{"id":78580,"date":"2004-10-01T00:00:00","date_gmt":"2004-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2004\/10\/01\/alli-donde-habita-el-peligro\/"},"modified":"2016-01-29T13:02:56","modified_gmt":"2016-01-29T15:02:56","slug":"alli-donde-habita-el-peligro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/alli-donde-habita-el-peligro\/","title":{"rendered":"All\u00ed donde habita el peligro"},"content":{"rendered":"<p>Algunos te\u00f3ricos sostienen que Brasil invent\u00f3 una democracia de pies rajados: al mismo tiempo avanzada en los derechos pol\u00edticos, con elecciones regulares y competencia entre los partidos, y castradora en lo que se refiere a derechos sociales y civiles, tal como lo indican los \u00edndices de desempleo y de trabajo informal, el espectro de la violencia y el d\u00e9ficit de viviendas. Con esta tesis en el horizonte, estudiantes de Ciencias Sociales de la Universidad de S\u00e3o Paulo salieron al campo para conocer y recabar testimonios de brasile\u00f1os que viven por debajo de la l\u00ednea de ciudadan\u00eda. Visitaron densificaciones urbanas en Jardim \u00c2ngela, la conflagrada frontera sur de la capital paulista. Y conversaron con los habitantes de conventillos y pensiones de la regi\u00f3n central de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>El estudio denominado\u00a0<em>Vivir en riesgo: vivienda, desocupaci\u00f3n y violencia urbana en el Gran S\u00e3o Paulo<\/em>, coordinado por L\u00facio Kowarick, docente titular del Departamento de Ciencia Pol\u00edtica de universidad antes mencionada, no solamente corrobor\u00f3 la idea inicial, sino que tambi\u00e9n plante\u00f3 otras hip\u00f3tesis. Por ejemplo, la de que la violencia se convirti\u00f3 en una contingencia con una fuerza tal como para estructurar tambi\u00e9n la vida de los habitantes de las periferias.<\/p>\n<p>El miedo de la violencia delimita el horario en que las personas salen a la calle e impone un c\u00f3digo de comportamiento en el cual el silencio es una regla de supervivencia (mejor hacer de cuenta que no se ve nada). Y provoca incluso una interferencia en la l\u00f3gica tradicional de los flujos migratorios dentro del espacio urbano. &#8220;Se puede plantear la idea de que antes las personas migraban en busca mejores condiciones de vida o de trabajo. Aunque ese proceso sigue siendo a\u00fan fundamental, comienza a haber una migraci\u00f3n tambi\u00e9n para escapar de la violencia&#8221;, dice Kowarick, quien coordin\u00f3 y dirigi\u00f3 a ocho estudiantes de grado y de posgrado, todos becarios de iniciaci\u00f3n cient\u00edfica o de maestr\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Temores<br \/>\n<\/strong>Quiz\u00e1s la contribuci\u00f3n m\u00e1s significativa de esta investigaci\u00f3n sea el registro cristalino de las voces de la periferia, la revelaci\u00f3n de los sue\u00f1os y los temores de sus habitantes en medio a un ambiente precario y vulnerable. Surgen varios ejemplos, como el de la lavandera Marl\u00ed, de 42 a\u00f1os, una bahiana de la localidad de Itabuna, que vive en una casa inacabada en el loteo Tr\u00eas Marias, barrio Jardim \u00c2ngela, con sus tres hijas adolescentes y dos nietos peque\u00f1os. La casa tiene una escalera que va hacia un piso superior que nunca fue construido y que probablemente jam\u00e1s lo ser\u00e1. A la obra la hizo poco a poco su marido, el alba\u00f1il Jos\u00e9, con su hijo Paulo. Ambos fueron asesinados a tiros el d\u00eda 31 de diciembre de 1997, en una fiesta de Fin de A\u00f1o en la casa de unos vecinos. Dos hombres entraron en la fiesta y empezaron a provocar.<\/p>\n<p>Padre e hijo reaccionaron, y por eso los mataron. El desaliento y el miedo de la violencia llevaron a la familia, ya sin el anclaje masculino, a huir de all\u00ed. Se mudaron primero a una casa en el barrio contiguo de Cap\u00e3o Redondo, y luego probaron suerte en la ciudad de Formiga, estado de Minas Gerais. Pero en 2000 regresaron al suelo que les pertenec\u00eda. La familia vive de los 275 reales del sueldo de Marl\u00ed, puesto que sus hijas est\u00e1n desocupadas.<\/p>\n<p>Marl\u00ed se levanta todos los d\u00edas a las cuatro y media de la ma\u00f1ana, y a las cinco hace una caminata de veinte minutos, cuesta arriba, hasta la parada de \u00f3mnibus. Tarda dos horas en autob\u00fas para llegar a la empresa. Termina su labor a las 17 horas, y llega a casa reci\u00e9n a las ocho de la noche. &#8220;Lo a uno lo mata no es tanto el trabajo, sino el viaje&#8221;, dice Marl\u00ed. Su sue\u00f1o es terminar la casa, pero cree nunca lo lograr\u00e1. &#8220;Es un sue\u00f1o, pues la realidad es otra&#8221;, dice. &#8220;El sueldo de Jos\u00e9 era mucho mayor que el m\u00edo, y \u00e9l no necesitaba pagarle a nadie para construir. Lo hac\u00eda \u00e9l mismo. Pero por lo menos logr\u00e9 vivir en una casa, y no es en la favela. Por la casa, vali\u00f3 la pena. Por el resto no&#8221;, sintetiza.<\/p>\n<p>Pese al origen irregular, pues est\u00e1 ubicado en el \u00e1rea de protecci\u00f3n de los manantiales de la represa Guarapiranga, el loteo Tr\u00eas Marias es actualmente abastecido con agua, iluminaci\u00f3n y pavimentaci\u00f3n, todo hecho colectivamente por sus habitantes. Con el advenimiento de la telefon\u00eda celular, dispone incluso de un articulado servicio de entregas a domicilio, que entrega desde pizza hasta <em>feijoada<\/em>, desde garrafas de gas hasta remedios. Los habitantes erigieron un muro alrededor de las viviendas, con la vana esperanza de contener la violencia. Aunque no se tienen noticias de asesinatos recientes, los robos son corrientes.<\/p>\n<p>Se eligi\u00f3 ese lugar para hacer la investigaci\u00f3n porque representa un tipo de periferia ya consolidado y ocupado por autoconstrucciones \u2013\u00a0el mecanismo responsable de la expansi\u00f3n de las fronteras de la metr\u00f3polis desde los a\u00f1os 1940, mediante el cual los habitantes compran un lote en cuotas y edifican ellos mismos su propia casa. Cerca de all\u00ed, Jardim Silvano, formado m\u00e1s recientemente, les mostr\u00f3 una realidad m\u00e1s cruda a los investigadores. La zona, igualmente tomada por casas reci\u00e9n construidas, recib\u00eda la protecci\u00f3n de un traficante conocido como Boy, que vend\u00eda drogas en la puerta de su panader\u00eda.<\/p>\n<p>Boy era una especie de h\u00e9roe local, respetado por los habitantes porque ahuyentaba a otros bandidos, y supuestamente evitaba el reclutamiento de j\u00f3venes de la regi\u00f3n para actuar en el crimen organizado, aunque aceptase la adhesi\u00f3n de los insistentes. Una vez hizo hasta un discurso en la cancha de f\u00fatbol: &#8220;No voy a ejercer ninguna influencia sobre sus hijos. Si yo pudiera aconsejarles que no entren, se los dir\u00eda. Ahora bien, quien quiere entra&#8221;. Boy termin\u00f3 siendo expulsado del punto de venta de drogas por un traficante rival, un tal Bronx, del vecino barrio Jardim Nakamura. Una pandilla del propio barrio aprovech\u00f3 el terreno liberado y empez\u00f3 a usar las calles del lugar como desarmadero de autom\u00f3viles a la intemperie. Al igual que en el loteo Tr\u00eas Marias, cerca de all\u00ed tambi\u00e9n se hace efectivo el &#8220;desove de cad\u00e1veres&#8221;.<\/p>\n<p>Con ese tel\u00f3n de fondo, donde la polic\u00eda solamente suele aparecer para recoger cad\u00e1veres, despuntan algunos de los m\u00e1s fuertes relatos etnogr\u00e1ficos de esta investigaci\u00f3n. Como el de Ant\u00f4nio, de 33 a\u00f1os, proveniente del estado de Para\u00edba, nordeste de Brasil, y due\u00f1o de un bar. Ant\u00f4nio dec\u00eda confiar en todo el mundo, pero despu\u00e9s de que su establecimiento fuera objeto de un asalto, sola,ente sale a la calle acompa\u00f1ado por un custodio. &#8220;Ahora soy desconfiado&#8221;, dice.<\/p>\n<p>Ant\u00f4nio fue tomado por una paranoia com\u00fan en la periferia \u2013\u00a0y tan macabra como la propia violencia. Desconfiado acerca de la autor\u00eda del delito, empez\u00f3 a temer que los delincuentes vislumbrasen su desconfianza y regresasen para matarlo. El caso del portero Ronaldo, de 29 a\u00f1os, casado y padre de dos hijos, tambi\u00e9n es paradigm\u00e1tico. Ronaldo lleg\u00f3 al barrio huyendo de la violencia de la favela Pantanal, situada en la vecina ciudad de Diadema, donde perdi\u00f3 a su hermano, y hoy en d\u00eda hace planes de mudarse al interior, ya que sus dos chicos no pueden salir a la calle de noche. &#8220;Hubo un tiroteo en la panader\u00eda de Boy y muri\u00f3 una nena que iba cumplir 10 a\u00f1os&#8221;, dice.<\/p>\n<p><strong>G\u00e1ngsters<br \/>\n<\/strong>El miedo y la vulnerabilidad trasparecen en los relatos, y producen situaciones como la del electricista Zaqueu, de 40 a\u00f1os, que us\u00f3 su propio tel\u00e9fono para denunciar an\u00f3nimamente a la pandilla que desarmaba autos adelante de su casa \u2013\u00a0pero se arrepinti\u00f3 de haber &#8220;transgredido&#8221; la ley del silencio, cuando descubri\u00f3 que la polic\u00eda registr\u00f3 el origen del telefonema. Aqu\u00ed va su relato:<\/p>\n<p>\u2013\u00a0Llam\u00e9 a la polic\u00eda y les dije: hay unos tipos que est\u00e1n desarmando un auto en la calle de mi establecimiento.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed orgulloso; un ciudadano denunciando.\u00a0De pronto suena el tel\u00e9fono; era el capit\u00e1n: &#8220;Hola, \u00bfhablo con el se\u00f1or Zaqueu? Ya mand\u00e9 a mis polic\u00edas y ellos no encontraron ning\u00fan auto&#8221;.\u00a0Entonces pens\u00e9: \u00bfC\u00f3mo ellos descubrieron mi tel\u00e9fono? \u00bfY si el delincuente tambi\u00e9n grab\u00f3 mi tel\u00e9fono durante ese llamado? \u00bfY si ese atorrante me vio asomado por la ventana? \u00bfY si la polic\u00eda est\u00e1 en \u00e9sa tambi\u00e9n? \u00bfQuiere decir que estoy perdido? Entonces pens\u00e9: bueno, de ahora en adelante yo no quiero m\u00e1s ese tel\u00e9fono: vend\u00ed la l\u00ednea. Y le dije a mi se\u00f1ora: cuando aparezca otra l\u00ednea compramos otra, y nunca m\u00e1s hago una denuncia. Me voy a guardar, voy a hacer de cuenta que no estoy viendo nada.<\/p>\n<p>Los investigadores recibieron instrucciones en el sentido de ser cautelosos en el trabajo de campo. Siempre andaban de a dos y a la luz del d\u00eda, y solamente prend\u00edan el grabador luego haber captado la esencia de la percepci\u00f3n y de las vivencias de la violencia. &#8220;El resultado es un l\u00ednea narrativa que muestra la perseverancia de aqu\u00e9llos que, en una situaci\u00f3n de vulnerabilidad, buscan en la dignidad su forma de existencia&#8221;, dice el profesor L\u00facio Kowarick. &#8220;La expresi\u00f3n m\u00e1s evidente de la falencia de los derechos civiles est\u00e1 en el n\u00famero de asesinatos perpetrados por la polic\u00eda y por los delincuentes en todas las grandes aglomeraciones de Brasil. Y eso por no hablar de las humillaciones, extorsiones, golpizas y robos que no componen las estad\u00edsticas oficiales, pues las personas no brindan sus testimonios pues descreen de las instituciones, y por miedo de sufrir represalias.&#8221;<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo dedicado a los conventillos y pensiones la vulnerabilidad cobra otras facetas, como la promiscuidad y el hacinamiento, la vida en ambientes claustrof\u00f3bicos y degradados y la falta de seguridad. Pero tiene una ventaja, seg\u00fan destacan sus habitantes: la de estar en el centro, cerca de las posibilidades de trabajo y de las opciones de recreaci\u00f3n. &#8220;En el centro todo es m\u00e1s f\u00e1cil: el cine, el transporte, y para trabajar es mejor. Por supuesto que cuesta m\u00e1s caro, pero si uno vive lejos debe gastar m\u00e1s en transporte y debe comer siempre en la calle&#8221;, dice Almi, de 36 a\u00f1os, que ha vivido en 13 domicilios diferentes en el centro paulistano, entre conventillos y min\u00fasculos departamentos.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda vive en un inmueble ubicado en la calle Jo\u00e3o Teodoro, barrio de Par\u00ed, en compa\u00f1\u00eda de decenas de familias. Almi es negro. Los padres lo abandonaron cuando era peque\u00f1o, esto en el estado de Paran\u00e1, y por eso fue criado en un orfanato hasta los 16 a\u00f1os. Con 20 a\u00f1os se mud\u00f3 a S\u00e3o Paulo para intentar hallar a sus padres. Trabaj\u00f3 en una tienda de departamentos, y tambi\u00e9n fue vendedor de libros. En 1993 abri\u00f3 un almac\u00e9n en la ciudad de Guarulhos. &#8220;Alquil\u00e9 una casita y comenc\u00e9 all\u00ed el negocio, en el fondos. Tuve la desgracia de que entraron ladrones&#8221;. Para escapar de la violencia, opt\u00f3 por regresar al centro y ser &#8220;andariego en el trabajo e itinerante en el alquiler&#8221;, como se define en la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 2000 vive en la Pensi\u00f3n de Dolores, en la calle Jo\u00e3o Teodoro. Paga 135 reales para ocupar un cub\u00edculo de 4,5 metros cuadrados, con un anexo usado como cocina, pero sin pileta. &#8220;Visit\u00e9 varios lugares y me pareci\u00f3 que \u00e9ste era el mejor. Tap\u00e9 las goteras y arregl\u00e9 la instalaci\u00f3n el\u00e9ctrica&#8221;, dice. La baiana Denise, viuda desde hace seis a\u00f1os, vive con sus cuatro hijos y una sobrina en el mismo conventillo de la calle Jo\u00e3o Teodoro.<\/p>\n<p>Est\u00e1 all\u00ed hace 12 a\u00f1os. Y enumera los pros y los contras. &#8220;Ac\u00e1 hay ratas; es por el s\u00f3tano. Cuando llueve, salen muchas. Y cuando llueve tambi\u00e9n se tapan los desag\u00fces&#8221;, dice. Tambi\u00e9n se queja de los asaltos e invasiones. &#8220;Desde hace unos dos a\u00f1os est\u00e1 un despelote. Creo que salen de la comisar\u00eda, o de la c\u00e1rcel, de la Febem [presidio de menores]. Antes nadie entraba ac\u00e1&#8221;. En compensaci\u00f3n, en el centro hay escuelas, los conventillos no exigen garant\u00eda y el trabajo de sus hijas queda cerca. &#8220;Si el trabajo es ac\u00e1, mejor es vivir ac\u00e1.&#8221;<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n retoma varios hilos de una madeja que teji\u00f3 la carrera y la producci\u00f3n acad\u00e9mica del profesor L\u00facio Kowarick. Em 1975 public\u00f3\u00a0<em>Capitalismo e marginalidade na Am\u00e9rica Latina<\/em>, su tesis doctoral, y cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el libro\u00a0<em>A espolia\u00e7\u00e3o urbana<\/em> [<em>La expoliaci\u00f3n urbana<\/em>], que establec\u00eda relaciones entre la explotaci\u00f3n laboral y los niveles de exclusi\u00f3n en la metr\u00f3polis.<\/p>\n<p>Anteriormente, en 1976, coordin\u00f3 junto con Vin\u00edcius Caldeira Brant el libro\u00a0<em>S\u00e3o Paulo, crescimento e pobreza<\/em>, una producci\u00f3n colectiva de investigadores del Centro Brasile\u00f1o de An\u00e1lisis y Planeamiento (Cebrap), hecha a pedido de la Arquidi\u00f3cesis de S\u00e3o Paulo. La tesis central de este libro, seg\u00fan la cual el crecimiento econ\u00f3mico no era incompatible con el incremento de las desigualdades sociales, m\u00e1s bien era capaz de amplificarlas, convirti\u00f3 a esta obra en un cl\u00e1sico de los a\u00f1os 1970 y gener\u00f3 problemas pol\u00edticos \u2013\u00a0la sede del Cebrap sufri\u00f3 un atentado atribuido a grupos paramilitares. Kowarick hab\u00eda visitado la historia de los conventillos en &#8220;Cien a\u00f1os de promiscuidad: el conventillo en la ciudad de S\u00e3o Paulo&#8221;, en sociedad con Clara Ant. Su tesis de libre docencia, convertida en el libro\u00a0<em>Trabajo y vagancia<\/em>, aborda la formaci\u00f3n del mercado de trabajo de S\u00e3o Paulo entre 1880 y 1920.<\/p>\n<p>Las entrevistas llevadas a cabo en el marco de la investigaci\u00f3n<em>Vivir en riesgo<\/em> sirvieron de apoyo para la realizaci\u00f3n del documental\u00a0<em>Tr\u00eas Marias<\/em>, de Tom\u00e1s Resende. Este trabajo incorpora nuevos elementos a este calidoscopio al sugerir que no solamente la calidad de vida, sino tambi\u00e9n la propia vida en las periferias sigue siendo sumamente comprometida debido a la pobreza y a la expoliaci\u00f3n urbana, aunque el problema ya no radica tanto en la falta de agua, de luz, de pavimento o de recolecci\u00f3n de residuos. Las carencias residen en la distancia que debe recorrerse hasta el lugar de trabajo, la falta de seguridad y una urbanizaci\u00f3n signada por la precariedad, el desempleo o el trabajo inestable. &#8220;El s\u00edmbolo de la destituci\u00f3n de los derechos civiles y sociales es la violencia, que pone en jaque permanentemente la integridad f\u00edsica y mental de miles de brasile\u00f1os&#8221;, advierte el investigador.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nVivir en riesgo: vivienda, desocupaci\u00f3n y violencia urbana en el Gran S\u00e3o Paulo\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/4838\/viver-em-risco-moradia-desemprego-e-violencia-urbana-na-grande-sao-paulo\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 00\/14519-8<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>L\u00ednea Regular de Auxilio a la Investigaci\u00f3n; <strong>Coordinador <\/strong>L\u00facio Kowarick \u2013\u00a0Facultad de Filosof\u00eda, Letras y Ciencias Humanas de la USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 28.285,12 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"C\u00f3mo la violencia condiciona los barrios perif\u00e9ricos de S\u00e3o Paulo","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[98],"class_list":["post-78580","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78580","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78580"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78580\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78580"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78580"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78580"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78580"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}