{"id":80284,"date":"2005-05-01T00:00:00","date_gmt":"2005-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/05\/01\/celebrar-la-vida\/"},"modified":"2015-03-27T17:41:07","modified_gmt":"2015-03-27T20:41:07","slug":"celebrar-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/celebrar-la-vida\/","title":{"rendered":"Celebrar la vida"},"content":{"rendered":"<p>La noche suda. El calor no se desprende de las s\u00e1banas. El in\u00fatil ventilador de techo repite una y otra vez su chillido ahogado. En la oscuridad, los ni\u00f1os duermen. Ana no. No consigue matar a todos los mosquitos del cuarto. Siempre queda uno, escondido. \u00bfY si se descuida y pica a su hijo el mismo insecto que la pic\u00f3 antes a ella? \u00bfY si el peque\u00f1o se enferma? El miedo la aterra. No consigue matar a todos los mosquitos del mundo. No consigue matar la rabia.<\/p>\n<p>En noviembre de 1999 el mundo de Ana se derrumb\u00f3. A las diez y media de la ma\u00f1ana, un joven con guardapolvo blanco le informa que su an\u00e1lisis es positivo: Est\u00e1 infectada con VIH, el virus del sida. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 a m\u00ed? Fue lo primero que pens\u00e9&#8221;. Casada desde hac\u00eda 15 a\u00f1os con un exitoso empresario, ama de casa, madre de tres hijos, dos peque\u00f1os y una adolescente. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 a m\u00ed?&#8221;<\/p>\n<p>La historia de Ana no es \u00fanica. Cientos de casos similares ocurren cada a\u00f1o en Paraguay. En el pa\u00eds, como en toda Latinoam\u00e9rica, el VIH\/ Sida es cada vez m\u00e1s femenino, m\u00e1s joven y m\u00e1s pobre. La infecci\u00f3n afecta cada vez a m\u00e1s mujeres, que adquieren el virus en sus propias casas, a trav\u00e9s de sus maridos. La cifra en Paraguay es impactante. Al comienzo de la epidemia exist\u00edan 20 hombres infectados por cada mujer. Casi dos d\u00e9cadas despu\u00e9s, la proporci\u00f3n registrada en 2002 es pr\u00e1cticamente de un hombre por cada mujer.<\/p>\n<p>La feminizaci\u00f3n de la enfermedad es un fen\u00f3meno relativamente nuevo en el Cono Sur. Inicialmente el VIH afectaba a homosexuales y drogadictos que compart\u00edan jeringas. Pero, con el correr de los a\u00f1os, la transmisi\u00f3n comenz\u00f3 a ser un problema normal en mujeres j\u00f3venes y en sectores pobres.\u00a0El Sida dej\u00f3 de ser un asunto de hombres que practican sexo con hombres. Tambi\u00e9n se volvi\u00f3 parte de la cotidianeidad de los bisexuales y heterosexuales. Muchos hombres casados experimentan con otros hombres o mujeres, pero llegan por la noche a sus casas a dormir con sus esposas. Promiscuidad de d\u00eda y fidelidad de noche. As\u00ed, sin saberlo, muchas confiadas mujeres no se dan cuenta que no s\u00f3lo comparten la cama con su pareja. Sino tambi\u00e9n con los amantes ocasionales de \u00e9ste, y todos los de cada uno de \u00e9stos, y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>La doctora Paloma Cuchi, asesora regional de la agencia del Sida de las Naciones Unidas (Onusida), reconoce esta tendencia al tel\u00e9fono desde su oficina en Washington. Dice que las poblaciones susceptibles \u2212 homosexuales y drogadictos \u2212 llegaron a un punto de saturaci\u00f3n que empuja ahora la enfermedad a mujeres y despose\u00eddos.\u00a0M\u00e1s grave a\u00fan es que la presi\u00f3n social sobre las mujeres frena su libertad de exigir un cond\u00f3n en sus relaciones sexuales. Al machismo que a\u00fan impera en la regi\u00f3n se le suma la falta de educaci\u00f3n. &#8220;Sigue habiendo una desigualdad sexual entre hombres y mujeres para pedir el cond\u00f3n. Porque se considera que ella ha enga\u00f1ado al marido, o porque el marido se niega a usarlo. Incluso hay trabajadoras sexuales a las que se les sigue pidiendo que no usen el cond\u00f3n. Pero sigue habiendo ese desequilibrio entre hombre y mujer que obedece a un desequilibrio econ\u00f3mico. Mientras la mujer tiene m\u00e1s educaci\u00f3n, tiene m\u00e1s posibilidades econ\u00f3micas, tambi\u00e9n son m\u00e1s capaces de pedir igualdad en relaciones sexuales. Y no s\u00f3lo con en el cond\u00f3n, sino en todo el tema sexual&#8221;, advierte.<\/p>\n<p>Las familias siguen educando a las mujeres como amas de casa. Los hombrecitos van a colegios y universidades. Las mujercitas cuidan a sus hermanos. Los hombrecitos van a fiestas y se divierten. Las mujercitas preparan la comida. Los hombrecitos saben c\u00f3mo cuidarse del sexo. Y c\u00f3mo convencer a una mujer sin educaci\u00f3n para tener sexo no protegido.<\/p>\n<p>Las cifras de Latinoam\u00e9rica confirman este fen\u00f3meno. Por ejemplo, en Chile, en pocos a\u00f1os la tendencia pas\u00f3 de una mujer por cada 20 hombres infectados con VIH\/ Sida, a una por cada cinco en la actualidad. En Brasil es a\u00fan m\u00e1s grave. Los \u00faltimos datos de 2000 establecen que entre los adolescentes de 13 a 19 a\u00f1os, las mujeres contagiadas doblan a los hombres. De 19 a 30 a\u00f1os, la proporci\u00f3n es una mujer por cada un hombre y sobre esa edad, los hombres doblan a las mujeres. En Costa Rica, por ejemplo, en s\u00f3lo cuatro a\u00f1os la tendencia vari\u00f3 de una mujer por cada doce hombres a una por cada siete. En Paraguay, la proporci\u00f3n es de una a uno.<\/p>\n<p><strong>Vida robada<br \/>\n<\/strong>Desde esa ma\u00f1ana de noviembre de 1999 la vida para Ana cambi\u00f3. No entend\u00eda qu\u00e9 pasaba. &#8220;Mi vida siempre gir\u00f3 exclusivamente alrededor de mi familia, de mis hijos, para m\u00ed el resto no era nada.&#8221; De la noche a la ma\u00f1ana estaba infectada de una enfermedad mortal de la cual no conoc\u00eda nada. Y nadie le daba informaci\u00f3n. &#8220;El primer a\u00f1o fue terrible&#8221;, recuerda.<\/p>\n<p>&#8220;Al principio yo no dorm\u00eda a la noche pescando a los mosquitos que ten\u00eda que matar para que no picaran a mis hijos por si me hab\u00edan picado primero a m\u00ed. No quer\u00eda llevar a mis hijos al dentista. No quer\u00eda ni ir al ba\u00f1o, para no contaminar.&#8221; Lloraba y com\u00eda todo el d\u00eda. En ocho meses aument\u00f3 40 kilos.<\/p>\n<p>Aunque est\u00e1 cient\u00edficamente comprobado que el VIH\/ Sida no se transmite a trav\u00e9s del aire, los insectos ni la saliva, los prejuicios siguen vigentes, incluso en los propios profesionales de la salud. Ana lo sufri\u00f3 en carne propia. &#8220;Los doctores no me revisaban, no me tocaban.&#8221; Hasta 1999 a los pacientes que mor\u00edan de Sida en hospitales p\u00fablicos paraguayos se los met\u00eda directamente en una bolsa de basura y de ah\u00ed a cajones sellados, sin dar oportunidad a los familiares de asearlos y darles el \u00faltimo beso.<\/p>\n<p>La discriminaci\u00f3n, todav\u00eda hoy, se impone como una traba al momento de acceder a la salud. &#8220;No atendemos a gente con Sida&#8221; se escucha en los pasillos de hospitales o consultas m\u00e9dicas. Malos tratos. Atenci\u00f3n despectiva. Miradas por sobre los hombros. A\u00fan siguen y con mucha fuerza en los servicios de salud. Por miedo a perder sus drogas o porque se sepa que son seropositivas, muchas mujeres sufren en silencio. Lloran de impotencia al llegar a sus casas. Pero tratan de ser fuertes en una asistencia que no le hace honor a su nombre. La doctora Cuchi, de Onusida, confirma esto. &#8220;La mujer en general es discriminada en el acceso a los servicios de salud. Hay algunas de las enfermedades, como el c\u00e1ncer c\u00e9rvico uterino, que no est\u00e1n incluidas en la cobertura cuando hay Sida. En Paraguay, un diagn\u00f3stico positivo de Sida significa la diferencia entre ser atendido o excluido de la medicina prepaga. Y la mujer, por como est\u00e1 educada, busca menos la atenci\u00f3n. Acuden cuando los hijos est\u00e1n enfermos o ellas est\u00e1n muy enfermas. Pero les cuesta m\u00e1s porque no tienen tiempo, porque est\u00e1n ocupadas, porque deben jugar el papel de ser el pilar de las familias. Todav\u00eda se ve mucho estigma en muchos sectores, e incluso en el de salud. Pero es un tema que tiene que ver con el desarrollo.&#8221;<\/p>\n<p>Cuando Ana se enter\u00f3 que estaba infectada la invadi\u00f3 una rabia inmensa. Culp\u00f3 a su marido, que la hab\u00eda enga\u00f1ado. Se culp\u00f3 a s\u00ed misma, por no cuidarse. Culp\u00f3 a sus amigos, por seguir sanos. &#8220;Al principio quer\u00eda contarle a todo el mundo que estaba infectada, de rabia, por desesperaci\u00f3n&#8221;, recuerda. Por suerte no lo hizo, opina ahora. &#8220;Porque despu\u00e9s ya no pod\u00e9s borrar y todos te dan la espalda y es cuando duele.&#8221;<\/p>\n<p>Pelirroja, gordita, alegre. Lleg\u00f3 a la entrevista sudorosa y cargada de bolsas con las ropas que vende para mantener a sus tres hijos. No tiene auto. Anda en colectivo. Desde que su marido falleci\u00f3 por el Sida, ella asumi\u00f3 las riendas de su hogar. Trabaja de cualquier cosa. &#8220;A veces de peluquera, o vendo pantalones, o vendo cosm\u00e9ticos, si tengo que lavar ropa ajena voy a lavar, si tengo que limpiar casa ajena voy a limpiar. El trabajo para m\u00ed no es denigrante&#8221;, pero enseguida agrega, &#8220;ahora&#8221;. Antes s\u00ed.<\/p>\n<p>Asegura que hace dos a\u00f1os volvi\u00f3 a nacer. Su vida cambi\u00f3 desde que aprendi\u00f3 a vivir con el VIH. Desde que comenz\u00f3 a participar de las reuniones de autoayuda de la Fundaci\u00f3n Vencer, una organizaci\u00f3n creada por personas viviendo con el virus.<\/p>\n<p>Los s\u00edntomas de la infecci\u00f3n no se le notan a\u00fan. No tiene manchas en la cara, no adelgaz\u00f3, aunque desde hace un a\u00f1o sus defensas bajaron y la carga viral subi\u00f3 hasta el punto en que debi\u00f3 comenzar a ingerir las drogas antirretrovirales. Nadie, excepto un grupo muy selecto de familiares y sus amigos de Vencer, saben que el vive con el VIH en el cuerpo. &#8220;\u00bfMis padres y mis hermanos? Dicen que me apoyan pero todos se fueron de mi casa&#8221;, comenta. Por eso mejor mantener el secreto.<\/p>\n<p><strong>Desatenci\u00f3n estatal<br \/>\n<\/strong>Otro de los dramas que deben enfrentar los infectados con VIH en Paraguay es el desabastecimiento. El presupuesto anual de 500 mil d\u00f3lares destinado al Programa de Lucha contra el Sida, no alcanza ni siquiera para garantizar la medicaci\u00f3n anual a los 450 pacientes bajo tratamiento. Adem\u00e1s existen otros 700 enfermos que deber\u00edan iniciar la medicaci\u00f3n, pero que no han podido, porque saben que no podr\u00e1n continuarla.<\/p>\n<p>En Chile, por ejemplo, el Estado tiene un presupuesto de 15 millones de d\u00f3lares y da cobertura al 90% de los pacientes que requieren terapias. En Brasil, una de las naciones m\u00e1s avanzadas en la materia, s\u00f3lo en los \u00faltimos tres a\u00f1os el gobierno gast\u00f3 180 millones de d\u00f3lares y cubre a sus 140 mil enfermos.<\/p>\n<p>Como la mayor\u00eda de los infectados en Paraguay y del resto del Cono Sur, Ana es muy pobre. Desde que su marido falleci\u00f3, apenas sobrevive. Por eso, cuando llega a la oficina del Programa y le dicen que ese mes no tendr\u00e1n medicaci\u00f3n, se siente mal. Sabe que le est\u00e1n robando d\u00edas de su vida. Cada interrupci\u00f3n de la medicaci\u00f3n tiene irreversibles consecuencias cl\u00ednicas. El virus se fortalece y cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil controlarlo.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfY qu\u00e9 hac\u00e9s cuando no te dan medicamentos?&#8221;, le preguntamos. &#8220;Nada&#8221;, se r\u00ede nerviosa como en toda la entrevista, &#8220;me cuido con remedios yuyos, con ojo de gato, que dicen que sube las defensas, cualquier cosa tomo&#8221;. Los enfermos de Sida no tienen otra opci\u00f3n. Los medicamentos no se consiguen en plaza y en el exterior su precio es inaccesible para la mayor\u00eda. Gracias a negociaciones con empresas farmac\u00e9uticas el costo mensual del tratamiento ha bajado de 1.300 d\u00f3lares en 1996 a 180 d\u00f3lares. A\u00fan as\u00ed, el Estado paraguayo no garantiza la provisi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Agradecer la vida<br \/>\n<\/strong>En la actualidad ya no se habla de &#8220;grupos de riesgo&#8221;, sino que todos, hombres y mujeres, estamos expuestos a adquirir el virus. Seg\u00fan estimaciones del Programa de Lucha contra el Sida de Paraguay, unas 12 mil personas est\u00e1n infectadas. Se sabe que 7 de cada 10 infecciones ocurren por v\u00eda sexual, y la mayor\u00eda de los casos son heterosexuales. El restante 13,2% corresponde a usuarios de drogas intravenosas y algunos accidentes transfusionales notificados al comienzo de la epidemia. La transmisi\u00f3n de madre a reci\u00e9n nacido contribuye a un 3,5% de los casos y se desconoce la v\u00eda de infecci\u00f3n en un 11%.<\/p>\n<p>Ahora, despu\u00e9s de dos a\u00f1os de charlas y educaci\u00f3n, Ana ya no teme que un mosquito infecte con el VIH a sus hijos. Ya no teme hacerles da\u00f1o. &#8220;Cada vez que me acuesto le doy gracias a Dios por un d\u00eda m\u00e1s de vida que me da, por todas esas cosas que antes no daba importancia.&#8221; No sabe cuantos a\u00f1os m\u00e1s vivir\u00e1. Como ninguno lo sabemos. S\u00f3lo espera mantenerse medicada y lo m\u00e1s sana posible, a la espera de que aparezca una cura. La misma esperanza que tienen los 42 millones de personas que actualmente viven con el VIH\/ Sida en todo el mundo. &#8220;Mientras uno no acepta que tiene el VIH en su cuerpo sufre mucho, pero desde el momento que uno acepta convivir con ese virus, todo es m\u00e1s f\u00e1cil.&#8221; Lo dice una madre. Lo dice una luchadora. Lo dice una mujer, como cualquiera.<\/p>\n<p><em>Patricia Lima es periodista del diario paraguayo <\/em>\u00daltima Hora<em>, y V\u00edctor Hugo Dur\u00e1n, de <\/em>El Mercurio<em>, de Chile. Este art\u00edculo se public\u00f3 originalmente en <\/em>Revista Acci\u00f3n<em>, del Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, y se reproduce con la debida autorizaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Mujeres latinoamericanas que aprenden a convivir con el virus del Sida, diseminado por una cultura machista","protected":false},"author":201,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[516,517],"class_list":["post-80284","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80284","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/201"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80284"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80284\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80284"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80284"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80284"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80284"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}