{"id":79545,"date":"2005-04-01T00:00:00","date_gmt":"2005-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/04\/01\/medicos-o-monstruos\/"},"modified":"2015-03-30T18:28:14","modified_gmt":"2015-03-30T21:28:14","slug":"medicos-o-monstruos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/medicos-o-monstruos\/","title":{"rendered":"\u00bfM\u00e9dicos o monstruos?"},"content":{"rendered":"<p>Estamos cerca del mayor flagelo al que yo me refer\u00eda de los moradores de estas Minas; una dolencia sobre la que ciertamente se enga\u00f1an todos los principiantes en este clima, tanto los cirujanos como los m\u00e9dicos porque, al hacer aquello que estudiaron, y que los autores les ense\u00f1aron, no ven ning\u00fan efecto en sus diligencias. O, si llegan a verlo en un enfermo, no lo ven en un ciento. Hablo como experimentado y como alguien que tambi\u00e9n se enga\u00f1\u00f3, y estuve muy triste en aquel principio, viendo que esta enfermedad era muy com\u00fan y que mor\u00edan tantos esclavos, y se perd\u00eda tanto oro en unos pocos d\u00edas, apunt\u00f3 en 1735, Lu\u00eds Gomes Ferreira en su Er\u00e1rio mineral, sus anotaciones sobre enfermedades vivenciadas u observadas en las Minas Gerais en el siglo XVIII. Ferreira era un de los muchos cirujanos o m\u00e9dicos pr\u00e1cticos que trabajaban en Brasil, y cuya formaci\u00f3n adquirieran en la labor diaria con los enfermos. Al contrario de los m\u00e9dicos, que los hab\u00eda en cantidad muy inferior, y m\u00e1s respetados por su formaci\u00f3n acad\u00e9mica europea, los pr\u00e1cticos, como Ferreira, lidiaban con el cotidiano de las dolencias coloniales, experimentando y muchas veces enga\u00f1\u00e1ndose. Cuando esto suced\u00eda, quedaban muy tristes. Al fin y al cabo, un esclavo muerto era oro perdido.<\/p>\n<p>As\u00ed, los cirujanos fueron ampliamente empleados en Brasil, y utilizaban mucho del conocimiento tradicional de la medicina de las diferentes comunidades (los negros, los bandeirantes, etc.), mezcl\u00e1ndolos con los conocimientos de la medicina occidental. ?Del exotismo de las enfermedades que aparecen en las expediciones y conquistas, de la necesidad de improvisar terap\u00e9uticas y remedios, de la carencias f\u00edsicas en las nuevas tierras y del vasto experimentalismo de los cirujanos resultaron ciertas gu\u00edas para la pr\u00e1ctica m\u00e9dica valoradas en la metr\u00f3poli y en las colonias, como lo fue el Er\u00e1rio mineral?, explica Maria Cristina Cortez Wissenbach, quien en su tesis doctoral, intitulada Materia m\u00e9dica, esclavitud y tr\u00e1fico en Brasil, apoyada por la FAPESP, analiz\u00f3 los as\u00ed llamados manuales de medicina pr\u00e1ctica. \u00c9stos, si en un principio se destinaron al tratamiento de los esclavos, que serv\u00edan de cobayos, m\u00e1s tarde se emplearon para tratar al resto de la poblaci\u00f3n. Sorprendentemente, la medicina nacional le debe algo a esta escasamente altruista preocupaci\u00f3n de mantener a los esclavos vivos para trabajar.<\/p>\n<p>Y lo que es peor: estos cirujanos contribuyeron tambi\u00e9n a la optimizaci\u00f3n del tr\u00e1fico esclavista, escogiendo a los mejores individuos y cuidando a los muchos de ellos que dorm\u00edan en el viaje de \u00c1frica a Brasil. Buena parte de la medicina tropical naci\u00f3 a bordo de los barcos negreros, afirma Cristina. Una cuna poco noble. Pero necesaria, en un mundo movido por la esclavitud. Al fin y al cabo, en un trayecto de 60 d\u00edas, era com\u00fan que m\u00e1s de la mitad de los entre 500 y 800 negros amontonados en los almacenes muriera de viruela. Aun bajo la supervisi\u00f3n de los cirujanos, la mortalidad en los nav\u00edos era de entre el 10% y el 20%. Pero, al cuidar de una de las fases m\u00e1s importantes de la comercializaci\u00f3n de los esclavos, los cirujanos se convert\u00edan en agudos observadores de las cualidades y de los defectos f\u00edsicos, de las evidencias de la edad, de los s\u00edntomas de las enfermedades o de las predisposiciones m\u00f3rbidas, que muchas veces los mercaderes procuraban esconder, dice la historiadora. Sin embargo, vale la pena resaltarlo, esta preocupaci\u00f3n por conocer las enfermedades de los negros se inclinaba m\u00e1s hacia el lado del mercado que al lado humano. Cada p\u00e9rdida de un esclavo significaba una disminuci\u00f3n de las ganancias, as\u00ed en la tierra como en el mar.<\/p>\n<p>Era m\u00e1s barato explotar al esclavo al m\u00e1ximo y reemplazarlo cuando se enfermaba, explica la historiadora. Los cirujanos se val\u00edan del conocimiento adquirido en la pr\u00e1ctica pues, como participantes activos del comercio negrero, le agregaban valor a las as\u00ed llamadas piezas de rezago. Observ\u00e9 detenidamente en aquel pa\u00eds que hab\u00eda hombres de pocas pertenencias, que se abocaban a comprar los remanentes de la esclavitud, cuando el Comisario no ten\u00eda ya compradores (&#8230;), llev\u00e1ndoselos a casa, medic\u00e1ndolos y provey\u00e9ndoles el sustento y la indumentaria necesaria, y haci\u00e9ndoles cambiar de aires; convaleciendo de esa misma esclavitud despreciada, en poco tiempo m\u00e1s los revend\u00edan como sanos, robustos y fuertes, y a muy buen precio: en ese tr\u00e1fico segu\u00edan, entreg\u00e1ndose as\u00ed a un nuevo g\u00e9nero de industria, inform\u00f3 Lu\u00eds Ant\u00f4nio de Oliveira Mendes en un texto dirigido a la Academia Real de Ciencias de Lisboa, en las postrimer\u00edas del siglo XVIII.<\/p>\n<p>Estos recursos les daban a los cirujanos la posibilidad de elevar sus r\u00e9ditos, ya que muchas veces ellos eran el \u00fanico medio para aliviar el dolor de los enfermos, dada la escasez de m\u00e9dicos graduados provenientes de Europa. Una vez afincados, estos pr\u00e1cticos se transformaban en se\u00f1ores de ingenio, comerciantes pudientes o mercaderes o due\u00f1os de tierras, y el ejercicio de las funciones ligadas a la salud aparece muchas veces en forma circunstancial, posiblemente como imposici\u00f3n de una sociedad carente que demandaba sus servicios, aclara la investigadora. Ayudaba tambi\u00e9n a su enriquecimiento el dif\u00edcil acceso a los medicamentos en la colonia, lo que llev\u00f3 a Brasil a absorber f\u00e1cilmente la mano de obra de los llamados pr\u00e1cticos de la salud, ya que ellos atend\u00edan las demandas y asimilaban los conocimientos locales. Poco a poco, productos europeos y orientales de la medicina tradicional dejaron su lugar a otros, de la farmacopea local. Una caracter\u00edstica com\u00fan entre ellos es la poca distinci\u00f3n que hab\u00eda entre el conocimiento cient\u00edfico y popular, un mosaico de ense\u00f1anza de la medicina popular ib\u00e9rica, ind\u00edgena, africana, de baquianos paulistas y jesuitas.<\/p>\n<p>A pesar de que la historiadora sostiene que es imposible dimensionar la proporci\u00f3n existente entre m\u00e9dicos y cirujanos en el pa\u00eds entre los siglos XVII y XVIII, algunos relatos indican que hab\u00eda s\u00f3lo tres cirujanos para 30 mil personas que habitaban Recife a comienzos del 1700, o no m\u00e1s de dos m\u00e9dicos y siete cirujanos en Bel\u00e9m a finales del mismo siglo, entre una poblaci\u00f3n de 11 mil habitantes. En las haciendas, sin embargo, los escritos de los cirujanos ten\u00edan un lugar reservado en los estantes, como era el caso del tratado de Jos\u00e9 Antonio Mendes, de 1770, Governo de mineiros mui necess\u00e1rio para os que vivem distantes de profesores seis, oito, dez ou m\u00e1s l\u00e9goas, o posteriormente, en el siglo XIX, el Diccionario de medicina popular e das sciencias acess\u00f3rias para uso das fam\u00edlias contendo a descri\u00e7\u00e3o das causas, symtomas e tratamento das mol\u00e9stias; as receitas para cada mol\u00e9stia (1842), de Pedro Lu\u00eds Chernoviz. De la pluma de esos pr\u00e1cticos surgieron, fruto de la experimentaci\u00f3n al calor de la hora, las gu\u00edas para las nuevas generaciones de hombres de la salud. A expensas de su origen m\u00e1s bien pragm\u00e1tico, estas publicaciones terminaron transform\u00e1ndose en la base de la medicina tropical, y sus observaciones, enriquecidas con el tr\u00e1nsito de cirujanos por Angola, Costa da Mina, el Caribe y Brasil, permitieron una intensa circulaci\u00f3n de conocimientos, recetas y terapias.<\/p>\n<p>Basta con recordar que, al informar que el escorbuto era fruto de una carencia de vitamina C, los manuales ense\u00f1aron a los comandantes de los barcos negreros a abastecerse de verduras y jugos de frutas c\u00edtricas para evitar la enfermedad. Pero no solamente a ellos: el mundo colonial se pudo expandir en sus fronteras mar\u00edtimas, beneficiado por este conocimiento. Un saber que, en poco tiempo m\u00e1s, se vio enriquecido con otras experiencias similares, llevadas a cabo en otras partes del globo. La investigadora, en la comparaci\u00f3n entre las diversas obras analizadas en su tesis, observ\u00f3 sus inflexiones en el conocimiento m\u00e9dico que, si bien hasta la primera mitad del siglo XVIII se limitaba a las experiencias portuguesas y luso-brasile\u00f1as, a partir de las \u00faltimas d\u00e9cadas de dicho siglo pas\u00f3 tambi\u00e9n a absorber el conocimiento inherente a las enfermedades de las dem\u00e1s \u00e1reas coloniales. El c\u00edrculo vicioso, con el tiempo y el fin de la esclavitud, se transform\u00f3 en virtuoso, salvando vidas, sin importar el color de su piel. La medicina superaba as\u00ed al pragmatismo de la rentabilidad.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong><em>Materia m\u00e9dica, esclavitud y tr\u00e1fico en Brasil (1683-1850)<\/em><br \/>\n<strong><em>Modalidad<br \/>\n<\/em><\/strong>Beca de Posdoctorado<br \/>\n<strong><em>Supervisi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>Silvia Lara &#8211; Departamento de Historia\/ USP<br \/>\n<strong><em>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/em><\/strong>R$ 65.160,00 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La esclavitud impuls\u00f3 el desarrollo de la medicina tropical","protected":false},"author":127,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[437],"class_list":["post-79545","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79545","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/127"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=79545"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/79545\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=79545"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=79545"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=79545"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=79545"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}