{"id":79537,"date":"2005-04-01T00:00:00","date_gmt":"2005-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/04\/01\/las-bellas-y-las-bestias\/"},"modified":"2015-03-30T18:13:06","modified_gmt":"2015-03-30T21:13:06","slug":"las-bellas-y-las-bestias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-bellas-y-las-bestias\/","title":{"rendered":"Las bellas y las bestias"},"content":{"rendered":"<p>Entre las 16 mil orqu\u00eddeas cultivadas en el Instituto de Bot\u00e1nica de S\u00e3o Paulo, reunidas en largos pasillos, cubiertos de plantas hasta el techo, est\u00e1 perdida hace al menos 20 a\u00f1os una lluvia de oro, as\u00ed denominada en virtud de sus peque\u00f1as flores amarillas, que penden de las ramas cuan cascada. Esta especie, la Oncidium flexuosum, es relativamente com\u00fan en Brasil, pero tiene el valor de una joya rara para el bot\u00e1nico F\u00e1bio de Barros: ese mismo ejemplar de lluvia de oro le engendr\u00f3 un acendrado amor a las orqu\u00eddeas hace 32 a\u00f1os. En aquella \u00e9poca, cuando ten\u00eda 16 a\u00f1os, Barros hizo algo que hoy en d\u00eda ser\u00eda reprobable: arranc\u00f3 la planta de un \u00e1rbol, en una chacra de Juquitiba, sudeste paulista, y se la llev\u00f3 a su casa, en la ciudad de S\u00e3o Paulo. Su madre, Antonieta, le explic\u00f3 que se trataba de una orqu\u00eddea. Es uno de los mejores recuerdos que guardo de mi madre, comenta Barros. Nia, como le dec\u00eda a su mam\u00e1, muri\u00f3 meses despu\u00e9s, por eso no tuvo tiempo de ver a su hijo convertirse en uno de los principales especialistas en orqu\u00eddeas de Brasil.<\/p>\n<p>Barros es muy respetado, a punto tal que sus colegas le pusieron su nombre a una orqu\u00eddea de flores p\u00farpuras: la Pleurothallis fabiobarrosii, que vive en el suelo pedregoso de un conjunto de sierras del norte de Minas Gerais, conocido como Cadeia do Espinha\u00e7o. Crece tambi\u00e9n, en los llamados campos rupestres de ese estado, repletos de hierbas y arbustos de flores abundantemente coloridas, una variedad de orqu\u00eddea recientemente descrita por Barros: la Grobya cipoensis, que perfuma y adorna los tramos m\u00e1s altos de Sierra do Cip\u00f3, regi\u00f3n central de Minas Gerais, con su dulce aroma a miel y sus flores menudas amarillas salpicadas de marr\u00f3n. La G. cipoensis, la m\u00e1s reciente de las 11 especies descritas por Barros, apareci\u00f3 en mayo de 2004 en un art\u00edculo de la revista inglesa Botanical Journal of the Linnean Society. En ese mismo trabajo, Barros y el ilustrador bot\u00e1nico Ricardo de Azevedo Louren\u00e7o describieron otra especie del mismo g\u00e9nero: la Grobya guieselli, cuyas flores amarillas se asemejan a un p\u00e1jaro. Hallada solamente en tramos del Bosque Atl\u00e1ntico del estado de Santa Catarina, la G. guieselli puede ser hasta tres veces m\u00e1s grande que la especie de Sierra do Cip\u00f3. Llega a medir 61 cent\u00edmetros de altura.<\/p>\n<p>Otros descubrimientos de Barros aparecen en el libro Orquidologia sul-americana: uma compila\u00e7\u00e3o cient\u00edfica, coordinado junto a Gilberto Kerbauy, otro expertos en estas plantas, que trabaja en el Instituto de Biociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Editada por la Secretar\u00eda de Medio Ambiente del Estado de S\u00e3o Paulo, esta obra re\u00fane estudios de cu\u00f1o puramente cient\u00edfico y otros esencialmente pr\u00e1cticos, firmados por 20 investigadores brasile\u00f1os y uno argentino enriquecidos, por supuesto, con fotos e ilustraciones deslumbrantes.<\/p>\n<p>Merece destacarse un estudio del propio Barros sobre la distribuci\u00f3n de especies de orqu\u00eddeas en las mesetas y sierras del Brasil Central. Al analizar las sierras de Minas Gerais, Goi\u00e1s y Bah\u00eda, el bot\u00e1nico paulista constat\u00f3 la sorprendente diversidad de orqu\u00eddeas de dicha regi\u00f3n. Se cre\u00eda anteriormente que esta zona enclavada en coraz\u00f3n del pa\u00eds era pobre en especies de este grupo de plantas, pues prepondera la vegetaci\u00f3n de Cerrado [Sabana], normalmente seca, con \u00e1rboles bajos y dispersos, y sujeta a incendios naturales frecuentemente.<\/p>\n<p><strong>Las flores de los campos rupestres<br \/>\n<\/strong>Comparando la vegetaci\u00f3n de Sierra do Cip\u00f3, Minas Gerais, con la de Ilha do Cardoso, remanente de Bosque Atl\u00e1ntico ubicado en la costa sur de S\u00e3o Paulo, Barros desvirtu\u00f3 esta idea err\u00f3nea. En efecto, la Sabana en general presenta realmente baja diversidad de orqu\u00eddeas ante la exuberancia del Bosque Atl\u00e1ntico o de la Amazonia. Sin embargo, dos ambientes espec\u00edficos del Cerrado los campos rupestres, que ocupan los tramos m\u00e1s altos de la Sabana, de m\u00e1s de mil metros de altura, y los bosques ciliares, que crecen en los bordes de los r\u00edos? albergan decenas de especies diferentes. Por all\u00ed viven ejemplares tan distintos como la Habenaria magniscutata, una especie terrestre de ra\u00edces y hoja finas, y la Bulbophyllum weddellii, de ra\u00edces y hojas carnosas ambas exclusivas de los campos rupestres.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la diversidad de orqu\u00eddeas de la regi\u00f3n del Cerrado mostr\u00f3 ser tan s\u00f3lo escasamente inferior a la observada en Ilha do Cardoso, un refugio de selva costera que constituye el para\u00edso de las orqu\u00eddeas: solamente all\u00ed, un \u00e1rea aproximada de apenas 150 kil\u00f3metros cuadrados, ya se identificaron 101 especies. Este total representa alrededor del 3% de las 3 mil especies de orqu\u00eddeas existentes en las selvas y campos de Brasil, pa\u00eds rico en especies exclusivas: alrededor de 1.700 existen \u00fanicamente ac\u00e1. En el mundo son 20 mil especies naturales y otras 30 mil h\u00edbridas, generadas por el cruzamiento de especies diferentes en laboratorio.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo explicar entonces esta inesperada riqueza de orqu\u00eddeas en el Brasil Central? Parte de la respuesta parece no estar all\u00ed, sino en los dos ecosistemas vecinos: la Selva Amaz\u00f3nica, al norte y noroeste, y el Bosque Atl\u00e1ntico, al este. Estas dos grandes masas de selva preservan una amplia variedad de especies de orqu\u00eddeas, que pueden encontrarse tambi\u00e9n en los bosques ciliares del Brasil Central, explica Barros. En cierta forma, los bosques ciliares del Cerrado conectan este ambiente con sus vecinos m\u00e1s h\u00famedos: la Amazonia y el Bosque Atl\u00e1ntico, permitiendo as\u00ed el intercambio de especies.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s dif\u00edcil es explicar qu\u00e9 es lo que hace a estas plantas tan fascinantes. Las razones pueden ser tan variadas como las propias orqu\u00eddeas. Hay especies de dos mil\u00edmetros, en tanto que otras llegan a los cuatro metros de altura; las flores pueden ser absolutamente blancas o tan coloridas como las pinturas de los artistas surrealistas; algunas especies generan una sola flor, mientras que otras exhiben m\u00e1s de un centenar al mismo tiempo. Las estrategias de supervivencia tambi\u00e9n son notables: estas plantas se adaptan pr\u00e1cticamente a cualquier ambiente la mayor\u00eda es ep\u00edfita, es decir, crece sobre los \u00e1rboles y soportan meses sin lluvia, pues son capaces de almacenar agua y nutrientes en las hojas, en las ra\u00edces y en el tallo.<\/p>\n<p><strong>Olor a carne podrida<br \/>\n<\/strong>Pero lo que m\u00e1s encanta en estas plantas son sus variados mecanismos de reproducci\u00f3n. En una ocasi\u00f3n, el naturalista ingl\u00e9s Charles Darwin, creador de la teor\u00eda de la evoluci\u00f3n de las especies por la v\u00eda de la selecci\u00f3n natural, escribi\u00f3 que las adaptaciones ligadas a la polinizaci\u00f3n de las orqu\u00eddeas transcienden incluso a aquello que la imaginaci\u00f3n humana podr\u00eda crear. Ejemplares de algunas especies de Ophris imitan al compa\u00f1ero sexual de los insectos polinizadores, que, seducidos por el olor, el color y el formato, intentan copular con las flores claro que no lo logran, pero de all\u00ed salen con el polen, que cargan hasta otra flor de orqu\u00eddea. Otras atraen a los insectos por la forma de sus flores, y otras otras, como las de los g\u00e9neros Pleurothallis y Bulbophyllum, hacen que cualquiera se asquee con su olor a carne podrida, pero es exactamente ese olor, emanado por sus flores rojas, lo que atrae a las moscas y son ellas quienes transportan el polen hacia otro ejemplar de la misma especie, y as\u00ed aseguran la fertilizaci\u00f3n de la planta.<\/p>\n<p><strong>Virus y avispas<br \/>\n<\/strong>En otro cap\u00edtulo del libro, Lo Siok Tien, Silvia Galleti y Cesar Chagas, del Instituto Biol\u00f3gico de S\u00e3o Paulo, muestran c\u00f3mo lidiar con los principales virus que infectan a estas plantas. De los 27 tipos ya identificados, hay tres m\u00e1s agresivos: el virus del mosaico del Cymbidium, el de la mancha anular de Odontoglossum y el Rhabdovirus. El primer virus afecta al 11% de las orqu\u00eddeas existentes en el estado de S\u00e3o Paulo, y ti\u00f1e sus hojas con manchas amarillentas. En tanto, el virus de la mancha anular ocasiona el surgimiento de anillos de tejido muerto, mientras que el Rhabdovirus salpica las hojas con puntos de un color casta\u00f1o rojizo. Estos virus, transmitidos principalmente por el uso de tijeras o de vasos contaminados, se mantienen a raya \u00fanicamente mediante la desinfecci\u00f3n del material de poda y de plant\u00edo, o con medidas m\u00e1s extremas, como la eliminaci\u00f3n de las plantas enfermas o presuntamente infectadas.<\/p>\n<p>Los virus no son los \u00fanicos enemigos naturales de las orqu\u00eddeas. Una peque\u00f1a avispa negra, la Calorileya nigra, deposita sus huevos en las ra\u00edces de algunas especies del g\u00e9nero de Cattleya, que, como consecuencia de ello, crecen feas y deformadas. A medida que las larvas de esa avispa se van desarrollando, surgen en las ra\u00edces gl\u00f3bulos denominados t\u00e9cnicamente agallas radiculares, descritos en detalle en un cap\u00edtulo firmado por Barros y dos especialistas del Instituto de Biociencias de la USP: Jane Kraus y Makoto Tanoue. Hay tambi\u00e9n otros cap\u00edtulos con estudios de inter\u00e9s de los productores de orqu\u00eddeas, cuyas ventas mueven anualmente alrededor de 400 mil reales en el mercado interno brasile\u00f1o, mientras que la exportaci\u00f3n de plantines de orqu\u00eddeas genera una facturaci\u00f3n anual de alrededor de 100 mil d\u00f3lares. Es una cuant\u00eda peque\u00f1a del mercado de flores de Brasil, estimado en ese mismo libro en dos mil millones de reales, pero este negocio puede precisamente florecer. Existe un inmenso potencial que puede explotarse?, afirma Barros. Brasil tiene un vasto territorio, un clima propicio para el cultivo de plantas tropicales y una gran variedad de especies que pueden cultivarse comercialmente.<\/p>\n<p>La flora brasile\u00f1a alberga efectivamente una vasta variedad de orqu\u00eddeas, y muchas de ellas no han sido descubiertas a\u00fan, en tanto que otras probablemente se han extinguido. Solamente en el estado de S\u00e3o Paulo existen 140 especies que est\u00e1n en riesgo de desaparecer. En Brasil, dos de las orqu\u00eddeas m\u00e1s amenazadas son la Cattleya schilleriana y la Cattleya velutina, bastante codiciadas por tener flores grandes y vistosas ambas pr\u00e1cticamente han dejado de existir en su ambiente natural que es el Bosque Atl\u00e1ntico, y se las mantiene vivas en cultivo. Pero hay tambi\u00e9n otras formas de redimir las p\u00e9rdidas: grupos de orquide\u00f3filos reproducen especies nativas raras en laboratorio y llegan incluso a reintroducirlas en su ambiente natural. Es una forma simb\u00f3lica de devolverle a la naturaleza aquello que el hombre le ha quitado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una obra que muestra las orqu\u00eddeas del Brasil Central, y detalla los da\u00f1os ocasionados por virus e insectos","protected":false},"author":188,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[503],"class_list":["post-79537","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79537","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/188"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=79537"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79537\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=79537"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=79537"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=79537"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=79537"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}