{"id":80375,"date":"2005-09-01T00:00:00","date_gmt":"2005-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/09\/01\/la-muerte-anticipada\/"},"modified":"2015-03-27T14:39:16","modified_gmt":"2015-03-27T17:39:16","slug":"la-muerte-anticipada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-muerte-anticipada\/","title":{"rendered":"La muerte anticipada"},"content":{"rendered":"<p>En el interior de la Selva Amaz\u00f3nica, un mosquito azul oscuro de cuatro mil\u00edmetros mantiene en circulaci\u00f3n a un virus bastante letal: el de la fiebre amarilla, una enfermedad infecciosa que afecta anualmente a alrededor de 200 mil personas en los pa\u00edses tropicales, y mata en un 10% de los casos. Inofensivo para el insecto, el Haemagogus janthinomys, tal el nombre de dicho virus, es capaz de matar en pocos d\u00edas a los seres humanos que se internan en la jungla.<\/p>\n<p>Desde hace tiempo se sabe que este virus da\u00f1a gravemente al h\u00edgado, que deja de funcionar. Pero un hallazgo reciente abre el camino a terapias capaces de evitar tal situaci\u00f3n. Al analizar muestras de h\u00edgados de 53 personas que murieron como consecuencia de la fiebre amarilla, investigadores de los estados de Par\u00e1 y de S\u00e3o Paulo identificaron y contabilizaron el tipo de da\u00f1o que el virus causante de esa enfermedad ocasiona en las c\u00e9lulas del h\u00edgado. Se cre\u00eda hasta ahora que sufr\u00edan necrosis, que es un proceso violento, por el cual la c\u00e9lula se rompe y libera compuestos t\u00f3xicos que matan a sus vecinas, en una reacci\u00f3n que se ampl\u00eda en cadena. Pero un equipo de la Universidad Federal de Par\u00e1 (UFPA), del Instituto Evandro Chagas (IEC) y de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) ha demostrado que la necrosis no es el fen\u00f3meno m\u00e1s importante. El virus de la fiebre amarilla produce efectivamente una necrosis en el h\u00edgado, pero escasamente.<\/p>\n<p>Puede parecer un exceso de detalle, pero entre las c\u00e9lulas tambi\u00e9n hay muertes y muertes. Ex\u00e1menes bioqu\u00edmicos y el an\u00e1lisis en el microscopio electr\u00f3nico revelaron que el virus libera se\u00f1alizadores qu\u00edmicos que ocasionan la muerte por apoptosis, seg\u00fan describen Juarez Quaresma, de la UFPA, y Maria Irma Seixas Duarte, de la USP, en dos estudios recientes, uno de ellos publicado en mayo\u00a0 en Acta Tropica. La apoptosis o muerte celular programada es un proceso natural de eliminaci\u00f3n de c\u00e9lulas viejas o enfermas. En lugar de provocar un desequilibrio qu\u00edmico que hace que las c\u00e9lulas se hinchen hasta estallar, la apoptosis hace que las c\u00e9lulas se marchiten sin liberar su contenido, antes de ser digeridas por las c\u00e9lulas del sistema de defensa. El problema en el caso da fiebre amarilla es que la apoptosis se da en una proporci\u00f3n exagerada; es como si el virus hiciera que las agujas del reloj avanzasen r\u00e1pidamente, anticipando la muerte de las c\u00e9lulas del h\u00edgado.<\/p>\n<p><strong>Bloqueos<br \/>\n<\/strong>Con estos descubrimientos, surge la posibilidad de testear compuestos capaces de frenar la apoptosis y proteger el h\u00edgado en los casos graves de fiebre amarilla, cuya tasa de mortalidad asciende al 50%. Ahora se puede pensar en mecanismos que protejan el h\u00edgado, dice Maria Irma, quien coordin\u00f3 este estudio, realizado en colaboraci\u00f3n con Pedro da Costa Vasconcelos y Vera Barros, ambos del Instituto Evandro Chagas, con sede en la ciudad de Bel\u00e9m (Par\u00e1).<\/p>\n<p>La importancia de este resultado es mayor de lo que se pueda suponer. Desde 1942 la fiebre amarilla ha quedado restringida a las \u00e1reas de selva de los 11 estados de las zonas norte y centro-oeste de Brasil, adem\u00e1s de Maranh\u00e3o, donde viven en total 30 millones de personas. De cualquier modo, no se puede descartar el riesgo de que la infecci\u00f3n vuelva a propagarse en el pa\u00eds. En los \u00faltimos diez a\u00f1os ha crecido la cifra de casos registrados en seres humanos, alcanzando un pico de 85 casos solamente en 2000. El virus de la fiebre amarilla empez\u00f3 a aparecer tambi\u00e9n en parte de los estados de Piau\u00ed, Bah\u00eda, Minas Gerais, S\u00e3o Paulo y de los estados de la regi\u00f3n sur. De seguir propag\u00e1ndose en direcci\u00f3n a los estados ubicados m\u00e1s al este, puede cubrir un \u00e1rea habitada por 120 millones de personas, donde el \u00edndice de vacunaci\u00f3n contra la fiebre amarilla es pr\u00e1cticamente nulo.<\/p>\n<p>Y existe tambi\u00e9n otro motivo de preocupaci\u00f3n. En las \u00e1reas urbanas, el virus de la fiebre amarilla no es transmitido por los mosquitos del g\u00e9nero Haemagogus, de h\u00e1bitos silvestres, y s\u00ed por el Aedes aegypti, el mosquito urbano que tambi\u00e9n transmite el virus del dengue y aparece de norte a sur del pa\u00eds. Con un agravante: muchos casos de fiebre amarilla solamente se confirman luego de la muerte del enfermo. Como los s\u00edntomas fiebre, dolores musculares, sangrado, v\u00f3mitos y piel amarillenta son comunes a otras enfermedades virales que afectan al h\u00edgado, muchas veces la fiebre amarilla pasa desapercibida, incluso\u00a0 en \u00e1reas donde la infecci\u00f3n es end\u00e9mica. Como el organismo se encarga de combatir el virus en la forma benigna de la enfermedad, existe el riesgo de que la diseminaci\u00f3n sea solapada, con la ayuda del propio ser humano. Es probable que las formas benignas sean m\u00e1s comunes de lo que se imagina y pasen desapercibidas, tanto para los m\u00e9dicos como para las autoridades sanitarias, dice Vasconcelos.<\/p>\n<p>Recientemente, el investigador estudi\u00f3 c\u00f3mo evolucion\u00f3 en Brasil y en Am\u00e9rica Latina ese virus originario de \u00c1frica. Compar\u00f3 117 muestras extra\u00eddas en siete pa\u00edses latinoamericanos con 19 de pa\u00edses africanos. Los resultados aparecieron en marzo este a\u00f1o en el Journal of Virology, y muestran que el virus de la fiebre amarilla ha evolucionado desde su llegada a Am\u00e9rica hace casi cuatro siglos. Pero no\u00a0 se ha vuelto m\u00e1s agresivo ni ha perdido la capacidad de infectar mosquitos y causar la enfermedad, de acuerdo con este estudio, financiado por Lancet International Fellowship Award.<\/p>\n<p>En el marco de otro trabajo, Vasconcelos evalu\u00f3 las caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas de 79 muestras del virus, extra\u00eddas en 12 estados entre 1935 y 2001. La conclusi\u00f3n: el virus en circulaci\u00f3n en el pa\u00eds pertenece a un \u00fanico tipo, el Am\u00e9rica del Sur I, integrado por cinco grupos (A, B, C, D y Velho Par\u00e1). Los virus detectados en los \u00faltimos siete a\u00f1os son del grupo D, que ha venido propag\u00e1ndose en direcci\u00f3n al sur: en 1998 se los encontr\u00f3 en Par\u00e1; en 1999 y en 2000, en Bah\u00eda, en Tocantins y en Goi\u00e1s, y en 2001, en Minas Gerais. Vasconcelos adjudica esa diseminaci\u00f3n en parte a la migraci\u00f3n de portadores asintom\u00e1ticos del virus hacia el sudeste y el sur del pa\u00eds. Pero el cient\u00edfico sospecha tambi\u00e9n de otro factor: el tr\u00e1fico de animales silvestres, en especial de monos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Vir\u00f3logos descubren c\u00f3mo el agente etiol\u00f3gico de la fiebre amarilla destruye las c\u00e9lulas de h\u00edgado","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105],"class_list":["post-80375","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80375","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80375"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80375\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80375"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80375"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80375"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80375"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}