{"id":78520,"date":"2004-08-01T00:00:00","date_gmt":"2004-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/08\/01\/los-esclavos-del-esclavo\/"},"modified":"2016-01-28T18:05:49","modified_gmt":"2016-01-28T20:05:49","slug":"los-esclavos-del-esclavo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-esclavos-del-esclavo\/","title":{"rendered":"Los esclavos del esclavo"},"content":{"rendered":"<p>En\u00a0<em>Quincas Borba<\/em> , Machado de Assis narra la historia de Prud\u00eancio, el esclavo v\u00edctima de los malos tratos que, tan pronto como se ve liberto, compra su propio esclavo para, acto seguido, zurrarlo. En tiempos pol\u00edticamente correctos, de idealizaci\u00f3n de las v\u00edctimas, esto parece m\u00e1s bien un ejemplo del eterno nihilismo del Bruxo. Pero, desgraciadamente, la historia muestra que el arte copiaba a la vida, tal como se revela en el libro\u00a0<em>Francisco F\u00e9lix de Souza, mercador de escravos<\/em> (Nova Fronteira\/ Ed. Unerj, 208 p\u00e1ginas, R$ 29), del diplom\u00e1tico e historiador Alberto da Costa e Silva.<\/p>\n<p>Es la biograf\u00eda de un ex esclavo Ballano, mercader de esclavos. Es m\u00e1s: el libro es un panel cruel de c\u00f3mo los negros africanos obten\u00edan r\u00e9ditos, y alt\u00edsimos, traficando esclavos para vivir como reyes y comprar armas.La vida de F\u00e9lix lleg\u00f3 a la pantalla del cine en\u00a0<em>Cobra verde<\/em> , de la mano de Werner Herzog, y tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en novela:\u00a0<em>El virrey de Ouidah<\/em> , de Bruce Chatwin.<\/p>\n<p>Pero gracias a Costa e Silva, por primera vez el tema es tratado con rigor historiogr\u00e1fico. Por supuesto, sin dejar de lado la fascinaci\u00f3n rocambolesca de su vida: el pobre negro de Salvador que en \u00c1frica logr\u00f3 reunir poder, nobleza y una fortuna calculada en 120 millones de d\u00f3lares, que hizo de s\u00ed mismo uno de los tres hombres m\u00e1s ricos del planeta. Al morir, a los 94 a\u00f1os, F\u00e9lix dej\u00f3 53 mujeres, 80 hijos y 12 mil esclavos.<\/p>\n<p>Nacido probablemente en 1768, F\u00e9lix lleg\u00f3 a \u00c1frica en 1788 como comandante de la fortaleza de S\u00e3o Jo\u00e3o Batista de Ajud\u00e1, que en el siglo XVIII era el epicentro del mercado exportador de esclavos del golfo de Benim (el 40% de los cautivos que cruzaron el Atl\u00e1ntico lleg\u00f3 de aquella regi\u00f3n), lo que le rindi\u00f3 el mote de Costa de los Esclavos. El costado tr\u00e1gico de esto era que los responsables del mantenimiento de este comercio eran otros negros, que les vend\u00edan prisioneros de guerra y condenados por la Justicia a los mercaderes europeos y brasile\u00f1os.<\/p>\n<p>Desde la elite africana hasta los ex esclavos con esp\u00edritu de aventura, es innegable la participaci\u00f3n efectiva de hermanos de color en la comercializaci\u00f3n de seres humanos en condiciones inhumanas para trabajos forzados. &#8220;El rey Guezo, por ejemplo, se reh\u00faso a firmar un tratado con los ingleses para la abolici\u00f3n de la esclavitud en Dahomey, alegando que hacerlo ser\u00eda alterar la manera de sentir de su pueblo; personas acostumbradas desde chicos a considerar que \u00e9se era un comercio justo y correcto. Guezo agreg\u00f3 que hab\u00eda incluso canciones de cuna que evocaban la reducci\u00f3n de los adversarios al cautiverio&#8221;, comenta Costa e Silva.<\/p>\n<p>Pese a la carencia de recursos, F\u00e9lix se beneficiaba con una estructura comercial com\u00fan a otros tratantes de esclavos: se recib\u00eda el pago en negros por adelantado de parte de los africanos para entregarles a futuro armas y otros art\u00edculos. El tiempo daba la chance para el giro de capital con la disponibilidad de cautivos. &#8220;La correspondencia de los traficantes casi no nos deja entrever que la mercader\u00eda de la que trata son seres humanos&#8221;, explica el historiador. Ante un mercado organizado como aqu\u00e9l, el brasile\u00f1o prosper\u00f3 en Ajud\u00e1 como intermediario y almacenando dnegros, pr\u00e1ctica que agiliz\u00f3 la compra de esclavos, pues \u00e9stos eran embarcados en el mayor n\u00famero posible y en el menor tiempo posible. Ganancias seguras y abundantes.<\/p>\n<p>F\u00e9lix cont\u00f3 tambi\u00e9n con la ayuda de la suerte: si bien la prohibici\u00f3n del tr\u00e1fico con destino a las colonias brit\u00e1nicas y a Estados Unidos redujo el precio de los cautivos, la liberalidad de los puertos brasile\u00f1os permit\u00eda cobrar valores cada vez mayores por los esclavos. Y el bahiano era el principal proveedor con destino a Brasil. En poco tiempo el brasile\u00f1o se fue dando cuenta de que podr\u00eda ganar m\u00e1s a\u00fan si se aventurase en el transporte de negros: compr\u00f3 varios barcos (incluso nav\u00edos negreros que eran subastados por los brit\u00e1nicos luego de su captura) y lleg\u00f3 a hacer solicitudes de fragatas en EE.UU.<\/p>\n<p>Involucrado en una disputa din\u00e1stica entre dos hermanos por el poder del reino de Abom\u00e9, F\u00e9lix escogi\u00f3 el lado del medio hermano del rey Guezo, que no solamente lo salv\u00f3 de la prisi\u00f3n (el rey Adandozan decidi\u00f3 perseguir a los mercaderes extranjeros) sino que, una vez que asumi\u00f3 el trono, le concedi\u00f3 el t\u00edtulo honor\u00edfico de Chach\u00e1 (a\u00fan hoy en d\u00eda concedido a los descendientes del brasile\u00f1o), virrey de Ajud\u00e1, y el monopolio de la exportaci\u00f3n de esclavos. F\u00e9lix era as\u00ed noble y rico.<\/p>\n<p>En Ajud\u00e1 construy\u00f3 su casa grande de dos plantas en un barrio que, poco despu\u00e9s, pas\u00f3 a conocerse como Quartier Br\u00e9sil. Cuando sal\u00eda por las calles, ten\u00eda derecho a un esclavo que lo proteg\u00eda del sol con una sombrilla, guardias armados, taburete y una escolta de m\u00fasicos. Con gran astucia, construy\u00f3 una red de alianzas con los microestados que poblaban la costa africana y convoc\u00f3 a otros mercaderes de esclavos brasile\u00f1os a operar como socios. De esta manera, logr\u00f3 imponerse en tiempos dif\u00edciles, con los ingleses vigilando la costa en busca de dep\u00f3sitos de negros. Los europeos empezaron a ver en \u00e9l a un interlocutor de prestigio e importancia.<\/p>\n<p>El mism\u00edsimo vicec\u00f3nsul brit\u00e1nico en Dahomey, John Duncan, aunque lamentaba el hecho de que F\u00e9lix se dedicase al comercio de esclavos, lo caracterizaba como &#8220;el hombre m\u00e1s generoso y m\u00e1s humano de las costas de \u00c1frica&#8221;. El Chach\u00e1 pretend\u00eda europeizarse, por ello mand\u00f3 a su hijo menor a estudiar a Portugal, a\u00f1os despu\u00e9s de haber enviado a su primog\u00e9nito a Brasil. En su casa reinaba el lujo: la mesa estaba adornada con cubiertos de plata y vajilla monogramada. Al recibir al pr\u00edncipe de Joinville para un almuerzo, salud\u00f3 al noble con 21 salvas de ca\u00f1\u00f3n. Con todo, no perd\u00eda ciertas costumbres: le encantaba servir <em>feijoada<\/em>, fr\u00edjol de leche de coco, <em>sarapatel<\/em> [plato elaborado a base de v\u00edsceras], <em>moqueca<\/em> [guiso] de pescado y cocidos. En 1846 fue condecorado por Portugal con la Orden de Cristo como &#8220;benem\u00e9rito patriota&#8221;.<\/p>\n<p>F\u00e9lix fue el mercader negro m\u00e1s exitoso, pero el suyo no fue un caso aislado. Existen muchos ejemplos de brasile\u00f1os, varios de ellos negros, que, en la senda del Chach\u00e1 y como aprendices de su m\u00e9todo de trabajo, sobresalieron como tratantes de esclavos, como Domingos Jos\u00e9 Martins, rey del tr\u00e1fico en Lagos, o Jo\u00e3o Jos\u00e9 de Lima, comandante del mercado en Lom\u00e9, entre tantos otros.<\/p>\n<p>Pero F\u00e9lix era el gran maestro. &#8220;Cuando suscrib\u00eda una letra, esta era aceptada sin cavilaciones en Liverpool, Nueva York, Marsella y otras plazas. Se dec\u00eda que con su palabra bastaba, que no era necesario un documento escrito suyo para firmar un compromiso&#8221;, comenta Costa e Silva. Solamente la vejez logr\u00f3 minar su poder. En 1844, a los 90 a\u00f1os, padeciendo de reumatismo, le parec\u00eda al rey Guezo que hab\u00eda perdido su antigua fuerza mercantil, y poco a poco fue siendo dejado de lado en el comercio de esclavos.<\/p>\n<p>Pero tuvo tiempo todav\u00eda como para ser casi uno de los pioneros en la sustituci\u00f3n lucrativa del tr\u00e1fico de negros por la exportaci\u00f3n del aceite de palma o aceite de dend\u00ea, que era usado cada vez m\u00e1s como lubricante y tambi\u00e9n como materia prima de la incipiente moda europea de usar jabones para el aseo personal. La palma siempre estuvo asociada a los negreros, pues era uno de los alimentos dados a los cautivos durante la traves\u00eda del Atl\u00e1ntico.<\/p>\n<p>&#8220;Se les vend\u00eda aceite a los brit\u00e1nicos y a los franceses y, muchas veces, era con mercader\u00edas provenientes de ese comercio que se adquir\u00edan esclavos en el interior, para su posterior embarque en los barcos negreros&#8221;, explica el historiador. F\u00e9lix r\u00e1pidamente se dio cuenta del alcance de esa hipocres\u00eda y del potencial del cambio de un polo de comercio que pronto ser\u00eda ilegal (y ni hablar de los riesgos crecientes inherentes al tr\u00e1fico, como las enfermedades, la p\u00e9rdida de esclavos, la incautaci\u00f3n de barcos, etc.) hacia otro legal e inocuo.<\/p>\n<p>&#8220;Los mismos grandes puertos negreros y las mismas empresas dedicadas al comercio de gente continuaron comandando las transacciones con \u00c1frica. Los nav\u00edos negreros fueron readaptados para albergar barriles de aceite y sus capitanes eran los mismos que antes negociaban con esclavos&#8221;, observa el autor. F\u00e9lix dej\u00f3 as\u00ed de ser s\u00edmbolo del &#8220;comercio odioso&#8221; para transformarse en un capitalista emprendedor y creativo. Pero la ra\u00edz de los dos hombres es desgraciadamente la misma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La vida de Francisco F\u00e9lix de Souza revela c\u00f3mo los negros negociaban negros","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-78520","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78520","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78520"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78520\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78520"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78520"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78520"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78520"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}