{"id":80368,"date":"2005-09-01T00:00:00","date_gmt":"2005-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/09\/01\/la-fauna-arcaica-de-la-terra-brasilis\/"},"modified":"2015-08-25T14:34:43","modified_gmt":"2015-08-25T17:34:43","slug":"la-fauna-arcaica-de-la-terra-brasilis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-fauna-arcaica-de-la-terra-brasilis\/","title":{"rendered":"La fauna arcaica de la Terra Brasilis"},"content":{"rendered":"<p>Resulta dif\u00edcil estimar que el conjunto conocido de especies de la fauna brasile\u00f1a de hace millones o miles de a\u00f1os pueda llegar a ser mayor que el de Estados Unidos. Pero esto no es pura y exclusivamente producto de la diferencia de presupuestos destinados a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica que, en nuestro caso, es 22 veces m\u00e1s reducido. La principal raz\u00f3n para ello, que puede sonar un tanto extra\u00f1a, es m\u00e1s bien otra: Brasil no tiene desiertos, donde los f\u00f3siles se conservan mucho m\u00e1s f\u00e1cilmente que en las selvas que cubren la mayor parte de las tierras de este pa\u00eds. Los paleont\u00f3logos brasile\u00f1os no tiene muchos lugares d\u00f3nde cavar, pese a lo cual no pierden oportunidad de ponerse el sombrero y la baqueteada ropa de trabajo de campo para, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, arriesgar su suerte en alg\u00fan punto de Bacia Bauru o Chapada do Araripe.<\/p>\n<p>Bacia Bauru es un vasto campo de sedimentos que se esparce por los estados de S\u00e3o Paulo, Minas Gerais, Paran\u00e1, Goi\u00e1s y Mato Grosso, y contiene fragmentos\u00a0 f\u00f3siles de animales que vivieron hace 80 millones de a\u00f1os, en las postrimer\u00edas del tiempo de los dinosaurios. El problema radica en que no siempre los mismos se encuentran en lugares accesibles. Zonas tales como el noroeste paulista, por ejemplo, probadamente rico en diversidad de especies que vivieron hace millones de a\u00f1os, son pr\u00e1cticamente inaccesibles, pues est\u00e1n actualmente ocupadas por cultivos de ca\u00f1a de az\u00facar. Una de las pocas alternativas que restan entre \u00e9stas para regresar con algo valioso en la mochila es Chapada do Araripe, uno de los m\u00e1s f\u00e9rtiles territorios de f\u00f3siles de peces y reptiles de Brasil, que se extiende por los estados de Cear\u00e1, Pernambuco y Piau\u00ed. All\u00e1, f\u00f3siles que datan de 110 millones de a\u00f1os atr\u00e1s son comunes, a punto tal de inspirar incluso a los artesanos locales, que elaboran piezas como las que ilustran estas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los paleont\u00f3logos argentinos dejan trasparecer su orgullo cuando comentan que, en su pa\u00eds, se han identificado alrededor de mil especies de f\u00f3siles de vertebrados, el equivalente por lo menos a cuatro veces el material brasile\u00f1o. Tanto j\u00fabilo obedece en parte a los beneficios del clima seco, que ayuda a preservar los restos de animales que antiguamente ocupaban el actual desierto de la Patagonia. Pero hay tambi\u00e9n un motivo extra: La paleontolog\u00eda tiene en Argentina una historia de 150 a\u00f1os, explica la zo\u00f3loga Zulma Gasparini, docente de la Universidad Nacional de La Plata, quien trabaja en dicha \u00e1rea desde hace casi 35 a\u00f1os. Empez\u00f3 antes que la f\u00edsica y la medicina, y se la considera una profesi\u00f3n desde hace 40 a\u00f1os, agrega Gasparini.<\/p>\n<p>Pero, m\u00e1s all\u00e1 de estas desventajas, la paleontolog\u00eda brasile\u00f1a da muestras de lozan\u00eda. En el marco del II Congreso Latinoamericano de Paleontolog\u00eda de Vertebrados, realizado el mes pasado en R\u00edo de Janeiro, se presentaron alrededor de 30 nuevas especies de f\u00f3siles de animales de Sudam\u00e9rica y al menos la mitad correspondi\u00f3 a Brasil. Aunque dichos hallazgos a\u00fan est\u00e1n sujetos a la confirmaci\u00f3n por medio de la publicaci\u00f3n de art\u00edculos en revistas especializadas, atestiguan palmariamente la madurez del \u00e1rea en el pa\u00eds, y ponen de relieve la importancia de Latinoam\u00e9rica como un centro de irradiaci\u00f3n de nuevas especies de animales. Por cierto, una de las especies m\u00e1s antiguas de dinosaurios, el Staurikosaurus pricei, fue hallada en R\u00edo Grande do Sul, donde vivi\u00f3 hace 230 millones de a\u00f1os. Evidentemente, desde lo alto de su metro ochenta y sus modestos 30 kilogramos, este animal siquiera lleg\u00f3 a sospechar que, millones de a\u00f1os m\u00e1s tarde, surgir\u00edan grandulones como el Tyrannossaurus rex, uno de los s\u00edmbolos de la paleontolog\u00eda del Hemisferio Norte.<\/p>\n<p><strong>Sobre la misma faz de la Tierra<br \/>\n<\/strong>Pese a ser imbatibles en popularidad, probablemente debido a que avivan nuestros miedos at\u00e1vicos a los monstruos, los dinosaurios no vivieron solos sobre la Tierra antigua. Fueron a decir verdad los m\u00e1s grandes, los m\u00e1s abundantes y los m\u00e1s exitosos animales durante la mayor parte del tiempo en que vivieron, hace entre 230 y 65 millones de a\u00f1os. Sin embargo, hab\u00eda otros reptiles, aves y mam\u00edferos cuyos f\u00f3siles, a medida que van saliendo de las rocas, no solamente revelan una diversidad y una distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica que va m\u00e1s all\u00e1 de lo imaginable, sino que tambi\u00e9n ponen en evidencia las transformaciones que sufri\u00f3 el paisaje brasile\u00f1o.<\/p>\n<p>En esas tierras, ocupadas por ese entonces tan s\u00f3lo por una vegetaci\u00f3n rala, entremezclada con peque\u00f1os bosques, vagaban mam\u00edferos similares a los elefantes. Eran los mastodontes, al menos tres veces m\u00e1s grandes que los tapires, los mayores mam\u00edferos terrestres brasile\u00f1os de la actualidad, de casi dos metros de longitud. Hace alrededor de 50 mil a\u00f1os, los mastodontes se esparc\u00edan de norte a sur, pero no se sab\u00eda hasta ahora que podr\u00edan haber ocupado tambi\u00e9n lo que ser\u00eda el estado de Rond\u00f4nia, tal como lo indica el descubrimiento de dos cr\u00e1neos de estos animales casi enteros. Hab\u00eda tambi\u00e9n otros mam\u00edferos, tan grandes como los mastodontes: los Pyrotheria. En la zona de Taubat\u00e9, enclavada entre las ciudades de S\u00e3o Paulo y R\u00edo de Janeiro, vivi\u00f3 el primer Pyrotheria brasile\u00f1o, que ten\u00eda un hocico m\u00e1s largo que el de los elefantes, sin bien que su trompa era m\u00e1s peque\u00f1a. El animal que desenterraron paulistas y cariocas impresiona por su apariencia, por su tama\u00f1o y por la \u00e9poca en que vivi\u00f3: hace alrededor de 30 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>En tanto, en las peque\u00f1as cavernas del oeste del estado de R\u00edo Grande do Norte viv\u00eda un reptil parecido al actual yacar\u00e9 \u00f1ato u overo, una se\u00f1al indicativa de que el clima era bastante distinto que el actual, y probablemente hab\u00eda mucho m\u00e1s agua en dicha regi\u00f3n, hoy en d\u00eda tan seca. En el actual semi\u00e1rido brasile\u00f1o hab\u00eda un mosaico de vegetaciones diferentes, sostiene Gisele Lessa, investigadora de la Universidad Federal de Vi\u00e7osa (UFV), luego de estudiar otro grupo de animales: los murci\u00e9lagos. Con gran dificultad, debido a que trabajan con huesos sumamente fr\u00e1giles, de uno o dos cent\u00edmetros, y dientes de un mil\u00edmetro y medio, los expertos identificaron 27 especies de murci\u00e9lagos de un m\u00e1ximo de 20 mil a\u00f1os de antig\u00fcedad, principalmente en los estados de Bah\u00eda, Minas Gerais y Goi\u00e1s.<\/p>\n<p>Patr\u00edcia Hadler Rodrigues, doctoranda de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul (UFRGS), hizo el hallazgo m\u00e1s reciente, en un sitio arqueol\u00f3gico ubicado en el nordeste de dicho estado brasile\u00f1o. Es el primer ejemplar de un murci\u00e9lago de alrededor de 30 cent\u00edmetros de envergadura: el Eptesicus fuscus, que actualmente vive en un inmenso territorio, que se extiende desde el sur de Canad\u00e1 hasta la Amazonia, pero que hace m\u00e1s o menos nueve mil a\u00f1os vivi\u00f3 tambi\u00e9n en las tierras del sur de Brasil y nadie se arriesga a decir por qu\u00e9 motivo las dej\u00f3. Tambi\u00e9n en R\u00edo Grande do Sul se hall\u00f3 por primera vez un f\u00f3sil de una iguana conocida como tey\u00fa o Tupinambis sp., la mayor del continente, con una cola de 60 cent\u00edmetros, la mitad de la extensi\u00f3n de su cuerpo. Hace un mill\u00f3n y medio de a\u00f1os, era al menos un palmo m\u00e1s grande.<\/p>\n<p>Y las dudas fueron surgiendo con la misma profusi\u00f3n que los hallazgos. A\u00fan no se sabe a ciencia cierta c\u00f3mo aparecieron muchos de estos grupos de animales, ni tampoco c\u00f3mo algunos se sobrepon\u00edan a otros en ocasiones bastante cercanos. Hace entre 57 y 38 millones de a\u00f1os, lagartos del grupo de las actuales iguanas ocupaban solos dos islas, Seichelles y Reuni\u00f3n, del sudeste de \u00c1frica, mientras que otro grupo, el de los lac\u00e9rtidos, era exclusivo de la casi vecina isla de Madagascar. En tiempos intercalados, seg\u00fan Marc Auge, del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, estos dos grupos desaparecen, reaparecen y vuelven a desaparecer en un fen\u00f3meno que se conoce con el nombre de sustituci\u00f3n competitiva, que probablemente se habr\u00eda dado tambi\u00e9n de este lado del Atl\u00e1ntico, pues Am\u00e9rica del Sur estaba unida a \u00c1frica, Europa y la India hace alrededor de 100 millones de a\u00f1os. Formaban por ese entonces un \u00fanico supercontinente, llamado Gondwana.<\/p>\n<p>La competencia fue efectivamente intensa, aunque esto no es suficiente como para explicar por qu\u00e9 algunas especies tuvieron \u00e9xito y otras no o por qu\u00e9 algunas reci\u00e9n evolucionaron una vez que otras desaparecieron. Los mam\u00edferos se vieron opacados por los dinosaurios, pese a que ambos grupos surgieron aproximadamente en la misma \u00e9poca, ejemplifica L\u00edlian Bergqvist, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ), una de las descubridoras del primer Pyrotheria brasile\u00f1o, junto a su alumno Leonardo Avilla, Herculano Alvarenga, del Museo de Historia Natural de Taubat\u00e9, y Ricardo Mendon\u00e7a, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP).<\/p>\n<p>La extinci\u00f3n de los dinosaurios abri\u00f3 el camino de la irradiaci\u00f3n de los mam\u00edferos, sostiene L\u00edlian. \u00c9stos, otrora escondidos, peque\u00f1os y nocturnos, salieron entonces de sus madrigueras a plena luz del d\u00eda. No hay muchas noticias sobre esta \u00e9poca, pero Marcelo Tejedor, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, present\u00f3 un molar de un peque\u00f1o marsupial herb\u00edvoro que ser\u00eda el mam\u00edfero cenozoico m\u00e1s antiguo Sudam\u00e9rica, de 65 millones de a\u00f1os. Es una se\u00f1al indicativa de que en dicha \u00e9poca hubo una intensa suplantaci\u00f3n de especies animales.<\/p>\n<p>Am\u00e9rica del Sur tuvo una fauna propia, pues muchos f\u00f3siles de ac\u00e1 no se encuentran en Estados Unidos o en Canad\u00e1?, dice Marcelo Reguero, del Museo de La Plata, Argentina. Pero esa suerte no dur\u00f3 mucho. Al atravesar el istmo de Panam\u00e1, que uni\u00f3 a ambas Am\u00e9ricas hace 2,5 millones de a\u00f1os, llegaron muchas especies oriundas del norte, en una cantidad probablemente superior a la de especies que salieron del sur. El resultado de ello fue que la pelea en pos de refugios y alimentos extermin\u00f3 a la mayor\u00eda de los grandes mam\u00edferos de Sudam\u00e9rica. Uno de los grupos que no cont\u00f3 siquiera con una pizca de compasi\u00f3n fue el de los notoungulados, algunos de los cuales eran similares a los actuales hipop\u00f3tamos, con un hueso nasal corto y empinado. Surgieron hace 65 millones de a\u00f1os, pero hace diez mil a\u00f1os no hab\u00eda indicios alguno de las decenas de especies de notoungulados descritas hasta ahora. Probablemente, estos animales viv\u00edan parte del tiempo en el agua y otra en tierra, al igual que los hipop\u00f3tamos, de acuerdo con los estudios llevados adelante por Ana Maria Ribeiro, de la Fundaci\u00f3n Zoobot\u00e1nica de Porto Alegre.<\/p>\n<p>Durante los tres d\u00edas de debates, que transcurrieron en un hotel ubicado frente a la playa de Copacabana, no faltaron entusiastas relatos sobre probables nuevas especies animales que vivieron hace muchos millones de a\u00f1os, que a\u00fan deben pasar por la tradicional confirmaci\u00f3n cient\u00edfica, que se hace efectiva mediante la publicaci\u00f3n de art\u00edculos en revistas especializadas. Alvarenga, del Museo de Historia Natural de Taubat\u00e9, present\u00f3 aqu\u00e9llos que ser\u00edan f\u00f3siles de dos o tres probables nuevas especies de aves, estudiadas junto a William Nava, del Museo de Paleontolog\u00eda de la localidad paulista de Mar\u00edlia. Estos huesos, hallados hace dos meses en la ciudad de Presidente Prudente, en el oeste paulista algunos menores que el di\u00e1metro de una moneda de 10 centavos apuntan que estas aves, de un tama\u00f1o aproximadamente similar al de un gorri\u00f3n, habr\u00edan vivido hace entre 70 y 80 millones de a\u00f1os. Antes de este hallazgo, las especies m\u00e1s antiguas, tambi\u00e9n descritas por Alvarenga, ten\u00edan alrededor de 50 millones de a\u00f1os de antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Estos nuevos ejemplares representan a los enantiornites, un grupo hermano de las aves modernas. De estos linajes ya extinguidos, que es probable que tuvieran un pico lleno de dientes, algo extra\u00f1\u00edsimo si se los compara con una gallina, exist\u00edan \u00fanicamente registros de plumas en Chapada do Araripe. Enantiornites peque\u00f1os, como los de Brasil, vivieron tambi\u00e9n en China, pero en el norte de Argentina eran al menos tres veces mayores, del tama\u00f1o de un gavil\u00e1n actual.<\/p>\n<p>En algunos momentos, la sucesi\u00f3n de relatos cient\u00edficos se asemejaba a un torneo, si bien que en t\u00e9rminos elegantes, para ver qui\u00e9n exhib\u00eda el f\u00f3sil m\u00e1s antiguo, m\u00e1s completo o m\u00e1s sorprendente. Jorge Calvo y Juan Porfiri, de la Universidad Nacional del Comahue, Argentina, anunciaron un dinosaurio herb\u00edvoro de 35 metros de longitud, que habr\u00eda vivido hace entre 125 y 130 millones de a\u00f1os, y podr\u00eda ser el mayor representante de la familia de los saur\u00f3podos que se haya encontrado en el mundo hasta ahora. Pero uno de los momentos m\u00e1s intensos o, podr\u00eda decirse, m\u00e1s antiguos lleg\u00f3 en la voz de Max Langer, investigador de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) de Ribeir\u00e3o Preto, quien se refiri\u00f3 a un dinosaurio del grupo de los ornitisquios, que vivi\u00f3 hace alrededor de 230 millones de a\u00f1os. Ser\u00eda por lo tanto uno de los m\u00e1s primitivos de Sudam\u00e9rica. De confirmarse esto, ser\u00e1 la decimotercera especie de dinosaurio hallada en Brasil, que lentamente va reforzando el patrimonio mundial del \u00e1rea, que ya cuenta con unas mil especies descritas. El problema reside en que, a medida que los paleont\u00f3logos extraen de las rocas aqu\u00e9llas que ser\u00edan las especies m\u00e1s antiguas, se va haciendo m\u00e1s dif\u00edcil diferenciar a los verdaderos dinosaurios de los dem\u00e1s reptiles: este nuevo dinosaurio herb\u00edvoro, de un metro y medio de altura, ten\u00eda pico, por ejemplo. El propio Langer expres\u00f3 su sorpresa al exponer el conjunto de huesos que hall\u00f3 al excavar en Agudo, R\u00edo Grande do Sul, y ante un auditorio integrado por unas 300 personas, se indag\u00f3: \u00bfQu\u00e9 diablos es esto?<\/p>\n<p>Los momentos m\u00e1s emotivos del congreso fueron precisamente aqu\u00e9llos en que las antiguas ideas ca\u00edan por tierra, dejando azorados incluso a los especialistas. Vivimos un momento de profundas revisiones conceptuales?, comenta S\u00e9rgio Azevedo, director del Museo Nacional. Azevedo atribuye la abundancia de hallazgos y el notorio entusiasmo en los debates al intenso trabajo de l\u00edderes cient\u00edficos relativamente j\u00f3venes cuyas edades est\u00e1n cerca de los 40 a\u00f1os que van al campo en busca de f\u00f3siles, esgrimen sus audaces planteos y forman alumnos, principalmente en R\u00edo de Janeiro, S\u00e3o Paulo, Minas Gerais y R\u00edo Grande do Sul.<\/p>\n<p>El hecho de tener plumas, por ejemplo, ha dejado de ser un privilegio de las aves: los dinosaurios tambi\u00e9n pod\u00edan tener plumas y alas y tambi\u00e9n volaban. Ya el primer d\u00eda del congreso, Alexander Kellner, paleont\u00f3logo del Museo Nacional de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro, quien descubri\u00f3 cinco de las doce especies de dinosaurios brasile\u00f1os, present\u00f3 dos r\u00e9plicas, ambas producidas en el propio Museo Nacional. Una de \u00e9stas, a cargo de Maur\u00edlio Oliveira, era de un Archaeopteryx, una de las aves m\u00e1s primitivas hasta ahora encontradas. Con sus alrededor de 40 cent\u00edmetros de longitud, est\u00e1 dejando de v\u00e9rselo como un animal de transici\u00f3n entre las aves y los dinosaurios. La otra r\u00e9plica, exhibida por primera vez en Brasil, es una obra de Orlando Grillo: el Microraptor gui, una especie de dinosaurio de China. Con casi 60 cent\u00edmetros de longitud, parece un ave: ten\u00eda plumas en las cuatro extremidades, aunque no volaba.<\/p>\n<p>El Microraptor reaviva una pol\u00e9mica: \u00bflas aves ser\u00edan realmente descendientes de los dinosaurios Terry Jones, de la Universidad del Estado de California, Estados Unidos, no cree que pueda existir una relaci\u00f3n directa entre ambos grupos. Seg\u00fan Jones, el hecho de tener plumas no necesariamente es un indicio de parentesco. Poqu\u00edsimos dinosaurios, si es que hay alguno as\u00ed, tienen plumas, afirma. Lo que parecen ser plumas en la mayor\u00eda de los casos no son plumas, que no se rompen cuando se fosilizan, sino formas de bacterias fosilizadas. Alexander Vargas, de la Universidad de Chile, obtuvo algunas evidencias que apuntan a sostener la hip\u00f3tesis opuesta: las aves descienden espec\u00edficamente de los dinosaurios carn\u00edvoros como el tiranosaurio, seg\u00fan el investigador.<\/p>\n<p><strong>Serpientes<br \/>\n<\/strong>Hussam Zaher, del Museo de Zoolog\u00eda de la USP, opera con un grupo de animales que literalmente reptaban a los pies de los dinosaurios, y por eso quiz\u00e1s deshaga otra idea, un tanto m\u00e1s sutil: con base en el an\u00e1lisis molecular de cinco genes de especies actuales, podr\u00eda decirse que las serpientes macrostomatas, como la boa constrictor, que integran el grupo de las que se alimentan de grandes presas, no habr\u00edan surgido de una sola vez, sino al menos en dos ocasiones, a lo largo de la evoluci\u00f3n de las serpientes, surgidas hace al menos 110 millones de a\u00f1os. Este estudio advierte sobre el hecho de que los datos moleculares deben interpretarse con cautela, y refuerza la importancia de la inclusi\u00f3n de los f\u00f3siles y de datos morfol\u00f3gicos, para delinear as\u00ed an\u00e1lisis m\u00e1s completos, comenta Zaher. El caos de la historia evolutiva de las serpientes surge desde la base: a\u00fan no se sabe de qu\u00e9 grupo de lagartos \u00e9stas habr\u00edan salido. De hallarlo, podremos despejar las dudas esenciales referentes al origen de las serpientes, considera Zaher.<\/p>\n<p>Pero hay dos problemas que dificultan bastante esta b\u00fasqueda: las serpientes son muy diferentes entre s\u00ed, no exhiben transiciones, lo que facilitar\u00eda bastante esa intrincada reconstituci\u00f3n hist\u00f3rica, y las especies actuales representan tan s\u00f3lo una peque\u00f1a muestra de los grupos que surgieron pr\u00e1cticamente a la \u00e9poca de los dinosaurios. Tampoco se sabe si tendr\u00edan un origen terrestre, en lo que Zaher apuesta, o marino. En este \u00faltimo caso, habr\u00edan derivado de los lagartos marinos, llamados mosasaurios, tal como pretende probar Michael Caldwell, de la Universidad de Alberta, Canad\u00e1, al escrutar la costa del mar Adri\u00e1tico en busca de f\u00f3siles que comprueben su hip\u00f3tesis. Cabe esperar que dentro de diez a\u00f1os pueda saberse qui\u00e9n tiene raz\u00f3n, ante las evidencias que cada uno tenga la ventura de hallar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"F\u00f3siles descubiertos expanden la diversidad animal sudamericana","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[5968],"class_list":["post-80368","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80368","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80368"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80368\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80368"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80368"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80368"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80368"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}