{"id":80348,"date":"2005-08-01T00:00:00","date_gmt":"2005-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/08\/01\/mientras-que-la-lluvia-no-llega\/"},"modified":"2015-03-27T15:18:10","modified_gmt":"2015-03-27T18:18:10","slug":"mientras-que-la-lluvia-no-llega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/mientras-que-la-lluvia-no-llega\/","title":{"rendered":"Mientras que la lluvia no llega"},"content":{"rendered":"<p>Al notar las primeras se\u00f1ales de que la tierra se est\u00e1 calentando y el agua est\u00e1 escaseando, la rana de pared se mete de torso en un estrecho hueco de un \u00e1rbol y se encierra, usando como tapa su cabeza chata y huesuda, en forma de escudo. Esta rana de piel lisa y h\u00fameda, que mide de 10 a 15 cent\u00edmetros de longitud con sus patas estiradas, puede permanecer alojada all\u00ed dentro durante meses, o hasta a\u00f1os, dependiendo de la intensidad de la sequ\u00eda, pr\u00e1cticamente sin perder agua, hasta que la lluvia vuelva. Pasa sus d\u00edas inm\u00f3vil, como que atontada de sue\u00f1o, y s\u00f3lo se despierta a la noche, en caso de que detecte alg\u00fan insecto cercano. En tal caso, r\u00e1pidamente lo devora y, una vez saciada, retorna al estado de letargo, con su organismo funcionando lentamente. La Corythomantis greeningi es un ejemplo notable de la adaptaci\u00f3n de los anfibios a la cr\u00f3nica falta de agua del semi\u00e1rido del nordeste de Brasil.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas se pens\u00f3 que su habilidad para ahorrar agua se debiese solamente a su cabeza seca y dura como una piedra, que clausura la entrada del hueco o de las hendiduras de rocas donde se esconde. Pero ahora, un equipo del Instituto Butantan, coordinado por el bi\u00f3logo Carlos Jared, demostr\u00f3 que la cabeza por s\u00ed sola, aunque funcione como tapa, colabora poco en lo que\u00a0 a econom\u00eda de agua se refiere. &#8220;El propio acto de esconderse y de crear una barrera con una parte del propio cuerpo permite una enorme econom\u00eda h\u00eddrica&#8221;, dice Jared. En un art\u00edculo publicado en la revista inglesa Journal of Zoology, Jared y otros investigadores del Butantan, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp) demuestran que esta cabeza rara tiene un papel mucho m\u00e1s importante: proteger a la rana contra sus predadores. Adem\u00e1s de hacer las veces de un casco, est\u00e1 cubierta de espinas y gl\u00e1ndulas venenosas que liberan cierta por medio de protuberancias similares a verrugas oscuras, mucho mayores en la cabeza que en el resto del cuerpo.<\/p>\n<p>Aun sabiendo del veneno, Jared, con el prop\u00f3sito de mostrar cu\u00e1n dura y delgada es la cabeza de esta rana, sujeta con la mano uno de los 16 ejemplares tra\u00eddos de Angicos, estado de R\u00edo Grande do Norte, y mantenidos en el bioterio del Butantan. Al sentirse atrapado, el animal inmediatamente empieza a girar y a refregar el cr\u00e1neo entre los dedos de Jared, liberando as\u00ed un l\u00edquido blanquecino y viscoso, cuya letalidad es similar a la del veneno de la yararaca, tal como un equipo del Butantan lo corrobor\u00f3. &#8220;Me duele un poco, pero fue superficial, no entr\u00f3 en el torrente sangu\u00edneo&#8221;, dice el bi\u00f3logo antes de lavarse las manos de prisa. Jared hab\u00eda sugerido en un estudio publicado en 1999 que la secreci\u00f3n de la piel de esta especie tendr\u00eda tambi\u00e9n una acci\u00f3n antibi\u00f3tica, ya que el animal permanec\u00eda durante mucho tiempo encerrado en un ambiente h\u00famedo, probablemente poblado de hongos y bacterias. Y tal como otro equipo del Butantan comprob\u00f3, existe de hecho un antibi\u00f3tico en esta secreci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Un camuflaje natural<br \/>\n<\/strong> En la lucha contra los predadores, la rana de pared cuenta tambi\u00e9n con las espinas que forman una capa \u00f3sea sobre la piel y cubren toda la cabeza, incluso los p\u00e1rpados. &#8220;Con estas espinas&#8221;, dice Jared, &#8220;se les hace muy dif\u00edcil a los predadores devorar a la rana o sacarla de su escondrijo&#8221;. El cient\u00edfico cree que las espinas y las gl\u00e1ndulas de veneno funcionan incluso contra animales peque\u00f1os, como es el caso de los insectos hemat\u00f3fagos, que pueden haber descubierto su camuflaje -la cabeza tiene la misma textura y el mismo color que las cortezas de los \u00e1rboles- e intentan chuparle la sangre.<\/p>\n<p>Identificada en 1896 por el bi\u00f3logo belga George Albert Boulanger, con base en\u00a0 ejemplares mantenidos en el British Museum de Londres, esta especie exclusiva de la Caatinga tiene el nombre popular de rana de pared porque a veces aparece pegada en las paredes de los ba\u00f1os de las casas de la zona que va del norte del estado de Minas Gerais hasta Maranh\u00e3o. Es tambi\u00e9n una forma de diferenciarla de la rana verdadera, tambi\u00e9n llamada de rana pimienta (Leptodactylus labyrinthicus), de porte m\u00e1s impresionante, diez veces m\u00e1s pesada que la rana de pared y capaz de comer dos lauchas enteras con un s\u00f3lo bocado.<\/p>\n<p>Otros anfibios se valen de artificios incluso opuestos, que les permiten resistir el calor abrasador del semi\u00e1rido. Tal es el caso del sapo curur\u00fa (Bufo jimi), un grandul\u00f3n prsuntuoso: puede v\u00e9rselo cazando insectos incluso bajo un sol intenso. Resisteseg\u00fan Jared\u00a0 porque su piel est\u00e1 constituida por una espesa capa de gr\u00e1nulos de calcio que obstruye la salida de agua. Esta armadura parece estar ausente s\u00f3lo en la regi\u00f3n de la ingle, intensamente vascularizada, por donde el agua penetra en el cuerpo de los anfibios. &#8220;Un sapo sentado sobre una regi\u00f3n h\u00fameda puede estar bebiendo agua a su manera&#8221;, dice el bi\u00f3logo del Butantan.<\/p>\n<p>En tanto, las ranas Proceratophrys cristiceps, otra especie exclusiva de la Caatinga, se abren camino en busca de humedad con las patas traseras en la arena del lecho de r\u00edos temporarios, cuya superficie ya se ha secado. Pueden quedarse enterradas en una columna de hasta un metro de arena y resurgir somnolientas cuando los habitantes locales cavan un pozo en los r\u00edos secos en busca de agua. El estado de modorra con que la Proceratophrys se muestra a estas horas es el equivalente en los tr\u00f3picos a la hibernaci\u00f3n ?es la llamada estivaci\u00f3n, accionada por la sequ\u00eda en lugar del fr\u00edo, cuando el metabolismo de los animales pr\u00e1cticamente se detiene.<\/p>\n<p>Cuando la lluvia vuelve, durante los primeros meses del a\u00f1o, las plantas renacen de un d\u00eda para el otro, la tierra se cubre de verde y las ranas y los sapos salen del estado de sopor: empieza entonces el croar de los machos en busca de las hembras para el apareamiento. Las Proceratophrys machos cantan al un\u00edsono y crean un sonido fuerte, que hasta las hembras m\u00e1s distantes consiguen escuchar. No se puede perder tiempo: hay que reproducirse y alimentarse con rapidez, antes de que termine la \u00e9poca de las lluvias y la sequ\u00eda vuelva a asolar al sert\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una rana exclusiva de la zona de la Caatinga vive en huecos de \u00e1rboles, que cubre con su cabeza dura y espinosa","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80348","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80348","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80348"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80348\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80348"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80348"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80348"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80348"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}