{"id":78673,"date":"2005-02-01T00:00:00","date_gmt":"2005-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/02\/01\/al-oscuro-en-el-cinematografo\/"},"modified":"2015-02-03T17:43:45","modified_gmt":"2015-02-03T19:43:45","slug":"al-oscuro-en-el-cinematografo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/al-oscuro-en-el-cinematografo\/","title":{"rendered":"Al oscuro, en el cinemat\u00f3grafo"},"content":{"rendered":"<p>Hay que ir a los cinemat\u00f3grafos. Nada es m\u00e1s agradable. Una cinta, otra cinta y otra m\u00e1s. \u00bfNo nos agrad\u00f3 la primera Pasemos a la segunda. Uno puede salir en medio a una de ellas sin recelos, y tienen la excelente calidad de no obligar a pensar, a no ser que el caballero se empecine en tener ideas. Dicen que su mejor cualidad es precisamente \u00e9sa. As\u00ed, sin grandes predicamentos art\u00edsticos, se caracterizaba al cine en 1909 (en un art\u00edculo de Gazeta de Not\u00edcias), transcurridos de 13 a\u00f1os\u00a0 desde su estreno brasile\u00f1o, en julio de 1896, en R\u00edo de Janeiro; por cierto, un hecho ocurrido tan s\u00f3lo seis meses despu\u00e9s de la premi\u00e9re mundial del nuevo medio en Francia. En aquellos tiempos no se hablaba de s\u00e9ptimo arte. Hasta la Primera Guerra Mundial, el cine en Brasil era una experiencia cultural cerrada en s\u00ed misma, en un cruzamiento de pr\u00e1cticas del siglo XIX con otras del XX, explica Jos\u00e9 In\u00e1cio de Melo Souza, autor de Imagens do passado: S\u00e3o Paulo e Rio de Janeiro nos prim\u00f3rdios do cinema, un libro editado ahora por Senac y fruto de un proyecto que cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP.<\/p>\n<p>Las condiciones iniciales eran realmente paup\u00e9rrimas. Yo no me acuerdo, pues era muy chico, d\u00f3nde quedaba el local de proyecci\u00f3n. Hab\u00eda en el fondo un rect\u00e1ngulo de pa\u00f1o blanco de unos tres metros por dos, que era cuidadosamente mojado antes de la exhibici\u00f3n (para tranquilizar a los espectadores, que tem\u00edan incendios). Una mujer gorda, sentada en una silla junto al pa\u00f1o, de voz cantada, iba explicando las cenas que se refractaban en la pantalla, apunt\u00f3 Menotti del Picchia, describiendo as\u00ed una de las primeras sesiones de lo que en ese entonces llevaba el nombre omniographo. A diferencia de los p\u00fablicos europeo y norteamericano, que hu\u00edan aterrorizados ante las im\u00e1genes de La llegada del tren a la estaci\u00f3n, de los hermanos Lumi\u00e8re, las plateas brasile\u00f1as ve\u00edan todo con elegante nonchalance, aunque m\u00e1s no fuera para mostrar que ya conoc\u00edan la novedad francesa y no eran campesinos culturalmente. Lo que asustaba al p\u00fablico brasile\u00f1o no eran los trenes, sino los rateros, pues en la negra oscuridad que se apodera de la sala durante la proyecci\u00f3n, es muy f\u00e1cil que los amigos de lo ajeno se dediquen a su trabajo de alzarse con lo que no les pertenece, advert\u00eda un diario de la \u00e9poca. O las estocadas er\u00f3ticas de los apoyadores, que se aprovechaban del oscuro para tocar a las muchachas, entretenidas con la acci\u00f3n en las pantallas.<\/p>\n<p>En la recepci\u00f3n, blas\u00e9, es donde nos mostramos diferentes, espectadores m\u00e1s porosos a lo que viene del exterior, y aunque la narrativa del cine estadounidense es hoy en d\u00eda dominante, el mercado brasile\u00f1o recibe con agrado las im\u00e1genes de otros pa\u00edses. Somos m\u00e1s abiertos al exterior que los norteamericanos, y esto, contradictoriamente, nos hace m\u00e1s cosmopolitas que ellos, que son los due\u00f1os del mundo, eval\u00faa Melo Souza. Y no sin raz\u00f3n, pues el cine surgi\u00f3 en Brasil como un despliegue natural de la modernizaci\u00f3n del pa\u00eds. Su aparici\u00f3n por ac\u00e1 no fue un resultado mec\u00e1nico, sino que deriv\u00f3 de la lenta construcci\u00f3n de un espacio p\u00fablico. La ciudad modernizada estimul\u00f3 a las familias a disfrutar de ese espacio, con lo cual \u00e9sta de volvi\u00f3 m\u00e1s consciente de sus derechos de circular por la calle con seguridad, para aprovechar sus horas de esparcimiento, recuerda el investigador.<\/p>\n<p>El cinema de los albores se dirig\u00eda a una elite de espectadores; y actualmente sobrevive pura y exclusivamente gracias a ella. La consecuencia de ello es clara: la naci\u00f3n era importadora, y la idea de que el cine solamente pod\u00eda ser extranjero, adoptada por las clases dirigentes, se propagaba por amplios sectores de la opini\u00f3n p\u00fablica, permaneciendo entre nosotros como el m\u00e1s tenaz resquicio de la mentalidad que emanaba del pa\u00eds subdesarrollado, asevera el autor. Seg\u00fan \u00e9ste, \u00e9ramos subdesarrollados porque el mercado cinematogr\u00e1fico hab\u00eda sido creado por y para las pel\u00edculas extranjeras. La nonchalance para con la llegada del cine era un reflejo de una incuria peligrosa con lo nacional. Las pel\u00edculas extranjeras segu\u00eda siendo el alimento del imaginario del espectador brasile\u00f1o, en tanto que las cintas nacionales era su reproducci\u00f3n degradada para consumo interno. All\u00ed donde hab\u00eda mercado abierto, hab\u00eda mercaderes, y \u00e9stos, en sus principios se llamaban Path\u00e9, Nordisk, Vitagraph, Biograph; y m\u00e1s tarde, con la invasi\u00f3n hollywoodeana, Paramount, Warner y Columbia, entre otros.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo, el pa\u00eds se civilizaba, y civilizaci\u00f3n era sin\u00f3nimo de extranjero. De all\u00ed tambi\u00e9n la concentraci\u00f3n inicial del nuevo medio en las incipientes metr\u00f3polis urbanas, en especial S\u00e3o Paulo y R\u00edo. Al comienzo, las exhibiciones no contaban con locales fijos, muy a los moldes de lo que suced\u00eda en Francia. Pero en 1897, un inmigrante italiano llamado Paschoal Segreto cre\u00f3 la primera sala de proyecci\u00f3n cinematogr\u00e1fica: el Sal\u00f3n de Novedades Par\u00eds, en R\u00edo. En poco tiempo m\u00e1s, el cine se convirti\u00f3 en furor. En 1907, solamente en la capital federal, entre agosto y diciembre surgieron 22 nuevas salas. Esa eclosi\u00f3n de espacios dio m\u00e1s fuerza a\u00fan a la importaci\u00f3n de films extranjeros. Pero, por un corto lapso de tiempo, de cuatro a\u00f1os, entre 1907 y 1911, hubo espacio para el surgimiento de una producci\u00f3n cinematogr\u00e1fica nacional: la llamada Bela \u00c9poca del cine brasile\u00f1o. Con todo, los temas no eran de gran vuelo, y variaban entre actualidades y pel\u00edculas que mostraban cr\u00edmenes, como Os estranguladores, de Ant\u00f4nio Leal, que con casi 40 minutos de proyecci\u00f3n, fue exhibida m\u00e1s de 800 veces. Igualmente atra\u00edan a multitudes las pel\u00edculas pornogr\u00e1ficas exhibidas por Segreto, que se anunciaban con la salvedad de tratarse de un espect\u00e1culo completo, del cual no pueden participar se\u00f1oritas ni menores, tal como advert\u00eda el diario O Pa\u00eds. Tambi\u00e9n eran inspiraci\u00f3n para el cine local la espectacularizaci\u00f3n de las vidas cariocas y paulistas. Varios remeros nos escriben solicitando que los cinemat\u00f3grafos Path\u00e9, Rio Branco y Cinema Palace manden a filmar las pr\u00f3ximas regatas de domingo, ped\u00eda el columnista de O Bin\u00f3culo, quien reconoc\u00eda que las cintas nacionales son las que el p\u00fablico m\u00e1s aprecia. Incluso las batallas de papelitos en la avenida Botafogo pod\u00edan ser tema de una (otra) nueva pel\u00edcula brasile\u00f1a.<\/p>\n<p><strong>La cinta virgen<br \/>\n<\/strong>Pero la Bela \u00c9poca dur\u00f3 poco. La producci\u00f3n nacional declin\u00f3 r\u00e1pidamente y el tiro de gracia le fue asestado en 1914, con la Primera Guerra Mundial, que hizo desaparecer del mercado a la cinta virgen. La producci\u00f3n del per\u00edodo estaba vinculada a la sala de exhibici\u00f3n, y dentro de este sistema, el inter\u00e9s del mayor exhibidor, Francisco Serrador, de S\u00e3o Paulo, apuntaba a la importaci\u00f3n y distribuci\u00f3n, el coraz\u00f3n que mov\u00eda el mercado cinematogr\u00e1fico, dice el autor. La producci\u00f3n siempre fue un negocio marginal con respecto al foco principal, pues hab\u00eda una oferta mundial abundante y de bajo precio. El p\u00fablico blas\u00e9 recib\u00eda con agrado cualquier cosa. Y de cualquier lugar.<\/p>\n<p>De este modo, si bien entre 1910 y 1914 los franceses dominaban el 43% del mercado, en poco tiempo m\u00e1s los peri\u00f3dicos empezaron a elogiar al cine norteamericano. Tienen una comprensi\u00f3n m\u00e1s humana del frisson de la emoci\u00f3n que cualquier otro pueblo. Las f\u00e1bricas europeas, cuando quieren sacudir los nervios de las plateas ingenuas que van a ver sus cintas, se aferran a los actualmente c\u00e9lebres dramas sociales. El norteamericano hace las cosas de manera m\u00e1s inteligente, pues procura dotarlos de un aspecto de posibilidad y desarrollarla dentro de los l\u00edmites de una realidad perfectamente aceptable. La emoci\u00f3n es gradual, sin saltos, sin imprevistos, y el espectador inteligente comienza a sentirla como una verdad justa y veros\u00edmil.<\/p>\n<p>Entre las dos grandes guerras mundiales (cuando la industria cinematogr\u00e1fica europea entr\u00f3 en crisis), Hollywood dominar\u00e1 o mercado brasile\u00f1o, dificultando a\u00fan m\u00e1s la supervivencia del cine nacional. Los yanquis no entraron en Brasil para jugar. Al contrario que los europeos, que obligaban a los exhibidores a comprar sus pel\u00edculas, los norteamericanos abrieron la oportunidad de locaci\u00f3n de las pel\u00edculas, haciendo que el productor perdiera definitivamente el inter\u00e9s en participar en la producci\u00f3n de pel\u00edculas hechas en el pa\u00eds. En 1921, de las 1.295 pel\u00edculas censuradas en R\u00edo de Janeiro, 923 eran productos made in USA, lo que hac\u00eda que Brasil se transformara en el cuarto importador de pel\u00edculas estadounidenses. Mientras tanto, entre 1912 y 1922, algunos menguados espectadores brasile\u00f1os ten\u00edan la escasa oportunidad de ver seis pel\u00edculas made in Brazil por a\u00f1o.<\/p>\n<p>Con la supremac\u00eda de las distribuidoras norteamericanas, luego de la Primera Guerra Mundial, los importadores y exhibidores de la primera d\u00e9cada se ci\u00f1eron a una posici\u00f3n subalterna, comenta el investigador. La polifon\u00eda de voces e im\u00e1genes vigentes hasta 1916 cedi\u00f3 su lugar al discurso monocorde de la mercader\u00eda norteamericana. Si bien esto le otorg\u00f3 una cierta tranquilidad a la exhibici\u00f3n, cuyos proyectos de maduraci\u00f3n m\u00e1s largos depend\u00edan de la oferta abundante de pel\u00edculas, le quit\u00f3 la audacia que los acicateara durante los diez a\u00f1os anteriores, afirma. Se aburgues\u00f3, viviendo as\u00ed de los ingresos garantizados por un producto dispuesto en la puerta del cine. El \u00fanico sector que continu\u00f3 patinando, sin hallar su camino o un discurso coherente, fue el de los productores brasile\u00f1os de pel\u00edculas, a\u00f1ade. A punto tal que, en 1932, el gobierno de Vargas promulg\u00f3 el decreto 21.240 de nacionalizaci\u00f3n de la censura, imponi\u00e9ndole as\u00ed a la exhibici\u00f3n un complemento nacional; fue la primera medida legal de reserva de mercado para las pel\u00edculas brasile\u00f1as.<\/p>\n<p><strong>Drama<br \/>\n<\/strong>Sin embargo, no todo eran espinas en esos albores del cine en Brasil. El precio de las entradas rebaj\u00f3 y el medio se populariz\u00f3, con lo cual se abri\u00f3 espacio a una relativa democratizaci\u00f3n cultural que acerc\u00f3 a las personas comunes al drama y la comedia: gente no ten\u00eda con qu\u00e9, como para frecuentar los teatros. Y el cinemat\u00f3grafo, as\u00ed, tan modestamente, tan tranquilamente, va asumiendo cada vez m\u00e1s las proporciones de un vicio que no es prejudicial ni para las familias, ni para Serrador, afirmaba un art\u00edculo de la revista Cri-cri. Para nosotros, lo mejor de la fiesta es la espera&#8230; el avance, la lucha tremenda y tit\u00e1nica con que la multitud se agolpa en las tres puertas del sal\u00f3n para abalanzarse en la tres hileras de butacas con la misma furia con que lo har\u00eda si el cobrador anunciara nada menos que la novedad de un incendio o de un derrumbe del techo. Otro punto positivo fue la salida de los exhibidores ambulantes de R\u00edo y S\u00e3o Paulo, ante la victoria de los cines fijos. Obligados a circular por el pa\u00eds, llevaron el cine de norte a sur del pa\u00eds. El cine dejaba as\u00ed de ser una caracter\u00edstica de los grandes centros urbanos, una de sus pruebas de civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero era no s\u00f3lo eso. Los m\u00e9dicos, que durante a\u00f1os entablaron una puja contra la ceguera del cine, supuestamente provocada por los problemas decurrentes de la fijaci\u00f3n de la imagen (Las escenas de la vida humana aparecen deformadas por el temblor convulsivo de la cinta, como si fueran acometidas de delirium tremens, en una trepidaci\u00f3n epil\u00e9ptica, en palabras de Olavo Bilac), en 1909, para la felicidad general de los espectadores, afirmaron en Gazeta Cl\u00ednica que el cine no causa lesiones oculares, aunque s\u00ed provoca otros da\u00f1os, tales como fotofobia, lagrimeo y, en los casos m\u00e1s graves, conjuntivitis. Por fin se pod\u00eda efectivamente ver tranquilamente una pel\u00edcula, sin pensar en nada.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\n<em>Cultura y mercado durante las primeras d\u00e9cadas del cine en Brasil: (1896-1916)<br \/>\n<\/em><strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong>Beca de Posdoctorado (FAPESP)<br \/>\n<strong>Coordinador<br \/>\n<\/strong>Jos\u00e9 Mario Ortiz Ramos IFCH\/ Unicamp<br \/>\n<strong>Becario<br \/>\n<\/strong>Jos\u00e9 In\u00e1cio de Melo Souza IFCH\/ Unicamp<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La industria brasile\u00f1a de pel\u00edculas siempre fue a remolque de la extranjera","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-78673","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78673","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78673"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78673\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78673"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78673"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78673"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78673"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}