{"id":79494,"date":"2005-04-01T00:00:00","date_gmt":"2005-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/04\/01\/la-lucha-contra-la-escoba-de-bruja\/"},"modified":"2013-01-09T10:52:30","modified_gmt":"2013-01-09T12:52:30","slug":"la-lucha-contra-la-escoba-de-bruja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-lucha-contra-la-escoba-de-bruja\/","title":{"rendered":"La lucha contra la escoba de bruja"},"content":{"rendered":"<p>Equipos de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y de la Universidad Estadual de Santa Cruz (Uesc) de Bah\u00eda descubrieron los mecanismos bioqu\u00edmicos por los cuales los \u00e1rboles de cacao j\u00f3venes se las ven con la escoba de bruja, una enfermedad causada por el hongo Crinipellis perniciosa que devast\u00f3 las plantaciones de cacao en Bah\u00eda. Fue un trabajo de fuste. Bajo la coordinaci\u00f3n de Gon\u00e7alo Amarante Guimar\u00e3es Pereira, de la Unicamp, los investigadores siguieron durante tres a\u00f1os la variaci\u00f3n de la concentraci\u00f3n de alrededor de cien compuestos qu\u00edmicos producidos por 300 \u00e1rboles infectados y por 300 sanos. Luego de analizar un volumen respetable de informaciones, ahora publicado en Journal of Experimental Botany, arribaron a la conclusi\u00f3n de que, durante la fase inicial de infecci\u00f3n, cuando los s\u00edntomas de la enfermedad se presentan bajo la forma de una rama crecida en demas\u00eda (hipertrofiada) llamada escoba verde, la planta intenta detener la acci\u00f3n del hongo aumentando la producci\u00f3n de ciertos compuestos qu\u00edmicos denominados radicales libres. De acuerdo con este estudio, llevado a cabo en coautor\u00eda con Paulo Mazzafera y Marlene Schiavinato, de la Unicamp, y Alan Pomella, de la empresa estadounidense MasterFoods, los radicales libres pueden generar desequilibrios hormonales y hacer que la regi\u00f3n infectada sea tratada como un tejido en crecimiento, que pasa entonces a recibir dosis extras de nutrientes. Las plantas se valen tambi\u00e9n de otras defensas qu\u00edmicas, liberando hasta diez veces m\u00e1s alcaloides, tales como la teobromina y la cafe\u00edna. Pero nada de esto funciona, porque el hongo logra enga\u00f1ar a la planta, comenta Pereira, que tambi\u00e9n coordina el secuenciamiento del genoma del hongo. Posteriormente la planta comienza el proceso de fragmentaci\u00f3n (degradaci\u00f3n) de prote\u00ednas, que a su vez activa en el tejido infectado el mecanismo de muerte programada de c\u00e9lulas, tambi\u00e9n conocido como apoptosis. Recientemente, el grupo de la Uesc, coordinado por J\u00falio Cascardo, logr\u00f3 corroborar esta hip\u00f3tesis, de acuerdo con un estudio que aguarda aprobaci\u00f3n para su publicaci\u00f3n. Comienza as\u00ed la segunda fase de la enfermedad: pr\u00e1cticamente se duplica la liberaci\u00f3n de etileno, una hormona asociada a la maduraci\u00f3n y a la pudrici\u00f3n, y la rama infectada comienza a morirse. \u00c9se es el mapa de la enfermedad, a partir del cual estamos desarrollando estrategias para cultivar plantas resistentes, o para combatir al hongo, dice el investigador de la Unicamp. Con base en este estudio, que forma parte del doctorado de la agr\u00f3noma Leandra Scarpari, el fitopat\u00f3logo Lyndel Meinhardt logr\u00f3 crear un m\u00e9todo para cultivar en laboratorio el hongo en sus estadios iniciales de desarrollo, luego de penetrar en las c\u00e9lulas del \u00e1rbol de cacao un artificio que ha de facilitar el estudio de las formas de combate contra la enfermedad. El grupo de la Unicamp encontr\u00f3 tambi\u00e9n una prote\u00edna del hongo que le permite resistir al ataque de los radicales libres de la planta durante la fase inicial de la infecci\u00f3n. Si logramos bloquear a esta prote\u00edna, dice Pereira, la escoba de bruja podr\u00e1 quedar bajo control.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La lucha contra la escoba de bruja","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[191],"tags":[],"coauthors":[437],"class_list":["post-79494","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tecnociencia-es-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79494","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=79494"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79494\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=79494"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=79494"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=79494"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=79494"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}