{"id":80423,"date":"2005-11-01T00:00:00","date_gmt":"2005-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2005\/11\/01\/la-mujer-en-el-mundo-de-los-hombres\/"},"modified":"2016-01-28T16:33:20","modified_gmt":"2016-01-28T18:33:20","slug":"la-mujer-en-el-mundo-de-los-hombres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-mujer-en-el-mundo-de-los-hombres\/","title":{"rendered":"La mujer en el mundo de los hombres"},"content":{"rendered":"<p>Durante a\u00f1os, la sola visi\u00f3n de las plumas de la cola de un pavo real exasperaba a Darwin. \u00bfPara qu\u00e9 ese ornamento in\u00fatil, si las especies solamente desarrollan los aspectos necesarios para su supervivencia?, pensaba. Pero un cierto d\u00eda, ese penacho cobr\u00f3 sentido: el cient\u00edfico se dio cuenta que las aves con ese plus atra\u00edan m\u00e1s parejas, y por ende, ten\u00edan m\u00e1s posibilidades de transmitir sus genes a la prole. Con ese mismo darwinismo en la cabeza, el zo\u00f3logo ingl\u00e9s Desmond Morris lleva a cabo, en La mujer desnuda (A mujer nua en portugu\u00e9s, Editora Globo), un viaje por el cuerpo femenino, para intentar demostrar que la mayor\u00eda de las caracter\u00edsticas de las chicas ha ido evolucionando a fin de atraer a los hombres. A medida que el hombre y la mujer iban recorriendo su trayecto evolutivo, el hombre se comportaba de una manera cada vez m\u00e1s infantil y demostraba menos cambios f\u00edsicos, mientras que la mujer desarrollaba m\u00e1s atributos f\u00edsicos y menos cualidades mentales infantiles, explica el investigador. Los hombres eran m\u00e1s pueriles en su comportamiento, y las mujeres en su anatom\u00eda, la llamada neotenia, que las hac\u00eda m\u00e1s deseables para los machos: Cuanto m\u00e1s caracter\u00edsticas de beb\u00e9 presentasen, mayor el inter\u00e9s de los hombres por ellas, y mayor la protecci\u00f3n que recib\u00edan. Las plumas de la cola no siempre son sencillamente eso, plumas de la cola.<\/p>\n<p>En el transcurso de la evoluci\u00f3n desarrollamos formas de atraer a nuestras parejas hacia el placer sexual. Eso era lo que aseguraba el regreso de los cazadores a sus tribus, y la permanencia de las hembras durante su ausencia. Nuestra especie solamente sobrevivi\u00f3 y tuvo \u00e9xito debido a la incre\u00edble relaci\u00f3n entre los machos y sus parejas. No existe guerra de sexos, dice Morris. La naturaleza diferenciar\u00eda a los g\u00e9neros para que cada uno necesitase del otro. \u00bfPor qu\u00e9 los hombres las prefieren rubias? Pasan una imagen m\u00e1s juvenil, y esa imagen, proyectada por una mujer adulta, aumenta su poder de seducci\u00f3n, con fuertes se\u00f1ales de que ella desea que la cuiden. \u00bfQu\u00e9 hace que los labios sean tan sensuales, y por qu\u00e9 las mujeres viven pint\u00e1ndoselos? En su forma, textura y coloraci\u00f3n, los labios imitan a los otros: los labios vaginales.<\/p>\n<p>\u00bfCultivar largas u\u00f1as? En varias culturas eso demostraba que ellas no necesitaban hacer ning\u00fan trabajo \u00bfLa fijaci\u00f3n masculina en los senos es una se\u00f1al de regresi\u00f3n masculina? Eso no tiene ning\u00fan fundamento. Las hembras de los primates emiten se\u00f1ales sexuales con el trasero mientras que caminan sobre cuatro patas, atrayendo as\u00ed a los machos. La mujer camina erecta y es vista casi siempre de frente. El par de falsas nalgas que trae en el pecho le permite continuar transmitiendo la se\u00f1al sexual sin darle la espalda al interlocutor. Pero, \u00bfc\u00f3mo entender entonces la as\u00ed llamada preferencia nacional brasile\u00f1a? Las mujeres tiene las espaldas m\u00e1s arqueadas que los hombres y, en posici\u00f3n de reposo, su trasero se proyecta m\u00e1s hacia afuera que el del hombre. Cuando ellas caminan, la estructura \u00f3sea de las piernas y las caderas provocan una ondulaci\u00f3n mayor en la regi\u00f3n gl\u00fatea. En otras palabras: ellas se contonean al andar.<\/p>\n<p>Estas explicaciones biol\u00f3gicas, por m\u00e1s que el investigador se deshaga en elogios a la mujer, encienden la pol\u00e9mica de una discusi\u00f3n reciente sobre un viejo modelo: La reproducci\u00f3n es uno de los principales pilares de lo que se entiende por femenino. La funci\u00f3n materna parece constituirse en el n\u00facleo central del ser mujer, y no ser madre es estar vac\u00eda de su potencia, de su importancia. La feminilidad, al mismo tempo, posee de acuerdo con el sentido com\u00fan resonancias de significados provenientes de discursos cient\u00edficos y religiosos, que tiene su cuota de contribuci\u00f3n en la manera que deber\u00eda tener el comportamiento femenino, el lugar y el rol de la mujer, rebate Kimy Otsuka, autora de la tesis doctoral Las traves\u00edas de lo femenino (que cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP). Es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil hacer piquito, como hacen los franceses, y decir con gusto: \u00a1Vive la difference! Hist\u00f3ricamente, el cuerpo est\u00e1 investido de un car\u00e1cter pol\u00edtico. Tanto el sexo biol\u00f3gico como el g\u00e9nero cultural son ideas informadas por creencias cient\u00edficas, pol\u00edticas, filos\u00f3ficas, religiosas, etc., sobre la natureza de los seres humanos, analiza Jurandyr Freire Costa. La obsesi\u00f3n por el sexo y el g\u00e9nero es irrelevante para reconocer las diferencias entre los hombres y las mujeres o juzgar desde el punto de vista \u00e9tico qui\u00e9nes son los mejores y los peores. Al fin y al cabo, hace apenas dos siglos que la humanidad acept\u00f3 que hab\u00eda diferencias entre los sexos.<\/p>\n<p>Hasta finales del siglo XVIII, se pensaba que el sexo era uno y el mismo para hombres y mujeres. Como observa Thomas Laqueur en su estudio La construcci\u00f3n del sexo: Durante miles de a\u00f1os, se crey\u00f3 que las mujeres ten\u00edan los mismos aparatos genitales que los hombres, s\u00f3lo que el de ellas estaba dentro del cuerpo y no afuera. La mujer era esencialmente un hombre imperfecto. Ser hombre o ser mujer era mantener una posici\u00f3n social, asumir un rol cultural, y no ser org\u00e1nicamente de uno u otro de dos sexos inconmensurables. As\u00ed, antes de la Revoluci\u00f3n Francesa, el sexo era una categor\u00eda sociol\u00f3gica, y no ontol\u00f3gica. Libertad, fraternidad e igualdad y, por ende, dos sexos. Estas nuevas formas de interpretar el cuerpo son producto no de la ciencia en s\u00ed, sino del rumo de su desarrollo aplicado a la pol\u00edtica, recuerda Kimy. La ideolog\u00eda ve\u00eda mejor que la anatom\u00eda y solamente hubo inter\u00e9s en buscar evidencias para fundamentar dos sexos distintos, diferencias anat\u00f3micas y fisiol\u00f3gicas concretas entre el hombre y la mujer, cuando esa diversidad se volvi\u00f3 pol\u00edticamente deseable, asevera la investigadora. El sexo biol\u00f3gico fue y es, seg\u00fan Laqueur, una construcci\u00f3n social, y el cuerpo es concebido como una entidad natural que contribuye a la explicaci\u00f3n del g\u00e9nero. La anatom\u00eda finalmente se ha transformado en destino, sostiene. Es cuando el g\u00e9nero se suelda a la idea de sexo.<\/p>\n<p>As\u00ed, la mujer es incesantemente naturalizada, al contrario que el hombre, de manera general asociado al dominio de la cultura, la acci\u00f3n y el pensamiento, eval\u00faa Fab\u00edola Rohden, autora de una ciencia de la diferencia. Seg\u00fan ella, a partir del siglo XIX, comenz\u00f3 a esbozarse un empe\u00f1o por parte de los m\u00e9dicos y los cient\u00edficos para fijar claras diferencias de car\u00e1cter biol\u00f3gico y predeterminado entre los sexos. Es m\u00e1s: el sexo pas\u00f3 a entenderse como un elemento natural, responsable del destino social de los hombres como proveedores y el de las mujeres como esposas y madres. La medicina plantear\u00e1 entonces una relectura del cuerpo femenino, por ocasi\u00f3n del surgimiento de la as\u00ed llamada ciencia de la mujer, cuyo origen se ubicar\u00eda en el terreno del inter\u00e9s en la diferencia, acota Fab\u00edola. La ginecolog\u00eda llegar\u00eda as\u00ed como una manera de reforzar la supuesta relaci\u00f3n entre la inferioridad f\u00edsica, psicol\u00f3gica e intelectual de la mujer con relaci\u00f3n al hombre, como una realidad inscrita en el propio cuerpo. Con base en esa visi\u00f3n biol\u00f3gica, se establecen los roles sociales. Las caracter\u00edsticas anat\u00f3micas de las mujeres las destinar\u00edan a la maternidad, y no al ejercicio de las funciones p\u00fablicas.<\/p>\n<p>Pero Rachel Soihet, organizadora de O corpo feminino em debate, va m\u00e1s all\u00e1. De acuerdo con esta investigadora, la medicina apareci\u00f3 como cimiento ideol\u00f3gico de la cristalizaci\u00f3n de esas relaciones de poder, contribuyendo as\u00ed para que las principales decisiones pol\u00edticas tuvieran \u00e9xito, ancladas en las diferencias entre los hombres y las mujeres. En otras palabras, fue una ortopedia con relaci\u00f3n a lo masculino y lo femenino, que colabor\u00f3 en la reproducci\u00f3n y el sostenimiento de los aspectos positivistas y funcionalistas que la ordenaci\u00f3n social exig\u00eda en determinadas \u00e9pocas y contextos. No obstante ello, la modernidad reserva sorpresas a\u00fan mayores sobre esta ya diluida diferenciaci\u00f3n de g\u00e9neros. La cirug\u00eda pl\u00e1stica, desarrollada a partir de las dos guerras mundiales, con sus innumerables mutilados, lograr\u00eda al mismo tiempo consolidar y solapar esa imposici\u00f3n pol\u00edtica sobre el cuerpo femenino. En una primera visi\u00f3n, la biomedicina tuvo y tiene la funci\u00f3n del control social, contribuyendo a disciplinar el cuerpo o docilizarlo, y esto determina las posturas esperadas y convenientes por parte de la sociedad, asevera la antrop\u00f3loga Liliane Brum Ribeiro.<\/p>\n<p><strong>Belleza<br \/>\n<\/strong>La medicalizaci\u00f3n del cuerpo femenino, luego de d\u00e9cadas inmersa en un darwinismo que se preocupaba en hallar diferencias, ahora con las cirug\u00edas pl\u00e1sticas, est\u00e9ticas y correctivas, ya no se legitima m\u00e1s por el mismo discurso m\u00e9dico biologizante, como en los siglos pasados, que determin\u00f3 que deber\u00eda hacer la mujer deber\u00eda con su fr\u00e1gil y fragilizado cuerpo, afirma. Seg\u00fan datos obtenidos en el marco del Proyecto Tem\u00e1tico apoyado por la FAPESP intitulado G\u00e9nero, corporalidades (a\u00fan en desarrollo), coordinado por la antrop\u00f3loga Mariza Corr\u00eaa, de la Unicamp, Brasil es con seguridad un pa\u00eds donde el culto a la belleza, la juventud y la sensualidad aparece como una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s significativas de su cultura, pero es tambi\u00e9n el pa\u00eds que cuenta con una impresionante industria de la belleza. De acuerdo con la Sociedad Brasile\u00f1a de Cirug\u00eda Pl\u00e1stica, el pa\u00eds fue en el a\u00f1o 2000 campe\u00f3n global en cantidad de cirug\u00edas pl\u00e1sticas por razones est\u00e9ticas. Hay en esto una notable dualidad. El cuerpo es actualmente sujeto de la cultura, posee agencia (acci\u00f3n); y es como tal que, debido a las cirug\u00edas pl\u00e1sticas, el g\u00e9nero pasa a marcar el cuerpo femenino. Se puede pensar que el cuerpo siliconado o construido por la cirug\u00eda pl\u00e1stica pone jaque a los dualismos naturaleza-cultura, sujeto-objeto, pero tambi\u00e9n puede dilucidar el modo en que el sujeto contempor\u00e1neo se hace cargo de un cuerpo docilizado por aparatos de poder; informado por disposiciones estructuradas y estructurantes, pero tambi\u00e9n dotado de agencia. Es decir, el cuerpo pasa a ser el espacio del ser entendido como devenir, dice Liliane.<\/p>\n<p>De all\u00ed el inter\u00e9s del proyecto de la Unicamp en investigar qu\u00e9 hay de compartido en nuestras sociedades cuando se trata de pensar los cuerpos, apuntando a discutir la visi\u00f3n cada vez m\u00e1s diseminada del cuerpo como materia pl\u00e1stica capaz de burlar o postergar las restricciones que se le imponen en lo que tiene de material, de finito y de fr\u00e1gil, y, por otro parte, de adaptarse y amalgamarse a cualquier convenci\u00f3n culturalmente establecida. Esto puede verificarse tanto en las pr\u00e1cticas del turismo sexual, donde hombres provenientes de pa\u00edses del Norte buscan mujeres de pa\u00edses subdesarrollados con el fin de recrear patrones tradicionales de g\u00e9nero en el marco de relaciones sumamente desiguales, como en los llamados transg\u00e9neros. Son un cuerpo en transformaci\u00f3n, y quiz\u00e1 nos hagan pensar en el cuerpo metamorfoseado, no como una sustancia acabada, sin como algo org\u00e1nico, m\u00f3vil, en proceso. M\u00e1s que un cuerpo, una corporalidad, un devenir que se rehace siempre en una corporalidad?, eval\u00faa Liliane. Salimos de la visi\u00f3n darwinista para entrar en la ciencia futurista de Donna Haraway, autora del Manifiesto cyborg, donde la investigadora afirma que la imag\u00edstica de los cyborgs puede sugerir una manera de salir del laberinto de los dualismos con los cuales nos explicamos a nosotros mismos nuestros cuerpos.<\/p>\n<p>En su doctorado, defendido recientemente en la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), intitulado Los dilemas de lo humano, Marko Syn\u00e9sio Monteiro trabaja precisamente con este nuevo concepto de cuerpo y de c\u00f3mo influyen las tecnolog\u00edas de la biolog\u00eda molecular sobre nuestra percepci\u00f3n de lo que es el cuerpo, qu\u00e9 representa el mismo en la cultura y c\u00f3mo nos relacionamos con \u00e9l. Estoy de acuerdo con Haraway, cuando nos invita a aceptar la existencia del cyborg, no como el fin de lo natural, con m\u00e1quinas tomando nuestros cuerpos. Ella reafirma que somos cyborgs en tanto y en cuanto establecemos relaciones estrechas con la tecnolog\u00eda, cosa que, en lugar de esclavizarnos, es una posibilidad de libertad, ya que las antiguas visiones de lo que significa el ser humano pueden recrearse y repensarse, de manera tal que no sigamos siendo tan patriarcales, por ejemplo, analiza Monteiro. Llegar\u00e1 el d\u00eda en la filosof\u00eda de Marilyn Monroe cobrar\u00e1 sentido pleno: A m\u00ed no me importa vivir en un mundo de hombres, siempre y cuando yo pueda ser mujer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Estudios del cuerpo femenino jaquean a antiguas nociones de g\u00e9nero","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-80423","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80423","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80423"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80423\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80423"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80423"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80423"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=80423"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}