{"id":80390,"date":"2005-10-01T00:00:00","date_gmt":"2005-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/10\/01\/oteando-los-confines-del-universo\/"},"modified":"2015-08-25T13:49:00","modified_gmt":"2015-08-25T16:49:00","slug":"oteando-los-confines-del-universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/oteando-los-confines-del-universo\/","title":{"rendered":"Oteando los confines del Universo"},"content":{"rendered":"<p>A las 3 horas, 7 minutos y 21 segundos del pasado d\u00eda 4 de septiembre, el sat\u00e9lite Swift, de la Nasa, la agencia espacial estadounidense, emiti\u00f3 un alerta a los astrof\u00edsicos de guardia: instrumentos ubicados a bordo de ese aparato espacial hab\u00edan captado indicios de lo que podr\u00eda ser una explosi\u00f3n de rayos gamma en los confines de la constelaci\u00f3n de Piscis. Pod\u00eda ser un evento estelar importante o un evento m\u00e1s, sin mayores predicados. Telescopios apostados en tierra, situados en las m\u00e1s diversas latitudes, hicieron una pausa en sus observaciones de rutina y apuntaron r\u00e1pidamente sus espejos hacia las coordenadas que indic\u00f3 el Swift (los artefactos profesionales no disponen de lentes, sino de espejos). Ochenta y seis segundos despu\u00e9s del aviso, el Tarot, un observatorio ubicado en la C\u00f4te d&#8217;Azur, registraba la regi\u00f3n indicada por el sat\u00e9lite. Pero fue un esfuerzo en balde. Sus im\u00e1genes no mostraban ninguna explosi\u00f3n y, a las 7:23 hs, los astr\u00f3nomos franceses emitieron un informe de lo que hab\u00edan visto. No demasiado. Treinta y cinco minutos m\u00e1s tarde, nueva respuesta negativa, ahora del peque\u00f1o telescopio Palomar, de California.<\/p>\n<p>Pero el panorama empez\u00f3 a alterarse a las diez, siempre seg\u00fan el horario de Greenwich. Operado por un joven astrof\u00edsico paulista, Eduardo Cypriano, el Southern Observatory for Astrophysical Research, o m\u00e1s sencillamente, el Soar, un telescopio situado all\u00ed donde comienza el desierto de Atacama, m\u00e1s precisamente, en Cerro Pach\u00f3n, una monta\u00f1a de 2.700 metros de altura enclavada en los Andes chilenos, solt\u00f3 un informe halag\u00fce\u00f1o: hab\u00eda captado las primeras im\u00e1genes del posible estallido estelar. Con todo, no se pod\u00eda afirmar cu\u00e1nto tiempo hac\u00eda que el misterioso fen\u00f3meno hab\u00eda acontecido, ni precisar exactamente de qu\u00e9 se trataba. Y el evento solamente era avistable en las longitudes de ondas equivalentes al infrarrojo, pero no en las frecuencias \u00f3pticas, de luz visible. Por eso, hab\u00eda incertidumbre con relaci\u00f3n a su naturaleza. &#8220;Pod\u00eda ser polvo c\u00f3smico o una explosi\u00f3n con alto redshift (en castellano, corrimiento al rojo, en la jerga que se emplea para designar a los eventos siderales muy longincuos)&#8221;, dice Cypriano, quien cont\u00f3 con la ayuda de otra astrof\u00edsica de S\u00e3o Paulo, Elysandra Figueredo, su mujer, en el trabajo de procesamiento de las im\u00e1genes. A pedido de Daniel Reichart, de la Universidad de la Carolina del Norte, cazador de explosiones de rayos gamma, la pareja de brasile\u00f1os hab\u00eda reorientado los espejos del telescopio, del cual Brasil es uno de sus socios mayoritarios, hacia la constelaci\u00f3n de Piscis, con la esperanza de obtener alg\u00fan registro. Y, tal como se ver\u00eda despu\u00e9s, ese movimiento rindi\u00f3 dividendos.<\/p>\n<p>El d\u00eda 12 de septiembre, al cabo de una serie de mediciones y observaciones efectuadas en forma pionera por el Soar, y ratificadas posteriormente por otros telescopios, se realiz\u00f3 el anuncio formal: la explosi\u00f3n de rayos gamma GRB 050904, as\u00ed llamada por los investigadores, hab\u00eda ocurrido a 12,7 mil millones de a\u00f1os luz de la Tierra (un a\u00f1o luz equivale a alrededor de 9,5 billones de kil\u00f3metros), &#8220;tan s\u00f3lo&#8221; mil millones de a\u00f1os despu\u00e9s del Big Bang, el evento primordial que probablemente dio origen al Universo. Era la m\u00e1s distante y antigua explosi\u00f3n c\u00f3smica detectada por el ser humano, que se\u00f1alaba la muerte de una estrella con una masa decenas de veces mayor que el Sol y el nacimiento, de sus despojos, de un agujero negro. &#8220;Estamos entrando en territorio no mapeado&#8221;, dijo Reichart, en el marco de la rueda de prensa en que dio a conocer el descubrimiento. &#8220;Finalmente estamos viendo los remanentes de algunos de los objetos m\u00e1s antiguos del Universo&#8221;. El record anterior pertenec\u00eda a una explosi\u00f3n 500 millones de a\u00f1os m\u00e1s joven que la GRB 050904.<\/p>\n<p>La muerte de una estrella masiva provoca una explosi\u00f3n de rayos gamma extremadamente fugaz, que dura en general no m\u00e1s de diez segundos. Pero el GRB 050904 fue una excepci\u00f3n a la norma: se prolong\u00f3 durante 200 segundos. Algunos astrof\u00edsicos estiman que, en poco m\u00e1s de tres minutos, la explosi\u00f3n confirmada por el Soar gener\u00f3 300 veces m\u00e1s energ\u00eda que la que el Sol liberar\u00e1 a lo largo de sus probables 10 mil millones de a\u00f1os de vida. En rigor, no fue precisamente ese r\u00e1pido y descomunal evento lo que los espejos de los telescopios de todo el planeta persiguieron, sino los remanentes de tal explosi\u00f3n. Su brillo residual, que, en su larga traves\u00eda c\u00f3smica, demor\u00f3 los mentados 12,7 mil millones de a\u00f1os para llegar hasta nosotros. Durante tres noches seguidas, entre el 4 y el 6 de septiembre, Cypriano, uno de los integrantes del equipo internacional de astr\u00f3nomos residentes en Chile que opera el Soar, observ\u00f3 el brillo residual de la explosi\u00f3n desvaneci\u00e9ndose. &#8220;Estaba en el lugar preciso, a la hora precisa&#8221;, dice este paulistano de 34 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes originales del fen\u00f3meno, realizadas en distintas longitudes de onda, no son tan n\u00edtidas como las publicadas en este art\u00edculo. Antes del anuncio p\u00fablico del descubrimiento de la m\u00e1s antigua explosi\u00f3n c\u00f3smica, Elysandra pas\u00f3 una semana removiendo ruidos instrumentales de informaci\u00f3n que dificultaban el an\u00e1lisis de los registros de ese remoto colapso estelar, en un esfuerzo mancomunado con los cient\u00edficos de la Universidad de Carolina del Norte. &#8220;Por ser muy brillante en el infrarrojo, el cielo es la parte m\u00e1s dif\u00edcil de tratar en las im\u00e1genes&#8221;, comenta Lys, como le gusta que le digan a esta paulista de 32 a\u00f1os, nacida en la localidad de S\u00e3o Vicente. Pero, al final, sali\u00f3 todo bien. La detecci\u00f3n de la m\u00e1s antigua explosi\u00f3n c\u00f3smica es una luz en un per\u00edodo signado por tinieblas. Hay menos informaci\u00f3n sobre las estrellas que surgieron en la infancia del Universo que sobre el propio Big Bang. El Soar, una alta apuesta de la astrof\u00edsica brasile\u00f1a, pese a que no opera todav\u00eda al 100%, produjo im\u00e1genes del GRB 050904 que hicieron historia.<\/p>\n<p>Inaugurado en abril de 2004, fruto de un proyecto y construcci\u00f3n que demand\u00f3 m\u00e1s una d\u00e9cada, este observatorio posee un espejo principal de 4,1 metros de di\u00e1metro, 6,6 veces m\u00e1s potente que el m\u00e1s grande de los telescopios instalados en Brasil. Si bien est\u00e1 emplazado en una zona des\u00e9rtica, no est\u00e1 solo en la monta\u00f1a. Divide el Cerro Pach\u00f3n con un vecino ilustre, la unidad sur del Observatorio Gemini, ubicada a 400 metros de distancia y que tambi\u00e9n fue utilizado durante las observaciones del GRB 050904. El Soar cost\u00f3 28 millones de d\u00f3lares, valor solventado por los cuatro socios en el emprendimiento. Tres de \u00e9stos son de Estados Unidos \u2013\u00a0la Universidad de Carolina del Norte, la Universidad de Michigan y la National Optical Astronomy Observatories (Noao) \u2013, en tanto que el otro es Brasil, que invirti\u00f3 en la iniciativa 12 millones de d\u00f3lares.\u00a0 El Consejo Nacional de Desarrollo Cient\u00edfico y Tecnol\u00f3gico (CNPq) aport\u00f3 10 millones, y la FAPESP, los otros 2 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p><strong>Acceso privilegiado<br \/>\n<\/strong>El monto destinado al Soar le signific\u00f3 a la comunidad cient\u00edfica nacional el acceso al 30% de la escala de uso del telescopio, la mayor tajada entre los participantes del emprendimiento. Esto implica alrededor de 127 noches de observaci\u00f3n por a\u00f1o. En ning\u00fan otro emprendimiento astrof\u00edsico de primera l\u00ednea Brasil dispone de tanto tiempo. Junto a otras seis naciones, el pa\u00eds forma a su vez parte del consorcio Gemini, que cuenta con dos telescopios de 8,1 metros, mayores que los del Soar: uno instalado en Chile y otro en Hawai. Pero Brasil tiene a su disposici\u00f3n \u00fanicamente las instalaciones del Gemini por menos del 3% de su tiempo de uso. &#8220;Entre las grandes infraestructuras recientemente creadas para la ciencia brasile\u00f1a, el Soar y el Laboratorio Nacional de Luz Sincrotr\u00f3n (con sede en la ciudad de Campinas) son de singular relevancia&#8221;, afirma el astrof\u00edsico Jo\u00e3o Evangelista Steiner, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), presidente del consorcio y del consejo directivo del Soar. &#8220;Este telescopio ser\u00e1 la herramienta m\u00e1s valiosa para la astronom\u00eda nacional&#8221;, comenta Albert Bruch, director del Laboratorio Nacional de Astrof\u00edsica (LNA), con sede en Itajub\u00e1, Minas Gerais.<\/p>\n<p>En rigor, ese uso del verbo en tiempo futuro se justifica. Pese a ser capaz de producir resultados espectaculares, como la detecci\u00f3n de primera mano de la m\u00e1s antigua explosi\u00f3n de rayos gamma, pas\u00e1ndoles por encima a telescopios de todo el mundo, el Soar funciona actualmente a media m\u00e1quina. Su mayor contribuci\u00f3n a la ciencia (nacional) est\u00e1 todav\u00eda por venir. En la actualidad, la mayor parte del tiempo de operaci\u00f3n de sus instalaciones se destina a la realizaci\u00f3n de ajustes de ingenier\u00eda. Una fracci\u00f3n de las horas de trabajo se dedica a la obtenci\u00f3n de datos para proyectos cient\u00edficos. Despu\u00e9s de su inauguraci\u00f3n, todo telescopio pasa por esta fase de ensayos y refinamientos, cuando el tiempo destinado a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica aumenta gradualmente, mientras que se resuelven los problemas de ingenier\u00eda. De no haber atrasos en su cronograma, el telescopio brasile\u00f1o-estadounidense estar\u00e1 totalmente activo en el segundo semestre de 2006.<\/p>\n<p>Las observaciones efectuadas por los espejos del Soar sirven a variadas l\u00edneas de investigaci\u00f3n astron\u00f3mica a cargo de brasile\u00f1os. Por ahora, los hallazgos no son tan espectaculares como aqu\u00e9l de una explosi\u00f3n de rayos gamma en raz\u00f3n del colapso de una estrella supermasiva. Pero no por ello carecen de importancia. A comienzos de julio, por ejemplo, a pedido de Enos Picazzio, del Instituto de Astronom\u00eda, Geof\u00edsica y Ciencias Atmosf\u00e9ricas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IAG-USP), el telescopio capt\u00f3 im\u00e1genes del cometa Tempel 1, una masa de hielo, roca y polvo con una edad estimada en 4,6 mil millones de a\u00f1os, que pas\u00f3 a 133 millones de kil\u00f3metros de distancia de la Tierra. Los registros se hicieron antes y despu\u00e9s de que ese cuerpo celeste fuera alcanzado por un proyectil lanzado por la sonda estadounidense Deep Impact (Impacto Profundo). &#8220;Pudimos ver que antes de la colisi\u00f3n el cometa ten\u00eda una estructura formada por cuatro zonas activas (chorros de gases) y despu\u00e9s del choque presentaba solamente tres&#8221;, comenta Picazzio, quien tambi\u00e9n avist\u00f3 el Tempel 1 desde el Observatorio de Pico dos Dias, donde est\u00e1 ubicado el mayor telescopio en funcionamiento en suelo brasile\u00f1o. Emplazado a 1.860 metros de altitud, en la localidad de Bras\u00f3polis, estado de Minas Gerais, donde el cielo no es tan l\u00edmpido y sin nubes como el de los Andes, el Pico dos Dias tiene un espejo principal de 1,6 metro de di\u00e1metro, modesto, si se lo compara al del Soar.<\/p>\n<p>El momento del choque entre el Tempel 1 y el proyectil disparado por la sonda Impacto Profundo, \u00e1pice de una misi\u00f3n que le cost\u00f3 333 millones de d\u00f3lares a la Nasa, se dio tal cual lo programado, durante la noche del 4 julio, no por casualidad, fecha patria en Estados Unidos. La colisi\u00f3n por lo tanto no pudo verse desde lo telescopios ubicados fuera de Am\u00e9rica del Norte. De cualquier manera, el paso del cometa, que viaja por el espacio a 37 mil kil\u00f3metros por hora, era una buena oportunidad para chequear el Soar, en un trabajo de observaci\u00f3n de un objeto que se desplaza a una velocidad aparentemente mucho mayor que la de las estrellas y las galaxias (el movimiento sideral). Fue la primera vez que el telescopio se us\u00f3 para perseguir un blanco con movimiento no sideral. &#8220;Con el Soar, tambi\u00e9n podemos ver cometas de elevada magnitud aparente, con poco brillo&#8221;, dice Picazzio. &#8220;Tenemos mucho m\u00e1s oportunidades de observaci\u00f3n&#8221;. A simple vista, un observador ubicado en la Tierra, en un d\u00eda de excelentes condiciones para la observaci\u00f3n, logra a lo sumo ver estrellas o planetas con un brillo equivalente a la magnitud 6. Pero, con el Soar, es posible producir im\u00e1genes de objetos celestes de magnitud 26. Cuanto mayor es la magnitud de un astro, menor es la cantidad de luz que llega a nuestro planeta emanada desde ese cuerpo.<\/p>\n<p><strong>Enanas blancas pulsantes<br \/>\n<\/strong>Otra l\u00ednea de investigaci\u00f3n donde el Soar est\u00e1 siendo bastante \u00fatil es el estudio de un tipo raro de objeto astron\u00f3mico: las ZZ Cetis, tambi\u00e9n llamadas enanas blancas variables o pulsantes, que pueden catalogarse como f\u00f3siles de estrellas que, en un pasado remoto, fueron exuberantes. En un art\u00edculo que se imprimir\u00e1 en la edici\u00f3n de diciembre de la revista cient\u00edfica Astronomy&amp;Astrophysics, el equipo del investigador Kepler de Souza Oliveira Filho, de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul (UFRGS), reporta el descubrimiento de 14 nuevas enanas blancas pulsantes, con la ayuda del telescopio brasile\u00f1o-estadounidense ubicado en los Andes chilenos. En el marco de otro trabajo, a\u00fan no publicado, Barbara Castanheira, alumna de doctorado de Kepler, identific\u00f3 con los espejos del Soar otras tres ZZ Cetis (y otras siete con el telescopio de Pico dos Dias, en Bras\u00f3polis). Son n\u00fameros considerables, m\u00e1s a\u00fan si se tiene en cuenta que, hasta ahora, se conocen alrededor de cien enanas blancas pulsantes.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 son exactamente estos objetos siderales? En el crep\u00fasculo de su existencia, cuando dejan de producir las reacciones termonucleares que les suministran energ\u00eda, las estrellas peque\u00f1as o medianas, de poca masa, m\u00e1s o menos como el Sol, se encogen y se convierten en cuerpos densos y m\u00e1s fr\u00edos. Se convierten as\u00ed en enanas blancas. El destino final del 98% de las estrellas es transformarse alg\u00fan d\u00eda en un astro senil, con ese perfil modesto. Si durante el proceso de contracci\u00f3n y p\u00e9rdida de calor, una enana blanca exhibe inestabilidades peri\u00f3dicas &#8220;en otras palabras, si emite pulsaciones a intervalos fijos que alteran su brillo&#8221;, se la cataloga como una ZZ Cetis. Para captar estas tenues alteraciones en su luminosidad, los astrof\u00edsicos toman varias series de fotos de las estrellas postulantes a erigirse en enanas blancas pulsantes. &#8220;Estas variaciones son las \u00fanicas pistas que tenemos sobre la composici\u00f3n interna de las estrellas&#8221;, explica Kepler, que este a\u00f1o vive en Chile, donde es uno de los astr\u00f3nomos responsables de la operaci\u00f3n del Soar. &#8220;De la misma manera que se analizan las ondas de los terremotos para estudiar el interior de la Tierra, podemos usar las variaciones de las enanas blancas para medir su interior.&#8221;<\/p>\n<p>Antiguas y distantes explosiones de rayos gamma; veloces cometas que cruzan la \u00f3rbita de la Tierra; cambiantes y d\u00e9biles pulsos de enanas blancas variables. \u00c9stos y otros fen\u00f3menos del Cosmos ahora est\u00e1n m\u00e1s al alcance de los cient\u00edficos rasile\u00f1os con el acceso privilegiado que el pa\u00eds tiene al Soar, un telescopio de primera l\u00ednea. Si bien es peque\u00f1a, la participaci\u00f3n en otros grandes proyectos internacionales es tambi\u00e9n importante, sin lugar a dudas, como as\u00ed tambi\u00e9n el mantenimiento de instalaciones m\u00e1s modestas en territorio nacional. Pero nada se compara con ser socio del Soar. &#8220;Podemos jugar efectivamente en la primera divisi\u00f3n del campeonato de la astrof\u00edsica&#8221;, afirma Steiner. &#8220;Y hacer goles, demostrando as\u00ed que podemos hacer ciencia de frontera&#8221;. Tal como lo hicieron Eduardo Cypriano y Elysandra Figueredo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Brasile\u00f1os observan la m\u00e1s antigua y distante explosi\u00f3n de una estrella","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[],"coauthors":[101],"class_list":["post-80390","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80390","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80390"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80390\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80390"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80390"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80390"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80390"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}