{"id":78665,"date":"2005-02-01T00:00:00","date_gmt":"2005-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/02\/01\/la-noche-en-el-serton\/"},"modified":"2015-02-03T17:23:13","modified_gmt":"2015-02-03T19:23:13","slug":"la-noche-en-el-serton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-noche-en-el-serton\/","title":{"rendered":"La noche en el sert\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Cuando cae la noche, los murci\u00e9lagos copan los cielos de la zona geogr\u00e1fica del nordeste de Brasil conocida como Caatinga. No lo hacen en busca de sangre, incluso porque las especies hemat\u00f3fagas son una minor\u00eda entre estos mam\u00edferos, sino de n\u00e9ctar especialmente el de las flores de los cactus que se abren al llegar el crep\u00fasculo, blancas o verdosas, y sobresalen en la oscuridad. Los murci\u00e9lagos, menos numerosos entre los polinizadores de otros ecosistemas brasile\u00f1os, corresponden al 13% de los animales que, al transportar el polen, aseguran la reproducci\u00f3n de plantas del semi\u00e1rido brasile\u00f1o. Quedan atr\u00e1s \u00fanicamente de las abejas y los colibr\u00edes, de acuerdo con un estudio llevado a cabo por un equipo de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), que evalu\u00f3 las peculiaridades y la frecuencia de la polinizaci\u00f3n en 147 especies vegetales de la Caatinga ?desde \u00e1rboles hasta plantas rastreras. En el Sabana, en restingas y en los bosques h\u00famedos, los murci\u00e9lagos generalmente se encuentran al final de la lista de polinizadores, con un porcentaje hasta diez veces menor, detr\u00e1s incluso de las avispas, los abejorros, las mariposas y las moscas.<\/p>\n<p>Atra\u00eddos probablemente por la abundancia de cactus o por las cavernas, estos animales impresionantes asumen el papel de angelical cupido en medio a la flora del semi\u00e1rido. En este caso, la flecha es su prolongado hocico, y el blanco, el estigma la estructura de la flor que recibe el polen, un polvo fino formado por las c\u00e9lulas reproductoras masculinas, liberado por columnas llamadas anteras. En busca de n\u00e9ctar, un l\u00edquido rico en az\u00facares que les sirve de alimento, los murci\u00e9lagos nectar\u00edvoros estiran su estrecha lengua, cil\u00edndrica y rojiza, en cuya punta hay mechones de pelos cortos llamados papilas, y acaban rozando el polen con el hocico o con otras partes del cuerpo. Adherido a la piel del murci\u00e9lago, dicho polen es de esta manera transportado hasta el \u00f3rgano reproductor femenino de las flores. \u00c9ste depende casi siempre de un agente externo ?el viento, un animal o el agua? para llegar al estigma de la misma flor o de otra: es all\u00ed cuando las c\u00e9lulas masculinas y femeninas se encuentran y se concreta la fertilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta manera el murci\u00e9lago entra en el ciclo de vida de los cactus, que pertenecen a una de las tres familias de plantas m\u00e1s abundantes de la Caatinga, con 41 especies end\u00e9micas o restringidas a este ecosistema, el \u00fanico exclusivamente brasile\u00f1o, esparcido por 800 mil kil\u00f3metros cuadrados del interior de la regi\u00f3n nordeste del pa\u00eds. Todo entre ambos, murci\u00e9lagos y cactus, parece encajarse, en medio a un intrincado rompecabezas evolutivo. Las flores de muchas especies de cactus son nocturnas, as\u00ed como los murci\u00e9lagos, y sus colores son claros, ya que al oscuro, el rojo y el anaranjado tendr\u00edan poca diferencia para estos animales, que no tienen una visi\u00f3n aguzada.<\/p>\n<p>Pero el aroma constituye efectivamente su gran atractivo. El olfato de los murci\u00e9lagos es m\u00e1s desarrollado que la visi\u00f3n, por eso el olor fuerte y dulce de las flores de los cactus, que es empalagoso para nosotros, es m\u00e1s eficaz que los colores, dice la bi\u00f3loga Isabel Cristina Machado, coordinadora del estudio, realizado conjuntamente con Ariadna Lopes, tambi\u00e9n de la UFPE, y publicado en la revista brit\u00e1nica Annals of Botany. Estos mam\u00edferos voladores tienen tambi\u00e9n los dientes incisivos atrofiados, lo que facilita el paso de la extensa lengua con que extraen el dulce n\u00e9ctar. Tal es el caso del Glossophaga soricina, un murci\u00e9lago peque\u00f1o pesa alrededor de 10 gramos de pelaje marr\u00f3n oscuro y alrededor de 20 cent\u00edmetros de envergadura. Parece un rat\u00f3n con alas.<\/p>\n<p><strong>Miedo y fr\u00edo<br \/>\n<\/strong>Las fotos destinadas a registrar e identificar a los murci\u00e9lagos fue una prueba de fuego para Isabel, que no oculta el miedo que en ocasiones \u00e9stos le provocaban: Hab\u00eda momentos en que, de tan cerca que estaban, yo pensaba que iban chocarse conmigo. Otros momentos dif\u00edciles que ella y Ariadna pasaron fueron las continuas horas de observaci\u00f3n a la noche, cuando hace fr\u00edo en el sert\u00f3n. Nos daba tort\u00edcolis de tanto mirar hacia la flor fijamente, para no perder la foto en caso de que surgiera un visitante, pues esto duraba apenas fracciones de segundo, dice Isabel. Ella y Ariadna confirmaron los procesos de polinizaci\u00f3n de 99 especies de plantas en tres \u00e1reas de Caatinga de Pernambuco: los alrededores de la localidad de Alagoinha, a 200 kil\u00f3metros de la costa; el Parque Nacional de Vale do Catimbau, en Bu\u00edque, a 285 kil\u00f3metros de la costa; y una reserva de la estaci\u00f3n experimental de la Empresa Pernambucana de Investigaci\u00f3n Agropecuaria con sede en Serra Talhada, a 700 kil\u00f3metros de Recife.<\/p>\n<p>Una \u00fanica flor de xiquexique (Pilosocereus gounellei) o de facheiro (Pilosocereus pentaedrophorus), especies exclusivas de la Caatinga, o de cualquier otro cactus quiropter\u00f3filo polinizado por murci\u00e9lagos, produce hasta 200 microlitros de n\u00e9ctar por d\u00eda, un volumen entre 50 y m\u00e1s de 100 veces mayor que el emanado por otras plantas, que, al ser parsimoniosas, brindan a sus polinizadores solamente de 3 a 5 microlitros del dulce alimento. Esta cantidad de n\u00e9ctar de las flores de cactus es una recompensa por la visita del murci\u00e9lago, un polinizador que es mucho mayor y requiere m\u00e1s alimento que una abeja, ejemplifica Isabel.<br \/>\nEl goloso murci\u00e9lago s\u00f3lo es rival para el picaflor, otro polinizador de la flora del semi\u00e1rido, que se repone del esfuerzo de vuelo ingiriendo bastante n\u00e9ctar. Tal el caso del colibr\u00ed conocido como ermita\u00f1o chico de cola blanca (Phaethornis gounellei), una especie de pico largo y curvo, end\u00e9mica de la regi\u00f3n nordeste, encontrada en tramos de la Caatinga de los estados de Piau\u00ed a Bah\u00eda, que suele visitar bromelias durante el d\u00eda. Con los colibr\u00edes la relaci\u00f3n es diferente: en lugar del aroma, tal como sucede con los murci\u00e9lagos, lo que atrae a estas aves es el color de las flores. El rojo es el color predilecto, no solamente de los picaflores, sino tambi\u00e9n de las aves en general. En tanto, las abejas parecen ser menos exigentes: visitan flores moradas, azules, amarillas, violeta y naranja.<\/p>\n<p>Pero las dos bot\u00e1nicas de Pernambuco advierten que no es posible deducir cu\u00e1l es el polinizador \u00fanicamente seg\u00fan el color de la flor. Los an\u00e1lisis m\u00e1s detallados tienen en cuenta una serie de otras caracter\u00edsticas de las flores, tales como la forma, el aroma, el tama\u00f1o, el momento del d\u00eda en que se abren y las recompensas que les brindan a los animales que transportan el polen al estigma algunas brindan tambi\u00e9n aceites florales, al margen de n\u00e9ctar. Una variable puede excluir a la otra, dice Isabel. La flor roja de una bromelia o de un cactus, que generalmente no tiene olor, est\u00e1 asociada a la polinizaci\u00f3n por picaflores y otras aves, que no tienen olfato desarrollado. Las abejas a su vez, no ven bien el rojo, pero sienten su olor.<\/p>\n<p><strong>Con las patas<br \/>\n<\/strong>Las abejas de mediano y gran porte, de 1, 2 y 3 cent\u00edmetros de longitud, van a la cabeza en la polinizaci\u00f3n de la Caatinga, donde ayudan en la fertilizaci\u00f3n del 30% de las plantas. Constituyen el principal grupo de polinizadores tambi\u00e9n en la Sabana (el 65%), en las restingas (el 41%) y en las selvas h\u00famedas como la Amazonia o el Bosque Atl\u00e1ntico (el 25%). Es tambi\u00e9n el animal que m\u00e1s emplea los recursos brindados por las flores del interior de la regi\u00f3n nordeste. Hay abejas que recolectan de todo: el n\u00e9ctar, un alimento cal\u00f3rico; el polen, rico en prote\u00ednas; aceites florales, alimento para las larvas; y resinas, usadas en la construcci\u00f3n de los nidos.<\/p>\n<p>Pero, aun as\u00ed, tienen sus particularidades. Ni los murci\u00e9lagos, ni los colibr\u00edes, ni las moscas, ning\u00fan otro polinizador recolecta aceites florales, dice Isabel. Si una planta ofrece \u00fanicamente aceites, se puede concluir que se trata de una planta cuya polinizaci\u00f3n se restringe a las abejas. De cualquier manera, no es cualquier especie: solamente las abejas de determinadas familias, como la Anthophoridae, con especies marrones y otras casi negras, cuyas piernas anteriores y las del medio poseen cerdas r\u00edgidas, que forman una especie de peine y facilitan as\u00ed la colecta de aceites producidos por las flores.<\/p>\n<p>Al cabo de decenas de observaciones de m\u00e1s de cuatro horas seguidas, que resultaron en muchas picaduras de insectos, Isabel pudo descubrir que las abejas que se posaban sobre las flores lilas, azuladas o incluso moradas de un peque\u00f1o arbusto chamado Angelonia pubescens llevaban a cabo la polinizaci\u00f3n de la planta mientras extra\u00edan aceites de la flor ubicados en dos bolsas de los p\u00e9talos. Las abejas chupan el n\u00e9ctar con la lengua, pero los aceites los llevan con las patas, observa la investigadora de Pernambuco. En ambas situaciones, la colecta del polen de las flores es pasiva, no intencional.<\/p>\n<p>La abeja Centris hyptides literalmente se encaja en la flor al recoger el n\u00e9ctar. Esta especie es marr\u00f3n, mide alrededor de un cent\u00edmetro y medio y es la \u00fanica del sert\u00f3n del nordeste brasile\u00f1o que se posa sobre la flor al recoger el aceite que est\u00e1 en los p\u00e9talos inferiores. Es como si agarrara a la flor con las patas. El torso del insecto roza el estambre la estructura masculina de la flor y conduce el polen hacia el estigma. Esta especie tiene las patas anteriores largas, una peculiaridad que la dota de mayor eficiencia para recoger aceites de las flores de Angelonia. Lo m\u00e1s com\u00fan es que, de las tres piernas que las abejas tienen de cada lado del cuerpo, las m\u00e1s largas son las del medio.<\/p>\n<p>Otra abeja exclusiva de la Caatinga adaptada a la polinizaci\u00f3n de una peque\u00f1a planta herb\u00e1cea es la Tapinotaspis nordestina, de casi un cent\u00edmetro. \u00c9sta s\u00ed tiene las patas del medio m\u00e1s largas. Es una especie que fue catalogada por el grupo de Isabel en 2002, con base en los ejemplares capturados en Bu\u00edque. Pero no fue la \u00fanica. En los dos \u00faltimos a\u00f1os, expertos en clasificaci\u00f3n de abejas les dieron nombres a otras cuatro especies hasta entonces desconocidas, con base en ejemplares que Isabel y su grupo juntaron en la Caatinga.<\/p>\n<p>La Tapinotaspis nordestina asegura la polinizaci\u00f3n de la Angelonia cornigera, una de las plantas rastreras estudiadas, al posarse en la flor a la hora de extraer aceites, en lo que parece ser una especie de abrazo. Con ese aceite, rico en l\u00edpidos (grasas), estos insectos alimentan sus larvas. Debido a situaciones como \u00e9sta, dice Isabel, la polinizaci\u00f3n a menudo no asegura la reproducci\u00f3n, no solamente das plantas, sino tambi\u00e9n de los propios polinizadores.<\/p>\n<p>No obstante, esta dependencia de una determinada flor con relaci\u00f3n a una especie de animal y viceversa, es m\u00e1s bien la excepci\u00f3n y no la regla. Lo que predomina es una relaci\u00f3n generalista. Es decir, una planta es ornit\u00f3fila (polinizada por aves), pero a sus flores no las visita \u00fanicamente una especie de ave. En la mayor\u00eda de los casos, explica la investigadora, la dependencia no es de uno a uno, sino de un grupo de animales con relaci\u00f3n a una planta o grupo de plantas. Los picaflores, por ejemplo, generalmente no polinizan a una \u00fanica especie, sino a varias. Muchas veces, la propia estructura de reproducci\u00f3n de las plantas, especialmente cuando las flores son m\u00e1s abiertas, permite la polinizaci\u00f3n por m\u00e1s de un grupo de animales. Se trata de una estrategia de supervivencia, porque, cuanto m\u00e1s espec\u00edfico es el polinizador, menos posibilidades tiene la planta de reproducirse si \u00e9ste se extingue.<\/p>\n<p>Las orqu\u00eddeas son una excepci\u00f3n, pues son polinizadas por grupos espec\u00edficos de abejas y mantienen sus flores abiertas hasta un mes, cuando lo habitual es que las flores duren una ma\u00f1ana o una noche. Sin embargo, hay algo en lo que las orqu\u00eddeas son igualitas a las casi mil especies de plantas conocidas de la Caatinga, a las de los otros ecosistemas y a las de nuestros jardines: luego de recibir la visita del polinizador, se marchitan y dejan caer sus p\u00e9talos. El mantenimiento de una flor abierta y atractiva durante d\u00edas y noches al hilo requiere mucha energ\u00eda.<br \/>\nSi esa dosis extra de energ\u00eda de por s\u00ed exige mucho a las plantas en ambientes h\u00famedos, ni qu\u00e9 decir en la Caatinga, donde llueve de 500 a 900 mil\u00edmetros por a\u00f1o, menos de la mitad que las precipitaciones anuales del Bosque Atl\u00e1ntico. Durante la \u00e9poca de sequ\u00eda, que se extiende por alrededor de seis meses, de julio a diciembre, muchas plantas pierden las hojas como forma de reducir la transpiraci\u00f3n y resistir a la falta de agua. Pero, precisamente en esa \u00e9poca, es cuando la floraci\u00f3n puede ser m\u00e1s exuberante. El resultado es un espect\u00e1culo de puntos rojos, amarillos y lilas en medio al gris de las ramas y troncos secos de los \u00e1rboles.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Los proyectos<\/strong><br \/>\n<em>S\u00edndromes de polinizaci\u00f3n, sistemas sexuales y recursos florales de especies de la Caatinga de Pernambuco y Sistemas de polinizaci\u00f3n de especies existentes en la vegetaci\u00f3n de la Caatinga: ornitofilia y quiropterofilia<br \/>\n<\/em><strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong>Auxilio a la Investigaci\u00f3n (Facepe) y Beca de Productividad en Investigaci\u00f3n\/ CNPq<br \/>\n<strong>Coordinadora<br \/>\n<\/strong>Isabel Cristina Machado &#8211; UFPE<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong>R$ 11.023,00 (Facepe) y R$ 24.000,00 (CNPq)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Bot\u00e1nicas del estado de Pernambuco echan luz sobre las peculiaridades de la polinizaci\u00f3n en la regi\u00f3n conocida como Caatinga","protected":false},"author":152,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[466],"class_list":["post-78665","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78665","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/152"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78665"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78665\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78665"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78665"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78665"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78665"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}