{"id":78540,"date":"2004-09-01T00:00:00","date_gmt":"2004-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/09\/01\/la-invencion-de-la-indolencia\/"},"modified":"2016-01-28T17:50:29","modified_gmt":"2016-01-28T19:50:29","slug":"la-invencion-de-la-indolencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-invencion-de-la-indolencia\/","title":{"rendered":"La invenci\u00f3n de la indolencia"},"content":{"rendered":"<p>Algunos bahianos, cuando alguien les dice que son perezosos, lo toman incluso como un elogio. Artistas como Dorival Caymmi y Gilberto Gil, por ejemplo, asumieron con gallard\u00eda esa supuesta molicie que se les atribuye. Esa proverbial pereza, argumentan ellos, es un rasgo de la identidad cultural de Bah\u00eda, la expresi\u00f3n de un modo de vida en el que el trabajo no tiene por qu\u00e9 oponerse al esparcimiento. De acuerdo con la tesis intitulada\u00a0<em>El mito de la pereza bahiana<\/em>, defendida en la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) en 1998 por la antrop\u00f3loga Elisete Zanlorenzi, el origen de ese estereotipo no tiene nada de ben\u00e9volo.<\/p>\n<p>Lo engendr\u00f3 a decir verdad la elite de Bah\u00eda, con el objetivo de descalificar a los negros, que son la abrumadora mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n local. Esto se remonta a los tiempos de la esclavitud, y cobr\u00f3 vigor como una reacci\u00f3n a la Ley \u00c1urea. Dicha tesis tuvo repercusi\u00f3n dentro y fuera del ambiente acad\u00e9mico, pero reci\u00e9n ahora saldr\u00e1 en forma de libro, cuya presentaci\u00f3n est\u00e1 programada para el final de este a\u00f1o.<\/p>\n<p>La obra sostiene que la vida tranquila y la famosa aversi\u00f3n al trabajo atribuidas a los bahianos no tienen en realidad asidero. Elisete investig\u00f3 la relaci\u00f3n entre el calendario de fiestas de Bah\u00eda y la asistencia al trabajo, por ejemplo. Y descubri\u00f3 algunas cosas curiosas. Una empresa con sede en el Polo Petroqu\u00edmico de Cama\u00e7ar\u00ed, a 41 kil\u00f3metros de Salvador, registr\u00f3 menos faltas entre el personal durante el Carnaval de 1994 que en su filial de S\u00e3o Paulo. Y otro dato elocuente: al final de los a\u00f1os 1980, entre las personas ocupadas de la Regi\u00f3n Metropolitana de Salvador, el 50,4% trabajaba m\u00e1s de 48 horas semanales, y el 35,8%, entre 38 y 47 horas por semana.<\/p>\n<p>Y si no trabajan m\u00e1s, probablemente es porque no hay m\u00e1s trabajo. Entre las seis mayores regiones metropolitanas de Brasil, Salvador tiene el r\u00e9cord de desempleo y de trabajo informal, un fen\u00f3meno que afecta con particular fuerza al 80% de la poblaci\u00f3n, compuesto por descendientes de africanos. De acuerdo con la antrop\u00f3loga, la<em> Ladeira da Pregui\u00e7a<\/em> [Ladera de la Pereza], ubicada en el centro de Salvador, constituye un s\u00edmbolo del prejuicio.<\/p>\n<p>En los tiempos de la esclavitud, y tambi\u00e9n despu\u00e9s, aqu\u00e9llos que se quejaban en ese escarpado trayecto, mientras cargaban en sus espaldas las mercanc\u00edas desembarcadas en el puerto, eran los negros -los &#8220;perezosos&#8221;, seg\u00fan la visi\u00f3n desde\u00f1osa de los blancos que, desde las ventanas de sus altos o sobrados, les gritaban: &#8220;\u00a1Suban, perezosos!&#8221;. La intensa migraci\u00f3n nordestina de los \u00faltimos 50 a\u00f1os imprimi\u00f3 nuevo vigor al racismo en el sur y el sudeste de Brasil. Fuera de Bah\u00eda, el t\u00e9rmino &#8220;bahiano&#8221; seg\u00fan el Diccionario Houaiss significa tonto, negro, mulato, ignorante y fanfarr\u00f3n.<\/p>\n<p>Y se refiere a trabajadores descalificados oriundos de todos los estados del nordeste brasile\u00f1o. Como la carretera por la que se concret\u00f3 el \u00e9xodo fue la llamada R\u00edo-Bah\u00eda, a los migrantes nordestinos arribados a S\u00e3o Paulo y tambi\u00e9n en toda la regi\u00f3n sur se les dice indistintamente &#8220;bahianos&#8221; -as\u00ed como muchos estadounidenses, desinteresados acerca de lo que sucede al sur del Ecuador, confunden la capital de Brasil con Buenos Aires. &#8220;Descalificar a los migrantes nordestinos por perezosos era una forma de excluirlos&#8221;, dice Elisete. La estudiosa apunta los dos grandes motores del prejuicio: la desidia del gobierno respecto a la capacitaci\u00f3n de esa fuerza de trabajo y la intolerancia de los inmigrantes europeos, que no quer\u00edan que se los equiparase con los brasile\u00f1os pobres, con quienes disputaban el mercado de trabajo y el espacio urbano.<\/p>\n<p>La tesis de Elisete Zanlorenzi, docente de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Campinas, es m\u00e1s celebrada que conocida -de all\u00ed la importancia de su publicaci\u00f3n. Este estudio repercuti\u00f3 bastante al final de los a\u00f1os 1990. Hasta la actualidad circulan res\u00famenes en cadenas de Internet, propagadas probablemente por bahianos altivos. Los textos de algunos correos electr\u00f3nicos contaron con el refuerzo de datos que ni siquiera figuran en la tesis, en una curiosa y an\u00f3nima colaboraci\u00f3n con la investigaci\u00f3n.\u00a0&#8220;Hay datos e incluso declaraciones entre comillas que no son m\u00edas&#8221;, dice Elisete.<\/p>\n<p>&#8220;Todos los meses recebo mails de parte de investigadores interesados en estudiar el tema; por tal motivo, me decid\u00ed por la publicaci\u00f3n&#8221;, dice. El soci\u00f3logo Octavio Ianni (1925-2004) -quien integr\u00f3 la mesa examinadora de la tesis, en 1998- apunt\u00f3 a la \u00e9poca cu\u00e1l era la principal contribuci\u00f3n de ese trabajo: sugerir la asignaci\u00f3n de la pereza como una sutil y solapada manera -porque irrisoria y folclorizada- de racismo.<\/p>\n<p>La paulista Elisete, descendiente de italianos y alemanes, se mud\u00f3 al nordeste de brasil al final de los a\u00f1os 1970 y vivi\u00f3 en Salvador entre los a\u00f1os 1980 y 1984. En la capital bahiana escribi\u00f3 su tesina de maestr\u00eda, sobre el movimiento popular del barrio de Calabar, una antigua usurpaci\u00f3n de 8 mil habitantes a los que la especulaci\u00f3n inmobiliaria intentaba en vano expulsar de una regi\u00f3n rica de la ciudad. En esa \u00e9poca le llam\u00f3 la atenci\u00f3n por primera vez el prejuicio oculto en la cuesti\u00f3n de la pereza. Una tarde de domingo, qued\u00f3 impresionada con lo que vio en una fiesta, frecuentada por gente de la elite de Salvador: pol\u00edticos, abogados y empresarios. &#8220;Empezaron a quejarse de la pereza de los empleados negros, mientras \u00e9stos los serv\u00edan. Los negros eran los \u00fanicos que estaban trabajando all\u00ed&#8221;, recuerda.<\/p>\n<p><strong>El candombl\u00e9<br \/>\n<\/strong>Elisete sali\u00f3 en busca de las razones hist\u00f3ricas de este fen\u00f3meno. &#8220;Ni la Abolici\u00f3n de la esclavitud ni la industrializaci\u00f3n fueron capaces de incorporar a esos grandes contingentes de afrodescendientes de Salvador al mercado de trabajo formal&#8221;, dice la antrop\u00f3loga. Hasta hace muy poco, los negros permanec\u00edan lejos de los mejores empleos y de las actividades mejor remuneradas en Bah\u00eda. En su gran mayor\u00eda, trabajaban en el mercado informal: en el peque\u00f1o comercio y la prestaci\u00f3n de servicios; actividades descalificadas.<\/p>\n<p>&#8220;Salvador viv\u00eda sumida en relaciones tradicionales, y muchos de sus barrios ten\u00edan una vida casi independiente&#8221;, afirma. Esto reci\u00e9n empez\u00f3 a cambiar a partir de los a\u00f1os 1960, con la instalaci\u00f3n del Centro Industrial de Arat\u00fa, y m\u00e1s acentuadamente en los a\u00f1os 1970, con la instalaci\u00f3n del Pelo Petroqu\u00edmico de Cama\u00e7ar\u00ed, que absorbi\u00f3 mano de obra local, ayudando as\u00ed a forjar una incipiente clase media afro-brasile\u00f1a. &#8220;Pero la visi\u00f3n capitalista sobre el valor del tiempo y el significado del trabajo, estampada en la imagen de que tiempo es dinero, no logr\u00f3 modificar las relaciones cotidianas, ni retirar de los espacios de las relaciones de trabajo una cierta cuota de afectividad&#8221;, afirma la antrop\u00f3loga.<\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente, gan\u00f3 cuerpo la cara simp\u00e1tica de la pereza. Los compositores Ary Barroso y Dorival Caymmi, al describir una Salvador de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX ayudaron a construir una imagen ex\u00f3tica y paradis\u00edaca, que recorri\u00f3 el mundo en la pel\u00edcula\u00a0<em>Los tres caballeros<\/em> (1945), de Walt Disney. Y no era precisamente una imagen inventada. El valor que el tiempo y el trabajo tienen para los bahianos, seg\u00fan se lee en la tesis, se encuentra bajo un fuerte influjo del candombl\u00e9.<\/p>\n<p>&#8220;Las obligaciones, seg\u00fan la filosof\u00eda candombl\u00e9, son algo que se elige, no que se hace a la fuerza&#8221;, afirma Elisete. &#8220;En el fondo, esto viene de la tradici\u00f3n africana: el concepto de que el trabajo no es el foco principal de la vida, que el trabajo y el esparcimiento no se oponen. Pero es no significa que la gente no trabaje. Al contrario: las personas trabajan, y mucho, pero sin poner el trabajo como objetivo central de sus existencias, y cuidando mucho aquellas relaciones que transcurren por fuera de la esfera del trabajo&#8221;, comenta la antrop\u00f3loga.<\/p>\n<p>La tesis estudia el concepto de tiempo en Bah\u00eda. Sostiene que, aunque las relaciones formales se pautan por medio del reloj, es decir, responden a la l\u00f3gica capitalista del tiempo, las relaciones informales se rigen por un tiempo maleable. &#8220;Muchas gente en Salvador no usa reloj&#8221;, observa Elisete. &#8220;Este hecho podr\u00eda justificarse debido al bajo poder adquisitivo de la poblaci\u00f3n, pero la cuesti\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de ello, pues un reloj no es un art\u00edculo que cueste tan caro. Si fuese imprescindible, seguro que lo usar\u00edan m\u00e1s&#8221;. Entre un encuentro y otro, observa la tesis, puede transcurrir un tercero, y las personas que quedan en encontrarse saben que la rigidez de horarios est\u00e1 expuesta al imprevisto. &#8220;Lo que la mentalidad utilitaria y r\u00edgida concibe como una tardanza, en la visi\u00f3n afrodescendiente bahiana aparece como una posibilidad, algo que puede suceder&#8221;, afirma la antrop\u00f3loga.<\/p>\n<p><strong>La cigarra y la hormiga<br \/>\n<\/strong>El estudio es mechado con entrevistas con personalidades de Bah\u00eda, como Jo\u00e3o Jorge, director del grupo Olodum; Vov\u00f4, director de Il\u00ea-Ay\u00ea; Normando, director del Centro de Cultura Popular, y J\u00falio Braga, antrop\u00f3logo de la Universidad Federal de Bah\u00eda. &#8220;Todos afirman que el trabajo es una esfera importante de la vida, pero la vida no se resume al trabajo, ya que la recreaci\u00f3n, la familia y los amigos son importantes&#8221;, recuerda Elisete. &#8220;Normando dijo que la f\u00e1bula de la cigarra y la hormiga es una invenci\u00f3n de la mentalidad occidental, sin ning\u00fan v\u00ednculo con la matriz africana.&#8221;<\/p>\n<p>El compositor Dorival Caymmi encarn\u00f3 como nadie la imagen del bahiano &#8220;indolente&#8221;. No caben dudas acerca de que su temperamento tranquilo y atrevido condice con esa imagen -pero, de all\u00ed a rotularlo como perezoso hay una enorme distancia. &#8220;Siempre se levanta temprano, e incluso en la \u00e9poca en que trabajaba a la noche, siempre se sentaba a desayunar con los hijos&#8221;, dice Stella Caymmi, bi\u00f3grafa y nieta del compositor.<\/p>\n<p>Dorival Caymmi forj\u00f3 m\u00e1s de un centenar de canciones, y fue un luchador a favor de la legislaci\u00f3n de los derechos de autor, pero gustaba de cultivar la fama de perezoso. Para rechazar compromisos para los que no ten\u00eda tiempo como para hacerse presente, respond\u00eda sencillamente que no pod\u00eda ir porque estaba con fiaca. En una de las primeras propagandas que protagoniz\u00f3, de una marca de ron, en 1957, Caymmi aparec\u00eda tocando la guitarra recostado en una hamaca. Nada m\u00e1s falso. A Caymmi, seg\u00fan cuenta su nieta Stella, nunca le agradaron las hamacas. Eso s\u00ed, apreciaba su sill\u00f3n hamaca, como puede verse en la foto que ilustra la apertura de este art\u00edculo.<\/p>\n<p><strong>Un condimento<br \/>\n<\/strong>Los tropicalistas Gal Costa, Caetano Veloso, Maria Beth\u00e2nia y Gilberto Gil incorporar\u00edan posteriormente la imagen de la pereza bahiana. &#8220;Era una manera de decir que ellos eran distintos, que no pertenec\u00edan a aquel mundo urbano al que estaban llegando&#8221;, dice Elisete. Entrevistado por la investigadora, Gilberto Gil explic\u00f3: &#8220;La pereza es una especia, un condimento que Bah\u00eda le brinda a Brasil. La pereza produce de manera inusitada; produce beneficios inimaginables. Vence los obst\u00e1culos mediante su capacidad de contornearlos, no de atravesarlos diretamente&#8230; es el agua, es lo femenino, es lo oscuro. Yo soy adepto a esa visi\u00f3n, porque creo que es la salvaci\u00f3n del mundo&#8221;. Dicho sea de paso: Gilberto Gil nunca tuvo una vida calma. Cuando se mud\u00f3 a S\u00e3o Paulo, a comienzos de los a\u00f1os 1960, trabajaba en una empresa de d\u00eda y cantaba de noche. Actualmente, a los 62 a\u00f1os, concilia sus compromisos como ministro de Cultura con su agenda de recitales.<\/p>\n<p>La industria del turismo aprendi\u00f3 a explotar ese fil\u00f3n para atraer multitudes de estresados de todos los rincones de Brasil. Si quiere descansar, vaya a Bah\u00eda, la tierra donde la fiesta no termina nunca y nadie se preocupa con el reloj. Eso empez\u00f3 en los a\u00f1os 1960. A la \u00e9poca, la capital bahiana pas\u00f3 por una gran cirug\u00eda urbana con el objetivo de fomentar el turismo -y as\u00ed se descubri\u00f3 que el mito de la pereza ten\u00eda una convocatoria impresionante entre los forasteros. Desde entonces, los bahianos trabajan duramente para crear una ilusi\u00f3n capaz de entretener a miles de incautos. La ilusi\u00f3n de que, en aquellos parajes, a nadie le gusta trabajar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una tesis denuncia el racismo solapado en el mito de la pereza bahiana","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[98],"class_list":["post-78540","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78540","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78540"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78540\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78540"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78540"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78540"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78540"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}