{"id":80356,"date":"2005-08-01T00:00:00","date_gmt":"2005-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/08\/01\/la-naturaleza-atormentada\/"},"modified":"2016-01-28T16:49:02","modified_gmt":"2016-01-28T18:49:02","slug":"la-naturaleza-atormentada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-naturaleza-atormentada\/","title":{"rendered":"La naturaleza atormentada"},"content":{"rendered":"<p>Al acu\u00f1ar la expresi\u00f3n &#8220;la naturaleza atormentada&#8221;, a comienzos del siglo XVII, en referencia al objeto del conocimiento cient\u00edfico, Francis Bacon no imaginaba que ese ideal ir\u00eda mucho despu\u00e9s a atormentar a fil\u00f3sofos y cient\u00edficos, en el siglo XXI. El &#8220;tormento&#8221; del mundo natural, significaba para Bacon conocerlo, no por el saber desinteresado, sino para dominar, transformar y luego utilizar ese universo en forma m\u00e1s eficiente. Y tambi\u00e9n m\u00e1s precisa. El instrumento escogido para llevar adelante tal tarea lo aport\u00f3 otro pensador de aquel tiempo: Galileo, quien sostuvo que eran las cualidades de los objetos naturales reductibles a la matem\u00e1tica y la mec\u00e1nica. La cuna de la ciencia moderna tra\u00eda consigo la estructura para que el ideal de control de la naturaleza se plasmara. Al frente del italiano surgi\u00f3 la Iglesia, con sus supersticiones y oscurantismos, y enseguida se torn\u00f3 necesario separar los hechos, un privilegio del pensamiento cient\u00edfico, de los valores, ligados a la autoridad y a lo social. El reci\u00e9n nacido ser\u00eda imparcial, neutro y aut\u00f3nomo.<\/p>\n<p>&#8220;La ciencia debe asumir que tiene tambi\u00e9n su costado comprometido, pues, pese a declararse desprovista de valores, trae consigo el ideal de control de lo natural, que de por s\u00ed es un valor. Nada cabe obstar a ello, pues esta voluntad es una parte intr\u00ednseca del ser humano. Pero es necesario siempre tener en cuenta que, en ocasiones, se suscita un problema: \u00bfc\u00f3mo controlar a quien controla a la naturaleza?&#8221;, afirma Pablo Ruben Mariconda, coordinador del Proyecto Tem\u00e1tico intitulado Estudios de filosof\u00eda y historia de la ciencia, que cuenta con el apoyo de la FAPESP, un espacio de discusi\u00f3n y an\u00e1lisis hist\u00f3rico y filos\u00f3fico de los senderos de la ciencia, desde sus albores en el siglo XVII hasta el momento actual.<\/p>\n<p>Este proyecto ha redundado en la publicaci\u00f3n de una revista: Scientia Studia (cuya versi\u00f3n online puede ingresarse en <a href=\"http:\/\/www.scientiaestudia.org.br\">www.scientiaestudia.org.br<\/a>), que contiene textos cr\u00edticos y anal\u00edticos de varios investigadores y tambi\u00e9n obras cient\u00edficas hist\u00f3ricas (cartas, tratados, etc.), traducidas y comentadas. Al margen del foco hist\u00f3rico, la investigaci\u00f3n se aboca a la llamada pol\u00e9mica de la\u00a0 tecnociencia, la uni\u00f3n de ciencia y tecnolog\u00eda. &#8220;La tecnociencia a veces une la supervaloraci\u00f3n del aspecto aplicado del conocimiento con la desvalorizaci\u00f3n de la investigaci\u00f3n pura y del conocimiento como un fin en s\u00ed mismo&#8221;, dice Mariconda. El principio de la difusi\u00f3n a trav\u00e9s de toda la sociedad de los productos te\u00f3ricos e intelectuales puede, en algunos casos, dar lugar a una intensa privatizaci\u00f3n del saber a cambio de utilidades.<\/p>\n<p>&#8220;En la actualidad, en varios sectores, es casi imposible separar la investigaci\u00f3n cient\u00edfica de los intereses, y no se cumplen m\u00e1s los valores de equidad y beneficio general, atributos natos de la ciencia&#8221;, dice Mariconda. &#8220;Ese estado de mercantilizaci\u00f3n puede poner en riesgo a la ciencia tal como la entendemos y queremos&#8221;. No obstante, cabe aclararlo, \u00e9ste ha sido un proceso lento. El ideal de dominaci\u00f3n de la naturaleza surgi\u00f3 en el siglo XVII, pero no se ha plasmado, a no ser en la generaci\u00f3n del concepto de ciencia \u00fatil. Era la resoluci\u00f3n de un impasse que tuvo su inicio con el Humanismo renacentista, que preconizaba el poder del hombre para conocer y dominar la realidad. Hab\u00eda en ese entonces dos maneras de pensar el valor de la ciencia. Una de ellas entend\u00eda la teor\u00eda cient\u00edfica como la b\u00fasqueda del conocimiento por el conocimiento mismo, por la ampliaci\u00f3n del saber sobre lo desconocido, sin que ello implicara en la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de los descubrimientos. Junto a esto estaba el utilitarismo, que abogaba por la valoraci\u00f3n de la ciencia en funci\u00f3n de la cantidad de aplicaciones pr\u00e1cticas que un determinado descubrimiento pudiera permitir. No se pod\u00eda perder tiempo, pues era necesario dotar de orden al mundo y controlarlo pr\u00e1cticamente. La decisi\u00f3n m\u00e1s acertada entre varias elecciones posibles en un experimento ser\u00eda aqu\u00e9lla dotada de mayor eficiencia como para asegurar una finalidad pragm\u00e1tica. En el siglo XVII, el juicio a Galileo fue un punto clave para este cambio, pues hecho y valor al fin se disociaron. En el tribunal, de un lado hab\u00eda un hombre de la raz\u00f3n, que vio su pensamiento confront\u00e1ndose con la fe. En aquel momento fue necesario, por tal motivo, que la incipiente ciencia se tornase totalmente desprovista de los llamados valores sociales, para distanciarse al m\u00e1ximo de aquello que no fuera racional, cognitivo.<\/p>\n<p>La ciencia adopt\u00f3 la matematizaci\u00f3n, pero la realizaci\u00f3n del paradigma del control reci\u00e9n se dar\u00eda en el siglo XIX, con el surgimiento de las condiciones sociales y econ\u00f3micas necesarias. La Primera Revoluci\u00f3n Industrial uni\u00f3, por primera vez, producci\u00f3n de conocimiento y producci\u00f3n de mercader\u00edas. A partir de entonces, esta relaci\u00f3n entre ciencia y t\u00e9cnica se fue estrechando naturalmente. El final de la Segunda Guerra Mundial sign\u00f3 m\u00e1s a\u00fan la confluencia entre la ciencia y la tecnolog\u00eda, lo que en tiempos m\u00e1s recientes desemboc\u00f3 en la llamada tecnociencia.<\/p>\n<p><strong>Negaci\u00f3n<br \/>\n<\/strong> La reacci\u00f3n, sostiene Mariconda, fue excesiva, a punto tal de inspirar cr\u00edticas radicales, posmodernistas, que condenan la ciencia y las patentes en su totalidad, sin racionalizaci\u00f3n. El proyecto de Mariconda no avanza en el sentido de esa negaci\u00f3n total, sino que, en el marco del mejor esp\u00edritu cient\u00edfico, defiende la validez de las investigaciones cient\u00edficas, y prefiere \u00fanicamente advertir sobre el peligro de la valoraci\u00f3n excesiva del control de la naturaleza sobre otras formas de relaci\u00f3n con los objetos naturales. En este contexto, la ciencia moderna ser\u00eda un abordaje posible entre tantos otros, sin la radicalizaci\u00f3n de los elementos de neutralidad y autonom\u00eda, y preservando su imparcialidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, tal como lo reconoce el investigador, es cada vez m\u00e1s complicada esa ampliaci\u00f3n del abanico de opciones, en la medida en que, de manera creciente, la investigaci\u00f3n cient\u00edfica ha ido migrando desde las universidades a las corporaciones econ\u00f3micas, que tambi\u00e9n destinan recursos al desarrollo de nuevos conocimientos. El n\u00famero de patentes revela tama\u00f1a desproporci\u00f3n: a nivel mundial, solamente el 3% se concede a investigadores vinculados a una instituci\u00f3n acad\u00e9mica. &#8220;Esta cuesti\u00f3n es un punto neur\u00e1lgico, pues restringe el acceso a los procedimientos biol\u00f3gicos, perpetrado por un grupo de gente que tiene la patente. En el largo plazo, esto puede traer aparejada una fragmentaci\u00f3n del campo cient\u00edfico en un sinn\u00famero de patentes, cosa que har\u00eda imposible el conocimiento universal. \u00c9ste quedar\u00eda limitado a las \u00e1reas reguladas por las patentes, y as\u00ed, ser\u00e1 dif\u00edcil hacer investigaci\u00f3n independiente&#8221;, advierte Mariconda. &#8220;Debemos concientizarnos de que no podemos quedarnos \u00fanicamente en la investigaci\u00f3n aplicada&#8221;. Afortunadamente, advierte Mariconda, Brasil es uno de los pocos pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica que no ha renunciado a hacer investigaci\u00f3n b\u00e1sica.<\/p>\n<p><strong>Conocimiento<br \/>\n<\/strong> &#8220;Tenemos muchos institutos que, aunque apunten hacia la investigaci\u00f3n aplicada, canalizan sus esfuerzos en pro de un conocimiento cient\u00edfico que solucione los problemas fundamentales de la sociedad brasile\u00f1a&#8221;, elogia el investigador, quien pone de relieve el valor del trabajo de las fundaciones de fomento a la investigaci\u00f3n, como la FAPESP, la Fundaci\u00f3n de Apoyo a la Investigaci\u00f3n de R\u00edo de Janeiro (Faperj), el Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq) y la Coordinaci\u00f3n de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), entre otras. Un dato nuevo que ha de analizarse se observa en la pol\u00e9mica de la rotura de patentes, en especial aqu\u00e9llas referentes a las drogas empleadas en el tratamiento del Sida. &#8220;El gobierno tiene sus razones para ello, pero solamente en casos extremos como \u00e9ste, pues se trata de una situaci\u00f3n donde los productos son caros, y deber\u00edan beneficiar a todos. En casos que involucran vida o muerte, las ganancias no pueden estar por encima de las necesidades de la poblaci\u00f3n&#8221;, sostiene. &#8220;La propiedad difusa, p\u00fablica y colectiva, asociada al conocimiento de los pueblos y de las comunidades en general, e incluso de la comunidad cient\u00edfica en particular, empieza a competir de manera peligrosa con la propiedad privada, asociada a un conocimiento tecnol\u00f3gico avanzado, cuyo desarrollo depender\u00e1 cada vez m\u00e1s de las grandes inversiones, que solamente existir\u00e1n con una garant\u00eda de retorno mayor a\u00fan&#8221;, eval\u00faa el investigador.<\/p>\n<p>Para Mariconda, en el \u00e1mbito de la ciencia, se puede de \u00faltima sostener que existe un empobrecimiento cultural e intelectual: la tecnociencia contempor\u00e1nea, cuando es predatoria, desemboca en que el conocimiento p\u00fablico, que es el ideal de la\u00a0 ciencia moderna, se convierta en conocimiento privado. &#8220;Al defender la imparcialidad de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, como la que se hace en las fundaciones y en las universidades, abogamos en favor de un conocimiento libre de ingerencias externas con una m\u00e1scara humanista y progresista para imponer una ideolog\u00eda que se vuelve en contra del hombre e inhibe la libertad de pensamiento&#8221;, eval\u00faa el investigador. Al fin y al cabo, sostiene Mariconda, la presencia de valores no le impide a la ciencia desarrollar un conocimiento objetivo e imparcial.<\/p>\n<p>&#8220;De por s\u00ed, no es malo contar con la chance de conocer a fondo los fen\u00f3menos, y de esta forma tener control sobre la naturaleza. El problema radica en la utilizaci\u00f3n puramente materialista de tal conquista. Un mismo conocimiento puede usarse de diferentes maneras&#8221;, eval\u00faa.<\/p>\n<p>En tanto, el controlar a los cient\u00edficos es una cuesti\u00f3n delicada. &#8220;Muchos insisten en la teor\u00eda de la neutralidad y en la idea de que el mal uso de sus descubrimientos es responsabilidad del capitalismo y del Estado, y no suya. \u00c9sa no es precisamente una actitud sana. Siempre que producimos conocimiento somos responsables de los efectos colaterales de nuestra creaci\u00f3n&#8221;, advierte el autor. Mariconda recuerda el ejemplo de Einstein, quien pese a ser conciente acerca de las consecuencias de sus descubrimientos, no cej\u00f3 en sus\u00a0 investigaciones. Lo que, por otra parte, no le impidi\u00f3 usar su figura p\u00fablica para propagar el pacifismo. Al final de cuentas, en aquel d\u00eda del juicio, pese a la\u00a0 violencia con que lo amenazaban, Galileo no se dej\u00f3 llevar. El dicho eppur si muove era totalmente cierto.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<br \/>\n<\/strong>Estudios de filosof\u00eda e historia de la ciencia;\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Supervisi\u00f3n\u00a0<\/strong>Pablo Ruben Mariconda &#8211; USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 116.332,00 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un proyecto discute los peligros de la mercantilizaci\u00f3n de la ciencia","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-80356","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80356","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80356"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80356\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80356"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80356"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80356"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80356"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}