{"id":80289,"date":"2005-05-01T00:00:00","date_gmt":"2005-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/05\/01\/en-la-region-amazonica-las-existencias-arboreas-son-finitas\/"},"modified":"2015-03-27T17:51:24","modified_gmt":"2015-03-27T20:51:24","slug":"en-la-region-amazonica-las-existencias-arboreas-son-finitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/en-la-region-amazonica-las-existencias-arboreas-son-finitas\/","title":{"rendered":"En la regi\u00f3n amaz\u00f3nica las existencias arb\u00f3reas son finitas"},"content":{"rendered":"<p>Simulaciones llevadas a cabo en computadora apuntan que la extracci\u00f3n comercial de ciertos \u00e1rboles nobles de la Amazonia puede no ser una actividad sostenible a largo plazo. Ni tampoco lo ser\u00eda la adopci\u00f3n de t\u00e9cnicas hoy en d\u00eda recomendadas para el manejo forestal, un conjunto de medidas que, en teor\u00eda, deber\u00eda servir para reducir los efectos de la actividad maderera sobre la selva a niveles aceptables, pero que no es capaz de suavizar las marcas dejadas por la mano humana. Con su acci\u00f3n r\u00e1pida y eficaz, la motosierra gana siempre, y con creces, la carrera contra la naturaleza. En uno de los escenarios virtuales, creado en las computadoras de los investigadores que participan del proyecto Dendrogene \u2013\u00a0Conservaci\u00f3n Gen\u00e9tica en Selvas Manejadas en la Amazonia, poblaciones de dos especies arb\u00f3reas, la tatajuba y la massaranduba, fueron sometidas a un ciclo \u00fanico de corte, efectuado de acuerdo con los preceptos que se considera como racionales cuando se habla actualmente de sostenibilidad. Esta situaci\u00f3n se represent\u00f3 con el auxilio de un programa de modelado ecol\u00f3gico y gen\u00e9tico llamado Eco-Gene, que calcul\u00f3 cu\u00e1nto tiempo ser\u00eda necesario para que los \u00e1rboles remanentes de cada especie crecieran y se multiplicaran, y el bosque volviera a tener su cantidad original de tatajubas y massarandubas. Y los resultados encendieron una luz amarilla: un siglo de descanso no es suficiente para dotar nuevamente a la selva del mismo stock de madera de ambas especies que tuviera anteriormente.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de la Bagassa guianensis, nombre cient\u00edfico de la escasa tatajuba, que suministra una madera amarillenta, apreciada en la construcci\u00f3n de barcos y pisos, es particularmente preocupante. En la simulaci\u00f3n, la selva requiri\u00f3 200 a\u00f1os para recuperar el 80% de su cantidad original de madera. El proceso de regeneraci\u00f3n fue tan lento que la especie no logr\u00f3 recuperar todo su stock inicial. M\u00e1s abundante, la <em>Manilkara huberi<\/em>, la popular massaranduba, con su madera muy dura y resistente, de una tonalidad roja oscura, tuvo un desempe\u00f1o mejor, pero no muy halag\u00fce\u00f1o: requiri\u00f3 130 a\u00f1os para tener nuevamente la cantidad original de madera. &#8220;Necesitamos revisar algunas ideas referentes a la explotaci\u00f3n maderera&#8221;, dice Milton Kanashiro, ingeniero forestal de Embrapa (Empresa Brasile\u00f1a de Investigaci\u00f3n Agropecuaria)-Amazonia Oriental, con sede en la ciudad Bel\u00e9m (Par\u00e1) que coordina desde hace cinco a\u00f1os los trabajos de aproximadamente 50 investigadores y colaboradores del Dendrogene. &#8220;Hemos reunido indicios de que, aun con la adopci\u00f3n del manejo, en los moldes hoy en d\u00eda practicados por las empresas, lo que se da es una gran reducci\u00f3n en el stock comercial de \u00e1rboles de algunas especies explotadas econ\u00f3micamente.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Sol y sombra<br \/>\n<\/strong>La tatajuba y la massaranduba son \u00e1rboles de alto valor comercial extra\u00eddos de la Amazonia, y que en ocasiones se hallan uno junto a otro en \u00e1reas de tierra firme, como se les llama a los fragmentos de selva que nunca se inundan. Cuando alcanzan su plenitud, llegan a los 40 \u00f3 hasta 50 metros de altura, y pueden ubicarse por arriba de la cobertura de la selva. Tienen troncos gruesos, con di\u00e1metros que oscilan entre 1,4 y 2 metros en los ejemplares adultos, y sus frutos son comestibles, en especial el de la massaranduba. Pese a sus puntos en com\u00fan, ambas especies priman por las diferencias en su din\u00e1mica de reproducci\u00f3n y crecimiento. &#8220;Una es lo contrario de la otra&#8221;, afirma la bi\u00f3loga Marivana Borges Silva, alumna de doctorado de la Universidad Federal de Par\u00e1 (UFPA), quien trabaj\u00f3 en las simulaciones. En selvas adultas, la tatajuba es rara, afecta al sol y crece r\u00e1pidamente. La massaranduba es abundante, tolera bien la sombra y se desarrolla lentamente. En un \u00e1rea de 500 hect\u00e1reas del Bosque Nacional de Tapaj\u00f3s, cerca de Santar\u00e9m, Par\u00e1, donde se concentran los trabajos de campo del Dendrogene, entre los \u00e1rboles con m\u00e1s de 10 cent\u00edmetros de di\u00e1metro el n\u00famero de ejemplares de la primera especie es diez veces menor que el de la segunda.<\/p>\n<p>En este tramo de selva, alrededor de 50 investigadores y colaboradores del proyecto, del pa\u00eds y del exterior, estudian minuciosamente desde hace cinco a\u00f1os los m\u00e1s variados aspectos de la biolog\u00eda y la gen\u00e9tica de siete especies arb\u00f3reas, todas exploradas por las madereras. Al margen de la tatajuba y de la massaranduba, cuyos trabajos se encuentran en una fase m\u00e1s adelantada, son objeto de las investigaciones el guapinol, el cumar\u00fa o sarrapia, el cerillo, la andiroba y el parapar\u00e1. Cada \u00e1rbol tiene una existencia y una din\u00e1mica reproductiva distinta de los dem\u00e1s, y forman, seg\u00fan los cient\u00edficos, un panel representativo de buena parte de la diversidad de especies arb\u00f3reas de la Amazonia. El objetivo central del Dendrogene, un emprendimiento cient\u00edfico por valor de seis millones de reales administrado b\u00e1sicamente con recursos de la propia Embrapa y del Departamento para el Desarrollo Internacional del gobierno brit\u00e1nico, consiste en entender el mayor n\u00famero posible de variables que influyen en el proceso de nacimiento, crecimiento, muerte y regeneraci\u00f3n de los \u00e1rboles de inter\u00e9s comercial. Y de esta manera delinear planes de manejo espec\u00edficos para los grupos de \u00e1rboles que parecen ser m\u00e1s aptos para su explotaci\u00f3n a largo plazo. &#8220;Uno de los problemas del manejo actual consiste en tratar a la selva como algo homog\u00e9neo, sin tener en cuenta las particularidades de cada especie&#8221;, opina Kanashiro. &#8220;Nuestros datos, aunque son preliminares, muestran que el manejo forestal puede ser viable en caso de que se sigan dos caminos: reduciendo la intensidad de la extracci\u00f3n, para as\u00ed disminuir la cantidad de madera retirada, o alargando el ciclo de corte e impulsando una rotaci\u00f3n entre las especies que se explotar\u00e1n comercialmente en el futuro, concentrando las actividades en aqu\u00e9llas de r\u00e1pido crecimiento.&#8221;<\/p>\n<p>El problema es que a\u00fan no se sabe con seguridad qu\u00e9 especies pueden manejarse de manera sostenible. De all\u00ed la importancia de que existan proyectos cient\u00edficos que intenten responder a esta dif\u00edcil cuesti\u00f3n. Por ahora, sigue sin estar claro qu\u00e9 tipo de manejo ser\u00e1 recomendado probablemente, para la explotaci\u00f3n de la tatajuba y de la massaranduba. El an\u00e1lisis de otra serie de simulaciones llevadas a cabo en marco del proyecto Dendrogene, indica que ambos casos son delicados. Con la ayuda del programa Eco-Gene, que recibi\u00f3 el aporte de datos biol\u00f3gicos y moleculares de las dos especies, los investigadores compararon el impacto de la adopci\u00f3n de nueve escenarios distintos de exploraci\u00f3n a lo largo de un per\u00edodo de 300 a\u00f1os. El objetivo era ver si alg\u00fan cambio de conducta producir\u00eda reducciones significativas en los efectos de la actividad maderera sobre las poblaciones de tatajuba y massaranduba. Una vez m\u00e1s, al final de las simulaciones, no hubo nada que celebrar: en todos los escenarios ensayados, incluso en aqu\u00e9llos aparentemente menos agresivos, no quedaban m\u00e1s \u00e1rboles en cantidad suficiente para su explotaci\u00f3n comercial luego del tercer ciclo de corte. &#8220;Los resultados no cambiaban mucho en funci\u00f3n del escenario&#8221;, comenta V\u00e2nia Azevedo, alumna de maestr\u00eda de la Universidad de Brasilia (UnB), quien tom\u00f3 parte en las simulaciones. &#8220;Una vez pasado el tercer ciclo de corte, no se pod\u00eda extraer casi nada de la selva.&#8221;<\/p>\n<p>En cada simulaci\u00f3n, al menos uno de los tres principales par\u00e1metros del plan de manejo forestal se alter\u00f3. Estas directrices centrales definen el intervalo de tiempo entre cada extracci\u00f3n de madera, el di\u00e1metro m\u00ednimo de los troncos de los \u00e1rboles que pueden talarse y el porcentaje de \u00e1rboles pasibles de corte que ser\u00e1 preservado (son ejemplares que quedan en car\u00e1cter de reserva). Entre las pocas empresas que implementan planes de manejo en la Amazonia, donde el 70% de la extracci\u00f3n de madera es irregular, seg\u00fan algunas estimaciones, lo usual es hacer lo que la ley manda: adoptar un ciclo de corte de 30 a\u00f1os, considerar como candidato a la tala a cualquier \u00e1rbol con al menos 45 cent\u00edmetros del llamado di\u00e1metro a la altura del pecho (Dap) y mantener como reserva solamente a uno de cada diez \u00e1rboles que han alcanzado ya el punto de corte. El primer escenario ensayado sirvi\u00f3 de control. En este caso, el Eco-Gene calcul\u00f3 qu\u00e9 suceder\u00eda con poblaciones de 500 tatajubas y 500 massarandubas que se mantuvieran como intocables durante tres siglos. En los otros escenarios, del segundo al noveno, se ensayaron distintos planes de manejo, con mayor o menor restricci\u00f3n a la actividad maderera. El n\u00famero dos simul\u00f3 precisamente los par\u00e1metros actualmente empleados en el manejo. En los restantes, el ciclo de extracci\u00f3n oscil\u00f3 entre 30, 60 y 90 a\u00f1os, el di\u00e1metro m\u00ednimo de corte vari\u00f3 entre 45, 55 y 65 cent\u00edmetros y la cuota de \u00e1rboles que quedaron en car\u00e1cter de reserva fluctu\u00f3 entre un 10%, un 30% y un 50% de los ejemplares adultos.<\/p>\n<p>Al cabo de 300 a\u00f1os de explotaci\u00f3n virtual de \u00e1rboles, el cuadro general dise\u00f1ado por el Eco-Gene no era para nada alentador. Con relaci\u00f3n al escenario uno, donde no hubo corte alguno de madera, la tatajuba y la massaranduba, \u2212esta \u00faltima en menor escala\u2212 mostraron en las dem\u00e1s simulaciones reducciones significativas en las existencias de madera y en el n\u00famero de \u00e1rboles que compon\u00edan sus respectivas poblaciones. La cantidad de madera de la B. guianensis disponible en el bosque se retrajo entre un 82% y un 90%, y la cantidad de \u00e1rboles, entre el 63% y el 78%. El stock de madera de M. huberi retrocedi\u00f3 del 58% al 80% y la cantidad de \u00e1rboles decreci\u00f3 de m\u00e1xima un 12%. Parece existir ah\u00ed una paradoja \u2013\u00a0o un error \u2013\u00a0que ronda a ambos \u00edndices, calculados por el programa de modelado para la massaranduba. \u00bfC\u00f3mo puede ser que, despu\u00e9s de tres siglos de explotaci\u00f3n, la cantidad de \u00e1rboles de la especie casi no haya disminuido, mientras que el stock de madera se redujo tan claramente? La respuesta indica que eso es cierto: al final de las simulaciones, hab\u00eda casi tantas massarandubas como en el pasado; pero cierto es tambi\u00e9n que eran mucho menores que antes.<\/p>\n<p>Si bien el manejo forestal tal como hoy se lo practica altera de manera extrema las existencias de madera de la selva, su impacto sobre la diversidad gen\u00e9tica de la tatajuba y la massaranduba no parece ser de tama\u00f1a magnitud. En ambas especies, la p\u00e9rdida de informaci\u00f3n molecular fue a lo sumo del 15% de las as\u00ed llamadas combinaciones genot\u00edpicas que hab\u00eda en los \u00e1rboles antes del comienzo de la actividad maderera. Una combinaci\u00f3n genot\u00edpica es la forma particular de un gen hallado en un individuo. En otros par\u00e1metros, como la consanguinidad, no hubo cambios estad\u00edsticamente significativos. &#8220;Las simulaciones indican que no existen fuertes amenazas a la conservaci\u00f3n gen\u00e9tica de esos \u00e1rboles&#8221;, considera Kanashiro. &#8220;Pero a\u00fan no podemos afirmar esto con total certeza.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Una realidad compleja<br \/>\n<\/strong>Es necesario analizar en perspectiva los resultados de las simulaciones. La realidad, como todos lo saben, sobre todo los investigadores del Dendrogene, es m\u00e1s compleja que los escenarios construidos por un programa de computadora que intenta prever los efectos de la extracci\u00f3n controlada de madera. El programa Eco-Gene fue abastecido con datos relativos a las caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas y biol\u00f3gicas de la tatajuba y de la massaranduba estudiadas en un \u00e1rea de selva natural. Lo ideal es que el software se alimente con la informaci\u00f3n referente a \u00e1rboles provenientes de las \u00e1reas manejadas, que deben presentar una din\u00e1mica reproductiva distinta. En poco tiempo m\u00e1s, esto ha de ser posible. Al final de 2003, los investigadores siguieron el corte del 90% de los \u00e1rboles adultos de las siete especies estudiadas en el marco del proyecto, que exist\u00edan en las 500 hect\u00e1reas de selva donde el mismo concentra su parte de campo. &#8220;Este mismo a\u00f1o, o en 2006, volver\u00e9 a visitar el \u00e1rea para ver el impacto de extracci\u00f3n de madera sobre los insectos y otros animales responsables de la polinizaci\u00f3n de los \u00e1rboles&#8221;, dice la bi\u00f3loga M\u00e1rcia Motta Mau\u00e9s, de Embrapa-Amazonia Oriental.<\/p>\n<p>Puede parecer un contrasentido para los legos, pero la extracci\u00f3n de madera estimula la germinaci\u00f3n de semillas en el suelo de la Amazonia y, en un primer momento, favorece el crecimiento de plantines de \u00e1rboles en el tramo de selva explotado. El corte de una massaranduba o de una tatajuba de gran porte abre una claro en el bosque, y los rayos solares llegan as\u00ed m\u00e1s f\u00e1cilmente a la tierra. El ingeniero forestal Jos\u00e9 do Carmo Alves Lopes, tambi\u00e9n de Embrapa, midi\u00f3 en Tapaj\u00f3s los niveles de regeneraci\u00f3n de las siete especies estudiadas en detalle por el Dendrogene, antes y despu\u00e9s de las talas de \u00e1rboles all\u00ed efectuadas. Diez meses despu\u00e9s de que la motosierra hiciera su trabajo, todas las variedades aumentaron sus tasas de regeneraci\u00f3n. La tatajuba, una especie a la que le encanta el sol, registr\u00f3 el mayor \u00edndice de aparici\u00f3n y de crecimiento de pl\u00e1ntulas, como los t\u00e9cnicos llaman a las plantas peque\u00f1as. Hab\u00eda 62 veces m\u00e1s pl\u00e1ntulas de la especie que antes (el n\u00famero de plantines por hect\u00e1rea pas\u00f3 del 0,3 a 19). La andiroba, la especie que tuvo la menor tasa de regeneraci\u00f3n, aument\u00f3 tan s\u00f3lo un 5% o su cantidad de pl\u00e1ntulas (trep\u00f3 de 106 plantines por hect\u00e1rea a 112). &#8220;Ahora veremos c\u00f3mo tales tasas de crecimiento se reducir\u00e1n en el transcurso del tiempo. Seguramente caer\u00e1n, pero lo que no sabemos es cu\u00e1nto&#8221;, afirma Carmo. A medida que la copa de la selva vuelve a densificarse, las especies que no toleran la sombra pasan registrar tasas alarmantes de mortalidad. Tan solo unos pocos ejemplares m\u00e1s altos sobreviven, aqu\u00e9llos que han logrado literalmente un lugar permanente al sol. \u00c9sta es la desgracia de la tatajuba, al contrario de la massaranduba, que es afecta a la sombra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Dos especies de \u00e1rboles tardan m\u00e1s de un siglo para crecer y reponer la cantidad de madera talada","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[192],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-80289","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tecnologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80289","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80289"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80289\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80289"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80289"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80289"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80289"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}