupo confirm\u00f3 la relaci\u00f3n, que hasta entonces era solamente una sospecha, entre los s\u00edntomas obsesivo-compulsivos y la fiebre reum\u00e1tica, una enfermedad autoinmune provocada por anticuerpos producidos por el propio organismo para combatir la acci\u00f3n de las bacterias. La fiebre reum\u00e1tica causa dolor de garganta, enrojecimiento de la piel y, en su estadio m\u00e1s avanzado, puede afectar el sistema nervioso central -y all\u00ed es cuando se asocia a otro problema neurol\u00f3gico: la corea de Sydenham, con sus movimientos involuntarios de brazos y piernas, asociado al mal funcionamiento de los n\u00facleos de la base.<\/p>\n<p>Los investigadores evaluaron a 22 ni\u00f1os con diagn\u00f3stico de fiebre reum\u00e1tica y corea y a otros 20 que solamente ten\u00edan fiebre reum\u00e1tica. Luego compararon los datos con los de 20 integrantes del grupo de control, ni\u00f1os sin enfermedades autoinmunes. En el primer grupo, casi la mitad de los ni\u00f1os sufr\u00eda de TOC o manifestaba s\u00edntomas obsesivo-compulsivos, pero a\u00fan no lo suficientemente intensos como para caracterizar el cuadro t\u00edpico de TOC.<\/p>\n<p>En el grupo con fiebre reum\u00e1tica tambi\u00e9n fue elevado (de un 35%) el \u00edndice de portadores de TOC o de rasgos obsesivo-compulsivos, mientras que no hubo casos de esa enfermedad psiqui\u00e1trica entre los ni\u00f1os que no padec\u00edan enfermedades autoinmunes. &#8220;La fiebre reum\u00e1tica, asociada o no a la corea de Sydenham, es un factor de riesgo para el TOC&#8221;, dice Marcos Mercadante, otro investigador del grupo.<\/p>\n<p>Su colega Ana Hounie constat\u00f3 que, en familias de ni\u00f1os con fiebre reum\u00e1tica (con o sin corea), la probabilidad de encontrar un pariente de primer grado tambi\u00e9n con obsesiones y compulsiones era tres veces mayor que en el grupo de control, integrado por familiares de ni\u00f1os sin fiebre reum\u00e1tica. &#8220;El trabajo sugiere que la fiebre reum\u00e1tica puede estar gen\u00e9ticamente vinculada al TOC&#8221;, afirma Ana, cuyos resultados saldr\u00e1n pronto publicados en el\u00a0<em>Journal of Clinical Psychiatry.<\/em><\/p>\n<p>En otra l\u00ednea de trabajo, el equipo de Euripedes primeramente sospech\u00f3 y luego confirm\u00f3 que el TOC no es una enfermedad \u00fanica, sino un grupo de dolencias similares, que difieren en intensidad y en el tipo de sintomatolog\u00eda que presentan. Los investigadores de la USP hicieron un seguimiento con 42 pacientes portadores de TOC divididos en dos grupos, de acuerdo con la edad de comienzo de sus s\u00edntomas.<\/p>\n<p>En los pacientes llamados precoces (la enfermedad hab\u00eda aparecido antes de los 10 a\u00f1os), la intensidad y la gravedad de los problemas eran mucho mayores que en el llamado grupo de inicio tard\u00edo, a partir de los 17 a\u00f1os. &#8220;Entre los m\u00e1s j\u00f3venes, las man\u00edas como el coleccionismo y las repeticiones eran m\u00e1s intensas, los tics eran constantes y la respuesta al tratamiento con medicamentos menor&#8221;, explica Maria Concei\u00e7\u00e3o Ros\u00e1rio Campos. Los resultados refuerzan la hip\u00f3tesis de que no existe un solo tipo de TOC, sino subgrupos espec\u00edficos, con caracter\u00edsticas e manifestaciones diversas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los rayos gamma ayudan en el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[109],"class_list":["post-77974","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77974","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77974"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77974\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77974"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77974"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77974"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=77974"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}