{"id":78645,"date":"2005-01-01T10:10:00","date_gmt":"2005-01-01T12:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/01\/01\/el-rescate-de-los-botocudos\/"},"modified":"2015-07-17T16:52:27","modified_gmt":"2015-07-17T19:52:27","slug":"el-rescate-de-los-botocudos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-rescate-de-los-botocudos\/","title":{"rendered":"El rescate de los botocudos"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_87845\" style=\"max-width: 172px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2005\/01\/01\/el-rescate-de-los-botocudos\/art2649img1-3\/\" rel=\"attachment wp-att-87845\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-87845\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2005\/01\/art2649img12.jpg\" alt=\"\" width=\"162\" height=\"133\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2005\/01\/art2649img12.jpg 162w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2005\/01\/art2649img12-120x99.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 162px) 100vw, 162px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">WALTER GARBER \/ ARCHIVO P\u00daBLICO ESP\u00cdRITO SANTO<\/span><\/a> Familia de botocudos: v\u00edctima del genocidio autorizado por el rey<span class=\"media-credits\">WALTER GARBER \/ ARCHIVO P\u00daBLICO ESP\u00cdRITO SANTO<\/span><\/p><\/div>\n<p>La gen\u00e9tica brasile\u00f1a, al buscar y seleccionar testimonios en la sangre de los brasile\u00f1os de hoy, est\u00e1 contribuyendo a rastrear las consecuencias poblacionales de una injusticia antigua, consagrada en una carta magna de Don Jo\u00e3o VI el 13 de mayo de 1808, que no dejaba dudas sobre las intenciones de la Corona en cuanto al destino de los indios peyorativamente apodados botocudos, que en realidad ser\u00edan bravos aymor\u00e9s del nordeste de Minas Gerais:\u00a0&#8220;[&#8230;] Dadas las graves quejas que, desde la Capitan\u00eda de Minas Geraes, han subido ante mi real presencia, sobre las invasiones que diariamente est\u00e1n practicando los indios Botocudos, antrop\u00f3fagos, en diversas y muy distantes partes de la misma Capitan\u00eda [&#8230;] soy servido por estos y otros justos motivos que ahora hacen suspender los efectos de humanidad que con ellos hab\u00eda mandado a practicar, os ordeno, en primer lugar: Que desde este momento, en que recib\u00eds \u00e9sta, mi Carta Magna, deb\u00e9is considerar como iniciada contra estos Indios antrop\u00f3fagos una guerra ofensiva, que continuar\u00e9is siempre, todos los a\u00f1os en las estaciones de secas, y que no tendr\u00e1 fin&#8221;.<\/p>\n<p>No es de sorprenderse, ante tanta prontitud para el genocidio, que hoy en d\u00eda a los aymor\u00e9s de Minas Gerais se los considere exterminados. Sus parientes sobrevivientes m\u00e1s cercanos &#8211; adem\u00e1s de los pobladores de la localidad de Queixadinha, en el nordeste pobre de Minas Gerais, cuyo parentesco con los descuartizados sale ahora a la luz en el estudio de gen\u00e9ticos de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) &#8211; son los krenaks, un contingente de cerca de 500 indios que siquiera quieren o\u00edr hablar de la extinci\u00f3n de los botocudos. &#8220;Una vez mencion\u00e9 en una entrevista que los botocudos estaban extinguidos y los krenaks se mostraron muy irritados&#8221;, cuenta Sergio Danilo Pena, que encabez\u00f3 la investigaci\u00f3n. &#8220;Su identificaci\u00f3n como descendientes de los botocudos, como ellos efectivamente son, es pol\u00edticamente muy importante para ellos, principalmente en lo atinente a las tierras, y aprend\u00ed a respetarles eso.&#8221;<\/p>\n<p>Precisamente, los aymor\u00e9s, o guerenes, eran denominaciones dadas por los blancos en el per\u00edodo colonial, explica Pena. Cuando a\u00fan habitaban los valles de los r\u00edos Jequitinhonha, Mucuri y Doce, \u00e1rea actualmente dividida por los estados de Bah\u00eda, Minas y Esp\u00edrito Santo, estos indios se refer\u00edan a si mismos por los nombres de sus tribus: engereckmoung, crakmun, nak-nanuk, peyaurum y djioporoca. M\u00e1s all\u00e1 de su presunta ferocidad, ten\u00edan en com\u00fan el aprecio por los apliques de discos de madera &#8211; los botoques, palabra que originariamente designaba a los tapones de los toneles de vino &#8211; en el labio inferior o en los l\u00f3bulos de las orejas.<\/p>\n<p>El rescate de los botocudos al cual Pena se dedica se deriva de uno de sus trabajos m\u00e1s conocidos, que constat\u00f3 que la poblaci\u00f3n actual de Brasil, al menos en lo que se refiere a las ascendencias maternas, es una de las m\u00e1s\u00a0 \u00e9tnicamente cruzadas del mundo: 39% de contribuci\u00f3n europea, 33% india y 28% africana. Ese trabajo, publicado en 2000 en el American Journal of Human Genetics, se basaba en el an\u00e1lisis del ADN de las mitocondrias (mtDNA), una estructura permanente envuelta en una membrana celular que se transmite solo de la madre a los hijos e hijas (cuyos patrones y mutaciones permiten reconstruir as\u00ed las llamadas ascendencias maternas).<\/p>\n<p>Al estudio de 2000 le sigui\u00f3 otro, publicado en 2003 en el Proceedings of the National Academy of Sciences. Pena demostraba en \u00e9ste la total desvinculaci\u00f3n entre la asignaci\u00f3n de la raza con base a las caracter\u00edsticas f\u00edsicas, por un lado, y los marcadores gen\u00e9ticos de car\u00e1cter ancestral africano, por el otro (en este caso se emplearon extractos de ADN nuclear autos\u00f3mico, que no se involucran en la determinaci\u00f3n del sexo). Dicho de otro modo, una persona identificada como negra no necesariamente tiene genes t\u00edpicos de ancestros africanos, y tampoco la presencia de esos indicadores asegura la clasificaci\u00f3n social como integrante de la raza negra. Dicho estudio dio que hablar, pues cobr\u00f3 estado p\u00fablico inmediatamente despu\u00e9s de que el entonces candidato a presidente Luiz In\u00e1cio Lula da Silva afirmara en un debate televisivo que la ciencia ten\u00eda instrumentos para distinguir negros de blancos.<\/p>\n<p>Uno de los grupos de muestras empleados en este trabajo proven\u00eda de Queixadinha, distrito de Cara\u00ed, una localidad de 20 mil habitantes ubicada en la misma regi\u00f3n de los botocudos. Se trata de un poblado olvidado, con pocas centenas de habitantes y de dif\u00edcil acceso por caminos de tierra. Pena vio en ese aislamiento la oportunidad de poner en pr\u00e1ctica aquello que denomina b\u00fasqueda y selecci\u00f3n homop\u00e1trica, es decir, la b\u00fasqueda de pistas gen\u00e9ticas de los botocudos entre los habitantes actuales de la misma \u00e1rea que ellos ocupaban.<\/p>\n<p>Si existiesen vestigios de ADN botocudo en la poblaci\u00f3n actual, es cierto que estar\u00edan en el mtADN &#8211; y no en los cromosomas Y, que pasan de generaci\u00f3n a generaci\u00f3n solamente entre los varones (y son por ello \u00fatiles para reconstituir ascendencias paternas). Al fin y al cabo, el patr\u00f3n consagrado de genocidio y limpieza \u00e9tnica implica exterminar a los hombres y absorber a las mujeres. En las genealog\u00edas masculinas brasile\u00f1as, la contribuci\u00f3n es casi exclusivamente del colonizador europeo (el 98% del total): la investigaci\u00f3n en el cromosoma Y de brasile\u00f1os de hoy va a revelar sobre todo marcadores heredados de los se\u00f1ores portugueses, mientras que en el mtADN es posible encontrar la herencia gen\u00e9tica de las mujeres indias y negras que los colonizadores tomaban para s\u00ed.<\/p>\n<p>Se analizaron muestras de 274 personas sin parentesco materno de tres generaciones, divididas en tres grupos: 74 de Queixadinha, 100 de otras ciudades de los valles de Jequitinhonha, Mucuri y Doce, y 100 de ciudades de la zona de selva del estado de Minas Gerais, una regi\u00f3n m\u00e1s al sur, donde no hay registro de aymor\u00e9s, s\u00f3lo de las etnias pur\u00ed y coronado, tambi\u00e9n \u00e9stas desaparecidas. Participaron en ese trabajo Fl\u00e1via Parra, tambi\u00e9n de la UFMG, que actualmente hace su posdoctorado en la Southwest Foundation for Biomedical Research, Estados Unidos, y Hans-J\u00fcrgen Bandelt, matem\u00e1tico alem\u00e1n de la Universidad de Hamburgo, que comenz\u00f3 a estudiar por hobby cuestiones estad\u00edsticas de an\u00e1lisis de ADN y se convirti\u00f3 en asiduo colaborador de Pena y de otros expertos en gen\u00e9tica.<\/p>\n<p><strong>Resultados inesperados<br \/>\n<\/strong>El an\u00e1lisis tom\u00f3 como base la secuencia de extractos espec\u00edficos de los alrededor de 16 mil nucle\u00f3tidos que componen el mtADN, as\u00ed como mutaciones caracter\u00edsticas adquiridas por poblaciones amerindias despu\u00e9s de la principal entrada de seres humanos en el Nuevo Mundo, provenientes de Asia, en alg\u00fan momento (o m\u00e1s de uno) hace entre 12 mil y 18 mil a\u00f1os. El an\u00e1lisis del n\u00famero y del tipo de diferencias encontradas permite aglomerar las muestras en grupos llamados haplotipos. Entre los indios de las Am\u00e9ricas, los haplotipos m\u00e1s comunes se designan como A, B, C y D.<\/p>\n<p>Pena, Fl\u00e1via y Bandelt encontraron cosas intrigantes en Queixadinha. En primer lugar, la predominancia del haplotipo C, cuando el m\u00e1s com\u00fan en el mtADN de origen amerindio de Minas Gerais son los haplotipos A y B. Al margen de ello, dos linajes encontrados en el poblado, uno en tres individuos y otro en cinco, nunca hab\u00edan sido descritos en poblaciones actuales de indios de Am\u00e9rica. La alta frecuencia sugiere que esos linajes maternos ser\u00edan caracter\u00edsticas de los botocudos que habitaban la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s en la historia de los botocudos tiene un componente adicional. Relatos hist\u00f3ricos y restos preservados en el Museo Nacional de R\u00edo de Janeiro) indican que esa etnia pose\u00eda la morfolog\u00eda craneana m\u00e1s similar a la de los esqueletos conocidos como hombres de Lagoa Santa, grupo del sitio de Minas Gerais que incluye los restos de Luzia, los m\u00e1s antiguos restos de un ser humano de toda Am\u00e9rica. Esa morfolog\u00eda, del tipo negroide, es distinta de la predominante entre amerindios de origen inequ\u00edvocamente asi\u00e1tico, y es uno de los enigmas por solucionar sobre c\u00f3mo se pobl\u00f3 Am\u00e9rica. &#8220;Con algo de suerte, esta estrategia podr\u00eda llevarnos a algunas inferencias gen\u00e9ticas sobre el Hombre de Lagoa Santa, pero eso a\u00fan es altamente especulativo&#8221;, destaca Pena.<\/p>\n<p>&#8220;Nuestro objetivo primordial era probar una estrategia del uso de las poblaciones modernas como un repositorio de secuencias mitocondriales de grupos conquistados y extinguidos&#8221;, afirma el experto en gen\u00e9tica de la UFMG. &#8220;La primera etapa es el uso de poblaciones modernas con localizaci\u00f3n geogr\u00e1fica apropiada para identificar secuencias mitocondriales candidatas. La segunda etapa, que estamos llevando a cabo ahora, es de un intento de evaluaci\u00f3n de los resultados de la primera.&#8221;<\/p>\n<p>En otras palabras, los genetistas a\u00fan pretenden obtener una confirmaci\u00f3n directa de que los linajes maternos identificados en Queixadinha son efectivamente f\u00f3siles de genes botocudos enterrados en las c\u00e9lulas de descendientes vivos. Para lograrlo, est\u00e1n preparando el an\u00e1lisis del ADN de dos decenas de dientes de botocudos cedidos por el Museo Nacional.<\/p>\n<p><strong>En las pampas <em>ga\u00fachas<br \/>\n<\/em><\/strong>&#8220;Se trata de un enfoque hist\u00f3rico muy interesante. Es lo mismo que estamos haciendo aqu\u00ed en el sur, con los charr\u00faas&#8221;, afirma Francisco Mauro Salzano, de la Universidad Federal de R\u00edo Grande del Sur (UFRGS), pionero en el estudio gen\u00e9tico de poblaciones ind\u00edgenas. Salzano se refiere al trabajo de su colaboradora Maria C\u00e1tira Bortolini, que coordina un mapeamento similar del mtADN en la pampa <em>ga\u00facha<\/em>, con la colaboraci\u00f3n de Andrea Marrero.<\/p>\n<p>La regi\u00f3n fue escogida por Salzano y Maria C\u00e1tira debido a que es el origen del elemento \u00e9tnico-cultural <em>gaucho<\/em>\u00a0(ponchos y boleadoras, por ejemplo), que mucho debe a los pueblos ind\u00edgenas extinguidos, como los minuanos y los charr\u00faas. Estos pueblos, que hablaban dialectos comprensibles por unos y otros, componen aquello que Maria C\u00e1tira llama gran etnia charr\u00faa. La investigadora cree que esta asimilaci\u00f3n fue m\u00e1s que cultural, por haber encontrado su marca gen\u00e9tica distintiva entre los sure\u00f1os que hoy en d\u00eda habitan esa pampa. Una vez m\u00e1s, en forma de haplotipos C del mtADN &#8211; muy raros entre los otros pueblos ind\u00edgenas del Sur de Brasil, como los guaran\u00edes, pero abundantes entre indios de la Patagonia y de la Tierra del Fuego, en el extremo sur del continente.<\/p>\n<p>Maria C\u00e1tira, al igual Pena, tambi\u00e9n se aboca a la\u00a0 b\u00fasqueda de una comprobaci\u00f3n directa de que sus haplotipos C son testimonios gen\u00e9ticos de antiguos charr\u00faas. Para ello cuenta con la ayuda de un sacerdote y arque\u00f3logo, el padre Pedro Ignacio Schmitz, del Instituto Anchietano de Investigaciones de la Universidad Vale do Rio dos Sinos\u00a0 (Unisinos), con sede en S\u00e3o\u00a0 Leopoldo, R\u00edo Grande del Sur, de una especialista uruguaya en gen\u00e9tica, M\u00f3nica Sans, de la Universidad Nacional de Montevideo, y de un jefe charr\u00faa muerto hace m\u00e1s de un siglo y medio de inanici\u00f3n y depresi\u00f3n: Vaimac\u00e1 Per\u00fa.<\/p>\n<p>De Schmitz, Maria C\u00e1tira obtuvo partes de la mand\u00edbula y del cr\u00e1neo de un entierro arqueol\u00f3gicamente caracterizado como charr\u00faa. Sin embargo, mayor expectativa est\u00e1 puesta en la colaboraci\u00f3n con M\u00f3nica. La colega uruguaya obtuvo muestras de huesos de Per\u00fa despu\u00e9s de que ellos fueron repatriados de Francia a Uruguay en 1998, pero antes de que se aprobara en el vecino pa\u00eds la legislaci\u00f3n que proh\u00edbe el estudio de los restos de Vaimac\u00e1 Per\u00fa. &#8220;Es una historia extraordinaria&#8221;, dice ella sobre la vida de Per\u00fa, reconstituida en un libro del antrop\u00f3logo franc\u00e9s Paul Rivet, Les derniers charruas (Los \u00faltimos charr\u00faas).<\/p>\n<p>El jefe Vaimac\u00e1 Per\u00fa estaba preso en Montevideo en el a\u00f1o de 1832, luego de que su pueblo participara de varias escaramuzas regionales, una veces en el bando brasile\u00f1o, otras en el bando uruguayo. Un ciudadano franc\u00e9s conocido solamente como Monsieur de Curel pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para llevar ejemplares charr\u00faas para su exposici\u00f3n p\u00fablica en Francia y recibi\u00f3 como regalo a Per\u00fa, al guerrero Tacuab\u00e9 y a su mujer Guyunusa y al cham\u00e1n Senaqu\u00e9. Llevados en 1833 a Par\u00eds, no duraron mucho. La pareja tuvo una hija, Michaela, pero no se sabe qu\u00e9 se hizo de ella, ni de su padre. Los otros tres murieron en menos de un a\u00f1o de cautiverio y sus restos fueron mantenidos en el Museo de Historia Natural de Par\u00eds hasta el 1998, cuando las gestiones del gobierno uruguayo desembocaron su repatriaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Maria C\u00e1tira, Monica ya hab\u00eda hecho el an\u00e1lisis del ADN y confirmado de forma preliminar los mismos haplotipos C similares a los de la pampa brasile\u00f1a. Lo ideal, seg\u00fan la brasile\u00f1a, ser\u00eda que los resultados pudiesen replicarse en un laboratorio independiente fuera del Uruguay. Con todo, debido a las leyes que prohiben los estudios con los restos de Per\u00fa, esta parte del trabajo puede ser perjudicada. La genetista <em>ga\u00facha<\/em>,\u00a0 lamenta este tipo de restricci\u00f3n a la investigaci\u00f3n. &#8220;El mayor homenaje que se le podr\u00eda hacer a Vaimac\u00e1 Per\u00fa&#8221;, dice Maria C\u00e1tira, &#8220;es rescatar la memoria y la historia de su pueblo&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Estudios realizados en villas de Minas Gerais y en las pampas de R\u00edo Grande do Sul revelan la existencias de descendientes de indios desaparecidos, como los aimor\u00e9s y los charr\u00faas","protected":false},"author":187,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[502],"class_list":["post-78645","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78645","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/187"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78645"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78645\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78645"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78645"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78645"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78645"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}