{"id":78680,"date":"2005-03-01T00:00:00","date_gmt":"2005-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/03\/01\/se-acalora-el-debate\/"},"modified":"2013-03-28T16:57:16","modified_gmt":"2013-03-28T19:57:16","slug":"se-acalora-el-debate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/se-acalora-el-debate\/","title":{"rendered":"Se acalora el debate"},"content":{"rendered":"<p><em>State of fear<\/em>, libro de ficci\u00f3n del escritor estadounidense Michael Crichton publicado recientemente en Estados Unidos, narra una historia en que la lucha entre el bien y el mal contrapone a ambientalistas radicales, en el rol de terroristas dispuestos a matar, y un equipo liderado por una mixtura de cient\u00edfico y h\u00e9roe de pel\u00edculas de acci\u00f3n llamado John Kenner, cuyos argumentos ponen en jaque las proyecciones apocal\u00edpticas sobre los efectos de las emisiones de gases causantes del efecto invernadero en el calentamiento global. Autor del <em>best-seller Jurassic Park<\/em>, Crichton advierte que escribi\u00f3 una obra de ficci\u00f3n, sin nexo con hechos o personas reales. Pero hace una salvedad: los gr\u00e1ficos y notas de pie de p\u00e1gina, con referencias a art\u00edculos cient\u00edficos, son verdaderos. Es decir: el Dr. Kenner no existe, pero sus perturbadoras observaciones son compartidas por varios cient\u00edficos. Esto convirti\u00f3 al libro en el m\u00e1s reciente combustible del debate sobre los cambios clim\u00e1ticos, que retorn\u00f3 al orden del d\u00eda con la entrada en vigencia el mes pasado de un acuerdo diplom\u00e1tico que prev\u00e9 la reducci\u00f3n de las emisiones globales de contaminantes: el Protocolo de Kyoto.<\/p>\n<p>Los que est\u00e1n convencidos de que el planeta est\u00e1 volvi\u00e9ndose m\u00e1s c\u00e1lido en virtud de humo de las industrias y de los autom\u00f3viles deploraron la salida del libro, tal como era de esperarse. &#8220;Sus conclusiones son totalmente err\u00f3neas, como as\u00ed tambi\u00e9n su mala fe, al comparar a los ecologistas con terroristas&#8221;, dice Martin Hoffert, profesor de f\u00edsica de la Universidad de Nueva York, resumiendo as\u00ed la reacci\u00f3n de la gran mayor\u00eda de la comunidad cient\u00edfica. Pero los esc\u00e9pticos, aquellos investigadores que ponen en duda el v\u00ednculo entre el calentamiento global y la emisi\u00f3n de gases, no escondieron su satisfacci\u00f3n. &#8220;El libro es divertido y aborda la ciencia con inteligencia y responsabilidad&#8221;, dice Richard Lindzen, profesor de meteorolog\u00eda del <em>Massachusetts Institute of Technology<\/em> (MIT), que lidera la caravana de los descre\u00eddos y, se especula, sirvi\u00f3 de inspiraci\u00f3n para crear el personaje principal (el Dr. Kenner es tambi\u00e9n del MIT). La obra, que ser\u00e1 publicada en portugu\u00e9s por Editora Rocco durante el segundo semestre, produce calor y humo tambi\u00e9n en la pol\u00edtica. El senador estadounidense James Inhofe, presidente de la comisi\u00f3n del Senado que se aboca a la cuesti\u00f3n del medio ambiente, se refiri\u00f3 al libro como una &#8220;verdadera historia&#8221; de los cambios clim\u00e1ticos. Estados Unidos, la naci\u00f3n que m\u00e1s contamina el planeta, se reh\u00fasa a ratificar el Protocolo de Kyoto y\u00a0 a reducir sus emisiones.<\/p>\n<p><strong>Paradojas<\/strong> &#8211; La ficci\u00f3n de Crichton incorpora los argumentos de los esc\u00e9pticos. Los an\u00e1lisis mas contundentes son las series hist\u00f3ricas de oscilaciones de temperatura en el transcurso de las \u00faltimas d\u00e9cadas en ciudades norteamericanas \u00a0-incapaces, seg\u00fan el autor, de comprobar una tendencia de calentamiento en el mundo entero. Estad\u00edsticas del <em>United States Historical Climatology Network<\/em> muestran que en la ciudad de Pasadena, California, el aumento fue de m\u00e1s de 3\u00b0F <em>(Fahrenheit).<\/em> En tanto, en el des\u00e9rtico Death Valley, tambi\u00e9n en California, uno de los lugares m\u00e1s calurosos del mundo, el avance fue inferior a 1\u00b0F. Y varias otras localidades se volvieron m\u00e1s fr\u00edas, como McGill, estado de Nevada (1\u00b0F menos), y Truman, en Minnesota (menos 2\u00b0F). De la misma manera, la ciudad de Nueva York experiment\u00f3 un notable aumento, de casi 5\u00b0F, entre 1822 y 2000, pero en Albany, a tan s\u00f3lo 140 kil\u00f3metros de all\u00ed, la temperatura disminuy\u00f3 medio grado en el per\u00edodo. La conclusi\u00f3n de Crichton y de los esc\u00e9pticos es la siguiente: Nueva York a lo mejor se ha vuelto m\u00e1s calurosa simplemente porque se urbaniz\u00f3, un fen\u00f3meno conocido como &#8220;isla de calor&#8221;. Id\u00e9ntica paradoja despunta en gr\u00e1ficos de temperaturas de otros pa\u00edses. Datos atribuidos al Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la Nasa apuntan estabilidad en las medias de temperatura de Alice Springs, Australia, y Kamenskoe, Siberia; calentamiento en Tokio, Jap\u00f3n, y Lahore, Paquist\u00e1n; y enfriamiento en Navacerrada, Espa\u00f1a, y Stuttgart, Alemania, entre otros.<\/p>\n<p>Para los esc\u00e9pticos, tales datos constituyen una evidencia palmaria de que el calentamiento no es global y puede estar asociado a factores locales, sin v\u00ednculo con las emanaciones de carbono. Los cient\u00edficos que ven la mano del hombre en los cambios clim\u00e1ticos tienen otra interpretaci\u00f3n. &#8220;Es natural que algunas regiones se enfr\u00eden y otras se calienten, puesto que el clima est\u00e1 efectivamente sujeto a variaciones regionales y temporales -en la Amazonia, por ejemplo, observamos alteraciones regionales en el patr\u00f3n de precipitaci\u00f3n&#8221;, afirma Paulo Artaxo, investigador del Instituto de F\u00edsica de la Universidad de S\u00e3o Paulo. &#8220;Pero esa variabilidad natural no alcanza como para echar por tierra las evidencias cada vez mayores de que, en promedio, el planeta se est\u00e1 calentando&#8221;. Carlos Nobre, investigador do Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, sigla en portugu\u00e9s), a\u00f1ade: &#8220;Es posible incluso, que algunas regiones del planeta se enfr\u00eden como consecuencia del calentamiento global. En uno de los escenarios posibles, la llamada circulaci\u00f3n termo-halina se ver\u00eda interrumpida en algunos locales del oc\u00e9ano por el calentamiento, lo que podr\u00eda transformar parte de Europa en un lugar fr\u00edo como Canad\u00e1. Pero todos los modelos matem\u00e1ticos indican que la temperatura, en promedio, va a aumentar.&#8221;<\/p>\n<p>Para contraponerse a la idea de que la Ant\u00e1rtida se est\u00e1 derritiendo, Crichton presenta datos de la Nasa, obtenidos en la estaci\u00f3n climatol\u00f3gica de Punta Arenas, y muestra otra paradoja. La temperatura media de all\u00ed, levemente superior a los 6,5\u00b0C (Celsius) en 1888, ha venido descendiendo, hasta llegar los 6\u00b0C en 2004. Tambi\u00e9n hace referencia a diversos art\u00edculos cient\u00edficos que muestran que algunas regiones del continente ant\u00e1rtico son m\u00e1s c\u00e1lidas, y otras m\u00e1s fr\u00edas. Otro caldo para la resistencia del autor es el deshielo de la nieve del Kilimanjaro, en Tanzania. Crichton cita art\u00edculos que sugieren que el derretimiento es causado por la devastaci\u00f3n en la base de las monta\u00f1as, no por el calentamiento global, tanto es as\u00ed que comenz\u00f3 a registrarse a comienzos del siglo XIX. La cr\u00edtica que se le endilga a Crichton, en este caso, tiene que ver con su omisi\u00f3n de los registros que apuntan un derretimiento en los Alpes, en los Andes o en el \u00c1rtico, donde la poblaci\u00f3n de esquimales del norte de Canad\u00e1 reporta un deshielo sin precedentes en la historia. Una selecci\u00f3n de la literatura cient\u00edfica, argumentan los cient\u00edficos, puede producir resultados al parecer ciertos, pero que cuentan tan s\u00f3lo una parte de la historia.<\/p>\n<p><strong>V\u00ednculo potencial<\/strong> &#8211; Nadie duda de que la acci\u00f3n del hombre es responsable del aumento de la concentraci\u00f3n de carbono en la atm\u00f3sfera de 280 partes por mill\u00f3n antes de la Revoluci\u00f3n Industrial a 370 partes por mill\u00f3n en la actualidad -como as\u00ed tambi\u00e9n existe consenso con relaci\u00f3n a la conclusi\u00f3n de que ser\u00eda mejor reducir la emisi\u00f3n de gases que aumentan el efecto invernadero. Tambi\u00e9n existe una colecci\u00f3n de evidencias en el sentido de que el clima en el planeta atraviesa una fase de transformaciones. Publicaciones cient\u00edficas reportan un aumento medio global en la temperatura del orden de los 0,7\u00b0C. El a\u00f1o 2004 se ubic\u00f3 en cuarto lugar en lo que a calor se refiere desde que se empez\u00f3 a medir la temperatura en el mundo, en el siglo XIX. Y los tres a\u00f1os m\u00e1s c\u00e1lidos de la historia fueron registrados recientemente: 1998, 2002 y 2003. Todo eso es cierto, pero los grupos antag\u00f3nicos interpretan estos datos de manera muy distinta. La mayor\u00eda de los cient\u00edficos vislumbra un v\u00ednculo potencial entre la contaminaci\u00f3n industrial y el calentamiento. &#8220;En los \u00faltimos 30 a\u00f1os, existe una tendencia fuerte de calentamiento global y hay cada vez m\u00e1s datos que sugieren que eso tiene que ver con las emisiones de gases&#8221;, afirma James Hansen, del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la Nasa. &#8220;En ciencia, a veces es dif\u00edcil tener total certeza, pero si llegamos a un 95%, podemos actuar antes que sea tarde&#8221;, dice Paulo Artaxo.<\/p>\n<p>Con todo, el grupo de los esc\u00e9pticos recuerda que no existe una prueba definitiva de esa asociaci\u00f3n. Argumentan, por ejemplo, que el reciente calentamiento puede tener las mismas causas naturales que, en eras pasadas, produjeron ciclos de calentamiento y glaciaciones que barrieron el planeta sin ninguna acci\u00f3n humana. &#8220;Nunca se prob\u00f3 fuera de laboratorio que el calentamiento global se produzca como resultado directo del aumento de di\u00f3xido de carbono&#8221;, dice Richard Lindzen, del MIT. &#8220;Los cient\u00edficos tienen amplias evidencias f\u00f3siles que muestran que los niveles de di\u00f3xido de carbono de la atm\u00f3sfera han crecido cuando la Tierra se calent\u00f3. Pero nadie hasta ahora ha probado que el aumento del di\u00f3xido de carbono ha sido responsable de las elevaciones de temperatura en el pasado&#8221;, afirma. Los esc\u00e9pticos todav\u00eda dudan de la fiabilidad de las estad\u00edsticas. Buena parte de las medidas de temperatura obtenidas antes de la d\u00e9cada de 1970, seg\u00fan ellos dicen, puede ser err\u00f3nea, pues se registraron en \u00e1reas urbanas mediante term\u00f3metros que hoy en d\u00eda se consideran poco confiables.<\/p>\n<p>Pero la pregunta que se hace un lego a esa hora es: \u00bfc\u00f3mo puede ser que visiones tan divergentes puedan sobrevivir en el ambiente cient\u00edfico? Las dudas y los cuestionamientos son naturales en el mundo acad\u00e9mico, y es por medio de discusiones que las hip\u00f3tesis se ponen a prueba y el conocimiento avanza. &#8220;Como en muchas otras cuestiones cient\u00edficas, existen evidencias conflictivas, y los detractores de una u otra posici\u00f3n suelen emplear las evidencias que m\u00e1s convienen a sus argumentos&#8221;, dice el epidemi\u00f3logo brasile\u00f1o Ulisses Confalonieri, responsable de la comisi\u00f3n de salud del Panel Intergubernamental sobre Cambio Clim\u00e1tico (IPCC, sigla en ingl\u00e9s). El IPCC, un \u00f3rgano asesor de las Naciones Unidas para temas clim\u00e1ticos que cuenta con 1.500 miembros, es compuesto mayoritariamente por investigadores convencidos de la acci\u00f3n del hombre en el calentamiento global -reflejando as\u00ed la opini\u00f3n media de la comunidad cient\u00edfica internacional. &#8220;El IPCC no es tan taxativo como algunos cr\u00edticos platean, sino que se dedica a apuntar con claridad ciertas dudas&#8221;, dice Pedro Leite da Silva Dias, del Instituto de Astronom\u00eda, Geof\u00edsica y Ciencias Atmosf\u00e9ricas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IAG-USP). &#8220;Pero, cada cuatro a\u00f1os, cuando se difunde un nuevo estudio del IPCC, la incertidumbre disminuye.&#8221;<\/p>\n<p>En el caso del debate del efecto invernadero, la duda se explica por una limitaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n en el \u00e1rea de geof\u00edsica. &#8220;Una forma definitiva de pasar esto en limpio ser\u00eda agarrar dos planetas con atm\u00f3sferas id\u00e9nticas, aumentar la cantidad de carbono solamente en uno de ellos, y comparar los resultados&#8221;, dice el astrogeof\u00edsico Luiz Gylvan Meira Filho, profesor del Instituto de Estudios Avanzados de la USP. &#8220;Pero, debido a que es imposible aplicar el m\u00e9todo cient\u00edfico de esta forma, la soluci\u00f3n es usar modelos matem\u00e1ticos sofisticados para proyectar los cambios, que solamente sugieren tendencias&#8221;, afirma Meira. Los modelos clim\u00e1ticos, no por casualidad, son otro nexo fr\u00e1gil explotado por Michael Crichton. El escritor hace menci\u00f3n a un trabajo cient\u00edfico publicado en el a\u00f1o 2000 por el investigador estadounidense Christopher Landsea, especialista en huracanes del National Oceanic and Atmospheric Administration (Noaa), seg\u00fan el cual dichos modelos fueron incapaces de prever el fen\u00f3meno El Ni\u00f1o, observado entre los a\u00f1os de 1997 y 1998. &#8220;Nadie sabe cu\u00e1nto subir\u00e1 la temperatura en los pr\u00f3ximos cien a\u00f1os. Los modelos computacionales tienen resultados con variaciones de 400%, una se\u00f1al de que cualquier pron\u00f3stico es posible y nadie sabe de qu\u00e9 est\u00e1 hablando&#8221;, dice Crichton. &#8220;Es natural que los modelos clim\u00e1ticos tengan resultados variados&#8221;, rebate Carlos Nobre, del Inpe. &#8220;Es el mejor instrumento que tenemos. Se emplean en meteorolog\u00eda y nadie los descalifica porque no se logre decir exactamente d\u00f3nde caer\u00e1 la lluvia. Al contrario, estamos aprendiendo a interpretar dichas variaciones&#8221;, afirma. Pedro Leite da Silva Dias, del IAG, tambi\u00e9n defiende el uso de modelos: &#8220;\u00bfC\u00f3mo convivir con la incertidumbre? Por ejemplo, usando aquello que se denomina actualmente previsi\u00f3n por conjunto, donde un gran n\u00famero de simulaciones, con diferentes modelos, se usa para generar posibles escenarios. La media de dicho conjunto se ubica mucho m\u00e1s cerca de la realidad que cualquier modelo aislado&#8221;.<\/p>\n<p>En la vida real, los embates entre ambos grupos son frecuentes y, a veces, producen golpes bajos. Dos estad\u00edsticos australianos catalogaron recientemente como una exageraci\u00f3n a las proyecciones de crecimiento econ\u00f3mico de los pa\u00edses pobres contenidas en los pron\u00f3sticos de calentamiento global. Fueron acusados de pertenecer al grupo de los &#8220;esc\u00e9pticos&#8221;, lo que, en el vocabulario de los contendores, contempla la insinuaci\u00f3n de recibir dinero de las industrias contaminantes para enturbiar el debate. En febrero, los esc\u00e9pticos promovieron un encuentro en Inglaterra en la misma semana que los representantes del otro grupo se reun\u00edan con el premier brit\u00e1nico, Tony Blair.<\/p>\n<p>El propio IPCC fue escenario de una reciente pelea p\u00fablica. Kevin Trenberth, jefe del comit\u00e9 sobre huracanes, sugiri\u00f3 un nexo entre los cambios clim\u00e1ticos y la oleada de poderosos huracanes que barri\u00f3 el planeta el a\u00f1o pasado. Christopher Landsea, el mismo citado en el libro de Crichton por la cr\u00edtica a los modelos de El Ni\u00f1o, renunci\u00f3 a su cargo en el panel, en protesta contra lo que caracteriz\u00f3 como una &#8220;manipulaci\u00f3n pol\u00edtica&#8221;. &#8220;Trenberth no tiene elementos para afirmar eso. Por causa de sus declaraciones, la neutralidad del IPCC se ha perdido&#8221;, dijo Landsea. Trenberth acus\u00f3 a Landsea de perfilarse entre los esc\u00e9pticos. Pero luego se retract\u00f3 entre sus pares. Explic\u00f3 que los cambios de clima podr\u00edan haber afectado la intensidad de los huracanes, debido a las temperaturas oce\u00e1nicas m\u00e1s elevadas, pero no as\u00ed la cifra de eventos. En <em>State of fear<\/em>, Crichton muestra estad\u00edsticas que sugieren que el pico de huracanes en Estados Unidos en las \u00faltimas d\u00e9cadas se registr\u00f3 en los a\u00f1os 1940.<\/p>\n<p><em>&#8220;Una mala inversi\u00f3n&#8221;<\/em>\u00a0&#8211; El debate recrudece cuando deja el \u00e1mbito cient\u00edfico y deriva hacia la discusi\u00f3n pol\u00edtica de las consecuencias econ\u00f3micas de la reducci\u00f3n de la emisi\u00f3n de gases. El Protocolo de Kyoto, una gran conquista del movimiento ambientalista y cient\u00edfico, que entr\u00f3 en vigencia el mes pasado, es uno de los focos de discordia. Michael Crichton verbaliza uno de los argumentos de los esc\u00e9pticos. Cita como referencia un art\u00edculo de la revista<em> Nature<\/em> de octubre de 2003, seg\u00fan el cual el efecto del protocolo ser\u00e1 una reducci\u00f3n de la temperatura de 0,02\u00b0C hasta 2050. Las estimaciones del IPCC son m\u00e1s altas, pero ninguna excede 0,15\u00b0C. Los datos son reales, pero no debilitan el \u00e1nimo de los defensores del acuerdo. &#8220;Kyoto puede tener efectos imperceptibles en el clima, pero se trata del primer instrumento diplom\u00e1tico importante para reducir las emisiones de gases. Es un primer paso, al que le seguir\u00e1n otras iniciativas m\u00e1s amplias en el futuro pr\u00f3ximo&#8221;, dice Paulo Artaxo, de la USP. Los modelos sugieren que, para obtener un efecto significativo en el clima, ser\u00eda necesario reducir hasta un 60% las emisiones de gases, un precio que ning\u00fan pa\u00eds pretende pagar actualmente. &#8220;Lo esencial del Protocolo de Kyoto es que est\u00e1 derivando en la creaci\u00f3n de un nuevo paradigma tecnol\u00f3gico en el mundo industrializado, que reducir\u00e1 las emisiones globales de gases&#8221;, dice Carlos Nobre, del Inpe.<\/p>\n<p>El libro de Crichton no evita la pregunta: \u00bfvale la pena cercenar el crecimiento industrial para lograr un efecto tan modesto en el clima? \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s barato adaptarse a los cambios? Otro provocador del cuadro de los esc\u00e9pticos, el estad\u00edstico dan\u00e9s Bjorn Lomborg, autor del pol\u00e9mico libro <em>El ambientalista esc\u00e9ptico<\/em>, afirma con todas las letras que no vale la pena. Recientemente Lomborg le ech\u00f3 le\u00f1a al fuego del debate, al reunir en Copenhague a un grupo de eminentes economistas, entre ellos tres ganadores del Nobel, para discutir soluciones a los principales problemas del planeta. Uno de los resultados de ese encuentro fue un documento que apuntaba que eran prioritarias las iniciativas destinadas a enfrentar el Sida y la malaria, y a promover el saneamiento en los pa\u00edses pobres, en detrimento de la guerra contra el calentamiento global &#8211; descrita como &#8220;una mala inversi\u00f3n&#8221;. &#8220;El combate contra el efecto invernadero es una iniciativa de alto costo y escasos beneficios&#8221;, dice Lomborg. El debate podr\u00eda proseguir con argumentos respetables de una y otra parte. Los cient\u00edficos dir\u00edan que la inversi\u00f3n se justifica, pues prevendr\u00eda cat\u00e1strofes tales como la extinci\u00f3n de especies, y evitar\u00eda que las generaciones futuras pagaran el precio del descuido de la salud de nuestro planeta durante los \u00faltimos 150 a\u00f1os. Los esc\u00e9pticos exigir\u00edan pruebas. Pero hay un punto en el que, al libro de Crichton, puede efectivamente tach\u00e1rselo de ser parcial. Muestra a los esc\u00e9pticos como voces sofocadas, en un mundo donde los ambientalistas dominan a los pol\u00edticos y nublan la visi\u00f3n cr\u00edtica de los cient\u00edficos. La vitalidad del debate muestra que tal panorama est\u00e1 muy lejos ser real.<\/p>\n<p><em><strong>&#8220;M\u00e1s claridad, menos incertidumbre&#8221;<\/strong><br \/>\nEntre los d\u00edas 1\u00ba y 3 de febrero, 200 cient\u00edficos de 30 pa\u00edses se reunieron en Exeter, Reino Unido, por invitaci\u00f3n del primero ministro brit\u00e1nico, Tony Blair, quien asumir\u00e1 la presidencia del G-8 y eligi\u00f3 al calentamiento global como una de sus preocupaciones centrales. &#8220;La reuni\u00f3n tuvo car\u00e1cter eminentemente cient\u00edfico, con el objetivo de generar informaciones para el primer ministro&#8221;, explica Luiz Gylvan Meira Filho, profesor visitante del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y miembro del comit\u00e9 cient\u00edfico de la conferencia de Exeter. <\/em><\/p>\n<p>Los cient\u00edficos invitados ten\u00edan como tarea de responder a tres preguntas relacionadas con el impacto de los diferentes niveles de cambio clim\u00e1tico en las diversas regiones del planeta, su relaci\u00f3n con la emisi\u00f3n de gases de efecto invernadero, los esfuerzos necesarios para controlar los niveles de emisi\u00f3n y las opciones tecnol\u00f3gicas disponibles para alcanzar la estabilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante tres d\u00edas hicieron un balance del estado del conocimiento sobre el cambio global del clima, revisando los cuatro informes -uno de ellos a\u00fan en fase de elaboraci\u00f3n- del Panel Intergubernamental sobre Cambios Clim\u00e1ticos (IPCC, sigla en ingl\u00e9s) de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (ONU), y analizaron una serie de art\u00edculos de expertos reunidos por el comit\u00e9 cient\u00edfico.<\/p>\n<p>De acuerdo con el informe publicado al final del encuentro, -hay m\u00e1s claridad, menos incertidumbre- sobre el impacto provocado por los cambios en el clima. Los cient\u00edficos arribaron a la conclusi\u00f3n de que la elevaci\u00f3n de la temperatura afecta de manera diferente a las diversas regiones del planeta. El aumento de 1\u00b0C puede por ejemplo ser ben\u00e9fico para algunas regiones agr\u00edcolas, en \u00e1reas de mediana o alta latitud. Pero, en algunos casos, los da\u00f1os son m\u00e1s serios de lo que se pensaba. Han provocado cambios en la acidez de los oc\u00e9anos, recientemente detectadas, lo que puede reducir la capacidad de remoci\u00f3n del di\u00f3xido de carbono de la atm\u00f3sfera y afectar a la cadena alimentaria marina, por ejemplo.<\/p>\n<p>No obstante, el informe hace una salvedad: la contribuci\u00f3n de los hombres para con el cambio del clima ha de ser mejor analizada. Las alteraciones\u00a0 observadas son coherentes con los resultados de los modelos de clima que incluyen la acci\u00f3n del hombre. Pero, una vez detectados los cambios clim\u00e1ticos, resta ahora evaluar el tama\u00f1o de la responsabilidad humana. No obstante, la respuesta a esta cuesti\u00f3n implica consideraciones &#8220;cuasi filos\u00f3ficas&#8221;, como dice Meira.<\/p>\n<p>Con todo, el cuadro puede agravarse. La literatura analizada sugiere que una elevaci\u00f3n de la temperatura del planeta entre 1\u00b0C y 3\u00b0C -por cierto, tal el aumento proyectado para este siglo- puede provocar serios da\u00f1os globales. &#8220;Coincidimos en que es preciso fijar l\u00edmites a las emisiones globales&#8221;, dice Carlos Nobre, investigador titular del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), que tambi\u00e9n particip\u00f3 en el encuentro de Exeter.<\/p>\n<p>Los especialistas reunidos en Exeter decidieron entonces hacer suya la recomendaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea -defendida por muchos- de fijar un l\u00edmite de seguridad de 2\u00b0C para el calentamiento global. Esta temperatura corresponder\u00eda a mantener los niveles de emisi\u00f3n de di\u00f3xido de carbono por debajo de las 400 partes por mill\u00f3n hasta 2050. &#8220;Estamos en un nivel de 380 partes por mill\u00f3n&#8221;, recuerda Nobre. Para revertir el panorama, se har\u00edan necesarias acciones inmediatas de control de emisiones. Un retraso en la toma de decisiones y en la implementaci\u00f3n de medidas mitigadoras implicar\u00e1 un esfuerzo entre tres y siete veces mayor para controlar los efectos del calentamiento global.<\/p>\n<p>Las demandas mundiales de energ\u00eda indican que las emisiones de di\u00f3xido de carbono aumentar\u00e1n un 63% entre 2002 y 2050. Esto significar\u00eda que, si no se tomara ninguna medida, la temperatura del planeta aumentar\u00eda entre 0,5\u00b0C y 2\u00b0C. La buena noticia indica que los cient\u00edficos de Exeter arribaron a la conclusi\u00f3n de que el mundo no tiene por qu\u00e9 esperar que surga una &#8220;tecnolog\u00eda salvadora&#8221;, comenta Meira. Hay un conjunto de tecnolog\u00edas disponibles que puede promover la reducci\u00f3n de emisi\u00f3n de gases de efecto invernadero y mantener la temperatura del planeta dentro de los l\u00edmites de seguridad. Entre las nuevas tecnolog\u00edas, Meira hace referencia a la biomasa o el etanol, en reemplazo de los combustibles f\u00f3siles para la generaci\u00f3n de energ\u00eda. &#8220;No hay una tecnolog\u00eda \u00fanica&#8221;, subraya Meira.<\/p>\n<p>El intercambio de tecnolog\u00edas para la producci\u00f3n de energ\u00eda y la reducci\u00f3n de emisiones tampoco deber\u00e1 producir el impacto econ\u00f3mico que temen las naciones desarrolladas, siempre y cuando los pa\u00edses opten por sistemas de compensaci\u00f3n nacional o internacional, como los mecanismos previstos en el Protocolo de Kyoto. El acuerdo, que entr\u00f3 en vigor el 16 de febrero pasado, prev\u00e9 que los pa\u00edses desarrollados compensen las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero patrocinando la implementaci\u00f3n de mecanismos de desarrollo limpio en las naciones en desarrollo.<\/p>\n<p><em>Claudia Izique<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un libro alimenta la puja entre aquellos que creen y los que dudan de la incidencia de la acci\u00f3n humana sobre el calentamiento global","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[189],"tags":[],"coauthors":[98],"class_list":["post-78680","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica-ct"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78680","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=78680"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/78680\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=78680"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=78680"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=78680"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=78680"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}